lunes, 12 de febrero de 2018

Sanar las heridas



[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 12.02.2018]

Recientemente recibí la propuesta para formar parte del primer núcleo de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) que la Compañía de Jesús quiere iniciar en el Loiola Zentroa del Santuario de Loiola. La primera acción consiste en cuatro días de formación en Loiola. Como decía el correo: “Dicha formación comienza partiendo de la propia experiencia, por tanto trabajarás una herida personal, tanto personalmente como en pequeños grupos de 3 personas (a ser posible que no sean conocidas) en línea de curarla: perdonarse uno mismo-a y reconciliarse de un modo u otro. Se hará con total confidencialidad”.  Me atrajo la idea desde el primer momento. Llevo mucho tiempo dándole vueltas al tema del perdón. Cuando escribo esto he pasado la primera parte de la formación que se centra en el perdón y que abre la puerta a la reconciliación. Voy a compartir aquí algunas de las ideas que me llevo.

Algo que me ha costado es pensar qué herida quiero trabajar. Tengo ya muchas cicatrices en el cuerpo y en el alma. Quiero creer que ya están cerradas. No las olvido pero ya no duelen. Me da un poco de respeto hurgar en algunas de ellas. Sin embargo, es un reto que estoy dispuesta a asumir en este momento. Hace mucho escuché a un profesor, y se ha convertido en un lema para mí, “nadie da lo que no tiene”. En la medida en la que me quiera bien a mi misma, podré querer mejor a los demás.

Resuena en mí de forma especial en este momento este poema de Piedad Bonnett:
LAS CICATRICES (del libro Explicaciones no pedidas)
No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son  las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.
Nos acompañan en la formación dos animadoras de ESPERE (Perú), Vanessa Custodio y Eva Boyle. La metodología del programa ESPERE fue premiada en el año 2006 por la UNESCO. “Las Escuelas de Perdón y Reconciliación ESPERE, son un proceso pedagógico en donde los participantes reinterpretan un acontecimiento doloroso de su pasado, inmediato o remoto, para superar el dolor y los sentimientos de rencor y venganza que limitan el goce de la vida. Esta propuesta permite superar la memoria ingrata del pasado, realizar procesos de justicia restaurativa y establecer pactos que garanticen la no repetición de las ofensas”.

La violencia (sea del tipo que sea) tiene unos efectos que en ESPERE se les llama, las Heridas de las tres “S”:

Cualquier ofensa o agresión  que recibimos (o infringimos) tiene repercusiones en nuestras emociones (lo que sentimos: tristeza, dolor, rabia, ganas de llorar, etc.), en nuestros pensamientos (lo que entendemos: “es injusto”, “me las va a pagar”, etc.) y en nuestras conductas (lo que hacemos: poner mala cara, castigar, agredir, contestar mal, ignorar, etc.). [Véase el ABC emocional del Albert Ellis]. En ESPERE se busca propiciar la educación emocional, aprender a decodificar correctamente teniendo en cuenta que hay emociones que facilitan la sanación y las relaciones (alegría, reconocimiento, compasión, etc.) y otras que las dificultan (rencor, ira, tristeza, etc.).

Si tuviera que dar mi propia definición de lo que es el perdón diría que es “un proceso de liberación y sanación que parte de una decisión personal”. Es muy importante entender que es un proceso. No es necesariamente un fin. Puedo empezar el proceso pero puedo no llegar. Es un proceso único, cada uno tiene sus tiempos y su recorrido. Es un regalo para mí que sana, libera y transforma. Me ayuda a restaurar el daño que me han causado, mitiga mi dolor. Es un proceso que se vive mejor  en un grupo que me apoye y me acompañe, en un grupo en el que cada uno vaya siguiendo su propio proceso. El perdón es una decisión, una actitud, una forma de vivir. Es una nueva forma de ver personas y hechos. Es un proceso de autosanación que hay que vivir. El perdón transforma nuestra mirada, busca una nueva narrativa que ayude a construir un nuevo relato. El perdón no está reñido con emprender acciones incluso legales, si fuera necesario.

El perdón y la reconciliación son dos procesos diferentes. El perdón es un proceso necesario para la reconciliación. En ESPERE se habla de tres tipos de reconciliación:
  • De coexistencia (a distancia, o con prudente distancia).
  • De convivencia (o próxima, en ella la cooperación y la solidaridad son posibles).
  • De comunión (en la que el amor renace y se profundiza la fraternidad).
No siempre es posible la reconciliación. Puede que la persona que cometió la ofensa muriera, que no se sepa dónde está, o que no quiera la reconciliación. En algunos casos no es aconsejable (porque no se dan las condiciones necesarias). En algunos casos quedará sólo la coexistencia.

Quiero acabar con una frase de los materiales que hemos recibido: “el objetivo del perdón es arrojar luz sobre los engaños, temores, juicios y críticas que nos han mantenido cautivos en el papel de nuestro propio carcelero”. El perdón es un acto de amor hacia uno mismo y es posible incluso en las circunstancias más duras, como muestra el siguiente vídeo.


jueves, 25 de enero de 2018

La apuesta por el corazón

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 12.01.2018]

Recientemente he visto una película que me ha dado mucho qué pensar. Coco es una deliciosa película de Pixar que trata sobre el Día de Muertos (en 2008 la UNESCO inscribió estas celebraciones en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad).    Es imprescindible para quienes nos fascina la cultura mexicana, la música, el colorido, las costumbres… Me quedo con una frase que un personaje le dice a Miguel en el mundo de los muertos… “Si no queda nadie que te recuerda en el mundo de los vivos desapareces de este mundo”. Al principio pensé titular esta entrada “El miedo al olvido”, ya que es un tema que ha salido en varias conversaciones que he mantenido últimamente. Este año, por primera vez, me ha pasado al cumplir años (hace ya unos meses) que he tenido la certeza de que seguramente he vivido más que lo que me queda por vivir. Además, me he hecho plenamente consciente de que mis capacidades físicas empiezan a ir cuesta abajo. Se empieza a hacer realidad algo que me dijo hace tiempo una gran amiga, mi “tercera madre”: “Aran, cuando a partir de los 40 te aparece un dolor ya no se quita”. Y junto a todo esto aparece una gran pregunta que a todos nos surge en algún momento: “¿Qué he hecho en mi vida? ¿Alguien me recordará cuando ya no esté?”.

Tim Urban, en una magnífica charla TED titulada “En la mente de un maestro procrastinador”, explica cómo funciona la mente de una persona procrastinadora. En la charla dice que todos y todas somos procratinadores en algunos aspectos o en alguna medida. El problema es cuando no hay fechas límite, ya que entonces no aparece un personaje fundamental: el Monstruo del Pánico (remito a la charla). Hay muchas cosas fundamentales en la vida como la familia, hacer ejercicio, cuidar de la salud física y psicológica, empezar/acabar una relación, etc. que no tienen plazo y en las que postergar las decisiones o acciones tienen un alto impacto negativo en nuestra felicidad.

Esto me recuerda los cinco grandes arrepentimientos al final de la vida que señala Bronnie Ware, enfermera australiana especializada en trabajo con personas moribundas:
  1. “Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera;
  2. Ojalá no hubiera trabajado tanto;
  3. Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía;
  4. Habría querido volver a tener contacto con mis amigos;
  5. Me hubiera gustado ser más feliz”.

Una amiga me recomendó un documental “ULU: Un Latido Universal”, que durante un tiempo se puede ver en internet. Como dice la página web del mismo “La película muestra en las pantallas un viaje, una experiencia, que permite ver y sentir algunas claves para los momentos de cambio y transformación de la actualidad. Desde una actitud creativa, en confianza, para transformar esta crisis, esta búsqueda de valor, en una historia de AMOR; tejida a través del guion inverso, donde todo transcurre a través de un hilo conductor”.  Es muy enriquecedor escuchar el testimonio de personas muy diversas, todas con un cierto recorrido vital, hablando de lo que significa y lo que implica vivir de acuerdo con lo que su corazón les dice. Hace tiempo escribí sobre la inteligencia intuitiva del corazón, y de cómo llegar a la coherencia global desde la coherencia individual.

A veces me pregunto qué supone trascender a la propia vida. La respuesta es cada vez más clara para mí. Supone dejar un mundo mejor, una huella positiva, realizar actos de amor concreto, transformarme y transformar mi mundo. Más que tener miedo al olvido debemos elegir el amor, que el amor guíe nuestras acciones y decisiones porque, parafraseando a S. Juan de la Cruz, “al atardecer de la vida me examinarán del amor “.


viernes, 22 de diciembre de 2017

Y nos vamos acercando al final…

Cartel en la entrada del jardín situado detrás de la Basílica de Loyola
Hace ya más de tres años comencé mi personal camino de Ignacio, y ya está llegando al final. La anteúltima etapa han sido cinco días de Ejercicios Espirituales en Loyola. No han podido llegar en mejor momento, el final de un semestre muy duro y la preparación para Navidad. Cómo llegaba: nerviosa, quizá más bien ilusionada; preocupada, dejaba a mi ama en mi casa con mis hijos después de doce días ingresada en el hospital; expectante porque 2018 va a ser un año de cambios y nuevos proyectos. El acompañante que he tenido… un lujo, Richard Gassis, sj.

Día 1: Desaceleración (el tren de alta velocidad llegando a una estación)

Reescribo el salmo 141, Tengo sed de Dios, desde mi situación

“Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a Ti, Dios mío,
Tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?”

Vengo a ti con el alma cansada y agradecida

CANSADA por el trabajo duro
Por el estudio in extremis
Por la inseguridad de no dominar
Por el día a día con mis hijos
Por las obligaciones atendidas
Por el cuidado en solitario
Por la falta de sueño
Por el dolor del cuerpo que se queja
Por la concentración de trabajo
Por las quejas ahogadas o reprimidas

AGRADECIDA por saberme privilegiada
Por saberme amada
Por sentirme reconocida
Por los dones recibidos
Por la seguridad de mi hogar
Por la bendición de mis hijos
Por el trabajo que no falta
Por la comida en mi mesa
Por las amistades que me flanquean
Por el amado que me hace los días más bellos

TENGO SED DE TI, muéstrame tu rostro,
Déjame curar tus heridas
Ayúdame a sentir tu presencia.

Me impresiona el silencio de las comidas, casi 20 personas reunidas y no se oye nada. Un silencio acogedor, contagioso, elocuente... (A partir de la cena del segundo día solo quedaremos cuatro personas, que se reducirán a tres el miércoles).

Día 2: Desierto, silencio

El tema del día: “Dios me ama”… Y yo vivo el silencio... Me quedo con las últimas palabras que pronunció el P. Arrupe: “Para el presente, Amen; para el futuro, Aleluya”. La llamada… CONFIAR… La mirada amorosa del Padre… “Lo reconoció, se le enterneció el corazón, salió corriendo, se echó al cuello y lo cubrió  de besos” (Lc 15, 1-32).

Día 3: Sonrisa, paz, armonía

El tema del día: “Mi(s) pecado(s) y mis heridas”; siempre a partir de la realidad ultima, “Dios me ama”. Si no, sería insoportable. Se trata de “orar mis miserias”, teniendo en cuenta que “la bicha” va a intentar que me sienta culpable de todo lo negativo  que sale de mí. La culpa debe estar si: 1) tenía conocimiento del mal y de las consecuencias derivadas de él; 2) tenía voluntad de hacerlo y 3) si tenía libertad de hacerlo. “No hago el bien que quiero, sino que practico el mal que no quiero” (Rom 7, 19). Se trata de descubrir lo desordenado que hay en mí  y de tomar la fuerza para ir ordenándolo. Al repasar mi vida con el Señor a mi lado siento la tentación, en algún momento, al mirar algunos episodios  y personas, de juzgar. Sin embargo, la llamada es fuerte a escuchar y mirar a los demás,  y a mí  misma, amorosamente. “Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más” (Jn 8, 11).

Día 4: Nueva mirada

Me quedo, como resumen, con algunas de las palabras de la misa de la mañana. El mejor modo de preparar la Navidad es contemplar la actitud profunda de María, que le lleva a una nueva mirada, a ver en todo y en todos a Jesús. Se dice de Santo Tomás: “Ver para  creer”. Habría  que decir más  bien: “Creer para ver”. Creer cambia la mirada.

En la cena, mis dos compañeros han acabado la experiencia, también acompañados por Richard, y conversamos. Miguel, religioso Camilo argentino que está en formación en Tres Cantos nos cuenta su proceso de fe, como sintió la llamada y las experiencias que le llevaron a los Camilos.  Dorita, madrileña, madre de dos hijos residente en EE.UU. que ha llegado a aquí porque allí está haciendo una formación de “Dirección espiritual” y que gracias a ello hizo el año pasado el mes de ejercicios en Javier también con Richard. Tres desconocidos compartiendo vida y experiencias con un nivel de profundidad que no es común… Una delicia, un encuentro transformador.

Día 5: Corazón esponjado y agradecido
La tarea para hoy, “recoger la experiencia”. Y el día no ha podido empezar mejor. He llegado a la Capilla de la Conversión (mi lugar favorito de Loyola). Las luces apagadas, salvo una luz bajo el altar y la vela del sagrario. Una sombra en la oscuridad sentada en un banco, un jesuita rezando. El ambiente sobrecogedor…
Cómo me voy… con un corazón esponjado y agradecido.
ESPONJADO porque soy consciente de que tengo un corazón de carne y hueso que siente, duele, falla y también ama. “Nosotros amamos porque el nos amó primero” (1 Jn 4, 19).
AGRADECIDO por la experiencia de estos días y de todo el recorrido de la formación. Agradecido a la Compañía, a la Universidad, a mis compañeros y compañeras de camino, a quienes nos han compartido su conocimiento y experiencia, a Richard que me ha acompañado en esta etapa, a quienes he conocido, a quienes nos han acogido y cuidado en la Casa de ejercicios…
Agradecido porque soy más consciente que nunca de los privilegios y dones que hay en mi vida, así como de todas las personas y circunstancias que han hecho posible que esté Aquí y Ahora.
Agradecido porque vislumbro la tarea que tengo encomendada y me siento responsable.
Agradecido porque no me siento sola.
No se me ocurre mejor modo de acabar esta entrada que con el Magníficat (Lc 1, 46-55), “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”, en una preciosa interpretación del Gen Verde. Esa es la actitud, ese es el camino.




jueves, 14 de diciembre de 2017

Acoso sexual de segundo orden… y tú qué hiciste…


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 04.12.2017]

El acoso sexual es todavía en gran medida un tema tabú, un secreto a voces ante el que no se actúa suficientemente (está presente incluso en el Parlamento Europeo). Parece que nadie se atreve a poner nombre a lo que siempre ha existido... y de lo que no se habla se invisibiliza. El pasado 25 de noviembre asistí al Symposium “Acoso Sexual de Segundo Orden: clave para eliminar la violencia de género”, organizado por la Plataforma de Género de la Universidad de Deusto. Participaron en el mismo:
  • Ana Vidu, Investigadora de la Facultad de Derecho.
  • Leire Gartzia, Profesora de Deusto Bussiness School.
  • Estibaliz Linares, Investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.
  • Maria Luisa Jaussi. Berritzegune Nagusia, Departamento de Educación.
  • Cristina Pulido Rodríguez, Directora del Diario Feminista y profesora de periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Modera y dinamiza: Rocío García Carrión, Equipo eDucaR (Ikerbasque Research Fellow)
Una idea marcó toda la jornada, y resume, para mí, todo lo allí expuesto: “Toda persona que ataca a quien defiende a las víctimas de acoso sexual está haciendo acoso sexual de segundo orden”. Como señala la cita de apertura de esta entrada “Si no eres parte de la solución eres parte del problema” (Ruth Milkman). Hay que defender a quien defiende. No se puede erradicar la violencia de género sin eliminar el acoso sexual de segundo orden, que se puede definir como: “la violencia física y/o psicológica contra las personas que apoyan a las víctimas de acoso sexual. Algunas personas, grupos e instituciones que apoyan a las supervivientes se convierten en víctimas de violencia cuando las acompañan en el proceso de denuncia o cuando las defienden frente a la re-victimización”.

Hay muchos testimonios que muestran cómo este acoso de segundo orden, que está presente en todos los ámbitos de la vida, también se da en la universidad.  Patricia Melgar Alcantud , investigadora de CREA y profesora de la Universitat de Girona, señala en un artículo de elperiodico.es: “Si David quiere luchar contra Goliat que no parta de que el resto de compañeros y compañeras se pondrán del lado de la víctima. Aquellos y aquellas que en las reuniones de departamento y las juntas de facultad, cuando yo explicaba los hechos, miraron hacia otro lado se convirtieron en cómplices”. [Para profundizar puede ser de interés ver este extracto del documental  "Voces contra el silencio"].

Parte del problema tiene que ver con lo que se denomina el iceberg de la violencia machista, “o aquella percepción social de que esta violencia solo ocurre cuando violan a una chica, o un hombre mata a su pareja, o un chico pega a su novia. […] Hemos aprendido a contar las víctimas de estas formas más visibles de violencia, pero seguimos sin entender bien el fenómeno de la misma, precisamente por su enorme tamaño y por la diversidad de formas que adopta” (Clara Polo Sabat). La siguiente infografía de Amnistía Internacional habla por sí sola. Y este iceberg  se ha hecho mayor con la incidencia de las redes sociales.


Quienes sufren acoso sexual sufren una triple tortura derivada de la ley del silencio que impone el agresor valiéndose de su poder. “Tortura cuando son acosadas. Tortura cuando denuncian. Y la última tortura, la que parece no acabar nunca: el penoso proceso al que se enfrentan después” (Marta Fernández).  Este hecho lo hemos visto recientemente con en el caso de la joven que sufrió una agresión sexual en Sanfermines de 2016 y que ha hecho que muchas voces se alcen diciendo “Yo sí te creo”.

Para erradicar esta violencia la estrategia más eficaz es la intervención del testigo. Como comenta Ramón Flecha, “el mejor lema internacional de la convivencia es bystander intervention, es decir, todos y todas a una; y también saben que una versión más larga de ese lema es bystander intervention begins by you, es decir, el todas y todos a una comienza por ti”. Es fundamental crear redes de solidaridad y de apoyo a las víctimas. Algunos ejemplos de éstas son:  Asociación de Ayuda a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia Doméstica [presenta unos pasos y pautas de actuación muy interesantes] o la  Red solidaria de víctimas de violencia de género en las universidades.

Y también es importante crear lazos tanto de sororidad como  de hermandad entre hombres. Son muy bellas las palabras de Marcela Lagarde y de los Rios “¿Qué habría sido de las mujeres en el patriarcado sin el entramado de mujeres alrededor, a un lado, atrás de una, adelante, guiando el camino, aguantando juntas. ¿Qué sería de nosotras sin nuestras amigas? ¿Qué sería de las mujeres sin el amor de las mujeres?”

Una experiencia muy interesante es la de creación de espacios educativos libre de violencia a través del modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos. Se trata de socializar a niños y niñas vaciando de atractivo la violencia y dotándoselo a la no violencia y a quien la defiende, y de crear las condiciones para perder el miedo. Como señaló María Luisa Jaussi “quienes apoyan no son ‘buenazos’ o ‘pobrecitos’, son valientes (…) romper el silencio es de valientes, no de chivatos”. Una experiencia exitosa es El club de los valientes de la comunidad de aprendizaje CPI Sansomendi IPI (Vitoria).

Cristina Pulido, Directora del Diario Feminista, habló de cómo existen toda una serie de recomendaciones internacionales sobre cómo cubrir las noticias; además, existen dos opciones editoriales: 1) perpetuar el acoso y 2) contribuir a su solución. El diario que dirige vio la luz el 25.11.2017, y obtuvo casi 5000 visitas en las primeras 48 horas. Reproduzco aquí una parte del Editorial del día del lanzamiento:
“Diario Feminista, será una publicación diaria que trate de todos los temas que hablan otros periódicos también de calidad, pero con una orientación que incluya el mismo tiempo la igualdad y la diferencia de las mujeres, así como el conjunto de derechos humanos de todas las personas. Diario Feminista por otro lado, no es una publicación sobre temas de género sino una publicación sobre todos los temas tratados desde una perspectiva feminista (…) Diario Feminista, se enmarca dentro del sueño de muchas mujeres de lograr sociedades más libres e igualitarias a través de crear un entorno seguro también desde el ámbito de los medios de comunicación. Un tratamiento periodístico feminista, libre de discursos sexistas y posicionado en contra de la violencia de género y el racismo.  Desde una opción plural, donde el único límite es el marcado por la Declaración de los Derechos Humanos, basado en evidencias y no conjeturas, manipulaciones o mentiras, así como en la transparencia, respetando los códigos éticos internacionales periodísticos.”.
Un apunte para que cada uno reflexione… Llegará el momento de rendir cuentas… “Tú estabas allí ¿qué hiciste para apoyar?” Para terminar os dejo un vídeo sobre las I Jornadas sobre el Acoso Sexual de Segundo Orden, celebradas en Barcelona los días 19 y 20 de diciembre de 2016.



domingo, 10 de diciembre de 2017

Diario de una aventura (II)


Ya de vuelta en casa son muchas las emociones y momentos que atesoro en mi corazón de un viaje que ha sido corto pero muy intenso. Me siento muy afortunada y agradecida por todo lo vivido. En otra entrada me centraré en lo relacionado con el curso.

El domingo nos fuimos en una excursión organizada en autobús a Tequila. La guía era genial. Tenía frases estupendas: “Este autobús tiene baño pero no lo vamos a usar porque el aire no circula. Si alguien tiene mucha urgencia que diga y paramos”; “Lo que pasa en Tequila se queda en Tequila… hasta que salga en el Facebook”; “El conductor se llama Rafa. Es ingeniero en navegación terrestre… Las muchachas le llaman bombón”; “Ustedes acuérdense únicamente de quién es su conductor… ¿Qué tal si después del tequila se les olvida todo?”; cuando nos enseñaron las instalaciones de 3 Mujeres nos dijo “por única vez en su vida sigan la luz al final del túnel”; “Si les gustó recomiéndenme a sus amigos… y si no a sus enemigos”.

En las instalaciones de 3 Mujeres, después de ver el proceso de elaboración, hicimos una cata al son de un mariachi… Sin palabras. Probamos cuatro tipos de tequila, a cada cual mejor, y rompope (según internet “bebida tonificante que se prepara con aguardiente, yemas de huevo batidas, leche, azúcar, canela y vainilla”). En medio de un paisaje agavesco, la alegría, los bailes y los cánticos se iban animando por momentos… “El que la pide la baila”. Después comimos y visitamos la fábrica de José Cuervo. Impresionantes instalaciones. Lo que más me llamaba la atención era el olor… Al cocer las ‘piñas’ de ágave en los hornos se desprende un olor dulce, pero no empalagoso, muy agradable que está presente en todo el recorrido. Allí también catamos distintas variedades de tequila… Debían de ser todos muy buenos porque no nos afectaron demasiado. Tanto en un sitio como en otro nos dejaron clara la diferencias entre el 100% ágave (que no hace daño) y el destilado, al que se le añade azúcares y se utiliza para mezclas. El pueblo era pintoresco, muy colorido y con muchos puestecitos. Incluso vimos a unos voladores de Papantla.

El campus del TEC era magnífico, lleno de zonas verdes, con unas construcciones muy similares a las del campus de Monterrey, con muchas zonas de comidas, instalaciones deportivas, piscina, oficinas de bancos, etc. Lo más chocante… las hamacas, que estaban vacías porque ya se había terminado el semestre. Me subí a una por primera vez en mi vida.  La tarde del miércoles se celebraba la ceremonia de graduación y había muchos preparativos. José Carlos, nuestro estupendo anfitrión, nos contó que en el plan de riesgos del campus había recogidos tres: 1) aviones (el campus linda con una base militar); 2) coyotes, que en la noche se acercan en busca de comida; y 3) un león, que debe ser la mascota de una casa en una de las colonias vecinas…

Uno de los días cuando llamé a mis hijos mientras desayunábamos  tuve la siguiente conversación:
Yo – “Bueno cariño te dejo que enseguida viene el taxi a recogernos al hotel”
Xabi – “Pero… ¿no estás en casa de Lumi?”
Yo – “Cariño no estoy en Monterrey. Estoy en Guadalajara. Con Lumi pero en Guadalajara”
Xabi – “Ahhhhhhh… lo de Guadalajara, Guadalajara… (cantando)”
Yo – “Eso mismo. Dile a tu hermano que se ponga”
Ander – “Hola ama”
Yo – “Cariño ¿sabes dónde estoy?”
Ander – “Mmmm… ¿Guadalajara?”
Yo – “¡Bien! Sabes dónde estoy”
Ander – “No te creas… he acertado sin más”

En el vuelo de Guadalajara a Ciudad de México fui sentada junto a una entrañable viejecita. No tardó mucho en preguntarme si era mexicana. Cuando le dije que no contestó: “Ya decía yo que no tenía facha de mexicana”. Me contó su vida: vivía en California, había ido al funeral de su hermano, y antes de regresar iba a visitar a su otro hermano, tenía fibrosis pulmonar (“Señorita no se asuste. Toso mucho pero no es contagioso”), había trabajado dando clases de inglés… Cuando íbamos a aterrizar el avión pasó por una zona de turbulencias. Se asustó y me cogió del brazo. Le di la mano y no la soltó hasta que tomamos tierra (“Señorita es usted una buena persona… y no quedan muchas”).

Y lo mejor del viaje… las risas, los tacos y el tequila con mi amigochix ¡Somos el Tandem Violeta Tequila!

domingo, 3 de diciembre de 2017

Diario de una aventura (I)


No sé muy bien en qué estaba pensando el 22 de septiembre cuando recibí la invitación de un profesor del Tecnológico de Monterrey en Guadalajara (Jalisco, México) para impartir, junto con Lumi Velázquez, un curso-taller sobre igualdad de género para profesorado. Bueno, realmente sí sé… me tentaba el volver a un país que me parece fascinante, el compartir aula con mi amigochix, el conocer una nueva ciudad (que enseguida me dijeron que era la cuna del tequila y el mariachi)…

He pasado un cuatrimestre muy duro, con una nueva asignatura a dos grupos de primero (hacía años que no daba clase en primero…). He tenido que retomar la economía (que me ha vuelto a parecer fascinante). Se han sumado otros cursos y compromisos personales y profesionales… He andado al límite de mis fuerzas (y no soy de las que se achanta fácil)… Y ha ocurrido algo que era previsible, tres días antes de ponerme de viaje me ha dado un ataque de lumbago, de esos que te dejan como Cuasimodo… y con un viaje de más de un día de duración… con esperas interminables…
Una primera anécdota me ha ocurrido en el Burguer King del aeropuerto de Madrid. Hago el pedido del menú y añado… “No tenéis de postre eso que… mmm…eee… es que sólo sé cómo se llama en el Mc Donalds… Mc Flurry”. El chico al otro lado del mostrador me mira sorprendido y me dice… “Mira el cartel del fondo y dime cuál quieres…”. 

El viaje ha sido mejor de lo que esperaba. He podido dormir algo y la espalda no me ha dado mucha guerra. Me imagino que las ‘drogas’ (legales, por supuesto) cumplen bien su misión. Al bajarme del avión he tenido la misma sensación que la primera vez que pisé el DF. Lo primero que me ha venido es un intenso olor a comida. Mientras andábamos por un pasillo, al otro lado del cristal había dos operarios dormidos. [Me ha venido a la cabeza esa imagen prototípica de dos mexicanos sentados en el suelo con su pocho y su gran sombrero]. La cola del control de pasaportes ha sido lo peor [unos 10 funcionarios para tres vuelos intercontinentales que han llegado a la vez]. Íbamos en cola subiendo y bajando  escaleras.  Una cola para mexicanos, otra para extranjeros y una tercera para las tripulaciones y las personas que necesitaban asistencia. Qué pena que no se pudieran sacar fotos... Era una estampa curiosa… Una cola de más de 20 sillas de ruedas con personal de tripulaciones intercalado, junto a unos preciosos murales muy coloridos.

¡El encuentro con mi amigochix ha sido lo mejor! El hotel es un edificio de 23 plantas con una decoración setentera. Estamos en la 14 y hay una bonita vista de la ciudad. Hemos andado por el centro. Los edificios son preciosos. Lo que más me ha gustado es el Hospicio Cabañas, ahora convertido en museo. En el interior hay unos grandiosos murales de un pintor muy conocido mexicano, José Clemente Orozco. Es una ciudad de muchos colores, de mucha vida. Hemos estado en un mercadillo que era toda una explosión de color. Después hemos tomado un Uber [nunca había montado en uno y le experiencia ha sido muy buena] y hemos ido a S.Pedro Tlaquepaque [recomendación del marido de Lumi para ver mariachis y tomar algo]. Hemos llegado a El Parian, deliciosa comida, mariachis y más color… Según nos hemos sentado ¿qué ha tocado el mariachi? “Como quien pierde una estrella” (Alejandro Fernández), la música que tengo de tono de llamada en el móvil… Y Lumi diciéndome… “Aran, canta con ellos”… todavía no me había tomado el tequila. Hemos pedido una cazuelita, una bebida con trozos de fruta, sal y no sé qué más que venía acompañado de un vasito de tequila… Curioso! 

lunes, 6 de noviembre de 2017

Encuentros transformadores


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 06.10.2017]


Recientemente me he reunido con una amiga a la que hacía casi 20 años que no veía. Fue un encuentro muy agradable y enriquecedor. Parecía que habíamos estado juntas el día anterior. Nos pusimos al tanto de nuestras vidas con gran naturalidad. La conversación fluía con facilidad. En este tiempo ambas hemos sufrido algunas sacudidas importantes. Yo he tenido dos hijos (con todos los sobresaltos que eso conlleva), he sufrido la pérdida de personas importantes, me he separado, he tenido altibajos en el campo profesional… Ella dejó su país, se casó, ha tenido un hijo, ha cambiado de residencia varias veces, ha vivido en algunos entornos poco acogedores, ha sufrido la peor cara del mundo universitario…

Al día siguiente nos volvimos a encontrar y noté desde el primer momento que ella no estaba bien. Me dijo que nuestra conversación del día anterior le había venido muy bien aunque le había hecho darse cuenta de lo mal que estaba, de la gran frustración que vivía, de lo alejada que estaba su mente de sus emociones… Se sentía inmersa en la  “noche oscura del alma”. Racionalmente se sentía agradecida por muchos motivos pero vitalmente se sentía muy frustrada en varios ámbitos. Verbalizó que se había hecho consciente de que necesitaba ayuda para volver a conectarse consigo misma. Compartió conmigo este precioso poema:
“Despiértate, alma mía.
No sé dónde estás,
dónde te has escondido,
pero te lo pido, despiértate,
aún estamos juntas,
aún tenemos un camino por delante,
nuestra estrella será
el claro velo del alba” (Adam Zagajewski)
El poeta polaco Adam Zagajewski al recoger el Premio Princesa de Asturias 2017 de las Letras dijo:  “En el mundo actual todos quieren hablar sólo de la comunidad y de la política, y es cierto que esto es importante. Pero también existe el alma particular con sus preocupaciones, con su alegría, con sus rituales, con su esperanza, su fe, su iluminación que a veces experimentamos. Debatimos sobre las clases y las capas sociales, pero en el día a día no vivimos en la colectividad sino en la soledad. No sabemos qué hacer con un momento epifánico, no sabemos cómo preservarlo”. ¡Qué cierto! En el día a día vivimos a solas con nosotros mismos aunque tengamos muchas personas a nuestro alrededor. Nuestra alma está ahí aunque no siempre estamos en conexión con ella. Pugna por hacerse oír y a veces  experimentamos momentos especiales de una gran revelación que pueden cambiar el curso de nuestra vida o la actitud que adoptamos ante la misma.

No es necesario hacer grandes esfuerzos para escuchar nuestra alma. Es muy sencillo de entender y no tan fácil de practicar… Como dicen estos hermosos versos… Todo está en el corazón:
“Renueva el corazón a cada hora
y aprende a renacer cada mañana (…)
¿Qué importa adónde vas, de dónde vienes?
No busques nada fuera de ti mismo:
todo en tu propio corazón lo tienes” (Ricardo León y Román)
Es importante que nuestros pensamientos, emociones y acciones vayan al unísono. Es vital para pasar de la coherencia individual a la coherencia social y de ésta a la global.

Ahora que soy plenamente consciente de que, probablemente, he pasado ya el ecuador de mi vida a veces tengo la tentación de pensar “qué hubiera pasado si…”. A veces siento que he errado mi camino, que la vida no es lo que hubiera deseado… En esos momentos lo que me ha hecho reconectar es mirar hacia dentro con amor, sin juicios.  En esas ocasiones puede resultar muy útil el discernimiento, que como he dicho en otra entrada, “es la herramienta del amor; el medio para hacer del amor el centro de nuestras decisiones”. El amor es la medida de todo y la cura de muchos males. Llegado el momento me gustaría responder como Pedro Casaldáliga:
"Al final del camino me dirán:
—¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres".
¡Gracias amiga por tan bello encuentro! Para terminar una preciosa canción de Loreena McKennitt , The Dark Night Of The Soul, inspirada en las palabras de San Juan de la Cruz.


viernes, 6 de octubre de 2017

Lección de vida


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 06.10.2017]

Recientemente he visto una película que me ha parecido muy inspiradora, más teniendo en cuenta que mi profesión y mi vocación es la de educadora, que es más que profesora. Educar es tocar una vida para siempre, o al menos tener el poder  y la responsabilidad de hacerlo… La película es El club de los emperadores.

Kevin Kline encarna al exigente y carismático profesor Hundert quien imparte la asignatura de Historia Grecorromana en el prestigioso colegio interno para chicos St. Benedict, donde se educa a una parte de las élites norteamericanas.  Son muchos los mensajes sugerentes que el profesor transmite con energía y convicción en el aula: "El carácter de un hombre es su destino”;  “Las grandes ambiciones y conquistas sin vuestro compromiso personal carecerán de sentido ¿Cuál será vuestra contribución? ¿Cómo os recordará la historia?”; “Más que vivir, lo importante es vivir según una ética”; “La juventud pasa. La inmadurez se supera. La ignorancia se cura con la educación  y la embriaguez con sobriedad. Pero la estupidez dura para siempre”…

La película se desarrolla en dos momentos. En el curso 1972 un alumno nuevo, Sedgewick Bell,  hijo de uno de los senadores de Virginia  quien es benefactor del centro escolar, se le presenta al profesor Hundert como un reto por su rebeldía. Se empeña en hacerle cambiar y conseguir que se interese por la materia. Y casi lo consigue. La decepción del profesor llega cuando descubre que ha hecho trampas en el concurso anual que organiza en su asignatura. Pero no le delata. Otra parte de la película se desarrolla 25 años después cuando Sedgewick Bell reúne a sus antiguos compañeros y al profesor Hundert para reproducir la final del Concurso Julio César de 25 años atrás… Y la historia se repite…

Hay dos diálogos que me llamaron especialmente la atención. El primero de ellos se da cuando Sedgewick Bell está en el colegio y el profesor Hundert va a hablar con su padre:

(Profesor)        “(…) Únicamente pretendo moldear el carácter de su hijo”.
(Senador)        “¿Moldear? Por Dios todo poderoso… Olvídelo. Usted no va a moldear a mi hijo. Lo que tiene que hacer es enseñar a mi hijo. Enséñele cosas de su tiempo (…) Usted, señor, no va a moldear a mi hijo, lo moldearé yo”.

Hace un tiempo, hablando de Para qué sirve la ética yo escribía: “Forjarse un buen carácter es la opción más inteligente en la búsqueda de la felicidad, y esto es válido también para las organizaciones y los pueblos. Cada uno vamos formando nuestro carácter (que tenderá hacia el bien o hacia el mal) acto a acto, decisión a decisión”. En este proceso de forjar nuestro carácter cada uno de nosotros somos los principales responsables, pero es innegable que recibimos múltiples influencias ¡Qué suerte encontrarnos con un maestro que nos hable de la importancia de los principios y nos lo demuestre! ¡Qué suerte toparnos con alguien que vaya más allá de hablarnos de las “cosas de nuestro tiempo”! Porque la vida no nos la jugamos en los conocimientos sino en los valores.

El otro diálogo que quiero comentar es cuando 25 años después la historia se repite y al encontrarse en el baño el profesor Hundert le pone al descubierto a Sedgewick:


            (Sedgewick)   "Confío en que esto quede entre nosotros, como siempre. Confío                                     que así será".
(Profesor)       "¿Quiere decir que no salga y le acuse de mentiroso y tramposo? No, no, soy un profesor, Sedgewick. Le he fallado… como profesor. Pero si me permite voy a darle una última lección. Todos en algún momento nos vemos obligados a mirarnos al espejo y ver cómo somos en realidad. Y cuando llegue ese día, Sedgewick, tendrá que afrontar el hecho de haber vivido una vida sin virtud, sin principios. Le compadezco por ello. Fin de la clase".
(Sedgewick)   "¿Qué quiere que le diga, Señor? Me importa una mierda. Sinceramente ¿a quién de ahí fuera le importan una mierda sus principios y sus virtudes? Porque, usted por ejemplo, ¿qué ha conseguido en la vida? Yo vivo en el mundo real, el de la gente que sabe cómo conseguir lo que quiere. Y si hay que mentir y engañar no importa. De modo que voy a salir ahí y voy a ganar esas elecciones Señor Hundert. Usted me verá por todas partes… Quizá luego me preocupe en contribuir en algo".

Queda claro que Sedgewick no siente ninguna vergüenza ni arrepentimiento por su mal comportamiento. La vergüenza, como escribe Javier Bárez, “es necesaria porque marca algunos límites, que como vemos, en algunos casos se sobrepasan porque evidentemente, existen algunas fuerzas que empujan a ello, quizás otras emociones como la codicia, la avaricia, y sobre todo, las ansias de disfrutar de la vanidosa sensación de poder”. Ciertamente no le habían calado las enseñanzas del profesor. Para él “el fin justifica los medios”. Muchas personas piensan así, y así nos va…

Prefiero quedarme con la postura del profesor, con su coherencia práctica y vital. Ante la pregunta de qué ha conseguido en la vida creo que la respuesta es la mejor que se puede dar: ha conseguido ser fiel a sí mismo y a sus principios. Puede sentir el orgullo de haber cumplido su misión de tocar las vidas de algunas personas, y de tocarlas para bien. Como señala Pablo Cueva , “lo que hacemos, o aquello en lo que hemos intervenido puede generar orgullo. La satisfacción por la autoría de un trabajo, por el resultado de un esfuerzo realizado, por las consecuciones de nuestros hijos son algunos ejemplos del orgullo vinculado al resultado de una acción. En este caso el sentimiento viene de la mano de la vinculación con lo ético como el trabajo bien hecho o la ponderación del esfuerzo por encima del resultado”.

Para terminar me hago, y hago a quien lee esto, la preguntas del profesor Hundert: ¿Cuál será mi contribución? ¿Cómo me recordará la historia?... Y añado, ¿qué significa para mí el éxito en la vida? ¿Cómo lo mido?





martes, 3 de octubre de 2017

¿Qué es ser humano hoy?


[He publicado esta entrada el 20.09.2017 en el espacio de reflexión "Urteko galdera
(La pregunta del año) habilitado por la Sociedad de Estudios Vascos]

Voy a cambiar un poco la pregunta y voy a responder, en mi opinión,  dónde radica la humanidad, qué es lo que nos diferencia de otros seres. Hablaré de lo que, a mi entender, debe de ser que no siempre coincide con lo que es.

Empezaré defendiendo la dignidad humana; ese valor intrínseco que caracteriza a la persona desde su concepción hasta su muerte y que es el fundamento de los derechos humanos. Está recogido en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. En una conferencia a la que asistí, Adela Cortina señalaba que el lenguaje nos compromete (solemos decir ‘te tomo la palabra’). Cuando “declaramos”, es más que soñar o una utopía, supone un compromiso (Echaniz Barrondo, 2016). Y nuestras realizaciones están muy por debajo de nuestras declaraciones. Por esta razón hablar de humanidad es hablar de fraternidad, de defensa y de lucha por los derechos de todas las personas. Somos seres sociales. Necesitamos de otros para sobrevivir y nos conformamos en la relación que establecemos con otros, conocidos y desconocidos. Nuestras relaciones nos definen, cómo nos comportamos con otros seres habla de cómo somos.

Hay una frase de George Dana Boardman que me gusta mucho: “Plante un acto...recolecte un hábito; siembre un hábito... recolecte un carácter; siembre un carácter...recolecte un destino”. Cuando nacemos somos pura potencialidad. Tenemos nuestra carga genética y una serie de condicionantes (sociales, familiares, culturales, etc.) que nos influyen pero no nos determinan. No somos presas de un ciego destino. Vamos forjando nuestro carácter con cada una de las elecciones que hacemos. Cada acto cuenta porque va desarrollando actitudes.  Y ese carácter está directamente relacionado con la felicidad. Nuestra felicidad no es un destino, ni un puerto de llegada, tiene mucho más que ver con la actitud que tenemos ante los acontecimientos, tiene más de construcción y elección que de azar o de suerte.   Como decía Aristóteles: “el bien humano resulta ser el ejercicio activo del alma en conformidad con la excelencia o la virtud, y si hay más de una excelencia o virtud, en conformidad con la mejor y más completa. Pero esta actividad debe tener lugar durante el curso completo de la vida, pues una golondrina no hace verano, como tampoco un hermoso día. De igual manera, un día o breve lapso de felicidad no hacen a un hombre bienaventurado o feliz” (Ética Nicomáquea, 1, 1098ª, 16-19, citado por Strathern, 2015: 55).

Los seres humanos tenemos cuatro partes que deben hallarse en equilibrio para poder ser felices, para sentirnos más plenos y realizados, para conectar mejor con nosotros mismos y con los demás:

Cuerpo. No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo. Vivimos desde el cuerpo. A través de él nos relacionamos con los demás y con el mundo.

Mente. Nuestra mente es una poderosa arma, pero no debemos identificar que somos nuestra mente. Somos mucho más. Además, nuestra mente, igual que nuestros sentidos, no es perfecta, nos puede engañar (pensemos, por ejemplo, en las ilusiones ópticas). Durante mucho tiempo se ha puesto demasiado énfasis en la racionalidad. El ser humano no siempre es tan racional como le gustaría (y me atrevería a decir afortunadamente).  

Emociones. Actualmente estamos no sé si redescubriendo, pero sí resituando este importante componente de la conducta del ser humano. Las emociones están genéticamente articuladas. Generan acción, son las que nos mueven a actuar. Pueden originarse por un estímulo externo o interno. Cada emoción está vinculada con unos neurotransmisores, expresiones faciales y corporales (que a veces son parciales). Son transculturales (véanse los trabajos de Paul Ekman). Son muy rápidas. Se mezclan, se combinan, incluso las opuestas. Son muy contagiosas (y más las de las personas más influyentes en un grupo). Como nos gusta decir a un compañero y a mí cuando damos cursos de inteligencia emocional, ésta radica en la unión de razón y emoción en todos los procesos mentales. Pero aún falta un ingrediente…

Espíritu. Históricamente se han contrapuesto mente y espíritu. Sin embargo, como señala Torralba (2011: 53): “La vida espiritual no es una vida paralela a la vida corporal; está íntimamente unida a ella. Quien la cultiva, vive más intensamente cada sensación, cada contacto, cada experiencia, cada relación interpersonal”. Este autor habla de inteligencia espiritual, que no debe confundirse con consciencia religiosa, y que está presente en todo ser humano aunque con distintos grados de desarrollo. Está relacionada con las preguntas últimas que surgen de modo espontáneo en el ser humano y que se pueden agrupar, según Torralba (2011), en 7 bloques: 1) ¿Quién soy yo?; 2) ¿Qué será de mí?; 3) ¿De dónde vengo?; 4) ¿Cuál es el sentido de la vida?; 5) ¿Para qué todo?; 6) ¿Por qué todo?; 7) ¿Existe Dios? ¿Dónde está?

Debemos cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones porque  de esta manera podemos encontrar y responder al sentido de nuestra vida. Frankl (1991: 41) señala que “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino. (…) Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.” Como decía Nietzsche: " Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo” (citado por Frankl, 1991: 59).

Para terminar creo que lo que más nos acerca hoy a nuestra humanidad es el ejercicio de la compasión, entendida como empatía en acción (Echaniz Barrondo, 2015). José Antonio Marina, en el prólogo de Batlle (2013: 6), señala que “hay hábitos afectivos que favorecen la convivencia y que deben ser fomentados desde la infancia. Fundamentalmente tres: la compasión, el respeto y la indignación ante la injusticia. Es mejor hablar de ‘compasión’ que de ‘empatía’. Compasión es la capacidad de comprender el dolor ajeno y de sentirnos afectados por él. Promueve las conductas de ayuda”.

Bibliografía

lunes, 4 de septiembre de 2017

Solo en el silencio


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 04.09.2017]

Recientemente he visto la película “Silencio", en la que participó como asesor el jesuita bilbaíno Alberto Nuñez. Martin Scorsese dirige la adaptación cinematográfica de la novela histórica homónima de Shusaku Endo. Los hechos que se narran son duros, pero la película es de una gran belleza visual. Es el siglo XVII y las autoridades japonesas persiguen a los cristianos, torturándoles hasta apostatar o morir. Movidos por el rumor de que su mentor, el Padre Ferreira, ha apostatado (es un ‘sacerdote caído’) y ya no quedan sacerdotes, dos jóvenes jesuitas portugueses (Rodrigues y Garpe) viajan a Japón. “La película empieza y termina con un fundido en negro en el que sólo se oye el canto de los grillos. Es una metáfora del autor en la que quiere significar el silencio de Dios, que calla ante los asesinatos de los creyentes y los sacerdotes que son obligados a apostatar” (Pedro G. Cuartango).
En mi opinión la película refleja muy bien el silencio de Dios. Son muchas las situaciones en las que lo sentimos: en el dolor, la enfermedad, la muerte, las injusticias, la tristeza, las penurias, los desastres naturales, las guerras, los actos violentos, los atentados terroristas… En esas situaciones muchas veces surge la pregunta de por qué Dios permite esas situaciones. El miedo, la tristeza, la rabia, la impotencia, la angustia, la desesperación... alimentan ese duro interrogante. Este silencio está muy bien reflejado en las palabras de Wiesenthal (2008: 19):
“Una vez leí en alguna parte que es imposible romper las creencias firmes de un hombre. Si alguna vez llegué a pensar que eso era cierto, la vida en el campo de concentración me enseñó que estaba equivocado. Es imposible creer en nada viviendo en un mundo que ha dejado de considerar al hombre como tal, que constantemente ‘demuestra’ que uno ya no es un hombre. Así que uno empieza a dudar, empieza a dejar de creer en que existe un orden mundial en el que Dios ocupa un lugar definido. Uno realmente empieza a pensar que Dios está de permiso. De otro modo, todo lo que está ocurriendo sería imposible. Dios debe haberse marchado. Y Él no tiene un sustituto” 
Para mí este silencio es más duro cuando las situaciones han sido provocadas por la acción o inacción de otras personas. O por la desidia o negligencia. Cuando se podían haber evitado y no se ha hecho. Cuando la intolerancia, el miedo o el desconocimiento nos alejan de otros seres humanos. Cuando las ideas, que son algo que se puede modelar, nos hacen perder nuestra humanidad y nos hacen ser crueles.
Me quedo con un mensaje del final de la película, el soliloquio del P. Rodrigues cuando ya ha apostatado y Kichijiro, quien ha renunciado públicamente a su fe varias veces e incluso fue quien le entregara al inquisidor, le pide que escuche su confesión:
“-Señor, he luchado contra tu silencio.
-He sufrido a tu lado, nunca he estado en silencio.
-Lo sé. Pero aunque Dios hubiera estado en silencio, toda mi vida hasta el día de hoy… todo lo que hago, todo lo que he hecho habla de él. Fue en el silencio donde escuché tu voz”
Hay vivencias, hay voces, hay presencias, hay aprendizajes que solo se dan en el silencio… “Quien no duda no puede conocer la verdad” (Diego de Saavedra Fajardo), o al menos acercarse a ella.

Bibliografía
  • Wiesenthal, Simon (2008, 1ª ed.1970): Los límites del perdón: dilemas éticos y racionales de una decisión. Barcelona: Paidós.