El pasado el 10 de marzo, en el marco de la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto, el equipo de investigación EDISPe (Desarrollo Social, Economía e Innovación para las Personas ) y la Cátedra europea Jean Monet EUCLIPE (European Union Economic and Legal Integration for People), organizamos el evento: Mujeres y cooperativismo vasco mirando hacia Europa: construir una agenda compartida. El objetivo del mismo era “aglutinar a un colectivo con participación equilibrada de investigadoras y de cooperativistas vascas para co-construir una agenda de las temáticas relevantes en esta cuestión, consensuando una priorización que se convierta en la hoja de ruta de un Seminario Permanente Mujer y Cooperativas Vascas”. Contamos con una ponencia marco, con dos invitadas excepcionales, y después realizamos una dinámica de grupo para co-construir la agenda. Voy a compartir aquí algunas de las ideas que recogimos.
Malena Riudavents Suárez, Vicepresidenta de COCETA (Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado) y miembro del Comité de Equidad de Género de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), destacó el hecho de que las mujeres en las cooperativas están en una posición mejor que en otras organizaciones ya que la igualdad está en el ADN del cooperativismo. “Estamos ante una fotografía difícil de ver en otras organizaciones”. Explicó cómo desde el Departamento de Mujer de COCETA se está trabajando en 3 vertientes: 1) Creación de empleo (con foco especial en atender a mujeres para salir de la economía sumergida); 2) Condiciones de trabajo, que benefician a todas las personas; 3) Participación en la gestión, para incorporar la mirada de las mujeres. En 2019 publicaron el estudio Las mujeres en las cooperativas de trabajo. Me quedo con una frase que dijo: “Las mujeres dan poder a las cooperativas y las cooperativas dan poder a las mujeres”.
Paloma Arroyo Sánchez, Directora de COCETA, nos recordó dos pensamientos de Don José María de Arizmendiarrieta (alma del movimiento cooperativo de Mondragón) que invitan a la reflexión:
"La posición de la mujer es, en toda sociedad,
la medida exacta de su nivel de desarrollo" (066)
"El mundo no se nos ha dado para contemplarlo,
sino para transformarlo" (235)
Así mismo, insistió en que las cooperativas son un modelo empresarial, no un modelo residual para aquellas personas que no tienen otra forma de integrarse. Son la piedra angular de otro modelo que ya existe: la Economía Social y Solidaria. Además, es una fórmula en la que se concilia más y en la que las condiciones laborales son mejores para todas las personas.
Compartió un sueño, una visión, muchas mujeres en las cooperativas tomando decisiones y cambiando la sociedad. Para conseguir que las mujeres lleguen a esos ámbitos de poder, en palabras de Paloma “igual hay que transgredir un poco, la democracia no tiene por qué ser un absoluto”.
Si tuviera que resumir lo vivido diría 3 palabras: Ilusión, compromiso y orgullo. Nos reunimos mujeres ilusionadas con el cooperativismo, orgullosas de sus valores y comprometidas con impregnar la sociedad de los valores cooperativos y empoderar a otras mujeres. Fue un bonito ejercicio de sororidad. Una llamada a la transformación. Una declaración, un compromiso por juntas conseguir hacer del mundo un lugar mejor para todas las personas. Continuará…
[He
publicado esta entrada el 11.03.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Llevo mucho tiempo pensando y repensando el feminismo: qué supone y a quiénes atañe. Todos los años en la asignatura de Ética cívica y profesional incluyo, dentro del tema de los Derechos Humanos, varias sesiones en las que reflexionamos sobre la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Sigue sorprendiéndome la reacción de la clase, las distintas sensibilidades y el grado de machismo que aún persiste. Recientemente he leído un ensayo breve de una inspiradora mujer, Chimamanda Ngozi Adichie, en el que responde a la pregunta que le hace una amiga de “cómo criar a su hija para que fuera feminista” (p.11). La niña se llama Chizalum. Voy a reaccionar aquí a algunos de los quince consejos que la autora aporta. Como madre de dos hijos varones y feminista convencida muchas veces me asalta la duda de si estaré educando a mis hijos en el feminismo. El feminismo no es cosa de mujeres…
«Si no les ponemos a nuestros hijos la camisa de fuerza de los roles de género les dejamos espacio para que alcancen su máximo potencial. […] No la valores de acuerdo con lo que debería ser una niña. Valórala pensando en la mejor versión de sí misma» (p.32). Hombres y mujeres hemos sufrido mucho, a lo largo de la historia, a consecuencia de lo que se espera de unos y otras. Y seguramente la humanidad ha perdido mucho talento por ello. Cuanto mejor es tratar a las personas con toda su potencialidad como el diamante en bruto que cada una lleva dentro… Puro Efecto Pigmalión. Cada persona debe aspirar a ser la mejor versión de sí misma.
En el arduo camino hacia la igualdad de oportunidades hay machismos invisibles o muy sutiles (véase lo que Luis Bonino llama micromachismos) que van en contra de la autonomía de las mujeres. «Cuidado con el peligro de lo que yo llamo Feminismo Light. Es la idea de la igualdad femenina condicional […] emplea analogías como ‘Él es la cabeza y tú el cuello’. […] Aún más preocupante, dentro del Feminismo Light, es la idea de que los hombres son superiores por naturaleza pero deben ‘tratar bien’ a las mujeres. […] recurre al lenguaje de la ‘permisión’» (p.36). El feminismo light es una forma de machismo invisible y muchas veces proviene de mujeres. Pero, como dice Agustina Rinaldi, se puede detectar y atacar.
Si realmente queremos avanzar en igualdad de oportunidades tenemos que repensar el poder. «Nos han condicionado tanto con que el poder es masculino que una mujer poderosa nos parece una aberración. Y como tal la vigilan. […] Juzgamos más duramente a las mujeres poderosas que a los hombres poderosos. Y el Feminismo Light lo hace posible» (p.40). Mi tesis doctoral fue sobre liderazgo femenino. Desde que la hice tengo el firme convencimiento de que uno de los temas clave en el liderazgo es el uso del poder. El liderazgo es servicio y para ampliar el poder hay que compartirlo. Esto pasa por cuestionar muchos prejuicios y estereotipos. Necesitamos modelos de mujeres poderosas que hacen un buen uso de su poder (y también de hombres).
«En la idea de que las mujeres necesitan ser ‘reverenciadas’ y ‘defendidas’ subyace una actitud de superioridad […] la premisa de la caballerosidad es la debilidad femenina» (p.48). He de reconocer que, por educación y tradición, me ha costado mucho hacerme consciente de esto. No se trata de educar en caballerosidad sino en un profundo respeto consciente de la dignidad e igualdad de todos los seres humanos.
Probablemente una de la enseñanzas que más daño nos ha hecho a las mujeres es la de la obligación de agradar, la importancia de encajar. Esto, seguramente, tiene mucho que ver con una gran dificultad que tenemos muchas mujeres, la de decir que no y expresar nuestros pensamientos y deseos. «Enseñamos a las niñas a gustar, a ser buenas, a ser falsas […] Muchas niñas dedican demasiado tiempo a tratar de ser ‘buenas’ con la gente que les hace daño. Muchas niñas piensan en los ‘sentimientos’ de quienes les agreden. Es la consecuencia catastrófica de la obligación de gustar» (p.58). Y tiene mucha relación con otro tema en el que también tenemos mucho que aprender y desaprender, la relación con nuestro cuerpo (y con el deseo), que está muy marcado por una dañina lacra, la vergüenza. «Dile que su cuerpo le pertenece a ella y solo a ella, que nunca debería sentir la necesidad de decir ‘sí’ a algo que no quiera o para lo que se sienta presionada. Enséñale que decir ‘no’ cuando ‘no’ le parece lo correcto es motivo de orgullo» (p.77).
Quienes atacan el feminismo, quién sabe si por desconocimiento o con alguna intención no muy confesable, nos venden la imagen de las feministas como unas mujeres ‘desnaturalizadas’. «No creas que criar a una feminista consiste en obligarla a rechazar la feminidad. Feminismo y feminidad no se excluyen mutuamente» (p.66). Del mismo modo se aferran a la tradición y a las normas sociales como si éstas fueran inamovibles y no como la creación humana que son. «Enseña a Chizalum que la biología es una materia interesante y fascinante, pero que no debe aceptarla como justificación de la norma social. Porque las normas sociales las crean los seres humanos y no hay ninguna norma social que no pueda cambiarse» (p.75). Y hay una creación muy relevante y que tiene importantes consecuencias para la vida, el lenguaje. Un lenguaje no inclusivo invisibiliza (véase este interesante artículo).
Quizá lo más importante para educar en feminismo es educar en la diferencia, que es una gran riqueza y oportunidad. «Háblale sobre la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. […] Y no es para que sea justa o buena, sino simplemente para que sea humana y práctica. Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo» (p.88).
Para terminar quiero compartir la charla TED de Chimamanda Adichie titulada Todos deberíamos ser feministas en la que afirma algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: «Feminista es un hombre o una mujer que dice: ‘Sí, hay un problema con el género tal como existe hoy, y hay que solucionarlo. Tenemos que hacerlo mejor’». Estoy orgullosa de ser feminista y luchar por un mundo mejor para todas las personas y espero estar educando en el feminismo ¿Y tú?
Referencias
Adichie, Chimamanda Ngozi (2017). Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo. Barcelona: Literatura Random House.
“Desde el mismo momento en que
nacemos, estamos bajo el cuidado y bondad de nuestros padres. Luego, al final
de la vida, cuando estamos enfermos y viejos, también dependemos de la bondad
de otros. ¿Por qué, entonces, en el medio descuidamos la bondad hacia los
demás?” “El Dalai Lama responde” en Los Maestros del Sendero: De Buda y Jesús a
nuestros días. Wolpi, Samuel (1995). Buenos Aires: Kier, p. 187.
Tengo una buena amiga que suele repetir que “nada es casual, todo es causal”...
Estoy realizando un curso de formación interna en la Universidad de Deusto
impartido por Leticia Linares y que lleva por título: “Taller de entrenamiento en Atención
Plena”. Ayer fue la séptima y penúltima sesión, bajo el lema “Aprender a
cuidarse”.
Hace una semana me dio un fortísimo ataque de lumbago que me
tiene bastante limitada, así como sensible e irritable. La sesión de ayer me vino como anillo al dedo. Me ha quedado muy muy clara la lección.
Aprendemos a cuidarnos dejándonos cuidar. Una lección que no
siempre tenemos bien aprendida es la de la autocompasión, como nos ha dicho
Leticia: auto-con-pasión. Dedicarnos tiempo y cuidados con pasión, como lo
hacemos con otras personas. Hace un tiempo escribí una entrada sobre este
elevado sentimiento, Compasión: empatía en acción, que va más allá de acercarnos al dolor del otro, supone
movimiento y compromiso.
Hicimos una meditación larga muy sugerente que a mí me movió mucho y me hizo conectar conmigo
y con otras personas. Voy a reproducir aquí los pasos que fuimos dado.
Fue una meditación
que iba centrándose en distintos personajes, a los que cada uno pusimos nombres concretos antes de empezar:
Uno mismo. Lo primero que
hicimos fue vernos a nosotros mismos, sentados, de frente y tomando cierta
distancia.
Un benefactor: una
persona, ser, lugar… que despierta un especial afecto y acompañamiento, que te
hace sonreír y sentirte bien.
Un amigo, alguien que te
inspira confianza y sentimientos positivos.
Una persona difícil,
alguien que te genera sentimientos negativos. Ante esta persona difícil, que
quizá es a la que más nos puede costar
mirar de frente, es bueno pensar lo siguiente: esta persona está, igual que tú,
buscando su lugar en la vida y en esos movimientos te causa dolor.
Una persona neutra.
Un grupo (o conjunto) de
personas.
La consigna para toda
la meditación fue que era como sentarnos con un amigo. Igual no podemos curarle ni quitarle su dolor, pero le podemos acompañar. Con cada personaje empezábamos sentándonos
frente a él/ella, observándole y observando qué sentimientos nos producía. A
cada uno le decíamos: “Igual que yo
quiero ser feliz y estar en paz, tú también buscas la paz interior”. Después, durante un rato, repetíamos (sintiendo lo que decíamos) las
siguientes frases:
“Que no te pase nada malo”.
“Que tú seas feliz”.
“Que tú tengas salud”.
“Que te vaya bien en la vida”.
Si en algún momento nos despistábamos o nos ‘alejábamos’ de
la persona poníamos la mano en nuestro corazón para reconectar con la bondad en
nosotros o nos repetíamos a nosotros mismos las frases. Antes de pasar al
siguiente personaje, en las transiciones repetíamos:
“Que yo y todos los seres nos libremos del mal”.
“Que yo y todos los seres seamos felices”.
“Que yo y todos los seres tengamos salud”.
“Que a mí y todos los seres nos vaya bien en la vida”.
Lo que más me movió fue sentarme frente a mi
benefactor, que murió hace más de veinte años pero que sentí muy presente; y ante el grupo, que ha ido creciendo
con caras y nombres. Viví una profunda paz y un desbordante
agradecimiento. Me he sentí muy
querida y muy acompañada.
“Compasión. Es la
verdadera comunicación. Dar es la mejor forma de comunicarse”.
En la entrada anterior comentaba que hace poco más de dos
años comencé mi personal camino de Ignacio, que en esta ocasión (del 28 al 30 de septiembre)
cambiamos Loiola por Javier y que el primer día hablamos sobre el discernimiento.
Los dos días siguientes tuvimos la suerte de contar con otra gran profesora, Marije Goikoetxea, a quien tengo el
placer de conocer desde hace casi treinta años. Con ella, que es experta en
Bioética, hablamos de Ética personal en el momento inicial y final de la vida
desde la perspectiva cristiana (cuya especificidad reside en que el otro es
presencia de Dios en mi vida, por lo que al decidir sobre él estoy decidiendo
sobre mí mismo). En esta entrada me voy
a centrar en el final de la vida y compartiré algunas de las ideas allí
trabajadas. Voy a resumir mucho y por eso incluyo algunos artículos que pueden
servir para profundizar.
Empezaré diciendo que, en contra de lo que le ocurre a mucha
gente, a mí no me cuesta hablar del
dolor, la enfermedad y la muerte. Me parece fundamental elaborar bien los
duelos. Ya tengo bastantes experiencias de pérdida (sobre algunas de ellas he
escrito en este blog)…
Estoy muy de acuerdo con Anaïs Nin en que “las personas que viven profundamente
no tienen miedo a la muerte”. No deja de ser la otra cara de la moneda…
Me gustó mucho el encuadre que hizo del tema explicando cómo había ido evolucionando el concepto de
salud:
Concepto de naturalista.
La salud es una cuestión científico empírica y lo que se trata es de ajustar.
Salud como ausencia de
patologías.
Salud como bienestar: "La
salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no
solamente la ausencia de afecciones o enfermedades" (OMS).
Salud como apropiación, lo
que supone hablar de corresponsabilidad médicos-pacientes [véase The Hastings Center, uno de los
más prestigiosos institutos de investigación bioética].
Dentro de la última concepción es donde encajaba su visión,
que asimila libertad y salud, que es la
“capacidad de vivir de acuerdo con uno mismo”, la capacidad de llevar
adelante el propio proyecto de vida ¿Qué implica esto?
Reclama sentido. Hace referencia al para qué: para qué vivir, para
qué proyecto, para qué fines. Cuando se tiene un para qué pueden cobrar sentido
el dolor y las pérdidas.
Exige libertad. No deben existir coacciones ni internas ni
externas. Libertad y responsabilidad son dos caras de la misma moneda. Como
suelo decir en clase: “porque somos libres somos responsables, y en la medida
que respondemos de lo que hacemos (o dejamos de hacer) nos hacemos libres”.
Necesita capacidad y conocimiento personal para ver la realidad y
desde esa lectura, matizada por nuestro propio recorrido, elegir.
Se concreta en un código moral propio. Cada uno tiene su propuesta
de vida buena aquí y ahora en función de su jerarquización de principios y
valores, que puede reconfigurarse en función de las propias experiencias.
Somos seres con dignidad, personas que son fines en sí mismas
que no pueden ser utilizadas como puros medios; lo que reclama y exige
consideración y respeto y nos obliga al bien. Y lo somos en relación. Los seres
humanos somos frágiles e interdependientes. Con-vivimos y con-morimos en un sistema de relaciones [véase este
sugerente, y breve, artículo de Adela Cortina].
La muerte
es un proceso. Igual
que tardamos unos 9 meses en nacer, se tarda de media entre 3 y 6 meses para
salir de la vida. Es un proceso de pérdidas: aumentan las carencias y, por
tanto, las dependencias, lo que conlleva vulnerabilidad (o posibilidad de
sufrir). Los temas más complejos en bioética son, precisamente, los que tienen
que ver con estos procesos inicial y final. “Existe, sin embargo, un acuerdo ético y jurídico básico sobre ciertos
contenidos y derechos en torno al ideal de una buena muerte: el derecho a
recibir cuidados integrales y de calidad, y el derecho a que se respete la
autonomía de la persona enferma también en el proceso final de su vida” (LEY11/2016, de Gobierno Vasco, de 8 de julio, de garantía de los derechos y de ladignidad de las personas en el proceso final de su vida). El proceso final de la vida puede variar en
función de la enfermedad que nos lleve al mismo que, como vemos en el siguiente
cuadro, puede ser aguda o crónica.
¿Y cómo podemos decidir en casos concretos? Según Juan Masiá, sj hay cinco
pasos del proceso de discernimiento y decisión moral, que son especialmente
importantes ante decisiones difíciles:
1) actitudes básicas (apela a un cierto nivel de desarrollo moral
y un proyecto de vida), 2) informaciones concretas (y correctas), 3) honradez
de pensamiento (para hacer una interpretación adecuada es necesaria la
capacidad y aplicar un razonamiento moral adecuado), 4) ayuda de otras
personas (en temas de bioética el trabajo en equipo es una obligación ética
ya que quién representa mejor la voluntad de la persona afectada
principalmente), 5) decisión responsable de acuerdo con la propia conciencia
(asumiendo que podemos equivocarnos) [para ampliar véase el capítulo cinco].
“En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la
existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe
obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón,
advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz
esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su
corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será
juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del
hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el
recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a
conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La
fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los demás hombres para
buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se
presentan al individuo y a la sociedad. Cuanto mayor es el predominio de la
recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades
para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la
moralidad. No rara vez, sin embargo, ocurre que yerra la conciencia por
ignorancia invencible, sin que ello suponga la pérdida de su dignidad. Cosa que
no puede afirmarse cuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad y el
bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el hábito del
pecado” (Gaudium et spes, n.16)
Lo
primero que tenemos que hacer es determinar
con prudencia si la situación es terminal. A partir de ahí debemos aplicar
los principios generales (ver la tabla siguiente). Es necesario hacer una evaluación clínica completa (no
maleficencia); evaluar los recursos para no discriminar (justicia) y hacer una
evaluación del propio paciente (autonomía y beneficencia) [para profundizar en los principios véase este artículo
del Dr. Jacinto Batiz y la Dra. Pilar Loncan, expertos reconocidos en cuidados
paliativos]. Es fundamental hacer un
buen proceso de deliberación moral teniendo como punto de partida el compromiso
con el otro [para profundizar en este tema véase el artículo
del Dr. Diego Gracia Guillén].
Los
problemas éticos y los valores que están en juego en el proceso final de la
vida varían en función de si nos encontramos ante una enfermedad aguda o
crónica. Veámoslo en el siguiente cuadro:
Si hay una idea que me quedó muy clara es lo importante que
es dejar instrucciones precisas para que otros puedan cumplir realmente nuestra
voluntad en el proceso del final de la vida y no haya dudas sobre quién nos
representa mejor. Voy a hacer mi
testamento vital o documento de voluntades anticipadas (DVA) y voy a animar también
a mi entorno a realizarlo. Veamos cómo explica la web de Osakidetza (Sistema
Sanitario Público Vasco) en qué consiste el DVA:
“El Documento de Voluntades
Anticipadas es un documento escrito dirigido al médico responsable en el que
una persona mayor de edad, que no haya sido incapacitada judicialmente para
ello, de manera libre y de acuerdo a los requisitos legales, expresa las
instrucciones a tener en cuenta cuando se encuentre en una situación en la que
las circunstancias que concurren no le permitan expresar personalmente su
voluntad.
En este documento la persona
también puede designar un representante o varios, que será el interlocutor
válido y necesario con el médico o equipo sanitario, y que le sustituirá en el
caso que no pueda expresar su voluntad por sí misma.
El médico responsable, el equipo
sanitario y el sistema de atención sanitaria están obligados a tenerlo en
cuenta y a aplicarlo de acuerdo a lo establecido en la ley”.
Para terminar dejo un
vídeo con una entrevista a Marije Goiko, “Voluntades Anticipadas”
[He publicado esta entrada el 18.07.2016 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
“Y si estábamos dispuestas a dar la vida la una por la otra, era lógico que, mientras tanto, era necesario responder a las mil exigencias que el amor fraterno requería: era necesario compartir las alegrías, los dolores, los pocos bienes, las experiencias espirituales. Nos esforzamos en vivir así para que el amor recíproco estuviera vivo entre nosotras, antes que cualquier otra cosa”. Chiara Lubich
Hace no mucho tiempo he descubierto una figura fascinante, Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares. El ideal de la unidad, “un proyecto global, la fraternidad universal, que pasa a través de la dimensión local”, tiene un concepto central que me parece muy sugerente y da qué pensar… el amor recíproco, que no es una opción sino un modo de ser y de presentarse al mundo. No es algo nuevo, pero sí un rasgo distintivo.
El amor es una emoción compleja que ha dado lugar a múltiples tratados, estudios, libros, consultas, conversaciones, tertulias, canciones (aunque normalmente las llamadas canciones de amor son más bien de desamor)… y también a mucho dolor y sufrimiento. Lo importante es amar bien y que nos amen bien. Hay un refrán que dice… “En la guerra y en el amor, todo vale”… A mi entender este dicho es bastante desafortunado. No todo vale, aunque sea en nombre del amor.
Hay un texto de Khalil Gibran, en El profeta, que para mí describe de una bella forma lo que es el buen amor…
El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.
El amor no posee ni es poseído.
Porque el amor es suficiente para el amor.
Cuando améis no debéis decir: "Dios está en mi corazón", sino más bien: "Yo estoy en el corazón de Dios."
Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.
El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.
Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:
Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.
Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.
Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.
Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.
Khalil Gibran, El profeta.
Hay un precepto de S. Agustín que es de gran calado, pero que puede ser malinterpretado… “Ama y haz lo que quieras”. Aquí el orden de los factores sí es importante, primero ama. Merece la pena ver la cita en su contexto: “Lo que queremos subrayar es que lo que distingue los actos de los hombres es el amor que hay en su raíz. Se pueden hacer muchas cosas que parecen buenas, pero que no proceden de la raíz del amor. Las espinas tienen también flores; hay actos que parecen duros y crueles, pero que quieren corregir, inspirados en el amor. De una vez por todas se te manda este breve precepto: Ama y haz lo que quieras. Si callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; que en el fondo de tu corazón esté la raíz del amor, pues de esta raíz lo único que puede salir son cosas buenas” (San Agustín, Comentario a la Primera Carta de San Juan). Si la raíz de tus actos es el amor, éstos sólo pueden ser buenos, aunque no lo parezcan o tengan consecuencias amargas. Cuando el amor guía nuestros pasos vamos por buen camino, sabiendo, como hemos dicho, que no todo vale…
Y una clave importante en el amor es la reciprocidad. Amar no quiere decir satisfacer todas las necesidades o deseos del otro, renunciando al propio yo, a los propios deseos o necesidades... Aunque en ocasiones hagamos cosas por amor, porque sabemos que al otro le agrada o le ilusiona, porque queremos lo mejor para esa persona. Lo que nutre el amor es la reciprocidad, el saber que tenemos la ‘espalda cubierta’, que el otro está cubriendo o reforzando nuestros ‘huecos’, que podemos confiar en su apoyo. Y esto funciona tanto en la relación de pareja como en la amistad. Hay una relación que escapa a esta lógica y es la paterno/materno-filial. En este caso el dar es mayor que el recibir. Los padres y madres no esperan una vuelta, o al menos no en la misma medida; es un amor incondicional que es básico para el buen desarrollo de los hijos e hijas.
El amor se expande como en la viñeta inicial. Nos hace crecer, desarrollarnos, encontrarnos a nosotros mismos, nos conecta con nuestro propósito, nos da confianza y seguridad y nos hace dar lo mejor de nosotros mismos. Funciona en contra de la lógica imperante… cuanto más das más tienes, lejos de agotarse se multiplica… Y si no es así… mejor que analicemos qué es, porque dudosamente será amor.
Os deseo, y deseo para mí, que el amor recíproco sea vuestra tarjeta de visita, vuestro modo de ser en el mundo… Esa es la mejor manera de crear una nueva humanidad.
Del 20 al 22 de mayo se celebró el Bilbao Photo Experience. Gracias a
mi profesora de fotografía, Belén Ibarrola Goiri, pude asistir a la ponencia de Gervasio Sánchez, fotógrafo especializado en fotoperiodismo de guerra, quien ha mirado
más allá de su cámara los grandes conflictos de Europa, Asia, África y América
Latina por más de treinta años. Salí conmovida de la conferencia, que fue mucho
más que conocer su excelente labor fotográfica. Podría resumir lo vivido con
una frase… El compromiso detrás de la
mirada… las historias y los nombres más allá de la instantánea.
Presentaré
aquí algunas de las ideas que compartió y la reflexión que a mí me suscitaron.
Comenzó su charla subrayando el Premio Princesa de Asturias
de Comunicación y Humanidades 2016, otorgado al fotoperiodista estadounidense James Nachtwey, “conocido por sus
cuatro décadas de trabajo en guerras, campos de refugiados y ciudades
castigadas por catástrofes naturales o ataques terroristas”.
Me impactó que continuó diciendo que no se atrevía a
describir la guerra y el dolor que genera, que va más allá del “bang-bang”. Una guerra no se acaba cuando se deja de
disparar, ni cuando dice Wikipedia... Acaba cuando se superan las consecuencias
y eso puede tardar años, décadas o no darse nunca… Sin embargo, algunos
periodistas se piensan que ellos son los protagonistas… Señaló que cada vez le
importa menos el “bang-bang”, que ha
dejado de centrarse en la parte efectista. Le interesa más la vida cotidiana,
el cómo sobreviven las personas… Según él los muertos son el ‘menor’ de los problemas
de una guerra… ¿Qué pasa con los supervivientes? Así dicho puede sonar un poco
fuerte pero cobra todo el sentido al seguir todo su discurso…
Comentó que desde hace dos décadas más que mostrar el
“bang-bang” hace visibles historias con nombres y apellidos. Cada muerte deja una historia inconclusa.
Ese niño, esa niña que mueren en una guerra podrían haber sido un Premio Nobel,
los descubridores de la cura de alguna enfermedad… El día que veamos las
guerras en función de las historias inconclusas nos lo tomaremos en serio. Y no
hay que olvidar que cada vez que hay una guerra hay quienes hacen negocio y
siempre se encuentran muy lejos de la primera línea de fuego. A pesar de su
optimismo decía que por esa razón (los beneficios que generan) es muy difícil
que dejen de formar parte de nuestra vida. Investigadores de la Universidad de
Cambridge han mostrado evidencias de lo que parece que fue una matanza
hace cerca de 10.000 años en Kenia. Él se ha encontrado con muchas personas
cercanas a los 30 años, en países con una esperanza de vida que ronda los 40,
que no conocen lo que es un país sin guerra… Es duro… Yo me pregunto cuáles
serán los resortes de Gervasio para mantener el optimismo y la esperanza
después de haber vivido de cerca por elección tanto dolor…
Para Gervasio la vida
en medio de la guerra tiene mucho más valor. Comentó que hizo su primer
trabajo en Sarajevo en blanco y negro para evidenciar que podría ser cualquier
guerra, en cualquier tiempo y lugar, que todas las guerras comparten imágenes.
Y en medio de toda guerra la vida continúa. Lo que pasa ahora en Siria ya pasó
en Bosnia hace algo más de 20 años. En Europa hemos conseguido no matarnos.
Hemos inventado auténticas brutalidades (esclavitud, nacismo, etc.) pero hemos
conseguido dejar de matarnos; aunque seguimos apoyando matanzas en otros
lugares. Cuando cayó el muro de Berlín él se encontraba en El Salvador. En aquél
momento llegó a pensar que se iba a quedar sin trabajo. Antes había dos
potencias y había cierto ‘control’, ahora hay caos. Según él hemos llegado a un
momento en que todo puede empeorar. Nunca ha habido tantos refugiados y
desplazados.
Una clave de su trabajo es que ha intentado ser compasivo. ‘La dignidad es lo que importa’. Según
él es importante acercarte al dolor y pensar qué harías si estuvieras en su
lugar. Ha renunciado a la foto impactante, que genera mucho debate y
declaraciones vacías, como la foto del niño de dos años que apareció muerto en
la playa. A raíz de ese último hecho hubo muchas reflexiones indignantes. Quizá lo mejor hubiera sido el silencio del luto…
Al ver de cerca tanto dolor y sufrimiento constata que resulta difícil gestionar los sentimientos.
Genera mucha impotencia y desesperación ver que todo se repite; es más, cada
vez presencia escenas de mayor sufrimiento. Es complicado gestionar lo que ves,
te lo tienes que ‘tragar’. Como ‘anécdota’ cuenta que en 1994 salió de Ruanda
después de ver morir a miles de personas y se fue a descansar y desconectar a
las playas de Siria. Y ahora…
Contó que cuando empezó su carrera profesional pensaba que
lo que hacía serviría para algo, para golpear conciencias y abrir debate, para
mejorar el mundo. Dio un consejo muy claro: hay que ser críticos y autocríticos. No se puede ser complaciente
con lo que ocurre y con el poder. Él hacía una reflexión, ¿voy donde quiero? La
respuesta es clara, “no, voy donde me lleva la ola mediática”.
Después de haber cubierto el cerco de Sarajevo durante tres
años conoció la historia de Kuito (Angola) donde
habían muerto tres veces más personas que en Sarajevo en el plazo de apenas 9
meses. Y se preguntaba, ¿dónde estaba yo cuando morían tantas personas? Así
empezó el proyecto Vidas minadas
que fue financiado por el dueño de varias revistas del corazón. Comentó que la
suya es una profesión en la que un grupo reducido ha pervertido la esencia de
la misma. Es necesario buscar equilibrios entre los tiempos de los proyectos y
el modo de hacer las cosas, lo que exige mucho coraje. Los políticos y los
Directores de comunicación quieren que los proyectos se hagan rápido… Y cada proyecto
necesita su tiempo. “Los periodistas debemos vigilar al poder político y
económico y no acostarnos con él”.
Para él es más difícil editar que fotografiar. Le interesa
encontrar el hilo narrativo. Muchas veces al escribir lo que más le cuesta es la
primera frase. Cuando tiene claro el hilo y la historia va todo seguido… Muchas
veces le preguntan cuál es la foto que más le gusta. Suele decir que muchas
veces las que han tenido menos brillo porque son las que le han conducido a las
que han sido comunicadas, las que aparecen en los reportajes, las que todos
eligen…
Uno de los nombres y apellidos del proyecto de Vidas Minadas es Adis Smajic a quien conoció poco después de que con 13 años le
estallara una mina antipersona que se activó al recogerla del suelo para que
nadie la pisara. Una mina que cuesta 6 euros, y a alguien le da un beneficio de
3, cambió su vida para siempre. Con 13 años ya era un veterano de guerra que se
ha tenido que someter a más de 30 operaciones para paliar las consecuencias.
Gervasio ha acompañado a Adis durante años y le ha visto crecer, conocer el
amor y le ha acompañado en el nacimiento de su hijo… (véase el vídeo del
final).
Otro proyecto al que Gervasio se ha dedicado desde 1998,
recopilando material en diez países, es Desparecidos.
Según él la desaparición forzosa es el
mayor drama de una guerra. Los escombros desaparecen, los heridos se pueden
curar, los muertos se entierran, las tumbas se arreglan… Pero… ¿Qué pasa con
los desaparecidos? ¿Qué ocurre cuando todos quieren mirar hacia adelante pero
hay quienes se han quedado atrapados? Normalmente no trabaja en España porque
aquí viene a descansar, pero a raíz del comentario de una periodista el epílogo del libro
lo dedicó a España. ‘La dignidad es lo
que importa’. Las víctimas tienen derecho a encontrar una respuesta a su drama.
Muchas de las actuaciones del Gobierno de Los Estados Unidos son criticables
pero después del 11-S se comprometió a recuperar todos los restos humanos y han
realizado programas y pruebas de ADN a los familiares para hacerlo. Hay quien
ha recibido una uña… Se ha encontrado con gente que dice que para qué hacer
tanto esfuerzo. La respuesta es clara… Pregúntate… Si fuera mi hijo o hija,
padre o madre, esposo o esposa, hermano o hermana ¿qué haría?
Otro nombre propio… Ascensión Mendieta, que tenía 88 años cuando fue a Declarar a Argentina para que
exhumaran el cuerpo de su padre de una fosa común en el cementerio de
Guadalajara. Ascensión tenía 13 años cuando su padre murió. El tiempo apremia...
Ella ahora tiene 90 años y está a punto de conseguir recuperar el cuerpo de su
padre gracias a una jueza argentina y un sindicato noruego. Su razón para tanta
lucha: cuando muera quiere que le entierren en la misma tumba que a su padre.
Gervasio comentó que con el tiempo ha caído en la cuenta de que en las desapariciones forzosas las
víctimas no son los muertos, sino las familias que pasan años buscando. Él
nunca ha escuchado la palabra venganza al pie de una fosa común, en ningún
lugar del mundo.
¿Qué me llevo yo de la conferencia? Tocar una vida es fácil, transformarla no tanto… Basta con conectar
con las emociones para producir un impacto; pero cuando tocas la vida de
alguien tienes una responsabilidad… Todo gran poder conlleva una gran
responsabilidad…
Para finalizar la
historia de Adis Smajic, extracto tomado del documental Imprescindibles- Gervasio Sánchez, testigo de guerra, reconocido con el Delfín de Oro del
Festival de Televisión de Cannes y emitido por la 2 de RTVE el 23 de octubre de
2014.