jueves, 6 de octubre de 2016

Discernimiento… el instrumento del amor



Hace poco más de dos años comencé mi personal camino de Ignacio. En esta ocasión hemos cambiado de emplazamiento. Del 28 al 30 de septiembre nos hemos reunido en Javier (Navarra), en lugar de Loiola. El primer día contamos con el jesuita y teólogo Josep M. Rambla Blanch con quien trabajamos el tema del discernimiento. Comentaré aquí algunas de las ideas recogidas. Hablamos del discernimiento cristiano (en concreto de la pedagogía propuesta por San Ignacio de Loiola) pero muchas de las ideas pueden servir para cualquier persona, creyente o no.

Comenzó señalando que la pasión, la calidez, la ilusión… nos tienen que comer por dentro para poder contagiar. Tiene que darse una sobria ebriedad… para poder transformar nuestras vidas y los lugares en los que estamos. A renglón seguido nos preguntó qué nos sugería el término discernimiento. Las respuestas fueron muy interesantes:
Elegir desde la razón con el corazón;
Sentir que decides a la ignaciana;
Elegir entre dos cosas buenas;
Profundizar…

Podríamos empezar preguntándonos por qué tiene sentido hablar de discernimiento para un cristiano:
- Porque como señaló S. Pablo: “no vivís bajo la ley, sino bajo la gracia” (Rom 6, 14). Convertir los evangelios en un código es desvirtuarlos. Debemos dejar que el Espíritu trabaje en nuestros corazones. “El discernimiento es algo personal, ya que Dios nos conoce a cada uno por nuestro nombre y se nos comunica de forma individual e irrepetible” (P. Rambla, sj).
 - La vida cristiana es creatividad. O creamos o no somos fieles a Jesús de Nazaret. Está claro que cada uno lo va a hacer desde su lugar social (que está influido por la educación, la trayectoria, la familia, la formación, etc.). Cada uno debe tocar el instrumento que le corresponde pero con una sintonía de fondo…
Marcel Légaut distingue entre religiones de autoridad y religiones de llamada.  “No hay ninguna doctrina que pueda ser comprendida y tenga que ser aceptada de la misma forma por todos los hombres. No hay ninguna ley que pueda ni tenga que ser cumplida por cualquier hombre y en cualquier circunstancia que sea” (Marcel Légaut). El cristianismo es una religión de llamada. El discernimiento sirve para saber escuchar la llamada. “Quien tenga oídos, escuche lo que dice el Espíritu a las iglesias” (Ap 2, 11). Discernir es educar nuestro oído evangélico…

Trabajamos un artículo muy sugerente de José María Rodríguez Olaizola, sj, La hora de los indecisos (Sal Terrae, n.98, 2010, pp.485-494). Decidir implica riesgo, renuncia, apuesta, cierta incertidumbre, fuerza de voluntad (a veces se da una ‘inflación del deseo’), compromiso, soñar lo posible, tener derecho a equivocarse… “Jesús de Nazaret pasó por el mundo invitando a la gente a decidir. Sin forzarles ni imponerles un camino. Dándoles herramientas para acertar. Invitándoles a optar” (Rodriguez Olaizola, op.cit. p. 494). Como señaló el P. Rambla la palabra clave para el cristiano es Abbá (papá, mamá). El horizonte de elección es la respuesta de un amor. Es el riesgo del amor. En el amor nunca te equivocas, que no quiere decir que todo sea fácil y exento de dolor. Educar en la fe es educar en una relación amorosa. Es descifrar lo que le agrada al Señor que quiere lo mejor para mí… Así mismo nos presentó las cualidades del discernimiento cristiano:
- Conocimiento particular y práctico. Los grandes enunciados nos pierden. Las concreciones no sueles ser ni brillantes ni grandilocuentes. Lo concreto siempre es humilde. Se trata del qué hago, no del qué pienso.  
- Intuitivo y por connaturalidad. No es un proceso deductivo. Hay algo dentro que es como una intuición, es mi sensibilidad transformada.
- Oscuro, no evidente. Sobre lo evidente no es necesario discernir (no robar, no matar…). Es el ‘mientras tanto’, con la conciencia de que hay que transformar.
- Parte del centro de la persona e implica toda la existencia personal. Toca la cabeza y el corazón… transforma la sensibilidad para tomar decisiones con la mirada y el corazón de Jesús.

El P. Rambla también nos dio unas pautas o pasos para el discernimiento en común, que puede ser deliberativo (decide el grupo) o consultivo (el grupo opina y otra persona decide).
- Cambio de sujeto. Debemos pasar del yo al nosotros. Esto exige apertura y generosidad.
- Unidad de objetivo. ¿Compartimos el mismo fin, el mismo objetivo? Para San Ignacio lo que une a una comunidad es la unidad de objetivo. Él no hablaba de comunidad sino de cuerpo, personas que trabajan en sitios distintos con tareas diversas con una inspiración en común.
- Condiciones previas:
- Personales:  ¿estoy en sintonía con el fin? ¿tengo una actitud abierta?... La coherencia, el ser fiel a lo que pienso  y siento, no es ‘fosilización’ (quedarme anclado en una posición). Es necesario un sentido de perte-nencia y corresponsabilidad (exige cierta madurez grupal); así como el deseo de buscar la voluntad de Dios en común que exige creer en la mediación del hermano o hermana (Dios me puede hablar a través del otro).
- Información: sobre las personas, los recursos, las consecuencias, etc. Ser cristiano es estar en el mundo.
- Reflexión a la luz de los datos, las personas, las consecuencias, etc.  Para los cristianos es fundamental que esta reflexión sea orante.
- Escucha y comunicación. Para dialogar primero hay que preguntar y luego escuchar. La escucha es una condición de posibilidad de la comunicación.
- Reflexión sobre lo escuchado. ¿Qué ha sido nuevo? ¿Qué he visto desde una nueva perspectiva?
- Reacción compartida. ¿Ha pasado algo cuando nos hemos comunicado?
- Resumen, que supone retomar lo vivido, destilar lo escuchado.

El P. Rambla acabó con dos ideas fundamentales:
- No hay que apagar la utopía. La utopía es un horizonte al que no hemos llegado pero que nos mueve. Sirve para dar calidad a nuestra vida y a nuestros encuentros, para vivir con más profundidad.
- Uno debe trabajarse personalmente de forma habitual. Para esto puede servir el examen del día, una herramienta que San Ignacio consideraba esencial. Se trata de ‘re-ver’ mi vida, mirar de nuevo…

Después de volver a reflexionar sobre qué es el discernimiento respondería que es la herramienta del amor; el medio para hacer del amor el centro de nuestras decisiones…

Si alguien quiere profundizar en la metodología ignaciana de discernimiento, pinchar aquí.




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