Hace unos meses un amigo me recomendó un libro, Lo indisponible (Rosa, 2023). Ha sido el
primer libro que he leído en este período vacacional y, como vaticinó mi amigo,
me ha gustado mucho. Su autor, Hartmut Rosa, es Catedrático
de Sociología en la Universidad Friedrich-Schiller de Jena y director del Max
Weber Center for Advanced Cultural and Social Studies, de la Universidad de
Erfurt. Voy a reflejar aquí las principales ideas que me llevo de la lectura.
Hay
una imagen que explica inmejorablemente el título: “La nevada es prácticamente la forma pura de manifestación de lo
indisponible: no podemos fabricarla ni conseguirla por la fuerza; ni siquiera
podemos preverla con seguridad, al menos no con mucha anticipación. Y mucho
menos podemos atrapar la nieve, apropiarnos de ella. Si la cogemos con la mano,
se nos derrite entre los dedos; si la llevamos a casa, se nos escurre; y si la
guardamos en el congelado, deja de ser nieve” (p.9).
El
ensayo desarrolla una tesis clara: “para los sujetos tardomodernos, el mundo se
ha convertido por completo en un punto de agresión. Todo lo que aparece debe ser conocido, dominado, conquistado y
aprovechado” (p.17). Un poco más adelante explica: “Una sociedad es moderna
cuando solo puede estabilizarse de forma dinámica, es decir, cuando necesita el
constante crecimiento (económico), la aceleración (técnica) y la innovación
(cultural) para mantener su statu quo
institucional” (p.21).
Por
un lado, el juego del incremento se mantiene porque nos aterra tener cada vez menos. “Nunca es suficiente; no porque
seamos insaciables, sino porque todo el tiempo y en todos lados parecemos
encontrarnos en una escaleras mecánicas descendientes” (p.22). Por otro lado,
existe una creencia muy arraigada, un imperativo categórico: “Nuestra vida
mejorará si logramos poner (más) mundo al alcance; así afirma el mantra
inexpresado —pero reificado y reiterado incesantemente en la acción— que rige
la vida moderna. Actúa de modo que tu
alcance del mundo aumente” (p.23).
El
proceso de puesta a disponibilidad consta
de cuatro dimensiones: 1) “Hacer visible
o cognoscible, expandir el conocimiento de lo
que está ahí” (p.29); 2) “Poner (físicamente) al alcance o hacer accesible”
(pp.29-30); 3) “El intento de volver
dominable o poner bajo control un
segmento del mundo” (p.30). Esta dimensión se ve claramente en el colonialismo;
4) “La dimensión de volver utilizable
o la puesta al servicio de” (p.31).
Vamos poniendo el mundo a disponibilidad, pero “aparece de manera simultánea
como amenazado y amenazante; y, con ello, en última instancia, como constitutivamente indisponible” (p. 35).
Cuando se da la disponibilidad total en las cuatro dimensiones desaparece el
deseo. Y si se da indisponibilidad total en las cuatro no existe atractivo.
La
esencia de la existencia humana y de las relaciones con el mundo es la responsividad o la capacidad de
resonancia, que tiene cuatro rasgos: 1) “El momento de la conmoción (afección)” (p.54): cuando algo o
alguien, de repente, nos interpela; 2) “El momento de la autoeficacia (respuesta)”
(p.54): cuando hay un movimiento hacia afuera, una reacción propia ante aquello
que nos ha conmovido; 3) “El momento de
la asimilación transformación (transformación)” (p.56): las relaciones de
resonancia nos transforman en ellas y con ellas, no sabemos en qué grado; 4) “El momento de la indisponibilidad”
(p.59): la resonancia no se puede ni forzar ni impedir. Además, no podemos saber
en qué dirección nos transformaremos.
Pudiera parecer que el texto es pesimista. Sin embargo,
muestra una clave fundamental para relacionarnos de una forma diferente con el
mundo: “Si el mundo dejara de aparecer como un punto de agresión para mostrarse
como un punto de resonancia —esto es, si en lugar de encontrarnos con él en el
modo de la agresión, la dominación, el control y la puesta a disponibilidad, lo hiciéramos en una actitud de asimilación
transformadora, de escucha y respuesta autoeficaz dirigida a una alcanzabilidad
responsiva mutua—, el juego del incremento perdería su sentido y, lo que es
aún más importante, su energía psicológico-motivacional. En este caso, otro
mundo sería posible” (p.155).
Habrá quien se pregunte qué sentido tiene la foto que abre
esta entrada. Para mí muestra un encuentro con lo indisponible, una experiencia
reciente de resonancia. El pasado 5 de agosto fuimos con unos amigos a un
concierto —Zimmer, Williams y 100 años de
cine— en el Palau de la Música de Barcelona. El lugar tiene magia, te
envuelve, la acústica es estupenda… Pero hubo un momento que me conmovió
profundamente. He visto muchas veces Memorias
de África, y he escuchado la banda sonora muchas más. Creo que ya con el
primer acorde sentí que la música me ‘hablaba’ con palabras nuevas. Las
lágrimas brotaban sin parar y era muy reconfortante. ¿Lo esperaba? No. ¿Lo buscaba? No, simplemente sucedió.
Para terminar unos versos…
“Temo tanto la palabra de los seres humanos” Rainer María Rilke (en
Rosa, 2023, p.143)
Temo mucho la palabra de los seres
humanos.
Lo dicen todo tan claramente:
Eso significa perro y aquello casa,
Y aquí está el principio y allá el
final.
Me asusta también su sentido, su
juego con el escarnio.
Ellos lo saben todo —lo que fue y lo
que será—,
ya ninguna montaña es maravillosa
para ellos;
su jardín y su bien lindan con Dios.
Siempre quiero advertirles y
oponérmeles; alejaos,
me gusta oír el canto de las cosas.
Vosotros las tocáis, y quedan mudas e
inmóviles.
Vosotros me asesináis todas las
cosas”.
Rosa, Hartmut (2023). Lo indisponible. Barcelona: Herder.















