[Entrada publicada originalmente el 12.02.2012 en el
Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]
“Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va,
Y va dejando una huella que no se puede borrar.
(…)
Ese vacío que deja el amigo que se va
Es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar”
Ayer recibía la triste noticia de la muerte por infarto de un
amigo, y compañero de la Universidad de Deusto, Iñaki Beti.
La muerte no es un tema habitual de conversación, es algo de lo
que no se suele hablar, a pesar de ser la única certeza con la que nacemos, de
ser la necesaria contrapartida a la vida.Ante la muerte de alguien nos
suelen faltar las palabras; nos sentimos incómodos ante quienes lloran una
muerte. El símil más bonito sobre la muerte que he oído nunca es el de la mariposa: “morir significa,
simplemente, mudarse a una casa más bella, hablando simbólicamente, se
sobrentiende. Desde el momento en que el capullo de seda se deteriora
irreversiblemente, ya sea como consecuencia de un suicidio, de homicidio,
infarto o enfermedades crónicas (no importa la forma), va a liberar a la
mariposa, es decir, a vuestra alma” (Kübler-Ross, 1989: 23).
La Dra. Kúbler-Ross
hablaba de las cinco fases del duelo, fases
sobre las que se puede ir y venir: 1) Negación:
uno se queda en estado de shock, no se hace a la idea de la pérdida, de que no
se va a volver a ver físicamente al otro; 2)Ira, enfado:“¿por qué a él?”, “no es justo”, “estaba en
lo mejor de la vida”…que se puede
aplicar sobre uno mismo o sobre los demás ; 3) Pacto: como la realidad es dura se intenta ‘negociar’ para superar
la vivencia traumática; 4) Depresión:
la persona se sume en una profunda tristeza que puede tener síntomas físicos y
psíquicos, el peligro está en que esta etapa se cronifique; 5) Aceptación: se alcanza cierta paz y la
vida se impone poco a poco… Creo que yo todavía estoy en la fase de negación.
Cuando le has visto a alguien el día anterior y estaba como siempre, alegre,
vital, lleno de proyectos… es difícil pensar que ya no está… No obstante,
también es momento para agradecer el haberle conocido, por lo compartido y lo
aprendido... Ha sido una suerte. Un
abrazo muy fuerte para ti Ana y para vuestra hija.
Empezaba con una canción y acabo con otra… ¡Hasta luego Iñaki!
“No es más que un hasta luego
No es más que un breve adiós
Muy pronto junto al fuego
Nos reunirá el Señor”
Bibliografía:
Kübler-Ross, Elisabeth (1989): La
muerte un amanecer. Barcelona: Luciérnaga.
[Entrada publicada originalmente el 30.03.2011 en el
Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]
Estimado Doctor,
Hoy, 29 de marzo de 2011, has operado a mi madre y cuando has
hablado con mi hermana y conmigo nos has dicho que esperas no arrepentirte de
haberlo hecho. Yo espero que el dolor que nos han causado tus palabras se quede
en una mera anécdota que comentemos un día mientras paseemos con mi ama.
Mi madre lleva con problemas de espalda desde hace más de
dos años. Su movilidad y su calidad de vida han empeorado notablemente. Lleva
mucho tiempo aguantando unos dolores insoportables, pero no ha perdido la
esperanza y se ha esforzado sobremanera para no abandonarse y no quedarse
relegada a una silla de ruedas. Hace un año y cinco meses estuvimos en tu
consulta y nos dijiste que la única opción era operar y que entraba en lista de
espera. Llevamos más de un año esperando la llamada para la operación. El
preoperatorio que le hicieron caducó hace más de 9 meses. Y este tiempo de
espera no ha estado exento de sufrimiento. En varias ocasiones ha tenido que ir
a urgencias para que le dieran ‘chutes’ contra el dolor. Y eso que las listas
de espera en Osakidetza supuestamente no superan los seis meses…
Esta mañana se han llevado a mi ama a las 8.30 al quirófano
y nos han dicho que fuéramos a la sala de espera. Hasta las 13.30 no nos han
llamado por el altavoz. Han sido 5 horas de nervios e inquietud que se suman a
un par de noches de mal dormir.
La conversación que hemos tenido, bueno monólogo por tu
parte, me ha parecido surrealista. Por más que lo pienso me cuesta comprender
tu actitud. Creo que había razón en tus palabras pero tengo duda de si nos has
visto como personas, más allá de la familia de un ‘número de historia clínica’.
Nada más entrar, según nos hemos sentado nos has dicho: “He estado a punto de
no operarle. No se puede operar a alguien tan gordo. Los médicos podemos correr
riesgos en el quirófano, es nuestro trabajo, pero sólo si va a haber
resultados. En este caso, esta operación no va a servir para nada y va a tener
unos dolores horribles”. Esa ha sido la primera de las lindezas que nos has
soltado. Yo no daba crédito y no podía articular palabra. Y ha habido muchas
más: “La radiografía va a quedar perfecta, porque hemos hecho lo que teníamos
que hacer, pero no va a servir para nada”… “Una persona normal pierde unos 450cc
de sangre, vuestra madre, es vuestra madre, ¿no?, casi dos litros. Y eso
siempre genera complicaciones. A los médicos no nos gusta tener cadáveres… ¿Y
para qué? La experiencia me dice (he operado en condiciones similares a 6
personas, 5 mujeres y un hombre, de los que me acuerdo con nombre y apellido) que
nunca adelgazan y entonces la operación no sirve para nada”… “Si Osakidetza no
fuera el circo que es, si las listas de espera fueran de mes y medio, le
hubiera mandado a casa y le habría dicho que adelgazara y entonces
volviera”…“Hace una semana tuvimos una
intervención de lo mismo pero no se ha parecido en nada. Alguien que hubiera
visto la de hoy le habría parecido, en comparación, una carnicería”… “Si
hubiera sido mi madre no le habría operado. Vosotras veréis el método que
utilizáis para que adelgace… como si le tenéis que coser la boca”… “He
insistido mucho en que adelgazara” (sólo le has visto en una ocasión y desde
entonces ha adelgazado).
Y todo esto lo decías con una sonrisa en la cara tipo Joker
que quiero creer que era de nervios por la tensión de la intervención; y sin
decirnos si había salido de la operación o no.
Y yo te quiero preguntar: ¿Hablas así a todos los pacientes?
¿Y a sus familias? ¿Los ves como personas? ¿O sólo como casos? ¿En algún
momento piensas cómo se sienten? ¿Qué veías al mirarnos? Para ti será un número
de historia clínica, un caso con complicaciones, pero para nosotras es quien
nos ha dado la vida y quien nos ha criado como mejor ha sabido o podido.
Afortunadamente, lo bueno de esta situación es que
probablemente tú seas el mejor ‘carpintero de huesos’ del hospital (ser médico
me parece que implica mucho más) y que mi ama al menos tiene una posibilidad de
mejorar su calidad de vida.
Quiero despedirme diciéndote que sé que tu profesión no es
fácil, que agradezco lo que has hecho (no lo que nos has dicho), pero igual
mirando a los pacientes y a sus familias como personas puedes conectar mejor
con su dolor, que no es sólo físico, y contribuir a paliarlo.
[Entrada
publicada originalmente el 01.03.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de
EITB, desaparecido el 01.07.2024]
Preguntaba el monje: “Todas estas
montañas y estos ríos y la tierra y las estrellas... ¿de dónde vienen?”
Y preguntó el Maestro: “¿Y de
dónde viene tu pregunta?”
¡Busca en tu interior!
[De MELLO, s.j., Anthony
(1982): El canto del pájaro. Bilbao: Sal Terrae, p.43]
Estoy viviendo una situación que nunca me hubiera imaginado.
Mi matrimonio se acaba después de 15 años, a los que hay que sumar casi diez de
noviazgo. Pertenezco a una familia muy creyente y he sido educada en valores
tradicionales. Cuando me casé lo hice con el convencimiento de que era para
toda la vida. Por eso este momento es especialmente duro. Además, no es que
haya habido terceras personas o problemas graves. Entendemos la familia de
forma diferente, tenemos visiones que se han vuelto irreconciliables. Nos
queremos y no queremos acabar haciéndonos daño ni a nosotros ni a nuestro
hijos. Esto último es lo que hace especialmente difícil la decisión. Nunca hubiera querido esto para mis hijos.
Tenía claro que no quería seguir como estábamos pero ahora
siento una profunda tristeza... Ninguno de los dos hemos hecho un drama, ha
sido civilizado... Pasa por delante de mis ojos mucha vida, muchos momentos,
mis sentimientos y emociones están desbocados... Y siento un frío inmenso
(literal). Estoy congelada como si algo hubiera dejado de funcionar dentro de
mí...
Racionalmente sé que probablemente es lo mejor, pero estaba
acostumbrada a la situación, había encontrado cierta comodidad en la misma, era
lo conocido. Ahora vienen cambios importantes y lo desconocido... Me toca
elaborar mi duelo y acompañar a mis hijos en el suyo. Tengo que recorrer mi
camino de las lágrimas. “Hablar de la elaboración del duelo no parece un tema
que nos remonte al disfrute, que nos remonte a la alegría, es un tema que tiene
una arista que conecta, por supuesto, con el dolor. Este camino, el de las
lágrimas, enseña a aceptar el vínculo vital que existe entre las pérdidas y las
adquisiciones. Este camino señala que debemos renunciar a lo que ya no está y
que eso es madurar” (Bucay, p.5)
Y en este camino tengo que soltar lastre, que desapegarme de
muchas cosas, que enfrentarme a algunos miedos, que abrirme a nuevas
posibilidades... “Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior. Sin
embargo, si tengo miedo de las cosas que vienen y me agarro de las cosas que hay,
si me quedo centrado en las cosas que tengo porque no me animo a vivir lo que
sigue, si creo que no voy a soportar el dolor que significa que esto se vaya,
si voy a aferrarme a todo lo anterior...”. (Bucay, p.10)
Conozco racionalmente el proceso, ahora me queda superarlo.
Bucay (p.23) hace la comparación de la elaboración del duelo con el proceso de
cicatrización de una herida:
¿Y en este momento
cómo salir adelante? ¿Cómo elaborar el duelo de una forma constructiva? Veo
dos caminos que habré de recorrer en paralelo. En primer lugar, como decía el
‘cuento’ del principio, tengo un importante camino hacia adentro. Debo mirar
hacia mi interior y conectar con lo que soy. Debo reelaborar algunos de los
aspectos que hasta ahora me definían en parte. Debo aceptar los cambios y
mirarme con mucho cariño. Debo aprender de esta situación. El otro camino es el
de apoyarme en mis amistades, el de pedir ayuda y dejarme querer y acompañar,
pero siempre conectando con mi búsqueda interior y no escapando de ella.
[Entrada
publicada originalmente el 27.04.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de
EITB, desaparecido el 01.07.2024]
Creo que en la vida no hay
apenas certezas, salvo la de que igual que nacemos, un día moriremos, nuestro
paso por la vida tiene fecha de caducidad. Y si esto es así ¿por qué
tenemos una relación tan mala con el dolor y la muerte? Está claro que
nadie quiere sufrir (todos funcionamos con la máxima de “buscar el placer y
evitar el dolor”) y que pensar en la muerte asusta porque no sabemos qué nos
espera (aunque en esto quienes tienen fe llevan ventaja).
Acabo de vivir la agonía de mi
tío Antonio, enfermo de cáncer que ha luchado contra distintos ‘brotes’ durante más de treinta años. A
pesar de una vida superando el dolor y la incertidumbre siempre le han
acompañado un arrojo y fortaleza envidiables (y también bastante genio, para
ser fiel a la verdad). Por eso, los últimos momentos en los que la enfermedad,
literalmente, le ha consumido han sido muy duros. Costaba reconocerle en esa
imagen distorsionada postrada en una cama de hospital. Durante todos estos
años, tuvo el primer ‘brote’ cuando llevaban pocos años de casados, le ha
acompañado mi tía Montse (hermana de mi padre). Mi tía pertenece a la misma
generación que mi madre [post Mujeres en Huelga],
el de esas mujeres que no han trabajado mucho de forma remunerada, que nunca
cobran una pensión, pero que han hecho del cuidado una profesión/vocación y un
ejemplo. Había que verle en el hospital atendiendo a mi tío en todo momento y
hasta el último suspiro. Sin reproches y con constantes gestos amables y de
cariño. El personal sanitario le decía
que no estaban acostumbrados a ver lo que ella hacía, que normalmente la gente
quiere tener al enfermo o enferma fuera de casa. Si mi tía no se llevó a mi tío
a casa fue porque los médicos se lo desaconsejaron debido al gran deterioro que
tenía y para asegurarle un final sin dolor, que era lo que más temía.
Estos días he observado mucho y
he pensado mucho. Las personas nos ‘retratamos’ ante el dolor y la muerte,
lo que decimos, lo que hacemos, cómo nos dirigimos al enfermo y a su entorno...
Alrededor de la cama de mi tío se podían observar actitudes muy diferentes.
Había quienes lo vivían en la lejanía, bien porque su relación no era muy
estrecha o porque no veían a la muerte cara a cara. También había quien
observaba con el miedo y la súplica del que sabe que su final no está muy
lejano, y día a día firma una prórroga. El personal sanitario (desde el primer
al último escalafón) le ha dispensado a él, y a los demás, un trato exquisito y
atento, más allá de su deber profesional. También está la actitud de mi tía que
ha llevado hasta las últimas consecuencias lo que en su día le prometió,
“fidelidad... hasta que la muerte nos separe”. Hay quienes lloran, hay quienes
no; hay quienes se quedan mudos y quienes se ven impelidos a una verborrea sin
fin; hay quienes buscan el contacto con el enfermo y quienes lo evitan (no se
sabe si por respeto, por miedo o por qué), etc.
¿Y cómo lo he afrontado yo? Ya
he vivido varios procesos de enfermedad y muertes muy cercanas, y algunas muy
recientes. En poco más de un año se ha muerto mi padre, mi mentor
[post Un deber de gratitud], el bebé de unos amigos [post Acompañar en la muerte de un hijo] y ahora mi tío.
Tengo la sensación de que en cada muerte se reviven todas las anteriores,
lloras por todos tus muertos. Además, veo como poco a poco van ‘desapareciendo’
mis mayores, mis conexiones al pasado, a la infancia. Es ley de vida pero no
por ello deja de ser duro. Y también me hace ver más cerca la enfermedad y la
muerte, algo que cuando eres joven ni te planteas. Me hace enfrentarme al
deterioro del cuerpo, a la pérdida de vitalidad, que cada vez viviré más en
primera persona, y que cuesta asumir.
Pero no quiero acabar en un
tono pesimista porque la muerte es la otra cara de la vida. Y creo que
mi tío ha tenido una vida muy plena y con sentido a pesar de las dificultades. ¡Ha
sido una suerte haberte conocido!
¿Cómo te relacionas tú
con la enfermedad y la muerte?
El pasado 4 de octubre en la Universidad de Deusto se cubrió
el aforo presencial del acto de presentación del documental “El dolor se aprende y se puede
desaprender” [1]. Mucha gente lo seguimos en streaming. Estuvieron
presentes varias de las personas protagonistas del mismo, entre ellas Arturo Goicoechea (Jefe de la Sección
de Neurología del Hospital de Santiago de Vitoria hasta su jubilación en 2011),
impulsor del Modelo del Error Evaluativo
Neuroinmune.
Veamos cómo define IASP (Asociación Internacional para el
Estudio del Dolor) el dolor y seis apuntes claves sobre el mismo: “Una experiencia sensorial y emocional
desagradable asociada o similar a la asociada con daño tisular real o
potencial” [2] [3]
“El dolor es una experiencia personal influenciada en
diferentes grados por factores biológicos, psicológicos y sociales”.
“El dolor y la nocicepción son fenómenos diferentes. El
dolor no puede ser inferido solamente por la actividad de neuronas
sensoriales”.
“Las personas aprenden el concepto de dolor a través de las
experiencias de vida”.
“Si una persona manifiesta una experiencia dolorosa, esta
debe ser respetada”.
“Aunque el dolor usualmente cumple una función adaptativa,
puede tener efectos adversos sobre la funcionalidad y el bienestar social y
psicológico”.
“Una de las maneras para expresar dolor es por la
descripción verbal; la incapacidad para comunicarse no niega la posibilidad de
que un humano o animal experimente dolor”.
La Sociedad Española del Dolor señala que el dolor es una
experiencia humana universal que se produce 100% en el cerebro, con
independencia de cómo se sienta o cuál sea su duración. El dolor crónico, que afecta al 20% de la población mundial, tiene más
que ver con la sensibilidad del sistema nervioso que con cambios estructurales
en el cuerpo. En estos casos es importante prestar atención a los
pensamientos y creencias. Encontrar mecanismos que reduzcan el estrés y relajen
el sistema nervioso contribuye al bienestar emocional y a reducir el dolor. La
dieta y el estilo de vida también influyen (atención con la nutrición, el
tabaco, el alcohol y los niveles de actividad). Reconocer emociones profundas
puede ser parte del proceso de curación. También es fundamental la actividad física
y la funcionalidad. Lo ideal es moverse en niveles cómodos y sin miedo, porque
así el cuerpo no se protege con dolor y se van recuperando progresivamente los
tejidos corporales. [4 - Este vídeo es
muy recomendable]
“Tres son los mecanismos fisiológicos desde los que se
presenta el dolor. El dolor nociceptivo es un dolor adaptativo, el que va
ligado a los tiempos de curación que varían según la lesión y el tipo de
tejido. El dolor neuropático es un dolor ligado a los nervios, que normalmente
evoluciona bien, a pesar de ser intenso durante las primeras semanas/meses. El
dolor crónico es el dolor que persiste en ausencia de lesión o a pesar de la
curación de los tejidos (a partir de 6 meses/un año de duración)” [2]
Como señala Arturo Goicoechea, el dolor existe, no hay más
que escuchar a las personas que lo sufren. Pero no siempre que hay dolor, hay
enfermedad. Puede haber dolor sin daño y daño sin dolor. Esto no quiere decir
que el dolor sea psicológico. Es necesario saber dónde y cómo se construye el
dolor [5]. Sin embargo, como se puede ver en el documental, muchas personas con
dolor crónico se habían sentido profundamente incomprendidas: “Nadie me daba
una solución”, “Me decían que tenía que aprender a vivir con dolor”, “Llegué a
no creer en mi cuerpo”. En el diálogo Arturo Goicoechea contó el caso extremo
de una persona que le comentó que un médico le dijo: “Usted es una de esas
pacientes que hacen que uno tenga ganas de tirarse por la ventana”.
Hay dos formas muy diferentes de conceptualizar el dolor
crónico. La apuesta de Arturo Goicoechea, que está avalada por la Neurociencia,
es que el cerebro no modula el dolor, sino que lo construye. “Hay profesionales
que conceptualizan el dolor crónico como una enfermedad, ‘de origen
multifactorial’. Otros defendemos la ‘no enfermedad’, el cerebro sano que
gestiona un organismo razonablemente sano pero que lo hace desde un estado de
alerta injustificado, disfuncional, es decir, equivocado” [6].
En el documental dan testimonio profesionales del ámbito de
la salud (medicina de familia, fisioterapia, etc.) que han comprobado cómo
personas que han participado en los cursos no solo han mejorado en la gravedad
del dolor y la intensidad de los síntomas, sino que han mejorado su calidad de
vida. Y llegan a afirmar: “Atiendo de forma diferente”, “Ya no puedo ejercer
como antes”, “Hemos obtenido resultados mejores que ensayos clínicos”.
También está el testimonio de personas que han sufrido dolor
crónico por mucho tiempo y que han sido protagonistas de la mejora en su
calidad de vida: “Ahora tengo un botiquín en forma de conocimiento”, “Cuando
ahora aparece el dolor aprieto más”.
Cierro con las palabras que definen el propósito del
documental y que aportan luz para muchas personas: “Nuestro propósito es abrir una puerta hacia la esperanza a los
pacientes de dolor crónico, haciéndoles ver que este abordaje está funcionando.
Era necesario abrir una ventana, plantar una semilla, aclarando siempre que son
varias las sesiones necesarias para entenderlo, pero dejando claro que hay un
hilo desde el que empezar a destejer y volver a tejer” [7].
Referencias
[1] Eldolorseaprende Documental Kalekofilms (2021, 18 de
febrero). Trailer Documental "El dolor se aprende" [archivo de
vídeo]. Recuperado de https://youtu.be/U0jrbrjdxk0
[4] Sociedad Española del Dolor SED (2014, 18 de febrero). Vídeo
explicativo sobre Dolor Crónico [archivo de vídeo]. Recuperado de https://youtu.be/JYA_mrNuLz0
[He
publicado esta entrada el 12.09.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
El pasado 10 de septiembre, con motivo del Día Mundial para la Prevención del suicidio, Biziraun (asociación de personas afectada por el suicidio de un ser querido – estas personas reciben el nombre de supervivientes) organizó una conferencia abierta a la ciudadanía impartida por Jon García Ormaza, psiquiatra de la Red de Salud Mental de Bizkaia. Llevaba por título “Salud mental colectiva y prevención del suicidio”. La Organización Mundial de la Salud, OMS, define la salud mental como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Hablemos de salud y de prevención. Promover la salud mental es promover la vida. Voy a compartir aquí algunas notas y reflexiones a partir de la conferencia.
Nos encontramos ante un fenómeno tabú que genera mucho dolor y culpa, y que lleva asociado un gran estigma social. Del suicidio no se habla pero los datos hablan muy alto. Según la OMS “cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad global de 16 por 100.000, o una muerte cada 40 segundos. En los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países, y la segunda causa en el grupo de 10 a 24 años”. Incluso hay zonas geográficas en las que los datos se disparan, como en el llamado “triángulo de los suicidas”.
Se suele definir el suicidio como la acción de quitarse voluntariamente la vida. Pero ¿significa eso que la persona lo hace libremente? El suicidio es una muerte violenta, aunque no siempre se vea así. La persona que se quita la vida es presa de un sufrimiento que no puede soportar. Es importante tener claro que este es el punto de partida, la persona no quiere quitarse la vida quiere dejar de sufrir. A menudo se ven los intentos de suicidios como llamadas de atención, amenazas o chantajes. En todo caso son peticiones de ayuda. También hay que tener claro que para que una persona muera por suicidio: 1) tiene que estar sufriendo; 2) tiene que estar sola. Quien tiene un sentido para vivir no piensa en el suicidio. Hace tiempo escribí una entrada que titulé El peso de la vida. Para quien se suicida la vida pesa demasiado, ya no puede con ella. Un amigo, en una conversación sobre el tema, decía: “Cuando en un incendio uno se tira por el balcón no es porque quiera matarse, es que no ve otra salida”.
El suicidio es un fenómeno muy complejo que no tiene una única causa. Vamos a presentar una serie de factores que pueden afectar tanto a la persona como al entorno (es importante insistir en esto).
Hay una serie de factores de riesgo: intentos previos; trastornos mentales; accesibilidad a métodos peligrosos (la primera forma de suicidio en nuestro contexto es por precipitación); suicidio de una persona conocida (dentro de la familia o círculo de amistades); aislamiento social (hay un proverbio africano que dice: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”); acoso, abuso o discriminación de cualquier tipo (es fundamental desarrollar una cultura de denuncia del victimario y apoyo a la víctima); enfermedad crónica o minusvalía; servicios de salud poco accesibles o poco eficaces.
Existen una serie de factores precipitadores: fin de una relación sentimental, separación o divorcio; fallecimiento de un ser querido; detención o problemas legales; problemas económicos y la consecuente pérdida de estatus económico y social.
La falta, fallo o déficit de factores protectores puede desencadenar una crisis suicida en una persona vulnerable. Estos factores son: promoción de la salud; servicios de sanidad accesibles y de calidad; red social, a mayor pertenencia e integración en familia, grupos y comunidades menor incidencia del suicidio; habilidades de afrontamiento y resolución de problemas; resiliencia, entendida como la habilidad para adaptarse y superar el estrés y la adversidad, que está relacionada con la autoestima, el optimismo y el sentido para vivir [al final de la entrada hay una entrevista sobre resiliencia con Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra y referente mundial en el tema].
Se suele hablar de que hay grupos de riesgo (teniendo siempre presentes los factores que acabamos de señalar que son generales):
Hombres, porque entre sus rasgos de personalidad suelen presentar mayor impulsividad y agresividad, tienen mayor accesibilidad a métodos letales (por ejemplo suelen tener más permisos de armas), suelen demandar menos ayuda y por las expectativas culturales (no lloran, son proveedores, etc.).
La adolescencia es una etapa de muchos cambios, de mucha influencia del entorno, a veces es el momento en el que debutan las enfermedades mentales, y todavía no se han desarrollado muchas herramientas personales.
Personas ancianas. En esta etapa un problema muy importante es el de la soledad que es un factor de riesgo relevante, también para muchas enfermedades. Hablamos de la soledad no buscada. En esta población el suicidio tiene algunas peculiaridades: los intentos están muy planificados, los medios utilizados son más letales y hay menos posibilidad de recuperación en caso de sobrevivir.
Colectivo LGTBI. Este es un colectivo que suele sufrir más discriminación y acoso.
El Black Dog Institute (Nueva Gales del Sur, Australia) se dedica desde 1985 a la comprensión, prevención y tratamiento de las enfermedades mentales. Ha desarrollado LifeSpan que es una aproximación a la prevención del suicidio basada en evidencias. En la imagen se resumen las nueve estrategias que se muestran más eficaces en esta tarea (en la web señalada se puede ampliar la información sobre cada estrategia):
Mejora de la atención de emergencias y seguimiento de las crisis suicidas. Como señalaba el ponente, actualmente ante la identificación de un riesgo de suicidio lo único que se puede hacer es derivar a la atención primaria o al servicio de urgencias con el servicio adecuado para estos casos (en nuestro caso Hospitales de Basurto, Cruces y Galdakao). Existen grupos de ayuda para supervivientes, como Biziraun, pero no para personas que han tenido algún intento de suicidio.
Utilización de tratamientos basados en evidencias.
Preparación del personal de atención primaria para que identifiquen personas en riesgo.
Formación de los equipos de atención en crisis (policía, personal de emergencias, etc.) ya que sus interacciones con las personas que tienen intentos de suicidio pueden influir en su decisión de acceder a tratamientos.
Promoción de la búsqueda de ayuda, la salud mental y la resiliencia en el ámbito educativo.
Capacitación de la comunidad para el reconocimiento y respuesta a la suicidabilidad. Cualquiera podemos encontrarnos ante una persona que está en una situación límite. Cualquiera podemos ser esa persona que ha perdido las ganas de vivir.
Involucración de la comunidad y facilitación de oportunidades para ser parte del cambio.
Fomento de la seguridad y el propósito de la información en los medios de comunicación.
Mejora de la seguridad y reducción del acceso a los medios de suicidio.
Quiero acabar esta entrada como la he empezado. Hablemos del suicidio, acerquémonos a este complejo fenómeno, formémonos en estrategias de prevención. Todos y todas podemos contribuir a su prevención… Se puede recuperar el sentido para vivir ¡Y merece la pena!
Algunos recursos en línea
Dumon, Eva y Portzky, Gwendolyn (2014). Directrices generales para la prevención del suicidio. Informe para la aplicación de estrategias de prevención de la conducta suicida. European Regions Enforcing Actions Against Suicide (Euregenas). Disponible en: https://consaludmental.org/publicaciones/Directricesprevencionsuicidio.pdf
Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida (2010). El día después del suicidio de un familiar o allegado. Información para familiares y allegados. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, Servicios e Igualdad, Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias de Galicia (avalia-t). Disponible en: https://consaludmental.org/publicaciones/Diadespuessuicidio.pdf
[He
publicado esta entrada el 11.02.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
El martes 5 de febrero participé en una tertulia de Radio Popular conducida por Ramón Bustamante que llevaba por título “La vida es un derecho, no una obligación”. Me acompañaban en la misma: Alberto Agirrebeitia, Iosu Joven y Txema Lorente, quien ha iniciado una petición en Change.org para despenalizar la eutanasia y el suicidio médicamente asistido. En el blog SOS amatxu se puede conocer la historia que está detrás de esta petición que está cobrando mucho eco en los medios de comunicación. He de reconocer que me conmovió la serenidad y la sonrisa de Txema.
¿Qué es la muerte digna? ¿Es la muerte digna un derecho? Parece que existe unanimidad en la idea de que el acceso a cuidados paliativos de calidad es un derecho. Sin embargo, hay confrontación en el hecho de que elegir el momento y la forma de la propia muerte sea un derecho. Esto conlleva hablar de deberes en los demás (profesionales de la salud, sobre todo), implicaciones jurídicas (constitucionales, penales, civiles, etc.), límites en el ejercicio, y necesidad de evitar abusos [9]. Como señala el Institut Borja de Bioética, “toda reflexión sobre la eutanasia debe enmarcarse en una clara apuesta por la vida de toda persona, y por una vida humana de calidad” [5].
Empecemos aclarando conceptos. Según la OMC, Organización Médica Colegial de España [7]:
“Eutanasia: Es la provocación intencionada de la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa de ésta, y en un contexto médico”.
“Suicidio médicamente asistido: Es la ayuda médica para la realización de un suicidio, ante la solicitud de un enfermo, proporcionándole los fármacos necesarios para que él mismo se los administre”.
Parece que no procede el uso de otros nombres (eutanasia activa, directa, voluntaria o a petición) [2][7][9], y que tanto en un caso como en el otro debe darse la petición libre y repetida en el tiempo [3][4][5][9]. Respecto a la legalidad, según datos de 2017, la eutanasia solo es legal en Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Canadá y Colombia; y el suicidio asistido lo es en Suiza y algunos estados de EE.UU. [3]. Actualmente en Holanda hay un médico procesado por eutanasia aplicada a una mujer de 74 años que había dejado por escrito que ese era su deseo, aunque en otras ocasiones había manifestado lo contrario. Dicho médico dio un sedante a la mujer con el café sin avisarle y ésta despertó cuando le iba a poner la inyección letal. Su familia tuvo que sujetarle para que pudiera aplicársela [3].
Quienes están a favor de la eutanasia y el suicidio asistido argumentan que socialmente existe un amplio acuerdo al respecto (véase el pantallazo que se muestra a continuación). Habría que matizar qué significa ese apoyo a la eutanasia, ya que el modo de preguntar puede condicionar la respuesta. El Dr. Bátiz, reconocido experto en cuidados paliativos, señala al respecto: “Al ciudadano se le ofrecen dos alternativas a elegir: por un lado, vivir las últimas fases de una enfermedad incurable con dolor grave y sufrimiento de todo tipo y generalmente abandonados; por otro lado, solicitar un final lo más rápido posible. Ante este dilema no es raro que se opte por la eutanasia” [2].
El Dr. Bátiz nos recuerda que “hay que abordar al paciente que se muere en sus cuatro dimensiones, la física o biológica, la psicológica o emocional, la dimensión familiar o social y también la espiritual o trascendental, que no religiosa. Espiritual se refiere al sentido vital” [1]. Así mismo, señala cómo la medicina paliativa, frente a la eutanasia, propone humanizar el proceso de morir, en las que las siguientes pautas son obligatorias desde la ética de las profesiones sanitarias [2]:
“No abandonar al enfermo”, hay que explicarle lo que le va a pasar sin engaños pero con mucha sensibilidad.
“Aliviarle el dolor”, que no es algo opcional. La persona enferma es quien sabe sobre la eficacia de la analgesia en su caso.
“Limitar tratamientos inútiles”. La obstinación terapéutica también puede hacer morir mal. Saber cuándo parar porque ya no hay cura posible es una buena práctica médica.
“Sedar cuando lo necesite”. En los momentos finales se pueden dar síntomas que pueden provocar un sufrimiento insoportable, y que no han respondido a las intervenciones paliativas. En esos casos disminuir la conciencia de la persona para garantizar una muerte serena puede estar indicado y ser una buena práctica.
Diego Gracia, uno de los grandes expertos en bioética en España, señala que “los cuidados paliativos han sido desde sus orígenes un movimiento con profundas raíces éticas y humanizadoras”, cuya filosofía puede resumirse en tres puntos: a) control de los síntomas, actuando por adelantado; b) comunicación abierta y c) apoyo emocional [4].
Me parece muy interesante la propuesta que hace el Institut Borja de Bioética, que no pasa por un legalización indiscriminada sino por una despenalización (que “no implica el reconocimiento de un derecho exigible”) en determinados supuestos en los que entren en conflicto valores que puedan se equiparables a la misma vida y que evidencien la conveniencia de no prolongarla indefinidamente. En estos casos deberían concurrir los siguientes requisitos imprescindibles [5]:
“Enfermedad que conducirá próximamente a la muerte”, lo que hace que los profesionales de la medicina sean interlocutores necesarios.
“Sufrimiento insoportable”, que siempre tiene una connotación subjetiva pero que hay elementos objetivos para valorar.
“Consentimiento explícito del enfermo”, debe ser una opción voluntaria expresada por la persona que se encuentra en esa situación.
“Intervención médica en la práctica de la eutanasia” para garantizar la ausencia de dolor y sufrimiento. Debe darse un asesoramiento sanitario en sentido amplio e interdisciplinar (medicina, enfermería, psicología clínica, trabajo social).
“Revisión ética y notificación legal”, previamente debe contar con el visto bueno de un Comité de Ética Asistencial y posteriormente se debe notificar a la autoridad pertinente.
A la vista las obligaciones éticas de los profesionales de la salud en el final de la vida (véase la foto anterior) me parece muy pertinente la pregunta que se hace el Dr. Bátiz: “¿El médico puede ser el cuidador de la salud de las personas y ser capaz de producir, al mismo tiempo, su muerte intencionada?” [2]. El debate sobre la eutanasia tiene muchas dimensiones y va más allá de si cada uno tenemos derecho a decidir cuándo y cómo morir.
Para terminar un vídeo con una breve entrevista al Dr. Bátiz.
[2] Bátiz, Jacinto (2009). ¿Y si desea la muerte? Hermes: pentsamendu eta historia aldizkaria = revista de pensamiento e historia; 31: 4-9.
[3] Bomford, Andrew (2019, 31 enero). La polémica sobre las personas que eligen la eutanasia para no sufrir por demencia senil. BBC News. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-47062242
[4] Gracia, Diego (2006). Ética y toma de decisiones en el final de la vida. Eidon; 21: 24-29.
[5] Institut Borja de Bioética (2005). Hacia una posible despenalización de la eutanasia: Declaración del Institut Borja de Bioética (Universitat Ramon Llull). Recuperado de: http://www.ibbioetica.org/eutanasia/euta_cast.pdf
[6] OMC - Organización Médica Colegial de España (2011). Código de deontología médica: Guía de ética médica. Recuperado de: https://www.cgcom.es/codigo_deontologico
[8] Proposición de Ley 122/000051. Proposición de Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona ante el proceso final de su vida. Boletín Oficial de las Cortes Generales. Congreso de los Diputados. 20 de diciembre de 2018.
[9] Simón Lorda, Pablo et al. (2008). Ética y muerte digna: propuesta de consenso sobre un uso correcto de las palabras. Rev. Calidad Asistencial; 23(6): 271-85.
[He
publicado esta entrada el 02.06.2018 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente he visto una película, Siete Almas (Seven Pounds), que me ha dado mucho que pensar. La sinopsis de FILMAFFINITY dice lo siguiente:
“Ben Thomas (Will Smith), un inspector de Hacienda de Los Ángeles, se pone en contacto con algunas personas para ayudarlas, pero las razones que lo mueven a actuar así son un misterio. Sin embargo, cuando conoce a Emily Posa (Rosario Dawson), una joven enferma investigada por hacienda y empieza a sentirse atraído por ella, sus inconfesables planes se tambalean”.
Quien no quiera que le ‘destripe’ la película que no siga leyendo (tengo fama de spoiler), aunque merece la pena verla en cualquier caso. El título original, Seven Pounds, parece que hace alusión a la obra El mercader de Venecia de Shakespeare.
El suicidio hoy en día sigue siendo un tabú porque supone el traspaso de muchas fronteras. Para empezar implica ir en contra de nuestra programación biológica de preservar la vida. Socialmente supone un cierto estigma, conlleva un silencio culpabilizante. Éticamente genera muchas preguntas. Legalmente tiene reconocimientos diversos… “El suicidio en España no está penado aunque sí lo está en otros países donde se considera a la persona como un bien o propiedad del Estado. Lo que sí está castigado por el Código Penal (CP) en su artículo (Art.) 143.1 y 2 es la inducción al suicidio (4-8 años de prisión) y la cooperación al suicidio, siempre que se haga con actos necesarios (2-5 años de prisión)” (Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, 2012, p.279).
Además, en torno al suicidio hay asociados muchos mitos y falsascreencias, como que es fruto de una enfermedad mental; que es hereditario; que no se puede prevenir; que la persona con una conducta suicida desea morir; que quien lo ha intentado nunca dejará de hacerlo; que quien habla de ello nunca lo realizará; que quien lo quiere hacer de verdad no lo contará; que es un acto de cobardía (o de valentía); etc. (Alastuey, 2015). Los medios de comunicación tienen una poderosa herramienta pedagógica social en este tema. “Por su influencia en la opinión pública, los medios de comunicación pueden ser una herramienta muy útil para la normalización a la hora de hablar de la muerte por suicidio, porque, en primer lugar, pueden ayudar a romper el tabú y la estigmatización que se crean tanto respecto a la persona que muere como en relación con sus familiares y entorno, así como para combatir estereotipos” (Consejo del Audiovisual de Cataluña, 2016).
El duelo por suicidio es muy complejo. Quienes sobreviven al suicidio, las personas cercanas, tienen que hacer frente a muchas emociones. Quizá lo más difícil de manejar sea, por un lado, la culpa y, por otro, la rabia. “Para los supervivientes, la aceptación tarda más en llegar. Y puede hacerse más evidente el estado de enfado y de rabia por no poder evitar la pérdida. Se buscan razones causales y culpabilidad, y es ahí donde puede aparecer la rabia, e instalarse; y quedarse…” (Tiana Sastre, 2017, p.4)
Seguramente es difícil aceptar que no siempre se puede evitar ni prevenir. “El suicidio es un acto individual, que forma parte de la conducta humana y que en muchas ocasiones desgraciadamente, no se puede evitar precisamente porque se produce por un acto voluntario y definitivo de la persona que lo acomete, se encuentre o no en un estado de claridad mental” (Alastuey, 2016, p. 10).
Todo lo relacionado con el principio y el final de la vida son los grandes temas de la bioética. Hay mucho debate al respecto. Diego Gracia, que es un gran referente en este campo, en una entrevista, a la pregunta de si llegado el caso de que le diagnosticaran na enfermedad degenerativa pediría ayuda para morir, responde que: “Las personas que lo piden me merecen el máximo respeto, siempre y cuando hayan tenido antes todos los medios para evitar el sufrimiento. Porque en cuidados paliativos se suele decir, y tienen bastante razón, que cuando una persona que sufre dice que quiere morir, lo que está diciendo es que quiere vivir de otra manera”.
Según DSAS (Después del Suicidio – Asociación de Supervivientes) “el suicidio es el resultado de un terrible sufrimiento emocional interno. Nadie quiere morir y los que mueren por suicidio tampoco, si hubieran encontrado otra salida en su mente a su sufrimiento”. Esta es la razón por la que he titulado esta entrada El peso de la vida, podría añadir y de la culpa. El protagonista de Siete Almas lleva un sufrimiento tal que la única salida que ve es ‘dar la vida’ a siete buenas personas como reparación de las siete muertes que ha causado por su negligencia al volante. Su acción puede ser cuestionable pero está claro que es fruto de una decisión meditada y planificada. Actúa en conciencia, haciendo lo que cree que debe de hacer… ¿quién puede juzgar esto?
Consejo del Audiovisual de Cataluña (2016). Recomendaciones a los medios audiovisuales sobre el tratamiento informativo de la muerte por suicidio. Recuperado de: https://www.despresdelsuicidi.org/publicaciones (consulta 21.05.2018)
[He publicado esta entrada el 04.09.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente he visto la película “Silencio", en la que participó como asesor el jesuita bilbaíno Alberto Nuñez. Martin Scorsese dirige la adaptación cinematográfica de la novela histórica homónima de Shusaku Endo. Los hechos que se narran son duros, pero la película es de una gran belleza visual. Es el siglo XVII y las autoridades japonesas persiguen a los cristianos, torturándoles hasta apostataro morir. Movidos por el rumor de que su mentor, el Padre Ferreira, ha apostatado (es un ‘sacerdote caído’) y ya no quedan sacerdotes, dos jóvenes jesuitas portugueses (Rodrigues y Garpe) viajan a Japón. “La película empieza y termina con un fundido en negro en el que sólo se oye el canto de los grillos. Es una metáfora del autor en la que quiere significar el silencio de Dios, que calla ante los asesinatos de los creyentes y los sacerdotes que son obligados a apostatar” (Pedro G. Cuartango).
En mi opinión la película refleja muy bien el silencio de Dios. Son muchas las situaciones en las que lo sentimos: en el dolor, la enfermedad, la muerte, las injusticias, la tristeza, las penurias, los desastres naturales, las guerras, los actos violentos, los atentados terroristas… En esas situaciones muchas veces surge la pregunta de por qué Dios permite esas situaciones. El miedo, la tristeza, la rabia, la impotencia, la angustia, la desesperación... alimentan ese duro interrogante. Este silencio está muy bien reflejado en las palabras de Wiesenthal (2008: 19):
“Una vez leí en alguna parte que es imposible romper las creencias firmes de un hombre. Si alguna vez llegué a pensar que eso era cierto, la vida en el campo de concentración me enseñó que estaba equivocado. Es imposible creer en nada viviendo en un mundo que ha dejado de considerar al hombre como tal, que constantemente ‘demuestra’ que uno ya no es un hombre. Así que uno empieza a dudar, empieza a dejar de creer en que existe un orden mundial en el que Dios ocupa un lugar definido. Uno realmente empieza a pensar que Dios está de permiso. De otro modo, todo lo que está ocurriendo sería imposible. Dios debe haberse marchado. Y Él no tiene un sustituto”
Para mí este silencio es más duro cuando las situaciones han sido provocadas por la acción o inacción de otras personas. O por la desidia o negligencia. Cuando se podían haber evitado y no se ha hecho. Cuando la intolerancia, el miedo o el desconocimiento nos alejan de otros seres humanos. Cuando las ideas, que son algo que se puede modelar, nos hacen perder nuestra humanidad y nos hacen ser crueles.
Me quedo con un mensaje del final de la película, el soliloquio del P. Rodrigues cuando ya ha apostatado y Kichijiro, quien ha renunciado públicamente a su fe varias veces e incluso fue quien le entregara al inquisidor, le pide que escuche su confesión:
“-Señor, he luchado contra tu silencio.
-He sufrido a tu lado, nunca he estado en silencio.
-Lo sé. Pero aunque Dios hubiera estado en silencio, toda mi vida hasta el día de hoy… todo lo que hago, todo lo que he hecho habla de él. Fue en el silencio donde escuché tu voz”
Hay vivencias, hay voces, hay presencias, hay aprendizajes que solo se dan en el silencio… “Quien no duda no puede conocer la verdad” (Diego de Saavedra Fajardo), o al menos acercarse a ella.
Bibliografía
Wiesenthal, Simon (2008, 1ª ed.1970): Los límites del perdón: dilemas éticos y racionales de una decisión. Barcelona: Paidós.