lunes, 6 de febrero de 2023

Sobre la resiliencia

 


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 06.02.2023]

No es la primera vez que escribo sobre la resiliencia, hace años lo hice a raíz de una conferencia de Luis Rojas Marcos (ver Echaniz, 2011). En esta ocasión la entrada está inspirada por las ideas que me llevo del curso “¿Podemos ayudar a que nuestros estudiantes mejoren su resiliencia?”, impartido por Elsa del Pozo García, para el Servicio de Orientación Universitaria de la Universidad de Deusto. He de reconocer que me llevó al curso el interés por acompañar bien a mi alumnado, pero también el obtener ideas y pautas que me sirvan a mí.

La resiliencia podría definirse como la capacidad para resistir y recuperarse ante circunstancias adversas, bien de carácter personal o social. Una imagen que se suele utilizar para explicar la resiliencia es la de un muelle que se estira pero, una vez que ha cesado la fuerza que tiraba de él, vuelve a su lugar. Hay que decir que también hay muelles que no vuelven a su forma original, y, no obstante, siguen funcionando.

La resiliencia se puede entrenar, es fruto del aprendizaje, lo que requiere constancia y fortaleza. Se puede entrenar a cualquier persona en esta habilidad, aunque algunas tienen un mejor punto de partida (bien sea por sus características personales, porque cuentan con una buena red, etc.). Es un factor protector para el bienestar, ayuda a salir antes del dolor y el malestar. Hay una escena en El Rey León en la que Rafiki va acompañando a Simba en su camino de resiliencia.

En los seres humanos hay dos fuerzas opuestas que son fundamentales para crecer y avanzar: la Physis (da vitalidad y energía) y la Homeostasis (da estructura: significado, continuidad, predictibilidad, etc.). "Sin homeostasis no tendríamos estructura y sin physis no tendríamos estímulo". El éxito está en equilibrar ambas [para profundizar ver Erskine, 2011]. Y para acompañar a otras personas necesitamos conocer mínimamente la historia de la otra persona, desde una mirada genuina, incondicional, sin juicio. Y esto exige tiempo y escucha.

Veamos los siete pilares de la resiliencia que los psicólogos Wolin, S.J. y Wolin, S. desarrollaron en 1993 (ver Medina, 2021):

  • La introspección, la capacidad de preguntarse y darse respuesta a qué me impacta, por qué y cómo respondo.
  • La independencia, la capacidad de poner distancia ente uno mismo y los ambientes en los que se desenvuelve, la habilidad para tomar distancia.
  • La capacidad para relacionarse, de crear lazos significativos con otras personas.
  • La capacidad de iniciativa, que tiene que ver con exigirse y ponerse a prueba, de ejercer control sobre las situaciones (o sobre nuestra reacción ante las mismas).
  • El sentido del humor, encontrar lo cómico en la tragedia.
  • La ideología personal, la moralidad, el comprometerse de acuerdo a valores morales, discernir sobre lo bueno y lo malo. Actuar como uno cree que debe hacer ayuda a sublimar el dolor.
  • La creatividad puede contribuir a crear orden, belleza y finalidad donde había caos.

Existe una herramienta, “Círculo de influencia, círculo de preocupación”, de la que hablaba Steve Covey en Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas (ver Apesteguia, 2017) que nos puede ayudar a desarrollar la resiliencia si aprendemos a centrarnos en aquello sobre lo que tengo algún tipo de influencia, que depende de mí (pensamientos, comportamientos, emociones y acciones), y dejo de preocuparme por aquello en lo que no tengo margen de actuación.

Para terminar, unos versos de una bonita canción de Diana Navarro, cuyo título, “Me amo y me acepto completamente”, sería bueno recitar a modo de mantra y grabárnoslo ‘a fuego’:

“Soy valiente por quererme, poco a poco soy más fuerte
En mis manos tengo el cambio, la tristeza ya es pasado
Tomo el mando estoy a salvo
Me amo y me acepto completamente”

Referencias



lunes, 23 de enero de 2023

Llegar bien a la meta: el proceso de morir

 


El pasado 18 de enero de 2023 asistí a la Master Class: “El proceso de morir, escuela de vida”, organizada por la Academia Ciencias Médicas de Bilbao y la Fundación Pía Aguirreche, que estuvo a cargo de Enric Benito Oliver, oncólogo especialista en cuidados paliativos. [Para ver la conferencia completa pinchar aquí]. Voy a compartir algunos de los aprendizajes que me llevo de la misma. Aunque pueda sonar un poco extraño, me apasiona el tema de la muerte y el acompañamiento a las personas en el proceso del final de la vida. Creo que es una “asignatura” que debería ser obligatoria y a la que nos deberíamos acercar desde la tierna infancia ya que la única certeza que tenemos es que algún día nos visitará la muerte, ya sea en primera o en tercera persona.

El Dr. Benito tiene una amplia experiencia clínica de acompañamiento a cientos de pacientes que le ha llevado a ver la muerte como un “proceso de transformación espiritual, fuente de inspiración y sabiduría vital”, de ahí el título de la Master Class.

Desde el punto de vista médico hay un momento en el que no se puede hacer nada por la enfermedad, pero en el que queda mucho que hacer con la persona. Se trata de acompañar un proceso natural que está bien organizado. La muerte no es un fracaso, si lo vemos así es fruto del miedo o la ignorancia. Nos falta entrenamiento. El Dr. Benito hizo símil con la formación para convertirse en piloto de avión. Te montas en el avión con un instructor que te va dando indicaciones, te enseña a despegar, te aconseja, te muestra para qué sirven los mandos y los indicadores… Pero imaginémonos que hay un supuesto de partida y es que ese viaje no tiene fin. Llega la hora de aterrizar y te dicen que eso no entra en la formación, y el instructor (o instructora) salta con un paracaídas y te deja solo (sola) en el avión. Aterrizar da mucho miedo si no hay nadie que acompañe.

En opinión del Dr. Benito, cuando hay una enfermedad terminal no hay nadie que no sepa que está en el final de la vida. El problema es que se puede morir muy solo. Además, si tienes la mala suerte de morir en un hospital en el que no hay cuidados paliativos, te van a hacer cosas muy caras, que no sirven, que no tienen sentido… y vives en una mentira. A partir de ahí el Dr. Benito nos regaló siete lecciones aprendidas en su trayectoria profesional y vital.

Lección 1: “Morir es normal y además es seguro. (…) La muerte no existe. Existe el nacimiento y el ‘morimiento’, hay un proceso de nacer y un proceso de morir, la vida emerge y se sumerge… Y los dos [procesos] están bellamente organizados”. Es importante dar información honesta para que la persona y quienes le acompañan puedan adaptarse a lo que está ocurriendo. Es una evidencia que hay que ahogarse para morirse, pero cuando llega el momento de morirse uno está desconectado de su propia percepción de la ausencia de aire, no tiene disnea. Y es importante saber esto.  Existe un umbral a partir del cual se entra en un nivel de conciencia en el que lo que hay es paz, serenidad, bondad, belleza. Y poder acompañar y vivirlo de forma vicaria es un regalo. Para acompañar bien hay que aprender a domesticar el propio miedo, la angustia y la tristeza. Lo único que hay que hacer es no interferir, no frenar, no luchar. Quien está en el momento final de su vida necesita silencio, intimidad, información honesta, ternura, compañía, paz. No hay que tratar la muerte como una enfermedad porque no lo es. Es un proceso natural y bien organizado. El Dr. Benito comentó que suele decir: “Si quieren saber cómo se trata en este hospital el proceso de morir hay una prueba del algodón que es la siguiente: cuánta gente muere con el suero puesto y la mascarilla de oxígeno. Porque esto, directamente, es mala praxis”. Es necesario fomentar una cultura de cuidados paliativos para acompañar a la persona en su máxima vulnerabilidad, para no vivir en la mentira, la ignorancia y no aumentar el sufrimiento de forma innecesaria.

Lección 2: “Morir nos abre a la verdad”. La verdad nos hace libres. La verdad nos hace propietarios del proceso, del tiempo que nos queda. Muchas veces cuando la gente siente que se muere dice cosas que ha guardado o no ha dicho suficientemente, hay experiencias muy profundas, se dan erupciones de ternura… Poder decir nos queremos, gracias y adiós es algo muy grande.

Lección 3: “Morir no duele”. Con los fármacos que tenemos el dolor físico se puede controlar bastante bien. El sufrimiento es opcional, proviene de la resistencia que oponemos a la realidad. “El rechazo de la realidad no cambia la realidad; es querer parar el tsunami con las manos y el tsunami te lleva por delante”. El secreto es la aceptación de lo que no puedo cambiar. Y cuando esto ocurre entras en un nivel de conciencia que trasciende lo que antes no podías asumir.

Lección 4: “¿Qué necesitamos saber? (…) En realidad lo importante es ser y no tener”. Quienes acumulan mucho en vida (cosas, cargos, experiencias, dinero, etc.) tienen una gran carga que les dificulta el momento de la partida, les cuesta soltar.

Lección 5: “El sentido nos abre el camino”. Normalmente todos llegamos al final de nuestra vida con experiencias de pérdida, sufrimiento, momentos difíciles y según cómo los hayamos ido adaptando, aprendiendo de esas pérdidas parciales estaremos mejor o peor preparados para asumir que la muerte es algo más que nos tiene que suceder.

Lección 6: “Podemos morir sanos”, entendiendo sano como íntegro, coherente, sereno, en paz.  Los cuerpos se deterioran, pero se puede tener esa mirada de la realidad. Quienes la tienen son verdaderos maestros (maestras).  Cuando aprendemos que somos algo más que cuerpo y que estamos conectados con lo que nos sostiene, “y eso no está nunca amenazado”, podemos ‘soltar’ con mayor facilidad el cuerpo. [Mientras escribo estas líneas he visto una película, Gente que viene y bah, en la que se refleja muy bien esta lección].

Lección 7: “Acompañar y estar ahí tiene premio”, es una forma de aprender sobre la vida sin intermediarios. Si consigues acercarte sin miedo puedes ver como el proceso de morir no es un proceso biológico, sino biográfico y relacional. ¿Cómo acompañar? No hay que hacer ni decir nada en ese momento, hay que estar. Tenemos que gestionar el propio miedo, la ira y la tristeza, porque de no hacerlo vibrará en el ambiente y el entorno condiciona la experiencia. Acompañar es dar una mirada de gratitud, de ternura y desearle un buen viaje. Y para que los y las profesionales puedan acompañar bien son necesarias: Competencia (conocimiento del proceso); conexión (relación íntima, de ser a ser); coraje (moverte en la incertidumbre).

“Como en todas las historias de acompañamiento siempre hay tres actores. Un protagonista: el que se va; y unos coprotagonistas, los familiares que intentan aceptar, apoyar y dejar partir y, en tercer lugar, unos profesionales que además de cuidar y acompañar deben saber cuidarse, tratar de no sobreimplicarse y, si lo hacen, saber elaborar -si es posible juntos- el reconocimiento de la realidad y aceptar que somos vulnerables, frágiles y recordar que el trabajo bien hecho no es resolver ni curar, sino acompañar desde la presencia y la compasión” (Benito y otros, 2016, p.370).

 Referencias

 





lunes, 9 de enero de 2023

La buena decisión

[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 09.01.2023]

Recientemente un amigo me envió un vídeo de un programa de radio en el que, Gabriel Rolón, psicoanalista, músico y escritor argentino, dialoga con sus contertulios sobre la película Los puentes de Madison. Tengo un gran recuerdo tanto de la película como del libro, que en mi opinión está fielmente adaptado en la película.

Francesca Johnson (Meryl Streep), es un ama de casa que vive en una granja del condado de Madison con su familia. Su tranquila, pero anodina y gris, vida se ve trastocada cuando aparece Robert Kincaid (Clint Eastwood), un veterano fotógrafo de la revista National Geographic que está de visita en el condado para fotografiar sus puentes cubiertos. Mientras su marido y sus hijos están unos días fuera para participar en un concurso de terneros, Francesca vive un apasionado romance con Robert que le abre a realidades para ella ignotas. Nos encontramos en la década de los 60 del siglo XX.

La noche anterior al regreso del marido, Robert le dice que se vaya con él, que lo que están viviendo es algo que no se suele dar en la vida. Ella le dice que sí, empieza a empacar sus cosas, pero Robert le pide que se siente y le dice que no es cierto que se vaya a ir con él. Ella, con gran pesar, le contesta que no puede. Qué pensarían sus hijos, no podrían superar el dolor y confiar en nadie. Además, también arruinaría la vida de su marido que es un buen hombre y le da todo lo que puede. Se despiden. El marido y los hijos regresan triunfantes porque su ternero ha ganado. Francesca regresa su vida cotidiana. Robert se queda unos días por el pueblo con la esperanza de que ella cambie de opinión. La escena final, que se puede ver más abajo, refleja el amor, la renuncia y el sacrificio. Es la última vez que se ven. Los hijos de Francesca se van enterando de la historia de su madre por el diario que les deja a su muerte, y eso les va transformando.

Y surge la pregunta: ¿Hizo mal Francesca al sacrificar el amor (la pasión) por quedarse con su familia, por cuidar a sus hijos, por no herir a su marido, un hombre bueno que le ha dado todo de lo que era capaz? ¿Hubiera hecho mal dejándolo todo por seguir esa pasión hasta entonces desconocida? Podríamos añadir muchas preguntas a estas: ¿Existe una buena decisión en esta situación? ¿Qué es el amor? ¿Qué es la felicidad? Y un largo etcétera.

Vayamos a la imagen elegida para abrir esta entrada, una serie de puertas cerradas. Cuando nos enfrentamos a una decisión nos planteamos una serie de alternativas, cada una abre la puerta de un camino que normalmente no sabemos dónde nos va a llevar. Y es ahí donde nos entra la duda, el miedo, la ansiedad, los quebraderos de cabeza. Nos encantaría poder abrir un poquito cada una de las puertas para saber a dónde nos lleva. Pero la vida no funciona así. Nunca podemos elegir con certeza absoluta y todas las decisiones implican pérdidas, caminos no elegidos, coste de oportunidad que se dice en economía. No se puede tener todo.

Entonces ¿cómo elegir bien? Cuando doy clases o charlas con mi gran amigo Rogelio Fernández solemos decir que la inteligencia emocional consiste en la unión de razón y emoción en todos los procesos mentales. En este sentido, las mejores decisiones son aquellas en las que acompasamos razón y emoción. No se trata ni de seguir locamente lo que el corazón nos dice, ni de acallarlo con el peso de buenos argumentos. Algo similar a esto ya lo decía San Ignacio que,  en sus reglas de discernimiento, indica que pensemos en cómo nos sentiríamos al tomar uno u otro camino, o que nos imaginemos en el lecho de muerte rodeados de nuestro seres queridos y percibamos qué decisión quisiéramos haber tomado. Y todo ellos teniendo en cuenta que en momentos de una gran emocionalidad es mejor no decidir, que sería la traducción de: “En tiempo de desolación no hacer mudanza”.

En el mencionado programa de radio a Gabriel Rolón le preguntan qué le diría a una persona que en su consulta le preguntara qué debería hacer. Su respuesta es magistral: "Tomá la decisión con la que puedas vivir". Cada persona debe asumir las consecuencias de sus decisiones. Y nadie mejor que uno mismo, que una misma, sabe con qué puede vivir. La conciencia es algo personal e intransferible que nos acompaña y nos conforma. Y, en mi opinión, no hay nada mejor que una conciencia tranquila.


Referencias

 

lunes, 7 de noviembre de 2022

Los límites de la profesión


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 07.11.2022]

Recuerdo que cuando vi por primera vez la película Al cruzar el límite (Extreme Measures es el título original) se me quedó grabada y la recordé en cuanto empecé a dar clases de ética. Es una película estupenda para reflejar diferentes modos de entender la profesión y los límites en el ejercicio de la misma. Habla de ética médica y ética en la investigación, pero hay enseñanzas que sirven para la ética de cualquier disciplina. Suelo utilizar la escena que aparece al final de la entrada para hacer un resumen de la ética de las profesiones.

En la mencionada escena, que vamos a analizar, hay tres personajes principales: el Dr. Guy Luthan, médico de urgencias (Hugh Grant); el Dr. Lawrence Myrick, director del hospital (Gene Hackman) y la recepcionista del hospital quien conoce los hechos que están sucediendo en el mismo.

Expliquemos el contexto de la escena. Guy Luthan es médico de urgencias en un hospital de Nueva York. Un día llega a urgencias un vagabundo con unos síntomas extraños, que acaba muriendo y sus informes desaparecen. Empieza a investigar y descubre que en las plantas de arriba del hospital están experimentando con seres humanos en la búsqueda de una cura para las personas parapléjicas. Para la experimentación secuestran a personas que viven en la calle y algunas acaban muriendo sin que nadie las eche de menos. A Guy le hacen una encerrona y le expulsan del hospital, pero él sigue investigando. Justo antes de la escena, secuestran a Guy y le hacen creer que se ha quedado parapléjico. Cuando empiezan a desaparecer los síntomas que le habían provocado se escapa. En el ascensor forcejea con el guarda de seguridad que pierde el conocimiento. Guy coge su arma. Ahí comienza la escena.

Se ven encarnadas las dos caras del fenómeno moral: las éticas teleológicas (la cara del bien) frente a éticas deontológicas (la cara del deber y las normas). El Dr. Guy Luthan representa la cara del deber y el Dr. Lawrence Myrick la cara de la felicidad, cayendo en “el fin justifica los medios”.

Guy le recrimina al director que se ha olvidado del bien interno de la profesión (toda profesión cumple un bien único y específico que la legitima y le da sentido). En el caso de la medicina podríamos definirlo con los fines señalados por investigadores del Centro Hastings (Nueva York): 1) La prevención de enfermedades y lesiones y la promoción y la conservación de la salud; 2) El alivio del dolor y el sufrimiento causados por males; 3) La atención y curación de los enfermos y los cuidados a los incurables; y 4)  La evitación de la muerte prematura y la búsqueda de una muerte tranquila.

Además, Guy apela al Juramento hipocrático (primer código deontológico de la medicina): “Usted no puede hacerlo. Es médico e hizo un juramento”. En el juramento se recoge: “Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia”.

Podemos ver también que se ha caído en dos de los problemas éticos de la profesión: la corrupción (priorizar los bienes externos -fama, prestigio, poder, etc.- frente al bien interno) y el corporativismo (defender los intereses del propio grupo por encima de los intereses generales, del bien común). Todas las personas que sabían qué ocurría y callaban, en esta escena representadas por la recepcionista del hospital y el guarda de seguridad, son responsables de los hechos con la institución.

Se observa cómo se ven comprometidos los principios de la ética profesional: 1) Principio de no maleficencia (Ante todo, no hacer daño). Es un límite deontológico, no está permitido hacer daño. Sin embargo, en el hospital se secuestra, se tortura e incluso se mata. 2) Principio de beneficencia (Hacer el bien, haciendo bien lo que se hace sin caer en el paternalismo). La investigación persigue hacer un bien, pero los medios son inaceptables. 3) Principio de autonomía (la persona profesional debe potenciar la autonomía y toma de decisiones por parte del usuario/paciente/cliente). No se respeta la autonomía de las personas. Como recuerda Guy, no se piden personas voluntarias, y tampoco han participado ni la mujer ni la hija de Myrick. 4) Principio de justicia. Se ve vulnerado porque se ha dañado el de no maleficencia. No se puede actuar como un dios decidiendo quién vive y quién no.

También se puede ver reflejado el debate entre la obligación de guardar el secreto profesional y la de comunicar la verdad. En este caso, por los graves daños que se están produciendo, prima la obligación de comunicar la verdad. Son muchas las personas que faltan a esa obligación y se convierten en colaboradoras necesarias.

La ética y los valores se demuestran en la práctica y un buen ejercicio de la profesión no puede prescindir de ellos en su toma de decisiones.


Referencias


 

viernes, 2 de septiembre de 2022

La mirada apreciativa


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 29.08.2022]


 El Servicio de Orientación de la Universidad de Deusto organizó el 9 de junio de 2022 una nueva edición de la “Jornada del Tutor”, bajo el título: “La mirada apreciativa como recurso de la acción tutorial. En esta ocasión contamos con la presencia de un referente de la psicología humanista, la Dra. Ana Gimeno-Bayón. Psicoterapeuta y formadora desde hace más de treinta años, cofundadora, junto con el Dr. Ramón Rosal del Instituto Erich Fromm de Psicoterapias Integradoras Humanistas en Barcelona. En 2017 fue reconocida por la Sección de Psicoterapias Humanistas de FEAP (Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas), como una de las seis personas pioneras de la psicología humanista en España. [Se puede ver aquí la conferencia]

Voy a reflejar aquí algunas ideas que me llevé y que sirven tanto para mi labor como tutora, como profesora, como madre y como educadora, en general.

Existen dos perfiles en el ejercicio de la tutoría: el humano, atiende al ser y estar (es más cercano) y el profesional, atiende al saber y saber hacer (es más distante). Si nos preguntamos cuál es mejor, la respuesta es: el que mejor se adapte a las necesidades de la persona que tenemos delante. Hay quien acude a una tutoría por problemas académicos, otras personas por algún problema personal, o puede que unos y otros se entremezclen. En cualquier caso, es necesaria la mirada apreciativa. La tarea del tutor o tutora es acompañar en el crecimiento hacia la autonomía. Ver no es lo mismo que mirar, y podemos mirar de formas diferentes con resultados muy distintos. Mirar a una persona es complejo, exige mucha profundidad. Nos comunicamos con la mirada. Además, tiene riesgos, uno de los cuales es el rechazo.

Existen miradas malas: la intimidante (asusta, da miedo), apabullante (la que ve a la otra persona como alguien a quien maravillar), la inconstante (proporciona emociones agradables pero no de forma sostenida), la sobreprotectora (no ve a la otra persona como autónoma), molesta (la otra persona es un obstáculo o un incordio), la rígida (la otra persona es como arcilla a modelar), la tímida (no vaya a ser que la otra persona capte mis contradicciones o sombras), la rechazante (ve a la otra persona como alguien que le quiere parasitar). Hay quien ve a la otra persona, pero no le mira, la ve como un objeto, no capta su complejidad, sus cualidades y sus limitaciones, sus aspiraciones y sus deseos.

Existen miradas despistadas, miradas apreciativas pero despistadas. Esto es algo habitual en las relaciones de ayuda. El problema es la falta de realismo y las expectativas desajustadas. Se transmite el mensaje de que “hemos de ser perfectos”: sé perfecto/perfecta, esfuérzate, complace, date prisa, sé fuerte… Estos mensajes llenan de tensión a la persona. Pensemos que alguien nos pide que doblemos en cuatro un folio de forma perfecta… Por mucho que lo intentemos es una tarea imposible. La presión por la perfección hace que nuestro inconsciente se rebele (se puede dar una venganza inconsciente). Puede ocurrir que la persona venga con estos mensaje incorporados. Frente a eso podemos dar mensajes liberadores:

Frente a…Mensaje liberador
“Sé perfecto/perfecta”“Está bien hacer las cosas bien y es humano cometer errores”
“Esfuérzate”“Lógralo, con o sin esfuerzo”
“Complace”“Complácete y elige cómo, cuándo y a quién complacer”
“Date prisa”“Tómate el tiempo que necesites, para conseguir la calidad que quieres”
“Sé fuerte”“Está bien mostrar la vulnerabilidad y pedir ayuda”

Existe también una buena mirada, la mirada apreciativa, que responde a algo que llevamos incorporado, el cooperar. El ser humano está programado para ser sensible a los demás. Supone mirar sin tensión, con empatía, ‘abrazando’ a la otra persona. Incluye un aspecto sensorial (se mira con los ojos y con todos los sentidos), un aspecto afectivo (supone implicarse, dolerse y alegrarse con la otra persona) y un aspecto intelectivo (reconocer una historia, una vida). Símil: es la mirada del abuelo o de la abuela (todo amor o comprensión), no la del padre o la madre (que miran con la tensión de la responsabilidad). Es la mirada de quien descubre un tesoro. Los ingredientes de la mirada apreciativa: aprecio, interés, respeto, sinceridad y empatía. Los resultados: mucha fecundidad, crecimiento personal y profesional.

Todas las personas necesitamos esa mirada apreciativa, esa que ve más allá de lo visible, esa que nos ayuda a querernos y permite que queramos a otras personas, esa que contribuye a nuestro crecimiento, que nos transforma.



Referencias

lunes, 4 de julio de 2022

Ante la ocupación

 


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 04.07.22]


¡Cómo te puede cambiar la vida de un día para otro! ¡Y sin tú hacer nada!

Lunes 7 de marzo, sobre las 19.00, recibo una llamada de mi hermana, que vive en Zaragoza y tiene un piso en el barrio de Rekalde en el que ella y su familia están cuando vienen a Bilbao (un piso modesto, pero mono y suficiente para sus necesidades). Se encontraba completamente agitada porque le había llamado el administrador de la casa para decirle que los vecinos le habían dicho que creían que se la habían ocupado. Mi marido y yo fuimos a una comisaría de la Ertzaintza. Allí nos dijeron que había que comprobar que el piso estaba ocupado, a lo que respondimos que teníamos llaves, pero nos daba miedo entrar. Nos dijeron que fuéramos hacia allí y de camino llamáramos al 112.

Llegamos antes que las dos patrullas de la Ertzaintza y comprobamos desde la calle que había gente en el piso porque las persianas estaban abiertas y había luz. Subimos con los ertzainas y abrimos la puerta con la llave. Dentro había tres personas. Los agentes pidieron permiso para entrar y empezaron a hablar con esas personas. Transcurrió un tiempo cercano a una hora en el que los agentes intentaron convencerles de que se fueran. Como había signos de que habitaban la casa no les podían sacar. Mi marido y yo esperábamos en el descansillo de la escalera y nos iban informando. Se asomaron también los vecinos que viven puerta con puerta. Por teléfono, mi hermana me decía que las escrituras estaban en su habitación y me hablaba de algunas otras pertenencias importantes para ellos. Los agentes pidieron permiso y me dejaron entrar a buscar esas pertenencias. El impacto fue tremendo porque estaba todo sucio, revuelto, y no encontré lo que me habían dicho. Y todo había sucedido en 2-3 días, a lo sumo. Fui a la sala en busca de la documentación y una de las personas me miró a la cara y me dijo: “Por cierto, qué guapos son tus hijos…”. Afortunadamente, me contuve. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que era un provocación para que reaccionara. De haberlo hecho violentamente la que hubiera salido esposada habría sido yo. En ese momento vi claro que esas personas estaban aleccionadas. Sabían lo que tenían que decir (aunque había muchas incoherencias y lo que decían era insostenible) y, lo peor, sabían que la ley estaba de su parte. Nos fuimos de la casa con el arpa folk de mi hermana (que era una de las pertenencias importantes para ella) y mucha tristeza, rabia e impotencia. Al llegar al juzgado de guardia nos dijeron que era mejor que la denuncia la pusiera mi cuñado que llegaba al día siguiente. Una vez en casa llamamos a una amiga abogada y nos dijo que pidiéramos una nota simple online para poder acreditar la titularidad.

A partir de ahí, asesorados por la abogada, iniciamos dos procesos: uno civil (para intentar un “desahucio express”) y uno penal (derivado de la denuncia). El 16 de mayo el Juzgado nos notificó que el lanzamiento (desalojo para entendernos, derivado del proceso civil) sería el 24 de junio a las 9.15. El juicio penal (Juicio por delitos leves… tiene lo suyo el nombre) tuvo lugar el 18 de mayo y hubo sentencia condenatoria para las personas demandadas. Dichas personas se presentaron al juicio y su abogada (de oficio) planteó a la nuestra que estaban dispuestas a pagar un alquiler, a lo que nos negamos rotundamente. El 24 de junio se produjo el lanzamiento y recuperamos la casa, que no es ni sombra de lo que fue.

Muchas y de diversa índole son las emociones que me han producido y me siguen produciendo estos hechos.

Incredulidad.  En un primer momento te cuesta creer lo que está pasando. Es algo sobre lo que has oído hablar, pero no lo has vivido de cerca. Produce incredulidad, también, y mucha indignación y rabia (entiendo que pueda haber a quien le provoque un ataque de ira), que legalmente no se pueda sacar inmediatamente de tu casa a quien la está ocupando ilegítimamente. Cae sobre los legítimos dueños el peso de la prueba. Más de tres meses y medio para sacarles legalmente. Parece mentira los plazos de los que estamos hablando. El tiempo se ha hecho eterno y la preocupación crecía día a día. Hay comentarios que hemos escuchado de forma repetida: “lo habéis conseguido rápido”, “conozco quien ha tardado incluso años”, “si llega a haber niños no les echáis”. Es muy sorprendente ver el estado en el que hemos recuperado la casa. Hay destrozos, daños y cosas que faltan que no se pueden entender. Que hacen incluso pensar que se han hecho por maldad o con la intención de causar más daño.  Nunca había vivido en primera persona una violación de la intimidad tan grave. Además, el gasto de luz y agua (que no se pueden cortar porque se puede entender como amenazas, lo que se puede volver en tu contra) ha sido completamente desorbitado. No solo te han quitado algo que es tuyo, sino que han vivido a tu costa gastando mucho más de lo que tú gastas.

Son muy profundos los sentimientos de injusticia e indefensión que tengo en este momento. La constitución española recoge la inviolabilidad del domicilio (art.18.2), el derecho a la propiedad privada (art.33) y el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada (art.47).

Artículo 18. 2. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.

Artículo 33. 1. Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. 2. La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes. 3. Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes.

Artículo 47. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

Sin embargo, lo que es a todas luces injusto es que el derecho a una vivienda digna, cuyas condiciones de posibilidad las deben facilitar los poderes públicos, sea a costa del derecho a la propiedad privada, usurpada de forma ilegítima. Y cuando quieres hacer las cosas bien para recuperar lo que es tuyo, la vía es lenta y con un altísimo coste económico y personal. Y no quiero ni imaginarme lo que puede ser una situación así para personas que no tienen ni los recursos ni los conocimientos para seguir los pasos adecuados. Afortunadamente, nosotros hemos contado con una buena amiga abogada que nos ha ayudado a darlos. Mi impresión es que, tal y como está la legislación, anima a ocupar ilegalmente, fomenta que haya una especie de ‘mafias’ que entra en pisos y ‘vende’ las llaves a personas que están en situación vulnerable y no tienen nada que perder. Asimismo, da pie a que aparezcan negocios para el desalojo de viviendas ocupadas que, bajo mi punto de vista, están al límite de la legalidad, y cuyo número se duplicó durante la pandemia. Y, por supuesto, ha supuesto un espaldarazo al negocio de las alarmas.

Después de estos meses siento mucha tristeza y desolación, por cómo está mi hermana y su familia, por lo duro que está siendo todo, por cómo está la casa, porque hay unos daños y pérdidas irrecuperables… Siento miedo y desasosiego. Me hace sentir una indefensión y una vulnerabilidad que nunca había sentido. Algunas noches me despierto con pesadillas de que entran en mi casa y me hacen daño a mí y a mi familia (no me quiero imaginar las pesadillas que tendrá mi hermana). Y me ha suscitado un recelo y desconfianza que no tenía. Confío en recuperar la tranquilidad y la esperanza, y que mi hermana y su familia superen esta situación tan dolorosa.

 

Referencias

Burgos, Rafa (2022, 24 de marzo). Se ofrece okupa con experiencia para desalojar inquilinos. El Paíshttps://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2022-03-24/se-ofrece-okupa-con-experiencia-para-desalojar-inquilinos.html

Millán Alonso, Santiago (2022, 27 de abril). Movistar Prosegur Alarmas busca vías de crecimiento en la actividad de freno a la ‘okupación’. Cinco Díashttps://cincodias.elpais.com/cincodias/2022/04/27/companias/1651051736_489384.html

Negro, Merche (2021, 12 de agosto). El número de empresas ‘desokupas’ se dobla desde la pandemia. El Paíshttps://elpais.com/espana/madrid/2021-08-12/el-numero-de-empresas-desokupas-se-dobla-desde-la-pandemia.html


lunes, 9 de mayo de 2022

Sobre los talentos


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 09.05.2022]

Recientemente he impartido una conferencia en un encuentro de jóvenes del Movimiento de los Focolares con edades comprendidas entre 13 y 17 años. Llevaba por título: “Descubrir mis talentos y ponerlos al servicio de los demás”. Comparto aquí las ideas principales de la misma.

La pregunta de fondo era: ¿Cuáles son mis talentos? La respuesta a esta pregunta es de vital importancia cuando la persona está planteándose qué hacer con su vida, qué estudiar, a qué dedicarse. Hay otra pregunta muy relacionada con la anterior que conviene hacerse primero: ¿Qué es la inteligencia?

Howard Gardner y sus colaboradores (Universidad de Harvard), revolucionaron la visión sobre la inteligencia con su Teoría de las Inteligencias Múltiples. Identifican la inteligencia con la capacidad de resolver problemas o elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas. Describen distintos tipos de inteligencia, más allá de los dos tipos a los que el sistema educativo ha dado prioridad, lingüístico-verbal y lógico-matemática (basta ver el tiempo destinado a esas materias en los planes de estudio de las distintas etapas preuniversitarias). Además de las mencionadas inteligencias incluyen la corporal-cinestésica, musical, visual-espacial, intrapersonal, interpersonal (que unida a la anterior constituiría lo que se conoce como inteligencia emocional) y la naturalista. No hay personas más inteligentes que otras, sino que hay diferentes inteligencias y unas personas destacan más en unas que en otras. Los talentos son diversos: cada persona brilla con una luz única e inigualable. Aunque, es innegable que algunas de las inteligencias lucen más que otras en Instagram (y esto es algo que preocupa mucho a la juventud).

María Belón, médico y psicoterapeuta, es mundialmente conocida porque inspiró la película Lo imposible. En ella se cuenta la experiencia que vivió con su marido y sus tres hijos en 2004 en el tsunami que arrasó el sudeste asiático. “Me veo sola y, de repente, dices: «¿Y por qué? Y, sobre todo, ¿para qué? ¿Para qué la vida me ha dejado sola?». En ese momento, me acordé de esa pregunta que yo tantas veces me había hecho en la vida de: «¿Para qué? ¿Cuál es el sentido de la vida?». Leyendo tantos libros, buscándolo en tantos lugares. Y en un lugar tan extraño y complejo, la vida te responde. La vida te responde: «Pues el sentido de la vida es amar»” (AprendemosJuntos, 2021). En las encrucijadas de la vida se nos presenta con fuerza la pregunta sobre el sentido de la vida. Coincido en que el gran sentido de la vida es amar. Y el amor se traduce en obras. Es importante descubrir los talentos que tenemos. Y más importante aún ponerlos al servicio de otras personas. Los dones que cada persona ha recibido no son para atesorarlos, sino para compartirlos.

Hay un concepto japonés muy interesante que tiene mucho que ver con los talentos: el Ikigai, que podríamos traducir como la razón por la que me levanto cada mañana, el sentido de propósito. Sería ese punto en el que confluyen aquello que me gusta, aquello que el mundo necesita, aquello que se me da bien y aquello por lo que me pueden pagar y puedo obtener un medio de vida. Es importante que confluyan las cuatro variables (Hara, 2020). Si falta aquello que me gusta puede ser muy aburrido; si falta aquello que el mundo necesita no tendríamos propósito; si no se me da bien puedo sentirme fracasado o fracasada; y si no me pueden pagar por ello seré feliz, pero muy pobre.

Seiiti Arata señala cinco pasos importantes para que cada persona encuentre su Ikigai: 1) Empezar pequeño (centrándote en un área de tu vida, poco a poco y de forma constante); 2) Liberarse de ideas preconcebidas que no estén alineadas con lo que quieres; 3) Buscar armonía y sostenibilidad; 4) Sentir alegría por las cosas pequeñas (condicionar la felicidad a grandes logros genera mucha insatisfacción); 5) Vivir en el momento presente, el aquí y ahora (es importante disfrutar del viaje, no solo de alcanzar la meta).

Hace unos años, escribí una entrada titulada A un hijo que empieza la universidad, cuando mis hijos entraban en esa fase. Lo allí recogido se podría aplicar también si la opción es otra, formación profesional, por ejemplo. La primera, y principal idea, era que había llegado su momento. Hay unos versos del poema Invictus, de William Ernest Henley (1849-1903), que reflejan a la perfección esta idea: “soy amo de mi destino, /el capitán de mi alma”. Este es un lema para grabárselo a fuego. Cada uno tiene que coger las riendas de su vida y responsabilizarse de la misma. Terminaba la entrada diciendo: “si te equivocaras, si por el camino vieras que ahí no está tu futuro, no tengas miedo en rectificar. Yo te apoyaré, aunque refunfuñe un poco… Lo más importante para mí es que seas una buena persona y estés a gusto con lo que haces…”. En la transición al mundo adulto, en el camino de la vida, normalmente no estamos solos, no estamos solas. Siempre suele haber alguna persona a la que poder acudir y con la que poder contar. Hay momentos en los que vamos a necesitar del consejo, apoyo, incondicionalidad y aliento de otras personas.

Alvin Tofler (citando a Herbert Gerjuoy, en El shock del futuro) señala que: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer ni escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender”. En la vida tenemos mucho que aprender y también que desaprender. En ocasiones tenemos instalados pensamientos, ideas, sentimientos o conductas de los que tenemos que deshacernos, y eso no es nada fácil. “Para aprender hay que querer. Para desaprender hay que querer mucho más… hace falta humildad” (March Cerdà, 2019).

Encontrar el Ikigai, que puede cambiar a lo largo de la vida, es un proceso. No es algo a lo que se llegue de forma inmediata. Es este proceso es clave: Observar (mirarse de forma sincera, compasiva y profunda) y preguntarse (sin buenas preguntas no puede haber buenas respuestas; no cuestionarnos nos narcotiza). Y también es necesario, por un lado, hacer silencio (para mirar dentro y lejos) y también interactuar con personas que nos conocen y nos quieren bien (nos pueden ayudar a poner en valor lo que somos y lo que hacemos). A continuación, incluyo una ficha que puede ayudar en este importante trabajo personal.

Ficha para el trabajo personal (Adaptado de Alcolea, 2020)

A continuación, encontrarás 10 preguntas que te pueden ayudar a encontrar tu Ikigai. Es importante que contestes de forma exhaustiva (apunta cualquier idea o actividad, aunque te parezca extraña). Olvídate de los límites de la vida real (creencias limitantes, expectativas de otras personas, etc.). Cuanto más sincera/o seas contigo misma/o más información valiosa para ti recogerás.

Ten presente dos cosas: 1) Te puede llevar tiempo encontrar tu Ikigai, es un proceso; 2) Es importante encontrar el equilibrio (pasión – misión – vocación – profesión)

  1. ¿Sobre qué acciones recibes elogios de los demás?
  2. ¿Qué actividades te hacen disfrutar?
  3. ¿Qué haces para conectar contigo misma/o?
  4. ¿Con qué crees que puedes aportar, en mayor medida, a otras personas?
  5. ¿Qué actividades realizas con las que pierdes la noción del tiempo?
  6. ¿Qué cosas harías gratis cada día?
  7. ¿Qué actividades no te quitarías jamás en tu vida?
  8. ¿Qué cosas crees que has hecho siempre bien sin darte cuenta de ello y sin pararte a pensar que no todo el mundo las tiene?
  9. ¿Sobre qué temas investigas más en Internet o hablas con otras personas?
  10. ¿Qué crees que has venido a aportar al mundo?

Añadido: Piensa en personas que tienes como modelo. ¿Qué talentos tienen y qué aportan al mundo?


Referencias



lunes, 14 de marzo de 2022

Encuentro con mi niña interior


[He publicado esta entrada en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb el 14.03.2022]

 Recientemente he asistido a un curso muy interesante sobre el Niño interior, impartido por Alodia Cabañas. La invitación partió de una buena amiga, Nekane Adrién, de quien llevo un tiempo aprendiendo sobre el eneagrama. Como dice otra buena amiga, “nada es casual, todo es causal”, y así me siento. Este curso me ha llegado en el momento oportuno. Era lo que necesitaba…

Cada uno de nosotros tenemos un niño, una niña interior herida.  Esta metáfora hace referencia a nuestra parte más vulnerable y sensible, a todos los procesos que se han quedado parados, las carencias y el dolor que vamos arrastrando y no nos deja desplegar todo nuestro potencial. Coexiste con un niño, una niña interior divina, que es nuestro núcleo sano, nuestro yo profundo y auténtico (lleno de creatividad, belleza, entusiasmo, fuerza, etc.). A medida que nos vamos desconectando del núcleo sano nos vamos adaptando a lo que las demás personas creen que somos y vamos generando una máscara, un falso yo, que nos ayuda a estar en relación con los demás. Para conectar con nuestro niño, nuestra niña, necesitamos un espejo donde ver quiénes somos, un entorno seguro, de amor incondicional. [En este vídeo de Victoria Cadarso se explica de forma sencilla qué es el niño interior, pinchar aquí].

A través de una meditación guiada, poniendo el foco en nuestro cuerpo, conectamos con el niño, esta niña, desde la persona adulta compasiva que somos. Para ello cada uno ‘buscó’ su lugar seguro. El mío lo tengo claro. Es la entrada de mi casa, ‘mi cueva’, donde nada más llegar me desprendo de la mochila del ordenador, los zapatos, el abrigo y con ellos me libero de parte de la carga que he arrastrado a lo largo del día. Al terminar la meditación escribimos una carta. Esta es mi carta:

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Querida Aran, [Aran es el nombre cariñoso de mi infancia, con el que me llaman mi familia y mis personas más cercanas]

Estás y estarás conmigo. Sé que a veces tienes miedo y te sientes sola. Que sufres el dolor de la vida y del mundo, el dolor de una humanidad que no siempre se comporta como debe. Has sufrido golpes y cicatrices, pero has tenido y tienes una buena vida. Muchas personas se han cruzado en tu camino y te han dado lo mejor que tenían o podían. Me surge un mantra que quiero que recitemos juntas, yo a ti y tú a mí: Lo siento, perdóname, gracias, te amo. Te amo porque Te veo (eres y estás). Soy tú y eres yo. Juntas podemos transitar lo que nos queda del camino y podemos hacer que sea bueno para nosotras y para los demás. Me abrazas y te abrazo y nuestro corazón palpita al unísono.

Te veo [Te veo equivale a decir te reconozco, valoro tu existencia, abro mis ojos, mis oídos y mi mente para acercarme a ti]

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En el trabajo con nuestro niño, nuestra niña interior tenemos que aprender a relacionarnos con nuestro crítico interno, esa voces, mensajes y creencias limitantes que van reduciendo nuestro potencial. Es importante identificarlo (para poder poner distancia), reconocer su existencia y comprender que nos ha servido para cubrir las necesidades no cubiertas, para adaptarnos al entorno. Cuando lo hacemos consciente y lo ponemos al servicio de nuestra vocación, en lugar de al servicio de nuestro ego, se pone a nuestro favor.

Descubramos nuestras partes heridas, acariciémoslas, mirémonos con cariño y sigamos adelante.

Tú, la persona más rica de la Tierra,

te comportas como un hijo pródigo;

por favor, regresa a tu patrimonio.

Ofrezcámonos unos a otros la felicidad y aprendamos

a habitar el momento presente.

Alberguemos la vida en nuestros brazos

y abandonemos el olvido y la desesperanza.

Thich Nhat Hahn, El arte de cuidar a tu niño interior



domingo, 13 de marzo de 2022

Tras los pasos del peregrino

 


Ignacio de Loyola se define en su autobiografía como peregrino. “Y lo fue, no sólo físicamente, por los miles y miles de kilómetros que recorrió, sino sobre todo por ese otro peregrinaje interior que le fue llevando desde el ‘hombre dado a las vanidades del mundo’ hasta aquél que tuvo como único norte ‘la mayor gloria de Dios’” (García, sf).

Tengo la suerte de haber estado recientemente en Manresa en el cierre de un proyecto de UNIJES, red de los centros universitarios vinculados a la Compañía de Jesús en España, relacionado con la pedagogía ignaciana. Me ha gustado recorrer la Manresa de Ignacio y hacerlo en compañía de las personas con quienes he compartido proyecto durante más de dos años. Y más en este año ignaciano, en el que se cumple el quinto centenario de la herida de Ignacio que fue el detonante de su conversión, y que lleva por lema: "Ver nuevas todas las cosas en Cristo".

Ignacio bajó de Montserrat a Manresa el 25 de marzo de 1522 y permaneció allí 11 meses en los que se fueron configurando su pensamiento y su acción.  En Manresa, como relata en su Autobiografía, tuvieron lugar experiencias místicas y espirituales que le inspiraron su obra principal Ejercicios Espirituales (EE), que es un método para ayudar a encontrar a Dios en la propia vida, una invitación a realizar una experiencia humana profunda.

Había estado antes en la cueva de Manresa pero no había captado todo el simbolismo que la envuelve hasta la explicación de Alberto Núñez, sj. Desde un lateral del santuario nos vamos introduciendo como en un embudo que se va estrechando. Nos vamos ‘abajando’ para entrar en la profundidad de la cueva. En realidad, no es una cueva sino un saliente rocoso que en tiempos de Ignacio no era visible desde el exterior ya que estaba tapado por unas zarzas. Es un lugar privilegiado porque, si el tiempo lo permite, permite ver el macizo de Montserrat.

En la ante cueva se nos presenta el libro de los EE. En la estancia hay imágenes de ángeles que sostienen frases de los EE y relieves con escenas de la vida Ignacio relacionadas con sus enseñanzas de los EE. En la parte alta encontramos personajes famosos de la historia de la iglesia que han realizado los EE. El suelo cuenta con unos bellos mosaicos: un girasol que representa el corazón del hombre que busca a Dios, un cañón y una bala en recuerdo de la herida de Ignacio y su escudo familiar flanqueando la puerta.

La cueva era el espacio para la intimidad del peregrino. No la vemos como él la conoció, pero podemos intuir algo de lo que allí vivió. Invita a la reflexión y el discernimiento. Los mosaicos del suelo muestran dos bellas metáforas en diálogo: por un lado, el dragón que representa las batallas que libró, la repulsa de sí mismo, su noche oscura; por otro la cierva que evoca el salmo 41: “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo”.

Me quedo con el mantra con el que terminamos la contemplación de la mañana del viernes:

Gusta el silencio
Abandónate en Dios
En él descansa

Asimismo, invito a hacer un recorrido por los maravillosos mosaicos de Marko Rupnik que engalanan el santuario y hacen un recorrido por las cuatro semanas de los EE.



Referencias

Cova de Sant Ignasi (2021). Time Lapse Mosaics de la Cova / Mosaicos de la Cueva / Mosaics of the Cave [archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=RrJYKM2h1Uw

Europapress (2017, 21 de enero). El directivo que lo dejó todo y se hizo sacerdote jesuita. https://www.europapress.es/sociedad/noticia-directivo-dejo-todo-hizo-sacerdote-jesuita-20170121164310.html

García SJ, Luis Mª (s.f.). Ignacio, el peregrino. https://espiritualidadignaciana.org/ignacio-el-peregrino/