jueves, 27 de abril de 2017

Aprendizajes en el camino


Hace dos años y medio, como ya he comentado en alguna ocasión, comencé mi personal camino de Ignacio. En enero tuvimos el segundo módulo del tercer año.  Luzio Aguirre sj, nuestro asistente, nos explicó en una comida a los que compartíamos mesa cuatro grandes aprendizajes para la vida que había realizado de los grupos de matrimonios que ha acompañado a lo largo de los años. He dado vueltas a cada una de estas claves y la verdad es que son básicas para tener una buena vida y unas buenas relaciones en todos los ámbitos y todas las etapas de la  vida.
1)      Pedir con claridad. Lo primero que debemos tener muy claro es que cada persona somos un mundo...  con necesidades, deseos, principios, valores, etc. muy diferentes. Igual que yo no puedo leer la mente de nadie, a lo sumo podré interpretar desde mis propias claves palabras y hechos, los demás  tampoco pueden hacerlo conmigo. En más de una ocasión me he quejado de que mis hijos, mi pareja, alguna amiga… no han hecho lo que quería o no han respondido como esperaba y la verdad es que la mayoría de las veces se  ha debido a que yo no había verbalizado ese deseo o expectativa o no lo había hecho claramente. Hay creencias que son muy poco razonables… “si me quisiera sabría qué o cómo hacer”, “si le importara no haría tal cosa”, “si fuera como es debido haría o dejaría de hacer…”. Y podríamos poner muchas más… Para poder recibir hay que saber pedir, asumiendo también que igual el otro no puede o no quiere dar. 
2)      Rechazar con humildad. Creo que uno de lo aprendizajes que más me han costado en la vida es el decir que no. (Ahora hay quien me dice que afloje un poco, que parece que le he cogido gusto al no). Cuántas veces he hecho más de lo que quería, o algo que me resultaba incómodo, o que iba en contra de lo que pensaba porque me lo pedía  alguien cercano, querido, importante… Estoy convencida de que tenía mucho que ver con la necesidad de ser querida, de ser valorada y tenida en cuenta. Parecía que decir que no era una especie de traición o falta de respeto o de amor… ¿y el respeto y el amor a mí  misma? ¿acaso no me traiciono en lo más profundo al decir si cuando siento que es no? Quizá  lo que más puede chocar es “con humildad”. He caído en la cuenta de que en mi caso muchas veces he dicho que sí para sentirme imprescindible o para demostrar no sé  muy bien qué. Y eso tiene mucho que ver con el ego…
3)      Ser generosos. Pocas cosas nos acercan más  a la Humanidad, a la grandeza que todos tenemos y somos, que dar sin esperar a cambio, dar de corazón sin importar que no nos correspondan. Los seres humanos tenemos comportamientos egoístas pero también somos capaces del altas cotas de altruismo, llegando incluso a poner en peligro nuestra propia vida. Actuar con generosidad, anteponer los deseos y necesidades de otros a los nuestros es un gran acto de amor, que no es renuncia sino entrega, acercamiento, donación al otro.  
4)      Ser agradecidos. El agradecimiento es la otra cara de la generosidad. Porque recibimos muchos dones, incluso sin pedirlos, debemos ser agradecidos. Estoy convencida de que no es posible ser feliz sin tener un corazón agradecido. No todo lo recibimos por merito nuestro. Mucho nos es dado por la generosidad de otros, empezando por nuestra propia vida. Y tengo la intuición de que este corazón agradecido es el que nos lleva tanto a ser generosos, como a pedir con claridad y rechazar con humildad.
Tengo el firme propósito de vivir desde estas cuatro claves para mejorar mis relaciones y ser más feliz.

miércoles, 26 de abril de 2017

Aprender a cuidarse: autocompasión


“Desde el mismo momento en que nacemos, estamos bajo el cuidado y bondad de nuestros padres. Luego, al final de la vida, cuando estamos enfermos y viejos, también dependemos de la bondad de otros. ¿Por qué, entonces, en el medio descuidamos la bondad hacia los demás?”
“El Dalai Lama responde” en Los Maestros del Sendero: De Buda y Jesús a nuestros días. Wolpi, Samuel (1995). Buenos Aires: Kier, p. 187.

Tengo una buena amiga que suele repetir que “nada es casual, todo es causal”... Estoy realizando un curso de formación interna en la Universidad de Deusto impartido por Leticia Linares y que lleva por título: “Taller de entrenamiento en Atención Plena”. Ayer fue la séptima y penúltima sesión, bajo el lema “Aprender a cuidarse”.

Hace una semana me dio un fortísimo ataque de lumbago que me tiene bastante limitada, así como sensible e irritable. La sesión de ayer me vino como anillo al dedo. Me ha quedado muy muy clara la lección.

Aprendemos a cuidarnos dejándonos cuidar. Una lección que no siempre tenemos bien aprendida es la de la autocompasión, como nos ha dicho Leticia: auto-con-pasión. Dedicarnos tiempo y cuidados con pasión, como lo hacemos con otras personas. Hace un tiempo escribí una entrada sobre este elevado sentimiento, Compasión: empatía en acción, que va más allá de acercarnos al dolor del otro, supone movimiento y compromiso.

Hicimos una meditación larga muy sugerente que a mí me movió mucho y me hizo conectar conmigo  y con otras personas. Voy a reproducir aquí los pasos que fuimos dado.

Fue una meditación que iba centrándose en distintos personajes, a los que cada uno pusimos nombres concretos antes de empezar:
  • Uno mismo. Lo primero que hicimos fue vernos a nosotros mismos, sentados, de frente y tomando cierta distancia.
  • Un benefactor: una persona, ser, lugar… que despierta un especial afecto y acompañamiento, que te hace sonreír y sentirte bien. 
  • Un amigo, alguien que te inspira confianza y sentimientos positivos.
  • Una persona difícil, alguien que te genera sentimientos negativos. Ante esta persona difícil, que quizá es  a la que más nos puede costar mirar de frente, es bueno pensar lo siguiente: esta  persona está, igual que tú, buscando su lugar en la vida y en esos movimientos te causa dolor.
  • Una persona neutra.
  • Un grupo (o conjunto) de personas.

La consigna para toda la meditación fue que era como sentarnos con un amigo. Igual no podemos curarle ni quitarle su dolor, pero le podemos acompañar. Con cada personaje empezábamos sentándonos frente a él/ella, observándole y observando qué sentimientos nos producía. A cada uno le decíamos: “Igual que yo quiero ser feliz y estar en paz, tú también buscas la paz interior”.  Después, durante un rato, repetíamos (sintiendo lo que decíamos) las siguientes frases:
  • “Que no te pase nada malo”.
  • “Que tú seas feliz”.
  • “Que tú tengas salud”.
  • “Que te vaya bien en la vida”.

Si en algún momento nos despistábamos o nos ‘alejábamos’ de la persona poníamos la mano en nuestro corazón para reconectar con la bondad en nosotros o nos repetíamos a nosotros mismos las frases. Antes de pasar al siguiente personaje, en las transiciones repetíamos:     
  • “Que yo y todos los seres nos libremos del mal”.
  • “Que yo y todos los seres seamos felices”.
  • “Que yo y todos los seres tengamos salud”.
  • “Que a mí y todos los seres nos vaya bien en la vida”.
Lo que más me movió fue sentarme frente a mi benefactor, que murió hace más de veinte años pero que sentí muy presente; y ante el grupo, que ha ido creciendo con caras y nombres. Viví una profunda paz y un desbordante agradecimiento.  Me he sentí muy querida y muy acompañada.

“Compasión. Es la verdadera comunicación. Dar es la mejor forma de comunicarse”.

domingo, 16 de abril de 2017

Una lección de empatía

[He publicado esta entrada el 16.04.2017 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]


Acabo de terminar un libro que me ha recomendado, y prestado, mi amiga Laura. Ella se lo compró a su hijo Diego (10 años) y lo acabó leyendo. Yo voy a regalarles La lección de August (Palacio, R. J. ,Barcelona: Nube de tinta, 2016) a mis sobrinos. ¡Ojalá lo leyeran también mis hijos!
August Pullman es un niño de 10 años, fan de La Guerra de las Galaxias, que acude por primera vez al colegio. Sus padres le han educado en casa porque nació con un trastorno genético, que se caracteriza por malformaciones craneofaciales, que ha hecho que sea sometido a múltiples operaciones. Estas malformaciones le dan un aspecto que produce cierto rechazo en muchas personas. El libro es toda una lección de empatía porque va narrando el quinto curso desde distintos protagonistas:
  • August (Auggie): un niño que quiere ser normal pero no es ajeno a las reacciones que otros tienen ante él.
  • Via (Olivia): la hermana de Auggie (es mayor que él).
  • Summer: una niña que se hace su amiga, la única que come con él desde el primer día.
  • Jack: un amigo; uno de los tres niños a los que el Director les invitó a enseñar el colegio a August antes de empezar el curso.
  • Justin: el novio de Olivia.
  • Miranda: es amiga de Olivia desde pequeña, desde su anterior colegio. En el nuevo instituto se distancian un poco pero se reencuentran.
August es muy consciente de que la mayoría de las personas se sorprenden al verle y murmuran. A veces es sólo un simple gesto, como bajar un segundo la mirada. Durante mucho tiempo llevó un casco de astronauta que le regaló Miranda; la vida para él es más fácil detrás de una máscara… Tiene que ser duro que la gente te mire, te evite, hable de ti, te insulte… y más si eres un niño…
“No estoy diciendo que los niños  hiciesen nada de todo esto con maldad: ni una sola vez vi a nadie reírse ni hacer ruidos  raros como burla. Solo hacían  las tonterías  que hacen todos los niños del mundo. Ya lo sé. Me hubiese gustado decirles algo en plan: ‘Vale, no pasa nada. Ya sé  que soy raro. Podéis mirar, no muerdo’. La verdad es que si de repente un wookie empezase a ir al colegio, yo sentiría curiosidad y seguramente lo miraría a escondidas” (August, p.88).
“Ojalá pudiese ser Halloween todos los días. Todos podríamos llevar máscara siempre. Podríamos pasearnos por ahí y conocernos antes de ver qué aspecto tenemos debajo de las máscaras” (August, p.104).
Los niños (pero no sólo ellos) pueden ser muy crueles. Incluso a través del juego se puede dañar mucho a otras personas. August se da cuenta de que al principio, y durante bastante tiempo, nadie le toca.
“Fue jugando a los cuatro cuadrados con August cuando me enteré de lo de la Peste. Al parecer están jugando desde comienzos de curso. Cualquiera que toque a August sin querer tiene treinta segundos para lavarse las manos  o para encontrar desinfectante de manos si no quiere pillar la Peste. No estoy segura de qué te pasa si pillas la Peste, porque, de momento, nadie ha tocado a August… al menos, no directamente” (Summer, p.168).
Via se debate entre el amor a un hermano más pequeño, frágil y delicado y la rabia por no recibir tantas atenciones como él y por ser conocida por su hermano. El nuevo instituto es una oportunidad de pasar desapercibida, de no ser “la hermana de”. Sufre por Auggie y se siente mal cuando se pone en el centro, cuando piensa sólo en ella.
“Mamá  y papá siempre decían que era la niña más comprensiva del mundo. No lo sé. Lo que sí sé es que no servía de nada quejarse. He visto a August después de sus operaciones, con su carita vendada e hinchada y su cuerpecito conectado a goteros y tubos para mantenerlo con vida. Después de haber visto a alguien pasar por todo eso, parece una locura quejarse por no haber tenido el juguete que habías pedido, o porque tu madre se ha perdido la obra del colegio. Todo eso ya lo sabía con seis años. No fue necesario que nadie me lo contase. Lo sabía,  y punto” (Via, p.116).
“Yo no veía  a August como lo veía el resto de la gente. Sabía que no era exactamente normal, pero no entendía por qué los desconocidos se impresionaban tanto al verlo. Horrorizados. Asqueados. Asustados. Podría usar muchas palabras para describir la reacción en las caras de la gente. Durante mucho tiempo no lo entendía y me enfadaba” (Via p.120).
“¿August se da cuenta de cómo le ven los demás, o se le da tan bien fingir que ya ni le molesta? ¿O sí le molesta? Cuando se mira en el espejo ¿ve al August que ven mamá y papá, o ve al Auggie que ven todos los demás? ¿O verá a otro August, alguien ideal más allá de su cabeza y de su cara deformes? […] Yo creo que hemos pasado tanto tiempo intentando hacer que August piense que es normal que ahora piensa que es normal. El problema es que no es normal” (Via, p.126).
Summer es capaz de superar los comentarios de los demás niños y de ir en contra de la corriente acercándose a él desde el primer día a pesar de no ser siquiera de su clase. Se muestra amable, cercana abierta y se mantiene fiel durante todo el curso.
“El primer día me senté con él porque me dio pena, nada más. Allí estaba, aquel niño con esa pinta en un colegio nuevo, sin nadie que hablase con él y con todo el mundo mirándolo. Todas las niñas de mi mesa estaban cuchicheando sobre él. No era el único alumno nuevo en Beecher, pero era el único del que hablaban todos. […] No era más que un niño. El niño con la pinta más rara que he visto en mi vida, sí. Pero un niño” (Summer, p.165).
Jack conocía de vista a August antes de que entrara en el colegio. Cuando el director le pidió que junto con otros dos niños enseñara el colegio a August al principio pensó decir que no, pero cambió de opinión al tener en cuenta una reacción de su hermano pequeño. Al principio se sienta con August y se relaciona con él. Por un percance, un comentario que August escucha sin que Jack se dé cuenta, se distancian. Cuando él se da cuenta de lo sucedido pide disculpas y vuelven a ser amigos.
“Todos los niños del barrio sabían que era él. Todo el mundo ha visto a August en algún momento. Todos sabemos cómo se llama, aunque él no separa cómo nos llamamos nosotros. Y siempre que le veo intento acordarme de lo que dijo Verónica [su niñera], pero me cuesta. Me cuesta mucho no mirarlo una segunda vez. Cuesta mucho hacer como si nada cuando lo ves” (Jack, p.192).
“Cuando oí a Jamie contar que había salido corriendo y gritando al ver a August, de pronto me sentí fatal. Siempre existirán niños como Julian que se comporten como imbéciles. Pero si un niño pequeño como Jamie [su hermano], que normalmente es bastante simpático, puede llegar a ser así de cruel, un chaval como August no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir en un colegio de secundaria” (Jack, p.195).
Cuando Justin conoce a August se sorprende, pero la familia de Olivia le conquista rápidamente.
“Reconozco que la primera vez que he visto al hermano pequeño de Olivia me he quedado muy sorprendido. […] Me gusta pensar que soy capaz de ocultar mi sorpresa. Eso espero. La sorpresa es uno de esos sentimientos que pueden resultar muy difíciles de ocultar, tanto si intentas parecer sorprendido cuando no lo estás como si intentas no parecer sorprendido cuando sí lo estás” (Justin, p.251).
“[Hablando de la perra de Auggie] Es como si supiese que el día que conoció a esta familia le tocó la lotería. Sé cómo se siente. Me gusta mucho la familia de Olivia. Se ríen mucho. Mi familia no es así. Mi madre y mi padre se divorciaron cuando yo tenía cuatro años y podía decirse que se odian entre sí. Me crié pasando la mitad de la semana en el piso de mi padre en Chelsea y la otra mitad en casa de mi madre en Brooklyn Heights. Tengo un hermanastro cinco años mayor que yo que apenas sabe de mi existencia. Que yo recuerde, mis padres estaban deseando que fuese lo bastante mayor para cuidar de mí mismo” (Justin, p.257).
“¿Qué hizo el pobre chaval para merecer esa condena?¿Qué hicieron sus padres? ¿Qué hizo Olivia? Una vez me dijo que un médico les había dicho a sus padres que la probabilidad de que alguien tuviese la misma enfermedad era de una entre cuatro millones ¿Acaso eso no convierte al universo en una lotería gigante? Compras un billete cuando naces y sólo depende del azar que el billete sea bueno o que sea malo. Todo es cuestión de suerte” (Justin, p.273).
Miranda también se siente muy cercana a la familia de Olivia. Ella siempre se ha llevado bien con August.
“Una de las cosas que más echo de menos de ser amiga de Via es su familia. Quería mucho a sus padres. Siempre fueron muy acogedores conmigo. Sabía que querían a sus hijos más que a nada en el mundo. Siempre me sentí segura con ellos: más segura que en ninguna otra parte de mi mundo. Qué patético, sentirme más segura en casa de otra persona que en el mía propia, ¿eh?. Y claro está, quería a Auggie. A mí nunca me dio miedo, ni siquiera cuando era pequeña” (Miranda, p.319).
En el libro no se muestra la visión de los padres. Como madre me la puedo imaginar. La preocupación y el dolor por cada nuevo reto que afronta August. La necesidad de protegerle permanentemente, más que a cualquier otro niño. El miedo ante la reacción y los comentarios que otros pueden hacerle… un amor infinito y el constante  deseo de achucharle…
Un percance que sucede en el campamento de quinto hace que las cosas cambien para bien para August, y también para todo el colegio.
“Era como si ahora fuese uno de los suyos. Todos empezaron a llamarme ‘pequeñín’, hasta los más deportistas. Aquellos grandullones a los que apenas conocía ahora me saludaban entrechocando sus nudillos con los míos” (p.374).
El Sr. Traseronian, Director del colegio, en el discurso de graduación pone el broche a la lección de empatía:
“pero lo que quiero que vosotros, mis alumnos, saquéis de vuestra experiencia en secundaria –prosiguió- es la certeza de que en el futuro que ahora os estáis labrando todo es posible. Si cada uno de los presentes convirtiese en norma que dondequiera que estéis, siempre que podáis, intentaréis ser un poco más amables de lo necesario… el mundo sería un lugar mejor. Y si lo hacéis, si os comportáis con un poco más de amabilidad de lo necesario, alguien, en alguna parte, algún día, quizá reconozca en vosotros, en cada uno de vosotros, la cara de Dios. […] O cualquier otra representación de la bondad universal” (Sr. Traseronian, p.394).
Uno de los profesores, el Sr. Browne, el primer día les explica qué es un precepto. Cada mes les da uno y les indica que en verano pueden mandarle una postal con el que ellos elijan.  El libro acaba con el precepto de August: “Todo el mundo debería recibir una ovación del público puesto en pie al menos una vez en su vida, porque todos vencemos al mundo” (p.410).

lunes, 20 de marzo de 2017

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio…

[He publicado esta entrada el 19.03.2017 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]


Resuenan en mí los versos de una canción de El último de la fila… “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”. Llevo mucho tiempo reflexionando sobre la importancia de las palabras. En un post antiguo escribí: “Las palabras son armas de doble filo; a veces, incluso, armas arrojadizas…".
Los estudios del Centro para la Investigación Psicológica de Shenyang (China) con jóvenes que habían cometido crímenes mostraron que dichos crímenes  tenían relación con el abuso emocional infantil que habían sufrido. Las palabras violentas pronunciadas por padres y maestros pueden tener consecuencias muy graves. En este vídeo  se muestra, a través de las historias de 6 jóvenes, cómo las palabras pueden ser armas.
Como firme convencida que soy del Efecto Pigmalión creo en el poder de las expectativas que vertemos sobre otras personas. Éstas funcionan tanto en positivo como en negativo. Por eso es muy importante que cuidemos los mensajes que transmitimos, y más a aquellas personas que nos reconocen autoridad, que nos valoran y sobre las que más influencia tenemos. Los niños son especialmente sensibles, y por tanto vulnerables,  a las palabras de sus padres y educadores.
Álvaro Pascual-Leone, investigador y profesor de Harvard señala: “Tu cerebro cambia con cada cosa que piensas, incluso aunque no la digas. (…) Estar vivo es una condena a que tu cerebro vaya cambiando hasta que te mueres. El reto es darse cuenta de que ese cambio del cerebro no necesariamente es bueno o malo para ti, simplemente forma parte de cómo funciona nuestro sistema. Todo es cuestión de saber cómo guiar esos cambios, cómo esculpir el propio cerebro, de rodearse de influencias que lleven a lo mejor para el individuo”. Si nuestro cerebro cambia con cada cosa que pensamos, qué importantes son los pensamientos  y las palabras con las que lo alimentamos. Igual que cuidamos la comida que ingerimos debemos cuidar las ideas y pensamientos que elaboramos, así como las palabras que salen de nuestra boca.  Para esto nos viene muy bien conocer y gestionar nuestras emociones, en especial la ira. La ira es una emoción muy intensa, que aumenta muy rápidamente y que nos puede hacer y decir cosas de las que luego nos podemos arrepentir. Como dice mi amigo Rogelio Fernández cuando subimos la espiral de la ira vamos dejando ‘muertos’ por el camino… y luego en el camino de bajada nos vamos encontrando ‘cadáveres’…
Y no sólo dañan las palabras que son ciertas, o tienen algo de verdad, también son muy dañinos y destructivos los chismes y rumores. Un artículo que he leído recientemente señalaba: “La lengua no tiene huesos y, sin embargo, es lo bastante fuerte para hacer daño y envenenar a través de chismes y rumores. Un virus letal que solo se aplaca cuando llega a oídos de la persona inteligente”. La próxima vez que te llegue un chisme, un rumor, una información no contrastada o que no sea oportuna… piénsalo dos veces antes de difundirla… Pasa el triple filtro de Sócrates… ¿Es verdad? ¿Es algo bueno? ¿Es útil? Si no pasa el triple filtro… ¿para qué contarlo?
Y no sólo dañamos a otros, también podemos dañarnos a nosotros mismos con palabras e ideas. A veces nos decimos cosas a nosotros mismos que no permitiríamos que otros dijeran.  Como reflexión final dejo esta magnífica escena…

miércoles, 8 de marzo de 2017

La igualdad también empieza en mí


En el Día Internacional de las Mujeres he elegido como título de esta entrada el lema de este año de la campaña de Emakunde del 8 de marzo de 2017 y como imagen uno de los carteles de la misma. Todos los años por estas fechas suelo trabajar en mi clase de Ética cívica y profesional el tema de los Derechos Humanos. Dentro de este tema dedico una atención especial a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres ya que creo que es clave para el avance en el desarrollo de los derechos humanos. Y un tema que es especialmente sensible es el de la violencia contra las mujeres. Los datos hablan por sí solos:

Fuente: ONU Mujeres

Como señala Johan Galtung, uno de los sociólogos más reconocidos en temas de paz, en su artículo “Violencia,guerra y su impacto Sobre los efectos visibles e invisibles de la violencia”: “Es posible que la violencia sexual no deje heridas en el cuerpo, pero produce un trauma irreversible en el espíritu. Lo mismo ocurre con todas las formas de violencia corporal, ya que toda violencia es una violación, la invasión del santuario que es la privacidad del cuerpo; y la violencia sexual lo es doblemente”.

El 3 de febrero tuvo en la Universidad de Deusto, organizado por el Proyecto Inspira y la Plataforma Interdisciplinar de Género, el cine fórum sobre The Hunting Ground (El coto de caza), un documental que trata sobre el abuso sexual en las universidades de Estados Unidos y que fue premiado en el Festival de Sundance en 2015. Se contó con la participación en el debate de Esther Oliver, de la Universidad de Barcelona. Previamente a este documental, Kirby Dick (Director) y Amy Ziering (Productora) habían realizado otro aclamado documental, The Invisible War, que trataba el tema de los abusos sexuales dentro del ejército norteamericano (para ver el documental pinchar aquí). The Hunting Ground es un documental duro, pero que sitúa muy bien en una realidad común, aunque con distintos matices, en la mayoría de lugares del mundo. Voy a compartir aquí algunas de las ideas y datos que aparecieron tanto en el documental como en el posterior debate.

El comienzo es impactante… En las secuencias previas a los créditos iniciales se ve la reacción de distintas jóvenes al recibir la notificación de su admisión en la universidad elegida y el momento de su llegada a la misma… El mensaje es casi siempre el mismo, “este es vuestro momento”. Esas mismas jóvenes relatarán después que su experiencia en la universidad no fue exactamente lo que esperaban….

Algunos datos que tomé sobre la marcha… (se refieren a las agresiones en los campus universitarios norteamericanos exclusivamente)
  •     El 88% de las agresiones no se denuncian 
  •     En 2012 el 48% de las universidades reportaron cero agresiones sexuales 
  •     Un 8% de la población universitaria comete el 90% de las agresiones 
  •     Normalmente los agresores son reincidentes y cometen 6 agresiones de media

Uno puede preguntarse por qué se denuncian tan pocos casos… La explicación es sencilla… El proceso es muy largo… y muy doloroso.  Muchas de las protagonistas relataban que el proceso fue más agobiante que la propia agresión ya que fueron calumniadas y cuestionadas e incluso acosadas. Algunas comentaban que les hacían preguntas del tipo: “¿Por qué no gritaste? ¿Habías bebido?”… Y como alguna comentaba… “En ese momento te quedas quieta y te quieres morir…”. Las denuncias que acaban en una expulsión o que tienen consecuencias legales son un número insignificante. En algún caso el agresor fue expulsado después de haberse graduado (¿¿¿????)… Sin embargo, algunas de las mujeres agredidas dejan la universidad y sus sueños de hacer una carrera universitaria. Es muy impactante el testimonio de un padre cuya hija se quitó la vida después de haber sido agredida y no haber recibido apoyo, sino todo lo contrario. En el documental también se ve la imagen pública que transmiten los responsables de las instituciones, que choca con los hechos. También es muy interesante el testimonio de quien fuera guarda de seguridad en una universidad y dejara su puesto a la vista de la falta de apoyo y el trato que recibían algunas mujeres que habían sido agredidas. Él relata que tenían instrucciones de la dirección de que no se podía buscar e interrogar a jugadores de fútbol y atletas. Además, en este largo proceso puede haber víctimas de segundo orden, personas que apoyan a quienes han sufrido las agresiones y son despedidas. Es llamativo el caso de una profesora a la que despiden el mismo día que recibe un premio a la excelencia como profesora.

Una mención especial merecen las fraternidades. Son lugares en los que suceden muchas de las agresiones con la connivencia de sus miembros. En ellas el alcohol se utiliza como arma para hacer más vulnerables a las mujeres. En algunas de las fraternidades las pruebas de iniciación tienen que ver con dominar, e incluso violentar, a mujeres. Algunas de las protagonistas del documental comentan que hay una fraternidad cuyas siglas son Sigma Alpha Epsilon y que es conocida como Sexual Assault Expected (Agresión Sexual Esperada). La pregunta sería y por qué no se hace nada al respecto. Las fraternidades son unos grupos de poder muy importantes. Las mayores donaciones que reciben las universidades provienen de antiguos miembros de estas fraternidades. Hay una escena que me resultó especialmente dura en la que se ve a los miembros de una fraternidad que van a la puerta de una fraternidad en la que están mujeres recién incorporadas a la universidad aclamando…

“No es sí
Sí es anal”

Si algo quiero destacar como positivo del documental es que las protagonistas se presentan como supervivientes no víctimas. Dos de las protagonistas explican su proceso personal: de víctimas a supervivientes, y de ahí a activistas. En un artículo en el que se presentaba Bizirik (se definen en su web así: “Somos una Asociación de mujeres sobrevivientes a la violencia de género que hemos aprendido a usar nuestras alas para volar con (y desde) la libertad y la igualdad”) hablaban en un sentido parecido: “Prefieren que se resalte su capacidad de superación, de resiliencia, que son mujeres valientes, fuertes y con coraje. El hecho de poner el foco en estas fortalezas y no en la violencia a la que fueron sometidas es, a su juicio, una de las mejores estrategias para debilitar y deslegitimar al maltratador. Al mismo tiempo les convierte en un referente para las mujeres maltratadas”.

Algo que se señalaba en el documental y en lo que se insistió en el debate es en la importancia de las redes de apoyo y solidaridad. En nuestro contexto existe RAMMAS (Red de Apoyo a Mujeres Maltratadas por Asociaciones de Mujeres Supervivientes de Violencia). La comunidad es fundamental para prevenir y también para romper la ley del silencio.

La violencia de género es un problema de igualdad y la igualdad también empieza en mí…


miércoles, 15 de febrero de 2017

¿Estaré educando bien a mis hijos?


[He publicado esta entrada el 15.02.2017 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

A raíz de varios artículos que he leído últimamente, como madre, que además lleva muchos años en el ámbito de la educación formal, me asalta una duda que es de lo más inquietante… ¿Estaré educando bien a mis hijos? Y por extensión, ¿estaré contribuyendo de una forma adecuada a la formación de mis alumnos y alumnas?

Simon Sinek, hablando de los milenials (también llamada generación Y), aquellas personas que nacieron entre principios de los 80 y el año 2000 aproximadamente, quieren un trabajo con sentido, quieren ‘aportar’ algo. Pero aunque lo consigan  no son felices, y no lo tienen fácil en palabras de Sinek por cuatro razones, que se retroalimentan:
  1. Crianza. Tuvieron unas ‘estrategias fallidas de crianza”: se les dijo todo el tiempo que eran especiales; que podrían conseguir cualquier cosa sólo con que se lo propusieran; tuvieron premios no siempre porque los merecieran (y está demostrado que un premio pierde valor si no se merece); etc. Esto es fruto de lo que Marta Michel, Directora de Yo Dona, hablando de los niños del ‘porque yo lo valgo’  llama “padres helicóptero (sobrevuelan la vida de sus hijos para atender cualquier eventualidad) o madres apisonadoras (les allanan el terreno para que nunca tropiecen); dos versiones de lo mismo: protección máxima hasta límites ridículos”. En cuanto estos jóvenes llegan al mundo real todo esto se desmorona y afecta a su autoimagen. Aparentan fortaleza pero no la tienen. Actúan como si lo supieran todo pero no es así. Tienen una autoestima baja y no saben gestionar el estrés y la ansiedad.
  2. Tecnología. Esta generación creció con las redes sociales y los móviles. Son muy buenos poniendo filtros a las cosas, mostrando lo buena que es la vida aunque no lo crean. Son adictos a los ‘likes’, ya que generan dopamina y les hacen sentir bien. Sin embargo, a través de los móviles y las redes sociales no se crean relaciones profundas y significativas.
  3. Impaciencia. Crecieron en un mundo de recompensa instantánea. No han aprendido los mecanismos sociales de supervivencia. Para ellos prácticamente todo se puede obtener de forma instantánea. Pero las cosas importantes en la vida: amor, satisfacción laboral, fortaleza en las relaciones, alegría… exigen tiempo y no son predecibles.
  4. Ambiente. Estos jóvenes están entrando en ambientes corporativos en los que priman el corto plazo y las ganancias frente a las personas y eso no les ayuda a construir confianza ni a desarrollar habilidades sociales y de cooperación.
En un reciente artículo de El País, que llevaba por título Sin educación emocional, no sirve saber resolver ecuaciones”, se reivindicaba la formación del profesorado en este ámbito ya que muchos problemas de las personas adultas derivan de una mala gestión de las emociones y acabamos de ver que los milenials tienen importantes carencias en este campo. Como se señala en el artículo, “los jóvenes con un mayor dominio de sus emociones presentan un mejor rendimiento académico, mayor capacidad para cuidar de sí mismos y de los demás, predisposición para superar adversidades y menor probabilidad de implicarse en comportamientos de riesgo -como el consumo de drogas-, según los resultados de varios estudios publicados por el GROP [Grupo de Investigación en Orientación Psicopedagógica]”.
Además podemos sumar a lo anterior el hecho de que por la búsqueda de lo políticamente correcto parece que estamos incluso dispuestos a olvidar la historia, lo que supone no saber de dónde venimos y hace cuestionarnos el a dónde vamos. En palabras de Javier Marías en un estupendo artículo titulado “Cuando los tontos mandan”, “el problema no es que haya idiotas gritones y desaforados en todas partes, exigiendo censuras y vetos, sino que se les haga caso y se estudien sus reclamaciones imbéciles. (…) Hoy no es nadie quien no protesta, quien no es víctima, quien no se considera injuriado por cualquier cosa, quien no pertenece a una minoría o colectivo oprimidos. Los tontos de nuestra época se caracterizan por su susceptibilidad extrema, por su pusilanimidad, por su piel tan fina que todo los hiere”.
Y lo peor de todo es que muchas luchas no sabemos hasta qué punto están orquestadas, no sabemos hasta qué punto estamos siendo si no manipulados sí dirigidos intencionadamente en una dirección. Martin Hilbert, experto en redes digitales, a raíz del uso del Big Data en la últimas elecciones presidenciales da una información que asusta: “Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo”.
Volviendo a mi pregunta inicial, creo que la mejor vía para educar a mis hijos y contribuir a la formación de mis alumnos y alumnas es recuperar dos principios claros de la educación: Amor y límites. Es importante dirigir una mirada amorosa, con un profundo respeto y un interés genuino que ayude a construir confianza y relaciones. Y todo ello en un marco de responsabilidad. No todo vale. Hay principios que nunca podemos olvidar, hay fronteras que no se pueden traspasar y para ello es fundamental desarrollar una mirada crítica que vaya más allá de lo evidente y que se haga cargo de las decisiones tomadas.  Una mirada que vaya más allá del yo y se preocupe por el nosotros, por el todos (por el bien común).
Invito y me invito a aprender la siguiente lección para ser más humanos.

martes, 24 de enero de 2017

Sobre los diamantes en bruto: el Efecto Pigmalión


[He publicado esta entrada en el Blog Aprender a Enseñar de la UD el 24.01.2017]

Soy una firme convencida del Efecto Pigmalión, que habla sobre el poder que tienen las expectativas que otros tienen sobre nosotros, las profecías que se autocumplen (tanto positivas como negativas). De hecho, elegí como nombre de mi blog personal… “Querer es poder… Creer es crear” porque ese es mi lema. “Possunt quia posse videntur” [Pueden los que creen que pueden], que dicen los versos de Virgilio en la Eneida.
No hace mucho leía un artículo en el que se hablaba sobre uno de los proyectos galardonados en la XXXI edición de los Premios Francisco Giner de los Ríos a la Mejora de la Calidad Educativa (convocados por el Ministerio de Educación y la Fundación BBVA), el Proyecto Guillén.  Este proyecto es un gran ejemplo de cómo funciona el Efecto Pigmalión.
El proyecto se desarrolló en el Colegio Minte de Monzón (Huesca) a lo largo del curso 2014/2015. Guillén, un alumno de cuarto de Primaria, no pudo iniciar el curso debido a un tratamiento prolongado en el hospital que le iba a mantener fuera del aula durante siete meses. El proyecto fue impulsado por el tutor, Javier Enrique Mur Isaiz, y consiguió involucrar a los compañeros y compañeras de Guillén para que recibiese apoyo emocional y todo lo necesario para no perder el curso (17 vídeos y más de 50 documentos). El proyecto tuvo resultados en diversos ámbitos: emocional, cognitivo, informativo, creativo, de motivación al aprendizaje, cooperativo, responsabilidad, social/interacción.
En mi opinión este profesor creyó en Guillén y en todos sus compañeros y compañeras; y supo transmitirles que era posible, que todos tenían capacidad para ayudar a su compañero y ejercer de profesores y así conseguir que Guillén no perdiera el curso y se sintiera arropado. Estoy segura de que también supuso un apoyo importante para la familia de Guillén que estaba viviendo una situación difícil. El tutor no optó por la vía más sencilla, que hubiera sido mandarles los materiales y temas a la familia, sino por el compromiso con su alumnado y la apuesta por el desarrollo. Además, este proyecto no fue bueno sólo para Guillén sino que supuso muchos aprendizajes para todos (alumnado, profesorado, familias, etc.). Este tutor supo ver más allá de lo que su alumnado era, vio los diamantes en la roca… Sólo tuvo que ayudar a pulirlos.
Todas las personas nos merecemos que nos traten no como lo que somos sino como lo que podemos llegar a ser. Es la única vía para crecer. Todos recordamos con cariño y admiración a esa persona (o si se tiene mucha suerte, personas) que nos ayudó a ser lo que somos, que nos hizo dar más de nosotros mismos, que supuso el ‘empujón’ que necesitábamos… Y esto no ocurre sólo en la infancia. El efecto Pigmalión se puede dar a cualquier edad. En la universidad el profesorado también podemos suponer un cambio en la vida de las personas, también podemos descubrir diamantes en bruto. Pero atentos… He comentado que también funciona en negativo. Hay una práctica que los educadores debemos desterrar y es el hacer comentarios del tipo: “ya verás, el curso X es el peor que hemos tenido en años”, “en esa clase no se salva nadie”, “fulanito/a es un estudiante horrible, no sé cómo ha llegado hasta aquí”… Suelo dar cursos de formación continua y una de las personas que los organiza me suele preguntar qué tal con el grupo y después de contestarle me responde: “tú siempre dices que es un grupo muy bueno”. Y así es, siempre tomo la opción de ver el potencial que tiene el grupo, más allá de las situaciones y de las personas… Y siempre acierto…
Me gustaría acabar, a modo de invitación, con un extracto de una entrevista a César Bona, uno de los 50 finalistas para el Global Teacher Prize de 2015: “El maestro tiene que ser cada día un ejemplo para sus alumnosdebe ofrecer su mejor versión para así obtener lo mejor de los niños [o de los adultos, añadiría yo]. El profesorado tiene que ser el primero en dar el máximo y no poner como excusa de sus posibles limitaciones al sistema. Los docentes somos los primeros en ponernos límites”.

jueves, 19 de enero de 2017

A un hijo que empieza la universidad


Mi hijo mayor hace ahora un año estaba decidiendo qué estudiar. Como madre, lo más importante para mí era que eligiera algo que le atrajera y le motivara lo suficiente para no desistir y completar su formación universitaria, con la visión clara de que una vez terminado el grado tendrá que seguir especializándose. Además, se da la circunstancia de que soy profesora universitaria y tengo ya bastante experiencia en este mundo. Voy a recoger aquí lo que me hubiera encantado poder comentar con él, pero soy su madre y una pesada por definición (va en el rol)… Siempre me queda la esperanza de que el pequeño, que el próximo año por estas fechas estará eligiendo, me haga algo de caso…
  • Lo primero de todo es que soy consciente de que ha llegado tu momento. Ansiabas cumplir 18 (no sé muy bien qué esperabas que pasara) y si hay algo claro es que si eres libre eres responsable. Tú decides y tú asumes lo que decides… Parafraseando el poema del inicio… eres el amo de tu destino, el capitán de tu alma. Estoy aquí para apoyarte y acompañarte, pero el vuelo tienes que emprenderlo solo. Te ayudaré a levantarte si te caes pero no voy a evitarte la caída… forma parte del aprendizaje (por más que a mí también me duela). 
  • Cuando elijas estudios no te centres en los que te han dicho otras personas: profesorado, orientadores, familiares, amigos… ni siquiera en lo que yo te he dicho (con todo el amor que te tengo y lo que te conozco). Escucha a otras personas pero, sobre todo, escúchate tú. Mira hacia dentro y hacia lo lejos. Qué es lo que te gusta, lo que te motiva, lo que haces bien, qué te ves haciendo en un medio plazo, qué tipo de actividades quieres desarrollar, cuáles son tus fortalezas… qué te hace vibrar. Aunque desde pequeño hayas tenido claro qué estudiar haz este ejercicio… Estoy convencida de que no hay carreras con salidas o sin salidas… La empleabilidad es más una cuestión de actitud.
  • Ten claro que en cualquier carrera que estudies tendrás materias que te gustarán más y que te gustarán menos. Lo mismo ocurrirá con el profesorado. Para obtener el grado tendrás que completar el plan de estudios fijado, igual que tuviste que aprobar Bachiller para llegar hasta aquí. 
  • Estás en un momento de muchas novedades y oportunidades. En la universidad vas a encontrar nuevas personas, temas, realidades, ambientes… Eso ayudará a abrir tu mente y tu visión del mundo. Aprovecha esa gran diversidad. No te juntes sólo a lo cercano y conocido… Por supuesto, desde la prudencia y el respeto…
  • Algo que te va a venir bien es conocer el entorno y los servicios. Hasta ahora dominabas el colegio. Conocías los rincones y las personas. Ahora te vas a enfrentar a algo más grande, con sus formas de hacer, sus horarios, sus normas…  La universidad es mucho más que las aulas… ¡Infórmate y participa! Ahhhh… y entérate bien dónde tienes clase. Puede ocurrir que de una hora a otra tengas que cambiar. Incluso puede que tengas compañeros y compañeras diferentes en cada asignatura porque se suman personas de otros grados.
  • Tienes que hacer un cambio de chip importante: Autonomía. Hasta este momento todo estaba muy pautado y controlado. Te hacían seguimiento. Si faltabas a clase nos informaban. Ahora eres tú el que decide. Aunque nosotros te paguemos los estudios no nos van a informar de cómo vas. Si no entregas un trabajo o una práctica no te la van a reclamar… lo notarás en la calificación final… Y no te preocupes, aunque tenga amistades entre el profesorado que te da clase no me pueden dar información… Este es el momento de aprender en la práctica eso que siempre te he repetido, como la canción: “Nunca una ley fue tan simple y clara: acción, reacción, repercusión”… La responsabilidad es la otra cara de la libertad.
  • Te vas a encontrar con un alto nivel de exigencia. Estás acostumbrado a preguntar qué entra en el examen… Entra lo que has visto en clase y también lo que no has visto. Leerte las diapositivas varias veces no es suficiente. Te recomendarán bibliografía para que profundices o para que trabajes algunos temas… Eso también forma parte de la asignatura. No te van a evaluar por tu memoria sino por tus conocimientos y tus competencias.
  • La universidad supone dedicación… Cada semestre está organizado para que lo pueda sacar un alumno o alumna con una dedicación completa (esa es la Filosofía de los ECTS). Eso no quiere decir que te tengas que concentrar sólo en estudiar.  Es todo cuestión de organizarse y planificar: clases, cursos, conferencias, deporte, extras…
  • Los primeros días son muy importantes (y esto te lo digo para cada nuevo semestre que enfrentes).  En ellos cada profesor o profesora te presentará el programa, la guía de la asignatura, fechas y procedimiento clave... Tienes que tener presente el binomio Profesor(a)/Materia que implica: métodos de enseñanza/aprendizaje, sistema de evaluación, indicaciones para la entrega de trabajos y prácticas… Cogerle el ‘truco’ a uno no quiere decir que lo tengas para todos, ni siquiera para una nueva asignatura con esa misma persona.
  • Acostúmbrate a resolver las dudas de primera mano. Quien mejor te puede decir las fechas, los contenidos, el objetivo, cómo hacer un trabajo… es el profesor o profesora correspondiente, por muy buenos que sean tus compañeros y compañeras… Eso sí, pregunta y consulta en su justa medida. Tampoco des la impresión de que eres muy inmaduro o inseguro. Eres capaz, por eso has llegado hasta aquí.
  • En todo tu proceso universitario contarás con el servicio de tutorías que te puede ayudar en aspectos tanto académicos como extra académicos.

Y para terminar… si te equivocaras, si por el camino vieras que ahí no está tu futuro, no tengas miedo en rectificar. Yo te apoyaré, aunque refunfuñe un poco… Lo más importante para mí es que seas una buena persona y estés a gusto con lo que haces…


miércoles, 21 de diciembre de 2016

Todo vivir humano ocurre en conversaciones…


He elegido como título de esta entrada parte de la frase de Humberto Maturana ya que encuadra muy bien  lo que voy a hacer… Voy a reflexionar sobre  algunas ideas extraídas de la ponencia  “La conversación en el conocimiento, la colaboración y la innovación” de Manel Muntada en la Jornada “El diálogo en las organizaciones”, celebrada el 02.12.2016 y organizada por Funts Project -un laboratorio de ideas creado “para promover un cambio profundo en la realidad organizacional”. [Las frases entrecomilladas están transcritas de la ponencia, que se puede visualizar al final de la entrada]

Como ya he escrito en otras ocasiones, el tema de la comunicación me apasiona. Cuando aún no había empezado los estudios universitarios mi padrino, que fue uno de mis mentores, me regaló dos libros que aún conservo y que me  iniciaron en este tema, La comunicación no verbal de Flora Davis y Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie. Durante varios años impartí la asignatura de Comunicación en las organizaciones y en la presentación de la misma solía decir al alumnado que la comunicación es el ‘aceite’ que hace funcionar las organizaciones porque es lo que permite crear y mantener relaciones. La comunicación es tan apasionante como compleja, tan frágil como necesaria…

“La conversación es una herramienta de sistematización, de formalización y de drenaje […] Poder hablar nos mantiene cuerdos; esto nos lleva a lo contrario… el aislamiento es una tortura justamente por esto”. Las personas aprendamos a hablar en la interacción con otras personas. Conversando aprendemos a hacer y aprendemos a ser. En cualquier relato de personas que han vivido una experiencia de privación de libertad o de aislamiento apreciamos cómo conversar es vital para el ser humano. En una ocasión escribí sobre una escena que me impactó del Secreto de sus ojos en la que el grito desesperado de uno de los personajes es “Por favor, por favor… pídale que aunque sea me hable… Por favor”.

“Sabemos lo que sabemos cuando lo decimos […] En una conversación de quien más aprendes es de ti mismo”. Quienes nos dedicamos a la educación sabemos que para demostrar que una idea se ha comprendido no hay como explicarla a otros. Además, ¿Quién no le ha contado algo a otra persona (o a uno mismo) para aclararse? ¿Quién no ha buscado una ‘oreja amiga’ sin otra intención que ser escuchado sin más para ‘situarse’?  Observando nuestras conversaciones podemos aprender mucho de cómo hablamos y cómo escuchamos, de cómo de nuestros mapas mentales y nuestras creencias…

“La conversación es una herramienta de creación de conocimiento propio. Para saber necesitamos un cerebro; para conocer se necesitan dos, aunque sea el mismo. Una cosa es lo que sabemos y otra es lo que conocemos. Eso también pasa con los estudios de opinión. Nosotros no opinamos continuamente. Opinamos cuando se nos formula una pregunta”. Hay preguntas muy poderosas como “¿qué opinas de…?”. En la respuesta e interacción con la otra persona es donde creamos nuestro propio conocimiento. Manel señala que aborda los proyectos con su forma de hacer, con su rutina, y que en los proyectos aprende no por la dificultad o la variación entre ellos sino por las conversaciones que mantiene con las personas con las que trabaja. Ahí es donde se da el cambio. “Una lección adquirida es la que recibimos continuamente pero sólo es aprendida cuando cambia comportamientos […] En la conversación yo filtro, depuro, enriquezco y creo lo que es mi propio pensamiento y ‘enzipo’. Si estás mucho tiempo sin hablar estás en un estado confusional”.

Como señala Manel Muntada las conversaciones tienen unas características propias diferentes de las de otros tipos de diálogos:

-Conversamos para relacionarnos. Lo importante no es el contenido sino decirnos muchas cosas para estar juntos.

-Las conversaciones no son útiles (no funcionan bajo el concepto de utilidad), no tienen objetivo. El humanismo es contemplativo, mientras que lo utilitario tiene que ver con mirar. Contemplar es acercar las cosas al ojo, entonces veo lo que hay. Sin embargo cuando miro acerco el ojo a las cosas y encuentro lo que busco. Los diálogos en las organizaciones están centrados en la tarea, en el mirar. Para innovar tenemos que desarrollar la mirada contemplativa.

Extracto de La utilidad de lo inútil. Manifiesto (Nuccio Ordine. Acantilado, Barcelona, 2013, p.9):

-Las buenas conversaciones no se terminan, se interrumpen.

-Las conversaciones generan bienestar, no todos los diálogos generan bienestar. Y lo generan porque hay respeto, porque no tenemos dudas de que somos escuchados.

-Tienen un carácter íntimo porque son genuinas. Se elaboran en el momento y para la persona a la que van dirigidas. Aportan una sensación de privacidad.

-Son una herramienta imprescindible de la colaboración y de la innovación. La innovación es el resultado de crear una cultura corporativa determinada, no el resultado de un proceso (aunque puede ayudar), una tecnología o la decisión de alguien. Cuando tomamos un café se da un clima en el que ‘todo te da igual’. Ahí se generan ideas espontáneas y divertidas. Por eso es importante generar espacios para conversar.

Las conversaciones crean nuestra realidad y nuestro conocimiento y eso me hace pensar en una de las conversaciones más importantes, la que mantengo con la persona que me mira en el espejo…

Estribillo de MAN IN THE MIRROR (Michael Jackson)
"I’m starting with the man in the mirror
I’m asking him to change his ways
And no message could have been any clearer
If you wanna make the world a better place
Take a look at yourself, and then make a change"
Estoy empezando con el hombre del espejo
Le estoy pidiendo que cambie su modo de proceder
Y el mensaje no ha podido ser más claro
Si quieres hacer del mundo un lugar mejor
Mírate y cambia  (la traducción es mía)