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martes, 15 de diciembre de 2020

Desvelos de madre y educadora

 

Para que lo leas con calma...

Cariño, no sé muy bien por dónde empezar a escribir estas líneas. Desde ayer bullen muchas ideas en mi cabeza y mis emociones están un poco alteradas. Espero poder transmitirte unas y otras de la mejor manera. Verás que se entremezcla mi voz como madre, como ciudadana y como profesora de ética (que es algo que tengo muy arraigado). Cuando vengas en vacaciones tendremos tiempo para hablarlo con calma y en persona.

Empiezo por las emociones, que se me han ido solapando unas con otras: sorpresa, estupor, preocupación, indignación, enfado, tristeza, mucha tristeza, sobre todo tristeza… Cada día desde que nacisteis hago una petición al cielo… a Dios… a la vida… “Que mis hijos sean buenas personas” … Creo que no hay cosa más importante para mí. Entiendo el éxito en la vida como ser una buena persona, hacer lo que hay que hacer, aunque el contexto no favorezca. Contribuir a dejar el mundo un poco mejor de lo que lo has encontrado… Recuerdo una vez que estabas en el colegio, en una época en la que andabas muy revuelto y tu comportamiento no era demasiado bueno, que antes de una reunión de padres le dijiste a tu tutor: “Diles que somos buena gente”. No nos lo dijo, pero yo sabía que el comentario era tuyo…

Hace mucho hice mía una máxima que escuché al que entonces era Rector del Tec: “El bien es bien, aunque nadie lo haga; el mal es mal, aunque todos lo practiquen”. Intento que esa máxima y la regla de oro (en positivo: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan”, o en negativo: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”) orienten mis acciones. Y eso que quiero para mí es en lo que he intentado educaros a vosotros, no solo con palabras sino con acciones. Llevo mucho tiempo trabajando mis valores e intentando llevarlos a la práctica. No siempre lo consigo, no soy ni mucho menos perfecta, pero pongo un gran esfuerzo consciente en vivir lo que creo. Y si fracaso en el intento, vuelvo a intentarlo… las veces que haga falta…

Como tú bien sabes actos, actitudes y carácter están íntimamente relacionados. Cada acto, cada acción, puede ser catalogada como buena o mala. La repetición de actos va conformando actitudes, predisposiciones para actuar. Y el conjunto de nuestras acciones conforman nuestro carácter, o “modo de ser adquirido”, que puede ser, en términos aristotélicos, vicioso (tiende hacia el mal) o virtuoso (tiende hacia el bien). Cada uno vamos fijando nuestro carácter acción a acción, decisión a decisión. Ayer me preguntabas: “¿Y eso me hace peor persona?”. Claro que una mala acción no te convierte en una mala persona, pero seguro que te aleja algo de la persona que quieres ser. Y no creo que nadie quiera ser una mala persona. Siempre digo a mis alumnos y a mis alumnas que espero que se les encienda una ‘alarma’ cada vez que digan la frase “Total… eso no hace mal a nadie”. Muchas veces cuando pronunciamos esa frase nos olvidamos de la persona más importante, cada uno de nosotros y de nosotras. Puede que una acción no tenga consecuencias, o que no te pillen, o que nadie se entere… Pero cada uno sabe cuando no ha actuado bien y eso afecta a la persona que cada uno construimos, a ese carácter que vamos conformando acción a acción, decisión a decisión.

Sé que algunas de mis ideas y mis valores te pueden parecer anticuados, que no compartes (ni siquiera sé si entiendes) la fe que profeso… Sé también que no estás de acuerdo con la sociedad, el sistema, el capital, las injusticias… pero no cualquier medio vale para transformar el mundo. Importan los fines, pero no te puedes desentender de los medios. ¿Te imaginas que todas las personas actuaran de la misma manera? ¿Sería el mundo un lugar mejor? Acuérdate del imperativo categórico de Kant: “Actúa de tal manera que tu conducta pueda ser considerada una ley universal” (y la segunda formulación: “trata al ser humano como un fin en sí mismo, nunca como un puro medio”).

Las normas y las leyes están para cumplirlas porque favorecen el buen funcionamiento de la sociedad. Está claro que no todas las normas y leyes son justas, pero que una norma o ley no sea justa no legitima que uno se salte todas o que cumpla solo las que le interesan. ¿Sería mejor un mundo sin leyes y normas? ¿Cómo se protegería a las personas más vulnerables? ¿Habría mayor igualdad y justicia? Sinceramente, creo que no. Se puede luchar por cambiar las normas y leyes, pero, vuelvo a lo de antes, no de cualquier manera. Relacionado con esto, hay algo que me preocupa y es el tema de la escala y la oportunidad. Quienes cometen delitos, quienes tienen comportamientos corruptos, quienes atentan contra el bien común, normalmente no empiezan por grandes cosas.  Se empieza cometiendo pequeñas transgresiones, pero a medida que se sale indemne y se tiene oportunidad y acceso a otros niveles, sube la escala de la transgresión. Y luego no vale el “yo no quería”… Acuérdate de algo que os he repetido muchas veces… “acción, reacción, repercusión”, responsabilidad en acción.

Eres dueño de tu vida y de tus decisiones. Yo quiero, siempre he querido, lo mejor para ti. No puedo obligarte a actuar como yo creo que se debe actuar, pero tampoco puedo renunciar a decirte lo que pienso y cómo me siento… No puedo dejar de preocuparme por ti porque me importa la persona que eres. Y siempre con una premisa previa: “Te quiero por encima de todo y a pesar de todo”.

Ama


lunes, 5 de octubre de 2020

Emociones encontradas: sobre los hijos

 


[He publicado esta entrada el 05.10.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

¿Qué padre o madre no ha pronunciado la frase “¡Cómo crece mi hijo/a!”? Verles crecer es una de las cosas que más consciente te hace del paso de tiempo. Un día parece que falta mucho tiempo para que emprendan el vuelo y al día siguiente les ves extender sus alas y tomar altura… Hace algo menos de un año publicaba una entrada, con ocasión de la partida de mi hijo mayor hacia su estancia Erasmus, que terminaba así:

“Te he dado raíces… He ‘cosido’ tus alas con jirones de mi alma. Soy el puerto en el que siempre podrás atracar… Pero ha llegado el momento de que despliegues tus alas y que vueles como estoy segura que sabes hacer… ¡Suerte Xabi!”

Hace unos días me volvía a despedir para una estancia más larga, un año, pero algo más cerca, Madrid. Esta vez ha sido un poco menos duro. No tuve que contener las lágrimas. Le despedí con una sonrisa. Estaba algo más preparada… si es que alguna vez se puede estar preparada para que un hijo se vaya de casa.

Son muchas, y de muy diverso tipo, las emociones que me invaden en este momento. Se solapan unas con otras (¡Así son las emociones…!) y me tienen un poco agitada. Me vienen a la cabeza unos versos de una canción de Andrea Bocelli y su hijo Mateo a la que dediqué otra entrada: “Que sigo dispuesto a amarte sin fin / Pero a cada paso que doy / Más te alejas tú”. Siento un amor que me desborda y me recuerda que tiene que hacer su camino; por otro lado, siento algo de tristeza porque no le voy a ver tanto y una pizca de añoranza de ese niño que siempre me quería tener cerca. No puedo negar que también siento un poco de miedo porque va a una ciudad que está más azotada por la pandemia y en la que acecha la sombra de que limiten la movilidad y eso impida que pueda venir en un tiempo largo. Sin duda estoy alegre porque esta vez le ha costado menos irse, no ha estado tan nervioso, no tenía cara de cachorrito asustado (eso me partió el corazón el año pasado al dejarle en el aeropuerto…). Además, está contento e ilusionado con el Máster que va a hacer y con el hecho de compartir piso con amigos. Eso me da mucha tranquilidad. Y quizá el sentimiento que predomina es el de orgullo. Le veo convertido en un adulto (aunque a veces algunos comportamientos digan lo contrario). Decidido, capaz de organizarse y administrar el dinero que hemos acordado que va a tener. Consciente del esfuerzo que supone estudiar fuera. Y lo más importante, con principios… Y por todo ello me siento satisfecha. Mi tarea era la de educar y, a pesar de muchos errores y cosas que podría haber hecho mejor, la he cumplido. La siembra está hecha, ahora queda recoger los frutos.

Mientras escribo estas líneas me llama mi hijo pequeño y me dice que “está bien pero que ha roto el coche”. Venía de un partido con dos compañeros de equipo y han tenido un accidente. Por un instante se para el mundo, me cuesta respirar… La mente me va a mil por hora. Me repito a mí misma: “Tranquila, todos están bien, también el conductor del otro coche”. Recibo unas fotos de cómo ha quedado el coche. Me invade el llanto porque soy consciente de lo que podía haber pasado. El tiempo se me hace eterno hasta que llega a casa… Me fundo en un abrazo liberador que se lleva toda la tensión contenida. Creo que pocas veces he sentido tanta gratitud.

La verdad es que les he llevado 9 meses en las entrañas, pero desde ese momento se me han instalado en la mente y el corazón y ocupan un espacio inmenso. Es lo que tiene ser madre… una tarea de 24 horas, 7 días a la semana y con una alta intensidad emocional…



jueves, 19 de enero de 2017

A un hijo que empieza la universidad


Mi hijo mayor hace ahora un año estaba decidiendo qué estudiar. Como madre, lo más importante para mí era que eligiera algo que le atrajera y le motivara lo suficiente para no desistir y completar su formación universitaria, con la visión clara de que una vez terminado el grado tendrá que seguir especializándose. Además, se da la circunstancia de que soy profesora universitaria y tengo ya bastante experiencia en este mundo. Voy a recoger aquí lo que me hubiera encantado poder comentar con él, pero soy su madre y una pesada por definición (va en el rol)… Siempre me queda la esperanza de que el pequeño, que el próximo año por estas fechas estará eligiendo, me haga algo de caso…
  • Lo primero de todo es que soy consciente de que ha llegado tu momento. Ansiabas cumplir 18 (no sé muy bien qué esperabas que pasara) y si hay algo claro es que si eres libre eres responsable. Tú decides y tú asumes lo que decides… Parafraseando el poema del inicio… eres el amo de tu destino, el capitán de tu alma. Estoy aquí para apoyarte y acompañarte, pero el vuelo tienes que emprenderlo solo. Te ayudaré a levantarte si te caes pero no voy a evitarte la caída… forma parte del aprendizaje (por más que a mí también me duela). 
  • Cuando elijas estudios no te centres en los que te han dicho otras personas: profesorado, orientadores, familiares, amigos… ni siquiera en lo que yo te he dicho (con todo el amor que te tengo y lo que te conozco). Escucha a otras personas pero, sobre todo, escúchate tú. Mira hacia dentro y hacia lo lejos. Qué es lo que te gusta, lo que te motiva, lo que haces bien, qué te ves haciendo en un medio plazo, qué tipo de actividades quieres desarrollar, cuáles son tus fortalezas… qué te hace vibrar. Aunque desde pequeño hayas tenido claro qué estudiar haz este ejercicio… Estoy convencida de que no hay carreras con salidas o sin salidas… La empleabilidad es más una cuestión de actitud.
  • Ten claro que en cualquier carrera que estudies tendrás materias que te gustarán más y que te gustarán menos. Lo mismo ocurrirá con el profesorado. Para obtener el grado tendrás que completar el plan de estudios fijado, igual que tuviste que aprobar Bachiller para llegar hasta aquí. 
  • Estás en un momento de muchas novedades y oportunidades. En la universidad vas a encontrar nuevas personas, temas, realidades, ambientes… Eso ayudará a abrir tu mente y tu visión del mundo. Aprovecha esa gran diversidad. No te juntes sólo a lo cercano y conocido… Por supuesto, desde la prudencia y el respeto…
  • Algo que te va a venir bien es conocer el entorno y los servicios. Hasta ahora dominabas el colegio. Conocías los rincones y las personas. Ahora te vas a enfrentar a algo más grande, con sus formas de hacer, sus horarios, sus normas…  La universidad es mucho más que las aulas… ¡Infórmate y participa! Ahhhh… y entérate bien dónde tienes clase. Puede ocurrir que de una hora a otra tengas que cambiar. Incluso puede que tengas compañeros y compañeras diferentes en cada asignatura porque se suman personas de otros grados.
  • Tienes que hacer un cambio de chip importante: Autonomía. Hasta este momento todo estaba muy pautado y controlado. Te hacían seguimiento. Si faltabas a clase nos informaban. Ahora eres tú el que decide. Aunque nosotros te paguemos los estudios no nos van a informar de cómo vas. Si no entregas un trabajo o una práctica no te la van a reclamar… lo notarás en la calificación final… Y no te preocupes, aunque tenga amistades entre el profesorado que te da clase no me pueden dar información… Este es el momento de aprender en la práctica eso que siempre te he repetido, como la canción: “Nunca una ley fue tan simple y clara: acción, reacción, repercusión”… La responsabilidad es la otra cara de la libertad.
  • Te vas a encontrar con un alto nivel de exigencia. Estás acostumbrado a preguntar qué entra en el examen… Entra lo que has visto en clase y también lo que no has visto. Leerte las diapositivas varias veces no es suficiente. Te recomendarán bibliografía para que profundices o para que trabajes algunos temas… Eso también forma parte de la asignatura. No te van a evaluar por tu memoria sino por tus conocimientos y tus competencias.
  • La universidad supone dedicación… Cada semestre está organizado para que lo pueda sacar un alumno o alumna con una dedicación completa (esa es la Filosofía de los ECTS). Eso no quiere decir que te tengas que concentrar sólo en estudiar.  Es todo cuestión de organizarse y planificar: clases, cursos, conferencias, deporte, extras…
  • Los primeros días son muy importantes (y esto te lo digo para cada nuevo semestre que enfrentes).  En ellos cada profesor o profesora te presentará el programa, la guía de la asignatura, fechas y procedimiento clave... Tienes que tener presente el binomio Profesor(a)/Materia que implica: métodos de enseñanza/aprendizaje, sistema de evaluación, indicaciones para la entrega de trabajos y prácticas… Cogerle el ‘truco’ a uno no quiere decir que lo tengas para todos, ni siquiera para una nueva asignatura con esa misma persona.
  • Acostúmbrate a resolver las dudas de primera mano. Quien mejor te puede decir las fechas, los contenidos, el objetivo, cómo hacer un trabajo… es el profesor o profesora correspondiente, por muy buenos que sean tus compañeros y compañeras… Eso sí, pregunta y consulta en su justa medida. Tampoco des la impresión de que eres muy inmaduro o inseguro. Eres capaz, por eso has llegado hasta aquí.
  • En todo tu proceso universitario contarás con el servicio de tutorías que te puede ayudar en aspectos tanto académicos como extra académicos.

Y para terminar… si te equivocaras, si por el camino vieras que ahí no está tu futuro, no tengas miedo en rectificar. Yo te apoyaré, aunque refunfuñe un poco… Lo más importante para mí es que seas una buena persona y estés a gusto con lo que haces…


lunes, 27 de enero de 2014

Lágrimas en el cielo...



Hoy escribo con lágrimas en los ojos y con un dolor que no es el mío pero que puedo sentirlo con fuerza. En poco más de un mes se han muerto en mi entorno tres niños de 15 años (Victor, Markel y Alberto). Victor tenía una discapacidad física e intelectual severa derivada de una enfermedad que tuvo de pequeño y su salud era frágil. Markel ha luchado durante casi dos años contra un cáncer de huesos. A Alberto le ha atropellado un coche. Yo tengo dos hijos que en este momento tienen 13 y 15 años y puedo imaginarme perfectamente el dolor que sería perderlos, la rabia que me produciría, el desgarrón en el alma, la perplejidad en la que me encontraría, el sinsentido que me parecería la vida... La muerte siempre nos pilla por sorpresa y nos gustaría robarle una prórroga. Y en el caso de los niños... Nos rebelamos más aún ante el hecho...Va contra la lógica que unos padres o unos abuelos sobrevivan a sus hijos o nietos...

Ahora les queda a estas familias y su entorno construir su duelo y pasar por las cinco etapas que señala Elisabeth Kübler-Ross: 1. Negación - durante un tiempo se vive desde la perplejidad o la incredulidad; nos negamos a creerlo porque es demasiado fuerte; 2. Ira (o puede ser rabia, envidia o resentimiento) - es una respuesta emocional que se puede manifestar de diversas maneras y contra distintas personas (los cercanos, desconocidos, compañeros de trabajo, Dios, etc.); 3. Negociación - en esta etapa lo que más apetece es volver a atrás una y otra vez, intentar llegar a un pacto para superar el momento difícil; 4. Depresión - en esta fase la persona se ve invadida por la tristeza, se repliega sobre sí misma (normalmente es algo temporal y muy necesario); 5. Aceptación - se empieza a sentir cierta paz y tranquilidad, la vida se impone, se asume la nueva realidad... (pero también se puede caer en el rechazo que supone vivir anclado en el dolor y la pérdida).

Cada vida, toda vida, independientemente de su duración y de sus condiciones, tiene un sentido, un porqué. Como lo expresa la Dra. Kübler-Ross (1994, p.36):
"Me gustaría deciros cómo podéis vosotros también llegar al convencimiento de que esta vida terrestre, que vivís en vuestro cuerpo físico, sólo representa una pequeña parte de vuestra existencia global. Sin embargo, vuestra vida actual tiene una importancia muy grande en el marco de vuestra existencia entera puesto que estáis aquí por una razón precisa que os es propia".
No quiero terminar sin mandar un abrazo muy fuerte en especial a las madres de estos tres niños (CeciliaMarian Esther) y desearles que esos ángeles que ya tienen en el cielo les ayuden a seguir adelante.



Bibliografía:
  • Kübler-Ross, Elisabeth (1994): La muerte un amanecer. 5ª Edición (1ª 1987). Barcelona: Ediciones Luciérnaga.









martes, 16 de julio de 2013

Palabras para mis hijos

Ayer mis hijos se fueron con su padre para un mes. Parece mentira... hace unas horas que se han marchado y ya les echo mucho de menos. Ha sido un año duro porque la adolescencia no perdona; pero, a pesar de las broncas y los disgustos, son de lo mejor que hay en el mundo, en mi mundo... Y no sé si se lo digo suficientemente... Probablemente les dará mucha vergüenza si un día leen esto... pero quiero gritarlo a los cuatro vientos... Xabi y Ander os quiero, sois una bendición en mi vida.

Escuchando hoy estas palabras de Goytisolo no he podido evitar pensar en vosotros. Como madre son muchas las cosas que os quisiera decir, los consejos que me gustaría daros, los peligros de los que desearía alejaros; pero no debo... Estáis en un momento de cambios importantes. Es vuestra vida y debéis construirla vosotros. Eso sí... No os quitaré ojo porque, como bien decís, soy una pesada... que os quiere con locura, que os desea todo lo mejor y que haría cualquier cosa por vosotros. 

"Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
[...]
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
[...]
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos."


"Palabras para Julia", José Agustín Goytisolo

Y si las palabras son bellas... cantadas aún más...


miércoles, 26 de junio de 2013

Sobre el amor a esos locos bajitos


...El amor sólo da de sí y nada recibe sino de sí mismo.
El amor no posee, y no quiere ser poseído.
Porque al amor le basta con el amor...
(Extracto de "Sobre el amor", El profeta, Khalil Gibran)


Quien tiene en su vida un adolescente en plena ebullición sabe perfectamente lo que es una montaña rusa emocional, porque lo ve reflejado en la persona que tiene delante (mi hijo mayor en este caso); porque se deja arrastrar por ese vaivén; porque se contagia; porque evoca recuerdos de épocas pretéritas que no necesariamente fueron más felices...

Llevo unos días pensando en una conversación que tuvimos después de una bronca como sólo se puede tener con un 'clon' con un carácter muy parecido al tuyo...
- Ama ¿me quieres?
- Claro, cariño
- Ama ¿confías en mí?
- Por supuesto, cariño
- Ama ¿crees en mí? ¿tienes esperanza en mí?
- No lo dudes, cariño, lo único que pierdo a veces es la paciencia...

Después de mucho darle vueltas me doy cuenta de que en esa conversación hay un grito de ayuda, de petición de comprensión, de necesidad de sentirse querido y aceptado tal y como es... En un momento de cambio importante, en un momento en el que, como él mismo dice, "no me aguanto ni yo" es fundamental sentirse  amado incondicionalmente. Y qué difícil ver que no siempre usa bien la libertad; que no siempre asume su responsabilidad; que te reta constantemente; que, en definitiva, no actúa como tú crees que debería hacerlo (convicción ganada con un buen número de equivocaciones a tus espaldas...).

Te dedico estas palabras a ti, que ya no eres bajito, y que apuntas a ser un hombre hecho y derecho, un hombre bueno... No podré evitarte errores y sufrimientos pero ahí estaré siempre... Como tú dirías, sin más... Te quiero Xabi!