viernes, 10 de abril de 2026

Querido profe, me invaden las tinieblas

 

El pasado 21 de marzo impartí una conferencia en Cadiñanos (Burgos) a la que puse por título: “Cuidar, Despedir y Sanar: El valor de estar presentes”. Me dieron la posibilidad de elegir el tema y opté por uno de los que últimamente más me llama: la enfermedad, el duelo y el final de la vida. Hay muchas personas a quienes no le gusta nada hablar de estos temas. A mí me encanta, porque me conecta con la vida y con mis prioridades. Creo firmemente que todas las personas, desde edad temprana, deberíamos familiarizarnos con la muerte, ya que tarde o temprano nos la encontraremos cara a cara. Y es mejor hacerlo sin miedo ni prejuicios.

A raíz de la charla me hicieron llegar un artículo cuyo título me cautivó —“La vida y la muerte por correo electrónico” (Hermoso, 2026)— y que me hizo descubrir dos libros. Voy a hacer esta reflexión sobre uno de ellos: Querido profe, me invaden las tinieblas (Bonete, 2025).

Desde el primer momento el libro me evocó a otro —Martes con mi viejo profesor (Albom, 1998)— que he leído varias veces y al que he aludido en entradas anteriores (Echaniz Barrondo, 2020, 2013a y 2013b). En esta ocasión se invierten las tornas. No es el discípulo quien acompaña al profesor en su última etapa. Al detectarle cáncer, una antigua alumna se pone en contacto con quien fuera su profesor de la asignatura Ética de la muerte diez años atrás en la Universidad de Salamanca —Enrique Bonete— y empiezan una relación ‘epistolar’ que la alumna mantiene oculta a sus personas cercanas. El profesor va respondiendo a sus inquietudes de la mano de grandes maestros de la filosofía. La relación acaba cuando la alumna no responde a varios mensajes y el profesor asume que le ha llegado la hora. El libro ve la luz varios años después de la muerte de la alumna. Es ella misma quien le sugiere que las misivas que se cruzan podrían ayudar a otras personas en una situación similar.

El título del libro es muy gráfico y recoge muy bien la vivencia de la alumna: “Disculpe mi pesimismo, profesor: a veces ahoga. Especialmente durante las noches, cuando me siento sola, desprotegida, rodeada de un silencio inquietante. Pero también por el día. En realidad, se podría decir que la oscuridad mental es algo así como mi estado más duradero, una constante compañera. Profe, me invaden las tinieblas... Y tengo miedo... Por eso busco la luz y la fortaleza moral de los sabios que usted tanto estudia” (pp.79-80).

A lo largo del intercambio ‘epistolar’ alumna y profesor van compartiendo ideas y experiencias muy profundas. Recordando a Séneca el profesor le escribe: “La persona sabia ha de meditar en la muerte, sea cual sea el contexto en que se halle (salud o enfermedad, alegría o pena); en definitiva, debe familiarizarse con su permanente cercanía. Así aprende a prepararse para cuando llegue. Quien nunca piensa en ella no sabrá qué actitud adoptar en el momento clave. Mas quien en su mente la hace presente, al acercarse la mirará sin aspavientos (…) Las decisiones más serias y graves de la existencia han de ser tomadas teniendo presente el final. Si no se contempla la vida personal desde el morir, la interpretación del quehacer cotidiano queda falsificada. Se ha de aprender a disfrutar de lo más valioso de cada día (los afectos, por ejemplo) como si fuera el último” (pp.56-57).

La llegada de la enfermedad y la muerte trastoca el proyecto vital tanto de quien la vive como de sus personas cercanas, pero no significa que desaparezca el sentido. Como señala el profesor: “¿Somos como una mera pompa de jabón? ¿Hinchamos nuestra vida sabiendo que va a explotar? Qué gráfico y metafórico todo esto ... Sabemos que la muerte, al final, vencerá. Pero ello no ha de aplastarnos, sino al contrario: a pesar de la meta hacia la que caminamos, la trayectoria vital no carece de sentido, ni es absurda ni desesperada la lucha por vencer a la muerte. Mientras vivimos, el goce del presente y, sobre todo, la compañía de los seres queridos ofrece momentos de plenitud al proceso temporal en el que estamos inmersos” (p.114). Un poco más adelante añade: “Es comprensible temer el proceso de morir, los dolores y sufrimientos que puede ocasionar. Pero no es racional sentir miedo a la muerte, al hecho de desaparecer, que es bien distinto al proceso temporal de ir muriendo. Así lo han diferenciado la mayoría de los filósofos” (p.122)

Me parece especialmente bello el último párrafo antes del Epílogo: “En realidad, la muerte de una persona querida no deja de ser, para quienes permanecemos aún en este mundo, el silencio de la ausencia; sí, el doloroso eco de una voz, el recuerdo de palabras con ternura escritas” (p.168). Por experiencia sé que lo más doloroso de la pérdida de un ser querido es no volver a oír su voz, escuchar su risa, estrechar su mano…

Abre la entrada la imagen con la que comencé la charla a la que aludo. ¡Qué importante y bonita tarea el sostener(nos)! ¡Que regalo poder compartir con otra persona sus dudas e inquietudes, especialmente en momentos dolorosos! Cuidar y acompañar es un gran regalo que nos transforma la vida y la dota de sentido.

ADENDA. El domingo 19 de abril de 2026 el profesor Bonete fue entrevistado en el programa Últimas preguntas de RTVE (ver referencia) a raíz de la publicación del libro aquí mencionado. 

Referencias

jueves, 2 de abril de 2026

Comunidades compasivas

 

El 26 de marzo asistí a la Clase magistral “Comunidades compasivas”, impartida por Rafael Mota Vargas —médico especialista en Medicina Interna y Cuidados Paliativos— y organizada por la Fundación Pía Aguirreche. Comparto aquí algún de las ideas que extraje de la misma.

No enfrentamos a una realidad que viene marcada por el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas, de la dependencia y de la discapacidad. Todo esto supone una mayor exigencia de cuidados en familias cada vez más cortas. Asistimos, además, a una epidemia silenciosa: la soledad. Se hace más necesario que nunca una atención integrada —sanitaria, social y comunitaria— centrada en la persona.

Se suele identificar la compasión con la pena y la lástima. Sin embargo, la compasión implica reconocer el sufrimiento, resonar emocionalmente (identificarnos con el sufrimiento), e ir más allá de la mera observación: ¿Qué puedo hacer yo para aliviar ese sufrimiento?

La Fundación New Health, surgida en 2013 en Sevilla, opera en varios países de Europa y Latinoamérica y trabaja en el desarrollo de “CIUDADES COMPASIVAS mediante la metodología TODOS CONTIGO® por la que se acompaña a las organizaciones al desarrollo de acciones de sensibilización, formación, investigación e intervención comunitaria para la activación de redes de cuidado y acompañamiento alrededor de las personas con enfermedad avanzada y sus familiares”. Hay tres puntos clave: 1) La sociedad como impulsora del cambio; 2) La compasión como eje transversal —la compasión en palabras del Dr. Enric Benito es “la forma que toma el amor cuando se encuentra con el sufrimiento”—; 3) El impulso de las redes comunitarias, “ciudadanos comprometidos y capacitados en el cuidado y acompañamiento de las personas más vulnerables de su comunidad”. En definitiva, hablamos de Cuidados, Compasión y Comunidad. ¿Y cómo se operativiza eso? A través de la Concienciación, Capacitación y Creación de Redes.

Badajoz Compasiva —iniciativa de la cual Rafael Mota Vargas es impulsor— es un proyecto de la Asociación Cuidándonos, “entidad sin ánimo de lucro que trata de implicar a los ciudadanos en el cuidado y acompañamiento de las personas que enfrentan enfermedades en el final de sus vidas”. Impresiona ver tanta energía y vitalidad puesta al servicio de las personas de forma altruista, a través de proyectos como: “Café Contigo: Acompañar y Cuidar hasta el Final”, “Escuela Contigo: El regalo de Cuidar”, “Universidad Contigo” o “Árboles para el Recuerdo”.

Para terminar unos versos que reflejan lo verdaderamente importante, hacer tu parte, dejar una huella bonita. Además, como dice el Dr. Enric Benito, “Acompañar y estar ahí tiene premio” (Echaniz Barrondo, 2023).

Recomiendo ver el documental “DEATH CAFÉ: la Música de tu Vida” impulsado por AECC Badajoz, Badajoz Contigo, Ciudad Compasiva y Músicos Sin Fronteras.


Referencias