viernes, 26 de octubre de 2018

Ven a mí… Más allá de las palabras


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 26.10.2018]

Recientemente he descubierto un vídeo de Andrea Bocelli con su hijo Mateo… “Ven a mí”. Precioso vídeo… Preciosa canción… Quiero compartir aquí lo que me ha sugerido. Y lo hago en el día que se cumplen 20 años de que me estrené como madre.

La principal sensación que me queda es de ternura ¡Qué maravilla ver y sentir la complicidad de padre e hijo! El orgullo recíproco… La satisfacción de compartir mucho más que una canción… El paso del testigo… Una carrera que comienza y una ya consolidada que sirve de aliento y estímulo… Una puerta que se abre, un mundo por descubrir y construir…

La letra (véase la foto) es muy evocadora…

“Ven a mí… Escúchame… Abrázame… Si quieres tú”. Como padres y madres nos corresponde acompañar a nuestros hijos e hijas en su camino de crecimiento y hacerlo cada vez más en la distancia, pero permaneciendo siempre disponibles para aquello que quieran o necesiten. Llega un momento en el que sólo queda esperar a que vengan a nosotros… si ellos y ellas quieren. No es nuestro momento ni nuestra vida, sino la suya. ¡Qué difícil mantenerse en la justa distancia! Darles raíces y alas es nuestro mejor legado. Como decía Juan Ramón Jiménez: “Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen”.

“Que sigo dispuesto a amarte sin fin / Pero a cada paso que doy / Más te alejas tú”. El día que fui madre comprendí, no de forma racional sino experiencial, lo que es el amor incondicional. Estar dispuesta a amar sin fin, sin límites, sin medida, sin esperar nada a cambio, sin reproches, sin preguntas, por encima de todas las respuestas… Y a sabiendas de que poco a poco, día a día, a medida que emprenden su camino se alejan llevándose una parte de tu corazón y de tu vida… Y el ciclo se repetirá… Ellos y ellas lo harán con sus hijos e hijas.

“En cada paso que des, cree en ti”. Creo que no hay palabras más potentes hacia un hijo o una hija… Una invitación, una llamada a que sigan a sus corazones, a que superen sus miedos y luchen por lo que creen… aunque nosotros no lo veamos claro… incluso, a veces, en contra de nuestro criterio. Hace mucho  que hice mío el lema de Virgilio, “Possunt quia posse videntur” (pueden porque creen que pueden).

“Es un viaje eterno, yo sonreiré / Si me llevas contigo a volar otra vez”. Son mágicos esos momentos en los que, como cuando eran pequeños, te invitan a ‘jugar’ y a soñar con ellos. Te abren la puerta de su mundo y tú entras agradecida…

“Te puedo ver / Aunque cierre mis ojos, te ven”. Ese gran secreto compartió el zorro con El Principito: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.

Para terminar unos versos  de Khalil Gibran, El Profeta:
“Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son los hijos y las hijas del ansia de la Vida por sí
misma.
Vienen a través vuestro, pero no son vuestros.
Y aunque vivan con vosotros, no os pertenecen.
(…)
Sois los arcos con los que vuestros niños, cual flechas
vivas, son lanzados”.


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