lunes, 6 de junio de 2016

El buen amor y la buena vida


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 06.06.2016]

El pasado 3 de junio, a las 19.00, organizado por el Consorcio de Inteligencia Emocional y con el apoyo de DeustoBide– Escuela de ciudadanía, tuvo lugar el Conversatorio con Joan Garriga, psicólogo Humanista, experto en constelaciones familiares y Socio Fundador del Institut Gestalt (Barcelona). El conversatorio versó sobre dos de sus libros, La llave de la buena vida y El buen amor en la pareja.  La sala, con capacidad para 200 personas, estaba llena a pesar de ser un viernes por la tarde en un día de sol, algo no muy habitual en Bilbao…

El amor es un tema que ha llenado cientos, miles, de libros, canciones, poemas… No es lo mismo transitar en la vida solo que en pareja… Anhelamos el amor, pero no siempre sabemos amar bien… Joan habla de que para formar una pareja hace falta el amor, pero no sólo amor. Por eso habla del  buen amor; así que comenzamos preguntándole qué es el buen amor y qué es el mal amor.

En su respuesta nos explicó que las condiciones del buen amor tienen que ver con respetar los órdenes del amor [desarrollado por Bert Hellinger], concepto central en las constelaciones familiares:
  1. Todos. “Todos sin excepción, con independencia de si se les juzga positiva o negativamente, tienen el mismo derecho a pertenecer y a ser incluidos y dignificados, permitiendo y exigiendo que asuman su destino y sus culpas y las consecuencias de las mismas, cuando así fuera el caso” (Garriga, 2013b). En el alma colectiva, en la ley del corazón profundo, todos deben ocupar un buen lugar. En muchas familias por miedo, por vergüenza o porque su recuerdo es doloroso, se niega su lugar a quienes murieron pronto, se suicidaron, cometieron actos deshonestos, etc. El buen amor se sostiene en lo bueno del pasado y en que no se repita aquello que no es tan bueno. En nuestra sociedad el perdón se practica mucho de boquilla (el poder del perdón es el poder del juicio, yo soy buena/o y tú malo/a). Tenemos que abrir nuestro corazón a lo que fue y de la forma que fue.
  2. Cada quien en el lugar que le corresponde. “Demasiados padres se comportan como pequeños y demasiados hijos se comportan como grandes y especiales, transgrediendo la regla del bienestar en las familias: cada quien en el lugar que le corresponde. Y esto significa también que los posteriores se apoyan en los anteriores y orientan su mirada hacia el futuro. Es lo que en sociedades más tribales se vive como apoyo en los ancestros, a los cuales se honra y venera” (Garriga, 2013b).
  3. Reglas de intercambio entre el dar y el recibir. “En lo que respecta al vínculo con los padres, por ejemplo, no podemos devolver lo mucho recibido y lo compensamos y equilibramos dando a nuestros hijos o sirviendo y cuidando a la vida con nuestros dones. (…) Respecto a los iguales, la regla del intercambio es mantenerlo equilibrado, para asegurar la paridad y la igualdad de rango” (Garriga, 2013b). Un pasaporte para la legitimidad de la pareja es ponerse en paz con los padres, que representan la vida dentro de nosotros. Dentro de cada uno hay un niño, una niña, que vive leal a sus padres. “Si estamos en paz con ellos, estamos en paz con la vida; cuando los tomamos a ellos, podemos tomar la vida en todas sus dimensiones” (Garriga, 2013a, p.115).


El buen amor se reconoce porque estamos en paz con la persona que nos acompaña, porque no queremos transformarla, porque estamos dispuestos a crecer juntos, a desarrollarnos; esto exige que superemos los juegos estereotipados, el estancamiento en unos roles prefijados. En la pareja se tienen que dar unas danzas ricas de relación. “La relación de pareja no es una relación de ayuda, pero es una relación que ayuda. Ayuda al desarrollo personal, a veces a través de la alegría, pero otras a través del sufrimiento y la desazón conscientemente aceptadas” (Garriga, 2013a, p.45). Schopenhauer decía que el peor castigo sería ser invisibles y eternos. La pareja no es que nos complete, rellena nuestras sombras, nos tranquiliza porque responde a nuestra necesidad de pertenencia a un grupo. En toda pareja hay un pacto implícito: “Yo me hago cargo de tus sombras”. Pero  si eso se mantiene igual durante 50 años… mantenemos vivas las sombras… Aunque, como señaló de su experiencia como terapeuta, todo el que quiere cambiar quiere hacerlo con dos condiciones: 1) sin cambiar; y 2) manteniendo la razón…

Y del buen amor pasamos al buen vivir que es el tema esencial de la vida. La llave de la buena vida es un libro escrito después de años de acompañamiento a personas en sus tránsitos vitales (tanto en las alegrías como en las lágrimas). En la dedicatoria del mismo se ve que está publicado pensando en su hijo Tomás, como regalo de la mayoría de edad. Le pedimos que nos contara cómo surgió  y el sentido del título… la llave… de oro y con tres dientes…

El libro comienza con un cuento, cuya semilla le contó su gran amigo Ramón Resino, padrino de su hijo Tomás, y que con el tiempo ha fermentado y es la base del libro. La llave abre todas las puertas, incluso la última (la de la muerte, que ojalá nos pille desapegados…). Unas puertas son de ganar y otras de perder (véase el subtítulo del libro Saber ganar sin perderse a uno mismo y saber perder ganándose a uno mismo). “La llave representa el legado que los padres entregan a los hijos en forma de aprendizaje útil para el viaje de la vida (…) tiene tres dientes [el número tres encierra gran simbolismo], que como explican los padres simbolizan los tres dones, actitudes o recursos más importantes que un ser humano necesita para tener una buena vida (…) su cara opuesta, las tres amenazas que se ciernen sobre la buena vida, los tres grandes pecados [entendidos como falta de respeto hacia la vida y hacia uno mismo] en que podemos incurrir”. Veamos los ‘pecados’ y los recursos a desarrollar:
  1. No dar a la vida lo que tenemos para darle, no desarrollar nuestros dones. Pecado de miedo. Recurso a desarrollar: coraje, valentía, confianza.
  2. Tratar de dar a la vida lo que no tenemos o lo que no somos, vivir a través del personaje que hemos creado. Pecado de artificio, impostura. Recurso a desarrollar: veracidad. No hay mayor felicidad que hacer y estar en lo que uno siente; aunque algunos movimientos interiores importantes pueden estar movidos por nuestras heridas… [por ejemplo, quien se dedica a ayudar a víctimas de cualquier tipo porque lo conoce en primera persona].
  3. No tomarse el espacio y la atención para reconocer lo que nos mueve y lo que no nos mueve. Pecado de falta de contacto con uno mismo. Recurso a desarrollar: atención, conciencia. Esto se puede trabajar a través de la meditación, escuchando nuestros sueños, conectando con nuestra respiración, etc. 
Y un dato importante… la llave es de oro… alude al componente trascendente, simboliza la respiración, el aliento vital… Es la vida viviendo en nosotros. La vida tiene sentido a pesar de los pesares. La vida está en todo. Todo tiene su derecho legítimo a ser como es. Hay algo que nos ampara, acoge y guía… independientemente del nombre que le demos…

Quiero acabar esta entrada con la cita que abre La llave de la buena vida y el deseo de que tengáis una buena vida y un buen amor…


El día que la muerte llame a tu puerta,
¿qué le ofrecerás?
Yo depositaré delante de mi invitada
la jarra llena de mi vida.
Yo jamás la dejaré partir con las manos vacías.
Rabindranath Tagore

Bibliografía
  • Garriga, Joan (2013a): El buen amor en la pareja: Cuando uno y uno suman más que dos. Barcelona: Destino.
  • Garriga, Joan (2013b): “El arte del buen amor. Constelaciones familiares”, La Vanguardia, 12 de junio. Disponible en: http://www.lavanguardia.com/cultura/20130612/54375903295/constelaciones-familiares-arte-amor.html [Consulta 5 de junio de 2016]
  • Garriga, Joan (2014): La llave de la buena vida: Saber ganar sin perderse a uno mismo y saber perder ganándose a uno mismo. Barcelona: Destino. 


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