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miércoles, 1 de octubre de 2025

Reflexiones sobre un nuevo modelo económico y social

 

Fuente de la foto: Flickr dela Universidad de Deusto

El 29 se septiembre asistí en el Paraninfo de la Universidad de Deusto a la ponencia de apertura del BBK Bilbao Kultura Social Forum, a cargo del Profesor Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, bajo el título: “Reflexiones sobre un nuevo modelo económico y social”. La imagen al verle entrar apoyándose en un bastón, un poco encorvado, cambió completamente en cuanto empezó a hablar… pura energía. Hay una palabra que describe muy bien lo que me transmitió durante toda la conferencia: bonhomía. Voy a compartir algunas de las ideas que expuso.

Nos encontramos ante una crisis de deuda, pero también de desarrollo. Elon Musk, Jeff Bezos, han visto crecer sus fortunas de una forma descomunal. Sin embargo, hay salarios que se mantienen como hace 60 años. Un dato interesante es que China es el país donde más ha disminuido la pobreza.

El capitalismo neoliberal no es sostenible. No se ha cumplido la teoría de Adam Smith de la Mano invisible, que decía que la búsqueda del bien propio favorece el bien común. Es más, se generan muchos más beneficios cuando se explota a otras personas, y también al planeta. Ha aumentado el monopolio y la concentración empresarial, lo que ha erosionado el poder de la competencia. Y lo peor de todo es que las personas se han hecho más egoístas y centradas en el corto plazo, lo que cambia profundamente lo que la persona es, su esencia.

Tanto el sistema político como el económico no pueden funcionar sin buena información [cabe recordar que ganó el Premio Nobel por sus aportaciones a la teoría de los mercados con información asimétrica]. Sin buena información es el miedo el que gana. Las empresas tecnológicas y la IA roban información, lo que disuade de generarla a quienes lo hacen (periodistas, investigadores, agencias, etc.). Y surge una inquietante pregunta: ¿nos dirigimos hacia un mundo con mejor información? Hay que tener en cuenta un principio claro: “garbage in, garbage out” (si entra basura, sale basura).  Actualmente se está dando un “engagement through enragement” (compromiso a través de la indignación), una crítica a cómo operan muchas plataformas digitales y redes sociales. Además, la investigación que se está primando es la que conduce a una mejor publicidad (advertising).

Los fallos del modelo neoliberal han creado una tierra fértil para el autoritarismo. Los EE.UU. se han convertido en un aliado no fiable. Se están atacando las bases profundas de la democracia: la libertad de prensa, la libertad de discurso, la libertad académica, etc. Hay factores que contribuyen claramente a esto: la desindustrialización, en la que existe la promesa incumplida de que los mercados atenderán a quienes perdieran el empleo; el crecimiento de la desigualdad, que mina la solidaridad; el deterioro de los sistemas de información, que contribuye a la polarización y dificulta incluso llegar a los acuerdos más básicos.

Las instituciones que contribuyen a la verdad y al avance del conocimiento están siendo gravemente atacadas: universidades, centros de investigación, prensa, agencias de inteligencia. Los valores de la Ilustración están en serio peligro. Los desarrollos científicos que hicieron posible el progreso se ponen en cuestión. Los avances logrados en la organización social y en la democracia, antaño motores de cooperación, hoy se ven puestos en duda. Todo lo señalado tiene consecuencias económicas adversas.

¿Qué se puede hacer? Las reformas política y social se tienen que hacer a la vez. Hay que revertir el efecto pernicioso sobre la empatía que ha tenido el capitalismo. Las desigualdades crecientes hacen que quienes están del lado del privilegio ni siquiera sean capaces de entender la situación de quienes están en el lado opuesto. Es fundamental impulsar la acción colectiva. La principal lección de la era Trump, de la que tenemos que tomar buena nota en Europa, es que las instituciones democráticas son robustas, pero quizá no tanto como pensamos. En un mundo globalizado lo interno y lo externo están interconectados. Existen formas diferentes de hacer, que habría que potenciar. Por ejemplo, las cooperativas son un buen modelo y ejemplo de funcionamiento desde otros valores. Esto se vio claro en la crisis financiera de 2008. No podemos permitir que se desvaloricen las instituciones internacionales, ni que se pierdan los valores de la Ilustración. Y esto sólo se puede hacer desde la cooperación global (seguramente sin EE.UU.).  Después de asistir a la charla, mi conclusión es que no sólo es posible, sino que merece la pena, comprometerse por construir un mundo mejor. No nos podemos dejar llevar por la desesperanza.

 

Referencias


miércoles, 3 de septiembre de 2025

Un destino mejor

 


Una de mis actividades favoritas de las vacaciones es la lectura. Durante el año leo normalmente sobre temas relacionados con mi trabajo. Sin embargo, en verano opto por novelas. Quiero hacer una reflexión sobre dos de las que acabo de leer. La primera es Pobre: Una vida de lucha por un destino mejor de Katriona O’Sullivan. Llegué a ella por una entrevista que hicieron a la autora en la radio [escuchar aquí]. Es una novela biográfica que impacta de principio a fin: la tercera de cinco hermanos, hija de padres toxicómanos, con un historial de abusos, madre a los 15 años, vivió un aborto para el que tuvo que salir de Irlanda… Los primeros años de vida de Katriona O’Sullivan estuvieron marcados por la pobreza, la violencia, el abandono y los prejuicios. Actualmente trabaja en la Universidad de Maynooth; se doctoró en Psicología en el Trinity College. El libro me ha conmovido desde la dedicatoria: “A mí misma cuando tenía siete años / Ven aquí, no te preocupes”. Además, dada la posición que actualmente ocupa, me parece muy valiente contar abiertamente su historia.

Como bien señala: “Como sociedad, nos encantan los relatos del pobre que se hace rico y disfrutamos al ver a alguien triunfar gracias nada más que a la perseverancia y la determinación. Pero la verdad es que las historias no suelen ser tan sencillas. La mía, al menos, no lo es” (p. 287). Avanzar con la ‘mochila’ que tenía no fue fácil. No contaba con un entorno que la sostuviera. Su avance no fue progresivo y en algunos momentos de dificultad le resultó difícil nadar contracorriente. “Si has vivido sometido al estrés y al caos durante toda tu vida, esa es la corriente por la que tiendes a dejarte llevar, aunque termine arrastrándote hasta el fondo (…) Estaba cómoda con el miedo y el fracaso. Cuando estaba en mi peor momento, era lo que buscaba” (p.241).

Soy una absoluta convencida, basta con ver el título de este blog, de que “creer es crear”. Es necesario imaginar, visualizar algo para poder encaminarse hacia ello. A quien vive en entornos de pobreza y privación le puede resultar complicado imaginar otro futuro posible. “Mis sueños estaban limitados: en mi entorno nadie me hablaba de la universidad, nadie la mencionó nunca. En el colegio, los profesores tenían la esperanza de que los alumnos como yo terminasen la secundaria y aprendiesen un oficio. (…) Años después, yo criticaría el acorralamiento de los chavales pobres en los estudios profesionales y en carreras técnicas de bajo nivel, y me impactaría enormemente la creencia generalizada entre los educadores de que quienes han nacido en un entorno pobre no tienen la inteligencia suficiente para participar en la formación universitaria” (p. 216). Como añade un poco más adelante: “Ser pobre afecta a todo lo que haces y todo lo que eres (…) Pobre para mí también era sentir que no tenía valor. Era pobreza de mente, pobreza de estimulación, pobreza de seguridad y pobreza de relaciones. El hecho de ser pobre influye en cómo te ves a ti mismo, cómo confías y hablas, cómo ves el mundo y cómo sueñas” (p.293).

Para escribir el libro, Katriona O’Sullivan elaboró una lista de todas las personas de su vida y reconoce que todas ellas le hicieron lo que es ahora. Tiene claro que no salió sola del pozo en el que estaba, sino que le sacaron de él. “Algunas de las personas de esa lista me ayudaron a avanzar y otras me hicieron retroceder. Algunas se quedaron a mi lado y otras me vieron alejarme. Empecé a ver mi vida como una serie de rocas que permiten cruzar un río de orilla a orilla. Hubo veces en las que no pensaba que pudiera dar el siguiente salto o en las que ni siquiera veía la siguiente roca sobre la que saltar, y siempre alguien apareció para enseñarme cómo hacerlo o indicarme adónde ir. Un par de ellas prácticamente colocaron la roca justo delante de mí y me empujaron para que saltase. Todas ellas vieron más allá de mis circunstancias. Vieron mi yo auténtico” (p.287). Me ha parecido entrañable cuando comenta que cuando escuchó la canción Headlights de Eminem, inspirada en su madre que era adicta… “La letra de la canción me llegó al corazón y llamé a mi madre” (p.281).

Algo que me ha tocado es cuando comenta, siendo ella muy niña, la cara de asco y superioridad con las que en alguna ocasión les miraban personas de los servicios sanitarios y sociales que se personaban en su casa ante una sobredosis de sus padres. “A mi juicio, la adicción es consecuencia de la historia familiar, los traumas, la biología, el peso de las presiones y los juicios de la sociedad. La adicción se pone en marcha a partir de un deseo: no el de consumir una sustancia, sino el de escapar del dolor de los traumas y de las consecuencias de la pobreza. Mi formación me ha enseñado que las áreas de nuestro cerebro responsables del control conductual y del placer se activan de una manera diferente dependiendo del entorno en el que nos hayamos criado” (p. 291). Como señala más adelante, “vivimos en una sociedad profundamente desigual, y a los grupos que sufren no se les puede culpar por completo de los valores de referencia en los que se mantienen para sobrevivir. Contribuiría a romper el círculo negativo que dejásemos de juzgar a las personas y diseñáramos políticas para abordar las causas que están en el origen de la adicción” (p.292). Es fácil caer en el juicio cuando miras desde el privilegio. Algo que en clase me resulta muy complicado hacer ver al alumnado es la injusticia de la meritocracia [recomiendo la lectura del artículo “La ilusión del mérito: percepciones sobre el esfuerzo y talento en el trabajo”].

Katriona O’Sullivan indica que las desigualdades y disparidades van en aumento y que en este momento es más complicado que las personas pobres puedan acceder a programas como el que permitió que ella accediera a un título universitario. Con el tiempo ella trabajó en el equipo del programa de acceso y constató que dicho programa, al igual que otros similares, están concebidos con una mentalidad benéfica. “Esos programas piden a los solicitantes que demuestren su pobreza, su desigualdad, su valía, su motivación y su potencial. Y el sistema selecciona a aquellos que cree dignos del ‘regalo’ de acceder a una educación” (p. 298). Volvemos al tema del privilegio. Se está perdiendo mucho potencial porque no existe una verdadera igualdad de oportunidades. “En el sistema educativo necesitamos equidad, no igualdad. Si alguien no puede orientarse porque se está desmoronando el mundo a su alrededor, debemos elevarlo por encima de las nubes que lo ofuscan (…) No es casualidad que las personas de mi comunidad sean barrenderos, personal de limpieza y trabajadores del sector servicios, mientras que las personas de clase media sean médicos y abogados. Eso no se debe a una diferencia en la inteligencia. Se debe a las oportunidades, el dinero y el apoyo. Las clases medias nacen con esos tres elementos bajo el brazo; los pobres no tienen ni una pizca de ninguno de los tres. Y la verdad es que nos estamos perdiendo mentes brillantes que se quedan atrapadas en el pozo de la pobreza” (p.300).

Encuentro que la historia de Katriona O’Sullivan tiene muchos puntos en común con la narrada en el segundo libro que quiero comentar, Tan poca vida de Hanya Yanagihara. En este último se cuenta la historia de cuatro amigos que se conocen en la universidad a lo largo de varias décadas. Jude, uno de los protagonistas, quien fue abandonado de niño en un convento y tiene una larga historia de abusos y malos tratos, es el centro de la historia. Con el tiempo consigue salir de ese círculo, se hace abogado y tiene una brillante carrera profesional. Pero está roto, se siente indigno por cosas que hizo empujado por las circunstancias en su infancia y juventud. Su sufrimiento es tan grande que sólo consigue aplacarlo autolesionándose. Sólo el dolor físico consigue atenuar, al menos temporalmente, su dolor psíquico y emocional. Hay heridas que es difícil, casi imposible, curar y que desde fuera es complicado entender.

Me llevo un recordatorio importante, que ojalá se me grabe muy hondo: toda persona tiene derecho a luchar por un destino mejor, cada persona es terreno sagrado al que hay que acercarse con cuidado y respeto. “El descalzarse cuando se pisa terreno sagrado es común en muchas religiones. En las que provienen del judaísmo, tiene su origen en el Libro del Éxodo, en el que Dios, desde una zarza ardiente, se dirige a Moisés ordenándole: ‘Descálzate, porque el lugar en que estás es terreno sagrado’ (Éxodo 3:5)” (CVXe, s.f.).

Referencias



lunes, 7 de abril de 2025

Testimonios que conciencian: la voz de las víctimas

 

El Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto organiza anualmente un Encuentro con víctimas de la violencia de motivación política, que, como señala Izaskun Sáez de la Fuente, “se enmarca en la opción de la Universidad por contribuir a la construcción de una cultura de paz que demanda un trabajo de conocimiento crítico de lo acontecido y la deslegitimación de la violencia desde el horizonte de la defensa de la dignidad y de los derechos humanos de todas las personas. Nada mejor que escuchar de primera mano a quienes han tenido que sufrir esa violencia en carne propia para mostrar con nitidez su injusticia e ilegitimidad”. En 2025 el Encuentro ha tenido lugar el 12 de marzo en dos sesiones. Una por la mañana con Mari Carmen Hernández, viuda de Jesús Mari Pedrosa (concejal del PP del Ayuntamiento de Durango asesinado por ETA en 2000); y otra por la tarde con Inés Núñez de la Parte, hija de Francisco Javier Núñez (profesor de matemáticas y víctima mortal de la violencia policial y parapolicial en 1977).

Este encuentro está dirigido al alumnado de Ética cívica y profesional, asignatura que se cursa en todos los grados de la universidad. Por segundo año consecutivo he acudido con mi alumnado tanto de Derecho Económico como de ADE. Impresiona ver el Auditorio lleno de jóvenes escuchando con atención una historia y unos hechos que no todos y todas conocen. Eran infantes cuando ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada el 20 de octubre de 2011. Impresiona aún más el testimonio de quienes han sufrido en primera persona las consecuencias de actos que son totalmente injustificables, que atentan contra la dignidad humana y que han marcado con nitidez un antes y un después, hechos que cambiaron radicalmente sus vidas. Además, en ocasiones, sufren también la falta de reconocimiento por parte del entorno y las instituciones, como se refleja en la reflexión de uno de los asistentes:

 “Afortunadamente, parte de mi familia que ha sufrido este tipo de violencia injusta ha sido reconocida por la sociedad como víctimas, como es el caso de mi abuelo judío [fue víctima del Holocausto y de la Revolución Húngara de 1956], o mi tío abuelo Osmundo. Sin embargo, el conflicto en Macedonia que vivió mi abuela paterna sigue considerándose una situación ‘política’ y no una injusticia sin sentido. O mi otro tío abuelo, que sufrió un encarcelamiento injusto por parte del régimen de Franco, que tiene que ver cómo a día de hoy hay gente que debate la seriedad y los problemas que causó la dictadura franquista en nuestro país. Todavía queda mucho trabajo por hacer para que las personas que han sido víctimas de este tipo de ataques puedan ser reconocidas por lo que son, y no tengan que estar constantemente luchando por el reconocimiento de su sufrimiento, o que tengan que escuchar como hay gente que minimiza o directamente se burla de sus experiencias. El odio que todavía tienen que sufrir, a pesar de haber pasado ya por una experiencia que es difícil de imaginar, es en mi opinión una extensión del ataque político que sigue perdurando”. Alexander Fried Pérez, 3º ADE + FAB

Del testimonio de Mari Carmen yo destacaría su serenidad y su mensaje exento de odio y abierto a la reconciliación (en gran medida gracias a su fe cristiana). Del de Inés, su tesón y valentía para reclamar justicia para su padre, a pesar de las fuertes presiones sufridas durante muchos años. Esto último lo recoge muy bien uno de los alumnos presentes en la sesión:

"Me gustaría hacer hincapié en que estos hechos tan dramáticos que tanto han hecho sufrir a una familia que no tenía culpa de absolutamente nada en términos políticos ni de ninguna otra índole, han perdurado en el recuerdo de sus más allegados pero no en el de la sociedad debido a la falta de visibilidad, y que, en mi opinión, si no fuera porque, su hija gracias a su esfuerzo y tesón hoy en día tiene un puesto en el que le permite poder tener acceso a determinados recursos y contactos (que le han permitido honrar como se merecía desde un principio la memoria de su padre), desgraciadamente la gran mayoría del resto de las familias de las víctimas no se les brinda el recuerdo que merecen y se les olvida ante una pavorosa impunidad que a día de hoy perdura". Enrique del Amo Mecinas, 3º ADE + FAB

Testimonios en primera persona ayudan a repensar cuál es el servicio que deben prestar a la sociedad las profesiones para las que preparamos en la universidad. En este sentido es reseñable la aportación de esta alumna:

“Esta reflexión me deja una certeza incómoda pero necesaria: no basta con conocer las leyes, ni siquiera con saber aplicarlas. Lo que marca la diferencia es desde dónde se ejerce el derecho y para quién. Escuchar los testimonios de quienes han sufrido la violencia política me ha confrontado con la urgencia de una abogacía comprometida con algo más que la resolución de litigios. Me ha hecho entender que el derecho puede ser una forma de amparo, una voz para quienes no han tenido voz, y también una vía para sostener la dignidad allí donde ha sido negada. Como futura abogada, no quiero limitarme a encajar casos en estructuras legales, sino ser capaz de reconocer el dolor detrás de los expedientes y trabajar para que ese dolor no quede impune ni olvidado. Quiero contribuir a tejer justicia con memoria, con escucha, con humildad, sabiendo que reconciliar no es borrar, sino mirar de frente lo que pasó y construir, desde ahí, un futuro más habitable”. Aroa Montero Ceballos, 4º Derecho económico

Me gustaría terminar con una frase que dijo Inés: “Ninguna idea justifica el recurso a la violencia y la vulneración de Derechos Humanos”. Ejercicios de memoria y de justicia como el Encuentro relatado son fundamentales para que la historia no se repita. La voz de las víctimas no se debe ni acallar ni utilizar indebidamente.


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domingo, 8 de diciembre de 2024

Inolvidables

 


Hace unas semanas recibí un correo del Rector con la invitación al “Acto de agradecimiento a Donantes Becas Arrupe” el 4 de diciembre de 2024. La verdad es que mi primera reacción fue: “No voy ni loca, qué necesidad hay de hacer un acto de reconocimiento”. Al final confirmé mi asistencia porque me animaron a ello. Hablando con una amiga el mismo día del acto yo le comentaba que esa misma tarde tenía un acto al que me estaba arrepintiendo de ir. Resultó que ella también iba a acudir y me dio un argumento que me hizo cambiar el punto de vista. Me comentó que había conocido a Paola Aguirre, Jefa de la Oficina de Filantropía de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), que estaba haciendo su tesis doctoral en la Universidad de Deusto sobre fundrising (la defendió el 29 de noviembre). Según Paola, al modelo de Deusto le faltaba crear comunidad. Y creo que esto es lo que pretendía el acto.

Comenzó con la intervención de Jesús Riaño, Director de Deusto Alumni, quien explicó el origen y el sentido de las Becas Arrupe Deusto. Hasta ahora se han beneficiado del programa 76 estudiantes, de 14 titulaciones diferentes, y de los cuales 28 de ellos provienen de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Georgia, Honduras, Italia, Marruecos, Nicaragua, Paraguay, Perú, Portugal, Sáhara, Ucrania y Venezuela. Entre los donantes hay tanto empresas, como personas particulares.

Glòria Oliver, Directora General Adjunta de la Fundación Pasqual Maragall y Presidenta de la Asociación Española de Fundrising, impartió la conferencia “El poder transformador de la filantropía”. Partió de su propia experiencia, recordando a su abuelo que tenía lo que entonces se decía demencia y, probablemente, hoy sería un diagnóstico de Alzhéimer. Esto le hizo conectar con el propósito de la Fundación Pascual Margall de trabajar “para vencer esta enfermedad y conseguir un futuro en el que el envejecimiento esté asociado a experiencias positivas”. Fue recorriendo distintas experiencias de filantropía, que no es otra cosa que “amor al género humano” (RAE), y mostrando su poder transformador. Conectó con la conocida exhortación de Pedro Arrupe de formar “Hombres y mujeres para los demás” que inspira el objetivo de la educación de la Compañía de Jesús.

Me tocaron especialmente lo testimonios de Alma (4º Derecho) y María José (3º Ingeniería en Organización Industrial), estudiantes beneficiarias de las Becas Deusto Arrupe. La familia de Alma sufrió la dureza de los efectos de la pandemia. Sus padres se quedaron sin trabajo, se frustró su sueño de estudiar y tuvo que ponerse a trabajar. Gracias a las Becas pudo retomar los estudios y está a punto de cumplir su sueño. María José fue una de las afectadas por el cierre de la UCA de Nicaragua. En sus palabras: “Habéis conseguido que una niña de pueblo pueda convertirse en ingeniera”. Las palabras que resumen su experiencia: gratitud, esperanza, ilusión, resiliencia y transformación. El lema del cartel del acto “Sois y seréis inolvidables” recoge muy bien lo que para mí supuso su testimonio, algo que no se me va a olvidar. Personas transformando la vida de personas, en las dos direcciones.

El acto acabó con la intervención del Rector, Juan José Etxeberria, SJ, recordando las palabras de San Ignacio: “El amor se ha de poner más en las obras que las palabras” y agradeciendo a quienes forman “parte activa de un proyecto que busca contribuir a un futuro más justo y solidario”.

Y una invitación clara “Eres su fu(tú)ro”. Para conocer más visitar Becas Deusto Arrupe.


miércoles, 24 de julio de 2024

Sensibilidad ante las injusticias


[Entrada publicada originalmente el 08.05.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Escribo esta líneas porque he sido testigo mudo de una situación que creo encierra una injusticia y no he hecho nada ante la misma. Situación: sábado por la tarde, 18.00, en la cola del supermercado con mi hijo de 10 años. Delante de nosotros estaban una pareja de rumanos que llevaban un paquete gigante de pipas. Cuando han ido a pagar, 87 céntimos, lo han querido hacer con monedas de 1, 2 y 5 céntimos, sobre todo las dos primeras. La cajera se ha puesto muy dura y no les ha dejado pagar con esas monedas. Ha estado dos o tres minutos repitiéndoles frases como: “Sabéis que no se puede pagar con monedas tan pequeñas”, “Id al banco a que os las cambien”, “Os lo hemos dicho muchas veces”, “Ahora no hay cola, pero yo no puedo ponerme a contarlas”, etc. Además, lo hacía en un tono muy alto. Ellos muy educados y sin alzar la voz ni perder los nervios le decían: “Es dinero, ¿no?”. Al final la mujer ha sacado una moneda de un euro y ha pagado diciendo: “¿Esto sí es dinero y lo otro no? ¿No sabes contar?”, a lo que la cajera ha respondido: “Y tú no sabes ir al banco”. Cuando se han marchado me ha empezado a pedir disculpas, y a decir algunas cosas en alto como si quisiera que las demás cajeras y el resto de la clientela le oyeran. Yo no he dicho nada ni tampoco le he mirado porque, lejos de sentir simpatía hacia ella, lo que estaba era indignada.

Ya en casa hemos comentado la situación en familia. El hijo que había presenciado la situación decía: “Igual es una norma del supermercado...”. Mi marido comentaba que era perfectamente legal, que deben aceptar el dinero que les den aunque sean monedas pequeñas, y recordaba el caso de Ruiz Mateos cuando pagó una multa de forma similar. Al intentar buscar esa noticia me he encontrado con una parecida y más cercana en el tiempo (julio de 2008). Un ciudadano belga decidió pagar su factura de la luz con 215 kilos de monedas de un céntimo para protestar por la subida de los precios de la energía en los países europeos. Noticias como estas despiertan la solidaridad y la simpatía y aparecen en numerosos medios. Sin embargo, nadie hemos hecho ni dicho nada en el supermercado.

A mí me venían pensamientos y sentimientos contradictorios.  Por un lado me ponía en el lugar de la cajera, trabajando un sábado por la tarde, encontrándose con numerosas situaciones desagradables y teniendo que, supuestamente, cumplir una norma que su superior le había dado. Por otro lado veía completamente injustificado el tono y la actitud que tenía. Hubiera tardado menos en contar las monedas que lo que ha tardado en cobrarles. Me surgía la duda de si, en parte, la actitud se debería a que eran extranjeros ¿Si mi hijo o yo le hubiéramos dado monedas pequeñas se habría comportado igual? Además era a todas luces ilegal e injusto lo que estaba haciendo, pero sabía que esas personas nunca llamarían a los municipales porque podría ser perjudicial para ellos. ¿No es eso un abuso de poder? He estado dudando si cambiarle yo algunas monedas o decir algo, pero ha podido el argumento de: “¿Para qué meterte en líos? Tienes que volver muchas veces a este supermercado”.

Sin embargo, he decidido que la próxima vez, de forma educada diré que legalmente deben aceptar ese dinero. Lo haré porque no me gusta colaborar, aunque sea con mi silencio, ante una injusticia y porque quiero educar a mis hijos en la responsabilidad y la sensibilidad. Y lo haré también por solidaridad con la parte más débil.

¿Y usted qué haría?

 



 





martes, 4 de mayo de 2021

El peligro del poder

 

Situación: Martes, 4 de mayo, sobre las 20:15. Autobús línea 75 con unas 30 personas dentro. Se acerca a la parada de Pedro Martínez Artola 2, junto a la Comisaría de la Ertzaintza de Zabalburu precedido por una furgoneta de este cuerpo.  Frente a la comisaría hay varios coches patrulla aparcados y la furgoneta maniobra a su derecha, invadiendo la parada e iniciando una maniobra de aparcamiento marcha atrás. El autobús tiene que frenar bruscamente al no poder librar ni la furgoneta, ni el coche patrulla aparcado a su derecha. Un ertzaina se acerca al conductor y le dice que rebase a la furgoneta para poder aparcar. El conductor, en un tono amable, le dice que no puede hacerlo porque puede golpear a uno de los coches patrulla o a la furgoneta. El espacio es muy justo para el autobús, a la derecha tiene los coches patrulla y a la izquierda el murito de la entrada al parking. El agente empieza a subir el tono y a imponer su autoridad con unas formas inapropiadas. Tres agentes más salen de la furgoneta y uno de ellos ordena al conductor del autobús que abra la puerta y le increpa repitiendo las instrucciones del primer agente. El conductor se contiene e insiste en que es más fácil que la furgoneta suba un poco más arriba (también podría haberse metido en la entrada del parking y luego continuar la maniobra). El conductor, impotente, acaba haciendo lo que el agente le dice y consigue pasar. El pasaje está alterado, las personas en la parada también son testigos de la situación. El conductor antes de abrir la puerta en la parada pide en voz alta al pasaje si alguien le puede dejar sus datos. Me apresuro a darle los míos y los de mi marido y otra persona deja también los suyos. De pie, vuelve a preguntar si alguien más le da los datos y nadie responde.

Escribo estas líneas movida por la indignación y la solidaridad. Indignación por varias razones. En primer lugar, porque ha sido una situación clara de mal uso del poder. El hecho de llevar uniforme no legitima para hacer cualquier cosa. Pertenecer a un cuerpo de policía da mucho poder y parafraseando a Spiderman: “Todo poder conlleva una gran responsabilidad”. El Código Deontológico de la Policía del País Vasco (Ley 4/1992, de 17 de julio, de Policía del País Vasco) señala que “El servicio público de policía se ejercerá con absoluto respeto a la Constitución, al Estatuto de Autonomía y al resto del ordenamiento jurídico, y al mismo incumbe cumplir los deberes que le impone la Ley, sirviendo a la comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales que impidan el libre ejercicio de sus derechos y libertades (…)  Los miembros de la Policía del País Vasco actuarán con absoluta neutralidad política e imparcialidad, y evitarán cualquier práctica abusiva o arbitraria”. En esta actuación he visto poco servicio y mucha arbitrariedad. En segundo lugar, porque he percibido también cierto corporativismo (RAE: En un grupo o sector profesional, actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y los intereses de sus miembros). El resto de agentes presentes lejos de mediar y ayudar a solucionar la situación han apoyado a su compañero. Una mala actuación profesional va en demérito de la profesión que se ejerce y puede dañar la imagen pública y la confianza de la ciudadanía. En tercer lugar, por la falta de compromiso e implicación de las personas presentes. Quienes abusan de su poder se alimentan del miedo y del silencio cómplice de muchas personas. Martin Luther King decía: "No me preocupa tanto la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena".

En esta situación en mí ha podido más la solidaridad con la persona víctima de la situación, en clara inferioridad de poder. Podía sentir la rabia contenida del conductor ante la injusta situación. Su impotencia, su búsqueda casi infructuosa de apoyo, su decepción ante el silencio… ¿Quién nos asegura que un día no vamos a ser las víctimas en una situación así? Siempre es bueno recordar la regla de oro: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan” / “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”.

viernes, 11 de octubre de 2019

¿Podremos vivir juntos?


El 9 de octubre asistí a una conferencia que llevaba por título: “¿Podremos vivir juntos? Reconciliar contrarios en un mundo de conflictos”, y que era el acto inaugural del curso del Centro Loyola de Bilbao. Fue impartida por Jacques Haers, sj, profesor de Teología en la Universidad de Lovaina y estudioso de la globalización, la violencia y la paz, el cambio climático. Licenciado en Matemáticas y Filosofía y Doctor en Teología. Voy a compartir aquí las principales ideas que me llevé y algunas reflexiones. La conferencia se centró en cuatro ideas.

1.Visión relacional de la realidad

Los seres humanos somos seres relacionales, no individuos separados de otros seres y del mundo. Somos seres que también nos relacionamos con nuestro propio ser. Somos mucho más que la suma de las moléculas que nos componen. Estamos en encuentro con otras personas antes de ser individuos. Y lo ilustró con dos historias personales una de las cuales intentaré reproducir:

Se encontraba en la cola de pagar de un supermercado. Allí había una señora mayor y detrás de ella una madre con un niño de unos cinco años que estaba molestando a la señora porque le daba golpecitos con el carro. La señora se quejó a la madre que respondió indignada: “Mi Tomás hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere”. Un hombre que también estaba en la cola tomó un botellín de agua, se acercó al niño y le vacío el botellín en la cabeza. La madre protestó enfadada y el hombre le contestó: “Yo hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero”.

Un sujeto que decide tiene que darse cuenta de la relación, que es un nivel más fundamental que lo escogido. Ya somos relación antes de escoger. El individuo es relación por su mera existencia. Sin embargo, estamos habituados a ver la sociedad como un conjunto de individuos separados. Si utilizamos la teoría de conjuntos, tenemos que darnos cuenta de que no hay elementos sin conjunto, y que el conjunto más importante es el de toda la realidad.

Si lo observamos desde un punto de vista de fe, la creación es el conjunto en el que las relaciones construyen subjetividades. Estamos conectados en el sentido de ser creados conjuntamente (alianza de destino). No podemos comportarnos como si no estuviéramos en relación con el resto de la realidad.

Yo no puedo considerar ‘otros’ solamente a una parte, los ‘otros otros’ ya están aquí, aunque tengan una alteridad diferente de la que me gustaría. Aquí reside el gran reto, tratar a esos ‘otros otros’ con el mismo respeto, derechos, etc. Hay identidades geográficas, de género, políticas, etc. muy diferentes ¿Cómo construimos un bien común desde esa complejidad de identidades? Una identidad en relación evoluciona, que no es lo mismo que decir que sea relativa. Este hecho cobra mucha relevancia en el diálogo interreligioso. La religión se puede vivir desde 3 perspectivas diferentes: 1) exclusivismo, sólo hay una fe verdadera y se trata de convertir a los que no la profesan; 2) inclusivismo, reconozco en la otra fe matices de razón; 3) pluralismo, somos diferentes y tenemos distintas opciones. En el diálogo interreligioso arriesgamos nuestra identidad para redescubrirla en Dios que se nos ofrece de diferentes maneras. En definitiva, participamos del mismo mundo, hay un plan que nos une.

2. Justicia restaurativa

Víctima y victimario viven en una comunidad herida y la justicia restaurativa trata de ver si se puede construir una realidad de consolación, si se puede transformar la realidad herida [Jean Schmitz, experto en Prácticas Restaurativas, explica en este vídeo las diferencias entre Justicia Punitiva y Justicia Restaurativa]. Esto supone un largo camino. Incluso hay heridas que no se pueden sanar en esta vida. En estos procesos es muy importante la figura de la persona mediadora, que es quien transmite la fe en la posibilidad de un mundo reconciliado. Es una persona amiga que va a hablar con ambas partes mostrándole a cada una el punto de vista de la otra y que ayuda a buscar el modo de reparar. La reparación es una decisión conjunta, un discernimiento en común para juntos construir una realidad reconciliada. La parábola de Lázaro y el rico (Lc16, 19-26) es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando no sanamos la realidad. Cuando tanto Lázaro como el rico mueren la misma relación se repite pero al revés. Las divisiones nos llevan a caminos sin salida. No se trata de buscar la verdad o la falsedad sino aquello que da consolación. Es muy inspiradora esta historia de la aldea de Rwimikoni, El pueblo ruandés donde asesinos y víctimas del genocidio viven en armonía. Igualmente, es muy interesante esta charla TED de Daniel Reisel, profesor del Univertity College of London: “La neurociencia de la justicia restaurativa”. En ella apuesta por programas de justicia restaurativa como vía para “cambiar los cerebros” de quienes han cometido crímenes, ayudándoles a desarrollar la empatía y así facilitar su rehabilitación.

3. Encarnación

Para transitar el camino de la reconciliación hay que trabajar desde la herida, desde el saberse solidarios en el dolor. En la parábola de la mujer sirofenicia (Mc 7, 24-30), en un primer momento Jesús le dice que ella no es judía, pero reconoce la voz del padre en esta mujer y entra en su herida. Al entrar en la herida se puede hacer un cambio, se puede conseguir lo imposible de la reconciliación.

4. La persona mediadora es quien cuida de la misión

Hay una misión que se nos ha dado y a la que queremos ser fieles: encaminar hacia la reconciliación; empezar un camino que, a priori, parece imposible. Para los cristianos  esta misión es primariamente la de relacionarnos en Dios todos juntos, la creación entera; construir un mundo en paz.

No solo podemos vivir juntos sino que estamos llamados a transformar la realidad y construir la paz para todas las personas, para toda la creación.

En el siguiente vídeo (a partir del minuto 16) se puede ver la intervención, con el mismo título, de Jacques Haers, sj  el pasado 7 de octubre en el acto inaugural del curso del centro de estudios Cristianisme i Justícia.  

martes, 15 de agosto de 2017

La ley debe ser justa

[He publicado esta entrada el 14.08.2017 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]


Hace no mucho he descubierto una serie de televisión que me tiene ‘enganchada’, The good wife. La protagonista principal es Alicia Florrick, una abogada que tiene que recomponer su vida y su carrera profesional cuando su marido (Peter), Fiscal General  del Estado de Illinois, es detenido por escándalos de corrupción y prostitución. Es una serie entretenida, con giros inesperados y un buen hilo argumental. Muchos de los casos dan qué pensar y se abordan muchos temas controvertidos: eutanasia, suicidio asistido, maternidad subrogada, etc.
Me voy a detener en la conversación entre Diane (D) -socia fundadora del bufete que le da a Alicia la oportunidad inicial para retomar su carrera- y un cliente (C) que le ha contratado para simular un juicio con un caso sobre el matrimonio gay (capítulo 18 de la temporada 6, “Edición perdedora”):
C- Diane ¿puedo preguntarte algo? (Diane asiente) ¿Qué crees que pasaría si todos los casos fueran juzgados por una persona con un familiar o con un ser querido que se viera afectado por la decisión?
D- Me parece que todo caso es así.
C- Pero ¿la ley no debería ser impersonal, en el sentido de que debería ser igual para todos? Si no estaríamos en China ¿no? Todo dependería de a quién conoces.
D- Le ley debe ser justa, no impersonal. De hecho, yo creo que la ley siempre es personal. Tiene que verse el lado humano o no tendría sentido.
Yo me pregunto… ¿Cómo puede ser impersonal algo que se aplica y tiene consecuencias sobre las personas? A la hora de legislar y de aplicar las leyes, que al final lo hacen personas, es necesario ver el lado humano, desplegar la empatíaLa justicia como equidad (Rawls), tratar lo igual como igual y lo diferente como diferente, no como igualdad. No creo que un padre o una madre defiendan que tienen que dar exactamente lo mismo a todos sus hijos e hijas. No todos necesitan lo mismo, ni quieren lo mismo.
Al comienzo de las clases de Ética cívica y profesional suelo insistir en la relación entre ética y legalidad, que tienen que ver pero no son lo mismo. Es muy interesante la imagen que tradicionalmente representa a la justicia: una mujer con los ojos vendados (alude a la exigencia de imparcialidad, de no saber a quién se reparte), con una balanza en una mano (simboliza el equilibrio, el dar a cada uno lo que le corresponde) y una espada en la otra (representa la fuerza, el poder coercitivo del estado para hacer cumplir las leyes).
El argumento ‘lo ético es lo legal’ es muy utilizado en el ámbito empresarial. Es claro, sencillo, al menos más que determinar qué es lo correcto. Sin embargo no podemos identificar lo ético con lo legal, eso supondría una carencia de principios propios. Para actuar bien tenemos que tener en cuenta dos máximas: 1) En principio la ley es ética, porque está para salvaguardar los derechos de todas las personas, y por lo tanto hay que cumplirla; 2) Una ley injusta no obliga moralmente, lo que no nos exime de tener que responder en caso de incumplimiento. Al sistema legal se le pueden poner muchas pegas… Las leyes siempre van muy por detrás de las situaciones. Además, aunque una situación esté regulada no puede contemplar absolutamente todos los supuestos. Existen vacíos legales, leyes obsoletas e incluso leyes injustas (por ejemplo, hace unos años en España los matrimonios tenían obligación de tributar conjuntamente, lo que, normalmente, en el caso de dos ingresos perjudicaba frente a las parejas de hecho que tributaban de forma individual). Existe un refrán que dice: ‘hecha la ley, hecha la trampa’. La Constitución Española recoge en su artículo 14 el principio de Igualdad ante la ley. No obstante, la realidad nos contradice esto en cierta medida. La ley se debe apoyar en la moral. Como dice el preámbulo de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948): “Los deberes de orden jurídico presuponen otros, de orden moral, que los apoyan conceptualmente y los fundamentan”.
Para terminar una cita para la reflexión de Thoureau, quien fuera uno de los padres de la desobediencia civil:
“¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida? Entonces, ¿para qué tiene cada hombre su conciencia? Yo creo que debiéramos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha de hacer en cada momento lo que crea justo. […] La Ley nunca hizo a los hombres más justos y, debido al respeto que les infunde, incluso los bienintencionados se convierten a diario en agentes de la injusticia”.

viernes, 25 de noviembre de 2016

En el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer…


El Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer fue establecido en 1999 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Transcribo las razones que da la ONU para la celebración de este día:
    
  • “La violencia contra la mujer es una violación de los derechos humanos”.
  • “La violencia contra la mujer es consecuencia de la discriminación que sufre, tanto en leyes como en la práctica, y la persistencia de desigualdades por razón de género”.
  • “La violencia contra la mujer afecta e impide el avance en muchas áreas, incluidas la erradicación de la pobreza, la lucha contra el VIH/SIDA y la paz y la seguridad”. [Animo a ver el siguiente vídeo].
  • “La violencia contra las mujeres y las niñas se puede evitar. La prevención es posible y esencial”.
  • “La violencia contra la mujer sigue siendo una pandemia global. Hasta un 70% de las mujeres sufren violencia en su vida”. [Para quienes les gusten las cifras véanse los Hechos y cifras que aporta ONU Mujeres].
De los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible el Objetivo 5 marcado por la ONU es: “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. En la explicación del objetivo se dice: “La igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible”. La brecha de género es una realidad. En su informe de 2016 el Foro Económico Mundial señala que faltan todavía 170 años para que se cierre la brecha (se tienen en cuenta cuatro áreas: salud, educación, economía y política). El pronóstico ha empeorado desde que comenzó la crisis y difiere según regiones. Se han dado avances, sobre todo en el ámbito de la educación y de la salud. Hay evidencias de que a menor brecha mejores indicadores de crecimiento económico. [Véase este interesante artículo que lleva por título “Sin mujeres no hay desarrollo”].

Me ha gustado la Declaración de Phumzile Mlambo-Ngcuka, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, en torno al día de hoy:  “Creemos en un mundo en el que las mujeres y niñas puedan realizarse y prosperar en paz del mismo modo que los hombres y niños, compartiendo y beneficiándose de sociedades que valoran sus habilidades y aceptan su liderazgo. Y eso es lo que intentamos conseguir con nuestro trabajo. La violencia contra mujeres y niñas tiene consecuencias devastadoras para las personas y la sociedad” [véase aquí la Declaración completa]. Lo veo claro, es necesario empoderar a mujeres y niñas y erradicar la violencia contra ellas. No sólo es una cuestión de justicia sino, probablemente, de supervivencia y de avance de la Humanidad. Hay un proverbio chino que me parece muy sugerente… “las mujeres sostienen la mitad del cielo”.

Hay voces que se alzan en contra del discurso del género. Recientemente he leído un artículo cuyo título ya da qué pensar “La ideología de género es ‘una reingeniería social perversa, totalitaria y basadaen mentiras’” . El artículo es una entrevista a una autora que ha publicado un libro que supuestamente “desmonta intelectualmente la ideología de género”. Transcribo algunas de las preguntas del periodista que muestran claramente una carga ideológica: “¿Y por qué el mundo educativo acepta tan pasivamente el adoctrinamiento de género, la perspectiva de género, la verborrea de género...?”; “La naturaleza siempre ‘se venga’ de las violaciones de la ley natural. ¿Se empieza a ‘vengar’ también de la ideología de género?”; “¿Hay una relación entre feminismo e incremento de las rupturas matrimoniales?”; “¿Niega usted entonces un factor esencialmente "machista" en ese tipo de violencia?”… Transcribo la respuesta  que da la autora a esta última pregunta: “La violencia sobre la mujer solo por ser mujer y sentirse el hombre superior es excepcional en los países igualitarios, pero se aplica como única causa. Y esto hace incrementar la ratio de tales hechos violentos…y criminaliza al varón, culpable por genes de tal violencia”. Posiciones como ésta parecen ignorar tanto la construcción histórica y social que supone el patriarcado como la existencia de distintas corrientes en el feminismo. Además, no creo que ayuden a erradicar un problema social que es muy serio y con unas raíces muy profundas. “Ni una menos”, “No es no”, “Si te pega no es amor”… son mucho más que movimientos o lemas. Son ‘gritos’ unánimes que deben calar en nuestras sociedades para que estas sean  más justas y más humanas.

Para terminar dejo un interesante instrumento elaborado por la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género, el Violentómetro


lunes, 28 de marzo de 2016

Sobre la justicia, la compasión y el perdón


[He publicado esta entrada el 28.03.2016 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Llevo unas semanas, casi desde que empezó el cuatrimestre, dándole vueltas al tema de la justicia y de los derechos humanos. En los dos grupos que tengo este año en la asignatura de Ética cívica y profesional se están dando unos debates que dan qué pensar…  Algún día he salido de clase consternada por las opiniones que he escuchado…  Además se suma el dolor por los refugiados, por las personas que han perdido la vida por el sinsentido de la guerra, del terrorismo y de todo tipo de violencia, por tanto sufrimiento innecesario…

Parece mentira que jóvenes universitarios de poco más de 20 años sean capaces de defender de forma airada y rotunda que si una persona mata a alguien cercano, ya sea por error o por una negligencia, ellos matarían a esa persona. Que es justo, que es lo adecuado, que es normal… Y eso aun sabiendo que no está bien, que no es correcto… El principal argumento es que se lo ha buscado, que renunció a sus derechos al hacer daño a otra persona…  ¿Cómo hablar de principios de ética profesional si no se asume lo más básico, la centralidad de la vida, que los derechos humanos son universales e inalienables…? ¿A dónde nos llevaría la universalización de esa postura? Podríamos entrar en una espiral de violencia sin fin… Esto suele ocurrir en los conflictos armados y las guerras…

Hace un año escribí un post, Sentimientos de justicia, sobre la película  El secreto de sus ojos por el impacto que me produjo la historia. Puedo entender, no es difícil, el dolor que produce la muerte injusta y violenta de tu pareja pero dedicar tu vida a la venganza, bajo la apariencia de justicia, no te hace ningún bien. Te hace perder tu humanidad. Te endurece el corazón. Te arruina la vida (aquí el alumnado argumenta que la vida ya se te había arruinado con la muerte de tu ser querido)…  

Creo que debemos educar y educarnos en la compasión y el perdón  para no dejarnos llevar por nuestros sentimientos e introducir racionalidad en la respuesta a las ofensas que nos hacen.

Una de las mejores definiciones que he escuchado de compasión es la de empatía en acción. “La compasión es el florecimiento absoluto de la conciencia. Es la pasión despojada de toda la oscuridad, liberada de todas las ataduras, purificada de todo el veneno. La pasión se convierte en compasión. La pasión es la semilla y la compasión es su florecimiento. […] La compasión es inmotivada, no tiene ningún motivo en absoluto. Ocurre simplemente porque tienes, porque das, y no porque el otro necesite nada. En la compasión no hay ninguna consideración hacia el otro. Tienes tanto que te desborda. La compasión es como la respiración, espontánea y natural” Osho

Y en muchos casos no es posible la compasión sin el perdón, que seguramente es una de las decisiones más valientes y con mayor potencial sanador y liberador. Supone elegir el bien, el amor y la vida.
“Perdonar. Perdonar siempre. El perdón no es olvido, que muchas veces significa no querer mirar la realidad de frente. El perdón no es debilidad, es decir, pasar por alto una ofensa por miedo al que la ha cometido si es más fuerte. El perdón no consiste en decir que no tiene importancia lo que es grave o que es bueno lo que es malo.

El perdón no es indiferencia. El perdón es un acto de voluntad y de lucidez, por lo tanto de libertad, que consiste en acoger a los hermanos como son no obstante el mal que nos han hecho, como Dios nos acoge a nosotros, pecadores, no obstante nuestros defectos. El perdón consiste en no responder a la ofensa con la ofensa, sino en hacer lo que dice S. Pablo: ‘No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien’.

El perdón consiste en darle la oportunidad a quien te ha hecho un agravio de que pueda tener una relación nueva contigo; la oportunidad de que ambos podáis retomar la vida, tener un porvenir en el que el mal no tenga la última palabra”. Chiara Lubich

Me gustaría terminar con una preciosa canción de Gontzal Mendibil, “Lágrimas al viento”. Como dice la canción “Hoy me duele el alma, hoy lloro por ti”, lloro por tanta injusticia, por tanto dolor.. y elijo la vida, la compasión y el perdón". 


lunes, 1 de septiembre de 2014

Para qué sirve la ética


[He publicado esta entrada el 01.09.2014 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Cuando doy clases de ética, o una charla sobre el tema, me suele gustar terminar mostrando dos imágenes (un candado y una llave) y preguntando a la audiencia por qué piensan que he elegido dichas imágenes. Las respuestas suelen ser de lo más variopintas… La razón que suelo dar es que estamos acostumbrados a ver la ética como una serie de principios que suponen una carga, una mochila que no nos deja correr tan rápido como desearíamos… Pero se nos olvida una parte fundamental, la ética, los principios, son la llave para la felicidad, para construir la vida que queremos, para convertirnos en las personas que aspiramos a ser.

Acabo de terminar un libro de una gran experta en ética, a quien es una verdadera delicia escuchar en persona, Adela Cortina.  Se titula “¿Para qué sirve realmente la ética?” (Barcelona: Paidós, 2013). A continuación compartiré las ideas principales que he extraído de la lectura. LA ÉTICA SIRVE PARA:
  • “Abaratar costes en dinero y sufrimiento en todo aquello que depende de nosotros, e invertirlo en lo que vale la pena, sabiendo priorizar” (p.26). La crisis que todavía nos azota ha tenido mucho que ver con la falta de ética en muchos sectores, estamentos y niveles. Cuando la confianza y la integridad están en la base de las relaciones, de todo tipo, éstas son más sólidas y duraderas, además de ser el germen de un mundo diferente. 
  • “Intentar forjarse un buen carácter, que aumenta la probabilidad de ser felices y justos, al ayudar a estimar los mejores valores y optar por ellos” (p.46). Forjarse un buen carácter es la opción más inteligente en la búsqueda de la felicidad, y esto es válido también para las organizaciones y los pueblos. Cada uno vamos formando nuestro carácter (que tenderá hacia el bien o hacia el mal) acto a acto, decisión a decisión. Cada vez que en clase debatimos sobre un caso o situación suele haber un comentario bastante habitual: “Total… eso no hace daño a nadie”. A mí me suele gustar decir: “Cuidado con esa afirmación porque muchas veces nos olvidamos de la persona más importante… nosotros mismos. Eso que hago, he hecho o voy a hacer ¿me acerca o me aleja de la persona que quiero ser?”. 
  • “Para recordar que los seres humanos necesitamos ser cuidados para sobrevivir y que estamos hechos para cuidar a los cercanos, pero también para recordar que tenemos la capacidad de llegar hasta los lejanos, creando vecindarios nuevos. Para eso hace falta no sólo poder, sino también querer hacerlo” (p.72). La propensión a cuidar está inserta en nuestra naturaleza, es básica para mantener y reproducir la vida, y no es sólo cosa de mujeres. Exige, además, respeto por lo valioso y vulnerable, la Tierra y todos los seres vivos. Somos corresponsables del bienestar y bienser de otros, no sólo de nuestros cercanos. 
  • “Para recordar que es más prudente cooperar que buscar el máximo beneficio individual, caiga quien caiga, buscar aliados más que enemigos. Y que esto vale para las personas, para las organizaciones, para los pueblos y los países” (p.93). Los seres humanos estamos preparados no sólo para cuidar, sino también para cooperar. En la vida real la mayoría de los juegos son cooperativos. La figura del homo oeconomicus, que buscar maximizar las ganancias, debe sustituirse por la del homo reciprocans, que se mueve no sólo por el cálculo de ganancias, sino por las emociones y que es capaz de dar y recibir, así como de cooperar. Sentimientos como el de justicia son fundamentales en el quehacer económico, no sólo en el quehacer ético (véase el juego del ultimátum). No debemos olvidar que para conseguir la cooperación no basta la coacción legal, y que mecanismos como la vergüenza social puede ser un arma de doble filo. La vía más adecuada es la educación que es una tarea multiagente (escuela, familias, medios de comunicación, etc.).
  • “Para ser protagonista de la propia vida, autora del guion de la propia biografía, para construir con otros la vida compartida, sin permitir que nos la hagan. Para realizar un sueño, el de una sociedad sin dominación, en que todos podamos mirarnos a los ojos in tener que bajarlos para conseguir lo que es nuestro derecho” (p. 114). Los seres humanos, todos sin excepción, somos acreedores de unas ‘libertades básicas’ o ‘derechos civiles’. Son una conquista irrenunciable. Reclamar estos derechos implica, a su vez, comprometerse con la tarea de lograr dichos derechos para todos. La libertad no garantiza una buena vida; pero está claro que es difícil llamar ‘vida buena’ a la de personas que no tienen la opción de elegir. La lucha por la justicia ha ido de la mano de la lucha por la libertad tanto propia como ajena. Hay una cooperación que construye humanidad y otra que la destruye. 
  • “Para aprender a degustar lo que es valioso por sí mismo, para estrechar el vínculo con todos aquellos que son dignos de respeto y compasión” (p.127). La soledad radical es el mayor sufrimiento de un ser humano, ya que somos seres vinculados de raíz, no individuos que eligen unirse. Dos sentimientos son fundamentales en las relaciones humanas: 1) respeto a la dignidad (que es la base de los derechos humanos); y 2) compasión (sentimiento por el que padecemos con el que sufre y nos vemos urgidos a aliviar su dolor).
  • “Para ayudar a construir una democracia más auténtica, que sea gobierno del pueblo” (p.159). Una democracia comunicativa en la que hay verdadero pueblo, más que masa, que intenta crear una voluntad común en cuestiones de justicia por medio del diálogo sereno y la amistad cívica. 
No se me ocurre mejor modo de terminar esta entrada que las palabras con las que acaba su libro Adela Cortina: “¿Para qué sirve la ética? Para aprender a apostar por una vida feliz, por una vida buena que integra como un sobrentendido las exigencias de la justicia y abre el camino a la esperanza” (p.178).

¿Estás dispuesto, estás dispuesta a apostar por una vida feliz, una vida buena que incluye las exigencias de la justicia?

Os dejo un interesante vídeo que lleva por título “El cerebro ético: un atajo emocional ante dilemas”

viernes, 7 de marzo de 2014

Soy feminista


Un año más conmemoramos el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. A quien no conozca la historia de esta simbólica fecha le invito a hacerlo (ver historia). Encabezo este escrito con una afirmación que a más de uno (y de una) les puede parecer extraña, incómoda, trasnochada, innecesaria, etc.

Hace más de doce años que defendí mi tesis doctoral sobre liderazgo femenino. Pasé unos cuantos años estudiando la situación de la mujer, cómo dirigían las mujeres, el techo de cristal, etc. Me llama la atención que pasado tanto tiempo podría suscribir las conclusiones referidas al momento actual, sin apenas cambiar nada. Ese hecho es significativo. La igualdad de oportunidades formal existe en muchas partes del mundo pero está lejos de darse en realidad. Persisten muchas discriminaciones indirectas y sutiles. Y podemos decir que las mujeres siguen siendo las más pobres entre los pobres. Urge dar la vuelta a la situación no sólo por cuestiones de justicia básica (recordemos el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros) sino también por estrategia, porque es la única vía para conseguir un mundo más humano y sostenible. Como señala el Informe de Desarrollo Humano 2013: "La inversión en desarrollo humano no tiene solo una justificación moral, sino que además buena educación, salud y buen bienestar social son esenciales para triunfar en una economía mundial más competitiva y dinámica. En particular, la prioridad de dicha inversión deben ser los más pobres; es necesario insertarlos en el mercado y aumentar sus oportunidades de subsistencia. La pobreza es una injusticia que puede y debe resolverse con acciones concretas. Existen recursos mundiales suficientes para lograr ese objetivo, si se dirigen hacia ese propósito".

Y mientras la igualdad de oportunidades no sea real (y lo hago extensivo a todos los grupos y colectivos que sufren discriminaciones) yo seguiré siendo feminista porque creo que empoderar a las mujeres hace avanzar en desarrollo humano. Entiendo empoderar como el apoyo para: a) la toma de conciencia de su situación y el aumento de su autoestima; b) la capacidad para tomar las riendas sobre la propia vida; c) la movilización para identificar sus intereses y transformar aquello que perpetúa la situación. No hay que identificar empoderar en términos de dominio sobre otros, sino de control de los recursos necesarios para el propio desarrollo. ¡Ojalá llegue el día en que deje de ser feminista porque ya no haga falta!

The girl effect: The clock is ticking