lunes, 7 de junio de 2021

Hacer lo correcto


 [He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 07.06.2021]

El primer paso para hacer lo correcto es distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, pero hay otro paso que es más complicado, elegir lo correcto. Como señala Victoria Camps: “Sólo el conocimiento del bien y del mal no basta. Hace falta el deseo de hacer el bien y un rechazo del mal. Y eso es algo emotivo, sentimental. La parte más animal nos lleva a seguir el deseo. Está claro en los niños, que se inclinan constantemente por satisfacer sus deseos. Para cambiar eso hace falta educación. Eso es el gobierno de las emociones” (Arroyo, 2012).

Vamos a centrarnos en el ámbito de las organizaciones [las argumentaciones podrían extenderse al ámbito personal]. Podemos encontrar distintas razones para comportarse éticamente. Quizá la más lógica es que si el comportamiento no ético fuera la norma, se daría una importante disfunción. Las relaciones económicas necesitan una base de confianza para desarrollarse. Habría también otras motivaciones (que podemos ordenar de menor a mayor idoneidad, de menor a mayor calado ético): 1) Verificación de la bancarrota. A veces, no hay como ver las barbas de tu vecino cortar para poner las tuyas a remojar. Ser testigo de la quiebra de otras organizaciones por actuaciones incorrectas puede ser un buen factor disuasorio; 2) Miedo a las sanciones legales, aunque no siempre funciona porque hay situaciones en las que haciendo un cálculo utilitarista puede resultar ‘más barato’ pagar una multa o sanción; 3) Miedo a la “mala imagen”. Esta razón cobra mucha fuerza en un mundo globalizado en el que la imagen y la reputación puede verse dañadas fácilmente; 4) Conciencia de alteridad. La conciencia de la existencia de un otro y de los efectos que sobre esa persona o grupo pueden tener nuestras acciones nos harán comportarnos de una manera u otra. Recordemos la conocida regla de oro: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan” o “Haz a los demás lo que quieras que te hagan”; 5) Conciencia de solidaridad, que es la respuesta a otros anónimos, a la sociedad, a la humanidad en su conjunto, presente y futura.

Tanto en el ámbito personal como en el profesional constantemente nos enfrentamos a dilemas éticos, situaciones en las que nos preguntamos qué deberíamos hacer, qué es lo correcto. Y cuando nos surge la pregunta y queremos actuar bien es imposible el automatismo. Tenemos que valorar la situación y todo lo que la rodea. Gellerman (1986) se pregunta ¿por qué se da una suerte de esquizofrenia ética? ¿Por qué personas que en su ámbito personal son consideradas buenas en el ámbito profesional realizan acciones que no son éticas? Su respuesta es que detrás dicha actuación hay una o varias de las siguientes racionalizaciones: 1) La acción está dentro de los límites éticos y legales; 2) Redunda en beneficio del individuo o la organización; 3) Nunca se descubrirá; 4) La organización perdonará, e incluso “dará la cara”. Gellerman (1986) concluye apelando al principio de prudencia: “En caso de duda no lo hagas”.

A esa misma conclusión llegan Blanchard y Peale (1989), en un libro cuya lectura recomiendo, con su chequeo ético. Ante una situación en la que surge la pregunta sobre qué es lo correcto invitan a hacerse, de forma secuencial, tres preguntas: 1) ¿Es legal? Si lo que voy a hacer no es legal tiene muchas probabilidades de no ser ético (lo que no quiera decir que todo lo legal sea ético, eso da para otra entrada); si es legal, pasamos a la siguiente. 2) ¿Es equilibrado (pensando tanto en el corto como el largo plazo)? ¿Se da un reparto equilibrado de costes y beneficios? ¿Atenta de forma severa contra alguna persona o grupo de interés? Si vemos que es una acción equilibrada pasamos a la última. 3) ¿Cómo me sentiré? Esta pregunta apela a la conciencia. ¿Me importaría que se enteraran mi familia, mis amigos, etc.? ¿Qué ocurriría si lo que he hecho fuera conocido públicamente? Si nuestra decisión pasa también esta tercera pregunta, en principio, no tendría que haber problemas. No obstante, en caso de duda… mejor no hacerlo.

Recientemente he visto una película basada en hecho reales, Milagro a Medianoche, que narra cómo los daneses salvaron a un gran número de personas judías de ser deportadas a los campos de concentración nazi. Una misión tan heroica como peligrosa.

Son impactantes los mensajes de las últimas escenas. En una de ellas un integrante del partido nazi en Dinamarca­­­­­­, que es quien avisa de que van a detener a los judíos, dice: “Es fácil perseguir rostros anónimos, pero estas personas no son anónimas para mí… Mi deber era capturarlos, pero un hombre vive consigo mismo durante mucho tiempo. Y si está en su mano hacer algo para mitigar el dolor en este mundo debe hacerlo”. Y el mensaje final: “En unas pocas semanas más de 7.000 judíos fueron escondidos y llevados a Suecia. Solo 464 fueron capturados. La mayoría sobrevivieron. Cuando volvieron a Dinamarca, los que habían huido encontraron que sus hogares y negocios habían sido cuidados por buenos amigos y vecinos. Atendieron a sus mascotas. Cuidaron sus jardines. En cada idioma y religión ser humano es amar a tu prójimo. Se dice que los daneses demostraron gran valor en aquella ocasión. Pero creo que todos sentimos que lo que hicimos era lo normal. En unos años en los que el mundo estaba sumido en la locura, nosotros nos libramos de ella”.

La fotógrafa Judy Glickman Lauder, que refleja estos hechos en su libro Más allá de las sombras, señala: “El estudioso del Holocausto Raul Hilberg observó que la vida bajo el régimen nazi redujo a todos a una de tres categorías: perpetrador, víctima o espectador (…) Pero hubo excepciones a la regla de Hilberg: excepciones pequeñas pero importantes de personas y comunidades que no fueron ni perpetradores ni víctimas, y que se negaron a ser  espectadores” (véase el artículo de Fiona Macdonald). Da esperanza ver que hay personas que son capaces de superar el miedo y otras barreras y hacer lo correcto. La solidaridad es una fuerza muy potente que transforma a las personas y hace del mundo un lugar mejor.

 

Bibliografía

 

martes, 4 de mayo de 2021

El peligro del poder

 


Situación: Martes, 4 de mayo, sobre las 20:15. Autobús línea 75 con unas 30 personas dentro. Se acerca a la parada de Pedro Martínez Artola 2, junto a la Comisaría de la Ertzaintza de Zabalburu precedido por una furgoneta de este cuerpo.  Frente a la comisaría hay varios coches patrulla aparcados y la furgoneta maniobra a su derecha, invadiendo la parada e iniciando una maniobra de aparcamiento marcha atrás. El autobús tiene que frenar bruscamente al no poder librar ni la furgoneta, ni el coche patrulla aparcado a su derecha. Un ertzaina se acerca al conductor y le dice que rebase a la furgoneta para poder aparcar. El conductor, en un tono amable, le dice que no puede hacerlo porque puede golpear a uno de los coches patrulla o a la furgoneta. El espacio es muy justo para el autobús, a la derecha tiene los coches patrulla y a la izquierda el murito de la entrada al parking. El agente empieza a subir el tono y a imponer su autoridad con unas formas inapropiadas. Tres agentes más salen de la furgoneta y uno de ellos ordena al conductor del autobús que abra la puerta y le increpa repitiendo las instrucciones del primer agente. El conductor se contiene e insiste en que es más fácil que la furgoneta suba un poco más arriba (también podría haberse metido en la entrada del parking y luego continuar la maniobra). El conductor, impotente, acaba haciendo lo que el agente le dice y consigue pasar. El pasaje está alterado, las personas en la parada también son testigos de la situación. El conductor antes de abrir la puerta en la parada pide en voz alta al pasaje si alguien le puede dejar sus datos. Me apresuro a darle los míos y los de mi marido y otra persona deja también los suyos. De pie, vuelve a preguntar si alguien más le da los datos y nadie responde.

Escribo estas líneas movida por la indignación y la solidaridad. Indignación por varias razones. En primer lugar, porque ha sido una situación clara de mal uso del poder. El hecho de llevar uniforme no legitima para hacer cualquier cosa. Pertenecer a un cuerpo de policía da mucho poder y parafraseando a Spiderman: “Todo poder conlleva una gran responsabilidad”. El Código Deontológico de la Policía del País Vasco (Ley 4/1992, de 17 de julio, de Policía del País Vasco) señala que “El servicio público de policía se ejercerá con absoluto respeto a la Constitución, al Estatuto de Autonomía y al resto del ordenamiento jurídico, y al mismo incumbe cumplir los deberes que le impone la Ley, sirviendo a la comunidad y protegiendo a todas las personas contra actos ilegales que impidan el libre ejercicio de sus derechos y libertades (…)  Los miembros de la Policía del País Vasco actuarán con absoluta neutralidad política e imparcialidad, y evitarán cualquier práctica abusiva o arbitraria”. En esta actuación he visto poco servicio y mucha arbitrariedad. En segundo lugar, porque he percibido también cierto corporativismo (RAE: En un grupo o sector profesional, actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y los intereses de sus miembros). El resto de agentes presentes lejos de mediar y ayudar a solucionar la situación han apoyado a su compañero. Una mala actuación profesional va en demérito de la profesión que se ejerce y puede dañar la imagen pública y la confianza de la ciudadanía. En tercer lugar, por la falta de compromiso e implicación de las personas presentes. Quienes abusan de su poder se alimentan del miedo y del silencio cómplice de muchas personas. Martin Luther King decía: "No me preocupa tanto la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena".

En esta situación en mí ha podido más la solidaridad con la persona víctima de la situación, en clara inferioridad de poder. Podía sentir la rabia contenida del conductor ante la injusta situación. Su impotencia, su búsqueda casi infructuosa de apoyo, su decepción ante el silencio… ¿Quién nos asegura que un día no vamos a ser las víctimas en una situación así? Siempre es bueno recordar la regla de oro: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan” / “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”.



jueves, 29 de abril de 2021

La despedida de nuestros mayores

 


En la entrada anterior escribía: “A día de hoy mi ama sigue en la UCI y todavía queda mucha incertidumbre. La montaña rusa emocional parece que va a durar un tiempo” (Echaniz, 2021). Lamentablemente cinco días después, el 17 de abril a las 4.50, recibí la temida llamada del hospital. Mi ama había fallecido. El día anterior tenía programada una traqueotomía que no le pudieron hacer porque su estado había empeorado mucho. El parte de ese día fue: “Han empezado a fallar los órganos… Venid mañana a las 18.00 para despediros por si acaso”. Eso ya nos hacía vislumbrar el posible desenlace. Por desgracia la despedida no tuvo lugar, o al menos no como nos hubiera gustado a mis hermanas y a mí. En las tres semanas que estuvo en la UCI solo pudimos verla en dos ocasiones, una mi hijo mayor y otra yo, día y medio antes de su muerte. Una de mis hermanas, debido a los cierres perimetrales, no había venido a Bilbao desde hacía ocho meses. La pandemia ha cambiado la vida de todas las personas y en mi familia no se nos va a olvidar. 

En este momento siento que he cambiado de etapa en la vida, he pasado a primera fila. Ya no me quedan ninguno de mis mayores, soy huérfana, ya no hay nadie por delante. Me siento una persona muy afortunada porque he contado con dos padres y dos madres, los que me dieron la vida y con quienes me crie y conviví hasta que me casé (ellos eran mis padrinos y por edad podían haber sido mis abuelos). Perdí a mi padrino en 1996, a mi madrina en 1999 y a mi padre en 2007. En cierta medida la experiencia de la muerte es acumulativa, cada pérdida revive las anteriores y deja un vacío con el que hay que aprender a convivir y que te hace “resetear” el camino que te queda por recorrer. Nunca es un buen momento para perder a alguien querido ni estamos preparados para ello, aunque una enfermedad o el paso del tiempo nos lo vaya anunciando. Además, da igual la edad que tengamos. Toda pérdida nos cambia la vida, y algunas lo hacen más que otras.

Me quedo con las palabras de un gran experto en duelo, David Kessler: “Esa profundidad de amor, esa profundidad de cuidado, es eterna. Nunca podemos reemplazar a nuestros padres, pero podemos fortalecer nuestras conexiones familiares a medida que encontramos un significado nuevo y más profundo en nuestras relaciones existentes. Comenzamos a vivir de nuevo, pero no podemos hacerlo hasta que no le hayamos dado tiempo al duelo” (Kessler, s.f.). Afortunadamente, la fe y el trabajo personal de muchos años ayudan en este proceso de duelo que no ha hecho más que comenzar y que cada miembro de la familia vamos a vivir de una forma única y personal.

Con varias personas he comentado dos grandes aprendizajes que he tenido en este tiempo. En primer lugar, nunca sabes cuándo es la última vez que vas a ver o a hablar con una persona. Por eso es tan importante cuidar nuestras palabras y nuestros mensajes, especialmente con las personas que son más relevantes en nuestra vida. A mis hijos siempre les doy un beso antes de salir de casa. Da igual si están dormidos. Quiero que tengan la certeza de que si un día no regreso lo último fue un beso y un “Que tengas un buen día, cariño”. En segundo lugar, tampoco sabemos el efecto que nuestras palabras pueden tener sobre otra persona, igual les cambia el día o incluso la vida. En estas semanas he recibido innumerables muestras de cariño. ¡Qué gran efecto pueden tener las palabras de apoyo y cercanía que se transmiten! 

Facundo Cabral, lo expresa de una forma muy bella en la canción Este es un nuevo día (merece la pena escucharla) cuyo estribillo reproduzco y en la que recita: “La vida es aquí y ahora mismo… Andá ahora [a pedir perdón o solucionar un conflicto]… Nadie sabe cuándo es mañana…”.

Este es un nuevo día
para empezar de nuevo
para buscar al ángel
que me crece los sueños.

Para cantar
para reír
para volver
a ser feliz.

A modo de homenaje quiero terminar con las palabras que mi hijo mayor dedicó a su amama en la misa funeral y que fuimos construyendo entre risas y llanto:

Cuando éramos pequeños, aitite José Miguel y amama iban a buscarnos al colegio, nos llevaban la merienda y estaban con nosotros en la plaza o en casa hasta que venían aita o ama. Cuando íbamos a su casa nos ponían películas de Disney... Son muchas las cosas que puedo decir de amama Maite. Estas son algunas…

Era muy alegre y tenía una sonrisa pícara. Hacía lo que le daba la gana y oía lo que quería. Siempre estaba muy dispuesta a ayudar, aunque los últimos tiempos su salud no era muy buena y las muletas, que se habían convertido en una seña de identidad, no ayudaban.

La recuerdo canturreando las canciones del coro a todas horas. Cuando estaba en nuestra casa monopolizaba la tele y nos hacía ver las noticias, sobre todo el tiempo. A veces de pequeños nos ponía programas de fantasmas y hechos extraños que daban miedo. También tenía un poco de mala leche y era algo cabezota y picona. No le gustaba perder a nada (en eso dicen que se parecía a su ama, Plácida). Cuando le hacíamos rabiar nos amenazaba con la muleta y nos reíamos. 

Le gustaba relatarnos historias de sus hermanos y hermanas, que en total fueron 15. Como cuando sus hermanas le dieron para comer literalmente “gato por liebre”; o cuando casi les detienen por hablar en euskera en el tren. También nos contaba cosas de cuando éramos pequeños. Como cuando yo apenas sabía hablar y exclamé en alto: “Joder, joder… ¡Cómo llueve!”. O cuando en la plaza Indautxu entró con Ander en una cafetería y dijo: “Para mi amama un café con leche y para mí un mostito”. Siempre estaba preocupada por nosotros… Le tomábamos el pelo por sus llamadas para darnos el parte meteorológico, especialmente los avisos de galerna cuando estábamos en Hendaia.  Cariñosamente le llamábamos la Dra.Queen porque tenía ‘opinión médica’ para todo. Desde hace un tiempo solo hablábamos en euskera porque se había apuntado al Euskaltegi para aprender Batua ya que ella solo sabía Bizkaiera. Y a veces le ayudaba con los deberes.

Nos mimaba mucho, igual demasiado. Era detallista, generosa y hospitalaria. Cuando íbamos a su casa era como ir a un restaurante, cada uno tenía lo que más le gustaba (champiñones, callos, caracoles, croquetas, entrecot, etc.). Era muy cariñosa. En pocas palabras era muy buena gente, una gran persona.

Gracias amama por lo que nos has querido y nos has cuidado a cada uno. Nosotros, los primos, ama, las izekos y quienes te han conocido te vamos a echar de menos pero siempre estarás con nosotros.

El Señor la bendiga y la guarde, vuelva a ella su rostro y le conceda la paz. Así será.

Bibliografía

Echaniz, Arantza (2021, 12 de abril). Los colores son más vívidos. Recuperado de: http://echanizbarrondo.blogspot.com/2021/04/los-colores-son-mas-vividos.html

Kessler, David (s.f.). Cuando un Progenitor Muere: Lidiando con la Pérdida de su Madre o Padre. Recuperado de: https://www.dignitymemorial.com/es-es/support-friends-and-family/grief-library/when-a-parent-dies-dealing-with-the-loss-of-your-mother-or-father

 


lunes, 12 de abril de 2021

Los colores son más vívidos

 


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 12.04.2021]

Es domingo de Pascua… por la mañana salgo a dar un paseíto y los colores me parecen más vívidos que nunca. Y tiene una explicación…

Hacía unas horas había recibido el alta de la Covid-19. Todo empezó de la manera más insospechada. A mi ama le operaron de la mano el día 17 de marzo. El 19 empezó con síntomas: fiebre y algo de tos. Pensamos que se había resfriado en la operación. En alguna otra operación le había pasado. Vino a mi casa el día 21 y el 23 dio positivo. Yo di positivo el 24. Mi hijo dio negativo en la primera y positivo en la segunda, el día 1 de abril.  A punto de cumplir 21 años se ha pasado todas las vacaciones en casa. A mi marido, que está en su casa con su hija, le sucedió lo mismo que a mi hijo. Afortunadamente su hija dio negativo en las cuatro pruebas que le hicieron. Mi ama ingresó en el hospital el día 26. Está en la UCI y va poco a poco. Mi hermana, que estuvo con mi ama hasta que vino a mi casa, también dio positivo. Y eso que 18 días antes le habían puesto la vacuna. Mi marido ingresó en el hospital el 7 de abril... ¿Quién nos iba a decir que nos iba a tocar de cerca?

Las emociones se han ido sucediendo y me han ido llevando de un lugar para otro.  Voy a mencionar algunas, aunque no estén en orden y hayan estado yendo y viniendo… Cuando te hacen la prueba a ti y a las personas cercanas sientes cierta expectación y desasosiego. No quieres haber sido origen de contagios. Había algo dentro que me decía que la tos que yo tenía era un síntoma claro. Con la llamada del resultado positivo te ‘golpea’ toda la información que has ido escuchando en todo este tiempo y aparece el desánimo. Cuando mi ama estaba en mi casa y no podía hacer nada, no quería comer y cada vez estaba más apagada sentía una gran frustración e impotencia. Y también algo de culpa: ¿podría haber hecho más? Reconozco que cuando se la llevaron en la ambulancia dos sanitarios vestidos de astronautas sentí cierto alivio porque le iban a atender mejor que yo. Y de nuevo asomaba la culpa por sentir ese alivio. A la vez me invadió un profundo temor y una gran tristeza. No se me borra la expresión de su cara que era de vulnerabilidad absoluta y de cierto desconcierto. En ese momento uno de los escenarios que tu mente te presenta es que igual no vuelve. No me caracterizo por el pesimismo, pero es incontestable que es un escenario posible. Durante los primeros días de mi madre en el hospital sentía permanentemente intranquilidad, agitación y enojo, sin entender muy bien por qué me sentía así. Todo volvió a repetirse cuando la ambulancia se llevó a mi marido. Afortunadamente, solo fueron cuatro días y la mejoría fue clara. Poco a poco fui aprendiendo a controlar la impaciencia que surgía según se iba acercando la hora de la llamada del hospital, que no siempre era a la misma hora (una horquilla de dos horas es mucho esperar). Indudablemente un ratito diario de meditación por la mañana sirvió de gran ayuda. La ilusión aparecía con cada mínimo avance que se daba “dentro de la gravedad”. Los días pasaban sin mucha novedad y con un cansancio permanente y el hastío y la resignación te acompañaban. A mí me dieron el alta y salí a la calle el día de la final de copa entre la Real y el Athletic. Al salir a la calle y ver el ambiente sentí enfado, rabia, pesar y desconfianza… ¿No hemos aprendido nada? Cada vez hay menos personas que pueden decir que no han vivido de cerca la enfermedad y, a pesar de todo, las muestras de falta de solidaridad y de sensibilidad son patentes… A día de hoy mi ama sigue en la UCI y todavía queda mucha incertidumbre. La montaña rusa emocional parece que va a durar un tiempo.

Si tengo que destacar una emoción que me ha acompañado todo este tiempo, es el agradecimiento. Me siento agradecida a la vida, a mis amigas y amigos, a los profesionales de la medicina y a mi familia. Cada llamada, cada mensaje, cada ofrecimiento, cada palabra de ánimo y consuelo, cada parte médico, cada muestra de cariño, cercanía y preocupación me han ayudado a mantener el optimismo dentro de la incertidumbre, aunque no puedo negar que la soledad también ha hecho acto de presencia en algún momento. Me siento muy afortunada por tener un entorno tan bondadoso y afectuoso. No se puede expresar con palabras lo que sientes cuando te traen a la puerta de tu casa comida preparada o cuando te llaman para dar un paseo al recibir el alta. Quizá lo que más se acerque es sobrecogimiento.

Me gustaría terminar con unas palabras de Jorge Bucay sobre el valor de la vida, que son muy pertinentes en el momento que estamos viviendo: “En tiempos como este, donde esta pandemia cruel amenaza la vida de todos y la vida de algunos más que la de otros, bueno sería tener presente que no hay valor más supremo; ni la economía, ni el progreso personal, ni los intereses de posesión de cada uno, ni la codicia de un grupo determinado sobre otro. Nada puede estar por encima del valor de la vida misma; no sólo la de unos pocos, sino la de todos. Sigue siendo cierto que la única manera de preservar la propia vida es preservar la vida de todos porque solamente así podremos superar esta situación”



domingo, 28 de marzo de 2021

¿Y si?

 

El pasado 23 de marzo participé en GazteUp 2021, Jornada de Empleo y Juventud, organizada por El Correo y Deusto Alumni con una charla que lleva por título el de esta entrada, y que voy a resumir aquí. Mi punto de partida era invertir un mensaje que nuestros y nuestras jóvenes suelen recibir habitualmente: “tienes que estudiar algo que tenga salidas”. Lo importante es pararse, mirar hacia dentro y escucharse. 

Hay una pregunta que suelo hacer a mi alumnado de primero el primer día de clase de la asignatura: ¿Qué harías si el dinero no importara? La respuesta más frecuente, hay que tener en cuenta que es alumnado del Grado de Turismo, es viajar. Hay un vídeo muy sugerente con una locución de Alan Watts, filósofo británico conocido por popularizar y ‘traducir’ las filosofías orientales a nuestro contexto, en el que explica cómo suele lanzar esa pregunta. En el vídeo hay un mensaje que me parece muy importante: “Si dices que ganar dinero es lo más importante pasarás tu vida malgastando tu tiempo. Estarás haciendo cosas que no te gustan para seguir con una vida que consiste en hacer cosas que no te gustan. Lo que es estúpido. Es mejor tener una vida corta llena de cosas que te gusta hacer que una larga vida vivida de forma miserable. Si haces lo que realmente te gusta, no importa lo que sea, quizá puedas llegar a ser un maestro en eso”.

Por esta razón es de vital importancia hacerse preguntas. No se trata tanto de cuáles son las respuestas, que pueden variar, sino de hacerse las preguntas adecuadas, lo que tiene mucho de arte. Además, las respuestas siempre son personales. Las que se dan otras personas nos pueden inspirar, pero debemos encontrar las nuestras. Hay dos preguntas que a menudo solemos confundir: ¿Por qué? y ¿Para qué? Por qué nos remite a las razones, los argumentos. El ser humano es capaz de justificar casi cualquier cosa. Cuando tomamos una decisión o realizamos una acción siempre podremos encontrar alguna razón para hacerlo. Sin embargo, para qué nos conecta con el sentido, la finalidad profunda, y esa es la pregunta importante. Una lectura muy recomendable es El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl.

El 15 enero 2009 un Airbus A320 amerizó en el río Hudson. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, incluso hay una película sobre el hecho (Sully). Ric Elias iba en la primera fila de ese vuelo y en una charla TED cuenta 3 cosas que aprendí mientras mi avión se estrellaba. La primera de ellas es que “Todo cambia en un instante”. Este es un hecho del que muchas veces no somos conscientes hasta que nos azota la enfermedad, la muerte o una catástrofe. No tenemos más que ver cómo cambió nuestra vida el 14 de marzo de 2020 cuando se decretó el estado de alarma en España. La segunda: “Hay que eliminar la energía negativa de la vida y elegir ser feliz”. En ese momento en el que todo cambia solemos caer en la cuenta de la cantidad de lastre que arrastramos en nuestra vida: actividades y personas que no aportan e incluso que restan. Día a día hay que elegir ser felices (a veces nos empeñamos en lo contrario). Y la tercera: “Mi principal objetivo en la vida es ser un gran padre”. Este era el sentido de Rick Elias. Cada uno tiene que encontrar su sentido. Y nunca es tarde para hacerlo. Las prioridades se pueden cambiar. Es cuestión de conectar con nuestro Para qué. 


Hace unos años Mihály Csíkszentmihályi, una de las figuras relevantes de la psicología positiva, escribió Fluir (Flow): Una psicología de la felicidad (ver resumen aquí). “Flow o flujo es el estado mental en que la gente está tan absorta en la actividad que está haciendo que olvida todo lo demás. La experiencia en sí misma es tan gratificante que, aunque cueste un gran esfuerzo completarla, la haremos sin cuestionarlo”. Estamos en Flow cuando estamos tan absortos con la actividad que no queremos parar, que se nos va la noción del tiempo. Sabemos que estamos realizando un trabajo que nos llena y nos aporta cuando sentimos ese Flow, cuando no estamos pendientes de cumplir el horario. De no ser así, el trabajo puede acabar siendo como una pesada losa que llevamos a rastras. No es lo mismo que tu trabajo te eleve o que te hunda. 



Hay un concepto japonés que es muy sugerente, Ikigai. Es tu razón de ser, lo que hace que tenga sentido levantarse cada mañana. Se da en ese punto en el que confluyen lo que amas, en lo que eres bueno, lo que necesita el mundo y por lo que te pueden pagar. Yo tengo la suerte de haber encontrado mi Ikigai. Cada mañana me repito a mí misma lo grande que es mi misión como docente, contribuyo a la formación integral de hombres y mujeres que en breve ejercerán su profesión.

En todo este proceso es muy importante desarrollar nuestra inteligencia emocional que supone identificar (ser capaces de poner nombre, etiqueta), comprender (entender cómo funcionan las emociones, qué efectos tienen), usar (adoptar el estado de ánimo adecuado) y regular (o gestionar; durante mucho tiempo la llamada ha sido a reprimir las emociones, pero eso es una mala gestión de las mismas; se trata de interpretar y utilizar la información que nos dan) tanto en uno mismo como en los demás. De las cuatro habilidades la más difícil es la de regular. Aunque en la medida que se identifica y se comprende, eso ayuda a regular.

En el ámbito de la gestión y la dirección se suele distinguir entre hardskills (habilidades, conocimientos y cualificaciones aprendidas y certificables) y softskills (rasgos de personalidad, habilidades personales e interpersonales). En un interesante artículo Josh Bersin señala que tenemos que dejar de hablar de softskills (habilidades blandas) porque esas son las powerskills (las habilidades que dan poder). Optimismo, curiosidad, tenacidad, flexibilidad, integridad, generosidad, alegría, amabilidad, etc. son habilidades complejas, que lleva tiempo desarrollar y son las que marcan la diferencia en el ámbito laboral. 

A lo largo de esta entrada nos han acompañado unos dibujos. En este vemos la persona detrás de ellos, Miryam Artola. Ella se define como “Visual Practitioner& Facilitadora Visual”. Es la fundadora y CEO de Muxote Potolo Bat SL, que cada día regala un dibumensaje en las redes sociales. Miryam es un buen exponente de lo que supone hacer de tu vocación tu profesión. Hace unos años dejó su trabajo en una ONG para llevar adelante su Ikigai. Como ella dice en su página web: “A base de rotulador, mucha, mucha Vida y una amplia paleta de colores nació Muxote. Las dos somos yo y yo somos las dos… con alguna trampa, y algún trocito de cartón”.

Para terminar, me gustaría lanzar una invitación, otra pregunta, para mí misma y para los demás ¿Y si trabajas todos los días… para transformar el mundo? Y todo ello empezando por transformarte a ti mismo, a ti misma. 







lunes, 8 de marzo de 2021

8-M: Sobre las distopías

 


[He publicado esta entrada en el Blog del Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto el 08.03.2021]

Hace ya un tiempo una amiga me habló sobre una serie basada en una novela distópica y recientemente me he animado a verla. Al buscar la palabra distopía en la Real Academia de la Lengua aparece: “Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”. El cuento de la criada me está resultando tan inquietante como interesante. Despierta en mi rechazo, desagrado, incomodidad, indignación, curiosidad y otras muchas emociones entre las que destaca el desasosiego… ¿Podría llegar a ser algo más que una representación ficticia?

Se narra la vida en la República de Gilead, anteriormente Estados Unidos, que está bajo un gobierno totalitario de inspiración religiosa. Es una sociedad muy clasista y en la que apenas hay niños y niñas. Los estratos están muy diferenciados en sus funciones y normas y tienen un código de vestimenta: Están las criadas, mujeres fértiles que se asignan a las familias de clase alta para que los comandantes, altos cargos del gobierno, las fecunden bajo la connivencia de las esposas; las marthas son las que se ocupan de las tareas domésticas; las tías son quienes adoctrinan a las criadas y se encargan de supervisarlas; los ojos, hombres que espían por encargo del gobierno; los cazadores; las Jezabel, prostitutas que atienden a las élites en locales clandestinos. Las criadas pierden su nombre y adoptan el de su comandante (Defred, Dewarren, etc.); el nombre cambia cuando cambian de casa. El orden se mantiene por medio de la fuerza y el miedo. Las calles están militarizadas y contravenir las normas se castiga físicamente, incluso con la muerte. Las personas que se oponen al régimen son colgadas públicamente.

En la serie se pone de manifiesto claramente algo que ya sabía, la fragilidad de los derechos humanos y más los de las mujeres y otros grupos históricamente excluidos y discriminados. Soy consciente de que, a pesar de ser mujer, hablo desde el privilegio: blanca, europea, doctora en empresariales, profesora universitaria, propietaria, independiente económicamente, con una red relaciones y contactos importante, etc. Y desde ahí, voy a compartir algunas de las llamadas e impactos que he recibido al ver la serie.

Hay una imagen que es de una extrema dureza y que me remueve completamente. Los días del mes en los que las criadas son fértiles se produce a diario la “ceremonia”. Se reúnen todas las personas de la casa; el comandante saca una Biblia y lee el siguiente fragmento:

Al ver que no podía dar hijos a Jacob, Raquel tuvo envidia de su hermana, y dijo a su marido: «Dame hijos, porque si no, me muero».

Pero Jacob, indignado, le respondió: «¿Acaso yo puedo hacer las veces de Dios, que te impide ser madre?».

Ella añadió: «Aquí tienes a mi esclava Bilhá. Únete a ella, y que dé a luz sobre mis rodillas. Por medio de ella, también yo voy a tener hijos». Génesis 30: 1-3.

A continuación, el comandante, la esposa y la criada se dirigen al dormitorio. La esposa se sienta en la cama. La criada se tumba en la cama con los pies apoyados en el suelo y la cabeza en el regazo de la esposa, quien le sujeta las manos. El comandante de pie procede a intentar fecundar a la criada, lo que no deja de ser una violación ritualizada. El ambiente, la tensión, las emociones reprimidas no dejan indiferente. Más si se tienen presentes los datos sobre la violencia contra mujeres y niñas (véase ONUMujeres).

En la serie se van sucediendo escenas del presente y del pasado. Defred, la protagonista, que es la criada de los Waterford, en un momento alude a la fábula de La rana y el agua hirviendo para señalar que la sociedad no vio venir los cambios que se avecinaban. Tampoco la señora Waterford que ayudó a su marido a redactar las nuevas leyes de Gilead y se ve relegada a esposa sin posibilidad de hacer escuchar su voz y esperando a que “se obre el milagro” y su criada le dé descendencia. Su frustración y desesperación la descarga con crueldad en Defred. Una sociedad no puede presenciar impasible el recorte de derechos y libertades porque puede suceder que todo lo conquistado con el esfuerzo, la lucha e incluso la vida de muchas personas se desplome y tenga una difícil y dolorosa vuelta atrás.

Hay varias preguntas que me han ido surgiendo ¿Cabe ser feliz en una sociedad totalitaria? ¿Se puede disfrutar viendo la desigualdad arbitraria y el miedo institucionalizado que conduce irremediablemente a la corrupción? Probablemente habrá personas que confundan privilegios con méritos (invito a leer esta entrevista a Michael Sandel sobre la meritocracia) y quien permanezca impasible ante el sufrimiento otro ser humano, o puede que ni siquiera reconozca a ese otro como un ser con dignidad. No obstante, me niego a creer que sea posible doblegar por completo la voluntad de todo ser humano. Mientras quede un atisbo de consciencia de la dignidad, mientras no nos dejemos adormecer por la indolencia o la resignación hay esperanza de rebelión y cambio.

No quiero acabar sin hacer una alusión al tema elegido por OnuMujeres para el Día Internacional de la Mujer 2021: “Mujeres líderes: Por un futuro igualitario en el mundo de la Covid-19”. Nos encontramos en un momento histórico en el que muchas seguridades se han visto tambaleadas y se “ha puesto de relieve tanto la importancia fundamental de las contribuciones de las mujeres como las cargas desproporcionadas que soportan”. Ojalá sepamos estar a la altura de la historia como humanidad y seamos capaces de crear unas condiciones que hagan imposible que una distopía como la comentada se haga realidad y hagamos del mundo un lugar mejor para todas las personas.


jueves, 11 de febrero de 2021

Tres buenas brújulas morales: Vergüenza, culpa y orgullo

 


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 11.02.2021]

En esta entrada trataré sobre las emociones autoconscientes: la vergüenza, la culpa y el orgullo, a partir de Etxebarria Bilbao (2020). En una entrada anterior, Empatía y moralidad, tomé como base el mismo libro. Las emociones autoconscientes son una brújula interna importante para el control de la conducta por parte del yo; hacen menos necesario el control externo. De las tres, el orgullo es la menos estudiada.

En inglés, los conceptos de shame y guilt no se corresponden exactamente con nuestra vergüenza y culpa, respectivamente. En la siguiente tabla 1 podemos ver las diferencias entre una y otra en nuestro contexto cultural. Shame no incluye las versiones más livianas de vergüenza, que estarían más cerca de embarrassment (que traducimos como vergüenza, pero también como corte, apuro o bochorno; y se suele producir en presencia de otras personas).

Tabla 1: Diferencias entre vergüenza y culpa

Vergüenza

Culpa

Pública (requiere observadores externos)

Privada (desaprobación propia)

Fallos no morales (es vs. desearía ser)

Fallos morales (es vs. debería ser)

Fallos incontrolables

Fallos controlables

Deseo de huir

Deseo de reparar

Foco: Yo en su conjunto

Foco: Acción concreta

Fuente: Adaptado de Etxebarria Bilbao (2020: 85)

 

La vergüenza provoca el ‘tierra trágame’, el deseo de no hacer actuado así o que, por lo menos, nadie lo hubiera visto. Suele conllevar rumia. Se manifiesta en encogimiento del cuerpo y rubor. Recuerdo las palabras de quien fuera compañero en la universidad, Iñaki Beti, en su escrito Breve elogio de la vergüenza: “Sin vergüenza, nuestros comportamientos y palabras muchas veces devienen en procaces, irrespetuosos, soberbios, mentirosos y engañosos”.

La culpa, que en el ámbito moral suele considerarse la emoción más importante, aparece cuando somos conscientes de que hemos hecho, o vamos a hacer, algo que está mal. Se habla de dos tipos de culpa: 1) intrapsíquica (intrapersonal) o ansioso-agresiva, asociada a actos, pensamientos o deseos que contravienen normas [esta tiene unos límites difusos con la vergüenza]; y 2) interpersonal o empática, aparece como reacción al dolor ajeno y relacionada con la conciencia de ser causante del mismo.

En las experiencias de culpa se dan: empatía, ansiedad, agresividad (dirigida hacia uno mismo o los demás), así como asco o miedo. Las reacciones de culpa son más habituales o intensas cuando los actos afectan a personas cercanas.

El orgullo tiene que ver con una autoevaluación positiva en distintos ámbitos: deportivo, profesional, etc. Se distinguen dos tipos de orgullo: auténtico, ligado a una situación concreta (yo-en-acción) y hubrístico, se generaliza a todas las situaciones (yo-como-actor). Es una emoción muy permeable a la opinión de los demás. En el ámbito moral tiene una función reguladora de la acción moral, pero es débil. Puede verse socavada por diversos factores.

Veamos en la tabla 2 los distintos efectos que tienen la vergüenza, la culpa y el orgullo.

Tabla 2: Efectos de la vergüenza, la culpa y el orgullo

Vergüenza

Culpa

Orgullo

Implica tendencia al escape, a la huida.

Motiva la reparación (a favor de la víctima o de otras personas).

 

Refuerza la conducta moral positiva.

Conlleva intentos de superación de los propios fallos.

Favorece la revisión crítica de la propia conducta.

Favorece la conducta a la que se asocia.

Favorece (de forma limitada) la prosocialidad y mejora las relaciones sociales.

Motiva la conducta prosocial, conlleva autocorrección moral (aunque, en ocasiones, puede dar lugar a mecanismos proyectivos).

Favorece la congruencia entre los valores y la conducta moral.

Función autoreguladora de las conductas sociales inapropiadas.

Inhibe las conductas a las que se asocia.

Favorece la identidad moral.

 

Puede conducir a conductas autopunitivas, para restaurar el equilibrio con la víctima (véase el Efecto Dobby, en alusión al personaje de Harry Potter).

En conjunto, culpa y orgullo son esenciales para dirigir y controlar el comportamiento en consonancia con los valores morales.

 

Favorece la conformidad con las demandas ajenas (no solo las de la víctima).

Fuente: Elaborado a partir de Etxebarria Bilbao (2020: cap.4)

 

Vistas estas emociones y los importantes efectos que tienen, cabe destacar el gran papel que tienen como brújulas morales. Seamos conscientes de ello y trabajemos para desarrollarlas.

 

Bibliografía


viernes, 22 de enero de 2021

El encuentro con el otro: la labor del tutor o tutora

 


El 21 de enero ha tenido lugar la Jornada del 25. Aniversario del SOU (Servicio de Orientación Universitaria) de la Universidad de Deusto. Afortunadamente he podido asistir de forma presencial. Ha sido un acto entrañable en el que al final del mismo ha recibido un merecido homenaje el impulsor del Servicio, Manuel Marroquín, SJ. Al comienzo del acto el homenajeado ha recordado cuál es el concepto de persona que está en el corazón del SOU: humanismo abierto a la trascendencia; siempre ha estado presente el ahondar en aquello que nos ayuda a ser personas más empáticas, más solidarias, más humanas… Y nos ha recordado las palabras del Padre Arrupe que abren esta entrada.

La ponencia central ha estado a cargo de Amaia Mauriz-Etxabe, directora del Instituto Bios, Psicoterapia Integrativa de Bilbao y antigua alumna de nuestra universidad. El título de la misma "La sorpresa del encuentro con el otro: desafíos y regalos" prometía un contenido muy interesante y oportuno para los tutores, tutoras y profesorado ahí congregado. Ha sido muy interesante e interpeladora. Voy a compartir aquí las principales ideas que me llevo.

Amaia ha comenzado con un reto, la propuesta de recuperar la mirada limpia y curiosa de un niño o niña que observa el mundo. En ese momento me ha venido a la mente una imagen con unas miradas muy familiares, inspiradoras y queridas para mí…


Amaia nos ha recordado que nuestra labor de tutoría es una relación de ayuda en una etapa peculiar de la vida de nuestros tutorandos y tutorandas. Un tiempo en el que construyen mucho de su vida y en el que ya cargan una mochila con algunos vacíos, pero también con algunas herramientas. Y nos ha lanzado otras preguntas: ¿Por qué estáis aquí? ¿Por quién? ¿La mirada de quién os ha acompañado para desarrollar este rol? Ha venturado, y en mi caso lo he visto clarísimo, que nos ha traído la implicación de alguien, un respeto genuino, una mirada que acompaña. Al momento me han venido algunos rostros, no muchos, porque, como ella ha dicho, “lo troncal es muy selectivo”.

Nos ha comentado algunas ideas de Manuel Marroquín, quien fue su profesor, expresadas en La relación de ayuda en R. Carkhuff. ¿Quién puede hacer counselling y psicoterapia? Personas que son antes humanas que psicoterapeutas; se trata de buscar dentro de mí para hacer un camino personal. Personas que tienen un compromiso básico con la persona a la que acompañan. Personas que entienden la dinámica de la personalidad del otro, que se implican en el cambio del otro. Y nos ha contado que viene de una cultura en la que cuando se respeta a alguien se mantienen las distancias, y eso a veces se traduce en silencio. Tenemos que ser conscientes de que podemos ser alguien que ha sembrado una semilla que ha marcado un camino, aunque nunca lo sepamos. El encuentro con el otro conlleva un encuentro con uno mismo.

Ha aludido también a la ética y la relación. La ética es una respuesta a los espacios vacíos. La relación confronta nuestros valores: ¿quién soy? ¿cuál es mi identidad? ¿y la del otro? El encuentro con el otro es un acto de entrega, de intimidad, un acto generoso… En el encuentro con otra persona me hago una idea de quién soy, en qué momento estoy (con el otro y conmigo); exige un interés genuino, más allá de prejuicios e interpretaciones, y una aceptación incondicional. Esa aceptación incondicional es lo que hace que se construya la implicación, que ayuda a crear puentes entre dos personas diferentes, con historias y marcos de referencia distintos. Esto me recuerda que tengo que seguir entendiendo (escucha abierta, activa, plena) sin prejuicios ni conclusiones previas, lo que permite que la persona siga contando… Amaia ha comentado que en un correo que había recibido de Erskine le recordaba que el lenguaje patológico resulta opresivo, incluso violento. Que para que se dé conexión en una relación hay que aproximarse con la mente abierta y que siempre hay que tener claro un principio: no sé nada de la experiencia interna de la otra persona, por lo que tengo que preguntar, escuchar e indagar.

Y ha puesto un símil muy sugerente, que nos puede inspirar en la labor de tutoría. Cuando un niño se cae, va donde su madre y esta, aunque no sea real, le pone una tirita que hace que su dolor se mitigue. Como tutores y tutoras debemos recordar este acrónimo RERA:

Reparación

Estabilización (tranquilizar)

Reorganización psicológica

Animar a crecer y desarrollarse (una mirada incondicional repetida en el tiempo acompaña hacia adentro y estimula a dar un paso adelante).

¿Cómo podemos desarrollar todo lo comentado? Teniendo en cuenta y dando respuesta a las necesidades relacionales. Una necesidad es algo irrenunciable, y es diferente a un deseo. Cuando una necesidad no se satisface tiene un reflejo negativo en la salud de la persona. Erskine y sus colaboradores, a través de una investigación cualitativa desarrollada a lo largo de los años, han identificado 8 necesidades relacionales que se repiten:

  1. Necesidad de seguridad, de sentirse visceralmente a salvo; de sentirse aceptado/a como uno/a es, sin crítica, humillación o ser ignorado/a. Es la base para que la relación crezca.
  2. Necesidad de valoración y validación; ser valorado/a; escuchado/a; atendido/a, tomado/a en serio. Quien lo recibe aprende que a alguien le importa lo que dice, piensa o siente.
  3. Necesidad de aceptación por parte de una persona más fuerte, más sabia, en quien se pueda apoyar. Es necesario tener a una persona que sea un referente, alguien a quien si llamo tengo la seguridad de que va a estar ahí, alguien que va a ser mi columna vertebral, me va a ayudar en momentos de toma de decisiones, de conflictos. En los casos de burnout esta suele ser la necesidad no satisfecha.
  4. Necesidad de reciprocidad (mutualidad). Ser comprendido/a por alguien que ha pasado por una situación similar, que conoce la calidad y el tipo de experiencia. Hay momentos en los que sentimos que somos la única persona a la que le ha pasado algo así…
  5. Necesidad de autodefinición. Necesitamos expresar la propia singularidad, nuestra forma única de ser. A veces puede ser exagerado durante un tiempo, pero es la forma de construir nuestra identidad única. Cuando no se satisface el precio lo pagamos hacia adentro, no sé quién soy ni qué quiero.
  6. Necesidad de hacer impacto, de influir en otra persona de alguna manera y tener evidencia de ello, saber que somos significativos en la relación. Si no se satisface genera frustración, incomodidad, puede hacer que nos rindamos, etc.
  7. Necesidad de que la otra persona tome la iniciativa, es el modo de que la otra persona exprese que eres importante y anima a que tomes el riesgo de acercarte.
  8. Necesidad de expresar amor. En toda relación positiva se produce acercamiento, sensación de cariño y afecto. Poder expresarlo y que el otro lo reciba ayuda a no negar la intimidad y cercanía que se da en una relación de ayuda eficaz.

Ojalá seamos capaces como tutores y tutoras de co-crear (es un camino de ida y vuelta) relaciones positivas de ayuda… Todo un regalo y un desafío. Todo lo que he escuchado, una vez más, me ha confirmado la importancia del efecto Pigmalión y de la mirada apreciativa…