[Entrada publicada originalmente el 06.07.2011 en el
Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]
“Tú encontrarás la solución. Lo único que
puedo hacer para que la encuentres es ayudarte a verte a ti misma. Intentar
hacerte un buen retrato” (cita de apertura del libro)
Recientemente he leído un libro de Ferran Ramon-Cortés que
lleva por título el que encabeza este
post, y que es muy sugerente como todo lo que escribe el citado autor sobre comunicación.
Hace tiempo que estoy convencida que un requisito fundamental, y no siempre
tenido en cuenta, para una buena
comunicación es la escucha, que se debe realizar a través de todos nuestros
sentidos. A lo largo del libro el autor presenta cinco claves para conocer a los demás, comprenderlos y conectar con
ellos; y lo hace utilizando los pasos para realizar un buen retrato y que paso a comentar.
“Mirar por el visor”. Es necesario cambiar la perspectiva; salir de mí para concentrarme en el otro;
dejar de ser protagonista para convertirme en espectador. Para ello debo parar mi ‘runrun’ interno y
escucharle con todo mi ser, también con los ojos. Ésta es la única manera de
que se sienta escuchado.
“Encuadrar la imagen”. Una vez en el papel de observador debo
conseguir que el otro se abra, que comparta sus sentimientos y que yo
pueda ir explorando por los caminos
que me va insinuando. Para lograrlo deberé conseguir que el otro se sienta
cómodo, en confianza; deberé ser empático y aceptar sin juzgar lo que el otro me dice; y deberé animarle a que concrete, a que me proporcione ejemplos
y casos concretos.
“Elegir la luz”. Hay que buscar
la raíz de los problemas y conductas para poder crecer. Muchas veces
enmascaramos nuestros verdaderos problemas detrás de conflictos puntuales,
porque igual ni siquiera nos damos cuenta de cuáles son. Dos habilidades son
fundamentales para ello: la autenticidad
(para que el otro te sienta cercano, y no que le estás analizando como un
profesional) y la proximidad (que
ayuda a concentrarse en lo que el otro siente aquí y ahora). “En las relaciones
profesionales la amistad es una elección mientras que la confianza tendría que ser una obligación, porque si no hay
confianza, los errores, los malentendidos y los conflictos están asegurados”
(p.57).
“Enfocar y disparar”. Para ayudar al otro debo ser capaz de captar y comprender lo que siente, que
siempre será legítimo e indiscutible. En este proceso ayudan la confrontación (en este momento puedo
evidenciar las posibles contradicciones sin herir) y la autorrevelación (exponer una vivencia que se parezca en el
sentimiento y que la utilice para ayudar al otro, no para descargarme).
“Revelar”. Se trata de propiciar el autoconocimiento, acompañar
al otro hasta que lo descubra y le ponga palabras. Para esto es necesario tener valor (estar dispuesto a
involucrarte con el otro, no sentir que el problema es de él, atreverse a
decirle lo que hay que decirle)y ser sincero pero teniendo en cuenta lo
que el otro puede aguantar (no se puede herir en nombre de la sinceridad).
Os
animo y me animo a escuchar con los ojos… y con todo el ser…
Bibliografía:
Ramon-Cortés, Ferran (2011): Escuchar con los ojos. Barcelona: RBA.
[Entrada
publicada originalmente el 11.11.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de
EITB, desaparecido el 01.07.2024]
Hace unos meses escribí un post “Construir un hogar con
ladrillos emocionales” en el que señalaba algunas conclusiones que me había
suscitado la lectura del libro Brújula para navegantes emocionales de
Elsa Punset (Madrid: Aguilar, 2008). Hoy quiero retomar un tema que ella
desarrolla y que se basa en la teoría del Dr. Gary Chapman sobre los cinco lenguajes del amor. Elsa
Punset lo aplica a la educación de los hijos pero creo que se puede extender a
todas nuestras relaciones.
En primer lugar hay que diferenciar el amor condicional
(el que está basado en los logros o el rendimiento) del amor incondicional
(aquel que acepta al otro por lo que es, no por lo que hace). Desde pequeños
conocemos el amor condicional; ese que se basa en las expectativas, y en el que
nos entrenan mediante regalos, recompensas o privilegios siempre que cumplamos
dichas expectativas. De esta manera vamos desarrollando un autoconcepto en el
que tiene mucho peso lo que los demás piensen de nosotros y nos transmitan. Sin
embargo, todos necesitamos amor incondicional, una aceptación sana y sin
condiciones por encima de nuestro atractivo físico, nuestras capacidades,
nuestras limitaciones, nuestros errores o nuestros aciertos. El amor
incondicional supone un respeto intrínseco de la persona, lo que no
significa tolerar o apoyar cualquier acción o actitud, y contribuye al
desarrollo de una autoestima saludable.
Hecha esta distinción hablemos de las cinco maneras
básicas en las que las personas, según el Dr. Chapman, expresan y reciben
amor: el contacto físico, el tiempo de calidad, los regalos, las palabras y
los actos de servicio. Cada persona tiene uno o dos lenguajes con los que le
resulta más cómodo expresar amor. Necesitamos que los demás también nos
expresen amor en dicho lenguaje, y no sentiremos frustrados si no lo
conseguimos. Lo ideal sería dar y recibir amor en todos los lenguajes porque
así nos comunicaríamos más fácilmente con un mayor número de personas. Veamos
cada uno de los lenguajes:
El contacto físico: Es una de las formas más directas
y sencillas de comunicación entre los seres vivos, porque no requiere palabras,
y es especialmente importante cuando una persona está enferma o triste. Hay
quien evita el contacto físico o lo reduce a lo imprescindible.
El tiempo de calidad: Es aquel que se comparte sin
presiones ni obligaciones, por puro placer, sin un objetivo que cumplir.
Permite conversar y escucharse sin prisas. Ayuda a crear confianza y lazos
emocionales.
Los regalos: En la sociedad consumista que vivimos el
regalo ha perdido parte de su sentido más noble. Además, es tentador, porque lo
más sencillo es hacer regalos de forma indiscriminada para no utilizar los
otros lenguajes o sustituirlos. Hay que dar y recibir regalos (que no
necesariamente tienen que ser objetos frívolos o innecesarios) con espíritu
generoso.
Las palabras: A través de ellas explicitamos nuestra
aprobación o desaprobación hacia los demás. Las palabras que decimos a los
niños tienen un gran poder porque ellos creen que pensamos sinceramente todo
aquello que decimos. Las palabras de amor y cariño, los elogios sinceros, se
dicen casi sin pensar pero dejan una huella imborrable, independientemente de
la edad.
Los actos de servicio: Son algo que se hace, no por
necesidad u obligación, sino de forma generosa para ayudarse a sí mismo o los
demás. Los adultos pasamos gran parte de nuestra vida cuidando a los demás a
través de estos actos de servicio, lo cual resulta física y emocionalmente
exigente. Por esta razón, es útil parar de vez en cuando y recuperar el
espíritu de cuidado en estos actos.
Esta teoría de los cinco lenguajes del amor me ha hecho caer
en la cuenta de que yo utilizo mucho el lenguaje de los actos de servicio.
Hacer cosas por los demás, cercanos o incluso desconocidos, me resulta fácil y
gratificante. No me cuesta tener en cuenta a los demás, hacerles pequeños (o
grandes) favores, hacer la vida más fácil a otros, aunque no siempre reciba lo
mismo. Sin embargo, creo que mi marido no valora lo que yo hago. Cuando hago
favores a otros o cuando me adelanto a hacer algo que creo que le puede ayudar
intuyo que él lo interpreta como un intento de control por mi parte o un
servilismo. Y a mí me duele, porque actuar así forma parte de mi naturaleza y
creo que no es algo que deba cambiar (quizá con él sí...). Además, es algo que
quiero que mis hijos vean y practiquen ¿Por qué resultará tan difícil
expresar nuestro amor?
¿Y usted qué opina? ¿Cuál es su lenguaje o lenguajes
preferidos?
[Entrada
publicada originalmente el 02.02.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de
EITB, desaparecido el 01.07.2024]
Acabo de leer un artículo muy interesante titulado “Guía
40-70: Cómo hablar con tus padres cuando se hacen mayores” en la Web de Mujer
Hoy, suplemento dominical de El Correo Español.
Me ha resultado muy interesante porque vitalmente me he
sentido plenamente identificada. Tengo 40 años, dos hijos de 10 años y 8 años y
medio, y mi madre se acerca a los 70. Mi padre falleció hace poco más de un
año. Una dificultad a la que me estoy enfrentando es a cómo abordar
determinados temas con mi madre. Mis hermanas y yo hemos hablado más de una vez
de cómo mi madre se está haciendo mayor, está bastante encerrada en su mundo,
no atiende demasiado a lo que se le dice, se le olvidan las cosas, sufre
despistes, etc. El problema está en cómo dirigirse a ella sin que ella se
sienta herida o atacada. Yo ya sé cómo hablar con mis hijos, lo que no quiere
decir que siempre lo haga de forma correcta, y a ellos les puedo y les debo
tratar como a niños que son. Sin embargo, aunque a veces pueda parecerlo, mi
madre no es una niña, ni puedo tratarle como tal. Es una persona adulta, aunque
es determinadas cosas ya no esté al 100%. Muchas veces he observado a personas
adultas que pierden los nervios al hablar con personas mayores, y más si son
sus progenitores. He de reconocer que alguna vez yo también he saltado ante una
pregunta o despiste de mi madre, y siempre me he arrepentido después.
La “Regla 40-70”
está elaborada por la compañía mundial de cuidado a mayores Home Instead Senior Care, después de
entrevistar a 1.500 hijos adultos en los EEUU y Canadá, preguntándoles cómo era
la relación con sus padres mayores y cómo manejaban las cuestiones más
delicados en sus conversaciones con ellos.
En la guía se dan siete
consejos para la comunicación con las personas mayores que es importante
tener siempre presentes:
“Es
hora de comenzar a hablar”
“Háblelo”
“Lo
antes posible… mejor”
“Olvídese
de hablarles como si fuesen niños”
“Procure
maximizar la independencia”
“Manténgase
atento al conjunto de la situación”
“Pida
ayuda”
Además aborda algunas situaciones concretas y el cómo
enfrentarse a ellas y comentarlas las personas mayores.
Animo a aquellas personas que se encuentren en esta
situación a que se descarguen la guía,
la lean y les sirva de orientación para comenzar a hablar con sus mayores.
[He publicado esta entrada el 23.11.2023 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
A principios de noviembre asistí a un taller que me cautivó
por el título, "El Poder de la
escucha". Además, conocía al ponente, Eugenio Ibarzabal, y eso también
lo hacía atractivo. Mis expectativas fueron superadas. Compartiré aquí las
principales ideas.
Hoy en día la comunicación se considera una herramienta
instrumental básica. Esta herramienta implica aprender a escuchar, aprender a
hablar y aprender a escribir. La escucha es un previo sin el cual difícilmente se
pueden desarrollar las demás. Existen muchos cursos de oratoria, hablar bien se
considera importante. Escuchar se ve
como algo de segundo nivel… Y es fundamental.
Las enseñanzas impartidas por Eugenio parten de su propia
vida y experiencia: “Escuchar me ha
cambiado la vida”, reconociendo que a veces es una ‘pelmada’ y que también
es necesario protegerse. El punto de partida del taller fue una invitación a
echar la vista atrás y recordar cuándo me he sentido escuchado, escuchada; en
quién pienso si tengo que compartir algún tema importante… Seguramente será una
persona callada, que sonríe, que no aconseja… Otra premisa importante: nos
hablaba para que cada persona asistente mejorara su escucha, lo que no quiere
decir que la demás personas te vayan a escuchar a ti. Lo que tenemos que tener siempre presente, y tenemos que hacérselo
notar, es que la protagonista, la importante, es la otra persona.
¿Por dónde empiezo?
(especialmente si es a alguien o un tema difícil). Hay que empezar por elegir
bien el lugar. Lo mejor es salir del
escenario habitual, del lugar en el que transcurre nuestra relación. Es
importante conocer el espacio en el que nos vamos a encontrar. Hay que tener en
cuenta que tenemos que contar con el tiempo
suficiente (dos grandes dificultades para la escucha son la falta de tiempo y
el ego, sobre esto volveremos). ¿Cómo convoco
a la persona? Lo mejor es que la otra persona ‘colabore’ en la convocatoria,
que sea una convocatoria ‘conjunta’. “¿Podríamos hablar en algún momento?” es
muy diferente de “Tú y yo tenemos que hablar”. Otras frases podrían ser:
“Tenemos un tema, me gustaría saber qué piensas”, “Me interesas, me interesa
saber lo que piensas”. Eugenio compartió
una imagen muy potente para él: do personas en un coche, mirando la carretera,
sin prisa… parece que tienen el mismo objetivo. Hay que intentar no dar mucha solemnidad a la cita, que forme parte de una
normalidad, así se rebajan el miedo y la tensión.
¿Cómo me preparo?
La mejor forma es visualizando el
encuentro. Es una técnica muy utilizada por deportistas de élite. Me vino a la
mente una entrevista fantástica a Enhamed Enhamed, un
medallista paraolímpico, que utiliza esta técnica.Podemos visualizar la conversación, cómo me
siento, cómo permanezco en silencio, etc. De esta forma se viven las
dificultades anticipadamente. Lo peor que nos puede pasar es tener miedo al
miedo. “¡Vívelo, pruébate sin riesgo!”,
nos decía Eugenio. Personalmente es una técnica que utilizo y recomiendo.
Recuerdo especialmente el día anterior a la defensa de mi tesis doctoral en la
que repasé la presentación y ‘viví’ por anticipado el evento… ¡Una experiencia
muy recomendable!
¿Cómo empiezo el
proceso de escucha? Conviene no ir
directamente al grano, empezar por una pregunta general. Un tema
relativamente amable es preguntar por la familia. No te has metido en el tema,
pero sí en la otra persona. Lo único que pretendes es generar confianza, o
superar la desconfianza inicial. A la otra persona le tiene que quedar claro
que no le vas a hacer daño y que te interesa. Funciona bien mimetizarse, acompasarse, con la otra
persona. Si se mueve un poco, yo también. Si cambia de posición, yo también. [Mensaje:
estoy pendiente de lo que me dices, me acomodo]. Tema de la respiración: Puedes llevar una reunión
según cómo respires. Se puede conseguir que dos personas respiren
acompasadamente. En un momento dado una pregunta que da buenos resultados es:
“¿Y tú qué tal estás?”. Seguramente se dará un silencio, levantará a mirada, la
dirigirá a la izquierda, puede que resuma alguna información que te ha dado
antes. Con esto lo que se trata es de borrar esquemas previos. A lo largo del
proceso es importante repetir,
contrastar, confirmar, pero no discutir.[Mensaje: Lo que estás contando me interesa y quiero entenderlo bien;
disculpamos los errores, pero no que se aprovechen los malentendidos]. Vamos invirtiendo en confianza, se trata de
crear un entorno seguro [Mensaje: tranquilo/tranquila, nadie te va a hacer
daño]; es mucho más que guardar confidencialidad. Puede que la persona repita
varias veces la misma idea (normalmente si la persona está abrumada o
preocupada se puede liar, entremezclar cosas, etc.). Quien escucha puede ayudar
a desbrozar, lo que puede ser un gran apoyo. Tú tes vas aclarando y a la otra
persona le puede dar luz.
¿Qué pasa con el ego?
[Ya hemos dicho que es uno de los enemigos de la escucha]. Va a haber ocasiones
en las que el ego te va a estallar, vas a querer intervenir, puedes tener la
tentación de interrumpir (y no para contrastar o confirmar). Cada uno tiene que
desarrollar su propio mecanismo para no intervenir. Eugenio se dice a sí mismo,
a modo de jaculatoria: “¡Cállate!”. Hay quien se agarra a la silla, o aprieta
los pies… La escucha no va de dar
soluciones. Una muestra de una buena escucha es que se generan silencios.
¿Y si la otra persona
nos pide opinión? Darla a partir de los datos, los valore y las palabras de
la otra persona. Puedes darte tiempo para responder [si dices que le vas a dar
una opinión se la tienes que dar]. Pueden ayudar frases como: “No sé qué
decirte. Lo único que se me ocurre es lo que no haría [y dices qué]”, “Me llama
la atención… [y utilizas sus palabras]”. Como estás fuera de la situación
tienes otra perspectiva y puedes ayudar a la persona a dar importancia a cosas
que no veía.
La importancia de hacer
buenas preguntas. “Todos tenemos un límite de intimidad que no queremos
sobrepasar. Hay un fondo que no queremos desvelar, un fondo que, sin embargo,
explica buena parte del origen del problema y, en ocasiones, también cómo
podríamos encaminarnos hacia una posible solución. Si en ese momento haces a
quien está escuchando esa pregunta bien formulada y clave, la persona que ha
llevado el proceso conforme hemos señalado, inevitablemente, lo quiera o no,
dará el paso y contestará, desvelando lo que no tenía, hasta ese momento, la
menor intención de desvelar. Ésa es, al menos, mi experiencia” (Ibarzabal, 2022:
162).
NOTA- Estas
enseñanzas se pueden utilizar para lo bueno y para lo malo. Aquí se ofrecen
como pautas para escuchar mejor, para comprender a la otra persona, para romper
preconceptos.
Os invito a conocer
al marido de la inglesa que vivía en la casa del danés (Gestion2000Editorial, 2022)…
“Porque escuchar nos da la
posibilidad de abrirnos, de olvidarnos de nosotros mismos, de empezar nuevas
vidas, de conocer otros parajes, otras profesiones, otras historias, otros
platos de cocina, atrapar realidades en lugar de vientos, aprovechar todo eso
que tenemos delante y que ha estado a punto de pasar ante nosotros sin que
disfrutemos de ello.
Es vida que se nos ofrece para que
la vivamos. Basta con pararse y escuchar.
Y puede ocurrir a cada momento” (Ibarzabal,
2022: 186).
Gestion2000Editorial (2022, 11 mayo). El marido de la
inglesa que vivía en casa del danés - Eugenio Ibarzabal [archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=9IXWn3RjlSA
Ibarzabal, Eugenio (2022). El marido de la inglesa que vivía en la casa del danés. Una historia
sobre el poder de la escucha. Barcelona: Gestión 2000.
[He
publicado esta entrada el 29.08.2022 en el Blog de Inteligencia Emocional
de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
El Servicio de Orientación de la Universidad de Deusto organizó el 9 de junio de 2022 una nueva edición de la “Jornada del Tutor”, bajo el título: “La mirada apreciativa como recurso de la acción tutorial”. En esta ocasión contamos con la presencia de un referente de la psicología humanista, la Dra. Ana Gimeno-Bayón. Psicoterapeuta y formadora desde hace más de treinta años, cofundadora, junto con el Dr. Ramón Rosal del Instituto Erich Fromm de Psicoterapias Integradoras Humanistas en Barcelona. En 2017 fue reconocida por la Sección de Psicoterapias Humanistas de FEAP (Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas), como una de las seis personas pioneras de la psicología humanista en España. [Se puede ver aquí la conferencia]
Voy a reflejar aquí algunas ideas que me llevé y que sirven tanto para mi labor como tutora, como profesora, como madre y como educadora, en general.
Existen dos perfiles en el ejercicio de la tutoría: el humano, atiende al ser y estar (es más cercano) y el profesional, atiende al saber y saber hacer (es más distante). Si nos preguntamos cuál es mejor, la respuesta es: el que mejor se adapte a las necesidades de la persona que tenemos delante. Hay quien acude a una tutoría por problemas académicos, otras personas por algún problema personal, o puede que unos y otros se entremezclen. En cualquier caso, es necesaria la mirada apreciativa. La tarea del tutor o tutora es acompañar en el crecimiento hacia la autonomía. Ver no es lo mismo que mirar, y podemos mirar de formas diferentes con resultados muy distintos. Mirar a una persona es complejo, exige mucha profundidad. Nos comunicamos con la mirada. Además, tiene riesgos, uno de los cuales es el rechazo.
Existen miradas malas: la intimidante (asusta, da miedo), apabullante (la que ve a la otra persona como alguien a quien maravillar), la inconstante (proporciona emociones agradables pero no de forma sostenida), la sobreprotectora (no ve a la otra persona como autónoma), molesta (la otra persona es un obstáculo o un incordio), la rígida (la otra persona es como arcilla a modelar), la tímida (no vaya a ser que la otra persona capte mis contradicciones o sombras), la rechazante (ve a la otra persona como alguien que le quiere parasitar). Hay quien ve a la otra persona, pero no le mira, la ve como un objeto, no capta su complejidad, sus cualidades y sus limitaciones, sus aspiraciones y sus deseos.
Existen miradas despistadas, miradas apreciativas pero despistadas. Esto es algo habitual en las relaciones de ayuda. El problema es la falta de realismo y las expectativas desajustadas. Se transmite el mensaje de que “hemos de ser perfectos”: sé perfecto/perfecta, esfuérzate, complace, date prisa, sé fuerte… Estos mensajes llenan de tensión a la persona. Pensemos que alguien nos pide que doblemos en cuatro un folio de forma perfecta… Por mucho que lo intentemos es una tarea imposible. La presión por la perfección hace que nuestro inconsciente se rebele (se puede dar una venganza inconsciente). Puede ocurrir que la persona venga con estos mensaje incorporados. Frente a eso podemos dar mensajes liberadores:
Frente a…
Mensaje liberador
“Sé perfecto/perfecta”
“Está bien hacer las cosas bien y es humano cometer errores”
“Esfuérzate”
“Lógralo, con o sin esfuerzo”
“Complace”
“Complácete y elige cómo, cuándo y a quién complacer”
“Date prisa”
“Tómate el tiempo que necesites, para conseguir la calidad que quieres”
“Sé fuerte”
“Está bien mostrar la vulnerabilidad y pedir ayuda”
Existe también una buena mirada, la mirada apreciativa, que responde a algo que llevamos incorporado, el cooperar. El ser humano está programado para ser sensible a los demás. Supone mirar sin tensión, con empatía, ‘abrazando’ a la otra persona. Incluye un aspecto sensorial (se mira con los ojos y con todos los sentidos), un aspecto afectivo (supone implicarse, dolerse y alegrarse con la otra persona) y un aspecto intelectivo (reconocer una historia, una vida). Símil: es la mirada del abuelo o de la abuela (todo amor o comprensión), no la del padre o la madre (que miran con la tensión de la responsabilidad). Es la mirada de quien descubre un tesoro. Los ingredientes de la mirada apreciativa: aprecio, interés, respeto, sinceridad y empatía. Los resultados: mucha fecundidad, crecimiento personal y profesional.
Todas las personas necesitamos esa mirada apreciativa, esa que ve más allá de lo visible, esa que nos ayuda a querernos y permite que queramos a otras personas, esa que contribuye a nuestro crecimiento, que nos transforma.
Referencias
Deusto Streaming (2022). Directo | Dra. Ana Gimeno-Bayón "La mirada apreciativa como recurso de la acción tutorial" [archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=h_0FRyaHKP0
[He
publicado esta entrada el 29.06.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Los días 22-25 junio he asistido a las Jornadas online “Perspectiva de género en la docencia universitaria” organizadas por la Universidad de Extremadura. Han sido muy interesantes y se ha hablado desde distintas disciplinas. Me quedo con una de las sesiones en la que María Luisa Calero Vaquera, Catedrática jubilada de Lingüística General (Universidad de Córdoba), hizo la ponencia marco: “50 años de docencia e investigación sobre sexismo y lenguaje ¿En qué punto estamos?”. Me entusiasmó desde el primer momento porque llevo ya tiempo preocupada por utilizar un lenguaje no sexista, que no invisibilice a la mujer, que evite el ‘supuesto’ genérico masculino; y preocupada también por sensibilizar a mi alumnado y las personas con las que interactúo sobre el tema. Es una tarea ardua, agotadora y en la que, a veces sin darte cuenta, bajas la guardia y retrocedes. Y estoy hablando de algo que va mucho más allá del uso de la @ o del o/a. Es un tema que genera mucha polémica y opiniones, así como posiciones muy beligerantes en uno y otro sentido. En cuanto se habla del tema la polémica está servida… [Recomiendo este artículo en el que tres lingüistas debaten sobre el lenguaje inclusivo a raíz del “Informe sobre el lenguaje inclusivo en la Constitución” de la RAE].
Si queremos trabajar por la igualdad real de oportunidades, no podemos perder de vista la importancia del lenguaje. El lenguaje configura nuestra mirada, nuestra comprensión y nuestro modo de actuar. “Las lenguas no se limitan a ser un simple espejo que nos devuelve la realidad de nuestro rostro: como cualquier otro modelo idealizado, como cualquier otra invención cultural, las lenguas pueden llevarnos a conformar nuestra percepción del mundo e incluso a que nuestra actuación se oriente de una determinada manera” (Calero Vaquera, 1999: 11).
Las lenguas perpetúan una imagen concreta de la mujer que tiene mucho peso en el imaginario colectivo y en las relaciones sociales y que es necesario cambiar, también a través del lenguaje. “Los varones se apropiaron del idioma, como lo hicieron con el resto de las instituciones humanas y las manifestaciones culturales de los pueblos (la ley, la religión, la moral, la mitología, el arte, la ciencia…), y han perpetuado, sirviéndose de todas ellas y desde el origen de los tiempos, una imagen concreta de la mujer: ser inferior, despreciable y peligroso” (Calero Fernández, 1999: 79)
Alario et al. (1995: 35), todas pertenecientes a NOMBRA -Comisión Asesora sobre Lenguaje del Instituto de la Mujer- expresan que:
“Un uso del lenguaje que representa a las mujeres y a los hombres y que nombra sus experiencias es un lenguaje sensato:
No oculta
No subordina
No infravalora
No excluye
No quita la palabra a nadie ...”
¿Por qué no hacer todo lo que esté en nuestra mano por visibilizar y representar a todas las personas? Es cuestión de sensibilidad, de poner un poco de atención y de buscar alternativas. Señalo aquí algunas de las propuestas de cambio sugeridas por la Profesora Calero Vaquera en su intervención [algunas de ellas generan bastante controversia]:
Evitar el ‘presunto’ genérico masculino
Utilizando genéricos colectivos y términos abstractos: ciudadanía, alumnado…
Empleando otros recursos verbales y pronominales: en el medievo se vivía…
Usando la doble forma de la categoría género: los niños y las niñas…
Eliminando el determinante: profesionales de la medicina…
Sustituyendo el determinante/pronombre: cada docente tendrá que…
Feminizando las palabras donde el sistema lo permita: Licenciada, Graduada…
Utilizando en la escritura determinados signos inclusivos: @, X [esta propuesta es muy discutida por las personas expertas en lingüística].
…
Evitar los tratamientos discriminatorios:
Omitiendo el determinante ante apellidos de mujeres: (la) Caballé…
Evitando tratar familiarmente a las mujeres en contextos formales: señora, profesora… Pérez (no por el nombre de pila).
Otras propuestas más atrevidas (“terrorismo lingüístico”, aquí es donde quizá se produce mayor debate porque se da un mal uso de la lengua): portavoza, seres humanas, hablando en femenino aunque haya presencia masculina…
Y todavía habrá quien diga que se hace pesado, que cualquiera se siente representado(a) ante el genérico masculino… Yo hace tiempo que decidí que prefiero ser gramaticalmente incorrecta a que alguna persona no se sienta representada (aunque no siempre lo consigo). Las lenguas tienen un carácter evolutivo y se pueden cambiar si hay voluntad y modificamos los usos. ¿Te sumas a darle una vuelta a cómo utilizas el lenguaje y a introducir pequeños cambios? Bibliografía
ALARIO, Carmen, Mercedes BENGOECHEA, Eulàlia LLEDÓ y Ana VARGAS (1995): Nombra en femenino y en masculino. Instituto de la Mujer (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales), Madrid.
CALERO VAQUERA, Mª Luisa (1999): “Del silencio al lenguaje (Perspectivas desde la otra orilla)”. En: En femenino y en masculino. Cuaderno de Educación No Sexista nº 8, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (Instituto de la Mujer), Madrid, pp. 7-11.
CALERO FERNÁNDEZ, Mª Ángeles (1999): Sexismo lingüístico. Análisis y propuestas ante la discriminación sexual en el lenguaje. Narcea, Madrid.
OLMO CAMPILLO, Gemma y MÉNDEZ MIRAS, Ana (2003). En dos palabras. En masculino y en femenino. Instituto de la Mujer (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales), Madrid.
[He
publicado esta entrada el 01.06.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente he visto el documental Ara Malikian. Una vida entre las cuerdas. Casi al final, mientras se ve y escucha una interpretación suya del Aria de la Suite nº 3 de Bach, recita las palabras que transcribo a continuación: [los puntos suspensivos corresponden a silencios]
“Es un poco raro para mí contar mi historia para otros. Pero quería hacerlo porque sé que en los momentos más difíciles de mi vida, cuando estaba desesperado, si hubiera escuchado a alguien contarme algo parecido me hubiera ayudado… Da igual en el momento que estés, guerra, muerte, dolor, tristeza, enfermedad, soledad, da igual… La vida puede ser transformada con tu pasión, con tu fe, con tu amor, con tu confianza, con tu dignidad… Todas las historias del mundo deberían ser contadas para que al escuchar con el corazón abierto los unos las historias de los otros nos ayudaremos a vivir… Cada historia es una partitura única y la suma de todas es la melodía de este mundo que llamamos tierra, es el sonido de esta gente que somos los humanos… Tu historia es importante. Sean cuales sean tus sueños, cree en ti. Defiende la mejor versión de ti. Con toda tu voluntad para conseguirlo. Porque tu ejemplo iluminará a tu gente, iluminará tu vida, a ti y hará que las cosas cambien… De las peores circunstancias se puede sacar oro. Si tú quieres, puedes” (Ara Malikian).
Tengo que decir que nunca volveré a escuchar de la misma forma esa aria, que es de una grandísima belleza y que hace vibrar todo mi ser. Estas palabras la acompañarán inevitablemente… Y hoy resuena especialmente “Todas las historias del mundo deberían ser contadas”.
Tengo un gran amigo a quien no veo mucho en persona, pero a quien llevo en mi corazón, y con quien comparto conversaciones muy profundas. Le recomendé el documental antes de haberlo visto yo misma y me dijo que la vida de Ara Malikian le recordaba la suya en algunos puntos. En nuestra última conversación, una de las más largas que he mantenido nunca por teléfono, le sugerí que escribiera su historia. “¿Para qué?”, me preguntó. “Para los tuyos, para que no se olvide”, le respondí.
Después de ver el documental confirmo una idea que tengo desde hace mucho tiempo: Todas las historias son importantes, y merecen la pena ser contadas, ya que forman parte de la melodía de la vida, de la humanidad. Y me surgen nuevas preguntas: ¿Veríamos igual a las personas si conociéramos sus historias? ¿Nos comunicaríamos mejor? ¿Crecería el entendimiento entre las personas? ¿Si conectáramos nuestros corazones y nuestras vidas habría tantos conflictos y tantas escaladas de los mismos? ¿Sería el mundo como lo vemos ahora si realmente comprendiéramos que todos formamos parte de la melodía de la vida?
Estoy convencida de que toda vida tiene sentido. Algunas vidas se tuercen, pero ¿no será porque no han tenido a quién escuchar y quiénes les escuchen de verdad? ¿No se podría haber hecho algo para hacer la diferencia? Os animo y me animo a que escuchemos la música en cada persona con la que nos encontramos y seamos conscientes de que también es parte de nuestra propia música. Si queremos, podemos.
[He
publicado esta entrada el 23.12.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente he visto Historia de unmatrimonio, película protagonizada por Scarlett Johansson
y Adam Driver. Me llevó
a ella un diálogo de la misma que reproducía en un artículo de Ramírez(2019) que refleja una conversación entre la protagonista y su abogada y
que me pareció muy certero:
“Te voy a parar ahí. La gente no
tolera a las madres que beben y le dicen a su hijo ‘cabroncete’. Lo entiendo,
yo soy igual. Un padre imperfecto es aceptable. El concepto de buen padre solo
se inventó hace unos 30 años. Antes era normal que los padres fuesen callados,
ausentes, poco fiables y egoístas. Claro que queremos que no sean así, pero en
el fondo los aceptamos. Nos gustan por sus imperfecciones, pero la gente no
tolera eso mismo en las madres. Es inaceptable a nivel estructural y
espiritual. Porque la base de nuestra patraña judeocristiana es María, la madre
de Jesús, que es perfecta. Es una virgen que da a luz, apoya incondicionalmente
a su hijo y sostiene su cadáver al morir. El padre no aparece. Ni para echar un
polvo. Dios está en el cielo. Dios es el padre y Dios no se presentó. Tú tienes
que ser perfecta, pero Charlie puede ser un puto desastre. A ti siempre te
pondrán el listón más alto. Es una jodienda pero es lo que hay”.
No es la típica historia de familia feliz que abunda en la
parrilla televisiva navideña. Es una película un poco más larga de lo habitual,
que puede parecer lenta en algunos momentos y que tiene una estética más
parecida a un documental… lo que la hace más creíble y verosímil. Puede parecer muy dura, pero quienes hemos
pasado por ese proceso nos podemos ver muy reflejados en algunos aspectos.
Aunque no solo. Cualquiera puede conectar
e identificarse con alguno de los personajes o con todos. No es una
historia de buenos y malos. Se van viendo los errores que cada uno de los
personajes comete. Y así suele ser la vida real, llena de aciertos y errores,
suma de vivencias buenas y malas. Y todo depende desde dónde se mire…
Es muy interesante
observar la comunicación entre los diferentes personajes. A mí me ha
llevado a varias reflexiones. Doy clases y cursos de comunicación y siempre
suelo decir que la comunicación es a las relaciones como el aceite a los
motores. Cuando la comunicación falla las relaciones se complican y, a su vez,
cómo es una comunicación nos puede hacer intuir cómo es una relación o dónde
está. Y qué mal nos comunicamos a veces…
qué difícil nos resulta canalizar bien cómo nos sentimos… qué daño hacen las
palabras no dichas… hay silencios que cambian el rumbo de nuestras historias…
La película comienza mostrándonos momentos entrañables de
familia y de pareja mientras cada uno de los protagonistas, con la voz en off,
va narrando lo que le gusta del otro. Eso es algo que normalmente no solemos
decirnos, o no suficientemente (cosa que no sucede con los fallos… que los
comunicamos con facilidad). Hasta que se ve que la pareja está en un consejero
matrimonial que les ha puesto como tarea poner por escrito las virtudes del
otro para leérselas en ese momento. Uno de los dos se niega a hacerlo y todas esas
palabras se quedan en el tintero… Y nos queda la pregunta de si hubieran
cambiado las cosas de haberse leído los escritos. Aunque llegado ese momento
serán muchas las cosas negativas que se habrán dicho, será mucha la rabia y la
frustración contenida como para reparar lo dañado… Por mi experiencia, en las relaciones (no sólo de pareja) se da un
punto de no retorno cuando se pierde el respeto y se desata la rabia y la
lengua. Hay una escena que representa esto muy bien. El proceso de divorcio
está tomando caminos muy dolorosos y se juntan para hablar. Ellos, que han
compartido muchas cosas, no saben cómo ni por dónde empezar. Al principio se
dicen cosas de forma suave pero comienzan a hacerse reproches y decirse cosas
de una forma cada vez más violenta… [Recomiendo el cuento del Papel arrugado]
En una relación, y sobre todo de pareja, es muy difícil
estar en el mismo nivel de aprendizaje y evolución [Recomiendo la lectura de la
escalera].
Incluso puede pasar que nuestra
evolución tome caminos muy diversos y que pueden ser (o volverse)
irreconciliables. Y estos caminos diversos se proyectan claramente cuando entran
en escena los hijos e hijas. Ahí es donde muchas veces nos damos cuenta de la
diferente visión de la vida, los valores contrapuestos, los aprendizajes que
traemos de nuestras familias de origen… Ella se siente frustrada porque dejó su
carrera cinematográfica al casarse y unirse a la compañía de teatro que dirige
su marido. Siente que ha estado a la sombra de él. Quiere iniciar un proyecto
profesional por su cuenta en otra ciudad. Él tarda en darse cuenta de que las
cosas no volverán a ser como antes. Ella se va para no volver. No se ha dado
cuenta de que ya no era feliz… Y no
basta con quererse… Quererse no es suficiente para mantener un proyecto de
pareja y de familia. ¿Cuál fue el principio del fin? ¿Cuándo dejaron de
compartir sueños? ¿Cuándo se separaron sus caminos? ¿Cuándo dejaron de mirarse
y hablarse con la complicidad de quien quiere compartir su vida entera?
Una palabra sobre las
terceras personas que dañan las relaciones (y no me estoy refiriendo a amantes).
En el caso de la película son los respectivos abogados. Ambos muy
competentes y preocupados por el bienestar de sus representados abocan a la
pareja a una situación en la que más parecen contendientes en una batalla que
personas interesadas en finalizar de manera tranquila y civilizada una
comunidad de varios años. Utilizan ‘oportunamente’ las historias que sus
representados les han contado aireando una intimidad y vivencias que solo los
protagonistas conocen en toda su dimensión… ¿Y eso realmente les ayuda? ¿Y al
hijo que tienen en común? ¿Necesariamente hay que arrasar con la vida anterior
para comenzar una nueva?
Quiero terminar con un extracto de las palabras de Khalil Gibran en El profeta
sobre el matrimonio…
“Cantad y bailad juntos y estad
alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Dad vuestro corazón, pero no para
que vuestro compañero lo tenga,
porque sólo la mano de la Vida
puede contener los corazones.
Y estad juntos, pero no demasiado
juntos,
porque los pilares del templo
están aparte.
Y, ni el roble crece bajo la
sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.”
[He
publicado esta entrada el 29.04.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
No te hablo, no te veo, no te escucho… “Lo que se opone al amor no es el odio, sino la pura y simple indiferencia. Si te digo que eres un idiota, al menos te estoy reconociendo como ser humano, así la motivación sea odiarte y desestimar tus logros y virtudes, pero si no te dirijo la palabra, te aplico la ley del hielo o te ubico por debajo de mis umbrales perceptivos, te excluyo del universo. Despareces para mí y punto” (Redacción Editorial Phrònesis). Lo que voy a expresar en estas líneas se refiere a la relación de pareja. Merecería reflexión aparte lo que implica la indiferencia en el ámbito social.
Hay una viñeta que encontré hace tiempo y que refleja el punto al que llegan muchas parejas que han perdido la comunicación y la complicidad. Se soportan. Se han cogido la medida mutuamente. Incluso puede que se echaran de menos si no estuviesen juntos. Viven en una cómoda rutina que no supone grandes sobresaltos aunque tampoco aporta mucha vida.
A la indiferencia no se llega de un día para otro, no suele ser consecuencia de una mala decisión o de una decepción. Es un enemigo peligroso que se instala imperceptiblemente. Una pareja empieza una vida juntos con mucha ilusión y muchos proyectos. Todo por construir y mucha energía para hacerlo. La convivencia no es fácil ya que está llena de rutinas, de tareas y responsabilidades a compartir y en el día a día no es sencillo mostrar siempre la mejor cara. La intimidad hace que bajemos los filtros y las barreras, para lo bueno pero también para lo malo. Cuando llega la descendencia la vida se complica. Se multiplican las responsabilidades. El cansancio aumenta y muchas veces quien lo paga es la pareja que ya no tiene tiempo para dedicarse, para hablar sobre sueños e ilusiones, para comunicarse y fortalecer la relación. Gran parte de las conversaciones son sobre la intendencia, quién hace qué cuándo. Y las vidas van discurriendo en paralelo sin muchos puntos de encuentro de calidad… ¿Dónde ha quedado el proyecto de pareja? ¿Qué hay de las promesas que nos hicimos? ¿Cómo nos hemos convertido en dos desconocidos que resultan familiares? ¿Por qué comparto con otras personas ideas, sentimientos, proyectos que debería compartir con la persona que he elegido como compañera de vida pero que siento lejana?
Hay una expresión que se utiliza mucho… “castigar con el látigo de la indiferencia”… En mi opinión eso todavía tiene solución porque nos queda algún sentimiento hacia la otra persona. El problema es cuando hemos levantado poco a poco un muro de indiferencia que no nos deja ver el rostro de la otra persona, y no nos permite ni alegrarnos ni ‘dolernos’ con ella. ¿Qué se puede hacer?… “Cuando hay un diálogo verdadero, ambos lados están dispuestos a cambiar” (Thich Nhat Hahn, Premio Nobel de la Paz en 1967) ¿Por qué no construir puentes en lugar de muros? ¿Por qué no redescubrir el rostro del otro? Como dice la canción…
La sesión estuvo a cargo de Alicia Ro, Comunicadora especializada en técnicas para Hablar en Público y Personal Branding, y fue una delicia. Pura comunicación en la práctica, consejos a la vista de todas las personas asistentes. Puro contagio y motivación. Quiero compartir aquí las ideas que me llevé y que pueden servir no sólo ante la tesitura de buscar empleo sino en cualquier acto comunicativo.
Para encontrar trabajo el primer paso es ser visible. Es la única forma de que te encuentren, sepan que existes y te elijan. Y no hay que ser visible de cualquier forma… Qué se ve de ti habla muy alto sobre quién y cómo eres. La verdadera comunicación empieza por la escucha. Supongamos que te han llamado para una entrevista de trabajo. Es importante que te asegures de recibir información suficiente para prepararla:
Empresa
Puesto
Día lugar y hora entrevista
Persona de contacto ese día
Perfil del entrevistador (¿área Recursos Humanos? ¿área técnica?)
Tipo de entrevista
Material necesario
Teléfono y correo de contacto por si surge algo
A partir de aquí no hay que confiar en la improvisación. Es muy importante… Preparar, preparar, preparar… Vamos a centrarnos en las 3 M de la comunicación: Mensaje (las palabras, el contenido), la Motivación (actitud, confianza, seguridad) y el Método escénico (cuerpo, gestos y voz). -MENSAJE-
Es importante reflejarlo por escrito, repasarlo y leerlo (también en voz alta). Cuando improvisamos muchas veces nos dejamos aspectos clave.
El primer paso es recopilar datos: sobre la empresa (web, misión, visión, productos, clientes…); sobre el puesto (es bueno buscar el anuncio en internet); interiorizar el propio currículum para que lo transmitamos de forma natural; hacer la lista de nuestras fortalezas (tanto innatas como aprendidas) para tener claro qué podemos aportar; pensar ejemplos y situaciones concretas de nuestra vida personal y profesional en los que se muestren las competencias requeridas; hacer una lista de las posibles preguntas que nos pueden hacer y pensar cuál será nuestra respuesta.
Es fundamental causar una buena primera impresión. Hay seis elementos que ayudan: 1) puntualidad; 2) sonrisa (actitud positiva); 3) contacto visual; 4) apretón de manos adecuado (corto, firme y decidido); 5) mantener una distancia (entre medio metro y un metro); 6) saludo cordial y agradecimiento por la entrevista. Conviene llevar preparada una presentación corta (lo que equivale a 2 o 3 líneas). El guion de esta presentación: perfil profesional y especialidad + frase corta (qué haces, a quién, para qué). Dejo aquí la mía: “Soy Arantza Echaniz. Profesora universitaria especializada en ética y el elemento humano en las organizaciones. Preparo buenos profesionales buenos para transformar la sociedad”.
Siempre hay que escuchar antes de hablar. Hay que comportarse de forma natural y transmitir calma y tranquilidad (un poco más adelante se hablará de los nervios). Conviene utilizar un lenguaje persuasivo: claro; sencillo; sin enrollarse (si quieren saber más te preguntarán); con frases cortas; lenguaje positivo (éxito, superación, sí… evitar: no, obstáculos, cuesta arriba…); sin muletillas (las utilizamos de relleno mientras pensamos; es mejor hacer silencio o una muletilla muda, hacia adentro).
Hay cosas que no te conviene decir: tacos; palabras malsonantes; mentiras o exageraciones; cosas negativas sobre anteriores empresas o jefes; sueldo, vacaciones o beneficios (salvo que te lo saque quien te entrevista); el móvil no puede tener turno de palabra (hay que silenciarlo antes de entrar).
Es importante hacer una despedida redonda: conviene preguntar cómo y cuándo tendrás noticias del proceso de selección; agradece el tiempo dedicado; una despedida cordial (contacto visual, apretón de manos; una fórmula: “Muchísimas gracias. Seguimos en contacto”). -MOTIVACIÓN-
Interesa tener el nivel óptimo de energía en la entrevista.
Tenemos que ganar en confianza y seguridad. Para esto es clave la preparación (cuanta más información, más dominamos y menos miedo tenemos). Debemos tener un diálogo interno constructivo, limpio y ecológico. No debemos poner el foco en el yo sino en lo importante que es trasladar una información a la otra persona (las habilidades tuyas que responden a sus necesidades).
Para conseguir un diálogo interno positivo tenemos que creer que podemos (me encanta la frase “Creer es crear”); no debemos sabotearnos. Si te comparas con alguien que sea contigo mismo. Te tienes que hablar con el mismo cariño que les pides a tus mejores amistades. Así como eliminar las palabras limitantes (“No puedo”; “No sirvo”; “No soy capaz”; etc.).
Una entrevista es una situación incómoda en la que estás en el centro de mira. Tener nervios es normal y puede ser positivo. Los nervios van a hacer que estés atento y motivado. Si intentas luchar contra ellos puede ser contraproducente. Viene muy bien hacer dos o tres respiraciones profundas (Ejercicio 4’-7’-8’: respiras por la nariz contando cuatro segundos; retienes el aire siete segundos; expulsas el aire por la boca contando 8 segundos). No es recomendable comer abundantemente antes. Conviene estar bien hidratado. Hacer ejercicio físico puede ayudar a liberar tensión (dar patadas; saltar; apretar los dedos de los pies; dejar caer el cuerpo empezando por la cabeza, siguiendo por los hombros y el tronco y soltando los brazos -al subir hacerlo en sentido inverso). Si la entrevista no es presencial, si se hace online, los consejos son muy parecidos. La actitud y la presencia debe ser como si fuera cara a cara. Es muy importante elegir bien la localización (es algo que está en tu mano). Tiene que ser coherente con lo que quieres transmitir porque todo habla de ti. Algunas recomendaciones: fondo liso, despejado, mejor un espacio de trabajo, mirar a la cámara (es el modo de mantener el contacto visual).
Es importante preparar la voz y el cuerpo. Para la voz: hacemos un par de respiraciones profundas y soltamos los músculos de la cara (dándonos golpecitos y pellizquitos); nos damos golpecitos en la cabeza; masajeamos la mandíbula; hacemos gestos exagerados emitiendo ruido; sacamos la lengua y la movemos hacia arriba y hacia abajo, hacia los lados, recorremos con ella los dientes (tanto los de arriba como los de abajo); soltamos la boca; contamos en alto de 21 a 0 proyectando la voz… Para el cuerpo podemos hacer una tabla de estiramientos o darnos golpecitos yendo de abajo hacia arriba. Ponemos una música motivadora (las mías El mejor momento o Happy) y dejamos que el cuerpo se exprese… -MÉTODO ESCÉNICO-
Nuestra voz y nuestro cuerpo comunican más las emociones que nuestro lenguaje (véase la no siempre bien entendida regla de Mehrabian del 7%-38%-55%). Tomemos nota de algunas sugerencias… Con relación a los gestos: es importante andar con firmeza tratando de no hacer movimientos bruscos; nuestra cara debe reflejar una actitud positiva (sonrisa natural); es importante mantener el contacto visual (para descansar mirar a cualquier sitio, salvo para abajo); al sentarse no dejarse caer y mantener una postura activa; es mejor no ocultar las manos y no cruzar los brazos; es aconsejable no tener nada en las manos y no dar golpecitos (puede resultar cómodo juntar las yemas de los dedos); por supuesto no es aconsejable mascar chicle (doy fe de que entre mi alumnado siempre hay quien sale a presentar con chicle y la imagen no es buena); hay que evitar tics que denoten nerviosismo: tocarse el pelo, subirse las gafas, rascarse… Es importante centrarse en el aquí y el ahora olvidándose del móvil y el reloj. Respecto a la voz, tenemos que tener una comunicación viva, expresiva, que transmita ganas. Para ello: utilizar tono medio (un poco por encima del tono conversacional); hablar despacio; mantener el ritmo; respirar normalmente; articular bien, vocalizar.
Sobre el estilismo y complementos, depende del campo, empresa y puesto pero hay una máxima a no olvidar: menos es más. No hay que dejar que tu ropa y tus complementos hablen más alto que tú. Es importante mantener tu estilo y personalidad. Mejor colores lisos que estampados y evitar escotes o ropa muy ajustada.
Para terminar una idea que Alicia señaló al principio y que es una clave fundamental…
Seguramente muchas de las ideas aquí compartidas son conocidas. Lo importante no es lo que se sabe sino lo que se hace… Hacer, hacer, hacer…
Una tarea que toda persona debería realizar es el elevator pitch, un mensaje corto (cerca de un minuto) para presentarse de forma atractiva a sí misma o a su proyecto (véase el vídeo final). Pasos: 1) Afirmación sorprendente o pregunta para llamar la atención; 2) Saludo y presentación; 3) Problemas o necesidades que atiendes; 4) Soluciones que aportas; 5) Beneficio principal que se obtiene contigo; 6) ¿Por qué yo? Cuáles son tus elementos diferenciadores; 7) Llamada a la acción final. Veamos en este vídeo un ejemplo.
[He publicado esta entrada el 19.03.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Resuenan en mí los versos de una canción de El último de la fila… “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo vayas a decir”. Llevo mucho tiempo reflexionando sobre la importancia de las palabras. En un post antiguo escribí:“Las palabras son armas de doble filo; a veces, incluso, armas arrojadizas…".
Los estudios del Centro para la Investigación Psicológica de Shenyang (China) con jóvenes que habían cometido crímenes mostraron que dichos crímenes tenían relación con el abuso emocional infantil que habían sufrido. Las palabras violentas pronunciadas por padres y maestros pueden tener consecuencias muy graves. En este vídeose muestra, a través de las historias de 6 jóvenes, cómo las palabras pueden ser armas.
Como firme convencida que soy del Efecto Pigmalión creo en el poder de las expectativas que vertemos sobre otras personas. Éstas funcionan tanto en positivo como en negativo. Por eso es muy importante que cuidemos los mensajes que transmitimos, y más a aquellas personas que nos reconocen autoridad, que nos valoran y sobre las que más influencia tenemos. Los niños son especialmente sensibles, y por tanto vulnerables, a las palabras de sus padres y educadores.
Álvaro Pascual-Leone, investigador y profesor de Harvard señala: “Tu cerebro cambia con cada cosa que piensas, incluso aunque no la digas. (…) Estar vivo es una condena a que tu cerebro vaya cambiando hasta que te mueres. El reto es darse cuenta de que ese cambio del cerebro no necesariamente es bueno o malo para ti, simplemente forma parte de cómo funciona nuestro sistema. Todo es cuestión de saber cómo guiar esos cambios, cómo esculpir el propio cerebro, de rodearse de influencias que lleven a lo mejor para el individuo”. Si nuestro cerebro cambia con cada cosa que pensamos, qué importantes son los pensamientos y las palabras con las que lo alimentamos. Igual que cuidamos la comida que ingerimos debemos cuidar las ideas y pensamientos que elaboramos, así como las palabras que salen de nuestra boca. Para esto nos viene muy bien conocer y gestionar nuestras emociones, en especial la ira. La ira es una emoción muy intensa, que aumenta muy rápidamente y que nos puede hacer y decir cosas de las que luego nos podemos arrepentir. Como dice mi amigo Rogelio Fernández cuando subimos la espiral de la ira vamos dejando ‘muertos’ por el camino… y luego en el camino de bajada nos vamos encontrando ‘cadáveres’…
Y no sólo dañan las palabras que son ciertas, o tienen algo de verdad, también son muy dañinos y destructivos los chismes y rumores. Un artículoque he leído recientemente señalaba: “La lengua no tiene huesos y, sin embargo, es lo bastante fuerte para hacer daño y envenenar a través de chismes y rumores. Un virus letal que solo se aplaca cuando llega a oídos de la persona inteligente”. La próxima vez que te llegue un chisme, un rumor, una información no contrastada o que no sea oportuna… piénsalo dos veces antes de difundirla… Pasa el triple filtro de Sócrates… ¿Es verdad? ¿Es algo bueno? ¿Es útil? Si no pasa el triple filtro… ¿para qué contarlo?
Y no sólo dañamos a otros, también podemos dañarnos a nosotros mismos con palabras e ideas. A veces nos decimos cosas a nosotros mismos que no permitiríamos que otros dijeran. Como reflexión final dejo esta magnífica escena…
He elegido como título de esta entrada parte de la frase de Humberto Maturana ya que encuadra muy bien lo
que voy a hacer… Voy a reflexionar sobre algunas ideas extraídas de la ponencia “La
conversación en el conocimiento, la colaboración y la innovación” de Manel Muntadaen la
Jornada “El diálogo en las organizaciones”, celebrada el 02.12.2016 y organizada por Funts Project -un
laboratorio de ideas creado “para promover un cambio profundo en la realidad
organizacional”. [Las frases
entrecomilladas están transcritas de la ponencia, que se puede visualizar al
final de la entrada]
Como ya he escrito en otras ocasiones,
el tema de la comunicación me apasiona. Cuando aún no había empezado los
estudios universitarios mi padrino, que fue uno de mis mentores, me regaló dos
libros que aún conservo y que me
iniciaron en este tema, La
comunicación no verbal de Flora Davis y Cómo
ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie. Durante varios
años impartí la asignatura de Comunicación
en las organizaciones y en la presentación de la misma solía decir al
alumnado que la comunicación es el ‘aceite’
que hace funcionar las organizaciones porque es lo que permite crear y mantener
relaciones. La comunicación es tan apasionante como compleja, tan frágil como
necesaria…
“La conversación es una herramienta
de sistematización, de formalización y de drenaje […] Poder hablar nos
mantiene cuerdos; esto nos lleva a lo contrario… el aislamiento es una tortura
justamente por esto”. Las personas aprendamos a hablar en la interacción con
otras personas. Conversando aprendemos a hacer y aprendemos a ser. En cualquier
relato de personas que han vivido una experiencia de privación de libertad o de
aislamiento apreciamos cómo conversar es vital para el ser humano. En una
ocasión escribí
sobre una escena que me impactó del Secreto
de sus ojos en la que el grito desesperado de uno de los personajes es “Por
favor, por favor… pídale que aunque sea me hable… Por favor”.
“Sabemos lo que sabemos cuando lo decimos […] En una
conversación de quien más aprendes es de ti mismo”. Quienes nos dedicamos a la
educación sabemos que para demostrar que una idea se ha comprendido no hay como
explicarla a otros. Además, ¿Quién no le ha contado algo a otra persona (o a
uno mismo) para aclararse? ¿Quién no ha buscado una ‘oreja amiga’ sin otra
intención que ser escuchado sin más para ‘situarse’? Observando
nuestras conversaciones podemos aprender mucho de cómo hablamos y cómo
escuchamos, de cómo de nuestros mapas mentales y nuestras creencias…
“La conversación es una herramienta
de creación de conocimiento propio. Para saber necesitamos un cerebro; para
conocer se necesitan dos, aunque sea el mismo. Una cosa es lo que sabemos y
otra es lo que conocemos. Eso también pasa con los estudios de opinión.
Nosotros no opinamos continuamente. Opinamos cuando se nos formula una pregunta”.
Hay preguntas muy poderosas como “¿qué opinas de…?”. En la respuesta e
interacción con la otra persona es donde creamos nuestro propio conocimiento. Manel
señala que aborda los proyectos con su forma de hacer, con su rutina, y que en
los proyectos aprende no por la dificultad o la variación entre ellos sino por
las conversaciones que mantiene con las personas con las que trabaja. Ahí es
donde se da el cambio. “Una lección
adquirida es la que recibimos continuamente pero sólo es aprendida cuando
cambia comportamientos […] En la conversación yo filtro, depuro, enriquezco
y creo lo que es mi propio pensamiento y ‘enzipo’. Si estás mucho tiempo sin
hablar estás en un estado confusional”.
Como señala Manel Muntada las conversaciones tienen unas características propias diferentes de las
de otros tipos de diálogos:
-Conversamos para relacionarnos. Lo importante no es el contenido
sino decirnos muchas cosas para estar juntos.
-Las conversaciones no son útiles (no funcionan bajo el concepto de
utilidad), no tienen objetivo. El humanismo es contemplativo, mientras que
lo utilitario tiene que ver con mirar. Contemplar es acercar las cosas al ojo,
entonces veo lo que hay. Sin embargo cuando miro acerco el ojo a las cosas y
encuentro lo que busco. Los diálogos en las organizaciones están centrados en
la tarea, en el mirar. Para innovar tenemos que desarrollar la mirada
contemplativa.
Extracto de La utilidad de lo inútil. Manifiesto (Nuccio Ordine. Acantilado,
Barcelona, 2013, p.9):
-Las buenas conversaciones no se terminan, se interrumpen.
-Las conversaciones generan bienestar, no todos los
diálogos generan bienestar. Y lo generan porque hay respeto, porque no tenemos
dudas de que somos escuchados.
-Tienen un carácter íntimo porque son genuinas. Se elaboran en el momento y
para la persona a la que van dirigidas. Aportan una sensación de privacidad.
-Son una herramienta imprescindible de la colaboración y de la innovación.
La innovación es el resultado de crear una cultura corporativa determinada, no
el resultado de un proceso (aunque puede ayudar), una tecnología o la decisión
de alguien. Cuando tomamos un café se da un clima en el que ‘todo te da igual’.
Ahí se generan ideas espontáneas y divertidas. Por eso es importante generar
espacios para conversar.
Las conversaciones crean nuestra realidad y nuestro
conocimiento y eso me hace pensar en una
de las conversaciones más importantes, la que mantengo con la persona que me
mira en el espejo…