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domingo, 8 de marzo de 2026

Dale espacio a la igualdad

Con ocasión de la celebración del 8 de marzo, "Día Internacional de las Mujeres", Emakunde —Instituto Vasco de la Mujer— junto con las tres diputaciones forales y EUDEL —Asociación de Municipios Vascos— han lanzado una campaña de sensibilización con el lema: "Dale espacio a la igualdad (Emakunde, 2026). Sigamos ganando terreno para los derechos de las mujeres en todos los ámbitos". Es importante recordar(nos) que hay que seguir trabajando por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, que el terreno ganado es frágil y que no hay que bajar la guardia. Además, el retroceso de algunas es un gran paso atrás para todas, para la humanidad en su conjunto.

El lema elegido por ONU Mujeres en 2026 para esta fecha es: “Derechos. Justicia. Acción. Por y para todas” y con él hace un llamamiento “adoptar medidas urgentes y decididas para poner fin a la impunidad, defender el Estado de derecho y lograr la igualdad —en la ley, en la práctica y en todos los ámbitos de la vida— para todas las mujeres y niñas” (ONU Mujeres, 2026).

Como señala el reciente informe del Secretario General de la ONU: “En comparación con los hombres, las mujeres de todo el mundo se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a la justicia en casi el 70 % de los países encuestados. Con frecuencia, la infraestructura de la justicia no defiende los derechos de las mujeres y las niñas, que afrontan dificultades como las leyes discriminatorias, los mecanismos de justicia inaccesibles, la escasa aplicación y las normas restrictivas y patriarcales. Los errores de la justicia que amenazan la vida de las mujeres y las niñas suelen gozar de impunidad y verse perpetuados por ella. A nivel mundial, las mujeres gozan del 64 % de los derechos que tienen los hombres, ya que siguen prevaleciendo los marcos jurídicos discriminatorios” (Naciones Unidas, 2026, puntos 8 y 9).

En clase de Ética cívica y profesional, cuando trabajamos los Derechos Humanos, me suele gustar dedicar una actividad a reflexionar sobre los privilegios, la interseccionalidad, la meritocracia y la acción positiva. Cuando acabamos la actividad les suelo hablar del Informe Global sobre la Brecha de Género (Foro Económico Mundial, s.f) que se publica cada año y da información sobre cuánto falta para que se dé la equidad de género. El Índice de Brecha de Género incluye 4 dimensiones: 1) Participación y oportunidades económicas, 2) nivel educativo, 3) salud y supervivencia, y 4) empoderamiento político. En la siguiente tabla se recogen dos datos de los informes publicados entre 2017 y 2025.

 

2017

2018

2019

2020

2021

2022

2023

2024

2025

La brecha de género se ha cerrado en un…

68%

68%

--

68,6%

67,7%

68,1%

68,4%

68,5%

68%

Años que faltan para la paridad de género

100

108

--

99,5

135,6

132

131

134

123

Elaborado a partir de los Informes Globales de Brecha de Género (Foro Económico Mundial, s.f.)

Esta información siempre le sorprende al alumnado, especialmente a las mujeres. En el informe del año 2025 se habla de que la brecha se ha cerrado en un 68% y que faltan 123 años para alcanzar la equidad de género. Eso supone que muchas generaciones no la van a conocer. Es importante resaltar que existe mucha variación en el número de años entre regiones: Asia central 208, Oriente medio y norte de África 185, Asia oriental y el Pacífico 179, Asia meridional 138, África subsahariana 107, América del Norte 89, Europa 76 y Latinoamérica y el Caribe 57.

Es fundamental dar espacio a la igualdad y ganar terreno a los derechos de mujeres y niñas en todos los ámbitos de la vida. Parafraseando las palabras de Teresa Laespada, Diputada Foral del Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad en Bizkaia, en la Gala de los Premios Zirgari 2026, trabajar por el avance de la igualdad es una deuda moral y política con la vida.

 

Referencias


viernes, 19 de diciembre de 2025

De víctima a activista

 [QUIÉN SOY] “Fui puta. Fui víctima. Fui un ser inocente cuyos derechos fueron vulnerados por miles de hombres, con el amparo de los estados. Ya no soy víctima. Porque ser víctima NO es un estado mental y social permanente e irreversible. Porque de serlo, de nada servirían la prevención, reparación y protección. Fui niña. Soy mujer” (p.18)

[QUÉ QUIERO] “Quiero dejar de ser la víctima, la superviviente, la violada, la exprostituta, la puta, la rumana que da su testimonio. Ser objeto de análisis tras ser objeto de consumo te mantiene como objeto de deseo. Quiero ser sujeto” (p.20) (*1)

[QUÉ NECESITO] “Valor, tiempo y capacidad reflexiva. Solo tres cosas. Pero de manera bidireccional” (p.21)

El pasado 30 de noviembre asistí a la conferencia de Amelia Tiganus —activista y conferenciante contra la explotación sexual— organizada por Espäcio Regäderä, cuyo título hace alusión a su último libro, La revuelta de las putas. De víctima a activista, del que lleva vendidos 50.000 ejemplares —va por la 10ª reimpresión, algo poco usual para un libro feminista—. Existe una versión en cómic inspirada en su historia, AMELIA. Historia de una lucha. He leído con mucho interés el libro y voy a compartir aquí algunas ideas de la charla que completaré con citas textuales.

Hay algunos datos que dan mucho que pensar. España es el país más putero de Europa y el tercero en el mundo. La industria de la explotación sexual: pornografía, trata, sugar dating (*2), prostitución, etc. mueve más dinero que las armas y las drogas.

Existen diferentes modelos ideológicos ante la prostitución. Entre ellos los principales serían: 1) El prohibicionista, que invisibiliza el problema y culpabiliza y castiga a las víctimas (p. ej., Rumanía); 2) El regulacionista, también llamado prosex o proderechos, que habla de trabajadoras sexuales y reclama derechos, desviando el foco del propio sistema (p. ej., Alemania y Países Bajos); y 3) El abolicionista, que habla de mujeres en situación de prostitución, lo que resalta el hecho de que es una cuestión de género y que es reversible (p. ej., Suecia, Noruega y Francia). Busca prevenir, proteger y reparar a las víctimas, así como castigar tanto a los proxenetas como a los puteros. [Para profundizar en los modelos, véase Molina Montero, 2018]

Amelia aboga por el último modelo, ya que el problema es el sistema prostitucional, que tiene estructura de campo de concentración y en el que todas somos prostituibles. Es un sistema conformado por: “los estados, que permiten y facilitan que esto exista; los proxenetas, considerados respetables empresarios de la noche; los pequeños y grandes negocios que se lucran directamente con la existencia de este sistema, y los puteros, el brazo ejecutor que destruye mujeres y niñas a la vez que financian y sostienen este orden patriarcal, capitalista y racista. Las mujeres son el eslabón más débil. Pero interesa mucho hacer que parezca un tema de mujeres para invisibilizar a los auténticos responsables de esta barbarie” (p.99). Existe también otro eslabón, las mamis: “Las auténticas mamis —mujeres exprostituidas— están sobre todo en la recepción y se encargan de controlar a las mujeres y hacer cumplir las normas; además, son los ojos y los oídos del proxeneta” (p.132).

La prostitución no es ni «sexo» ni «trabajo», sino violencia sexual de hombres contra mujeres” (p.152) lo que es incompatible con la dignidad humana [véase el primer párrafo del Preámbulo del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 1949 al que España se adhirió en 1962]. Los prostíbulos son campos de concentración en los que los candados son el miedo, las amenazas, sobre la propia vida o las de los seres queridos. Hay un perfil bastante extendido de la víctima de este mundo: “mujer, joven, inmigrante, con grandes responsabilidades familiares, en situación de vulnerabilidad y exclusión social, con gran precariedad económica, en ocasiones con dificultades con el idioma, que sufre una gran movilidad y un gran desconocimiento de los derechos y (los insuficientes) recursos existentes” (p.182). Y la única vía de escape son los verdugos, los puteros.

Amelia explica que, en su experiencia, se ha encontrado con distintos tipos de puteros: 1) El putero majo, “para mí, uno de los peores maltratadores. Estos iban de buenos y me hacían preguntas, me contaban cosas (…) quieren comprar aquello que ni las putas vendemos: las caricias, el cariño, la ternura, los abrazos sinceros, los besos de amor... Lo quieren todo por un miserable billete” (p.112); 2) El putero macho “que piensa que su masculinidad, su valor como hombre, tiene que ver con la cantidad de mujeres a las que penetra y a las que —en su imaginación, claro está— satisface sexualmente” (p.114); 3) El putero misógino, “es el más violento y peligroso, porque las prácticas que lleva a cabo para sentir placer dentro de su sadismo son difíciles de narrar (…) Cuanto más dolor, humillación y miedo te hacen pasar, más disfrutan” (p.114). Y añade otro perfil, “y luego están los hombres que dicen que no van de putas, sino que van de copas o que solo acompañan a sus amigos (puteros). Y yo pregunto ¿cómo te puedes divertir en un campo de concentración?” (p.115).

Amelia describe los cinco años que pasó en más de cuarenta prostíbulos con una imagen: “un reloj sin agujas. La esclavitud es una vida sin sentido del tiempo (…) En el prostíbulo pierdes tu identidad y te conviertes en una mujer en serie: intercambiable y utilizable sin medida. El campo de concentración te aliena, te despersonaliza. El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y tu cuerpo solo intenta sobrevivir. Solo hace falta imaginarse a todas las que no pueden hablar y contar este relato: las que mueren por enfermar gravemente a causa de las adicciones, los abusos y la tortura; las que son asesinadas: las víctimas de feminicidio por prostitución son las grandes olvidadas de la violencia machista” (pp.89-90). Evadirse para sobrevivir, unas relaciones frágiles entre compañeras —que se ven como rivales—, el consumo de sustancias que aparece desde el principio —se les ‘vende’ como una forma de ganar más dinero—, obligaciones y deudas contraídas —generadas por el propio sistema—, y muchas huellas profundas —entre ellas: deterioro físico, trastornos de alimentación y del sueño, aislamiento, estados depresivos, trastornos del sueño, alteraciones emocionales, ideación e intentos de suicidio— hacen muy difícil la salida de este mundo. El trauma es muy profundo. [Animo a ver el vídeo Ninguna mujer nace para puta, de Sonia Sánchez]

La charla y el libro me han cambiado la mirada y ha dado un nuevo sentido a mi compromiso feminista. “Es triste reconocer la cantidad de potencial, talento, capacidades y vidas humanas destruidas por el sistema prostitucional. Triste pero imprescindible. El patriarcado nos enferma. El capitalismo nos enferma. El feminismo es la cura a tanto sufrimiento y desigualdad. Porque el feminismo no solo salva vidas, además las dota de un profundo sentido de humanidad (…) Porque ninguna se salva sola. Nos salvamos juntas. La resiliencia tiene rostro de mujer. Y sonrisa de niña” (p.184)

(*1) NOTA – Me resultó muy significativo el testimonio de Amelia cuando contaba que en varias ocasiones le ofrecieron escribir el libro y cuando decía que no lo veía le ofrecían escribirlo por ella. Una vez más objeto que no sujeto…

(*2) NOTA – Cuando escribo en Google para comprobar la ortografía la IA me devuelve este contenido: “El ‘sugar dating’ es una relación de beneficio mutuo donde una persona, usualmente mayor y con recursos económicos (‘sugar daddy’ o ‘sugar mommy’), ofrece apoyo financiero o regalos a otra persona más joven (‘sugar baby’) a cambio de compañía, tiempo o intimidad”.  ¡Así explicado parece algo consentido y bueno!

Referencias

  • Tiganus, Amelia (2021). La revuelta de las putas. De víctima a activista. Barcelona: Sinequanon.

Páginas recomendadas

Dejo a continuación dos breves entrevistas a Amelia, una realizada por Jordi Évole (Salvados) y otra realizada por Innovandis —Programa de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Deusto— a raíz de la publicación del libro.



martes, 25 de noviembre de 2025

No podemos bajar la guardia

 

El 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Todavía hay quien se pregunta qué sentido tiene hacerlo. La respuesta está en los datos. Mientras exista violencia estructural contra las mujeres y las niñas hay que elevar la voz. “De acuerdo con los datos del Observatorio de la Violencia contra las Mujeres en Bizkaia, que integra información de la Diputación Foral y del Gobierno Vasco, hasta septiembre de 2025 la Ertzaintza registró 3.631 victimizaciones, lo que supone un 1,19 % más que en el mismo periodo del año anterior. La mayoría corresponden a violencia de pareja o expareja, seguidas de casos de violencia intrafamiliar, aunque el incremento más acusado vuelve a producirse en los ataques contra la libertad sexual, que crecen un 23,64 % respecto a 2024: de 258 casos entre enero y septiembre del año pasado a 319 en el mismo periodo de este año”. (Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad, 2025).

Por destacar un dato a nivel mundial: “Se calcula que, en todo el mundo, 840 millones de mujeres –casi una de cada tres– han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja; de violencia sexual fuera de la pareja o de ambas al menos una vez en su vida (el 30 por ciento de las mujeres de 15 años o más). Esta cifra, que no incluye el acoso sexual, se ha mantenido prácticamente sin cambios en los dos últimos decenios” (ONU Mujeres, 2025).

Este año Emakunde ha elegido como lema de la campaña del 25N: “No es solo tu problema, es el nuestro”. Esto refuerza la idea de que este no es un problema de las mujeres, sino que toda la sociedad tiene que corresponsabilizarse en acabar con esta lacra y apoyar y acompañar a quienes la sufren o la han sufrido. En palabras de su directora, Miren Elgarresta: “las mujeres lo están contando como pueden, a pesar de la dificultad de hacerlo, por lo tanto, la pelota está sobre todo en el tejado de la sociedad, que debe responder, acompañar, comprender, ayudar, atender, sentir que este no es un problema personal de unas mujeres, sino un problema social” (Emakunde, 2025).

Con las nuevas tecnologías, además, surgen nuevas formas de violencia contra las mujeres con unas consecuencias igual de graves que la no virtual. “[El Ministerio del] Interior ha identificado hasta 12 tipologías de violencia digital contra las mujeres, entre ellas el troleo sexual, la pornovenganza o el deepfake sexual (…) Aunque se produzcan online, el acoso, las amenazas, los chantajes o la difusión de imágenes íntimas sin permiso, que se utilizan para dañar, controlar o humillar a la víctima, tienen consecuencias similares a la violencia no virtual (…) provocan miedo, ansiedad, aumento de las conductas suicidas y autolesivas, sensación de pérdida de control sobre la propia imagen y graves consecuencias sociales y personales” (EFE,2025).

Recientemente he leído un artículo de una compañera del campus de San Sebastián —una lectura más que recomendable— que recuerda la violencia que sufrieron las mujeres durante el franquismo y que termina de forma contundente: “Con Franco, las mujeres no vivían mejor, no, sino que estaban sometidas, sin derechos civiles, políticos ni laborales. Solo la democracia y el feminismo han hecho avanzar la igualdad: una sociedad justa no puede permitirse olvidar su pasado” (Gutiérrez, 2025).

No podemos bajar la guardia, ni podemos minimizar este problema social. Me gusta mucho el lema: “Ni una más”. He de reconocer que en algún momento he minimizado algunas formas de violencia contra las mujeres, pero hace tiempo que he caído en la cuenta de que yo también la he sufrido. Recuerdo con 12-13 años ir camino del colegio y encontrarme con un señor que hacía tocamientos. Era tan grande la vergüenza que nunca lo conté en casa, ni a mis compañeras. No ha sido hasta ahora que le he puesto nombre. Y esta es la cara menos dura del problema… Alcemos la voz y no paremos hasta que ninguna mujer o niña la sufra.

Referencias

 

sábado, 8 de marzo de 2025

Historias que inspiran para coger la sirga

 


Este año he tenido la gran suerte de ser Jurado de los Premios Zirgari, que llevan su nombre en honor a las sirgueras de la ría de Bilbao, “aquellas mujeres trabajadoras que a finales del siglo XIX arrastraban a contracorriente las gabarras y otro tipo de embarcaciones con una cuerda o sirga desde El Abra hasta San Antón” (DFB, s/f). Y digo suerte porque me ha dado la oportunidad de conocer muchas historias inspiradoras que recuerdan la importancia y la necesidad de trabajar por la igualdad de oportunidades real, meta hacia la que lentamente vamos acercándonos, pero que parece no llegar nunca. Baste como dato lo señalado por el Foro Económico Mundial en su informe 2024 sobre la brecha de género: “Al ritmo actual de progreso, se tardará 134 años en alcanzar la plena paridad en 2158, es decir, dentro de unas cinco generaciones”. El año varía según la región del mundo, pero, de mantenerse, yo no lo veré. Además de ser lento, el avance es frágil. Lo vemos en situaciones como la pandemia en la que la brecha de género retrocedió una generación (FEM, 2021).

Afortunadamente no faltan mujeres, asociaciones y proyectos que trabajan de forma incansable por estrechar la brecha de género. Muestra de ello son las galardonadas de esta décima edición de los Premios Zirgari:

Premio Honorífico: Carmen Mijangos, “por su contribución a la investigación en química macromolecular y su incansable trabajo en favor de la igualdad en el ámbito académico y científico. Con una carrera que ha derribado barreras y ha abierto puertas a nuevas generaciones de investigadoras, Mijangos se ha convertido en un referente indiscutible en la lucha por la equidad en la ciencia” (DECSI, 2025) [ver semblanza y el discurso de Carmen Mijangos].

Premio a Entidad por la Igualdad: Mujeres con Voz (McV), “por su trabajo en la defensa de los derechos de las mujeres migradas. Su lucha contra la desigualdad estructural y su compromiso con el empoderamiento de las mujeres la han convertido en una organización esencial en el tejido social de Bizkaia” (DECSI, 2025) [ver página web y el discurso de Elizabet Gutiérrez Yax, representante de McV].

Premio a Proyecto por la Igualdad: Musika eta Zure Begirada (MZB), “innovador proyecto, impulsado por la Asociación eCivis, ha sido reconocido por su capacidad de sensibilizar a través de la música y el audiovisual. Su labor con adolescentes, a los que proporciona herramientas para cuestionar estereotipos de género y construir una sociedad libre de violencias, ha sido clave para su distinción en esta edición de los premios” (DECSI, 2025) [ver página web y el discurso de Sonia Prieto, representante de MZB].

Quiero destacar dos imágenes que me llevo de la Gala de entrega de premios por su gran fuerza evocadora. El comienzo, después de una breve presentación de Gurutze Beitia, la sala en silencio y a oscuras. Gospel Bilbao va entrando en fila y al ritmo de “Go Down Moses” (ver aquí), la voz de los esclavos y esclavas negros reclamando la dignidad, la libertad y los derechos. El final, la foto que abre esta entrada, mujeres comprometidas sujetando la sirga y caminando firmes hacia la igualdad (en mi mente al ritmo de “Go down Moses”) para todos y todas.


Referencias

Otros enlaces

lunes, 25 de noviembre de 2024

25 de noviembre: banderas rojas y banderas verdes

El titular del comunicado de prensa de ONU Mujeres con ocasión del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres no deja indiferente: “Cada diez minutos, una mujer o niña muere a manos de su pareja u otro miembro de la familia” (ONU Mujeres, 2024a). En su informe Femicidios en 2023 ONU Mujeres (2024b) señala que: “A nivel mundial, 85.000 mujeres y niñas fueron asesinadas intencionalmente en 2023”. Las noticias recientes en el Estado español sobre este tema son muy desalentadoras.

Al salir de clase me he sumado a la concentración convocada en la Universidad de Deusto, que celebra “durante toda la semana distintas actividades que este año, bajo el lema ‘Por las miles de historias calladas, alzamos nuestra voz’, están enfocadas a la violencia machista que sufren las mujeres con discapacidad” (Universidad de Deusto, 2024). Como señala la RUIGEU(2024): “Las universidades son el mejor entorno posible para generar reflexión crítica sobre lo que significa un espacio educativo seguro para las mujeres; para identificar los factores de riesgo y las formas posibles de discriminación por razón de sexo en cada uno de los distintos contextos; para diseñar e implementar campañas de sensibilización frente a la violencia; y para activar acciones comunicativas que ayuden a visibilizar las manifestaciones de violencia machista que aún hoy permanecen normalizadas”. Está claro… A mayor poder… mayor responsabilidad. 

Nada más acabar la concentración he asistido al evento Film interruptus: Tres metros sobre el cielo (Emakumeak, 2024), dinamizado por Leire Serrano y Sokoa Lasa (Espäcio Regäderä), quienes en su página de Facebook se definen como “Feministas y apasionadas de las relaciones saludables, con nosotras mismas y con los/las demás”.  En la presentación del evento Teresa Laespada Martínez, Diputada Foral del Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad, aludía a la campaña del 25N de este año de la Diputación Foral de Bizkaia (véase la foto que abre esta entrada), que habla sobre los red flags (líneas rojas) y green flags (lo permitido): “Los últimos estudios señalan el creciente rechazo de algunos hombres al feminismo y a los avances en materia de igualdad, por lo que la campaña también se ha diseñado para tener especial incidencia entre hombres jóvenes. Sin embargo, no se ha buscado únicamente un mensaje en negativo o de remarcar los límites en su comportamiento, sino que también se les anima a convertirse en agentes de cambio por la igualdad” (DFB, 2024).

No había visto Tres metros sobre el cielo. La idea era un clásico: colegiala de clase alta (Babi) se enamora de chico malo (H – Hugo). Me ha parecido muy interesante visualizar fragmentos y comentarlos con las “gafas moradas” para ver cómo se socializa la cultura y los esquemas que tiene asociados; cómo construimos nuestras identidades chicos y chicas. Como han repetido Leire y Sokoa, “Lo que vemos es lo que somos”. Transmitir la cultura ha sido fundamental en la historia para la supervivencia de la especie. Al principio se hacía de forma verbal o gestual. Con la aparición de la escritura el relato se lo apropiaron los hombres, que eran quienes sabían escribir, y tenía una visión sesgada. Al principio la educación formal estuvo reservada a los hombres. En el siglo XX, con la globalización de la cultura, las mujeres accedieron a la misma (pero recordemos que tiene un sesgo importante). En el siglo XXI la transmisión de la cultura viene de la mano de la generalización de internet, el móvil, las redes sociales, etc. Y los algoritmos ayudan a que los roles asignados tradicionalmente se perpetúen.

Además, no podemos olvidar que el deseo es un constructo, se construye sobre todo en la adolescencia. Pensamos que somos libres, que podemos elegir, pero como muestra de que no lo somos tanto, basta la anécdota que ha contado Leire sobre Bernays, el sobrino de Freud, quien con una campaña consiguió que el consumo de tabaco entre las mujeres pasara de 0% a más del 30% en un año (Berrueta, 2019). Hay mucha igualdad, pero queda el reducto de las relaciones afectivo-sexuales. Las relaciones (el ser humano es un ser en relación), que son las que determinan cómo somos de felices, no se dan en igualdad. Erotizamos al malote, se convierte en el modelo a seguir para ganar popularidad. Erotizamos la violencia. Y esto también daña y mina la autoestima a los hombres. No podemos olvidar que el ser humano ha evolucionado por los cuidados. Desde la infancia nos socializan en el arquetipo del super héroe frente al de la princesa. Y a través de películas, canciones, videojuegos, etc. se va produciendo un goteo que perpetúa los roles de género y el privilegio de unos frente a otras. En la película se ve con claridad un esquema muy repetido: el malote te invade tu espacio, te aísla, te deja sola, y luego se convierte en tu salvador, sin tener en cuenta lo que en realidad quieres.

La sesión me ha recordado a una película de mi adolescencia Dirty dancing y a dos canciones que nos inculcaban sutilmente la idea del amor romántico: La quiero a morir (Y yo que, hasta ayer, sólo fui un holgazán / Y, hoy, soy el guardián de sus sueños de amor / La quiero a morir) y Ramito de violetas (Era feliz en su matrimonio / Aunque su marido era el mismo demonio / Tenía el hombre un poco de mal genio / Ella se quejaba de que nunca fue tierno). También he conectado con una película que vi ayer, La directora de orquesta, basada en la historia de Antonia Louisa Brico (la primera mujer que dirigió la Berliner Philarmoniker y la New York Philharmonic Orchestra) y que muestra lo difícil que lo han tenido las mujeres también en el mundo de la música.

Hoy me quedo con otra canción Justito a tiempo (Si me ven bailando sola / Es porque me da la gana, porque me da la gana / Porque hoy solita quiero estar / Que ¿por qué no te enamoras? / Porque me da la gana, porque me da la gana / Porque ahora quiero respirar) y un deseo, el de que entre todos y todas construyamos mejores relaciones, sobre una base de igualdad real.

Referencias


jueves, 22 de agosto de 2024

El trabajo de la mujer

 

El lema de la campaña de la campaña del 8 de marzo de 2012 de Emakunde es: “Emplea la igualdad… Un derecho y una medida para salir de la crisis”. Las políticas de igualdad de oportunidades en el ámbito de las organizaciones además de ser una cuestión de justicia social pueden convertirse en un elemento de innovación social. Como se señala en la presentaciónde la campaña

  • “Las políticas de igualdad en las empresas pueden favorecer la mejora en el rendimiento, el crecimiento de la productividad, el nivel de satisfacción y la retención de talento.
  • Incrementar la presencia de las mujeres en los puestos directivos favorece la representatividad y la diversidad, mejorando los modelos de gestión empresarial.
  • Incrementar la tasa de actividad de las mujeres supone aprovechar un talento, el femenino, que está siendo infrautilizado. Eso permitirá disminuir las tasas de desempleo y generar crecimiento.
  • Las medidas de igualdad en las empresas no deben asociarse únicamente con la conciliación personal, familiar y laboral de las mujeres sino con la corresponsabilidad de mujeres y hombres.
  • Las medidas de igualdad en las empresas deben incluirse en los planes estratégicos y contar con el consenso sindical para poder ser socializadas”. 

En el día de hoy también ha sido noticia la etiqueta de un pantalón que ‘bromea’ con el trabajo de la mujer… Me gustaría saber qué tendrá más difusión ¿la campaña de Emakunde o la imagen sexista? Ni qué decir tiene que uno y otro no aportan lo mismo al avance de la igualdad de oportunidades… Y luego hay voces que se preguntan qué necesidad hay de hacer tanto ‘ruido’ con la igualdad de oportunidades…

Da qué pensar, ¿no?

Bibliografía:

miércoles, 14 de agosto de 2024

Cien años de ¿celebración?

[Entrada publicada originalmente el 08.03.2011 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

 “La igualdad de género tiene que ser una realidad vivida” Michelle Bachelet

Este año se cumplen cien años de la primera conmemoración del Día Internacional de la Mujer, que tuvo lugar en  Austria, Dinamarca, Alemania y Suiza el 19 de marzo de 1911. A aquella celebración se sumaron más de un millón de hombres y mujeres.

El lema elegido por la ONU para el 8 de marzo de 2011 es: “La igualdad de acceso a la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología: camino hacia el trabajo decente para la mujer”. Como señala BanKi-moon , Secretario General de la ONU:  “En este centenario celebramos los notables progresos que se han hecho gracias a una promoción enérgica de estas ideas, la adopción de medidas prácticas y la formulación de políticas progresistas. A pesar de ello, son demasiados los países y sociedades en los que la mujer continúa siendo un ciudadano de segunda clase”.

Es cierto que el nivel de educación y capacitación de las mujeres ha crecido mucho en estos últimos cien años. Sin embargo, no ha sido así en todo el mundo. En los países con bajos niveles de educación las mujeres muestran los menores índices de formación, lo que supone una desventaja en la capacitación para el mundo laboral y dificulta el salir de situaciones de pobreza.  El informe Progreso de las Mujeres en el Mundo 2005 provee datos que muestran que: “a) la proporción de trabajadoras envueltas en empleo informal es generalmente mayor que la proporción de trabajadores; b)  las mujeres están concentradas en los tipos de empleo informales más precarios y, c) el salario medio obtenido de estos tipos de empleos informales es demasiado bajo, en ausencia de otras fuentes de ingresos, para levantar hogares de la pobreza”. El trabajo decente para la mujer es un camino necesario para la igualdad de género y el desarrollo.

Muchas personas se cuestionan si el hecho de celebrar el Día Internacional de la Mujer no supone hacer una discriminación. En mi opinión, mientras la igualdad de oportunidades no sea una realidad, resulta necesario recordar y reivindicar las diferencias existentes para avanzar hacia sociedades más justas e inclusivas.

¿Harán falta otros cien años de ‘celebración’? Os invito a ver el siguiente vídeo realizado por las alumnas de una amiga mía.


Bibliografía:


 


miércoles, 31 de julio de 2024

La imagen femenina en la prensa

[Entrada publicada originalmente el 07.10.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024] 

“A pesar de la incorporación de las mujeres a la profesión periodística, la ampliación de la mirada informativa hacia temáticas sociales y los mecanismos de control que se han desarrollado a fin de propagar imágenes equitativas de hombres y mujeres, el discurso transmitido por la prensa permanece inalterable sustrayéndose de las funciones formativas e informativas que posee como referente indiscutido en la conformación de la opinión pública”.

Vera Balanza, M.T. y Ballesteros García, R.M (2004, p.16): “Introducción: un siglo de discontinuidades” en Vera Balanza, M.T. y Ballesteros García, R.M (Coords.): Mujeres y medios de comunicación: Imágenes, mensajes y discursos. Málaga: Universidad de Málaga.

Hoy quiero escribir estas líneas porque me he ‘encendido’ un poco al leer el ADN (me refiero al ejemplar del diario gratuito de fecha 23 de septiembre, edición Bilbao. Voy a comentar tres artículos de portada que vierten una imagen que no sé si ayuda a fomentar la igualdad de oportunidades y la valoración social de la mujer.

El primero de ellos, sobre la cabecera del periódico, señala “La formación de los padres determina los estudios que tendrán los hijos” (p.13). Este titular es muy sugerente e invita a adentrarse en la noticia. Cuando uno llega a la página 13, en una sección titulada “Educación Informe”, el titular cambia sustancialmente: “La formación paterna determina la del hijo” y el subtítulo reza “Más fracaso escolar si la madre sólo hizo primaria”. Una vez más parecería que las mujeres tenemos mayor responsabilidad en un gran problema social como es el fracaso escolar. Me gustaría saber quién se implica más en la educación de los hijos e hijas... En el resto del texto presenta otras variables e indicadores pero no se sabe si se refieren a hombres o mujeres... ¡Curioso!

El segundo artículo, bajo la cabecera del periódico en un recuadro de fondo marrón y letras blancas, anuncia: “Cine en femenino. Cultura primará en la concesión de ayudas las producciones dirigidas por mujeres” (p. 16). Al llegar a la p.16, por cierto sección Cultura y Ocio -Novedad Normativa-, el titular con la letra más grande de todo el periódico indica: “Una ley femenina”, subtítulo: “Discriminación positiva en el cine”, destacado: “Las películas en que una mujer sea la responsable o directora recibirán más dinero”. No sabría decir si es un titular positivo o negativo. Creo que caben muchas interpretaciones sobre el mismo y que probablemente no lo leeremos igual hombres y mujeres. Son muchas las facetas de la vida en las que hay discriminación positiva y, en mi opinión, debe haberla mientras no exista igualdad de oportunidades reales (que supone, en muchos casos, superar posiciones de partida muy desequilibradas).

El tercer artículo aparece en la portada con el titular destacado “Economía. Las mujeres ganan un 25% menos de media” (p. 8). En el interior el titular es similar “Las mujeres ganan menos”, subtítulo: “El sueldo es un 25,6% más bajo y el Gobierno anuncia inspecciones”. En la foto aparecen los ministros de Igualdad y Trabajo, Bibiana Aído y Celestino Corbacho. Esta noticia es la más positiva. Evidencia un hecho y señala que se va a perseguir desde el Gobierno. Además, se presenta en la sección de Economía.

En el resto del periódico la mujer únicamente aparece en los titulares de dos breves. El de la p. 6 lleva por título “Una mujer podría dirigir la UNESCO”... ¿Y? ¿Es motivo de sorpresa? ¿Acaso dudan de su competencia para el cargo? Sería muy diferente un titular como: “Por primera vez una mujer es candidata a dirigir la UNESCO”. En la p.13 otro breve, que podría parecer un caso de violencia de género, titula: “La cooperante Vicki Sherpa, apalizada” en referencia a la paliza policial recibida.

Está claro que los estereotipos de género también se construyen y transmiten, y de forma muy sutil, a través de las noticias, artículos y entrevistas (por no mencionar la publicidad).

¿Usted qué opina?

NOTA - Para quien quiera leer un artículo especializado accesible e interesante:

  • Márquez Guerrero, María y Jáuregui Lobera, Ignacio (2006): “La imagen de la mujer en los medios de comunicación: textos periodísticos y publicitarios”, Espéculo. Revista de estudios literarios en https://idus.us.es/handle/11441/62573

 



viernes, 19 de julio de 2024

Mujeres en huelga

[Entrada publicada originalmente el 08.03.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

El lema de la campaña de Emakunde para el Día Internacional de las mujeres de 2009 reza: “Mujeres en huelga”. El cartel es impactante y gráfico. Muestra la que sería la realidad de muchos hogares si las mujeres estuvieran en huelga: neveras tristes y vacías. Y supongo que si se viera el resto de la casa seguramente habría ropa tirada, camas sin hacer... desorden generalizado. A mí me suele hacer mucha gracia cuando en las encuestas te preguntan: “¿es usted el cabeza de familia?”. A lo que yo siempre respondo: “¿Qué entiendes por cabeza de familia? ¿Quién más dinero gana? ¿Quien lleva la intendencia de la familia? ¿Quien toma las decisiones importantes? ¿Quien más tiempo dedica a la familia y al hogar?...”

El cartel también aporta un dato que es llamativo, aunque estemos acostumbrados a él: “El 75% de las tareas domésticas y de cuidado es realizado por las mujeres”. La mayoría de las estrategias de conciliación son estrategias privadas y a cargo de las mujeres [véase Emakunde, 2007] y hay que repetirlo hasta que, ojalá, no sea necesario.

Al leer la interpelación “¿Qué pasaría si las mujeres hicieran huelga? Entra y danos tu visión” lo primero que me ha venido a la cabeza es mi madre. Mi madre representa a una generación bastante olvidada y no suficientemente valorada ni en el ámbito social ni en el familiar. Pertenece a esa generación de mujeres que siempre ha estado cuidando de otros y que ha hecho del cuidar el sentido de su vida. Nació en una familia con muchos hijos e hijas en las que unos atendían a otros, todos aportaban al sostenimiento de la familia y la solidaridad era una cuestión de supervivencia. Cuando se casó pasó a encargarse de su marido y de sus hijas, y sin muchos de los “grandes inventos” de los que hoy gozamos: lavadora-secadora, pañales desechables, lavavajillas, ultracongeladores, teléfonos móviles, etc. Además, siempre tenía tiempo para ayudar a una vecina enferma, un familiar hospitalizado u otra madre “en apuros”.

Cuando nosotras ya empezábamos a valernos por nosotras misma, le tocó dedicarse a sus mayores, más o menos cercanos. Y cuando esa fase ya había terminado empezaron a llegar los nietos. ¿Qué hubiera sido de mí sin mi madre? Gracias a ella, y por justicia debo decir que también a mi padre enfermo, yo he podido desarrollarme profesionalmente, he podido trabajar fuera de casa y continuar formándome, y he podido elegir qué quiero hacer con mi vida (cosa que no sé si mi madre ha podido hacer). Y lo más sorprendente de todo es que ella vive con alegría poder disfrutar de sus nietos y verlos crecer. Sin malas caras, desbordando cariño y ternura.

Vaya aquí mi homenaje a ese pilar fundamental de nuestro entramado social que son las abuelas. Gracias ama, y gracias a todas las amamas que tanto cariño y atenciones dedican a las generaciones futuras.

¿Y tú qué crees que pasaría si las mujeres hicieran huelga?

Bibliografía:

 

 



viernes, 12 de julio de 2024

“Hombres y mujeres son diferentes”: El cerebro femenino



[Entrada publicada originalmente el 24.03.2008 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

 “Pero yo pienso que es más práctico saber que sentimos diferente y comprender que lo que ellos hacen o dejan de hacer se debe, sencillamente, a que, como dice la canción, Men are different… Y nosotras también” Carmen Posadas.

Desde que leí El cerebro femenino de Louann Brizendine (Barcelona: RBA, 2007) estoy dándole vueltas a lo que ahí se decía. Siempre he pensado que hombres y mujeres, como reza la cita anterior, son muy diferentes por naturaleza. En estas líneas señalaré algunas de las ideas que más me han impactado. Debo empezar señalando que su lectura es muy agradable y recomendable tanto para mujeres como para hombres ya que ayuda a entender la biología innata de las primeras (y las implicaciones que dicha biología conlleva) y los cambios que se van sucediendo a lo largo de la vida de la mujer.

Louann Brizendine es una reconocida doctora norteamericana con más de 20 años de experiencia como neuropsiquiatra y fundadora de The Women's Mood & Hormone Clinic, centro que se dedica a la investigación y tratamiento de los cambios de humor, la ansiedad y las disfunciones sexuales asociadas a los niveles hormonales.

Históricamente a las mujeres se les ha atribuido menor inteligencia debido al menor tamaño de su cerebro. La anatomía cerebral ha demostrado que hombres y mujeres tienen el mismo promedio de inteligencia. Tienen un número similar de conexiones cerebrales, lo que ocurre es que en la mujer se concentran en un cerebro más pequeño y están repartidas de diferente forma. El cerebro femenino es más apto para la empatía y la captación de matices emocionales mientras que el masculino tiene más espacio dedicado al impulso sexual y centros más desarrollados para la acción y la agresividad. Dicho en palabras de la autora: “Mientras éstas tienen una autovía de ocho carriles y los hombres una carretera secundaria para procesar la emoción, los hombres cuentan con un aeropuerto como el O’Hare de Chicago para procesar ideas sexuales, mientras las mujeres sólo tienen el aeródromo de al lado donde aterrizan aviones pequeños y particulares” (p.113).

Es muy llamativa la gran influencia de las hormonas en las mujeres. Éstas crean una realidad femenina. En la mujer se dan más cambios a lo largo de la vida. Y en la etapa fértil los cambios están en función del ciclo menstrual. Este hecho me hace replantearme una afirmación masculina que siempre me ha molestado: “Déjala, estará con la regla”.  Está demostrado que las mujeres estamos más a merced de las hormonas.

 Una sugerente idea es que no hay cerebro unisex. Tanto la educación de género como la biología nos hacen lo que somos. Aunque hay que tener presente que la experiencia y las interacciones pueden cambiar el cableado cerebral. La autora también cuenta una ilustrativa anécdota: “Una de mis pacientes regaló a su hija de tres años y medio muchos juguetes unisex, entre ellos un vistoso coche rojo de bomberos en vez de una muñeca. La madre irrumpió en la habitación de la hija una tarde y la encontró acunando al vehículo en una manta de niño, meciéndolo y diciendo: 'No te preocupes, camioncito, todo irá bien'. Esto no es producto de la socialización. Aquella niña pequeña no acunaba a su 'camioncito' porque su entorno hubiera moldeado así su cerebro unisex. No existe un cerebro unisex. La niña nació con un cerebro femenino, que llegó completo con sus propios impulsos” (pp. 33-34).

Las niñas se interpretan en función de las interacciones con los demás. Desde muy pequeñas aprenden a leer las caras. Tienen mayor comunicación emocional. Las mujeres están programadas para mantener la armonía social. En tiempos esto fue una cuestión de supervivencia. “Muchas mujeres encuentran alivio biológico en compañía de otra; el lenguaje es el pegamento que conecta a las mujeres entre sí” (p. 58). No es así en los hombres y de ahí que muchas mujeres sufran por el diferente patrón de comunicación de sus parejas. También es diferente la reacción ante el conflicto y el estrés de las relaciones. Mientras que los hombres pueden incluso disfrutar con el conflicto, en las mujeres se desencadenan reacciones hormonales negativas.

Las mujeres han evolucionado hasta llorar con muchas más facilidad. Los hombres no se dan cuenta de que algo va mal hasta que ven llorar a una mujer. Esto se debe a que no saben leer de igual manera los rasgos emocionales.

Son muy interesantes los capítulos dedicados al amor y el sexo pero no los voy a comentar en este momento. En el libro va recorriendo por capítulos las diferentes etapas hormonales y cerebrales de la mujer. Aquí únicamente he destacado algunas ideas de dicho recorrido.

Para terminar diré que lo leído, confirma mi experiencia vital y de relación con los hombres y también con las mujeres. Ha hecho que me preocupe por  la ‘determinación’ que suponen las hormonas en las diferentes etapas de la vida. Y, sobre todo, me anima al conocimiento personal y del otro como vía para descubrir y potenciar las diferencias. Hombres y mujeres son diferentes... ¡y qué bien que lo sean!

Para profundizar más en le tema, les dejo una interesante entrevista realizada por Eduard Punset a Louann Brizendine.

¿Usted qué opina?

 

Bibliografía:


jueves, 31 de agosto de 2023

Leer es peligroso


 “Todas las mujeres llevamos dentro una mujercita que nos empuja al sacrificio. Esa es la primera a la que debemos callar” (Gioconda Belli, entrevista en El País).

Hace unos años una amiga me regaló un libro con un título muy sugerente que me ha inspirado el de esta entrada, Las mujeres que leen son peligrosas. El autor del mismo, Stefan Bollmann, tiene un libro posterior titulado Las mujeres que escriben también son peligrosas. Estas vacaciones me propuse hacer una desconexión total y disfrutar de la lectura ya que durante el curso suelo acabar los días agotada y me cuesta tanto lo uno como lo otro. Y parece que lo estoy consiguiendo... He cogido un buen ritmo de lectura. A 21 de agosto ya llevaba leídos 8 libros. En esta entrada voy a recorrer y hacer una reflexión sobre algunos de ellos, escritos por mujeres.

En El país de las mujeres, Gioconda Belli, poeta y novelista nicaragüense, nos ofrece una utopía muy sugerente. En Fanguas, país imaginario que aparece en sus novelas, las mujeres han accedido al poder debido a una catástrofe natural, la erupción de un volcán, y mandan temporalmente a los hombres a casa a hacerse cargo de los hogares. ¿Cómo se imagina Viviana Sansón, la Presidenta, su partido, el que ha ganado las elecciones? (Por cierto, se llama PIE - Partido de la Izquierda Erótica y tiene un manifiesto muy interesante, Eldivanrojo, 2011). “Yo imagino un partido que proponga darle al país lo que una madre al hijo, cuidarlo como una mujer cuida su casa; un partido ‘maternal’ que blanda las cualidades femeninas con que nos descalifican, como talentos necesarios para hacerse cargo de un país maltratado como este. En vez de tratar de demostrar que somos tan ‘hombres’ como cualquier macho y por eso aptas para gobernar, hacer énfasis en lo femenino, eso que normalmente ocultan, como si fuera una falla, las mujeres que aspiran al poder: la sensibilidad, la emotividad” (Belli, 2023: 139). Su objetivo de gobierno, instaurar la paz, la libertad, el respeto, la igualdad entre hombres y mujeres, el ‘felicismo’. [Para profundizar en esta obra sugiero leer este trabajo de Olga  Roussou].

Ana Porras, periodista, escritora y organizadora de eventos, en el prólogo de Vacíos y otras taras, que reúne 23 relatos sobre mujeres, nos recuerda: “Con los años vamos engrosando la piel con desencantos, desilusiones, con todo aquello que pudo ser y no fue, con frustraciones, con el miedo a equivocarnos de nuevo, con los amaneceres que no vimos porque estábamos dormidos, con los atardeceres que nos recordaron que la vida es una cuenta atrás. Vamos engrosando la piel con capas que pesan, que nos fracturan los huesos, que esconden lo que quisimos ser, lo que soñamos. Ponemos parches a los vacíos intentando llenar los huecos con lo que vamos encontrando por ahí. Un poco de esto, un poco de aquello y un poco de esto otro. Y así los vacíos se hacen más grandes, más sonoros, más adversos; ganan espacio creando una nada mayor”. Muchas veces las mujeres hemos cubierto o tapado esos vacíos de forma inadecuada…

De Isabel Allende, escritora, feminista, filántropa, así como una de las autoras más leídas del mundo he leído dos libros. Violeta, en el que, como señala el resumen: “En una carta dirigida a una persona a la que ama por encima de todas las demás, Violeta rememora devastadores desengaños amorosos y romances apasionados, momentos de pobreza y también de prosperidad, pérdidas terribles e inmensas alegrías. Moldearán su vida algunos de los grandes sucesos de la historia: la lucha por los derechos de la mujer, el auge y caída de tiranos y, en última instancia, no una, sino dos pandemias” [Ver el interesante artículo-entrevista a la autora sobre el libro]. En el segundo, El viento conoce mi nombre, presente y pasado se entrelazan y narra la historia de dos niños, Samuel Adler, un niño judío al que su madre consigue enviar a Inglaterra para salvarle de la Austria nazi, y Anita Diez, que con siete años sube a un tren con su madre huyendo del peligro en El Salvador y que al llegar a la frontera de Estados Unidos es separada de su madre. Me quedo con un retazo de otro de los personajes, Leticia, porque refleja la realidad que sufren muchas mujeres: “La relación duró muy poco, porque pronto ella comprendió que estaba viviendo con dos hombres diferentes. El que todos conocían era bullanguero, servicial, generoso y ganaba un buen dinero en su oficio, pero no ahorraba, porque siempre estaba dispuesto a comprar cosas superfluas, apostar o prestarles a los amigos. Ella se enamoró de esa versión del hombre, el alma de la fiesta, pero descubrió que por dentro llevaba un monstruo agazapado, que emergía con el alcohol” (p.93).

Auri Lizundia, pseudónimo de Nerea Azkona, quien en plena pandemia creó con una socia AIEDI Faktoria, “una cooperativa de iniciativa social que apuesta por el acompañamiento y la capacitación para crear círculos virtuosos de personas felices en organizaciones sostenibles y que utiliza la Agenda 2030 y los ODS como hoja de ruta y las perspectivas sostenibles, de género, inclusiva e intercultural como brújula”, en Madre en duelo nos habla desde su experiencia de un tipo de violencia que muchas mujeres hemos sufrido sin saber su nombre, violencia obstétrica. “Las mujeres sufrimos violencia machista en muchos ámbitos. En realidad importa bien poco lo que nos pase: la cuestión es violentarnos. Y, cuando hablamos de embarazos, partos y pospartos, la violencia obstétrica e institucional entra en juego. No es una violencia nueva para nosotras, pero son momentos en que las cotas llegan a niveles altísimos e incluso a contrasentidos (…) Cuando hablamos de mujeres y de sus derechos, la sociedad tiene la luz desenfocada. Si nos matan, el foco se pone en nosotras en vez de en los agresores. Si nos quedamos embarazadas, el foco se pone en lo que se está gestando, por lo que el aborto será estigmatizado y, si el bebé nace muerto, como veremos, la luz del foco directamente se apaga” (pp.9-12).

Presentado cada uno de los libros, ¿por qué leer es peligro? A mí, leer historias de mujeres contadas por mujeres me reafirma en el feminismo. Me encanta escuchar la voz de las mujeres sin intermediarios. Me hace aún más consciente de las dificultades, obstáculos, miedos que las mujeres viven y han vivido a lo largo de la historia, así como de lo necesario que es seguir trabajando para que la igualdad real se haga efectiva. ¡Ojalá llegue el día en que el feminismo no sea necesario! Además, las conquistas son frágiles, muy frágiles. ¡Que se lo digan a Viviana Sansón, la Presidenta del PIE, que sufre un atentado porque los hombres se sienten amenazados por la nueva posición de las mujeres en Fanguas! (El país de las mujeres, Gioconda Belli). O a las mujeres y niñas migrantes, o a las atrapadas en conflictos bélicos, o a aquellas que viven bajo ciertas dictaduras… Y que conste que soy muy consciente de que escribo esto desde el lado del privilegio.

Además, estas lecturas coinciden en el tiempo con un hecho real que ejemplifica a la perfección el machismo imperante, el beso en la boca no consentido de Luis Rubiales (Presidente de la Real Federación Española de Fútbol) a Jenni Hermoso (Jugadora de la Selección de fútbol española) en la ceremonia de entrega de medallas del Campeonato Mundial de Fútbol Femenino 2023. Cuando escuché la supuesta excusa que Rubiales dio en un vídeo no daba crédito: “Pues, porque en un momento de máxima efusividad, sin ninguna mala intención, sin ninguna mala fe, pues bueno, ocurrió lo que ocurrió, yo creo que de manera muy espontánea (…) Repito: sin mala fe por ninguna de las dos partes” (ver Labari, 2023). ¿Ninguna de las dos partes? ¿Alguna vez se entenderá plenamente qué significa el consentimiento? Y la guinda la puso con el discurso en la Asamblea de la Federación [Animo a leer el artículo de mi compañera de universidad, Gutiérrez (2023)]

Para terminar, una poesía y una recomendación, el documental Woman, realizado a través de 2000 entrevistas en 50 países, que es “un mensaje de amor y esperanza enviado a todas las mujeres del mundo. Un intento de comprender su vida, medir el progreso realizado, pero también todo lo que queda por hacer”.

Referencias