Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educación. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de octubre de 2025

De la relación al vínculo

Imagen tomada de: https://www.psicoactiva.com/blog/100-frases-la-confianza/

El pasado 10 de octubre asistí a un curso organizado por el Servicio de Orientación Universitaria de la Universidad de Deusto con el título “La construcción del vínculo en los procesos de acompañamiento”, impartido por Angela Pérez Burgos, Psicóloga y formadora del Modelo Relacional en el ámbito Social y Clínico. Voy a compartir lo aprendido que, en mi opinión, sirve tanto para el espacio tutorial, como para cualquier vínculo que queramos construir.

Empezamos el curso con una pequeña meditación a partir de la respiración. De esa forma conectamos con el “aquí y ahora”, intentando dejar de lado lo ajeno al curso. A continuación, un pequeño ejercicio de autoconocimiento -el mejor punto de partida tanto para el aprendizaje como para la construcción de vínculos; conocerme para conocer-. Cada persona señaló una fortaleza y un área de mejora en su labor tutorial.

La tutoría es un proceso de guía, de orientación. En principio está dirigida a mejorar el rendimiento académico, pero quien se nos acerca es una persona, con toda su trayectoria vital, no sólo un estudiante, una estudiante. Por eso debemos preguntarnos qué podemos hacer para que la relación fluya, cómo centrarnos en pasar de la relación al vínculo, cómo generar confianza y seguridad. Hay tres elementos a considerar: el tutor o tutora, el o la estudiante y la relación que fluye.

Es muy importante hacerme consciente de cómo estoy y cuál es mi estilo de comunicación que es fruto de mi historia personal -para poder adaptarlo al de la persona que acude a la tutoría-. Favorecemos que el vínculo avance en la medida que somos capaces de generar confianza y seguridad. También la flexibilidad lo facilita.

Es fundamental la presencia: estar accesibles, hacernos presentes, posibilitar espacios de encuentro. La calidad relacional depende de que la persona se sienta reconocida, escuchada, no juzgada. Esto tiene que ver con la normalización. Quien se nos acerca puede estar viviendo cosas por primera vez o cosas que quizá no esté gestionando bien. En esa situación ayuda el: “es lógico lo que te está pasando”, “hay más personas a las que les ocurre lo mismo”, aunque haya cosas que choquen con nuestra vivencia -es bueno preguntarnos cómo recibimos lo que la otra persona nos cuenta, cómo nos resuena- . Tiene que ver también con la validación. En ocasiones las personas vienen desbordadas, desanimadas, y puede ser lógico. Hay que entender y acoger ese malestar para poder afrontarlo. La presencia, la validación, la normalización se transmiten también sin palabras -cuidemos la comunicación no verbal-.

Tengamos en cuenta que sin la resonancia emocional, resonancia afectiva, no se da un espacio auténtico y relajado.  Debemos procurar dar un espacio de acogida, de protección, de esperanza, de escucha compasiva. Hay que dar tiempo y espacio para que la persona se desahogue, para que comparta. Una veces puede ser enfado, otras tristeza, también alegría… El “no es para tanto”, no ayuda en absoluto, es minimizar la vivencia de la otra persona. Puede ocurrir que no consigamos resonar, o no sepamos qué hacer. Siempre cabe el ofrecer, o sugerir, ayuda terapéutica.

A veces nos lanzamos a interpretar conductas. Es mejor preguntar de forma respetuosa, dar la posibilidad de que la persona se explique: “Te noto más…”, que no: “Cuéntame qué te pasa”. También podemos probar preguntando cómo está la persona con nosotros, con nosotras: “¿Cómo te está resultando la tutoría? ¿Hay algo que te gustaría cambiar?”.

Una reflexión a hacer es el uso del nombre propio dentro de la relación: “Buenos días, X”. Puede enriquecer la relación, hacer el vínculo más personal. Permanentemente debemos preguntarnos qué podemos poner dentro de la presencia que enriquezca la seguridad del espacio.

También debemos adaptar los ritmos internos. Cada persona lleva a la relación el cómo es: perfeccionista, con un estilo de liderazgo propio, con tendencia salvadora o a dar consejos…

Todas las personas tenemos una serie de necesidades relacionales que hay que tener presentes: a) tomar la iniciativa: hay quienes quieren dar el primer paso, pero también hay quienes valoran que sea la otra persona quien se acerque; b) seguridad, es necesario un espacio seguro, además, hay personas con experiencias vitales muy duras; c) acompañamiento/apoyo: hacer sentir que estamos presentes y disponibles para la otra persona, sin juicios ni valoraciones; d) validación: necesitamos que nos reconozcan, que nos vean, que nos cuiden; e) compartir experiencias: sentir que no somos las únicas personas que se sienten así, o las que les pasa determinada cosa; f) autodefinición: tiene que ver con la importancia de sentirnos únicos, de reconocer que tenemos características y necesidades propias, de quién soy y cómo me manifiesto en los distintos ámbitos de la vida; g) causar impacto: influimos, queramos o no, en otras personas; h) expresar afecto, amor, cariño, teniendo cuidado con las barreras físicas -no debemos actuar en función de nuestra necesidad de abrazar o tocar-.

Me quedo con una idea final: una relación de calidad humana puede transformar la vida de una persona. No sabemos ni cuándo ni cómo podemos influir en la vida de otra persona. Generemos vínculos que transforman y que nos transforman.

 

Referencias


lunes, 29 de julio de 2024

El valor de educar


 [Entrada publicada originalmente el 20.08.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

En estas líneas voy a plasmar las principales ideas extraídas de la conferencia pronunciada el 10 de junio por el filósofo y escritor José Antonio Marina, dentro del ciclo “Vivir, ¿para qué? del Forum Deusto, y cuyo título era El valor de educar.

 

En esta conferencia planteó ideas que se encuentran recogidas en sus múltiples libros y que han dado pie a un interesantísimo proyecto, que surge de la revisión de la literatura seria sobre psicología evolutiva y psicología de la educación de los últimos 15 años, que es la Universidad de Padres  y que tiene un bonito lema, Para educar a un niño, hace falta la tribu entera.

 

Voy a empezar por el final, por la respuesta que dio a una de las preguntas planteadas: “¿Quién es más culpable de que la educación funcione mal?”. Su respuesta me encantó y la suscribo completamente. Los problemas sociales son multicausales. El problema es que hemos entrado en un círculo de excusas. Los padres echan la culpa a la escuela, los docentes a la familia y a los dirigentes educativos, los medios de comunicación… Hay que partir de una premisa básica: educar es influir en los comportamientos, pensamientos, etc. de las personas. Y visto así: TODOS EDUCAMOS. Y se puede educar bien o mal. Cada uno tendrá que ver qué parcela le toca, cuál es su campo de actuación. El profesor Marina señalaba que habría que establecer una Carta de los Deberes Educativos de la Sociedad y a cada uno medirle en función de su actuación. ¡Interesante!

 

Uno de los rasgos fundamentales de los educadores debe ser el optimismo, que en el caso de padres y madres y docentes es imprescindible. Se debe creer firmemente que es posible mejorar las cosas. En educación ha proliferado mucho el discurso del déficit y del fracaso, lo cual es peligroso porque podemos encontrarnos ante una profecía que se autocumple.

 

El modelo educativo que defiende el profesor Marina, y que inspira la Universidad de Padres, se basa en una premisa básica: “La educación tiene dos componentes principales: INSTRUCCIÓN FORMACIÓN DEL CARÁCTER. Por instrucción entendemos el conjunto de conocimientos que los niños y jóvenes deben adquirir -lingüísticos, matemáticos, científicos, culturales, históricos, etc.-. formación de carácter es el conjunto de RECURSOS personales que deben desarrollar nuestros niños y jóvenes para ser capaces de elegir bien su proyecto personal, tomar decisiones, enfrentarse con los problemas, establecer vínculos afectivos valiosos, disfrutar de las cosas buenas, en una palabra, dirigir bien la propia vida. Esos recursos son HÁBITOS intelectuales, afectivos y morales que se van adquiriendo -o no- durante la etapa educativa”.

 

Para el profesor Marina existen tres niveles de la personalidad:

  1. Recibida, que determina tres aspectos fundamentales: a) el hecho de ser hombre o mujer; b) el tipo de inteligencia; y c) el temperamento o pauta estable de respuesta a los estímulos. Es la herencia biológica que cada uno llevamos.
  2. Aprendida, conjunto firme de hábitos (cuesta tanto adquirirlos como cambiarlos) que marcan nuestro modo de interpretar y reaccionar. Aquí los centros educativos juegan un papel importante, al igual que la familia y el entorno.
  3. Elegidaque tiene que ver con nuestra jerarquía de valores y nuestro proyecto personal de vida. Es el terreno de la libertad. Es muy importante estar en contacto con buenos valores para que luego los podamos elegir.

En palabras del profesor Marina el lema de que “Todos los seres humanos nacemos libres” es una ficción que lo único que nos dice es que no nos pueden esclavizarLa libertad se aprende obedeciendo, primero a otros y luego a uno mismo. Un valor que se debe recuperar en la educación es la construcción de la voluntadque incluye cuatro destrezas, que necesariamente hay que adquirirlas en edades tempranas:

  1. Inhibir el impulsoHay que aprender a no responder inmediatamente al impulso para poder discernir si éste es bueno o no.
  2. Deliberar. Hay que aprender a discernir los impulsos y a buscar alternativas a aquellos que se nos presentan de forma inmediata.
  3. Decidir. Hay muchas personas incapaces de decidir, y esto es algo que se aprende en la práctica, sorbreponiéndose a un gran limitador que es el miedo.
  4. Poner en práctica. Soportar el esfuerzo supone también un aprendizaje. Las generaciones más jóvenes están intoxicadas de comodidad. Tenemos que educar en la resiliencia, que supone aguantar un choque y recuperarse con facilidad.

Por último, voy a señalar los hábitos intelectuales, afectivos y morales fundamentales para el profesor Marina:

  1. Tener una buena representación de la realidad. Hay que evitar las creencias que distorsionan la realidad. Por ejemplo, no se enfrenta igual a la educación quien cree que la inteligencia es innata que quien cree que ésta es permeable.
  2. Tono vital y estilo afectivo animoso, activo. Uno de los grandes derechos del niño y la niña es la experiencia de haber triunfado en algo, ya que es el mayor acicate para volver a intentarlo y es la base para una sana autoestima. Debemos organizar las metas de los niños y niñas para que sientan “yo he sido capaz”.
  3. Habilidades cognoscitivas. Desde pequeños nos gusta reflexionar sobre cómo pensamos y cómo construimos nuestro conocimiento.
  4. Binomio libertad-responsabilidad. Este aprendizaje debe ser creciente y adaptado al momento vital.
  5. Dignidad. La libertad que interesa es la que nos permite pasar de ser “animales listos” a ser “personas dignas”. Debemos educar en valores y en la Justicia.
  6. Hacer proyectos y resolverlos. Debemos educar para ser capaces de anticipar y poner en práctica, para desarrollar la tenacidad, para no claudicar antes de tiempo, para ser críticos a la vez que creativos.

Y si somos capaces de todo esto contribuiremos a la felicidad de nuestras generaciones futuras que no es otra cosa que la satisfacción de tres grandes necesidades que todo ser humano tiene y que cada una por sí sola no basta:

  1. Pasarlo bien, disfrutar. Actualmente estamos intoxicando de comodidad a nuestros hijos e hijas.
  2. Vinculaciones afectivas, sociales, amorosas y de amistad. Necesitamos que estas vinculaciones sean buenas y que nos ayuden a crecer.
  3. Hacer algo que valga la pena, crear algo. Hacer algo valioso que no existía y que existe por mí (un hijo o hija, una obra, una relación, etc.). 

¿Estás dispuesto a educar en los parámetros que aquí hemos señalado?





lunes, 1 de julio de 2024

Acompañamiento tutorial y sentido de la vida

 


El 27 de junio tuvimos la cita anual de la Jornada del Tutor organizada por el Servicio de Orientación Universitaria (SOU) de la Universidad de Deusto. Contamos con un ponente de lujo, Francesc Torralba, con la conferencia: “Acompañamiento tutorial y sentido de la vida”. El acto fue abierto (y cerrado) por la Vicerrectora de Comunidad Universitaria y de Agenda 2030, Aitziber Idígoras. El Director del SOU, Manuel Marroquin sj, nos dirigió unas palabras para recordarnos el papel fundamental del acompañamiento vital tanto en el proyecto profesional como personal del alumnado; la constatación de que es una labor no suficientemente reconocida y la filosofía de base del servicio: el humanismo trascendente. Compartiré las principales ideas que me llevo de la conferencia junto con algunas experiencias e ideas personales.

El profesor Torralba comenzó diciendo algo con lo que me sentí muy identificada (me imagino que el resto del público también). Nos pasamos la vida en el aula (donde exponemos) y en el despacho (donde escuchamos y normalmente no se habla del temario). A veces los recuerdos más valiosos para nuestro alumnado se dan en esas conversaciones difíciles (rupturas y perdidas no digeridas, desorientación, dudas, etc.) a puerta cerrada.

Desde el principio explicó que iba a hablar desde su experiencia personal y desde la experiencia de otras personas. Y nos presentó a tres pensadores que son sus grandes referencias para el tema que nos ocupa: 1) Paul Tillich, teólogo protestante, y su libro El coraje de ser. El proyecto persona de vida es propio, genuino. Nadie quiere se “el clon de…”. Pero para ello necesitamos a los demás. No somos “a pesar de” los demás, sino “gracias a” los demás. Parafraseando a Descartes, “Soy cuidado, luego existo”. 2) Rollo May psicólogo y psicoterapeuta existencialista estadounidense, y su libro The courage to create, en honor a su maestro, Paul Tillich. 3) Edith Stein, o sor Teresa Benedicta de la Cruz, y su idea de que formar es acompañar a una persona a devenir lo que está llamada a ser, no adoctrinar o teledirigir, para lo que es necesario discernir en silencio.

Uniendo los tres autores mencionados, el profesor Torralba nos presentó el mapa del acompañar. “La formación es un proceso infinito, nunca realizado del todo”. Actualmente tiene un doctorando de 92 años, que ha pasado toda su vida en un taller mecánico y ahora ha descubierto la filosofía. El tutor se va formando en interacción con el tutorando. Muchas veces cuando nos vienen a ver están rotos. Ahí se hace un pacto de empatía. Es necesario que el tutor o tutora sean humildes, no lo saben todo y no lo pueden todo. En ocasiones se siente una gran impotencia. La palabra tiene valor, pero a veces es impotente. Existen otros lenguajes que permiten expresar lo que sentimos.

Cuando los seres humanos nacemos estamos desorientados. Hace falta valor para asumir el reto de vivir. Actualmente se habla de la generación de cristal, personas con una baja tolerancia al fracaso. ¿Cómo se forma el carácter (ethos)? No podemos caer en la visión idílica del “todo va a ir bien”. Tenemos que ayudar al alumnado a desarrollar su proyecto con realismo sin ocultar los obstáculos, las tensiones. Existen inteligencias múltiples, cada persona tiene más desarrollada alguna, y también hay apoyos para hacerlas crecer. La pregunta clave es la pregunta por el sentido, y esa es una tarea genuinamente humana, no hay IA que nos pueda ayudar a encontrar la nuestra. Muchas veces llenamos nuestra vida de actividad para huir del vacío, pero eso no nos procura una vida plena. Tendremos que ayudar a quienes se nos acercan a digerir el fracaso y redirigir el proyecto de vida.

Descubierto el sentido podemos ayudarles a ver los pasos necesarios para hacerlo realidad. Muchas veces tienen una quimera, una imagen esperpéntica, de lo que es la profesión (influida, por ejemplo por las series de televisión).

El profesor Torralba señaló tres momentos clave en cómo concibe y practica el acompañamiento:

1. Autoconocimiento, que es el punto de partida. Hay quienes tienen una visión desenfocada, bien porque se subestiman o porque se sobreestiman. Es importante tener una imagen real de uno mismo, de una misma. ¿Tengo las capacidades, habilidades, recursos, etc. para este propósito? Hay muchos fracasos que son previsibles, que proceden de la carencia de autoconocimiento. Acompañar este proceso requiere de varios encuentros.

2. Autodeterminación. Se trata de dibujar un horizonte siendo conscientes de que los procesos exigen tiempo, algo no muy común en los tiempos de la inmediatez que vivimos. El éxito, la excelencia, nunca es casualidad, no es fortuita. La autenticidad tiene un precio, puede suponer que no visite la culpa o que tengamos que “salir de la autopista” y tomar un camino más estrecho y lento. Como tutores, como tutoras podemos decirles que ahí estaremos, a su lado.

3. Identificar los eslabones, el momento más pragmático, que en muchas ocasiones es un trabajo de la comunidad, implica a agentes diversos.

Y en todo este camino es imprescindible la ductibilidad, si no es fácil la ruptura emocional. “La rigidez es la muerte a la hora de dilucidar el proyecto personal de vida”. Hay que aclimatarse a contextos y escenarios no imaginados. Hay muchas cosas que son ajenas a la voluntariedad

Parafraseando a Romano Guardini, filósofo de referencia del Papa Francisco, “el ser humano es una obra de arte en proceso”… y nuestro papel es acompañar ese proceso sobre el pilar de la confidencialidad, que es lo que construye la confianza.

La conferencia del profesor Torralba trajo a mi memoria dos experiencias personales, de esas que te confirman que la tarea merece la pena… El curso pasado un alumno que no se había presentado en la convocatoria ordinaria acudió a la revisión, tal y como yo había indicado. Era un alumno de esos que conoces porque tiene dificultades desde el primer día, a pesar de hacerlo muy bien cuando se lo proponía. Estuvimos un rato largo charlando, sobre su trayectoria, sobre la vida, sobre sus aspiraciones… Cuando salió de mi despacho había tomado la decisión de hablar con sus padres y dejar la carrera. La persona que entró en mi despacho no era la misma que salió. Se había liberado de una carga. La pena que tengo es que no sé cómo acabó el tema, aunque tengo el convencimiento de que ahora estará mejor. La otra experiencia es muy reciente. Este curso he tutorado un TFG que me ha dado bastantes dolores de cabeza. Hemos tenido muchas más tutorías de las habituales. La alumna estaba muy desorientada… y muy desganada. Su actitud no ayudaba. No hacía caso a las sugerencias, no avanzaba… La tutoría para la devolución sobre el borrador final fue muy dura. Me puse muy muy dura con ella. Le dije que su trabajo tal y como estaba no era un TFG, que no había atendido a las sugerencias, etc. Reconozco que subí mucho el tono (hasta el punto de que al acabar el compañero del despacho de al lado me dijo: “Sonabas desesperada”). Le dije que la semana siguiente, antes de la entrega tendríamos una tutoría extraordinaria y que me enviara el trabajo con antelación. En esa reunión me dijo algo así: “Te agradezco que hayamos llegado hasta aquí y que el otro día fueras muy dura conmigo. Lo pasé muy mal, pero me he dado cuenta de que tenías razón en todo lo que me decías. Me vino bien la bronca”.

En el espacio de la tutoría no siempre se da un conexión profunda, pero nunca sabemos cuándo una conversación puede suponer un cambio en el rumbo de una persona...

Referencias

 


jueves, 20 de julio de 2023

La acción tutorial y la salud mental

 


A continuación recogeré (y comentaré) algunas notas sobre la conferencia “Protección y promoción de la salud mental desde la acción tutorial” impartida por Susana Gorbeña en el marco de la Jornada del Tutor 2023 (Universidad de Deusto, Bilbao, 6 de julio).

Empecemos señalando algunas premisas y un apunte sobre el contexto. Según el Plan de acción tutorial de la Universidad de Deusto la función del tutor, tutora es: facilitar el desarrollo integral, velar por el desarrollo global, encaminar hacia la madurez al alumnado. El alumnado universitario está en una etapa muy importante de su vida, en un momento madurativo crítico en el que se consolidan identidades, en el que se dan procesos de exploración y compromiso, se toman decisiones que se viven como críticas, adquieren competencias personales y profesionales, están formulando su proyecto de vida… Es importante abordar el tema de la salud mental desde un enfoque salutogénico (enfocado en el florecimiento humano, en el desarrollo del pleno potencial) y no sólo patogénico (centrado en los problemas y déficits, en curar y paliar), en línea con la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 2023). Y en cuanto al contexto en el que vive nuestra juventud, son muchos los retos que afrontan: empleo, emancipación, sexualidad-género-afectividad, digitalización, sostenibilidad, efectos del Covid-19 (los estudios dicen que el colectivo universitario ha sido uno de los más afectados por la pandemia).

En un estudio de 2018 de la Organización Mundial de la Salud realizado en 19 universidades de 8 países (Australia, Bélgica, Alemania, México, Irlanda del Norte, Sudáfrica, España, Estados Unidos) a estudiantes de primer curso se muestran unos datos que dan mucho que pensar: el 35% de los y las estudiantes de primero tienen algún problema de salud mental; el 20% de las personas encuestadas señalan que tiene limitaciones severas en su día a día debido a trastornos o malestar mental (Auerbach et al., 2018).

La pandemia ha empeorado las cosas. Todos los indicadores de malestar han subido y los de bienestar han bajado. Se ha mejorado algo, pero todavía no llegamos a los datos prepandemia. En 2021 se dieron los datos más altos de suicidios desde que hay registros. “En 2021, según los datos publicados por el INE el 19 de diciembre de 2022 han fallecido por suicidio 4.003 personas en España, una media de 11 personas al día; un 75% de ellas varones (2.982) y un 25% mujeres (1.021). Así, 2021 se convierte en el año con más suicidios registrados en la historia de España desde que se tienen datos (año 1906)” (FSME, s.f.).

¿Qué se puede hacer? Como ya hemos señalado, por un lado hay que atender a los problemas, afrontar el malestar, pero también hay que proteger y promocionar la salud; una y otra actuación exigen estrategias diferentes.

Para afrontar el malestar los y las tutoras tenemos un papel clave en la detección de problemas. Eso supone escuchar, preguntar sobre salud sin líneas rojas (por ejemplo temas de suicidio o género) para derivar a quien corresponda [Servicio de Orientación Universitaria (SOU), recursos comunitarios, etc.]. Las personas tenemos necesidad de compartir lo que nos pasa. A veces ‘gritamos’ para que nos echen un cable del que agarrarnos. Todo esto ayuda a estar menos mal, pero no es el objetivo único. Susana puso un ejemplo muy gráfico: Dejar las ideaciones suicidas no te hace una persona feliz.

¿Qué más se puede hacer? “La educación tradicional se ha centrado en transmitir las herramientas necesarias para el éxito académico y profesional del individuo, y el progreso del alumno se mide de acuerdo con su desempeño dentro de este paradigma limitado del éxito. Varias décadas de investigación rigurosa internacional nos han demostrado que existen herramientas para generar los elementos del bienestar, y que estas se pueden enseñar y aprender. Más aún, estas herramientas se deben enseñar, ya que el bienestar tiene valor intrínseco (el ser humano innatamente desea la felicidad) y valor instrumental (la felicidad genera beneficios como salud física, éxito profesional y personal, mejores relaciones con otros, y menor violencia y consumo de drogas entre adolescentes, entre otros)” (Adler, 2016: 50). Este enfoque del florecimiento parte de unos principios clave: 1) Mentalidad de crecimiento. La persona tiene que estar convencida de que puede hacer algo para cambiar. Si tengo la creencia de que lo que me ha tocado es así, y no se puede hacer nada, no hay cambio posible. 2) Tiene que existir una actividad intencional sostenida. Igual que para mejorar la salud física hay que hacer ejercicio físico de forma constante, para mejorar la salud mental hay que ‘ejercitarse’. 3) Hay que tener muy claro que existen diferencias importantes entre los individuos. 4) Es necesario un equilibrio entre lo positivo y lo negativo, y que lo positivo prevalezca ligeramente. En la vida nos encontramos tanto con cosas positivas como negativas. No se trata de ver todo de color de rosa, del “si quieres, puedes”, “do not worry, be happy”, etc.

Dicho esto, Susana presentó, algunas estrategias para cultivar la salud mental y el bienestar y para que, desde nuestra propia experiencia, podamos guiar, aconsejar y orientar:

  1. Acompañar en la clarificación de su concepto del bienestar, de la felicidad y el desarrollo personal. Es importante detectar y ajustar las creencias erróneas.
  2. Fomentar el cultivo de las emociones positivas. Véase el modelo de ampliación-construcción de emociones positivas de Barbara Fredrickson Lee, profesora de la Universidad de Carolina del Norte (Castro, 2023).
  3. Ayudar a identificar y utilizar las fortalezas distintivas personales. Todas las personas somos buenas en algo y deberíamos capitalizarlo. Es mejor construir y crecer a partir de las fortalezas que ya tenemos. Podemos encontrar una herramienta muy útil, el Cuestionario VIA de Fortalezas Personales [es gratuito, pero hay que registrarse], en la web Authentic Happiness de la Universidad de Pennsylvania desarrollada por el Positive Psychology Center, dirigido por el Dr. Martin E. P. Seligman (uno de los padres de la psicología positiva). 
  4. Reflexionar y explicitar el sentido y el propósito de vida. Existen muchas herramientas para esto: escritura expresiva, contrastar con otras personas, el visionado o lectura de materiales [uno de mis libros favoritos es El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl]. Hace un tiempo escribí una entrada de blog relacionada con el tema del sentido, Sobre los talentos.  
  5. Concretar objetivos vitales. Es importante que nos proyectemos hacia el futuro desde un optimismo realista.
  6. Salir de la ‘zona de confort’. Cambiar, salirse de las rutinas y lo conocido cuesta, pero es la forma de crecer, de adquirir nuevas experiencias, ideas, pensamientos, hábitos, etc.
  7. Cultivar actividades terapeúticas y de crecimiento.
  8. Fomentar la participación en la vida universitaria.
  9. Incidir en el aprendizaje significativo.
  10. Otras: promover la autoaceptación, el optimismo, la resiliencia, el afrontamiento, etc. 

Sin duda, una invitación estimulante para cualquier tutor o tutora, para cualquier persona… Crecer, cuidar la salud, promocionar el bienestar y acompañar a otras personas en su camino.


Referencias

lunes, 9 de mayo de 2022

Sobre los talentos


[He publicado esta entrada el 09.05.2022en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Recientemente he impartido una conferencia en un encuentro de jóvenes del Movimiento de los Focolares con edades comprendidas entre 13 y 17 años. Llevaba por título: “Descubrir mis talentos y ponerlos al servicio de los demás”. Comparto aquí las ideas principales de la misma.

La pregunta de fondo era: ¿Cuáles son mis talentos? La respuesta a esta pregunta es de vital importancia cuando la persona está planteándose qué hacer con su vida, qué estudiar, a qué dedicarse. Hay otra pregunta muy relacionada con la anterior que conviene hacerse primero: ¿Qué es la inteligencia?

Howard Gardner y sus colaboradores (Universidad de Harvard), revolucionaron la visión sobre la inteligencia con su Teoría de las Inteligencias Múltiples. Identifican la inteligencia con la capacidad de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas. Describen distintos tipos de inteligencia, más allá de los dos tipos a los que el sistema educativo ha dado prioridad, lingüístico-verbal y lógico-matemática (basta ver el tiempo destinado a esas materias en los planes de estudio de las distintas etapas preuniversitarias). Además de las mencionadas inteligencias incluyen la corporal-cinestésica, musical, visual-espacial, intrapersonal, interpersonal (que unida a la anterior constituiría lo que se conoce como inteligencia emocional) y la naturalista. No hay personas más inteligentes que otras, sino que hay diferentes inteligencias y unas personas destacan más en unas que en otras. Los talentos son diversos: cada persona brilla con una luz única e inigualable. Aunque, es innegable que algunas de las inteligencias lucen más que otras en Instagram (y esto es algo que preocupa mucho a la juventud).

María Belón, médico y psicoterapeuta, es mundialmente conocida porque inspiró la película Lo imposible. En ella se cuenta la experiencia que vivió con su marido y sus tres hijos en 2004 en el tsunami que arrasó el sudeste asiático. “Me veo sola y, de repente, dices: «¿Y por qué? Y, sobre todo, ¿para qué? ¿Para qué la vida me ha dejado sola?». En ese momento, me acordé de esa pregunta que yo tantas veces me había hecho en la vida de: «¿Para qué? ¿Cuál es el sentido de la vida?». Leyendo tantos libros, buscándolo en tantos lugares. Y en un lugar tan extraño y complejo, la vida te responde. La vida te responde: «Pues el sentido de la vida es amar»” (AprendemosJuntos, 2021). En las encrucijadas de la vida se nos presenta con fuerza la pregunta sobre el sentido de la vida. Coincido en que el gran sentido de la vida es amar. Y el amor se traduce en obras. Es importante descubrir los talentos que tenemos. Y más importante aún ponerlos al servicio de otras personas. Los dones que cada persona ha recibido no son para atesorarlos, sino para compartirlos.

Hay un concepto japonés muy interesante que tiene mucho que ver con los talentos: el Ikigai, que podríamos traducir como la razón por la que me levanto cada mañana, el sentido de propósito. Sería ese punto en el que confluyen aquello que me gusta, aquello que el mundo necesita, aquello que se me da bien y aquello por lo que me pueden pagar y puedo obtener un medio de vida. Es importante que confluyan las cuatro variables (Hara, 2020). Si falta aquello que me gusta puede ser muy aburrido; si falta aquello que el mundo necesita no tendríamos propósito; si no se me da bien puedo sentirme fracasado o fracasada; y si no me pueden pagar por ello seré feliz, pero muy pobre.

Seiiti Arata señala cinco pasos importantes para que cada persona encuentre su Ikigai: 1) Empezar pequeño (centrándote en un área de tu vida, poco a poco y de forma constante); 2) Liberarse de ideas preconcebidas que no estén alineadas con lo que quieres; 3) Buscar armonía y sostenibilidad; 4) Sentir alegría por las cosas pequeñas (condicionar la felicidad a grandes logros genera mucha insatisfacción); 5) Vivir en el momento presente, el aquí y ahora (es importante disfrutar del viaje, no solo de alcanzar la meta).

Hace unos años, escribí una entrada titulada A un hijo que empieza la universidad, cuando mis hijos entraban en esa fase. Lo allí recogido se podría aplicar también si la opción es otra, formación profesional, por ejemplo. La primera, y principal idea, era que había llegado su momento. Hay unos versos del poema Invictus, de William Ernest Henley (1849-1903), que reflejan a la perfección esta idea: “soy amo de mi destino, /el capitán de mi alma”. Este es un lema para grabárselo a fuego. Cada uno tiene que coger las riendas de su vida y responsabilizarse de la misma. Terminaba la entrada diciendo: “si te equivocaras, si por el camino vieras que ahí no está tu futuro, no tengas miedo en rectificar. Yo te apoyaré, aunque refunfuñe un poco… Lo más importante para mí es que seas una buena persona y estés a gusto con lo que haces…”. En la transición al mundo adulto, en el camino de la vida, normalmente no estamos solos, no estamos solas. Siempre suele haber alguna persona a la que poder acudir y con la que poder contar. Hay momentos en los que vamos a necesitar del consejo, apoyo, incondicionalidad y aliento de otras personas.

Alvin Tofler (citando a Herbert Gerjuoy, en El shock del futuro) señala que: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender”. En la vida tenemos mucho que aprender y también que desaprender. En ocasiones tenemos instalados pensamientos, ideas, sentimientos o conductas de los que tenemos que deshacernos, y eso no es nada fácil. “Para aprender hay que querer. Para desaprender hay que querer mucho más… hace falta humildad” (March Cerdà, 2019).

Encontrar el Ikigai, que puede cambiar a lo largo de la vida, es un proceso. No es algo a lo que se llegue de forma inmediata. Es este proceso es clave: Observar (mirarse de forma sincera, compasiva y profunda) y preguntarse (sin buenas preguntas no puede haber buenas respuestas; no cuestionarnos nos narcotiza). Y también es necesario, por un lado, hacer silencio (para mirar dentro y lejos) y también interactuar con personas que nos conocen y nos quieren bien (nos pueden ayudar a poner en valor lo que somos y lo que hacemos). A continuación, incluyo una ficha que puede ayudar en este importante trabajo personal.

Ficha para el trabajo personal (Adaptado de Alcolea, 2020)

A continuación, encontrarás 10 preguntas que te pueden ayudar a encontrar tu Ikigai. Es importante que contestes de forma exhaustiva (apunta cualquier idea o actividad, aunque te parezca extraña). Olvídate de los límites de la vida real (creencias limitantes, expectativas de otras personas, etc.). Cuanto más sincera/o seas contigo misma/o más información valiosa para ti recogerás.

Ten presente dos cosas: 1) Te puede llevar tiempo encontrar tu Ikigai, es un proceso; 2) Es importante encontrar el equilibrio (pasión – misión – vocación – profesión)

  1. ¿Sobre qué acciones recibes elogios de los demás?
  2. ¿Qué actividades te hacen disfrutar?
  3. ¿Qué haces para conectar contigo misma/o?
  4. ¿Con qué crees que puedes aportar, en mayor medida, a otras personas?
  5. ¿Qué actividades realizas con las que pierdes la noción del tiempo?
  6. ¿Qué cosas harías gratis cada día?
  7. ¿Qué actividades no te quitarías jamás en tu vida?
  8. ¿Qué cosas crees que has hecho siempre bien sin darte cuenta de ello y sin pararte a pensar que no todo el mundo las tiene?
  9. ¿Sobre qué temas investigas más en Internet o hablas con otras personas?
  10. ¿Qué crees que has venido a aportar al mundo?

Añadido: Piensa en personas que tienes como modelo. ¿Qué talentos tienen y qué aportan al mundo?


Referencias

martes, 4 de mayo de 2021

El peligro del poder

 

Situación: Martes, 4 de mayo, sobre las 20:15. Autobús línea 75 con unas 30 personas dentro. Se acerca a la parada de Pedro Martínez Artola 2, junto a la Comisaría de la Ertzaintza de Zabalburu precedido por una furgoneta de este cuerpo.  Frente a la comisaría hay varios coches patrulla aparcados y la furgoneta maniobra a su derecha, invadiendo la parada e iniciando una maniobra de aparcamiento marcha atrás. El autobús tiene que frenar bruscamente al no poder librar ni la furgoneta, ni el coche patrulla aparcado a su derecha. Un ertzaina se acerca al conductor y le dice que rebase a la furgoneta para poder aparcar. El conductor, en un tono amable, le dice que no puede hacerlo porque puede golpear a uno de los coches patrulla o a la furgoneta. El espacio es muy justo para el autobús, a la derecha tiene los coches patrulla y a la izquierda el murito de la entrada al parking. El agente empieza a subir el tono y a imponer su autoridad con unas formas inapropiadas. Tres agentes más salen de la furgoneta y uno de ellos ordena al conductor del autobús que abra la puerta y le increpa repitiendo las instrucciones del primer agente. El conductor se contiene e insiste en que es más fácil que la furgoneta suba un poco más arriba (también podría haberse metido en la entrada del parking y luego continuar la maniobra). El conductor, impotente, acaba haciendo lo que el agente le dice y consigue pasar. El pasaje está alterado, las personas en la parada también son testigos de la situación. El conductor antes de abrir la puerta en la parada pide en voz alta al pasaje si alguien le puede dejar sus datos. Me apresuro a darle los míos y los de mi marido y otra persona deja también los suyos. De pie, vuelve a preguntar si alguien más le da los datos y nadie responde.

Escribo estas líneas movida por la indignación y la solidaridad. Indignación por varias razones. En primer lugar, porque ha sido una situación clara de mal uso del poder. El hecho de llevar uniforme no legitima para hacer cualquier cosa. Pertenecer a un cuerpo de policía da mucho poder y parafraseando a Spiderman: “Todo poder conlleva una gran responsabilidad”. El Código Deontológico de la Policía del País Vasco (Ley 4/1992, de 17 de julio, de Policía del País Vasco) señala que “El servicio público de policía se ejercerá con absoluto respeto a la Constitución, al Estatuto de Autonomía y al resto del ordenamiento jurídico, y al mismo incumbe cumplir los deberes que le impone la Ley, sirviendo a la comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales que impidan el libre ejercicio de sus derechos y libertades (…)  Los miembros de la Policía del País Vasco actuarán con absoluta neutralidad política e imparcialidad, y evitarán cualquier práctica abusiva o arbitraria”. En esta actuación he visto poco servicio y mucha arbitrariedad. En segundo lugar, porque he percibido también cierto corporativismo (RAE: En un grupo o sector profesional, actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y los intereses de sus miembros). El resto de agentes presentes lejos de mediar y ayudar a solucionar la situación han apoyado a su compañero. Una mala actuación profesional va en demérito de la profesión que se ejerce y puede dañar la imagen pública y la confianza de la ciudadanía. En tercer lugar, por la falta de compromiso e implicación de las personas presentes. Quienes abusan de su poder se alimentan del miedo y del silencio cómplice de muchas personas. Martin Luther King decía: "No me preocupa tanto la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena".

En esta situación en mí ha podido más la solidaridad con la persona víctima de la situación, en clara inferioridad de poder. Podía sentir la rabia contenida del conductor ante la injusta situación. Su impotencia, su búsqueda casi infructuosa de apoyo, su decepción ante el silencio… ¿Quién nos asegura que un día no vamos a ser las víctimas en una situación así? Siempre es bueno recordar la regla de oro: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan” / “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”.

viernes, 22 de enero de 2021

El encuentro con el otro: la labor del tutor o tutora

 

El 21 de enero ha tenido lugar la Jornada del 25. Aniversario del SOU (Servicio de Orientación Universitaria) de la Universidad de Deusto. Afortunadamente he podido asistir de forma presencial. Ha sido un acto entrañable en el que al final del mismo ha recibido un merecido homenaje el impulsor del Servicio, Manuel Marroquín, SJ. Al comienzo del acto el homenajeado ha recordado cuál es el concepto de persona que está en el corazón del SOU: humanismo abierto a la trascendencia; siempre ha estado presente el ahondar en aquello que nos ayuda a ser personas más empáticas, más solidarias, más humanas… Y nos ha recordado las palabras del Padre Arrupe que abren esta entrada.

La ponencia central ha estado a cargo de Amaia Mauriz-Etxabe, directora del Instituto Bios, Psicoterapia Integrativa de Bilbao y antigua alumna de nuestra universidad. El título de la misma "La sorpresa del encuentro con el otro: desafíos y regalos" prometía un contenido muy interesante y oportuno para los tutores, tutoras y profesorado ahí congregado. Ha sido muy interesante e interpeladora. Voy a compartir aquí las principales ideas que me llevo.

Amaia ha comenzado con un reto, la propuesta de recuperar la mirada limpia y curiosa de un niño o niña que observa el mundo. En ese momento me ha venido a la mente una imagen con unas miradas muy familiares, inspiradoras y queridas para mí…

Amaia nos ha recordado que nuestra labor de tutoría es una relación de ayuda en una etapa peculiar de la vida de nuestros tutorandos y tutorandas. Un tiempo en el que construyen mucho de su vida y en el que ya cargan una mochila con algunos vacíos, pero también con algunas herramientas. Y nos ha lanzado otras preguntas: ¿Por qué estáis aquí? ¿Por quién? ¿La mirada de quién os ha acompañado para desarrollar este rol? Ha venturado, y en mi caso lo he visto clarísimo, que nos ha traído la implicación de alguien, un respeto genuino, una mirada que acompaña. Al momento me han venido algunos rostros, no muchos, porque, como ella ha dicho, “lo troncal es muy selectivo”.

Nos ha comentado algunas ideas de Manuel Marroquín, quien fue su profesor, expresadas en La relación de ayuda en R. Carkhuff. ¿Quién puede hacer counselling y psicoterapia? Personas que son antes humanas que psicoterapeutas; se trata de buscar dentro de mí para hacer un camino personal. Personas que tienen un compromiso básico con la persona a la que acompañan. Personas que entienden la dinámica de la personalidad del otro, que se implican en el cambio del otro. Y nos ha contado que viene de una cultura en la que cuando se respeta a alguien se mantienen las distancias, y eso a veces se traduce en silencio. Tenemos que ser conscientes de que podemos ser alguien que ha sembrado una semilla que ha marcado un camino, aunque nunca lo sepamos. El encuentro con el otro conlleva un encuentro con uno mismo.

Ha aludido también a la ética y la relación. La ética es una respuesta a los espacios vacíos. La relación confronta nuestros valores: ¿quién soy? ¿cuál es mi identidad? ¿y la del otro? El encuentro con el otro es un acto de entrega, de intimidad, un acto generoso… En el encuentro con otra persona me hago una idea de quién soy, en qué momento estoy (con el otro y conmigo); exige un interés genuino, más allá de prejuicios e interpretaciones, y una aceptación incondicional. Esa aceptación incondicional es lo que hace que se construya la implicación, que ayuda a crear puentes entre dos personas diferentes, con historias y marcos de referencia distintos. Esto me recuerda que tengo que seguir entendiendo (escucha abierta, activa, plena) sin prejuicios ni conclusiones previas, lo que permite que la persona siga contando… Amaia ha comentado que en un correo que había recibido de Erskine le recordaba que el lenguaje patológico resulta opresivo, incluso violento. Que para que se dé conexión en una relación hay que aproximarse con la mente abierta y que siempre hay que tener claro un principio: no sé nada de la experiencia interna de la otra persona, por lo que tengo que preguntar, escuchar e indagar.

Y ha puesto un símil muy sugerente, que nos puede inspirar en la labor de tutoría. Cuando un niño se cae, va donde su madre y esta, aunque no sea real, le pone una tirita que hace que su dolor se mitigue. Como tutores y tutoras debemos recordar este acrónimo RERA:

Reparación

Estabilización (tranquilizar)

Reorganización psicológica

Animar a crecer y desarrollarse (una mirada incondicional repetida en el tiempo acompaña hacia adentro y estimula a dar un paso adelante).

¿Cómo podemos desarrollar todo lo comentado? Teniendo en cuenta y dando respuesta a las necesidades relacionales. Una necesidad es algo irrenunciable, y es diferente a un deseo. Cuando una necesidad no se satisface tiene un reflejo negativo en la salud de la persona. Erskine y sus colaboradores, a través de una investigación cualitativa desarrollada a lo largo de los años, han identificado 8 necesidades relacionales que se repiten:

  1. Necesidad de seguridad, de sentirse visceralmente a salvo; de sentirse aceptado/a como uno/a es, sin crítica, humillación o ser ignorado/a. Es la base para que la relación crezca.
  2. Necesidad de valoración y validación; ser valorado/a; escuchado/a; atendido/a, tomado/a en serio. Quien lo recibe aprende que a alguien le importa lo que dice, piensa o siente.
  3. Necesidad de aceptación por parte de una persona más fuerte, más sabia, en quien se pueda apoyar. Es necesario tener a una persona que sea un referente, alguien a quien si llamo tengo la seguridad de que va a estar ahí, alguien que va a ser mi columna vertebral, me va a ayudar en momentos de toma de decisiones, de conflictos. En los casos de burnout esta suele ser la necesidad no satisfecha.
  4. Necesidad de reciprocidad (mutualidad). Ser comprendido/a por alguien que ha pasado por una situación similar, que conoce la calidad y el tipo de experiencia. Hay momentos en los que sentimos que somos la única persona a la que le ha pasado algo así…
  5. Necesidad de autodefinición. Necesitamos expresar la propia singularidad, nuestra forma única de ser. A veces puede ser exagerado durante un tiempo, pero es la forma de construir nuestra identidad única. Cuando no se satisface el precio lo pagamos hacia adentro, no sé quién soy ni qué quiero.
  6. Necesidad de hacer impacto, de influir en otra persona de alguna manera y tener evidencia de ello, saber que somos significativos en la relación. Si no se satisface genera frustración, incomodidad, puede hacer que nos rindamos, etc.
  7. Necesidad de que la otra persona tome la iniciativa, es el modo de que la otra persona exprese que eres importante y anima a que tomes el riesgo de acercarte.
  8. Necesidad de expresar amor. En toda relación positiva se produce acercamiento, sensación de cariño y afecto. Poder expresarlo y que el otro lo reciba ayuda a no negar la intimidad y cercanía que se da en una relación de ayuda eficaz.

Ojalá seamos capaces como tutores y tutoras de co-crear (es un camino de ida y vuelta) relaciones positivas de ayuda… Todo un regalo y un desafío. Todo lo que he escuchado, una vez más, me ha confirmado la importancia del efecto Pigmalión y de la mirada apreciativa…


martes, 15 de diciembre de 2020

Desvelos de madre y educadora

 

Para que lo leas con calma...

Cariño, no sé muy bien por dónde empezar a escribir estas líneas. Desde ayer bullen muchas ideas en mi cabeza y mis emociones están un poco alteradas. Espero poder transmitirte unas y otras de la mejor manera. Verás que se entremezcla mi voz como madre, como ciudadana y como profesora de ética (que es algo que tengo muy arraigado). Cuando vengas en vacaciones tendremos tiempo para hablarlo con calma y en persona.

Empiezo por las emociones, que se me han ido solapando unas con otras: sorpresa, estupor, preocupación, indignación, enfado, tristeza, mucha tristeza, sobre todo tristeza… Cada día desde que nacisteis hago una petición al cielo… a Dios… a la vida… “Que mis hijos sean buenas personas” … Creo que no hay cosa más importante para mí. Entiendo el éxito en la vida como ser una buena persona, hacer lo que hay que hacer, aunque el contexto no favorezca. Contribuir a dejar el mundo un poco mejor de lo que lo has encontrado… Recuerdo una vez que estabas en el colegio, en una época en la que andabas muy revuelto y tu comportamiento no era demasiado bueno, que antes de una reunión de padres le dijiste a tu tutor: “Diles que somos buena gente”. No nos lo dijo, pero yo sabía que el comentario era tuyo…

Hace mucho hice mía una máxima que escuché al que entonces era Rector del Tec: “El bien es bien, aunque nadie lo haga; el mal es mal, aunque todos lo practiquen”. Intento que esa máxima y la regla de oro (en positivo: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan”, o en negativo: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”) orienten mis acciones. Y eso que quiero para mí es en lo que he intentado educaros a vosotros, no solo con palabras sino con acciones. Llevo mucho tiempo trabajando mis valores e intentando llevarlos a la práctica. No siempre lo consigo, no soy ni mucho menos perfecta, pero pongo un gran esfuerzo consciente en vivir lo que creo. Y si fracaso en el intento, vuelvo a intentarlo… las veces que haga falta…

Como tú bien sabes actos, actitudes y carácter están íntimamente relacionados. Cada acto, cada acción, puede ser catalogada como buena o mala. La repetición de actos va conformando actitudes, predisposiciones para actuar. Y el conjunto de nuestras acciones conforman nuestro carácter, o “modo de ser adquirido”, que puede ser, en términos aristotélicos, vicioso (tiende hacia el mal) o virtuoso (tiende hacia el bien). Cada uno vamos fijando nuestro carácter acción a acción, decisión a decisión. Ayer me preguntabas: “¿Y eso me hace peor persona?”. Claro que una mala acción no te convierte en una mala persona, pero seguro que te aleja algo de la persona que quieres ser. Y no creo que nadie quiera ser una mala persona. Siempre digo a mis alumnos y a mis alumnas que espero que se les encienda una ‘alarma’ cada vez que digan la frase “Total… eso no hace mal a nadie”. Muchas veces cuando pronunciamos esa frase nos olvidamos de la persona más importante, cada uno de nosotros y de nosotras. Puede que una acción no tenga consecuencias, o que no te pillen, o que nadie se entere… Pero cada uno sabe cuando no ha actuado bien y eso afecta a la persona que cada uno construimos, a ese carácter que vamos conformando acción a acción, decisión a decisión.

Sé que algunas de mis ideas y mis valores te pueden parecer anticuados, que no compartes (ni siquiera sé si entiendes) la fe que profeso… Sé también que no estás de acuerdo con la sociedad, el sistema, el capital, las injusticias… pero no cualquier medio vale para transformar el mundo. Importan los fines, pero no te puedes desentender de los medios. ¿Te imaginas que todas las personas actuaran de la misma manera? ¿Sería el mundo un lugar mejor? Acuérdate del imperativo categórico de Kant: “Actúa de tal manera que tu conducta pueda ser considerada una ley universal” (y la segunda formulación: “trata al ser humano como un fin en sí mismo, nunca como un puro medio”).

Las normas y las leyes están para cumplirlas porque favorecen el buen funcionamiento de la sociedad. Está claro que no todas las normas y leyes son justas, pero que una norma o ley no sea justa no legitima que uno se salte todas o que cumpla solo las que le interesan. ¿Sería mejor un mundo sin leyes y normas? ¿Cómo se protegería a las personas más vulnerables? ¿Habría mayor igualdad y justicia? Sinceramente, creo que no. Se puede luchar por cambiar las normas y leyes, pero, vuelvo a lo de antes, no de cualquier manera. Relacionado con esto, hay algo que me preocupa y es el tema de la escala y la oportunidad. Quienes cometen delitos, quienes tienen comportamientos corruptos, quienes atentan contra el bien común, normalmente no empiezan por grandes cosas.  Se empieza cometiendo pequeñas transgresiones, pero a medida que se sale indemne y se tiene oportunidad y acceso a otros niveles, sube la escala de la transgresión. Y luego no vale el “yo no quería”… Acuérdate de algo que os he repetido muchas veces… “acción, reacción, repercusión”, responsabilidad en acción.

Eres dueño de tu vida y de tus decisiones. Yo quiero, siempre he querido, lo mejor para ti. No puedo obligarte a actuar como yo creo que se debe actuar, pero tampoco puedo renunciar a decirte lo que pienso y cómo me siento… No puedo dejar de preocuparme por ti porque me importa la persona que eres. Y siempre con una premisa previa: “Te quiero por encima de todo y a pesar de todo”.

Ama


lunes, 30 de noviembre de 2020

Educar es…

 

[He publicado esta entrada el 30.11.20 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

En lo últimos días han confluido dos hechos que me inspiran esta reflexión. Por un lado, he asistido al seminario “Diálogos sobre pedagogía ignaciana” impartido por el Rector de la Universidad de Deusto, José María Guibert, e inspirado en su último libro. Por otro, una conversación con una amiga que me contaba la situación que había vivido su hijo adolescente en el colegio y el desasosiego e indignación que le producía. 

Empiezo por esto último. Clase de gimnasia, 2º ESO, 13 años, hormonas revolucionadas, espacio algo más relajado que el aula cotidiana… Niños y niñas están corriendo siguiendo las indicaciones del profesor. El hijo de mi amiga va a la par que su amigo del alma. Seguramente no están concentrados al 100%... ¿Quién no se acuerda de las tonterías que se hacían con esa edad en cualquier contexto? El profesor detiene la clase, les increpa que no se están tomando en serio la actividad y les ordena lo siguiente: Tienen que correr persiguiéndose el uno al otro; quien alcance al otro se libra del castigo; y quien ‘pierda’ tendrá que quedarse el viernes por la tarde haciendo una tarea… Empiezan a correr. El resto de la clase jalea a los corredores. Al final, el hijo de mi amiga alcanza a su mejor amigo. ¿Se puede decir que ha ganado? ¿Cómo se siente? ¿Cómo se siente su amigo? ¿Qué es lo que ha aprendido? ¿Qué es lo que ha aprendido el resto de la clase?

No es difícil ponerse en la piel del hijo de mi amiga… Sentía desconcierto (¿qué es lo que me está diciendo? ¿por qué tengo que hacer esto?); vergüenza y humillación (la situación recuerda a una escena del Circo romano); rabia y frustración por tener que hacer algo que puede dañar a su amigo y a la relación; impotencia por verse obligado a cumplir unas órdenes difíciles de comprender, pero que de no cumplirlas podrían interpretarse como insubordinación; pena por saber que su amigo es menos rápido y va a ser él quien le atrape… Y todo esto ¿para qué? ¿Cuál es la intención educativa de esto?

Esto me lleva al libro de Guibert (2020, p.9) que comienza así: “Con este libro quiero presentar una reflexión sobre una de las actividades más nobles que existen en la humanidad: la educación. Preocuparse por el que no sabe, ayudarle a aprender y a crecer en su entorno, generar caminos de emancipación y de construcción compartida de la personalidad, acompañar senderos de discernimiento y maduración, etc. o cualquier rasgo que elijamos para describir la actividad educativa, son hitos preciosos que tocan lo más hondo de la fibra humana”. La labor de un docente es contribuir a la formación integral de las personas que tiene a su cargo, y va mucho más allá de transmitir unos conocimientos (en eso internet supera a cualquiera). Es preparar para la vida en todas sus dimensiones. “El deseo de hacer bien al educando y el amor a esa persona deben marcar o iluminar la acción educativa” (Guibert, 2020, p 11). Esta es una clave fundamental, la labor educativa debe estar inspirada en el amor. Puede resultar chocante hablar de amor en este contexto, pero es básico. En mi despacho tengo una lámina con la imagen que abre esta entrada y que me recuerda cada día que las huellas que debo dejar son huellas de amor; y las dejo con lo que digo y lo que hago.

Me gustaría terminar con la cita con la que abre su libro Guibert (2020) y que pertenece al Padre General de la Compañía de Jesús:

“La educación es un factor de desarrollo humano a través del cual se persiguen la justicia social, la reconciliación entre los seres humanos y con el medio ambiente, se promueve la paz y se detiene la violencia; se abren horizontes universales y trascendentes. Un ser humano educado sabe situar sus metas personales dentro de la búsqueda del bien común” Arturo Sosa, SJ

Cada educador, cada educadora tenemos una gran responsabilidad… Somos “guardianes de la llama”…

Bibliografía:

  • Guibert, José María, SJ (2020). Para comprender la pedagogía Ignaciana. Bilbao: Mensajero