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sábado, 3 de febrero de 2024

En la senda del liderazgo

 


Un año, y mucha vida, separa estas dos fotos. El 7 de febrero de 2023, 29 personas de distintas Obras de la Compañía de Jesús, procedentes de diversos lugares (Barcelona, Logroño, Donostia, Vitoria, Durango, Bilbao, Santiago y A Coruña), acompañados por Vicente Marcuello SJ, empezamos la formación en “Liderazgo ignaciano”. El 3 de febrero de 2024, 25 de nosotros la concluíamos en la Capilla de la Conversión compartiendo un esbozo del proyecto que cada persona va a desarrollar, así como lo que le había supuesto la experiencia. Es difícil poner palabras a la energía, profundidad y conexión del momento.

Son muchos los aprendizajes y llamadas que me llevo de este curso en el que hemos contado con ponentes muy relevantes que nos han hecho cuestionarnos y reflexionar. También cada uno de los participantes ha hecho aportaciones que han enriquecido el diálogo y la reflexión.

  • Jesuitas y personas laicas somos colaboradores en la misión. Somos corresponsables, copropietarios… “según circunstancias de personas, tiempos y lugares”.
  • Recordatorio de la Identidad y Misión de Unijes, red de los centros universitarios vinculados a la Compañía de Jesús en España: “1. Formar hombres y mujeres como profesionales competentes y ciudadanos responsables que pongan su saber y sus competencias al servicio de los demás. 2. Investigar y aportar conocimiento útil en aquellos ámbitos donde se presentan los mayores retos a la persona humana y a la sociedad en general”.
  • Las cuatro Preferencias Apostólicas Universales como horizonte de nuestra misión compartida: 1. Mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento. 2. Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia. 3. Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador. 4. Cuidar de nuestra Casa Común. Trabajar, con profundidad evangélica, en la protección y renovación de la creación de Dios.
  • Las obras tienen que ser ignacianas, no jesuitas. “La Pedagogía Ignaciana expresa de modo más evidente la savia que la nutre - los Ejercicios Espirituales y la Espiritualidad Ignaciana - mientras que la Pedagogía Jesuita no siente la necesidad de explicitarla, ya que se dirige a los Jesuitas, conocedores y practicantes de sus principios” (Klein S.J., 2014). Es más importante la misión que las Obras.
  • La formación sin acompañamiento no cierra el círculo. La formación por sí sola no nos transforma.
  • No juzguemos cuando alguien dice “No”. Es mejor un no que un sí obligado, a medias o condicionado.
  • Invitación a profundizar en el autoconocimiento, o como dijo Salvador, “a conocer, conocerse y dar a conocer”. “No el mucho saber harta y satisface al anima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente” (EE, anotación 2ª). Solo puedo transformar(me) desde lo profundo.
  • Llamada a colaborar, a trabajar en red y a profundizar en el discernimiento.

Como idea final, resumen de la experiencia para mí, me vienen con fuerza unos versos del estribillo de “Soy Gracias” del Gen Verde: “yo soy gracias / por todo y por siempre / oh, Señor, gracias”.

 

Porque Tú me has amado

como sabes amar.

Porque me he perdido en Ti,

en tu inmensidad.

 

Si me preguntases quién soy,

no sabría decir mi nombre;

diría: yo soy gracias,

por todo y por siempre,

oh, Señor, gracias.

 

Cuando llegue hasta ti,

a tu morada,

yo me perderé en ti,

me perderé en ti.

 

Cuando Tú me preguntes quién soy,

no sabré decir mi nombre;

diré: yo soy gracias, ·

por todo y por siempre,

oh, Señor, gracias. (2)

Para escuchar la canción en versión original, pinchar aquí



Referencias

 



lunes, 14 de marzo de 2022

Encuentro con mi niña interior


[He publicado esta entrada el 14.03.2022 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

 Recientemente he asistido a un curso muy interesante sobre el Niño interior, impartido por Alodia Cabañas. La invitación partió de una buena amiga, Nekane Adrién, de quien llevo un tiempo aprendiendo sobre el eneagrama. Como dice otra buena amiga, “nada es casual, todo es causal”, y así me siento. Este curso me ha llegado en el momento oportuno. Era lo que necesitaba…

Cada uno de nosotros tenemos un niño, una niña interior herida.  Esta metáfora hace referencia a nuestra parte más vulnerable y sensible, a todos los procesos que se han quedado parados, las carencias y el dolor que vamos arrastrando y no nos deja desplegar todo nuestro potencial. Coexiste con un niño, una niña interior divina, que es nuestro núcleo sano, nuestro yo profundo y auténtico (lleno de creatividad, belleza, entusiasmo, fuerza, etc.). A medida que nos vamos desconectando del núcleo sano nos vamos adaptando a lo que las demás personas creen que somos y vamos generando una máscara, un falso yo, que nos ayuda a estar en relación con los demás. Para conectar con nuestro niño, nuestra niña, necesitamos un espejo donde ver quiénes somos, un entorno seguro, de amor incondicional. [En este vídeo de Victoria Cadarso se explica de forma sencilla qué es el niño interior, pinchar aquí].

A través de una meditación guiada, poniendo el foco en nuestro cuerpo, conectamos con el niño, esta niña, desde la persona adulta compasiva que somos. Para ello cada uno ‘buscó’ su lugar seguro. El mío lo tengo claro. Es la entrada de mi casa, ‘mi cueva’, donde nada más llegar me desprendo de la mochila del ordenador, los zapatos, el abrigo y con ellos me libero de parte de la carga que he arrastrado a lo largo del día. Al terminar la meditación escribimos una carta. Esta es mi carta:

______________________________________________________________________

Querida Aran, [Aran es el nombre cariñoso de mi infancia, con el que me llaman mi familia y mis personas más cercanas]

Estás y estarás conmigo. Sé que a veces tienes miedo y te sientes sola. Que sufres el dolor de la vida y del mundo, el dolor de una humanidad que no siempre se comporta como debe. Has sufrido golpes y cicatrices, pero has tenido y tienes una buena vida. Muchas personas se han cruzado en tu camino y te han dado lo mejor que tenían o podían. Me surge un mantra que quiero que recitemos juntas, yo a ti y tú a mí: Lo siento, perdóname, gracias, te amo. Te amo porque Te veo (eres y estás). Soy tú y eres yo. Juntas podemos transitar lo que nos queda del camino y podemos hacer que sea bueno para nosotras y para los demás. Me abrazas y te abrazo y nuestro corazón palpita al unísono.

Te veo [Te veo equivale a decir te reconozco, valoro tu existencia, abro mis ojos, mis oídos y mi mente para acercarme a ti]

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En el trabajo con nuestro niño, nuestra niña interior tenemos que aprender a relacionarnos con nuestro crítico interno, esa voces, mensajes y creencias limitantes que van reduciendo nuestro potencial. Es importante identificarlo (para poder poner distancia), reconocer su existencia y comprender que nos ha servido para cubrir las necesidades no cubiertas, para adaptarnos al entorno. Cuando lo hacemos consciente y lo ponemos al servicio de nuestra vocación, en lugar de al servicio de nuestro ego, se pone a nuestro favor.

Descubramos nuestras partes heridas, acariciémoslas, mirémonos con cariño y sigamos adelante.

Tú, la persona más rica de la Tierra,

te comportas como un hijo pródigo;

por favor, regresa a tu patrimonio.

Ofrezcámonos unos a otros la felicidad y aprendamos

a habitar el momento presente.

Alberguemos la vida en nuestros brazos

y abandonemos el olvido y la desesperanza.

Thich Nhat Hahn, El arte de cuidar a tu niño interior

lunes, 23 de diciembre de 2019

Historia de un matrimonio

[He publicado esta entrada el 23.12.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Recientemente he visto Historia de unmatrimonio, película protagonizada por Scarlett Johansson y Adam Driver. Me llevó a ella un diálogo de la misma que reproducía en un artículo de Ramírez(2019) que refleja una conversación entre la protagonista y su abogada y que me pareció muy certero:

“Te voy a parar ahí. La gente no tolera a las madres que beben y le dicen a su hijo ‘cabroncete’. Lo entiendo, yo soy igual. Un padre imperfecto es aceptable. El concepto de buen padre solo se inventó hace unos 30 años. Antes era normal que los padres fuesen callados, ausentes, poco fiables y egoístas. Claro que queremos que no sean así, pero en el fondo los aceptamos. Nos gustan por sus imperfecciones, pero la gente no tolera eso mismo en las madres. Es inaceptable a nivel estructural y espiritual. Porque la base de nuestra patraña judeocristiana es María, la madre de Jesús, que es perfecta. Es una virgen que da a luz, apoya incondicionalmente a su hijo y sostiene su cadáver al morir. El padre no aparece. Ni para echar un polvo. Dios está en el cielo. Dios es el padre y Dios no se presentó. Tú tienes que ser perfecta, pero Charlie puede ser un puto desastre. A ti siempre te pondrán el listón más alto. Es una jodienda pero es lo que hay”.

No es la típica historia de familia feliz que abunda en la parrilla televisiva navideña. Es una película un poco más larga de lo habitual, que puede parecer lenta en algunos momentos y que tiene una estética más parecida a un documental… lo que la hace más creíble y verosímil. Puede parecer muy dura, pero quienes hemos pasado por ese proceso nos podemos ver muy reflejados en algunos aspectos. Aunque no solo. Cualquiera puede conectar e identificarse con alguno de los personajes o con todos. No es una historia de buenos y malos. Se van viendo los errores que cada uno de los personajes comete. Y así suele ser la vida real, llena de aciertos y errores, suma de vivencias buenas y malas. Y todo depende desde dónde se mire…

Es muy interesante observar la comunicación entre los diferentes personajes. A mí me ha llevado a varias reflexiones. Doy clases y cursos de comunicación y siempre suelo decir que la comunicación es a las relaciones como el aceite a los motores. Cuando la comunicación falla las relaciones se complican y, a su vez, cómo es una comunicación nos puede hacer intuir cómo es una relación o dónde está. Y qué mal nos comunicamos a veces… qué difícil nos resulta canalizar bien cómo nos sentimos… qué daño hacen las palabras no dichas… hay silencios que cambian el rumbo de nuestras historias…

La película comienza mostrándonos momentos entrañables de familia y de pareja mientras cada uno de los protagonistas, con la voz en off, va narrando lo que le gusta del otro. Eso es algo que normalmente no solemos decirnos, o no suficientemente (cosa que no sucede con los fallos… que los comunicamos con facilidad). Hasta que se ve que la pareja está en un consejero matrimonial que les ha puesto como tarea poner por escrito las virtudes del otro para leérselas en ese momento. Uno de los dos se niega a hacerlo y todas esas palabras se quedan en el tintero… Y nos queda la pregunta de si hubieran cambiado las cosas de haberse leído los escritos. Aunque llegado ese momento serán muchas las cosas negativas que se habrán dicho, será mucha la rabia y la frustración contenida como para reparar lo dañado… Por mi experiencia, en las relaciones (no sólo de pareja) se da un punto de no retorno cuando se pierde el respeto y se desata la rabia y la lengua. Hay una escena que representa esto muy bien. El proceso de divorcio está tomando caminos muy dolorosos y se juntan para hablar. Ellos, que han compartido muchas cosas, no saben cómo ni por dónde empezar. Al principio se dicen cosas de forma suave pero comienzan a hacerse reproches y decirse cosas de una forma cada vez más violenta… [Recomiendo el cuento del Papel arrugado]

En una relación, y sobre todo de pareja, es muy difícil estar en el mismo nivel de aprendizaje y evolución [Recomiendo la lectura de la escalera]. Incluso puede pasar que nuestra evolución tome caminos muy diversos y que pueden ser (o volverse) irreconciliables. Y estos caminos diversos se proyectan claramente cuando entran en escena los hijos e hijas. Ahí es donde muchas veces nos damos cuenta de la diferente visión de la vida, los valores contrapuestos, los aprendizajes que traemos de nuestras familias de origen… Ella se siente frustrada porque dejó su carrera cinematográfica al casarse y unirse a la compañía de teatro que dirige su marido. Siente que ha estado a la sombra de él. Quiere iniciar un proyecto profesional por su cuenta en otra ciudad. Él tarda en darse cuenta de que las cosas no volverán a ser como antes. Ella se va para no volver. No se ha dado cuenta de que ya no era feliz… Y no basta con quererse… Quererse no es suficiente para mantener un proyecto de pareja y de familia. ¿Cuál fue el principio del fin? ¿Cuándo dejaron de compartir sueños? ¿Cuándo se separaron sus caminos? ¿Cuándo dejaron de mirarse y hablarse con la complicidad de quien quiere compartir su vida entera?

Una palabra sobre las terceras personas que dañan las relaciones (y no me estoy refiriendo a amantes). En el caso de la película son los respectivos abogados. Ambos muy competentes y preocupados por el bienestar de sus representados abocan a la pareja a una situación en la que más parecen contendientes en una batalla que personas interesadas en finalizar de manera tranquila y civilizada una comunidad de varios años. Utilizan ‘oportunamente’ las historias que sus representados les han contado aireando una intimidad y vivencias que solo los protagonistas conocen en toda su dimensión… ¿Y eso realmente les ayuda? ¿Y al hijo que tienen en común? ¿Necesariamente hay que arrasar con la vida anterior para comenzar una nueva?

Quiero terminar con un extracto de las palabras de Khalil Gibran en El profeta sobre el matrimonio…
“Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga,
porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado juntos,
porque los pilares del templo están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.”


Bibliografía


lunes, 2 de septiembre de 2019

Ha llegado el momento… Despliega tus alas


Ha llegado el momento… Es bueno para los dos… Es el empujón que necesita para entrar definitivamente en la vida adulta… Eso es lo que me repetía ayer a mí misma cuando íbamos camino del aeropuerto Xabier, mi hijo mayor, y yo. Se marchaba a Dublín de Erasmus para el primer semestre.

Culminaban meses de encontronazos, ‘peleas’, desvelos… No ha sido fácil preparar este viaje. Sé que he hecho mucho más de lo que me correspondía pero es que no le veía a él por la labor. Intuía su tentación de tirar la toalla. Y no podía dejar que desaprovechara la oportunidad… Tiene un pronto endemoniado que es su perdición y mi desesperación. Me recuerda mucho a mí con esa edad… Yo he conseguido controlar al alien (aunque sinceramente creo que el suyo es más rudo), y sé lo que se sufre y se hace sufrir. Recuerdo que desde pequeño le ha dado mucha rabia lo del alien. Cuando se ponía como loco le solía decir: “Cariño, sé que no eres tú el que habla, sé que es un alien que tienes dentro”. Eso le enfurecía aún más y soltaba una serie de improperios a los que yo respondía con una sonrisa tierna: “Ves, cariño, no eres tú, es el alien”… Estos meses su alien ha estado un poco desatado y más al final. Creo que al mío he conseguido mantenerlo bastante a raya…

Por experiencia creo que ese pronto tiene mucho que ver con una gran sensibilidad y con el manejo del miedo. El sábado por la noche cuando llegó a casa me contaba que había roto a llorar al despedirse de su novia. Me hablaba un ‘niño asustado’ que para consolarse decía: “Estoy seguro de que va a ser una buena experiencia. Está bien conocer otro país y otra universidad”. Yo para mis adentros pensaba: “Espero poder contenerme mañana. Si tu lloras al despedirte de tu amor desde hace dos años… ¿Qué diré yo que te quiero desde el momento que supe que estabas en camino?”. Y casi lo consigo... me desmoroné  en el abrazo en la puerta de embarque. Mucha tensión, cansancio, emociones encontradas… Me transporté al momento en que con 18 años mis padrinos, con los que vivía, y mi madre me dejaron en la residencia de estudiantes en San Sebastián. Mi padrino (que por edad podría ser mi abuelo) se marchaba sin mirar atrás. Corrí hacia él para darle un beso y vi cómo le caían unos enormes lagrimones... 

Hace tiempo escribí sobre lo que en psicología se conoce como el Síndrome de Ulises: “Hay momentos en la vida en los que uno sale de su zona de confort y se lanza a aventuras en las que al final, sea cual sea el resultado, nunca se regresa al punto de partida... El escenario ha cambiado, los actores también... y tú ya no eres la misma persona...”.

Te he dado raíces… He ‘cosido’ tus alas con jirones de mi alma. Soy el puerto en el que siempre podrás atracar… Pero ha llegado el momento de que despliegues tus alas y que vueles como estoy segura que sabes hacer… ¡Suerte Xabi!



viernes, 19 de julio de 2019

Una práctica para ganar sentido y profundidad: el examen ignaciano

Ilustración de “Exercitia Spiritualia” de Ignacio de Loyola

De 15 al 17 de julio tuvo lugar en la Universidad de Deusto el Encuentro Inter-universitario Unijes (red de los centros universitarios vinculados a la Compañía de Jesús en España) bajo el título: “Claves prácticas de la Pedagogía Ignaciana en la Innovación Educativa Universitaria”. Han sido días intensos pero de mucha luz para nuestra labor docente. Quiero poner el foco en una herramienta/práctica que ayuda a ganar profundidad y sentido, el examen del día, y que puede trasladarse a la práctica docente. Las ideas que aquí presento han sido unas tomadas y otras inspiradas por la ponencia de Francisco José Ruíz Pérez sj, quien fuera Provincial de la Compañía de Jesús y actualmente es Decano de Teología de la Universidad de Deusto.

Día a día vamos tomando decisiones y viviendo experiencias. Muchas de ellas únicamente cobran sentido en la medida que les insuflamos tiempo y las miramos con cierta distancia. Para que nuestra experiencia gane profundidad tenemos que hacer paréntesis contemplativos y de revisión. Debemos hacer ejercicios de perspectiva (mirar hacia atrás para ver de dónde venimos) y prospectiva (mirar hacia delante para ver qué camino tomar) para situarnos en la vida, en todos su ámbitos, con sentido. Este es un camino personal, individual que nadie puede recorrer por nosotros ni nosotras.

Ignacio, a partir de su experiencia personal, propuso un método para ganar en libertad, para ordenar los afectos desordenados, y descubrir a Dios en la vida cotidiana: los Ejercicios Espirituales.  La clave reside en ejercitar, en practicar. Dentro de todas estas prácticas hay una que destaca: el examen del día. La Espiritualidad ignaciana es muy metodológica. Si hay algo en lo que seguro que todos y cada uno de los jesuitas de ayer, hoy y mañana se parecen es en esta práctica, que es un ejercicio minimalista propuesto por Ignacio. ¿Por qué minimalista? Porque es lo mínimo que Ignacio pedía y solo requiere 10 minutos y 5 pasos.

Una vez que somos capaces de encontrar 5-10 minutos en los que hacer una pausa sin prisas ni distracciones estamos en disposición de seguir la siguiente secuencia de pasos que se resumen en la imagen que abre esta entrada:
  1. Me pongo en presencia de Dios y le doy gracias por tanto bien recibido. No es un ejercicio con uno mismo, con una misma. Es colocarse en un espacio interior de relación. No hay exigencia. Es un diálogo, no un monólogo.
  2. Le pido a Dios que se haga presente en mi propia vida. No se trata de buscar a Dios en la vida sino de pedirle que se nos manifieste y que aprendamos a descubrir su acción en nuestro día a día.
  3. Reviso el día como si estuviera viendo una película: DÓNDE  he estado (en las experiencias fundamentales los lugares son clave); QUÉ he hecho, repaso mis acciones; CON QUIÉN he estado, miro a los otros y otras con los que me he encontrado.
  4. Abro el libro de los registros profundos que me ha dejado el día. Me pregunto por las consolaciones y desolaciones que he tenido. “La consolación espiritual consiste en cualquier movimiento del corazón y de la mente que incremente la fe, la esperanza y el amor genuino de sí mismo y hacia otros. […] La desolación espiritual es lo opuesto” (Glosario de términos Ignacianos y Jesuitas).
  5. Pido a Dios fuerza para hacerlo y agradezco lo bueno que he tenido en el día. No estamos ante un ejercicio de perfeccionamiento moral o de autorrealización. No tenemos que ser personas perfectas. No hay culpabilización. Existe una posibilidad de futuro. Podemos empezar a transformar la realidad y tenemos que comprometernos con ello.

En la medida en que nos ejercitemos en esta práctica vamos a ir conociendo nuestros condicionamientos y conquistando grados de libertad. Sería muy interesante que, después de haberlo puesto en práctica personalmente, introdujéramos a nuestro alumnado en este camino de reflexión profunda que contribuye a la madurez. Cómo hacerlo es algo que cada uno debe descubrir y aplicar a su contexto.

¿Puedes reservar 10 minutos diarios para que tu vida gane en profundidad y sentido, para aumentar tu consciencia y conocimiento? ¿Lo puedes trasladar a tu alumnado? ¡Merece la pena!



viernes, 23 de noviembre de 2018

¿Por qué tengo miedo?

[He publicado esta entrada el 23.11.2018 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Recientemente he asistido a un concierto, más bien una meditación comunitaria cantada, de la Hermana Glenda, a quien descubrí hace unos veinte años. Es una cantautora de música cristiana nacida en Chile y con nacionalidad española que se dedica a la evangelización a través de la música. Una de las canciones, que hacía mucho que no escuchaba, me removió por dentro, Nada es imposible para ti. Sus versos todavía resuenan en mí: “¿Por qué tengo miedo? (…) ¿Por qué tengo dudas?”

Como dice mi amigo Roge hay muchos miedos… “Miedos desadaptativos, paralizantes, agresivos, humillantes, cotidianos, invisibles, amigos, condicionados y condicionantes, viejos y nuevos, aceptados, odiados, del pasado, del presente, del futuro… de los más peligrosos. Miedos fóbicos, terroríficos, pavorosos, pero también sutiles, silenciosos, permanentes, depresivos y deprimentes”. A veces nos cuesta vernos como animales y no somos conscientes de que nuestra razón no puede acallar lo que nuestras emociones ‘gritan’ por cada poro de nuestra piel. Ante el miedo nuestro cerebro tiene grabadas tres respuestas: ataque, huida o inmovilidad. He de reconocer que en mí la más habitual es la inmovilidad, el miedo me paraliza, me bloquea. Y, como dice Roge, eso te hace presa fácil de los depredadores y depredadoras, que huelen el miedo y  les excita porque te conviertes en  una presa. ¿Y cuáles son mis mayores miedos, los fantasmas que me acompañan? En mi caso los tengo bien identificados: el rechazo y el abandono… Y esto me habla del miedo a la soledad.

Hay un vídeo muy sugerente de José María Rodríguez Olaizola sj que se titula “¿Se puede bailar con la soledad?” (tiene también un libro con ese título). Como señala puede parecer una paradoja porque el baile evoca algo alegre mientras que la soledad evoca algo triste. En toda vida hay soledad (creo que la mayor constatación de ello es que todas las personas nacemos y morimos solas aunque estemos rodeadas de gente). Hay soledad buscada con la que es fácil bailar. Lo complicado es bailar con esa soledad no buscada, la que te ataca cuando miras las vidas de los demás y te parece que están llenas de vínculos y encuentros mientras que la tuya no lo está. Rodríguez Olaizola da tres claves para bailar con esa soledad: 1) Escuchar la música, aprender a oír los ruidos y voces que nos hablan de vida y nos demuestran que no estamos solos o solas; 2) Aprender a escuchar a las demás personas, a reconocerlas, con sus luces y sus sombras, más allá de sus máscaras; 3) Ofrecer afecto, no exigirlo… ahí empezamos a bailar.

Y merece la pena bailar porque, como señala el siguiente autor al que vamos a mencionar,  “la buena vida se construye con buenas relaciones”.  Robert Waldinger es el 4º director del Harvard Study of Adult Development, una investigación sobre la vida (trabajo, salud, vida familiar, etc.) de 724 hombres a lo largo de 75 años realizada a través de cuestionarios, entrevistas, historias médicas, etc. La pregunta a la que tratan de dar respuesta en el estudio es: ¿Qué nos hace felices y saludables?  El mencionado estudio comenzó en 1938. En la fecha de la charla, diciembre de 2015, 60 de esos hombres continuaban con vida y seguían participando en el estudio. Había dos grupos iniciales: uno eran alumnos cursando segundo año de carrera en Harvard; el otro eran chicos de los barrios más pobres de Boston. Actualmente están estudiando a los descendientes de los participantes en el estudio, más de 2000, y hace una década se incorporó a las mujeres de los participantes. La conclusión central del estudio no tiene que ver con la fama y el dinero: “Las buenas relaciones nos hacen más felices y más saludables”. Se derivan tres aprendizajes importantes: 1) “Las conexiones sociales nos hacen bien y la soledad mata”; 2)”Lo que importa es la calidad de las relaciones más cercanas”; 3)”Las buenas relaciones no sólo protegen el cuerpo, protegen el cerebro”. No es necesario que las relaciones sean buenas todo el tiempo, en todas hay altibajos, lo importante es saber que se puede contar con la otra persona.

Volviendo a la canción que mencionaba al principio… ¿Por qué tengo miedo sin nada es imposible para ti y, añado, has llenado mi camino de personas que le dan brillo y sentido?


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Apostemos por la sororidad


[He publicado esta entrada en el Blog de Doce Miradas el 06.11.2018]

Hace tiempo escribí una entrada en mi blog que llevaba por título “El peligro de la historia única”, que es el de una charla TED que dio la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en 2009. En dicha entrada llegaba a esta conclusión:
“La charla también me hacía pensar en la lucha feminista, en el patriarcado. Durante muchos, demasiados, años la historia de las mujeres ha sido contada e interpretada por hombres. La voz de la mujer ha sido silenciada o minusvalorada… Todo cambio hacia la real igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres pasa por superar la historia única”.

El patriarcado está inscrito muy fuerte en nuestro ADN social. Una muestra de ello la podemos ver en el vídeo de BBC News Mundo (2018) en el que se propone el siguiente acertijo:
“Un padre y un hijo viajan en coche. Tienen un accidente grave, el padre muere y al hijo se lo llevan al hospital porque necesita una compleja operación de emergencia. Llaman a una eminencia médica pero cuando llega y ve al paciente dice: ‘No puedo operarlo, es mi hijo’”

Como se explica en el vídeo incluso personas con mucha conciencia feminista no se plantean que la respuesta es que la eminencia médica es la madre debido a la “parcialidad implícita”, que tiene un origen cultural pero que se vuelve parte de un proceso automático. Yo misma cuando acabé mi tesis doctoral sobre el tema del liderazgo femenino llegaba a la conclusión de que, en gran medida, estaba alienada. Ir contra los “mandatos sociales” exige estar muy alerta, a sabiendas de que algunas veces no caerás en la cuenta y reproducirás los mecanismos que perpetúan las diferencias.  

Recientemente he leído un nuevo artículo de Adichie (2018), cuyo título es: “El silencio es un lujo que no podemos permitirnos”. En él invita a la valentía, a romper el silencio, a ir en contra de lo establecido y luchar por la justicia. “Es la hora de la valentía, que no es la ausencia de miedo sino la decisión de actuar a pesar de tenerlo (…) Esa experiencia [una relacionada con una visita a la iglesia de su niñez en la que se habían dado pasos hacia atrás] me hizo abandonar mi idea boba y romántica de que ‘hablar claro’ va unido a la certeza de un apoyo generalizado. Pero me aclaró la importancia de hablar de lo que importa: no se debe hablar porque uno esté seguro de que le van a apoyar, sino porque no puede permitirse el silencio (…) Mi responsabilidad como ciudadana es la verdad y la justicia”. Las mujeres tenemos que unirnos y dar a conocer nuestra voz. Y más cuando, como dice Adichie (2018), “sabemos por las investigaciones que las mujeres leen libros escritos por hombres y por mujeres, pero los hombres leen libros escritos por hombres”. Los relatos de las mujeres son para todas las personas porque hablan de la humanidad. Como decía Mao Zedong, “Las mujeres sostienen la mitad del cielo, porque con la otra mano sostienen la mitad del mundo”.

Dar a conocer nuestra voz pasa por reconocer las discriminaciones múltiples y la necesidad de una aproximación interseccional. “Considerar además del género, otras desigualdades exige pasar de un enfoque unitario a un enfoque que ha de integrar desigualdades múltiples que incluyen primero la raza y la clase social, luego en lugar de la clase social lo harán la edad, la religión o creencia, la discapacidad y la orientación sexual” (Expósito, 2012, 207). No se trata de dar a conocer la voz de la mujer sino las voces de las mujeres, que son muchas y muy diversas en función de las mencionadas discriminaciones múltiples.



Y una de las mejores vías para hacerlo es a través del ejercicio de la sororidad, entendida como “una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer” (Lagarde, 2006, 126). En definitiva son pactos entre mujeres a favor de mujeres y para hacer del mundo un lugar mejor para todas las personas.

Apostemos por la sororidad. Como dice Burgos (2018), en lugar de seguir el “mandato” y competir con cada mujer con la que te cruces,  “decide ser su igual, su hermana, su amiga, su aliada. Decide sustituir la envidia por admiración, las críticas por apoyo, la lucha por amor”.




Referencias

lunes, 20 de marzo de 2017

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio…

[He publicado esta entrada el 19.03.2017 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]


Resuenan en mí los versos de una canción de El último de la fila… “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”. Llevo mucho tiempo reflexionando sobre la importancia de las palabras. En un post antiguo escribí: “Las palabras son armas de doble filo; a veces, incluso, armas arrojadizas…".
Los estudios del Centro para la Investigación Psicológica de Shenyang (China) con jóvenes que habían cometido crímenes mostraron que dichos crímenes  tenían relación con el abuso emocional infantil que habían sufrido. Las palabras violentas pronunciadas por padres y maestros pueden tener consecuencias muy graves. En este vídeo  se muestra, a través de las historias de 6 jóvenes, cómo las palabras pueden ser armas.
Como firme convencida que soy del Efecto Pigmalión creo en el poder de las expectativas que vertemos sobre otras personas. Éstas funcionan tanto en positivo como en negativo. Por eso es muy importante que cuidemos los mensajes que transmitimos, y más a aquellas personas que nos reconocen autoridad, que nos valoran y sobre las que más influencia tenemos. Los niños son especialmente sensibles, y por tanto vulnerables,  a las palabras de sus padres y educadores.
Álvaro Pascual-Leone, investigador y profesor de Harvard señala: “Tu cerebro cambia con cada cosa que piensas, incluso aunque no la digas. (…) Estar vivo es una condena a que tu cerebro vaya cambiando hasta que te mueres. El reto es darse cuenta de que ese cambio del cerebro no necesariamente es bueno o malo para ti, simplemente forma parte de cómo funciona nuestro sistema. Todo es cuestión de saber cómo guiar esos cambios, cómo esculpir el propio cerebro, de rodearse de influencias que lleven a lo mejor para el individuo”. Si nuestro cerebro cambia con cada cosa que pensamos, qué importantes son los pensamientos  y las palabras con las que lo alimentamos. Igual que cuidamos la comida que ingerimos debemos cuidar las ideas y pensamientos que elaboramos, así como las palabras que salen de nuestra boca.  Para esto nos viene muy bien conocer y gestionar nuestras emociones, en especial la ira. La ira es una emoción muy intensa, que aumenta muy rápidamente y que nos puede hacer y decir cosas de las que luego nos podemos arrepentir. Como dice mi amigo Rogelio Fernández cuando subimos la espiral de la ira vamos dejando ‘muertos’ por el camino… y luego en el camino de bajada nos vamos encontrando ‘cadáveres’…
Y no sólo dañan las palabras que son ciertas, o tienen algo de verdad, también son muy dañinos y destructivos los chismes y rumores. Un artículo que he leído recientemente señalaba: “La lengua no tiene huesos y, sin embargo, es lo bastante fuerte para hacer daño y envenenar a través de chismes y rumores. Un virus letal que solo se aplaca cuando llega a oídos de la persona inteligente”. La próxima vez que te llegue un chisme, un rumor, una información no contrastada o que no sea oportuna… piénsalo dos veces antes de difundirla… Pasa el triple filtro de Sócrates… ¿Es verdad? ¿Es algo bueno? ¿Es útil? Si no pasa el triple filtro… ¿para qué contarlo?
Y no sólo dañamos a otros, también podemos dañarnos a nosotros mismos con palabras e ideas. A veces nos decimos cosas a nosotros mismos que no permitiríamos que otros dijeran.  Como reflexión final dejo esta magnífica escena…

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Todo vivir humano ocurre en conversaciones…


He elegido como título de esta entrada parte de la frase de Humberto Maturana ya que encuadra muy bien  lo que voy a hacer… Voy a reflexionar sobre  algunas ideas extraídas de la ponencia  “La conversación en el conocimiento, la colaboración y la innovación” de Manel Muntada en la Jornada “El diálogo en las organizaciones”, celebrada el 02.12.2016 y organizada por Funts Project -un laboratorio de ideas creado “para promover un cambio profundo en la realidad organizacional”. [Las frases entrecomilladas están transcritas de la ponencia, que se puede visualizar al final de la entrada]

Como ya he escrito en otras ocasiones, el tema de la comunicación me apasiona. Cuando aún no había empezado los estudios universitarios mi padrino, que fue uno de mis mentores, me regaló dos libros que aún conservo y que me  iniciaron en este tema, La comunicación no verbal de Flora Davis y Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie. Durante varios años impartí la asignatura de Comunicación en las organizaciones y en la presentación de la misma solía decir al alumnado que la comunicación es el ‘aceite’ que hace funcionar las organizaciones porque es lo que permite crear y mantener relaciones. La comunicación es tan apasionante como compleja, tan frágil como necesaria…

“La conversación es una herramienta de sistematización, de formalización y de drenaje […] Poder hablar nos mantiene cuerdos; esto nos lleva a lo contrario… el aislamiento es una tortura justamente por esto”. Las personas aprendamos a hablar en la interacción con otras personas. Conversando aprendemos a hacer y aprendemos a ser. En cualquier relato de personas que han vivido una experiencia de privación de libertad o de aislamiento apreciamos cómo conversar es vital para el ser humano. En una ocasión escribí sobre una escena que me impactó del Secreto de sus ojos en la que el grito desesperado de uno de los personajes es “Por favor, por favor… pídale que aunque sea me hable… Por favor”.

“Sabemos lo que sabemos cuando lo decimos […] En una conversación de quien más aprendes es de ti mismo”. Quienes nos dedicamos a la educación sabemos que para demostrar que una idea se ha comprendido no hay como explicarla a otros. Además, ¿Quién no le ha contado algo a otra persona (o a uno mismo) para aclararse? ¿Quién no ha buscado una ‘oreja amiga’ sin otra intención que ser escuchado sin más para ‘situarse’?  Observando nuestras conversaciones podemos aprender mucho de cómo hablamos y cómo escuchamos, de cómo de nuestros mapas mentales y nuestras creencias…

“La conversación es una herramienta de creación de conocimiento propio. Para saber necesitamos un cerebro; para conocer se necesitan dos, aunque sea el mismo. Una cosa es lo que sabemos y otra es lo que conocemos. Eso también pasa con los estudios de opinión. Nosotros no opinamos continuamente. Opinamos cuando se nos formula una pregunta”. Hay preguntas muy poderosas como “¿qué opinas de…?”. En la respuesta e interacción con la otra persona es donde creamos nuestro propio conocimiento. Manel señala que aborda los proyectos con su forma de hacer, con su rutina, y que en los proyectos aprende no por la dificultad o la variación entre ellos sino por las conversaciones que mantiene con las personas con las que trabaja. Ahí es donde se da el cambio. “Una lección adquirida es la que recibimos continuamente pero sólo es aprendida cuando cambia comportamientos […] En la conversación yo filtro, depuro, enriquezco y creo lo que es mi propio pensamiento y ‘enzipo’. Si estás mucho tiempo sin hablar estás en un estado confusional”.

Como señala Manel Muntada las conversaciones tienen unas características propias diferentes de las de otros tipos de diálogos:

-Conversamos para relacionarnos. Lo importante no es el contenido sino decirnos muchas cosas para estar juntos.

-Las conversaciones no son útiles (no funcionan bajo el concepto de utilidad), no tienen objetivo. El humanismo es contemplativo, mientras que lo utilitario tiene que ver con mirar. Contemplar es acercar las cosas al ojo, entonces veo lo que hay. Sin embargo cuando miro acerco el ojo a las cosas y encuentro lo que busco. Los diálogos en las organizaciones están centrados en la tarea, en el mirar. Para innovar tenemos que desarrollar la mirada contemplativa.

Extracto de La utilidad de lo inútil. Manifiesto (Nuccio Ordine. Acantilado, Barcelona, 2013, p.9):

-Las buenas conversaciones no se terminan, se interrumpen.

-Las conversaciones generan bienestar, no todos los diálogos generan bienestar. Y lo generan porque hay respeto, porque no tenemos dudas de que somos escuchados.

-Tienen un carácter íntimo porque son genuinas. Se elaboran en el momento y para la persona a la que van dirigidas. Aportan una sensación de privacidad.

-Son una herramienta imprescindible de la colaboración y de la innovación. La innovación es el resultado de crear una cultura corporativa determinada, no el resultado de un proceso (aunque puede ayudar), una tecnología o la decisión de alguien. Cuando tomamos un café se da un clima en el que ‘todo te da igual’. Ahí se generan ideas espontáneas y divertidas. Por eso es importante generar espacios para conversar.

Las conversaciones crean nuestra realidad y nuestro conocimiento y eso me hace pensar en una de las conversaciones más importantes, la que mantengo con la persona que me mira en el espejo…

Estribillo de MAN IN THE MIRROR (Michael Jackson)
"I’m starting with the man in the mirror
I’m asking him to change his ways
And no message could have been any clearer
If you wanna make the world a better place
Take a look at yourself, and then make a change"
Estoy empezando con el hombre del espejo
Le estoy pidiendo que cambie su modo de proceder
Y el mensaje no ha podido ser más claro
Si quieres hacer del mundo un lugar mejor
Mírate y cambia  (la traducción es mía)


lunes, 19 de septiembre de 2016

Hambre y sed de conocimiento


El pasado sábado asistí a una reunión de educadores preocupados por la transmisión de valores y un ejercicio responsable de la profesión. El texto que reproduzco nos sirvió de base para la reflexión. Compartiré aquí algunas ideas que me suscitó.

"Medio pan y un libro" Alocución de Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en septiembre de 1931, al inaugurar la biblioteca. (Fuente original)

"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: «Cultura». Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz".

Mi primera impresión es que este texto, de casi cien años, no ha perdido ni fuerza ni validez. A día de hoy yo cambiaría ligeramente la última frase: Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate la humanidad llena de información, pero falta de luz.  Tenemos mucha información, casi demasiada, pero eso no se traduce ni en conocimiento ni en sabiduría. Nuestra juventud, y hablo desde mi experiencia como profesora universitaria, es capaz de buscar información con mucha facilidad pero se limita al “copia/pega”. Le cuesta integrar, elaborar, relacionar… hacer una lectura crítica de la información. ¿Para qué sirve entonces la información? ¿No será para sustentar la quimera de que somos libres y autónomos? Además, ¿quién crea la información? ¿quién la maneja? ¿nos llega toda la información o sólo una parte? Hay una cita de Maximilien Robespierre, quien fuera uno de los líderes de la Revolución Francesa, que resulta muy oportuna: “El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes”. Educar personas, que no adoctrinarlas, lo que supone ayudarles a pensar y decidir por sí mismas. Podríamos entrar aquí, pero no lo voy a hacer, en las nefastas consecuencias que puede tener en el aprender a pensar la eliminación de la Filosofía en 2º de Bachillerato (véase este artículo).

En su intervención en el acto de Apertura del Curso 2016‐2017 el 15 de septiembre de 2016 en la Universidad de Deusto (Bilbao), nuestro Rector, José María Guibert sj, pronunció unas palabras que me parecen muy sugerentes para todas las personas que participamos en la misión de la universidad: “Si nos fijamos en esa primera misión de la universidad, la docencia‐aprendizaje, hemos de afirmar que un criterio real de evaluación de las universidades está en lo que los estudiantes lleguen a ser y lo que hacen con sus vidas. Esto pone el foco no sólo en el campo intelectual o profesional, sino también en el humano, moral y espiritual, yendo más allá del dinero, la fama, el empleo o el éxito. La universidad no es responsable de las decisiones que toman sus alumnos en el ejercicio de su libertad, pero ha de esforzarse en evaluar el impacto de lo que realiza”. Como educadores estamos implicados en lo que los estudiantes hagan en y con su vida. Ellos decidirán pero a nosotros nos toca plantar algunas semillas. Y dos semillas fundamentales son el amor al conocimiento y la búsqueda de la verdad. Cabe aquí recordar el lema de la Universidad de Deusto: “Sapientia melio auro” (La sabiduría es mejor que el oro).

Las primeras palabras de la introducción del Código deontológico de la profesión docente nos señalan a los educadores el horizonte y razón de ser de nuestro ejercicio: “La educación tiene por objeto lograr el máximo desarrollo de las facultades intelectuales, físicas y emocionales de las nuevas generaciones, y al propio tiempo permitirles adquirir los elementos esenciales de la cultura humana. Tiene por tanto una doble dimensión, individual y social, íntimamente entrelazadas, cuyo cultivo constituye la base de una vida satisfactoria y enriquecedora”. Tenemos que tener presente que a cada uno nos corresponde contribuir a esto desde nuestras disciplinas. Debemos ayudar a ampliar la mente de nuestro alumnado pero eso exige que nosotros también tengamos la mente abierta, que mantengamos vivas las semillas que hemos mencionado que debemos plantar. Algo con lo que los educadores debemos tener mucho cuidado son los prejuicios, ya que son una barrera difícil de salvar en la búsqueda de la verdad y el acercamiento y descubrimiento del otro. Deberíamos tener siempre muy presente el Efecto Pigmalión (inicié la andadura de este blog aludiendo a él). Nunca deberíamos tratar a las personas como lo que son sino como lo que pueden llegar a ser. Cada persona es un mar infinito de posibilidades… y la cultura puede abrir horizontes y puertas que no tienen marcha atrás…

Para terminar unas palabras del gran filósofo Bertrand Russell (quien fuera Premio Nobel de Literatura en 1950).