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miércoles, 1 de octubre de 2025

Reflexiones sobre un nuevo modelo económico y social

 

Fuente de la foto: Flickr dela Universidad de Deusto

El 29 se septiembre asistí en el Paraninfo de la Universidad de Deusto a la ponencia de apertura del BBK Bilbao Kultura Social Forum, a cargo del Profesor Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, bajo el título: “Reflexiones sobre un nuevo modelo económico y social”. La imagen al verle entrar apoyándose en un bastón, un poco encorvado, cambió completamente en cuanto empezó a hablar… pura energía. Hay una palabra que describe muy bien lo que me transmitió durante toda la conferencia: bonhomía. Voy a compartir algunas de las ideas que expuso.

Nos encontramos ante una crisis de deuda, pero también de desarrollo. Elon Musk, Jeff Bezos, han visto crecer sus fortunas de una forma descomunal. Sin embargo, hay salarios que se mantienen como hace 60 años. Un dato interesante es que China es el país donde más ha disminuido la pobreza.

El capitalismo neoliberal no es sostenible. No se ha cumplido la teoría de Adam Smith de la Mano invisible, que decía que la búsqueda del bien propio favorece el bien común. Es más, se generan muchos más beneficios cuando se explota a otras personas, y también al planeta. Ha aumentado el monopolio y la concentración empresarial, lo que ha erosionado el poder de la competencia. Y lo peor de todo es que las personas se han hecho más egoístas y centradas en el corto plazo, lo que cambia profundamente lo que la persona es, su esencia.

Tanto el sistema político como el económico no pueden funcionar sin buena información [cabe recordar que ganó el Premio Nobel por sus aportaciones a la teoría de los mercados con información asimétrica]. Sin buena información es el miedo el que gana. Las empresas tecnológicas y la IA roban información, lo que disuade de generarla a quienes lo hacen (periodistas, investigadores, agencias, etc.). Y surge una inquietante pregunta: ¿nos dirigimos hacia un mundo con mejor información? Hay que tener en cuenta un principio claro: “garbage in, garbage out” (si entra basura, sale basura).  Actualmente se está dando un “engagement through enragement” (compromiso a través de la indignación), una crítica a cómo operan muchas plataformas digitales y redes sociales. Además, la investigación que se está primando es la que conduce a una mejor publicidad (advertising).

Los fallos del modelo neoliberal han creado una tierra fértil para el autoritarismo. Los EE.UU. se han convertido en un aliado no fiable. Se están atacando las bases profundas de la democracia: la libertad de prensa, la libertad de discurso, la libertad académica, etc. Hay factores que contribuyen claramente a esto: la desindustrialización, en la que existe la promesa incumplida de que los mercados atenderán a quienes perdieran el empleo; el crecimiento de la desigualdad, que mina la solidaridad; el deterioro de los sistemas de información, que contribuye a la polarización y dificulta incluso llegar a los acuerdos más básicos.

Las instituciones que contribuyen a la verdad y al avance del conocimiento están siendo gravemente atacadas: universidades, centros de investigación, prensa, agencias de inteligencia. Los valores de la Ilustración están en serio peligro. Los desarrollos científicos que hicieron posible el progreso se ponen en cuestión. Los avances logrados en la organización social y en la democracia, antaño motores de cooperación, hoy se ven puestos en duda. Todo lo señalado tiene consecuencias económicas adversas.

¿Qué se puede hacer? Las reformas política y social se tienen que hacer a la vez. Hay que revertir el efecto pernicioso sobre la empatía que ha tenido el capitalismo. Las desigualdades crecientes hacen que quienes están del lado del privilegio ni siquiera sean capaces de entender la situación de quienes están en el lado opuesto. Es fundamental impulsar la acción colectiva. La principal lección de la era Trump, de la que tenemos que tomar buena nota en Europa, es que las instituciones democráticas son robustas, pero quizá no tanto como pensamos. En un mundo globalizado lo interno y lo externo están interconectados. Existen formas diferentes de hacer, que habría que potenciar. Por ejemplo, las cooperativas son un buen modelo y ejemplo de funcionamiento desde otros valores. Esto se vio claro en la crisis financiera de 2008. No podemos permitir que se desvaloricen las instituciones internacionales, ni que se pierdan los valores de la Ilustración. Y esto sólo se puede hacer desde la cooperación global (seguramente sin EE.UU.).  Después de asistir a la charla, mi conclusión es que no sólo es posible, sino que merece la pena, comprometerse por construir un mundo mejor. No nos podemos dejar llevar por la desesperanza.

 

Referencias


lunes, 30 de diciembre de 2024

Estilos de reciprocidad

 


Hace unos meses un amigo me regaló un libro con un título muy sugerente: Dar y recibir. Por qué ayudar a los demás conduce al éxito (Grant, 2023).

En este libro se hace una interesante reflexión sobre el éxito en el entorno laboral (aunque no sólo) y lo ilustra con numerosos ejemplos de personas concretas.  “Según la sabiduría convencional, la gente de éxito tiene tres cosas en común: motivación, capacidad y oportunidad. Si queremos alcanzar el éxito, necesitaremos una combinación de trabajo duro, talento y suerte […] En el trabajo, cada vez que interactuamos con otra persona, nos vemos obligados a elegir entre intentar conseguir el máximo valor posible, o contribuir con nuestro valor sin preocuparnos por lo que recibamos a cambio” (p.22). Grant incorpora un cuarto factor de éxito que tiene que ver con el estilo de reciprocidad dominante que cada persona tiene. Según la situación el estilo puede variar, pero todas las personas tenemos uno que está presente en la mayoría de las ocasiones.

Existen dos tipos de personas que se sitúan en extremos opuestos en cuanto a la reciprocidad. Por un lado tenemos a las personas receptoras, a quienes les gusta obtener más beneficio de lo que aportan. “Inclinan la reciprocidad a su favor y ponen sus intereses por delante de las necesidades de los demás. Los receptores creen que el mundo es un lugar competitivo, una auténtica jungla donde los unos devoran a los otros” (p.23). En el extremo opuesto tenemos a las personas donantes, quienes “inclinan la reciprocidad hacia el otro lado de la balanza y prefieren dar antes que recibir” (p.23). Y no estamos hablando de la relación que tienen con el dinero. Lo que diferencia a unas personas de otras son sus acciones y la actitud que tienen con el resto; cuál es el análisis coste-beneficio que realizan en cada situación. En el entorno laboral, en gran parte por miedo a ser consideradas ingenuas o débiles, aparece un tercer estilo: las personas equilibradoras, quienes “operan basándose en el principio de la justicia: cuando ayudan a los demás, se protegen a sí mismos porque buscan reciprocidad […] sus relaciones están regidas por un intercambio igualitario de favores” (p.24).

Según la experiencia de Grant las personas donantes se encuentran tanto en la parte inferior de la escalera del éxito como en la parte superior. Contrariamente a lo que se pueda pensar, las personas donantes no necesariamente son amables o altruistas; también son ambiciosas. Se diferencian en el modo alcanzar los objetivos. “Los donantes alcanzan el éxito de tal modo que se acaba produciendo un efecto dominó, que incrementa el éxito de todo el mundo a su alrededor” (p.30). Las personas donantes suelen construir entornos de confianza y acaban forjándose una buena reputación y creando unas relaciones que les ayudan a mejorar su éxito y el de su entorno. Se comportan de una forma exclusiva en cuatro áreas: el networking (crean redes de contactos potentes compartiendo generosamente sus conocimientos y enseñando sus habilidades sin preocuparse de lo que obtendrán a cambio; esto les proporciona una buena disposición a colaborar tanto por parte de sus vínculos fuertes -aquellas personas cercanas- como de sus vínculos débiles), la colaboración (“los donantes rechazan la idea de que la interdependencia sea débil. Los donantes suelen ver la interdependencia como una fuente de fortaleza, un manera de explotar las habilidades de un grupo para obtener un bien común más importante”, p.107), la evaluación (en lugar de evaluar el talento, se centran en encontrar el diamante en bruto oculto en todas las personas -efecto Pigmalión, ver Echaniz, 2016-) y la influencia (ganan prestigio a través de una comunicación sin fuerza, mostrando su vulnerabilidad y formulando preguntas).

¿Qué explica que algunas personas donantes se quemen (y se queden en la parte inferior de la escalera del éxito) mientras que otras florezcan (y se sitúen en la parte superior de dicha escalera)? Las primeras son altruistas (se sacrifican a sí mismas, se olvidan de su bienestar personal), mientras que las segundas son otristas (se preocupan tanto de los intereses de otras personas como de los propios). “Los donantes no se queman dedicando un exceso de tiempo y energía a la donación. Se queman cuando trabajan con personas necesitadas y son incapaces de ayudarlas de manera efectiva” (p.222). Aunque vaya contra la lógica, donar más, tener un impacto mayor, es lo que evita que las personas donantes se quemen y lo que las hace más resilientes. “Donar ayuda a aportar significado a nuestra vida, nos distrae de los problemas y nos ayuda a sentirnos valorados por los demás” (p.248). “Lo más inteligente es empezar como donante, puesto que las investigaciones demuestran que la confianza es difícil de construir y muy fácil de destruir. Pero en cuanto el donante detecta que alguien actúa claramente como receptor, tiene sentido alterar su estilo de reciprocidad y pasar a una estrategia equilibradora” (p.263). Me viene a la memoria la lección que mejor recuerdo de mis cinco años de Licenciatura, tercer curso, profesor de Psicología: “La confianza se da, siempre hay que confiar primero”.

Una idea muy interesante es la conveniencia de crear sistemas de donación generalizada, como pueden ser los anillos (o círculos) de reciprocidad (IBI, 2022). “Lo que cuenta es la conducta en sí. Si los receptores actúan beneficiando a los demás, aunque sus motivos sean egoístas en lugar de altruistas u otristas, están realizando contribuciones que perpetúan la donación como forma de intercambio” (p.323).

Un dato curioso que me ha hecho esbozar una sonrisa: “Los donantes suelen decantarse por carreras profesionales donde se perciben sueldos más bajos: están dispuestos a percibir sueldos inferiores a cambio de poder marcar la diferencia” (p.270). Hay un lema que tengo muy presente: “To teach is to touch a life forever” (enseñar es tocar una vida para siempre).

Este libro me ha hecho reflexionar sobre mi vida, mis relaciones y mis decisiones. Me ha reafirmado en la importancia de confiar y dar sin esperar a cambio, eso sí, sin olvidar mis propias necesidades. Me ha hecho repasar muchas caras y nombres de personas que he encontrado en el camino.

Ahora lanzo la pregunta que me hizo mi amigo antes de regalarme el libro: ¿Eres una persona donante o receptora?


Referencias





lunes, 29 de julio de 2024

El valor de educar


 [Entrada publicada originalmente el 20.08.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

En estas líneas voy a plasmar las principales ideas extraídas de la conferencia pronunciada el 10 de junio por el filósofo y escritor José Antonio Marina, dentro del ciclo “Vivir, ¿para qué?“ del Forum Deusto, y cuyo título era “El valor de educar“.

 

En esta conferencia planteó ideas que se encuentran recogidas en sus múltiples libros y que han dado pie a un interesantísimo proyecto, que surge de la revisión de la literatura seria sobre psicología evolutiva y psicología de la educación de los últimos 15 años, que es la Universidad de Padres  y que tiene un bonito lema, “Para educar a un niño, hace falta la tribu entera“.

 

Voy a empezar por el final, por la respuesta que dio a una de las preguntas planteadas: “¿Quién es más culpable de que la educación funcione mal?”. Su respuesta me encantó y la suscribo completamente. Los problemas sociales son multicausales. El problema es que hemos entrado en un círculo de excusas. Los padres echan la culpa a la escuela, los docentes a la familia y a los dirigentes educativos, los medios de comunicación… Hay que partir de una premisa básica: educar es influir en los comportamientos, pensamientos, etc. de las personas. Y visto así: TODOS EDUCAMOS. Y se puede educar bien o mal. Cada uno tendrá que ver qué parcela le toca, cuál es su campo de actuación. El profesor Marina señalaba que habría que establecer una Carta de los Deberes Educativos de la Sociedad y a cada uno medirle en función de su actuación. ¡Interesante!

 

Uno de los rasgos fundamentales de los educadores debe ser el optimismo, que en el caso de padres y madres y docentes es imprescindible. Se debe creer firmemente que es posible mejorar las cosas. En educación ha proliferado mucho el discurso del déficit y del fracaso, lo cual es peligroso porque podemos encontrarnos ante una profecía que se autocumple.

 

El modelo educativo que defiende el profesor Marina, y que inspira la Universidad de Padres, se basa en una premisa básica: “La educación tiene dos componentes principales: INSTRUCCIÓN y FORMACIÓN DEL CARÁCTER. Por instrucción entendemos el conjunto de conocimientos que los niños y jóvenes deben adquirir -lingüísticos, matemáticos, científicos, culturales, históricos, etc.-. formación de carácter es el conjunto de RECURSOS personales que deben desarrollar nuestros niños y jóvenes para ser capaces de elegir bien su proyecto personal, tomar decisiones, enfrentarse con los problemas, establecer vínculos afectivos valiosos, disfrutar de las cosas buenas, en una palabra, dirigir bien la propia vida. Esos recursos son HÁBITOS intelectuales, afectivos y morales que se van adquiriendo -o no- durante la etapa educativa”.

 

Para el profesor Marina existen tres niveles de la personalidad:

  1. Recibida, que determina tres aspectos fundamentales: a) el hecho de ser hombre o mujer; b) el tipo de inteligencia; y c) el temperamento o pauta estable de respuesta a los estímulos. Es la herencia biológica que cada uno llevamos.
  2. Aprendida, conjunto firme de hábitos (cuesta tanto adquirirlos como cambiarlos) que marcan nuestro modo de interpretar y reaccionar. Aquí los centros educativos juegan un papel importante, al igual que la familia y el entorno.
  3. Elegida, que tiene que ver con nuestra jerarquía de valores y nuestro proyecto personal de vida. Es el terreno de la libertad. Es muy importante estar en contacto con buenos valores para que luego los podamos elegir.

En palabras del profesor Marina el lema de que “Todos los seres humanos nacemos libres” es una ficción que lo único que nos dice es que no nos pueden esclavizar. La libertad se aprende obedeciendo, primero a otros y luego a uno mismo. Un valor que se debe recuperar en la educación es la construcción de la voluntad, que incluye cuatro destrezas, que necesariamente hay que adquirirlas en edades tempranas:

  1. Inhibir el impulso. Hay que aprender a no responder inmediatamente al impulso para poder discernir si éste es bueno o no.
  2. Deliberar. Hay que aprender a discernir los impulsos y a buscar alternativas a aquellos que se nos presentan de forma inmediata.
  3. Decidir. Hay muchas personas incapaces de decidir, y esto es algo que se aprende en la práctica, sorbreponiéndose a un gran limitador que es el miedo.
  4. Poner en práctica. Soportar el esfuerzo supone también un aprendizaje. Las generaciones más jóvenes están intoxicadas de comodidad. Tenemos que educar en la resiliencia, que supone aguantar un choque y recuperarse con facilidad.

Por último, voy a señalar los hábitos intelectuales, afectivos y morales fundamentales para el profesor Marina:

  1. Tener una buena representación de la realidad. Hay que evitar las creencias que distorsionan la realidad. Por ejemplo, no se enfrenta igual a la educación quien cree que la inteligencia es innata que quien cree que ésta es permeable.
  2. Tono vital y estilo afectivo animoso, activo. Uno de los grandes derechos del niño y la niña es la experiencia de haber triunfado en algo, ya que es el mayor acicate para volver a intentarlo y es la base para una sana autoestima. Debemos organizar las metas de los niños y niñas para que sientan “yo he sido capaz”.
  3. Habilidades cognoscitivas. Desde pequeños nos gusta reflexionar sobre cómo pensamos y cómo construimos nuestro conocimiento.
  4. Binomio libertad-responsabilidad. Este aprendizaje debe ser creciente y adaptado al momento vital.
  5. Dignidad. La libertad que interesa es la que nos permite pasar de ser “animales listos” a ser “personas dignas”. Debemos educar en valores y en la Justicia.
  6. Hacer proyectos y resolverlos. Debemos educar para ser capaces de anticipar y poner en práctica, para desarrollar la tenacidad, para no claudicar antes de tiempo, para ser críticos a la vez que creativos.

Y si somos capaces de todo esto contribuiremos a la felicidad de nuestras generaciones futuras que no es otra cosa que la satisfacción de tres grandes necesidades que todo ser humano tiene y que cada una por sí sola no basta:

  1. Pasarlo bien, disfrutar. Actualmente estamos intoxicando de comodidad a nuestros hijos e hijas.
  2. Vinculaciones afectivas, sociales, amorosas y de amistad. Necesitamos que estas vinculaciones sean buenas y que nos ayuden a crecer.
  3. Hacer algo que valga la pena, crear algo. Hacer algo valioso que no existía y que existe por mí (un hijo o hija, una obra, una relación, etc.). 

¿Estás dispuesto a educar en los parámetros que aquí hemos señalado?





martes, 16 de abril de 2024

Vivir la profesión desde los valores

 


El 10 de abril, en la clase de Ética cívica y profesional, 4º de Derecho Económico, contamos con una invitada de lujo, Cristina Maruri Chimeno. Su currículum es extenso y variado. Completa su Licenciatura en Derecho por la Universidad de Deusto con tres Másteres. Es Asesora jurídica de Tubos Reunidos Group, S.L.U, grupo siderúrgico con una plantilla de 1.500 personas, desde hace más de treinta años. Autora de novela, poesía y relato corto. Colaboradora de El Correo y La Vanguardia. Conferenciante, fotógrafa. Activista social, Embajadora del Fair Saturday y cofundadora del Orfanato Lights of Kazinga (Uganda). [Para más información, ver entrevista]

Cristina comenzó su intervención con toda una Declaración: “Estoy aquí porque vivo de aprender. Quiero dialogar con vosotros, vosotras, vosotres, y aprender”.  Lanzó, y respondió desde su perspectiva, tres poderosas preguntas que conectan profundamente con el sentido de la profesión y el proyecto personal de vida: 1. ¿Por qué estudiáis Derecho? 2. ¿Para qué estudiáis Derecho? 3. ¿Cómo queréis organizar vuestra vida? ¿Qué parte queréis dedicar a la profesión?

A partir de ahí, respondió a las preguntas que le planteó la audiencia, y compartió dilemas éticos a los que se ha enfrentado en su ejercicio profesional y reflexiones muy interesantes:

“Si llevo más de treinta años en la empresa es porque, aunque he conocido 17 presidentes diferentes, nadie ha podido decir que he hecho algo que no era adecuado, que no era correcto”.

“Si ahora tuviera que elegir profesión me fijaría en mí. La elección de la profesión es como la elección de pareja, nadie te puede condicionar. Pero es importante conocerse bien y no mentirse… Cada persona es única y no hay que copiar a nadie”.

“He podido compaginar la profesión con otros proyectos con orden y previsión y diciendo que no a algunas propuestas. Esto es imprescindible para poder meter tanta vida a mis días como quiero (…) Procuro disfrutar de la vida. Sólo tengo miedo a la enfermedad, a la pérdida de mis seres queridos y a hacer algo que me haga daño a mí o a los demás”.

“No me considero una persona de éxito, sólo una persona que va ganando cotas de libertad, de ser y hacer lo que quiere. El éxito viene dado por ser feliz, por sentirte bien contigo misma”.

“Un puesto de confianza conlleva mucha soledad en muchos momentos... A mí me ha salvado mi rebeldía y mi amor propio… He vivido en primera persona lo que es que un jefe haga todo lo posible por que te vayas”.

“Parto de la base de que ayudar es una responsabilidad. Quienes tenemos oportunidades tenemos que ayudar a quienes no las tienen”.

Grandes aprendizajes de una vida intensa, con sentido y valores.


martes, 21 de marzo de 2023

Brújula para una buena vida

 En mayo de 2022 veía la luz mi primer libro en solitario, Brújula para una buena vida, el proyecto que había estado en mi mente y mi corazón durante muchos años. Como escribía en la introducción:


“Recuerdo que cuando nació mi primer hijo y estaba en el hospital, lo miraba y una pregunta no paraba de dar vueltas en mi cabeza… ¿Dónde está el libro de instrucciones? Además de un amor y una ternura que me desbordaban, me invadían muchas emociones: vértigo, miedo, desasosiego, desconcierto, inquietud… No me atrevía a hablar abiertamente con mi madre y otras personas adultas, que, por otro lado, no paraban de decirme qué debía hacer o dejar de hacer.

 

Este libro está escrito para y por mis hijos, Xabier y Ander. Tengo la ilusión de que lo lean algún día. Me hubiera gustado escribirlo antes de que nacieran, pero creo que es

mucho más rico ahora que he recorrido un largo camino educándolos y he tropezado en muchas piedras. Hay una gran preocupación que ha estado presente desde el día en

que nacieron: que sean buenas personas. Si cualquiera me pregunta qué quiero para mis hijos, esa es la respuesta”.

 

Y unos meses después, se cumplía otro sueño, presentarlo con mi hijo mayor, Xabier. Siempre le había dicho a Marisa Amigo, compañera de la universidad, la envidia que me daba verla presentar sus libros de cuentos para niños con su hijo, Jaime Cuenca (quien fue alumno mío, uno de los mejores que he tenido). Además, entre el público mi otro hijo, Ander, mi sobrino Ion Najarro Aragoneses, a quien le encargué las ilustraciones para la portada y el interior del libro, mi marido, mi cuñada y muchas personas amigas y conocidas. Dejo aquí el vídeo de la presentación…



Referencias

  • Aranzazu Echaniz Barrondo (2023, 21 marzo). Presentación del libro Brújula para una buena vida Arantza Echaniz 11 00 GMT+1 [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=TiDABYz-snI
  • Echaniz, Arantza (2022). Brújula para una buena vida. Madrid: Ciudad Nueva

martes, 27 de julio de 2021

¿Es posible un gobierno sin corrupción?

 

[Elaborado a partir de la intervención en el debate con el mismo título organizado por el Centro de Pensamiento Verde (Colombia) el 17 de junio de 2021. Publicado previamente aquí]


En primer lugar voy a clarificar el lugar desde el que voy a hacer mi intervención. Voy a hablar  desde la experiencia como docente durante más de veinte años de la asignatura “Ética cívica y  profesional”,  presente  en  todos  los  grados  de  la  Universidad  de  Deusto,  universidad  jesuita  fundada en 1886 en Bilbao (ciudad del País Vasco, en el Norte de España).

Una primera idea que suelo trasladar al alumnado es que para actuar éticamente en primer lugar  hay que distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Pero eso solo no basta. Hay que  elegir hacer lo que está bien. En muchas ocasiones realizamos acciones que sabemos que están mal, que  no  son correctas y  somos conscientes  de las consecuencias que  pueden  tener, que  pueden ser incluso de tipo penal. Como señala la filósofa Victoria Camps “¿Por qué es tan difícil  que la ley moral dirija efectivamente nuestras vidas? ¿Por qué, entre las numerosas razones que condicionan  la  conducta,  las  razones  éticas  cuentan  tan  poco?  Hay  una  respuesta  sencilla  y  rápida a estas preguntas y es la siguiente: no basta conocer el bien, hay que desearlo; no basta  conocer el mal, hay que despreciarlo. Si la respuesta no es equivocada, de ella se deduce que el  deseo  y  el  desprecio,  el  gusto  y  el  disgusto  son  tan  esenciales  para  la  formación  de  la  personalidad moral corno lo es la destreza en el razonamiento” (Camps, 2011, p. 13). Como bien  señala  el  Dr.  Jonatan  Caro  hay  mucha  diferencia  entre  ser  ético,  parecerlo  y  sentirlo (Universidad de Deusto, 2020). [Animo también a ver el vídeo de la Dra. Begoña Arrieta en el que se  explican dos conceptos diferentes, pero relacionados: ética y moral (Universidad de Deusto, 2021)].

Otro elemento importante a tener en cuenta es que cuando hablamos de ética, hablamos no de  cómo las cosas son, sino de cómo deberían ser. Es evidente que vemos muchas situaciones que  van en contra de la ética, muchas personas que no cumplen las normas, pero eso no justifica  que actuemos mal. Hace muchos años en una conferencia escuché una frase que he convertido  en un lema de vida: “El bien es bien, aunque nadie lo practique; el mal es mal, aunque todos lo  hagan”. Además, siempre nos movemos en dos, por así decirlo, niveles: 1. Ética objetiva, los  principios generales, universales, válidos para  todas las personas que habrá que aplicar a las  situaciones concretas; 2. Ética subjetiva. Los principios los tienen que aplicar las personas (por  eso  subjetiva,  de  sujeto).  Desde  este  punto  de  vista  la  conciencia  es  la  instancia  última  de  moralidad. Lo que determina que actuemos bien es que actuemos conforme el juicio de nuestra  conciencia. Si hacemos lo que nuestra conciencia nos dice estamos actuando bien, y si vamos en  contra estamos actuando mal. Por eso es fundamental formar y fundamentar nuestra conciencia  para integrar los principios y normas de la ética objetiva.  

Arantza Echaniz Barrondo es profesora en materias de Economía, Empresa, Ética y Comunicación, entre otras, en la Universidad de Deusto (España). Asimismo, es Coordinadora del Grado en Turismo y Coordinadora de Innovación Docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas.. Pertenece al equipo de investigación EDISPe (Desarrollo Social, Economía e Innovación para las personas). Colabora habitualmente en las tertulias de Radio Popular, es coordinadora y coautora del Blog de Inteligencia Emocional de Eitb (Radio Televisión Vasca) y es Asesora externa de la Comisión de Ética y Buen Gobierno del Ayuntamiento de Bilbao.

Con todo lo anterior quiero insistir en la importancia de la formación ética ya que la ciudadanía  elige a sus gobernantes y estos influyen en la ciudadanía y son modelo de actuación. Como  2  señalan (Benedicto y Morán, 2002, p.6): “el funcionamiento de la ciudadanía no es una cuestión  que  solo interesa a intelectuales y especialistas en la materia,  sino que  debe incorporarse al  debate político, dada su trascendencia en múltiples aspectos de la vida social y la disparidad de  enfoques que existen sobre el mismo”. La corrupción deteriora las instituciones y las sociedades  y sus efectos son malos para la ciudadanía y muy difíciles de revertir. Cabría preguntarse por  qué,  entonces,  la  ciudadanía  no  siempre  sanciona  la  corrupción. Parece  que  hay  diversas  razones: 1) desconocimiento de dicha corrupción; 2) sesgo político del votante (doble rasero de  medida entre lo que hacen los “míos” y los “otros”); 3) consideración de la misma como un mal  menor  (hay  corrupción,  pero  al  menos  se  hacen  cosas  por  la  sociedad);  4)  clientelismo,  amiguismo, es decir, compra/venta de favores indebidos (Jiménez González y García Galindo,  2020). 

Un pequeño apunte sobre la corrupción. Cuando se habla de ética de las profesiones se hace  una  distinción  entre  bien  interno  y  bienes  externos.  “Las  categorías  de  bien  interno  y  bien  externo se las debemos a MacIntyre. El contexto de dicha distinción se sitúa dentro de lo que él  llama  “práctica”  (“cualquier  forma  coherente  y  compleja  de  actividad  humana  cooperativa,  establecida socialmente, mediante la cual se realizan los bienes inherentes a la misma mientras  se intenta lograr los modelos de excelencia que le son apropiados a esa forma de actividad”).  Bien interno hace referencia a la realización del bien intrínseco de la profesión: hacer el bien.  Bienes  externos  son  aquellos  beneficios  extrínsecos  y  adicionales  de  la  profesión (enriquecimiento,  reconocimiento, etc.).  Cuando  prima el  segundo  sobre el  primero  se  da la  corrupción. Existe la tentación permanente de dar prioridad a los bienes externos. Cuando esto  ocurre se desvirtúa el ejercicio profesional” (Echaniz y Pagola, 2004, p. 77). El bien interno de  una  profesión  es  aquello  único,  esencial,  valioso  que  legitima  la  profesión  y  le  da  sentido.  Podríamos decir que el bien interno de la profesión política, de forma genérica, es la gestión  de  lo  público  y  del  bien  común  atendiendo  al  principio  de  justicia.  “La  corrupción  política,  entendida  como  utilización  espuria,  por  parte  del  gobernante,  de  potestades  públicas,  en  beneficio propio o de terceros afines y en perjuicio del interés general, es un mal canceroso que vive en simbiosis con el sistema democrático, a pesar de ser teóricamente incompatible con el  mismo,  y  que  debe  preocupar  muy  seriamente  a  todos  los  demócratas,  ya  que  corroe  los  cimientos de la democracia, en tanto que elimina la obligada distinción entre bien público y bien  privado,  característica  de  cualquier  régimen  liberal  y  democrático”  (Urquiza,  José  Manuel,  2018). Es importante señalar que existe corrupción en todos los ámbitos de la vida y en todos  los niveles. Normalmente la corrupción empieza a una escala pequeña y en la medida que no se  conoce o no se sanciona se va ampliando.  

Hace unos años leí un interesante libro en el que su autor, Gelinier (1991), presentaba los que a  su entender eran los “Factores para organizar la ética empresarial”. En primer lugar, señalaba la  importancia  de Desarrollar ética personal y  reconocida de los  dirigentes. La integridad de las  personas en puestos de dirección, por un lado, condiciona la actuación de las personas a su cargo  y,  por  otro,  se  refleja  en  las  decisiones  y  actuaciones.  La  integridad  exige  un  alto  grado  de  desarrollo personal y que se muestre y demuestre en el actuar diario. Un segundo factor sería  Conjugar ética y estrategia. Insiste mucho en la idea de que ética y estrategia no son opuestas,  sino  que  se  complementan.  Al  formular  la  estrategia  se  tienen  que  tener  presentes  dos  vertientes:  Prohibiciones  (hay  que  dejar  claro  qué  acciones  no  están  en  consonancia  con  la  misión,  visión  y  valores  de  la  organización)  y  también  es  muy  importante  señalar  valores  positivos con los que la organización se compromete. En último lugar destaca la necesidad de  Organizar la ética interna de la empresa. El objetivo de esto es prevenir fallos éticos, evitar la  corrupción de la organización. Para ello anima a elaborar una Carta Ética  (o también llamado  3  Código Ético o Código de conducta) que debería incorporar los siguientes elementos clave: 1) El  compromiso firme de la dirección; 2) Reglas éticas, normas y principios a seguir; 3) Mecanismos  para la detección de  fallos y 4) Sanciones ejemplares y disuasorias. De aquí se podrían sacar  algunas interesantes conclusiones para el ámbito de la política. Es fundamental garantizar la  integridad de la clase política, tanto en el momento de la elección, como durante el ejercicio de  los cargos. Debe haber un compromiso institucional para perseguir y sancionar la corrupción.  Una  herramienta  que  puede  ser  útil  son los  códigos éticos. Es  importante  que en la  función  pública existan normas claras,  transparentes y que  se apliquen para evitar la corrupción y el  deterioro de las instituciones. Un ejemplo de código de este tipo sería el Código de Conducta,  Buen  Gobierno  y  compromiso  con  la  Calidad  Institucional  del  Ayuntamiento  de  Bilbao,  que  conozco por mi pertenencia a la Comisión Ética de dicho ayuntamiento.  

Me  gustaría  terminar  con  una  llamada  a  la  ética,  como  vía  para  evitar  la  corrupción.  Y  si  todavía alguien se pregunta para qué sirve  responderé con unas palabras de Adela Cortina  (2013, p.178): “Para aprender a apostar por una vida  feliz, por una vida buena que integra  como  un  sobreentendido las  exigencias  de la justicia y abre  el  camino a la  esperanza”. [En  Echaniz Barrondo (2014) se puede leer una pequeña recensión sobre el mencionado libro].

Referencias

lunes, 30 de noviembre de 2020

Educar es…

 

[He publicado esta entrada el 30.11.20 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

En lo últimos días han confluido dos hechos que me inspiran esta reflexión. Por un lado, he asistido al seminario “Diálogos sobre pedagogía ignaciana” impartido por el Rector de la Universidad de Deusto, José María Guibert, e inspirado en su último libro. Por otro, una conversación con una amiga que me contaba la situación que había vivido su hijo adolescente en el colegio y el desasosiego e indignación que le producía. 

Empiezo por esto último. Clase de gimnasia, 2º ESO, 13 años, hormonas revolucionadas, espacio algo más relajado que el aula cotidiana… Niños y niñas están corriendo siguiendo las indicaciones del profesor. El hijo de mi amiga va a la par que su amigo del alma. Seguramente no están concentrados al 100%... ¿Quién no se acuerda de las tonterías que se hacían con esa edad en cualquier contexto? El profesor detiene la clase, les increpa que no se están tomando en serio la actividad y les ordena lo siguiente: Tienen que correr persiguiéndose el uno al otro; quien alcance al otro se libra del castigo; y quien ‘pierda’ tendrá que quedarse el viernes por la tarde haciendo una tarea… Empiezan a correr. El resto de la clase jalea a los corredores. Al final, el hijo de mi amiga alcanza a su mejor amigo. ¿Se puede decir que ha ganado? ¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente su amigo? ¿Qué es lo que ha aprendido? ¿Qué es lo que ha aprendido el resto de la clase?

No es difícil ponerse en la piel del hijo de mi amiga… Sentía desconcierto (¿qué es lo que me está diciendo? ¿por qué tengo que hacer esto?); vergüenza y humillación (la situación recuerda a una escena del Circo romano); rabia y frustración por tener que hacer algo que puede dañar a su amigo y a la relación; impotencia por verse obligado a cumplir unas órdenes difíciles de comprender, pero que de no cumplirlas podrían interpretarse como insubordinación; pena por saber que su amigo es menos rápido y va a ser él quien le atrape… Y todo esto ¿para qué? ¿Cuál es la intención educativa de esto?

Esto me lleva al libro de Guibert (2020, p.9) que comienza así: “Con este libro quiero presentar una reflexión sobre una de las actividades más nobles que existen en la humanidad: la educación. Preocuparse por el que no sabe, ayudarle a aprender y a crecer en su entorno, generar caminos de emancipación y de construcción compartida de la personalidad, acompañar senderos de discernimiento y maduración, etc. o cualquier rasgo que elijamos para describir la actividad educativa, son hitos preciosos que tocan lo más hondo de la fibra humana”. La labor de un docente es contribuir a la formación integral de las personas que tiene a su cargo, y va mucho más allá de transmitir unos conocimientos (en eso internet supera a cualquiera). Es preparar para la vida en todas sus dimensiones. “El deseo de hacer bien al educando y el amor a esa persona deben marcar o iluminar la acción educativa” (Guibert, 2020, p 11). Esta es una clave fundamental, la labor educativa debe estar inspirada en el amor. Puede resultar chocante hablar de amor en este contexto, pero es básico. En mi despacho tengo una lámina con la imagen que abre esta entrada y que me recuerda cada día que las huellas que debo dejar son huellas de amor; y las dejo con lo que digo y lo que hago.

Me gustaría terminar con la cita con la que abre su libro Guibert (2020) y que pertenece al Padre General de la Compañía de Jesús:

“La educación es un factor de desarrollo humano a través del cual se persiguen la justicia social, la reconciliación entre los seres humanos y con el medio ambiente, se promueve la paz y se detiene la violencia; se abren horizontes universales y trascendentes. Un ser humano educado sabe situar sus metas personales dentro de la búsqueda del bien común” Arturo Sosa, SJ

Cada educador, cada educadora tenemos una gran responsabilidad… Somos “guardianes de la llama”…

Bibliografía:

  • Guibert, José María, SJ (2020). Para comprender la pedagogía Ignaciana. Bilbao: Mensajero


lunes, 14 de septiembre de 2020

Educa la tribu

 

[He publicado esta entrada el 14.09.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

El sábado 12, escuché una entrevista a Francesco Tonucci, reconocido pedagogo y dibujante cuyo pseudónimo es Frato, en la que le preguntaban por qué defiende que si los niños salen a la calle, ésta es más segura. Reproduzco su respuesta: “Los niños tienen esta capacidad de obligar a los adultos que se encuentran a hacerse cargo de ellos. Es que, a pesar de malos que somos, queremos a los niños”. Basa su respuesta en la experiencia comprobada en barrios marginales de Buenos Aires, a principios de los 2000. Allí donde los niños iban solos a la escuela la criminalidad bajaba a la mitad. La presencia de los niños en la calle no solo es “simpática, bella… consigue efectos que no se conseguirían ni con más policía ni con cámaras”. Tonucci es el creador del proyecto La ciudad de los niños, que tiene una red internacional en la que participan más de 100 ciudades en todo el mundo.   [Para escuchar esta parte de la entrevista pinchar aquí, a partir de 24’50’’].

He de reconocer que las palabras de Tonucci me conectaron, automáticamente, con una experiencia cotidiana. No siempre cruzo los semáforos en verde para peatones, pero el hecho de que haya un niño suele ser un freno para no hacerlo. Siempre me acuerdo del día que mi amigo Roge me preguntó cómo se pueden transmitir valores y yo le dije que se enseñan en la práctica, con el ejemplo. Los valores no se cuentan, se practican. Mis hechos hablan más alto de mis valores que mis palabras. El problema es que no hay una única fuente de influencia. Todas las personas tenemos múltiples influencias: nuestra historia, nuestros educadores, nuestros mayores, nuestros iguales, los medios de comunicación, las redes sociales, etc.

Resultan muy esclarecedoras las palabras de otro gran educador, José Antonio Marina: “Ni los padres, ni los docentes, ni siquiera la unión de las familias y las escuelas puede educar. Es la sociedad entera la que continuamente está educando - bien o mal - a través de interacciones múltiples y de múltiples canales. Por esta razón intento poner en funcionamiento una movilización educativa de la sociedad, que tiene dos lemas principales. El primero es un proverbio africano que dice: ‘Para educar a un niño, hace falta la tribu entera’. El siguiente, añade: ‘Para educar bien a un niño, hace falta una buena tribu’. Queremos explicar a los adultos que consciente o inconscientemente están transmitiendo a los niños y jóvenes patrones de conducta, cuyas consecuencias, después, van a horrorizarlos. Estamos intoxicando a nuestros jóvenes de irresponsabilidad, estamos dándoles una imagen del ‘todo vale’, de ‘coge el dinero y corre’, de ‘a vivir, que son dos días’”.

Ahora que estamos en el inicio de un curso extraño, complejo, con muchas incertidumbres en el que la responsabilidad individual y grupal son vitales para avanzar en la solución me surgen muchas preguntas: ¿Qué están viendo los niños y niñas? ¿Qué imagen estamos dando los adultos, y también los jóvenes? ¿Qué transmiten los y las responsables de todos los ámbitos? ¿Estamos siendo una buena tribu?



sábado, 21 de marzo de 2020

Mujeres y cooperativismo vasco mirando hacia Europa: construir una agenda compartida


El pasado el 10 de marzo, en el marco de la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto, el equipo de investigación EDISPe (Desarrollo Social, Economía e Innovación para las Personas ) y la Cátedra europea Jean Monet EUCLIPE (European Union Economic and Legal Integration for People), organizamos el evento: Mujeres y cooperativismo vasco mirando hacia Europa: construir una agenda compartida. El objetivo del mismo era “aglutinar a un colectivo con participación equilibrada de investigadoras y de cooperativistas vascas para co-construir una agenda de las temáticas relevantes en esta cuestión, consensuando una priorización que se convierta en la hoja de ruta de un Seminario Permanente Mujer y Cooperativas Vascas”. Contamos con una ponencia marco, con dos invitadas excepcionales, y después realizamos una dinámica de grupo para co-construir la agenda. Voy a compartir aquí algunas de las ideas que recogimos.

Malena Riudavents Suárez, Vicepresidenta de COCETA (Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado) y miembro del Comité de Equidad de Género de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI),  destacó el hecho de que las mujeres en las cooperativas están en una posición mejor que en otras organizaciones ya que la igualdad está en el ADN del cooperativismo. “Estamos ante una fotografía difícil de ver en otras organizaciones”. Explicó cómo desde el Departamento de Mujer de COCETA se está trabajando en 3 vertientes: 1) Creación de empleo (con foco especial en atender a mujeres para salir de la economía sumergida); 2) Condiciones de trabajo, que benefician a todas las personas; 3) Participación en la gestión, para incorporar la mirada de las mujeres. En 2019 publicaron el estudio Las mujeres en las cooperativas de trabajo. Me quedo con una frase que dijo: “Las mujeres dan poder a las cooperativas y las cooperativas dan poder a las mujeres”.

Paloma Arroyo Sánchez, Directora de COCETA, nos recordó dos pensamientos de Don José María de Arizmendiarrieta (alma del movimiento cooperativo de Mondragón) que invitan a la reflexión:
"La posición de la mujer es, en toda sociedad,
la medida exacta de su nivel de desarrollo" (066)

"El mundo no se nos ha dado para contemplarlo,
sino para transformarlo" (235)
Así mismo, insistió en que las cooperativas son un modelo empresarial, no un modelo residual para aquellas personas que no tienen otra forma de integrarse. Son la piedra angular de otro modelo que ya existe: la Economía Social y Solidaria. Además, es una fórmula en la que se concilia más y en la que las condiciones laborales son mejores para todas las personas.

Compartió un sueño, una visión, muchas mujeres en las cooperativas tomando decisiones y cambiando la sociedad. Para conseguir que las mujeres lleguen a esos ámbitos de poder, en palabras de Paloma “igual hay que transgredir un poco, la democracia no tiene por qué ser un absoluto”.
Si tuviera que resumir lo vivido diría 3 palabras: Ilusión, compromiso y orgullo. Nos reunimos mujeres ilusionadas con el cooperativismo, orgullosas de sus valores y comprometidas con impregnar la sociedad de los valores cooperativos y empoderar a otras mujeres.

Fue un bonito ejercicio de sororidad. Una llamada a la transformación. Una declaración, un compromiso por juntas conseguir hacer del mundo un lugar mejor para todas las personas. Continuará…



sábado, 21 de diciembre de 2019

Economía Solidaria para transformar nuestro mundo

El 19 de diciembre asistí a la presentación de la Guía Didáctica "Economía solidaria: transformar la economía para transformar nuestro mundo" elaborada por REAS Euskadi, red de economía alternativa y solidaria. Esta guía consta de dos libros bilingües (euskera y castellano): Propuesta de contenidos, a cargo de Carlos Askunze Elizaga, que trata de contribuir a un relato alternativo (no es un manual académico). Y Propuesta didáctica, a cargo de Pepe Ruiz Osorio y Vane Calero Blanco (de Sorkin), que plantea actividades concretas partiendo de la propuesta de sostenibilidad de la vida. Los materiales son de licencia libre y estarán disponibles en breve, además de en papel, en formato electrónico.

Carlos Askunze comenzó la presentación con una cita de César Rendueles con la que quería ilustrar cuál ha sido el éxito del capitalismo, que se ha convertido en algo más que un modelo de producción. Su éxito ha sido el impregnarlo todo y hacernos creer que no existe alternativa. La alternativa está en la Economía Solidaria. Habló del curso online gratuito de 6 módulos que tiene REAS de Economía Social y Solidaria. [para saber más clicar aquí].

Las claves de la guía que se presentaba son: repensar (desde la ecología, el feminismo, la justicia social, el bien común, el decrecimiento, etc.), educar (para poder contar con personas concienciadas y con espíritu crítico) y construir otra economía (personas educadas y concienciadas, trabajando de forma colaborativa, pueden transformar el mundo en que vivimos).

En cuanto a los contenidos, se ha partido de una mirada no neutral centrada en los límites del modelo actual, tanto sociales como medioambientales, para afirmar que existe otra forma de hacer las cosas: la Economía Social y Solidaria. Y se presentan y visibilizan prácticas concretas que se están dando dentro del territorio: finanzas éticas, empleo y modos de construir empresas de otra forma, relaciones económicas alternativas, economía comunitaria (relaciones comunitarias, mercados de trueque, moneda local, bancos de tiempo, etc.).

En cuanto a las actividades, todas tienen una estructura parecida: introducción, objetivos didácticos, tiempo y recursos necesarios, metodología (que es variada: visionado de vídeos, juegos de rol, etc.) y desarrollo. En algunas se incluyen o sugieren materiales de apoyo, así como se proponen variantes de las mismas.

Contribuyamos a repensar, educar y construir otra economía para transformar nuestro mundo…


lunes, 7 de mayo de 2018

¡Tropezar no es malo! ¡Y caer no es peor!

[He publicado esta entrada el 07.05.2018 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

El pasado 24 de abril di una charla para el AMPA de un colegio que llevaba por título el que encabeza esta entrada. El mensaje central de la misma fue que no hay que tener miedo al error, al fracaso, ya que es lo que nos hace crecer y fortalecernos. Hay que aprender de los errores y de la frustración que nos genera no conseguir algo a la primera o tras varios intentos. Así se trabaja la resiliencia, la capacidad de salir reforzado de las dificultades.

Preparando la charla me encontré con un titular que da qué pensar: “Si su hijo pertenece a la Generación F (de flojos), la culpa es de usted”. Muchas veces los padres y madres sobreprotegemos a nuestros hijos e hijas, queremos evitarles sufrimientos y lo que les estamos haciendo es impacientes, intolerantes, poco flexibles, tendentes a la radicalidad, con baja tolerancia a la frustración… Les mantenemos dentro de una burbuja de cuidados que es irreal y puede ser dañina. Lejos de prepararles para el mundo les hacemos creer que son tan especiales que son muy frágiles. Muchos se sienten y actúan como si fueran el ‘centro del universo’. Es muy buena una parodia que hay en la red de una entrevista de trabajo a una millenial.

En el portal Faros dan algunas pautas que aquí releemos para desarrollar el hábito, la actitud, de tolerar la frustración que es como un músculo, se desarrolla con el ejercicio:
  • Dar ejemplo. Nuestros hijos e hijas aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Si nosotros actuamos con impaciencia o intolerancia ¿qué podemos esperar?
  • No darles todo hecho. Muchas veces es más fácil y rápido darles las cosas hechas pero así no les dejamos aprender. A mí me suele gustar decir que no hay otra forma de aprender responsabilidad que en la práctica. Libertad y responsabilidad son las dos caras de la misma moneda.
  • Educarles en la cultura del esfuerzo. Valoramos más aquello que nos ha supuesto un esfuerzo, aquello que hemos ‘sudado’. Cuando las cosas nos vienen dadas, ‘regaladas’, no siempre valoramos lo que suponen.
  • No excusarles permanentemente. Recuerdo que cuando mis hijos eran más pequeños en más de una ocasión me han pedido que les hiciera un justificante por una falta o por una tarea no realizada. En eso he solido ser tajante: “No, es tu responsabilidad y eso supone que tú respondes de ello. Si no has hecho/ido, asume las consecuencias. Como dice la canción: Acción, reacción, repercusión”.
  • No ceder ante sus rabietas. Ceder a una rabieta supone que el niño o niña te ha ganado la partida, y no es un buen aprendizaje sobre cómo se logran las cosas. No puedo evitar acordarme del genial anuncio de Vicks…
  • Marcarles objetivos realistas y razonables. Los logros van generando confianza y seguridad en uno mismo. Por eso es importante que fijemos objetivos adaptados a la capacidad y madurez de nuestros hijos e hijas.
  • Convertir la frustración en aprendizaje. No hay emociones buenas o malas, todas nos dan una información importante para nuestro aprendizaje y crecimiento.
  • Enseñarles a ser perseverantes. La perseverancia es una gran virtud que forja carácter. Yo tengo una lema para mí que da nombre a mi blog personal, “Querer es Poder, Creer es crear”. Hay que tropezar y levantarse muchas veces para hacer algunos aprendizajes fundamentales.
  • Enseñar a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca. La clave de la inteligencia emocional, parafraseando a Mayer y Salovey, está en Identificar, Comprender, Usar y Regular las emociones propias y ajenas.
  • Enseñar al niño cuándo debe pedir ayuda. Es muy bueno hacer las cosas por uno mismo, ser autónomo; pero también es muy importante saber cuándo pedir ayuda porque nosotros solos no podemos enfrentar una situación o problema.
  • Enseñarle técnicas de relajación. Saber acallar el cuerpo y la mente es de gran ayuda cuando nos encontramos ante una situación adversa. Nos ayuda a pensar y actuar con mucha más claridad y serenidad.
Como educadores el gran legado que podemos dejar a nuestros hijos e hijas son raíces y alas. Nuestro amor incondicional y los valores que les transmitamos les servirán de ancla pero sin expandir sus alas no podrán seguir su propio camino.

Para terminar un extracto de una conferencia de Carles Capdevilla en el que nos habla de Educar con cinco sentidos (1. Sentido común; 2. Sentido del ridículo; 3. Sentido del deber / responsabilidad; 4. Sentido moral y 5. Sentido del humor).