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lunes, 19 de agosto de 2024

Es de bien nacidos…


[Entrada publicada originalmente el 26.05.2011 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]


CIELO E INFIERNO CERCANOS

 

Un samurai fue a visitar a un viejo sabio para plantearle una duda que lo atormentaba.

-Señor, estoy aquí porque necesito saber si existen el infierno y el paraíso.

-¿Quién lo pregunta? -contestó el maestro.

-Un guerrero samurai.

-¿Tú un samurai? -se burló el maestro-. ¿Con esa cara de idiota que tienes?

 

El guerrero no daba crédito a lo que oía.

-Seguro que además de estúpido eres un cobarde -se mofó de nuevo.

La ira se adueñó del samurai que desenvainó instintivamente su sable.

-¡Ahora se abren las puertas del infierno! -gritó el anciano.

 

El guerrero comprendió de súbito la actitud del maestro y guardó su sable avergonzado.

-¡Ahora se abren las puertas del paraíso! -exclamó de nuevo el maestro.

 

Cuento Tradicional de Oriente

 Hace poco más de un mes escribía un post [Las emociones nos hacen vulnerables] al acabar un curso.  Ahora he terminado otro, esta vez de 30 horas, también impartido con mi amigo Rogelio Fernández, sobre Liderazgo e Inteligencia Emocional (IE), organizado por DeustuLan y subvencionado por Hobetuz.

Algo de lo que se ha hablado mucho en el curso es el tema de la comunicación, con otros y con uno mismo. El liderazgo es un proceso de influencia en el que la comunicación es básica para generar credibilidad y confianza, que son dos pilares básicos para movilizar y ‘enganchar’ a las personas. El desarrollo de un liderazgo emocionalmente inteligente (entendiendo la IE como  la identificación, comprensión, uso y gestión de las emociones propias y de los demás) contribuye a dotar de sentido al trabajo y a que se dé una implicación que genera resultados superiores a los de la suma de las individualidades; y esto no se logra sin una buena comunicación.

En cuanto a la comunicación con otros, quisiera centrarme especialmente en la empatía. El diccionario de la RAE la define como “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. Para esto es necesario escuchar al otro con los oídos, los ojos y el corazón. Y escuchar no es hablar, es estar atento, observar, mirar con profundidad, ir más allá de las palabras… Es necesario salir de uno mismo con la voluntad de adentrarse con un profundo respeto en el otro, siempre que éste me “abra la puerta”. Muchos, por no decir todos, los problemas en las relaciones con los otros son problemas de comunicación. Y en muchas ocasiones se debe a que no nos hemos acercado al otro, no hemos hecho el esfuerzo por comprenderle, no nos hemos puesto en su lugar, no hemos sabido transmitirle nuestros deseos o pensamientos de forma adecuada…

Respecto a la comunicación con uno mismo, voy a hablar de la responsabilidad. Recientemente he leído una frase que me ha confirmado lo que yo ya intuía: “El lenguaje no sólo describe la realidad, sino que además es capaz de crearla. Nuestra forma de hablarnos a nosotros mismos afecta tremendamente a nuestra manera de relacionarnos con el mundo” (Alonso Puig, 2011, p.52). Muchas veces no somos responsables de lo que nos ocurre, de lo que otros nos hacen, de las situaciones que nos tocan vivir… pero de lo que sí somos responsables es de cómo nos lo tomamos, cómo lo afrontamos, qué nos decimos a nosotros mismos al respecto. Yo, normalmente, no voy a saber la verdadera intención con la que otra persona me dice o me hace algo pero está en mí decidir si dejo que me hiera o no; si voy a responder o no, y cómo; si voy a permitir que me perturbe o no… Recordemos el cuento del principio... Muchas veces nos empeñamos en ver constantes ataques y amenazas en el exterior y nuestro peor enemigo somos nosotros mismos, y las cosas que nos decimos. ¡Cuidado con lo que nos decimos! Si nos preocupamos tanto por lo que comemos, el ejercicio físico, la salud, etc. ¿Por qué prestamos tan poca atención al ‘runrun’ de nuestra cabeza?... “Si habláramos a los demás como lo hacemos a nosotros mismos, probablemente no tendríamos ni un amigo” (Alonso Puig, 2011, p.81).

Regala a los demás, y regálate a ti mismo palabras y mensajes positivos. Mírate y mira a los demás, no como lo que son sino como lo que pueden llegar a ser…

Y como es de bien nacidos ser agradecidos… No puedo acabar de otra forma… Gracias a todos (Leire, Iñigo, Mercedes, María, Andone, Ana, Mertxe, José Antonio, Ricardo, Ana, Pedro, Amaia, Susana, Alfredo, Leire, Txetxu, Edurne, Isabel, Dulce y Roge)… por el tiempo y la vida compartidos… por la oportunidad de conocernos y transformarnos.

Recordad la frase de Virgilio… “Possunt quia posse videntur” (Pueden porque creen que pueden).

Bibliografía:

  • Alonso Puig, Mario (2011): Vivir es un asunto urgente. 7ª ed. (1ª ed. De 2008). Madrid: Aguilar.

sábado, 17 de agosto de 2024

¿Las emociones nos hacen vulnerables?

 

[Entrada publicada originalmente el 19.04.2011 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Acabo de terminar un curso de 50 horas, que he impartido con mi gran amigo Rogelio Fernández, sobre Inteligencia Emocional, organizado por DeustuLan y subvencionado por la Diputación Foral de Bizkaia.

Lo que ha ocurrido en el curso ha sido algo fascinante y mérito de todas las personas que hemos participado en él. Se ha creado un clima en el que poco a poco hemos ido compartiendo parte de nuestra vida y nuestras experiencias. Como dice Rogelio, “hemos puesto las tripas encima de la mesa y hemos revuelto en ellas”, desde un profundo respeto y con el objetivo de aprender, crecer y enriquecernos. Nos hemos abierto al mundo de las emociones y hemos conseguido, en la práctica, aunar emoción y razón.  

Una inquietud que ha surgido en el curso es si el manifestar nuestras emociones nos hace vulnerables… Si es posible conseguir que nuestras emociones no nos dañen. Cuando se tiene ya unos años y un recorrido las ‘cicatrices’ van aumentando y reflejándose en todo tu ser. Y voy a contestar desde ahí, en función de mi experiencia. Siempre me ha gustado ser clara, manifestar lo que siento y pienso, aunque a veces eso suponga exponerme demasiado. Creo que la comunicación es mucho más fluida y verdadera cuando uno se muestra sin recovecos, sin esconder aquello que nos gustaría ocultar o no ser; sin preocuparse por qué pensará el otro. Y esa comunicación profunda es fundamental para construir relaciones… Más de una vez me han dicho que soy demasiado transparente, que debo protegerme, que hay quien puede herirme… Y yo me pregunto ¿para qué protegerme? Poner barreras, distancia, supone reducir el riesgo de intromisiones pero también me aleja de los demás, me resta intensidad en las relaciones. Prefiero vivir intensamente aunque ello conlleve sufrir también intensamente. Prefiero arrepentirme por lo que he hecho que por lo que he dejado de hacer. Prefiero tener ‘cicatrices’ que vivir en una burbuja. Creo que hay que vivir con intensidad y aprovechar toda oportunidad de acercarnos a los demás y conocer a gente interesante, y en todos hay cosas interesantes si miramos con cariño y profundidad. Prefiero equivocarme al abrirme a otra persona que perder una oportunidad de encuentro y crecimiento.

Además, creo que lo que nos dañan no son nuestras emociones sino nuestros pensamientos. Las emociones están y nos dan información. Quien nos juega malas pasadas es nuestra razón que nos dice: “no se puede”, “no se debe”, “no está bien”… Hay situaciones y hechos que no se pueden cambiar pero siempre puedo elegir cómo reacciono ante ellos… Nadie puede herirme (no hablo en sentido físico) si yo no le doy permiso.

“El propósito de la vida es vivirla, disfrutar de la experiencia al extremo, extender la mano con impaciencia y sin miedo a vivir experiencias más nuevas y más enriquecedoras.” Eleanor Roosevelt

GRACIAS… Alberto, Amaia, Soledad, Ana, Arantza, Amaia, Ricardo, Arantza, Nahia, Iñigo, José Carlos, JJ, Gorka, Enrique, Raul, Edurne, Carlos, Ziortza y Rogelio… por lo compartido y lo aprendido. Afortunadamente… nos hemos encontrado.

martes, 13 de agosto de 2024

El ayudar como horizonte de vida


[Entrada publicada originalmente el 22.02.2011 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Los días 4 y 5 de febrero de 2011 asistí en San Sebastián a un Taller que llevaba por título “Horizontes de vida”, impartido por el jesuita Darío Mollá. Era un taller centrado en las claves de la espiritualidad ignaciana, el legado de S. Ignacio de Loyola. Quiero compartir aquí algunas de las ideas y conclusiones que saqué del mismo porque tienen validez independientemente de que uno profese o no la fe cristiana. Son válidas para todo aquél que quiera una vida con sentido. 

El ayudar se presenta como un horizonte de integración, como la clave en torno a la cual se articulan todos los elementos de una vida, según la espiritualidad ignaciana. Integrar no es sumar; supone trabar, entrelazar. En muchas ocasiones vivimos con mucha dispersión, realizamos múltiples actividades que tienen fines y objetivos muy distintos. Ayudar supone ponerse al servicio de la necesidad del otro. Ayudar no es lo mismo que hacer, a veces es necesario dejar de hacer, mantenerse al margen, estar, permanecer, no hacer nada. Ayudar no significa hacer más, sumar nuevas actividades a nuestra vida. El desafío es hacer lo que tengo que hacer ayudando. Ayudar tampoco requiere hacer algo distinto, el reto está en transformar el vivir en ayudar.  Lo importante es cómo y desde dónde hacemos lo que nos toca hacer. Ayudar conlleva una tensión entre el deseo (disposición, ganas de comprometerse) y la humildad (debo concretar mi deseo en la ayuda que el otro necesita). El deseo sin humildad es prepotencia y la humildad sin deseo, conformismo. La humildad es tener un corazón tan grande que está dispuesto a hacer lo más pequeño como si fuera lo más grande (con generosidad, entrega, entusiasmo, etc). Ayudar es proponer, no imponer.

¿Qué elementos posibilitan un ayudar como el que hemos comentado? 1) Un vivir contemplativo, con la sensibilidad abierta, capaz de captar la necesidad del otro, con mirada atenta, con escucha. 2) El discernimiento. El movimiento siguiente a la contemplación es preguntarse qué puedo y qué debo hacer. 3) La gratuidad, una generosidad radical, que no pone condiciones, que es capaz de mirar por encima de los beneficios. 4) La abnegación, el salir del ensimismamiento, del autocentramiento, que no significa dejarnos o no cuidarnos a nosotros mismos. “Nadie da lo que no tiene”. Para que haya una ayuda auténtica y de calidad debemos dar lo mejor de nosotros mismos.

La fuente de alimentación del ayudar es el AGRADECIMIENTO. La experiencia de  agradecimiento nos pone en marcha y dinamiza para ayudar generosa y gratuitamente. El agradecimiento es una actitud de fondo, de base, que se manifiesta en momentos puntuales. Tenemos muchísimos motivos para el agradecimiento. Una buena práctica es tomarse 5 minutos antes de levantarse para hacerse consciente de lo recibido cada mañana. Igualmente bueno es tomarse 5 minutos al final del día para repasar todos los motivos para agradecer el día vivido (‘darse cuenta’). Sin embargo, nos cuesta vivir en el agradecimiento, nos resulta más fácil vivir en la queja y el lamento . Esto se debe a dos tipos de causas. Existen causas socio-culturales: a) vivimos en la cultura de la insatisfacción que nos recuerda permanentemente lo que no tenemos; b) la imagen social del agradecido no es buena, se le ve como tonto o ingenuo;  c) el agradecimiento no es un valor social, no se educa para ello. Y también hay causas personales. Todos tenemos motivos para quejarnos, heridas que nos ha dado la vida, hemos sufrido injusticias, minusvaloraciones, desprecios, etc. Lo que debemos hacer es apoyarnos en los motivos para agradecimiento para seguir adelante porque apoyarnos en los motivos para el lamento es estéril (la vida no devuelve las facturas), peligroso (nos mete en una dinámica destructiva, podemos acabar cayendo en el resentimiento que es un camino de difícil vuelta) e injusto (acabas pidiendo que los demás te compensen y te paguen).    

Con el motor del agradecimiento y el horizonte de ayudar nos queda ver cuáles son mis posibilidades en mis circunstancias concretas y cambiantes. Y esto es el DICERNIMIENTO, el proceso por el cual intento que mis decisiones cotidianas sean coherentes con mis convicciones. Implica hablar de: a) un proceso de toma de decisiones ; b) un talante personal; c) técnicas, métodos, reglas. Centrémonos en el talante personal, que podría verse como un conjunto, suma e interrelación de 6 actitudes. 1) Deseo. Es lo que lleva a la pregunta, la inquietud, la búsqueda del modo de ayudar. 2) Pregunta y búsqueda. Cómo y en qué concreto mi deseo, dentro de mis posibilidades concretas. El deseo lleva a concretar, lo que nos enfrenta a los límites y exige dejar cosas, renunciar. Es discernir para ayudar, que no siempre está claro, no es elegir entre algo bueno y algo malo. 3) Capacidad de análisis de la realidad, de captar la complejidad y asumirla. 4) Escucha interior. Las decisiones importantes producen movimientos interiores. 5) Capacidad de autocrítica o libertad interior. ¿Qué nos quita la libertad interior? Todo aquello que tiene que ver con mi imagen y mi prestigio; los afectos desordenados, cuando cosas, personas, lugares, situaciones, etc. se nos convierten en intocables, se salen de su sitio; los miedos, cuando nos dejamos arrastrar y decidimos desde ahí.  6) Humildad. Para dejarse acompañar, el discernimiento es siempre personal (es uno el que decide) pero no solitario. Para aceptar que el discernimiento tiene un marco, un campo de juego.  Para aceptar que me puedo equivocar.  El ayudar no tiene por qué acabar en éxito, puede que no hayamos hecho lo suficiente o lo que era necesario. Puedo hacer un discernimiento perfecto pero tomar una decisión equivocada. El discernimiento pretende hacernos honestos y limpios al decidir.

¿Te sientes llamado a hacer del ayudar tu horizonte de vida?

Bibliografía:


sábado, 10 de agosto de 2024

Un deber de gratitud (II)

[Entrada publicada originalmente el 26.04.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Hace casi dos años escribía un post que llevaba por título Un deber de gratitud: en memoria de Dionisio Aranzadi, s.j. en el que hacía un pequeño homenaje a quien fuera mi director de tesis, amigo, ‘padre’, mentor... Cualquiera que le conociera coincidirá conmigo en que era todo un personaje, y que, sobre todo, no dejaba indiferente. Tenía mucho carácter, a pesar de su gran timidez. Desde joven ocupó cargos de responsabilidad dentro de la Universidad de Deusto: Rector, Vicerrector, director del Instituto de Estudios Cooperativos, Decano de la Facultad de Sociología, Director del Colegio Mayor, etc. Fue un experto en cooperativas, en gestión y liderazgo, en ética. Era avanzado e innovador en muchos temas. Le apasionaban las obras, el monte, la buena comida en compañía, etc.

El lunes 3 de mayo tendrá lugar, en la Sala de Conferencias de la Universidad de Deusto, la Jornada del 25º Aniversario del Instituto de Estudios Cooperativos (IEC) y la presentación del libro homenaje a su fundador, Dionisio Aranzadi Tellería SJ. El acto tendrá el siguiente programa:

17:30h: Presentación del libro Cooperativismo, Empresa y Universidad        

19:00h: Conferencia a cargo del profesor D. Santiago García Echevarria: "La dimensión ética de la Economía: Reto actual de la Formación Económico-Empresarial"

Desde aquí animo a participar en dicho acto a toda aquella persona que estuviera interesada. La entrada es libre pero hay que confirmar la asistencia bien por correo electrónico (mcolongu@iec.deusto.es) o bien por teléfono (944139003 ext.2020, por las tardes).

Nos quedará para siempre el lema que nos inspiró en algunos proyectos: “Possunt quia posse videntur” (“Pueden porque creen que pueden”, Virgilio).

sábado, 20 de julio de 2024

Veinticuatro horas de regalo

 

Viernes 19 de julio. Las vacaciones están cerca, pero todavía quedan muchos temas por cerrar. El día no comienza demasiado bien. Al encender el ordenador me aparece la temida pantalla azul de error (más tarde nos enteraremos de que ha habido una caída mundial de un sistema de Microsoft que afecta a muchas empresas, entre ellas la nuestra). Cuando llego a la universidad voy a la oficina del servicio informático, donde había otras dos personas con el mismo problema, y me dicen que tengo que esperar a que se restablezca el sistema, que a lo largo del día vaya probando a reiniciar el ordenador. Después de varios intentos de revivir el ordenador, cedo y, siguiendo una sugerencia de mi jefe, me pongo a leer un libro que me atrapa inmediatamente, El hoy es lo que importa: 10 hábitos para una vida y un mundo mejores. Su autor, Chris Lowney, fue novicio jesuita, tiene una dilatada trayectoria en empresa y es un reconocido experto en temas de liderazgo. [Véase una entrada anterior, Sobre líderes y liderazgo].

Voy a recoger y comentar aquí las principales enseñanzas del libro (me atrapó tanto que lo acabé). Punto de partida, primera invitación: “En lugar de pensar primero en una carrera o en un determinado objetivo financiero, decidir qué clase de persona quieres ser. Solo cuando sepas con absoluta claridad qué es lo que verdaderamente importa, estarás en condiciones de tomar las decisiones acertadas con respecto a tu carrera, tu estilo de vida, etcétera”. Eso sí, hay que ser muy conscientes de que tener claro lo importante no implica que lo elijamos día a día… Y más en un mundo VUCA (volatile -inestable, uncertain -incierto, confusing -confuso, ambiguous -ambiguo). A veces nos desviamos del camino. Sin embargo, hay una serie de hábitos (a cada uno de los cuales dedica un capítulo) que nos pueden ayudar a tener presentes nuestras prioridades:

  1.   Indicar el camino”. Cada día influimos en otras personas, constantemente lideramos con nuestro ejemplo. [En una ocasión a un amigo que me preguntó cómo se transmitían valores le di esa respuesta: “La única forma es con el ejemplo”].
  2. Mostrar siempre gran corazón”. “Se nos ha confiado un tesoro, hemos sido bendecidos con infinidad de dones, talentos, recursos y oportunidades” (p.37), y debemos desarrollarlos y ponerlos al servicio de grandes objetivos. Debemos correr cada carrera como si fuera la última…
  3. No ganes la carrera: Contribuye a la carrera (humana)”. Los seres humanos perdemos mucho tiempo, ilusión y energía comparándonos con otras personas. Alcanzada una cumbre siempre hay otra mayor. “Nunca podemos ganar el juego de ‘soy un ganador’” (p.46). Es mejor hacerte corresponsable de la parcelita del mundo que te corresponde.
  4.  Regala tus zapatos: Ayuda a alguien hoy”. Tendemos a pasar de largo ante quienes están en dificultades. Cada día tenemos posibilidades de hacer una diferencia para otra persona.
  5. Ahuyenta tus demonios interiores: Sé libre para lo que importa”. Nuestros demonios pueden tener distintas formas: apegos, malos hábitos, miedos profundos, codicia, etc. Y pueden hacer “una demostración de sus oscuros poderes en los peores momentos posibles: Cuando estamos al borde de importantes decisiones con respecto a nuestras relaciones, nuestros trabajos, o frente a graves dilemas morales” (p.58). Sin embargo, sólo podemos perseguir lo que importa si tomamos decisiones.
  6.  Cambia tu pequeña parte del mundo”. No podemos evitar o reparar todas las injusticias y el mal del mundo, pero sí podemos, cada día, hacer algo importante por otra persona.
  7. No dejes de subir y bajar la colina: Persevera”. “Algunos de tus planes no tendrán éxito; algunas personas te decepcionarán; incluso tú te sentirás decepcionado de ti mismo. Solo superarás los contratiempos construyendo tu propia resiliencia, aprendiendo a poner un pie delante del otro y subiendo y bajando las colinas de tu viaje por la vida” (p.75). En los buenos momentos tus hábitos se irán reforzando, y en los malos los hábitos desarrollados te ayudarán a perseverar. “Cuando nos proponemos un noble objetivo que sobrepasa nuestras escasas fuerzas, topamos con un impensable manantial de sentido, de paz y de valor” (p.77).
  8. Sé más agradecido”. El agradecimiento es algo que todas las tradiciones espirituales proponen. Una actitud agradecida es una inmejorable compañera de camino, da foco y sentido.
  9. Controla lo que es controlable: Escucha el susurro de la brisa”. Es importante distinguir aquello que podemos controlar de lo que no y concentrar nuestras energías en lo primero. “Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas, escribió que la voz interior de la sabiduría espiritual le llega al alma ‘dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja’ (EE-Ejercicios Espirituales, 335)” (p.93).
  10. Atiende a la necesidad que este mundo herido tiene de ‘guerreros felices’”, de personas entregadas a la tarea de hacer del mundo un lugar mejor, personas que no dejen de intentarlo a pesar de las dificultades.

Como última invitación una práctica, a modo de “aplicación sabiduría”, que contribuye a incorporar lo hábitos señalados, el examen ignaciano, o dicho de forma coloquial la “parada en boxes mental”.  Lowney explica esta práctica de forma que sirva para cualquier persona, con o sin convicciones religiosas. Se trata de parar toda actividad durante cinco minutos en dos momentos y, de forma sucesiva, dar los siguientes pasos: “1) Recuerda por qué te sientes agradecido. 2) ‘Amplia tu horizonte’. Es decir, no te centres en lo inmediato (…) céntrate en el panorama general. Rememora lo que básicamente te importa, tu razón de ser o tus objetivos más importantes para este año. Luego... 3) Revive las últimas horas. ¿Qué ha ocurrido en tu interior? ¿Qué puedes aprender de esas últimas horas que podría serte de utilidad para las horas que vienen a continuación?” (p.108).

A lo largo de la mañana practiqué, ahora me doy cuenta, alguno de los hábitos señalados. “Escuché el susurro de la brisa”, acepté que no podía hacer nada para acelerar la recuperación del ordenador y me entregué a una lectura que resultó muy gratificante. “Regalé mis zapatos”, ayudé a un amigo que necesitaba algo muy concreto. Y agradecí vivamente tanto a una amiga que respondió de corazón a una petición que le hice, como al “ángel” del servicio informático que me arregló el ordenador. Y me sentí profundamente alegre y en paz.

Parafraseando a Thich Nhat Hanh, cada día nos regala 24 horas en las que podemos vivir de forma que seamos felices nosotros y quienes nos rodean. ¿Qué vas a hacer con tu regalo?

 

Referencias:

martes, 16 de julio de 2024

Acompañar en la muerte de un hijo


[Entrada publicada originalmente el 19.11.2008 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Estoy viviendo una de las experiencias más duras que recuerdo pero que no me dejará una mala huella, es más, la siento como un regalo.

Xabat nació hace poco más de seis meses, junto con su melliza Aintzira. Sus padres, Iñaki y Nerea, son unos buenos amigos míos. Xabat nació con una cardiopatía congénita. Sus padres únicamente se lo dijeron a sus respectivos padres y hermanos. Los demás sólo veíamos que Xabat tenía una manita con tres dedos nada más, que lloraba mucho, que estaba siempre en brazos de sus padres, que le costaba comer... No podíamos sospechar todo lo que había detrás. En más de una ocasión sus padres han oído cosas como: “le vais a malcriar teniéndole todo el rato en brazos” ante las que no cabía otra cosa que un suspiro y un pensamiento: “si tú supieras...”.

El día 11, martes, antes de que Xabat ingresara estuve con él y sus padres. Son de fuera y les había ofrecido mi casa. Sabíamos que existían riesgos, pero todo era esperanza, planes para cuando se recuperara, alivio porque iba a mejorar mucho, “será otro niño” les habían dicho...

El miércoles fue un día duro. "La intervención es un éxito en el 95% de las ocasiones" les comentó el cirujano. La operación fue larga, pero salió bien a pesar de algunas complicaciones. La madre me llamó emocionada e ilusionada, al igual que hizo con toda la familia que estaba viviendo la situación en la distancia. Pero en unas horas el estado de Xabat se complicó. Le tuvieron que volver a intervenir. Y esos padres estaban solos, con la única compañía de mi cuñado que es médico, en la UCIP viendo entrar y salir gente, prisas, gestos de preocupación, palabras extrañas, papeles que firmar... Y todo el día sin poder ver a su hijo hasta las 22.00. Cuando les fui a buscar para venir a casa ninguno de los tres teníamos palabras, compartíamos lágrimas y queríamos creer que las horas que llevaba estable eran un buen síntoma. Pasamos la noche pendientes del teléfono. Fue eterna. Si sonaba sabíamos lo que significaba...

El jueves por la mañana la situación se agravó y a las 15.15 murió. Cuando recibí la temida llamada de Nerea no sabía qué hacer ni qué decir. Cuando llegué al hospital estaban ellos solos con mi cuñado el médico en una sala. Las lágrimas y los abrazos es lo único que me salía. Ellos estaban perplejos y desconsolados. Yo tenía un batiburrillo de emociones y pensamientos: rabia porque es antinatural que se muera un hijo antes que un padre, porque parece injusto que se muera un niño tan pequeño; tristeza por Xabat, por sus padres, por sus hermanos; dolor, porque como madre me cuesta imaginar que pueda haber un dolor más intenso que el de la pérdida de un hijo; desconcierto porque parecía que en el hospital a nadie le importaban ya esos padres... No podía dejar de pensar tampoco en todo el personal sanitario. Por un lado parecen estar al margen del sufrimiento personal de la familia, pero por otro lado no tienen otro remedio que no implicarse demasiado porque no sería soportable tanto dolor, tantas personas con historias difíciles, tanta cercanía a la muerte.

Y ahora sólo cabe acompañar a esa familia en el duelo, recorrer con ellos el difícil camino de la aceptación de la situación y el de la recuperación de la ilusión.

Siempre veré tu última sonrisa... Hasta la vista Xabat. Gracias Iñaki y Nerea por dejarme estar con vosotros en estos momentos.


DECÁLOGO PARA EL ACOMPAÑANTE

[Adaptado de PANGRAZZI. Arnaldo (2004): La pérdida de un ser querido. Un viaje dentro de la vida. San Pablo: Madrid] 

1.     Familiarizarse con el proceso de duelo

El miedo obstaculiza el crecimiento humano porque nos lleva a evitar situaciones que ponen de manifiesto nuestra desazón y vulnerabilidad. La superación va ligada a la disposición a acercarse al dolor y familiarizarse con el proceso de duelo.

2.     Evitar frase hechas

La incomodidad ente el duelo ajeno nos puede llevar a recurrir a expresiones tópicas que no ayudan y pueden herir o desconcertar [“Mejor así”, “Trata de olvidar”, “Dios lo ha querido”...]

3.     Dar lugar a los desahogos

La persona en duelo lo que más necesita son amigos comprensivos que sepan dar lugar al que sufre, que no busquen ser protagonistas y que escuchen.

4.     Valorar la presencia

La presencia es don, incluso en el silencio. Muestra cercanía cuando faltan las palabras.

5.     Mantener los contactos

Muchas veces una vez pasado el funeral se acaba la solidaridad. En las semanas siguientes es cuando más se agudiza el vacío y cuando más necesidad hay de apoyo y de proximidad humana.

6.     Cultivar los recuerdos

Recordar a la persona amada es un consuelo para los supervivientes, da significado a su relación, a su dolor, es terapéutico.

7.     Estimular a elegir

Toda elección es un progreso. El que ayuda a elegir permite al misterio de la vida que siga desvelándose.

8.     Respetar la diversidad de reacciones

El duelo es una experiencia universal pero que se vive de modo muy personal. Las reacciones ante él son múltiples. Un acompañamiento eficaz requiere respetar dos condiciones básicas: 1) cada cual recorre su camino para la aceptación; 2) cada uno marcha a su velocidad.

9.     Ser símbolos de esperanza

Ser símbolo de esperanza supone ayudar a quien está de luto a desasirse progresivamente de los apegos del pasado para mirar hacia el futuro.

10.  Movilizar los recursos comunitarios

La responsabilidad de asistir a quien está de duelo no debe recaer sólo en los familiares o amigos, debe implicar a todo el tejido comunitario.

lunes, 15 de julio de 2024

Un deber de gratitud: en memoria de Dionisio Aranzadi, s.j.

[Entrada publicada originalmente el 17.07.2008 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Dice el refrán que “es de bien nacidos ser agradecidos”. Cuando todavía corren por mi ser las lágrimas por el amigo, ‘padre’, mentor... que se ha ido, emocionalmente siento la necesidad de compartir todo lo que de él he recibido y aprendido.

Conocí a Dionisio cuando estaba en el último año de carrera porque me dio clase de Ética empresarial (estudié Empresariales en la ESTE, Universidad de Deusto, San Sebastián). Desde entonces surgió una amistad que ha ido creciendo y consolidándose con los años y la vida compartida. Gracias a Dionisio descubrí y comencé el camino que me ha conducido a donde hoy estoy. Él me ‘inoculó’ el virus de la ética y el liderazgo, dos de los temas que le apasionaban y que yo he hecho míos.

Con su ejemplo he aprendido en primera persona la fuerza del Efecto Pigmalión, profecías que se autocumplen, y que es un pilar fundamental del liderazgo. Las personas reaccionamos según cómo los demás nos tratan y según lo que esperan de nosotros. Y funciona tanto en positivo como en negativo. Si recibimos mensajes de aliento: “Tú puedes con eso”, “Espero mucho de ti”... hacemos todo lo posible para no defraudar dichas expectativas e incluso superarlas. Pero eso también ocurre en sentido contrario. Si los mensajes que recibimos son del tipo: “Eres un desastre”, “No vas a llegar a ningún sitio”, “Qué calamidad” también, normalmente, actuamos de manera que el otro vea cumplidas sus expectativas (aunque también hay casos en los que mensajes de ese tipo sirven de revulsivo para sacar lo mejor de uno). Somos muchas las personas que hemos encontrado en Dionisio a nuestro mentor, a quienes nos ha dado una oportunidad, con quienes ha compartido su conocimiento, a quienes nos ha acompañado en el inicio de nuestra vida profesional y que hemos recibido de él esos mensajes que nos han hecho dar lo mejor de nosotras mismas. Hay un lema de Virgilio que hemos utilizado en más de una ocasión y que encarna lo que el efecto Pigmalión representa: “Possunt quia posse videntur” (Pueden porque creen que pueden). Dionisio nos ha hecho confiar en que podemos. 

De él también he aprendido la importancia de gestionar las emociones. En tantos momentos difíciles en los que acudí a él pidiéndole consejo me hacía ver que hay situaciones que no podía cambiar pero que sí podía cambiar lo que yo pensaba sobre las mismas, que mi actitud era fundamental y eso sí podía controlar.

Y por destacar una última lección (a sabiendas de que ha habido muchas más), gracias a él he comprendido el auténtico significado del lema “el valor es la persona”. Las personas son las que poseen el conocimiento, la experiencia, la creatividad, son, en definitiva, quienes hacen que las organizaciones avancen e innoven y por eso hay que respetarlas y cuidarlas.

Gracias por todo y hasta la vista.



domingo, 14 de julio de 2024

¿Qué has hecho hoy con el cucharón?


[Entrada publicada originalmente el 20.06.2008 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

La teoría del cucharón y el cubo

“Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bastante bien; cuando está vacío, fatal.

Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.

Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo nos fortalece y nos refuerza nuestro optimismo.

Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, socava nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo nos duele.

De esta manera cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.

Acabo de leer Cómo potenciar tus emociones positivas ¿Está lleno tu cubo? [Rath, Tom y Clifton, Donald D.; Empresa Activa; Barcelona, 2008] y me ha cautivado esta sencilla teoría del cucharón y el cubo (p.15). Creo que todos tenemos experiencias que refrendan esta teoría.

Cómo cambia la actitud de una persona según los mensajes que recibe. Cuánto más fácil es cosechar amabilidad si uno la siembra. Creo que pocas cosas hay más irresistibles que una sonrisa. Yo lo tengo comprobado. Cuando le sonríes a alguien, casi siempre, recibes una sonrisa. Además, sonreír hace que tu actitud cambie. Cuando voy a dar una clase, a hablar con alguien que me resulta difícil o cuando hago una llamada telefónica me obligo a mí misma a sonreír. Esa actitud se transmite y la otra persona la capta, aunque no te vea. A veces, incluso sonrío por la calle a quien no conozco, al conductor que me deja pasar en el paso de cebra, a quien me sujeta una puerta, a los niños con los que me cruzo etc. ¡Quién sabe si esa es la única sonrisa que reciben en el día! Y aunque no lo sea, nunca recibimos demasiadas sonrisas ni demasiadas palabras amables.

Ayer mismo he tenido una experiencia muy agradable y mi cubo se ha llenado de forma importante. Mis hijos están a punto de acabar el curso y les he preparado a cada una de sus maestras una sencilla presentación de powerpoint con fotos de mis hijos y sus amigos en los distintos cursos en lo que les han dado clase, junto con un mensaje de agradecimiento. Ayer recibí un correo de una de ellas en la que me decía: “Con la sorpresa habéis conseguido emocionarme, me hace muchísima ilusión ver que os habéis molestado en prepararme una sorpresa, este tipo de detalles son los que hacen que vaya a trabajar con una sonrisa. Espero que de aquí en adelante todo os vaya genial, gracias de corazón”.

Una palabra, una gesto, una sonrisa, un mensaje son gotas que contribuyen a llenar tu cubo y el de los demás ¿A qué esperas para mandar tus gotas?



domingo, 13 de marzo de 2022

Tras los pasos del peregrino

 


Ignacio de Loyola se define en su autobiografía como peregrino. “Y lo fue, no sólo físicamente, por los miles y miles de kilómetros que recorrió, sino sobre todo por ese otro peregrinaje interior que le fue llevando desde el ‘hombre dado a las vanidades del mundo’ hasta aquél que tuvo como único norte ‘la mayor gloria de Dios’” (García, sf).

Tengo la suerte de haber estado recientemente en Manresa en el cierre de un proyecto de UNIJES, red de los centros universitarios vinculados a la Compañía de Jesús en España, relacionado con la pedagogía ignaciana. Me ha gustado recorrer la Manresa de Ignacio y hacerlo en compañía de las personas con quienes he compartido proyecto durante más de dos años. Y más en este año ignaciano, en el que se cumple el quinto centenario de la herida de Ignacio que fue el detonante de su conversión, y que lleva por lema: "Ver nuevas todas las cosas en Cristo".

Ignacio bajó de Montserrat a Manresa el 25 de marzo de 1522 y permaneció allí 11 meses en los que se fueron configurando su pensamiento y su acción.  En Manresa, como relata en su Autobiografía, tuvieron lugar experiencias místicas y espirituales que le inspiraron su obra principal Ejercicios Espirituales (EE), que es un método para ayudar a encontrar a Dios en la propia vida, una invitación a realizar una experiencia humana profunda.

Había estado antes en la cueva de Manresa pero no había captado todo el simbolismo que la envuelve hasta la explicación de Alberto Núñez, sj. Desde un lateral del santuario nos vamos introduciendo como en un embudo que se va estrechando. Nos vamos ‘abajando’ para entrar en la profundidad de la cueva. En realidad, no es una cueva sino un saliente rocoso que en tiempos de Ignacio no era visible desde el exterior ya que estaba tapado por unas zarzas. Es un lugar privilegiado porque, si el tiempo lo permite, permite ver el macizo de Montserrat.

En la ante cueva se nos presenta el libro de los EE. En la estancia hay imágenes de ángeles que sostienen frases de los EE y relieves con escenas de la vida Ignacio relacionadas con sus enseñanzas de los EE. En la parte alta encontramos personajes famosos de la historia de la iglesia que han realizado los EE. El suelo cuenta con unos bellos mosaicos: un girasol que representa el corazón del hombre que busca a Dios, un cañón y una bala en recuerdo de la herida de Ignacio y su escudo familiar flanqueando la puerta.

La cueva era el espacio para la intimidad del peregrino. No la vemos como él la conoció, pero podemos intuir algo de lo que allí vivió. Invita a la reflexión y el discernimiento. Los mosaicos del suelo muestran dos bellas metáforas en diálogo: por un lado, el dragón que representa las batallas que libró, la repulsa de sí mismo, su noche oscura; por otro la cierva que evoca el salmo 41: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo”.

Me quedo con el mantra con el que terminamos la contemplación de la mañana del viernes:

Gusta el silencio
Abandónate en Dios
En él descansa

Asimismo, invito a hacer un recorrido por los maravillosos mosaicos de Marko Rupnik que engalanan el santuario y hacen un recorrido por las cuatro semanas de los EE.



Referencias

lunes, 23 de marzo de 2020

Ya volverán los abrazos

[He publicado esta entrada el 23.03.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Escribo estas líneas, más bien las lloro, el sábado. Es el primer día que salgo del confinamiento para ir al súper y encontrarme en la cola con mi marido, después de una semana sin vernos. El lunes, cuando se publique esta entrada, se cumplirá nuestro primer año de matrimonio. Por decisión compartida cada uno sigue viviendo en su casa. El encierro lo estamos viviendo yo con mis hijos y él en su casa, a cinco minutos de la mía, a la que se mudó hace unos meses. Nos separa el catarro y la prudencia, ya que mis hijos y yo tenemos mocos y él está bien.

Creía que salir a la calle y verle me iba a animar ya que no salir me estaba empezando a pesar. No ha sido así… La calle infinitamente más vacía de lo habitual, la cola en la entrada del supermercado, los guantes, las mascarillas, las personas evitando cruzarse demasiado cerca, incluso evitando mirarse… me ha invadido una tristeza que me ha costado comprender y asimilar…

Me vienen a la cabeza unos versos de la canción Codo con codo de Jorge Drexler:
Ya volverán los abrazos,
los besos dados con calma,
si te encuentras un amigo
salúdalo con el alma.

Sonríe, tírale un beso,
desde lejos sé cercano,
no se toca el corazón
solamente con la mano.
Racionalmente sé que no se toca el corazón solo con la mano, que se puede saludar con el alma, que ya volverán los abrazos… pero ahí radica mi tristeza. En la falta de contacto. Me ha resultado desgarrador estar con mi marido y no poder darle un beso. No poder abrazarle. No poder dejarme abrazar… con uno de esos abrazos que recomponen el alma. Afortunadamente puedo apapachar a mis hijos. Apapachar, preciosa palabra que dicen que es la más bella en castellano [véase el vídeo]. Pero parece que no es suficiente… echo mucho de menos a toda mi gente… a la de todos los días y a la que veo menos pero que siempre está ahí.

Curiosa paradoja la que vivimos en este momento… para poder volver a estar cerca tenemos que mantenernos lejos. Me acuerdo mucho de una amiga que ha muerto recientemente y que pasó la última época de su vida aislada en un hospital… ¡Qué duro! Ver que se te escapa la vida y no poder estar con los tuyos. Seguramente esto le está sucediendo a la gente que está perdiendo la vida estos días. Están recibiendo los mejores cuidados posibles pero no les puede sostener la mano un ser querido…

No quiero que parezca que estoy desolada… llorar me limpia el alma y la mente y me hace reconectar. Me brotan los versos de una canción que me llena de energía… “Recuerda que tenemos sólo un viaje de ida / Y hay que darle gracias siempre a la vida”.


jueves, 9 de enero de 2020

Carta a la Arantza de 20 años



Me he parado a reflexionar qué pensaría la Arantza de 20 años, comenzando la vida adulta, llena de sueños y con una energía desbordante de mi yo actual. Con 20 años tenía una vida bastante tranquila y despreocupada. Estudiaba Empresariales en el campus de San Sebastián de la Universidad de Deusto. Vivía allí en un piso compartido con compañeras de universidad durante la semana. Los fines de semana volvía a Bilbao, normalmente a casa de mis padrinos con quienes me crie y viví hasta que me casé. Iba a comer a casa de mis padres algún día del fin de semana. Tenía novio desde 3º de BUP. Estaba en una comunidad cristiana. En los estudios me iba muy bien y disfrutaba mucho de los paseos diarios por el Paseo Nuevo y la playa de Gros (ahora Zurriola).

En los algo más de treinta años que han pasado han sucedido muchas cosas, he tenido unos cuantos altibajos, luzco bastantes cicatrices (la mayoría no se ven) y no sé hasta qué punto mi vida se parece a lo que me imaginaba entonces. Me hubiera gustado que alguien me hubiera dicho que escribiera una carta a mi yo del futuro y la guardara para ahora saber más fidedignamente cómo me ha ido en cuanto al logro de mis sueños…

Mis padrinos (Fernando –en la foto- y Milagros) y mi padre (José Miguel) hace tiempo que no me acompañan en este mundo (23, 20 y 12 años respectivamente), aunque sé que siguen mis pasos y velan por mí. Me encantaría poder preguntarles cómo me ven y si me parezco a lo que ellos también soñaban para mí. Creo que, a pesar de las vueltas que he dado, estarían orgullosos de quién soy, en gran parte gracias a ellos. De ellos recibí valores, ejemplo, formación, apoyo, cariño y muchos otros bienes materiales e inmateriales. Por supuesto, de mi madre, que es la única que queda, también los recibí y sigo recibiendo.

Mi titi, como yo le llamaba a Fernando, no conoció a ninguno de mis hijos. Milagros solo a Xabi de bebé y mi aita a los dos. Creo que les hubiera gustado mucho verles crecer y convertirse en dos hombretones muy majos y en los que también se ve reflejado su legado. Los tres conocieron a mi primer marido y con el paso del tiempo he sabido por mi madre que ninguno de ellos estaba convencido de que aquello fuera a llegar a buen puerto, como así sucedió después de 25 años, en total, de relación. Con veintiséis años, que son con los que me casé, no hubiera captado el mensaje. Sigo siendo bastante testaruda, pero en esa época creía que lo sabía todo y aceptaba muy poco de lo que me decían, sobre todo mis mayores. Afortunadamente, hace tiempo que abandoné esa imposible certeza. Además, ese sí que era uno de los sueños que tenía, formar una familia. En lo que hasta entonces conocía, él era una persona que “cumplía los requisitos” para ser el cabeza de familia… Las vueltas que da la vida… Me siento feminista, y ejerzo, desde hace mucho tiempo, pero he tenido que superar muchos mandatos de género que tenía grabados a fuego. Y no puedo decir que los haya superado todos… Este aspecto no sé si les haría muy felices a mis mayores, pero a mí me hace estar muy orgullosa… La lucha por la igualdad es una batalla que merece la pena librar… Y, sin duda, contribuye a hacer del mundo un lugar mejor para todas las personas. Y en cuanto al sueño, ahora sí que tengo un verdadero compañero de vida y una familia, diferente a la que me podía imaginar con 20 años, pero que es una gran familia (en todos los sentidos). Por cierto, soñaba con tener una familia numerosa y ahora, en total, tengo 5 hijos e hijas.

Otro sueño que me ha acompañado siempre es el de dedicarme a una profesión de contacto con personas. De pequeña, como muchas de mi generación criadas en colegio religioso, fantaseaba con ser maestra o misionera. Y aquí estoy unos cuantos años después ejerciendo una profesión que he confirmado que es mi vocación, profesora. Por cierto, mis dos hermanas también lo son. Curioso ¿no? Este punto estoy segura de que le hacía muy feliz a mi titi que siempre me animó a hacer el doctorado y dedicarme a la docencia. No pudo verme el día que me doctoré, mi madrina tampoco, pero estuvieron muy presentes. Meses antes de morir compró un cuadro de formato grande que estuvo envuelto en mi casa 5 años esperando a ese día y que me hizo llorar un mar (que es la escena que representa) el día de la defensa cuando llegué a casa. Causó gran expectación porque todos queríamos ver, por fin, cómo era… Estoy muy orgullosa de haber aguantado 5 años para abrirlo... La paciencia, precisamente, no es una de las virtudes que me adorna…. Aunque nada que ver con cuando joven… Afortunadamente.

Algo que de joven me hacía sufrir bastante y que soñaba con que mejorara era mi “pronto” endemoniado. No en vano cuando mi madrina me iba a buscar al cole le decían: “Ahí baja su leona”… Y no era solo por la pelambrera rizada… El alien que tenía dentro he conseguido, con el paso del tiempo y mucho trabajo personal, tenerlo bastante controlado (quienes me conocen muy de cerca dirían que cuando conduzco es la excepción). Para no olvidarlo nunca tengo un hijo que tiene ese alien corregido y aumentado… Increíble la de espejos que nos pone la vida…

También he afinado bastante la “boca chancla”. La fama de spoiler que tengo me la he ganado a pulso. Siempre he sido un poco impulsiva, directa, bruta dirían algunas personas… Del avance en este campo también estoy muy satisfecha. Mantengo la espontaneidad, pero he aprendido a contenerla y a no decir todo lo que pienso o siento…

Otro gran tema que me ha causado muchos desvelos y sufrimientos son las amistades. Siempre me hubiera gustado tener un grupo de amistades que me acompañara desde el principio. No ha sido así, pero este sí que ha sido un grandísimo descubrimiento. No importa cuánto tiempo estén las personas contigo sino lo que aportan a tu vida. Hay quienes están por mucho tiempo, hay con quienes solo recorres una pequeña parte del camino, hay quienes están de forma intermitente… Y está bien. Cada persona tiene una función en tu vida y hay que estar muy agradecida por ello. Además, unido a esto, la soledad es necesaria y también puede ser una gran maestra. Con 20 años nunca me hubiera imaginado lo que se puede disfrutar la soledad…

Y el gran sueño que me ha acompañado siempre, y que espero que no me abandone, es el de transformar el mundo. Desde pequeña he sido la defensora de las causas perdidas. Una idealista… Y ahí sigo… Creyendo en las personas, apelando a la bondad que habita en cada persona, fiel a mis principios, sensible a las injusticias y optimista infatigable…

¿Qué pensaría la Arantza de 20 años? No lo sé, pero la de 50 pasados se siente satisfecha y esperanzada por el camino que queda y los sueños que aún se pueden cumplir o descubrir…

viernes, 19 de julio de 2019

Una práctica para ganar sentido y profundidad: el examen ignaciano

Ilustración de “Exercitia Spiritualia” de Ignacio de Loyola

De 15 al 17 de julio tuvo lugar en la Universidad de Deusto el Encuentro Inter-universitario Unijes (red de los centros universitarios vinculados a la Compañía de Jesús en España) bajo el título: “Claves prácticas de la Pedagogía Ignaciana en la Innovación Educativa Universitaria”. Han sido días intensos pero de mucha luz para nuestra labor docente. Quiero poner el foco en una herramienta/práctica que ayuda a ganar profundidad y sentido, el examen del día, y que puede trasladarse a la práctica docente. Las ideas que aquí presento han sido unas tomadas y otras inspiradas por la ponencia de Francisco José Ruíz Pérez sj, quien fuera Provincial de la Compañía de Jesús y actualmente es Decano de Teología de la Universidad de Deusto.

Día a día vamos tomando decisiones y viviendo experiencias. Muchas de ellas únicamente cobran sentido en la medida que les insuflamos tiempo y las miramos con cierta distancia. Para que nuestra experiencia gane profundidad tenemos que hacer paréntesis contemplativos y de revisión. Debemos hacer ejercicios de perspectiva (mirar hacia atrás para ver de dónde venimos) y prospectiva (mirar hacia delante para ver qué camino tomar) para situarnos en la vida, en todos su ámbitos, con sentido. Este es un camino personal, individual que nadie puede recorrer por nosotros ni nosotras.

Ignacio, a partir de su experiencia personal, propuso un método para ganar en libertad, para ordenar los afectos desordenados, y descubrir a Dios en la vida cotidiana: los Ejercicios Espirituales.  La clave reside en ejercitar, en practicar. Dentro de todas estas prácticas hay una que destaca: el examen del día. La Espiritualidad ignaciana es muy metodológica. Si hay algo en lo que seguro que todos y cada uno de los jesuitas de ayer, hoy y mañana se parecen es en esta práctica, que es un ejercicio minimalista propuesto por Ignacio. ¿Por qué minimalista? Porque es lo mínimo que Ignacio pedía y solo requiere 10 minutos y 5 pasos.

Una vez que somos capaces de encontrar 5-10 minutos en los que hacer una pausa sin prisas ni distracciones estamos en disposición de seguir la siguiente secuencia de pasos que se resumen en la imagen que abre esta entrada:
  1. Me pongo en presencia de Dios y le doy gracias por tanto bien recibido. No es un ejercicio con uno mismo, con una misma. Es colocarse en un espacio interior de relación. No hay exigencia. Es un diálogo, no un monólogo.
  2. Le pido a Dios que se haga presente en mi propia vida. No se trata de buscar a Dios en la vida sino de pedirle que se nos manifieste y que aprendamos a descubrir su acción en nuestro día a día.
  3. Reviso el día como si estuviera viendo una película: DÓNDE  he estado (en las experiencias fundamentales los lugares son clave); QUÉ he hecho, repaso mis acciones; CON QUIÉN he estado, miro a los otros y otras con los que me he encontrado.
  4. Abro el libro de los registros profundos que me ha dejado el día. Me pregunto por las consolaciones y desolaciones que he tenido. “La consolación espiritual consiste en cualquier movimiento del corazón y de la mente que incremente la fe, la esperanza y el amor genuino de sí mismo y hacia otros. […] La desolación espiritual es lo opuesto” (Glosario de términos Ignacianos y Jesuitas).
  5. Pido a Dios fuerza para hacerlo y agradezco lo bueno que he tenido en el día. No estamos ante un ejercicio de perfeccionamiento moral o de autorrealización. No tenemos que ser personas perfectas. No hay culpabilización. Existe una posibilidad de futuro. Podemos empezar a transformar la realidad y tenemos que comprometernos con ello.

En la medida en que nos ejercitemos en esta práctica vamos a ir conociendo nuestros condicionamientos y conquistando grados de libertad. Sería muy interesante que, después de haberlo puesto en práctica personalmente, introdujéramos a nuestro alumnado en este camino de reflexión profunda que contribuye a la madurez. Cómo hacerlo es algo que cada uno debe descubrir y aplicar a su contexto.

¿Puedes reservar 10 minutos diarios para que tu vida gane en profundidad y sentido, para aumentar tu consciencia y conocimiento? ¿Lo puedes trasladar a tu alumnado? ¡Merece la pena!



martes, 18 de junio de 2019

Diario de una experiencia directa al corazón (2 de 2)

Episodio 7. Días 7 y 8: Davao

La historia no empezó muy bien... Salimos a las 2.45 para el aeropuerto. Llegamos 3.10 y nos dicen que han cambiado el vuelo (que supuestamente mandaron un email comunicándolo) y que sale a las 7.35 (hay que esperar a que venga de Manila). A eso de las 5.00 el vuelo desaparece de la pantalla. A las 6.00 nos dan de desayunar... qué mala pinta... A eso de las 7.30 'reaparece' el vuelo en la pantalla... Finalmente salimos a las 8.36.


La espera mereció la pena por ver el reencuentro entre los hermanos... Carmen tiene 80 años y está estupenda. Ya me gustaría que mi madre manejara el ordenador y el teléfono como ella. Tiene hasta Spotify... Y Facebook...

Por la tarde fuimos a un Centro Comercial cercano. Toda una experiencia cruzar la carretera... Hasta ahora no he hablado del tráfico y de cómo se la juegan los peatones para cruzar. Incluso en el paso de cebra... La vuelta fue en taxi, increíble el precio. No está lejos, pero pagamos 50 pesos filipinos (menos de 1 euro).

JC se compró un 'barong tagalog' y yo una blusa bordada a mano. En la próxima 'fiesta' vamos a causar sensación...

Preparé la segunda tortilla de patata de este viaje... un éxito... (y sin mi tapa 'volteatortillas'). El segundo día también ha sido tranquilo... Puestos a elegir dos comidas de Filipinas nos... el mango y el mongo (aparentemente algo parecido a las lentejas como en un caldo). Hay comidas con nombres graciosos (Puto, Mamon...).



Estos días están siendo muy especiales para JC. Es el círculo que se cierra... colocar las piezas que le faltan a su historia familiar. Parece mentira lo que se pueden parecer dos hermanos (y eso que solo lo son por parte de madre), y sin haber convivido. Familia es familia... '¿Somos o no somos?', dice Carmen. Habla muy bien en español. Estudió en Madrid, junto con su hermana Miren (m.2013), desde los 12 a los 17 años... '¡No mandéis fuera a vuestros hijos hasta los 18!'... Cosas que se hacían antes, y muy comunes entre criollos.

Episodio 8. Día 9: Bacolod

Nos echamos unas risas después de cenar. Carmen utiliza una expresión que me encantó: 'Pincha uvas' (nuestro 'tocapelotas').

Y de nuevo madrugón. En el aeropuerto de Davao hay toda una pared con huchas para donaciones, oraciones, santos... En el control hay dos filas: hombres y mujeres. Me dice JC: '¿Te han cacheado? Les habrás parecido Gandalf... entre la altura, la nariz y el color...'. Explicación: Me suele llamar su hobbit favorito... He subido de categoría... 😂 Les llaman mucho la atención nuestras narices (aquí: pequeñas y con alas anchas). Hay un área para dar de mamar y mecedoras reservadas para los senior.


Al llegar a Bacolod nos encontramos de nuevo con Antón y tiene una sorpresa. La familia de una conocida, él no lo sabía, es la dueña de la casa del abuelo de JC y bisabuelo suyo, Alejandro Amechazurra. Vamos ilusionados a verla. Guarda restos del esplendor que tuvo. Aunque forma parte del patrimonio nacional no está muy bien conservada. Lleva años deshabitada. Muchas emociones... JC 'puede ver' a su madre y a sus hermanas entre esas paredes. La actual dueña, Dña. Ching Hizon Jalandoni, es una gran anfitriona. Nos lleva a ver también la casa de sus primos que también forma parte del patrimonio nacional... Y nos obsequia 'fresh lumpia' (unos rollitos que tienen verduras y taquitos de una parte del coco).



El 12 es el día de la Independencia y se están preparando para la fiesta. Hay altavoces en la calle y música que hace que retumbe todo dentro de la furgoneta que nos lleva. Una mujer dirige el tráfico y parece que hace una coreografía al son de la música.

Visitamos la casa-museo de Enrica Alunan Lizares 'Balay ni Tana Dicang' que muestra cómo era una casa solariega de una plantación. Está muy bien conservada y nos permite hacernos una idea sobre cómo estaría decorada la del abuelo.


Esta es una zona de plantaciones de azúcar. En el desayuno probamos 'muscovado', azúcar de caña en estado puro. Es de color marrón muy oscuro y delicioso.

Nos enteramos de que tenemos suerte porque el día anterior en Manila hubo grandes lluvias. De hecho, Maite (la sobrina de JC que estaba de regreso a Sidney) tuvo un viaje terrorífico y perdieron la conexión.
Vimos unos edificios que parecían cárceles. Nos dijeron que son granjas de gallos de pelea (el deporte nacional) y que tienen mucha seguridad para evitar robos.

Visitamos 'The ruins' (el 'Taj Mahal' de las Filipinas, como reza una publicación que hay en la entrada). Es una casa espectacular de la que solo queda la estructura. Durante la Segunda Guerra Mundial los japoneses la quemaron. Estaba hecha de una madera tan resistente que ardió durante 3 días. Paseamos por los alrededores y tomamos unas cervezas y algo de 'pica pica' (picoteo), amenizado por una agradable música de piano en vivo, mientras esperábamos que anocheciera.


Algunas curiosidades... Para pedir la cuenta nosotros dibujamos en el aire algo como una firma. Aquí dibujan algo parecido a un cheque. Los libros de historia documentan cómo la filipina ha sido (y en parte sigue siendo) una sociedad estratificada (de lo más alto a lo más bajo): peninsulares (descendientes de españoles), insulares (mestizos), indios, criad@s. He observado que las mujeres de una cierta clase llevan cadenas de oro con medallas de la virgen (me recuerdan a la que tengo de mi bautizo). Me encanta cómo nos llaman... Tito y Tita (también lo utilizan de forma extendida para personas cercanas, aunque no sean de la familia).

El colofón una cerveza en la terraza del hotel...

Episodio 9. Días 10-14: Boracay

Empieza el día con un viaje en ferry a la isla de Panay (la capital es Ilo-Ilo, aquí nació la madre de JC). Nos ponen un vídeo con las instrucciones de seguridad que comienza con una oración... (esperemos que no nos haga falta 😂). Tenemos que cruzar toda la isla hasta Caticlan. Nos esperan 4 horas de viaje.Veo el primer coche de 'Pulisya'. El conductor que nos lleva conduce de forma un poco agresiva. Qué adelantamientos... En algún momento pienso que me voy a marear lo que no me he mareado en el ferry.

Una paradoja: los carteles que anuncian el ron Tanduay, y que hay cada poco, debajo tienen mensajes como: 'Slow down to prevent accidents', 'Drive safely'...

Aquí la mayoría son... 'Smoke free municipality' y lo anuncian al entrar. Nos dicen que el presidente se ha puesto muy duro con eso...

Al llegar nos montamos en un triciclo (las maletas en el techo agarradas con una cuerda) que nos lleva a otra zona del puerto, cogemos un barquito, después una furgoneta (que va atiborrada de gente). Y por fin llegamos al paraíso... Aunque hay 'cara B'. Boracay está toda en obras, llena de gente, de triciclos... La playa es maravillosa, lo que está detrás no tanto...


Me ha gustado bañarme en el Pacífico. Era la primera vez. Bastante más caliente de lo que me gusta pero con olitas. Aquí hay una brisa fuerte de manera constante que hace soportable el calor. Y después pica-pica y cervezas en el hotel, aprovechando la 'Happy hour'. Me retiro pronto porque empiezo a notar las cervezas. Por cierto, buenísima la Red Horse (segunda marca de San Miguel; para quien no lo sepa, la empresa nació en Filipinas).


Un poco más de vocabulario:
  • Banig - esterilla para la playa (y también para dormir, sobre todo las personas más pobres).
  • Kulambo - mosquitera.

Nos comentan que aquí hay mucho turismo coreano, antes también había muchos japoneses. Desayunar al borde de la playa es un lujo. Después un paseo hasta el final de la playa, donde hay mucha menos gente y edificios sin acabar de construir. Por el camino nos ofrecen de todo (masajes, bebidas, paseos en bote, 'kitesurf', etc.). Al volver paramos en un local de comida japonesa y tomamos unas cervezas y algo de 'sushi'. Aquí se toman su tiempo para servirte, incluso las cervezas y aunque no haya gente. Hay dos lugareños que parecen padre e hijo (este último toca una flauta). Aquí los nativos apenas tienen pelo en el cuerpo. 


Pasamos por un área de tiendas. Ahí hay una zona para fumadores alrededor de una palmera marcada con una cadena. A cuatro metros otra palmera pero ahí no se puede fumar. Nos comentan que las multas por fumar donde no está permitido no son broma: la primera 2.500 Php (unos 45 euros), la segunda 5.000 Php y la tercera una noche en la cárcel. Hay una historia de cuando el actual presidente era el alcalde de Davao. Había un extranjero fumando en un local. Varias veces le dijeron que estaba prohibido. Tenía un montón de colillas en un cenicero. Debió decir que fuera el alcalde a decírselo. Le llamaron y fue. Le dio a elegir: 1) comerse las colillas e irse en el primer avión, 2) ir a la cárcel. Dicen que eligió lo primero...

Disfrutamos de una exfoliación y masaje en los pies... 'nos los han dejado como los de los niños'. Sin palabras (y por menos de 11 euros cada uno).

Algunas personas llevan camiseta de manga larga y pantalón largo de surf y encima incluso un pantaloncito corto... Por lo general permanecen en la sombra hasta las 5.30-5.45 pm que es cuando se preparan para el ocaso. Las poses y los modelitos son increíbles... vestidos largos e incluso tacones.

Después de otro desayuno al borde del mar vamos hasta el final del otro lado de la isla. En esta parte hay resorts más lujosos y menos gente. Incluso vemos una calita en la que estamos solos con otra pareja. Por cierto, me estoy volviendo 'pinay' porque tomo arroz y mango todos los días... Mi estómago se está resintiendo un poco. Será por todas las indicaciones que hemos contravenido. Ayer cené un sandwich de tartar de bonito al que añadí una salsa súper picante. Menos mal que no comí ceviche y no me gustan las ostras (unas estaban cocinadas con queso y otras con chorizo... Según JC deliciosas). Los mosquitos se están dando un festín conmigo...


Nos tomamos la tarde tranquila. Una siestita, unas compritas y vuelta al hotel. El cielo se fue cubriendo poco a poco y se puso muy negro. Nos mojamos un poco antes de llegar al hotel pero fue hasta agradable. Bajó la temperatura y la lluvia era templada. Eso sí... el viento terrible (Nos enviaron un mensaje diciendo de que al día siguiente el vuelo a Manila tendría retraso)... Yo una sopita de espárragos para cenar (JC una chuleta) y a la cama. A ver si para el viento y no tenemos problemas con el vuelo... La estación de lluvias está a punto de empezar.

Es cierto eso de que después de la tempestad viene la calma. El día amanece estupendo... Como el avión es por la tarde después de desayunar vamos a la piscina del otro edificio y también nos bañamos en la playa. Quién sabe cuándo nos volveremos a bañar en el Pacífico...

Para ir al aeropuerto tomamos una combinación más cara pero más cómoda que al venir. El aeropuerto de Caticlan es minúsculo. La separación entre los bancos de espera casi no deja sitio para pasar. No sé qué tienen aquí con lavarse los pies en lugares extraños. El otro día había un cartel en un retrete, hoy veo un cartel en el lavabo... Nunca habíamos visto una rifa en el avión. Se trataba de adivinar personajes de películas...

El aeropuerto de Manila inmenso y caótico, al igual que el tráfico...

Epílogo

Ayer antes de montar en el avión hacia Singapur no pude escribir estas líneas porque estaba sobrecogida. Ahora que ya estamos en el avión hacia Bilbao he podido procesar un poco...

Por la mañana Antón nos llevó a misa. 'Buena manera de cerrar el viaje', pensé. Fuimos a 'Tuloy sa Don Bosco Street Children Village', una bonita iniciativa fundada en 1993 por el P. 'Rocky' que fue quien presidió la Eucaristía. La iglesia estaba a rebosar de niños, jóvenes y familias. El ambiente era festivo y alegre. Empecé a llorar desde el momento uno. Y no solo porque el coro fuera espectacular y las canciones preciosas... Me sentí invadida por un profundo sentimiento de gratitud y alegría que me acompañó todo el día y me llevaba hasta las lágrimas. 

Era el día de la Santísima Trinidad. Impresionante el sermón del P .'Rocky' que 'hizo fácil' un tema tan complejo... Accesible a cualquiera de los niños y niñas que allí estaban. ¿Cómo se puede entender lo de las tres personas en una? Podría acercarse a lo que es la familia: padre, madre e hijo (o hija) que tiene el amor como centro. No solo el amor humano sino que su fuente es el amor de Dios. Si no lo podemos entender experimentémoslo desde el amor. Dios es el amor infinito. Es Creador, Salvador y Misericordioso. Y nos llama a ser como él: creadores, en la medida que desarrollamos nuestras capacidades y las ponemos al servicio de los demás; a ser luz unos para los otros; a ser salvadores unos de otros... A hacer del mundo un lugar mejor. No basta con ser buenos, hay que hacer el bien. Conmovedor cómo al final se acercaba la gente al P .'Rocky' y le pedían 'la mano Po' para recibir la bendición. Tuve una intuición profunda: Si alguna vez de Europa les llevamos la luz del cristianismo, ahora ellos tienen mucho que enseñarnos...

Después de ese gran momento tomamos una fabulosa comida china... Se celebraba el día del Padre.

Del viaje traemos muchas experiencias y vida compartida. Muchos recuerdos que están ya grabados a fuego en nuestro corazón. Si tuviera que destacar algo son las personas. Especialmente Antón y su familia, Maite y su familia, Vicky ('Ula') y Carmen ('Bita'). MARAMING SALAMAT... Y por supuesto... vuelvo con la convicción de que tengo un compañero de viaje y de vida inmejorable. JC resume así la experiencia... 'corazón de madre'.