El 26 de marzo asistí a la Clase magistral “Comunidades
compasivas”, impartida por Rafael Mota Vargas —médico especialista en Medicina Interna y Cuidados Paliativos—
y organizada por la Fundación Pía Aguirreche. Comparto aquí algún de las ideas
que extraje de la misma.
No enfrentamos a una realidad que viene marcada por el envejecimiento de la población y el
aumento de las enfermedades crónicas,
de la dependencia y de la discapacidad. Todo esto supone una mayor exigencia de
cuidados en familias cada vez más cortas. Asistimos, además, a una epidemia
silenciosa: la soledad. Se hace más necesario que nunca una atención integrada —sanitaria,
social y comunitaria— centrada en la persona.
Se suele identificar la compasión con la pena y la lástima. Sin
embargo, la compasión implica reconocer el sufrimiento, resonar emocionalmente
(identificarnos con el sufrimiento), e ir más allá de la mera observación: ¿Qué
puedo hacer yo para aliviar ese sufrimiento?
La Fundación New Health, surgida en 2013 en Sevilla, opera en varios países de Europa y
Latinoamérica y trabaja en el desarrollo de “CIUDADES COMPASIVAS mediante la
metodología TODOS CONTIGO® por la que se acompaña a las organizaciones al
desarrollo de acciones de sensibilización, formación, investigación e
intervención comunitaria para la activación de redes de cuidado y
acompañamiento alrededor de las personas con enfermedad avanzada y sus
familiares”. Hay tres puntos clave: 1) La sociedad como impulsora del cambio;
2) La compasión como eje transversal —la compasión en palabras del Dr. Enric
Benito es “la forma que toma el amor cuando se encuentra con el sufrimiento”—;
3) El impulso de las redes comunitarias, “ciudadanos comprometidos y
capacitados en el cuidado y acompañamiento de las personas más vulnerables de
su comunidad”. En definitiva, hablamos de Cuidados, Compasión y Comunidad. ¿Y
cómo se operativiza eso? A través de la Concienciación, Capacitación y Creación
de Redes.
Badajoz Compasiva —iniciativa de la cual Rafael Mota Vargas es impulsor— es un
proyecto de la Asociación Cuidándonos, “entidad sin ánimo de lucro que trata de
implicar a los ciudadanos en el cuidado y acompañamiento de las personas que
enfrentan enfermedades en el final de sus vidas”. Impresiona ver tanta energía
y vitalidad puesta al servicio de las personas de forma altruista, a través de
proyectos como: “Café Contigo: Acompañar y Cuidar hasta el Final”, “Escuela
Contigo: El regalo de Cuidar”, “Universidad Contigo” o “Árboles para el
Recuerdo”.
Para terminar unos
versos que reflejan lo verdaderamente importante, hacer tu parte, dejar una
huella bonita. Además, como dice el Dr. Enric Benito, “Acompañar y estar
ahí tiene premio” (Echaniz Barrondo, 2023).
Recomiendo
ver el documental “DEATH CAFÉ: la Música de tu Vida” impulsado por AECC
Badajoz, Badajoz Contigo, Ciudad Compasiva y Músicos Sin Fronteras.
Con ocasión de la celebración del 8 de marzo, "Día
Internacional de las Mujeres", Emakunde —Instituto Vasco de la Mujer— junto
con las tres diputaciones forales y EUDEL —Asociación de Municipios Vascos— han
lanzado una campaña de sensibilización con el lema: "Dale espacio a la igualdad (Emakunde, 2026). Sigamos ganando terreno para los derechos de las mujeres en todos
los ámbitos". Es importante recordar(nos) que hay que seguir trabajando
por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, que el terreno ganado
es frágil y que no hay que bajar la guardia. Además, el retroceso de algunas es
un gran paso atrás para todas, para la humanidad en su conjunto.
El lema elegido por ONU Mujeres en 2026 para esta fecha es: “Derechos. Justicia. Acción. Por y para
todas” y con él hace un llamamiento “adoptar medidas urgentes y decididas para
poner fin a la impunidad, defender el Estado de derecho y lograr la igualdad
—en la ley, en la práctica y en todos los ámbitos de la vida— para todas las
mujeres y niñas” (ONU Mujeres, 2026).
Como señala el reciente informe del Secretario General de la
ONU: “En comparación con los hombres, las mujeres de todo el mundo se enfrentan
a mayores obstáculos para acceder a la justicia en casi el 70 % de los países
encuestados. Con frecuencia, la infraestructura de la justicia no defiende los
derechos de las mujeres y las niñas, que afrontan dificultades como las leyes
discriminatorias, los mecanismos de justicia inaccesibles, la escasa aplicación
y las normas restrictivas y patriarcales. Los errores de la justicia que
amenazan la vida de las mujeres y las niñas suelen gozar de impunidad y verse
perpetuados por ella. A nivel mundial, las mujeres gozan del 64 % de los
derechos que tienen los hombres, ya que siguen prevaleciendo los marcos
jurídicos discriminatorios” (Naciones Unidas, 2026, puntos 8 y 9).
En clase de Ética cívica y profesional, cuando trabajamos
los Derechos Humanos, me suele gustar dedicar una actividad a reflexionar sobre
los privilegios, la interseccionalidad, la meritocracia y la acción positiva. Cuando
acabamos la actividad les suelo hablar del Informe
Global sobre la Brecha de Género (Foro Económico Mundial, s.f) que se publica cada año y da información sobre
cuánto falta para que se dé la equidad de género. El Índice de Brecha de Género
incluye 4 dimensiones: 1) Participación y oportunidades económicas, 2) nivel
educativo, 3) salud y supervivencia, y 4) empoderamiento político. En la
siguiente tabla se recogen dos datos de los informes publicados entre 2017 y
2025.
Esta información siempre le sorprende al alumnado,
especialmente a las mujeres. En el informe del año 2025 se habla de que la
brecha se ha cerrado en un 68% y que faltan 123 años para alcanzar la equidad
de género. Eso supone que muchas generaciones no la van a conocer. Es importante
resaltar que existe mucha variación en el número de años entre regiones: Asia
central 208, Oriente medio y norte de África 185, Asia oriental y el Pacífico 179,
Asia meridional 138, África subsahariana 107, América del Norte 89, Europa 76 y
Latinoamérica y el Caribe 57.
Es fundamental dar
espacio a la igualdad y ganar terreno a los derechos de mujeres y niñas en
todos los ámbitos de la vida. Parafraseando las palabras de Teresa
Laespada, Diputada Foral del Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad
en Bizkaia, en la Gala de los Premios Zirgari 2026, trabajar por el avance de la igualdad es
una deuda moral y política con la vida.
Naciones Unidas (2026, 15 enero). Garantizar y
fortalecer el acceso a la justicia para todas las mujeres y las niñas, entre
otras cosas promoviendo sistemas jurídicos inclusivos y equitativos, eliminando
las leyes, políticas y prácticas discriminatorias, y afrontando las barreras
estructurales. Informe del Secretario General. https://docs.un.org/es/E/CN.6/2026/3
El jueves 12 de febrero tuvo lugar el evento titulado “Humanize the Company to Humanize Society”
organizado por la Fundación Vizcaína Aguirre, Deusto Business School, Fundación
Arizmendiarrieta y Deusto Business Alumni.
En primer lugar intervino Chris Lowney, reconocido experto en liderazgo humanista [ver
biografía aquí]. Empezó
recordando que nos encontramos en un mundo
VUCA (volatile —inestable—, uncertain —incierto—, confusing —confuso—, ambiguous —ambiguo—) en el que el liderazgo
se ha vuelto imprescindible. Después de su paso por la Compañía de Jesús y J.P.
Morgan & Co ha afianzado cuatro ideas importantes sobre el liderazgo: 1) No
es algo superficial —qué haces—, sino profundo
—tiene que ver con quién eres y qué representas, qué te mueve—. 2) No se trata
de trucos y consejos para manipular a las personas, sino del establecimiento de
relaciones que desarrollan el potencial
de las personas y respetan su dignidad. 3) Más que una suma de acciones es la expresión de las creencias más profundas.
4) No es sólo concreto y material sino, en última instancia, espiritual.
Como explicaba en su libro El liderazgo al estilo de los jesuitas, la Compañía de Jesús
—fundada en 1540— lleva casi cinco siglos formando en cuatro valores esenciales
a todos sus novicios para prepararlos para dirigir:
1) Conocimiento de sí
mismo. Es muy importante la reflexión sobre las debilidades, las fortalezas
y las creencias. “El Examen o Pausa Ignaciana es un ejercicio diario
de autoevaluación y reflexión, uno de los principios fundamentales de la
espiritualidad ignaciana” (sjandaluciaoriental, s.f.a). Y los Ejercicios espirituales son un método personalizado, una especie de
"tablas de gimnasia interna" que, a través del acompañamiento y la
apertura a Dios, buscan liberar el corazón y transformar la vida para cumplir
la voluntad divina (jesuitas.es, s.f.).
2) Ingenio. La
libertad, la apertura es necesaria para adaptarse a un mundo cambiante. “La indiferencia[o libertad interior] significa desprenderse lo suficiente de las
cosas, de las personas o de las experiencias para poder acogerlas o dejarlas de
lado, según nos ayuden a «alabar, reverenciar y servir a Dios» —Ejercicios
Espirituales 23—” (McCoy, s.f.). Y
el discernimiento es una herramienta
ignaciana fundamental que nos ayuda a identificar y evaluar las fuerzas
internas contradictorias para elegir el camino que mejor nos alinee con la
voluntad de Dios (sjandaluciaoriental, s.f.b.).
3) Amor. Cada
persona es digna y merece respeto. “Una de las características de la educación
jesuita es la Cura Personalis,
entendida como el cuidado integral de la persona a través del acompañamiento,
que se realiza desde el amor y el servicio para que el otro crezca, respetando
sus particulares circunstancias y con aprecio a sus capacidades y necesidades”
(Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana, 2018).
4) Heroísmo. Ganarse
el respeto del equipo conduce a que se sacrifiquen para servir a una misión
mayor, al compromiso con el “Magis”. “En la espiritualidad ignaciana, la
palabra MAGIS se refiere a un estilo de vida centrado en la calidad más que en
la cantidad. La búsqueda de la gloria de Dios (el AMDG ignaciano) debe hacerse
desde máximos, es decir, con el objetivo de que todo lo que hagamos esté lleno
de sentido y de profundidad, lleno de Dios” (Jesuitas Educsi, 2024).
Según Lowney, estos principios que rigen la Compañía son muy
relevantes hoy, incluso puede que más de lo que han sido hasta ahora. Como
muestra de ello hizo algunos destacados:
"El liderazgo es el arte de
influir y dirigir a las personas de tal manera que se gane su obediencia,
confianza, respeto y cooperación leal en el logro de los objetivos
comunes" (U.S. Air Force). [Habría
que matizar esta obediencia: el liderazgo no busca la sumisión].
En un artículo publicado en McKinsey Quarterly, Feser, Mayol y Srinivasan,
Ramesh (2015)
como resultado de una encuesta a 189.000 personas en 81 organizaciones
diferentes llegaron a la conclusión de que en las empresas con un liderazgo fuerte
se muestran los siguientes tipos de comportamiento: 1) Resolución eficaz de problemas. Se centra en el proceso previo a la
toma de decisiones: recopilar, analizar y considerar información de manera
profunda. 2) Orientación a resultados.
No basta con tener una visión; el líder debe asegurar que se alcancen los
objetivos. 3) Búsqueda de diferentes
perspectivas. Se manifiesta en líderes que analizan tendencias y escuchan
las ideas de sus empleados. 4) Apoyo a
los demás. Se basa en la empatía y la autenticidad. Los líderes
comprensivos generan confianza e inspiran a sus colegas para superar desafíos.
"El
liderazgo de Nivel 5 es un concepto desarrollado en el libro Good to Great[Empresas que sobresalen]. Los líderes de Nivel 5 muestran una
poderosa mezcla de humildad personal y una voluntad indomable. Son
increíblemente ambiciosos, pero su ambición está, ante todo, al servicio de la
causa, de la organización y su propósito, no de sí mismos" (Collins, s. f.).
En segundo lugar intervino Jon Emaldi, miembro de la Fundación
Arizmendiarrieta. En 2026, al cumplirse 50 años de su fallecimiento, se celebra
el “Año de Arizmendiarrieta, el Año de la Empresa Humanista”. José María de
Arizmendiarrieta, Don José María para quienes le conocieron, fue un gran líder
humanista, impulsor de la Experiencia Cooperativa de Mondragón [ver biografía aquí]. Expuso cómo
el liderazgo de Arizmendiarrieta está en línea con el liderazgo ignaciano, tal
y como puede apreciarse en la siguiente tabla que recoge algunos de sus
pensamientos.
Liderazgo ignaciano y
valores de Arizmendiarrieta
Conocimiento
de sí mismo
“Cabría
acabar con el pecado acabando con el hombre, pero, ¿lo merece?” (370)
Ingenio
“No
lamentos, sino acción” (231)
“El signo de
la vitalidad no es durar, sino renacer y adaptarse” (229)
Amor
“La unión es
la fuerza de los débiles. La solidaridad es la poderosa palanca que
multiplica nuestras fuerzas” (322)
“Hay que
socializar el saber para democratizar el poder” (185)
“Progresar
no es adquirir más, sino ser más, actuar mejor, darse más” (146)
Heroísmo
“El mundo no
se nos ha dado simplemente para contemplarlo sino para transformarlo y esta
transformación no se hace con los brazos sino primero con las ideas y los
planes de acción” (043)
“Las
entidades cooperativas tienen que ser elementos de progreso, de desarrollo,
de promoción de un nuevo orden social” (444)
“El
cooperativismo no es un fin sino un medio; es una institución; es un
instrumento idóneo para que se encarnen en la vida económica y social unos
ideales cuya bondad nadie puede discutir leal y noblemente, o al menos
cuentan con el asentimiento de los más” (532)
Elaborado a
partir de Otalora (1999). Entre paréntesis está el
número del pensamiento.
Desde la Fundación Arizmendiarrieta se ha desarrollado el Modelo inclusivo participativo de empresa
MIPE, que fue aprobado por unanimidad en el año 2018 por los Parlamentos navarro
y vasco. Se articula en cuatro ejes, cada uno de ellos articulado en diferentes
ámbitos y para los que presenta orientaciones y posibles indicadores. Los
mencionados ejes son (Fundación Arizmendiarrieta, 2022):
1. Gestión y cultura
de empresa. “Desarrollar prácticas de gestión y de cultura de empresa,
basándolas en la confianza, transparencia y cooperación, para su competitividad
y sostenibilidad” (p.5).
2. Proyecto
compartido. “Formular un proyecto compartido por los propietarios,
directivos y profesionales/trabajadores de la empresa, beneficioso a largo
plazo para todas y todos y en el que se dé prioridad a la sostenibilidad del
proyecto colectivo sobre los intereses de cualquiera de los grupos citados”
(p.18).
3. Participación en
gestión, resultados y propiedad. “Avanzar hacia la superación de la
dinámica de confrontación entre capital y trabajo mediante la participación de
los trabajadores en la gestión, en los resultados y en la propiedad” (p.25).
4. Impacto social. “Preocupación
por el impacto social de las actuaciones empresariales e implicación en algunos
de los problemas sociales del entorno” (p.32).
Me quedo con la invitación del título del evento: “humanicemos las organizaciones para humanizar
la sociedad”. Trabajemos por desarrollar un liderazgo humanista, tal y como
lo entiende la DBS (s.f.): “Un liderazgo que, desde el autoconocimiento y la
colaboración con los grupos de interés, pone en el centro la dignidad de las
personas para generar valor económico y social”.
Se llama Cristóbal y era una de esas personas que te hacían
recobrar la fe en el ser humano, una persona que ha dejado una huella bonita.
No sabría decir exactamente cuándo le conocí. Sí sé que fue a través de mi
marido —se conocían desde jóvenes, ambos eran miembros del Movimiento de los Focolares—.
Sevillano, con un gracejo natural, su mirada y su sonrisa te
conquistaban, apasionado de su profesión —fue bibliotecario en Camas durante casi
cuatro décadas y el ayuntamiento le otorgó en 2018 la Medalla de Honor “por su
aportación a la cultura y al servicio público”—, un ser humano y un cristiano
ejemplar.
Juan Carlos y yo nos casamos en marzo de 2019 y la semana de
Pascua de ese año pasamos unos días en su casa en Camas. Él todavía no se había
jubilado —le quedaba apenas un año para hacerlo— y mientras estaba trabajando
descubríamos Sevilla de la mano de otro buen amigo. Con Cristóbal visitamos y disfrutamos
del cerro de Santa Brígida, de la Dehesa
de Abajo, de Itálica, etc. Y conocimos a Juan, su padre, que entonces tenía 99
años, por cierto, muy llenos de vida. Cristóbal te hacía sentir lo que es
hogar, que como escribiera Juan Carlos después de aquellos
estupendos días: “no es un lugar con paredes ricamente decoradas, ni bellos
muebles en ambientes acogedores. Ni siquiera platos calientes de suculentos
manjares. Son corazones que, vibrando, hacen resonar los corazones cercanos;
viviendo, dan y reciben vida” (Duque Ametxazurra, 2019).
En octubre de 2023 Cristóbal, Juan Carlos, otros tres amigos
y yo pasamos unos días en el Centro Mariápolis Loreto (Castell d'Aro, Girona) soñando cómo
podría ser la nueva revista del Movimiento de los Focolares en España —en abril
de 2024 salió el primer número de LAR—. Fueron unos días de
convivencia intensa y fructífera. Por esa época le detectaron a Cristóbal la
enfermedad. No se encontraba bien, apenas comía, pero lo dio todo y nos regaló
su sabiduría y buen humor.
En abril de 2024 fuimos un fin de semana a visitarle a
Sevilla. Un amigo común nos había dicho que la enfermedad avanzaba muy rápido y
que el pronóstico era muy malo. Unos días antes el Athletic de Bilbao había
jugado —y ganado— la Final de la Copa allí. Le llevamos una camiseta
conmemorativa. Se nos ocurrió llevarle eso porque no era oportuno llevar nada
de comer. En la foto del día que nos marchamos llevaba puesta la camiseta. Impactaba
la fortaleza, la templanza, la aceptación con la que hablaba de la enfermedad.
A su alrededor había todo un batallón de gente para cuidarle y acompañarle. Y
él aceptaba y agradecía todo el amor recibido. En esa situación también se
hacía manifiesta su generosidad, se preocupaba porque no faltara de nada para
quienes se acercaban a su casa. Recuerdo que incluso sacaba fuerzas para
compartir y leer algunos fragmentos de libros, sus queridos libros.
Al día siguiente de volver a Bilbao empecé a mandarle
prácticamente a diario una canción, un vídeo, un poema, un texto… Es la forma
que encontré para acompañarle en la distancia, para decirle que le tenía muy
presente, que me importaba. En ocasiones me contestaba o me mandaba alguna
foto. Me acuerdo de una en la que, después de mucho tiempo, se estaba comiendo
una croqueta. No se lo llegué a decir. No sé si a él le hacía bien recibir los
mensajes, pero sé que a mí sí prepararlos. Me hacía tenerle presente, salir de
mí, entrenar el cuidado y la amistad. El viernes estuve a punto de enviarle un
mensaje —tenía varios en la reserva—. Estuve un rato pensando cual sería el
envío que mejor resumiría el camino compartido… No me costó mucho… la canción “Gracias a la vida”.
Amigo, conocerte ha
sido un gran regalo... ¡Hasta que volvamos a encontrarnos!
El 22 de enero Javier Barbero Gutiérrez, Doctor
en Psicología y con una larga trayectoria en cuidados paliativos, impartió la
Clase magistral “Aceptar la enfermedad y la muerte”, organizada por la
Fundación Pía Aguirreche. Voy a compartir aquí las principales ideas que me
llevé de la misma.
Lo primero que me llamó la atención fue que una conferencia con
ese título tuviera tanto poder de convocatoria. El Auditorio de la Universidad
de Deusto estaba casi lleno, con un público bastante variopinto en cuanto a edad
y procedencia. Además, también hubo quien la siguió online —más de 1500
personas inscritas—. Una potente pregunta abrió la sesión: ¿Puede tener algo de
positivo, se puede aceptar, algo que rompe tu proyecto de vida?
Encontramos diferentes
paradigmas en los cuidados paliativos. En primer lugar estaría el de la lucha. En él subyace la idea de que se
puede vencer la enfermedad. Y cuando esto no se da, la persona queda como
cobarde o como derrotada. La enfermedad y la muerte se viven como algo dilemático,
en lugar de problemático. Un segundo paradigma sería el de las fases o etapas. Como señalara Elisabeth
Kübler-Ross, hay cinco etapas clave que las personas suelen experimentar y en
las que hay que acompañarle: negación, ira, negociación, depresión y
aceptación. Y el tercero sería el que habla de la coexistencia de la ansiedad de la muerte y fuertes deseos de vivir.
Esto conecta con la búsqueda profunda del significado de la vida. El
mantenimiento del equilibro depende de la “madurez existencial”, que se mide
según la voluntad de tres cosas: 1) conocer los síntomas y sentimientos
asociados a la enfermedad, asumir la carga existencial de la enfermedad; 2)
renunciar a juzgarlos y 3) no realizar intentos innecesarios ante lo que no se
puede controlar, comprometiéndose a vivir la situación desde los propios
valores. El sufrimiento tiene que
ver con la percepción de amenaza a la integridad biológica y la capacidad de
respuesta que tenemos ante la misma. ¿Y si viéramos el sufrimiento como
misterio? No es lo mismo enfrentarnos a un problema a resolver que a una
situación a acompañar.
No se trata sólo de la aceptación de la realidad externa, sino
también de los propios límites. Existen situaciones
de negación muy importantes, que no son una cuestión cognitiva, sino
emocional. La negación puede ser adaptativa o desadaptativa (pseudo
adaptación).
No es lo
mismo la resignación que la aceptación. Tenemos derecho a la queja y la
responsabilidad de no instalarnos en ella. La aceptación te coloca en el futuro
(“Qué hago yo con esto”), la resignación en el pasado (“Con lo que yo he sido”).
La resignación te sitúa en el espacio de la derrota, la lástima, y el
conformismo, mientras que la aceptación lo hace en el del reto, la búsqueda. Parafraseando
a Pedro Laín Entralgo, la resignación es la apropiación del fracaso, mientras
que la aceptación es la apropiación positiva de lo inevitable.
Una condición necesaria para acompañar es la aceptación incondicional de la otra persona, lo que supone: 1) No
juzgar; 2) Cordialidad en el trato; 3) Consideración positiva por la persona en
tanto que persona (por muy reprobables que nos puedan parecer algunas de sus
conductas, aceptar a la persona no significa aceptar sus conductas); 4) Mostrar
interés por lo que para la persona es importante. Tenemos que aceptar el mundo
de las emociones y sentimientos de la persona. La pregunta clave es si esas
emociones y sentimientos, que no tienen categoría moral, son adaptativos o
desadaptativos.
Aceptar es conectar con la
centralidad de la experiencia, hacerse cargo de la realidad, estar con lo
que hay. No es algo pasivo. Cuando conectas con la realidad y la aceptas puedes
gestionarla, ya sea para integrarla o para hacer cambios.
¿Qué nos
impide la aceptación? 1) Contrastar lo que es con lo que debería
ser. No hay que renunciar al deseo, pero sí hay que ser conscientes de las
expectativas irrealizables. Como dice Serrat: “Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte”. 2) Estar
orientados compulsivamente hacia el futuro, tener apego a las metas. 3) Cuando
nos anclamos en el pasado (“yo antes…”). Vivimos en una sociedad con un
optimismo tóxico, que no tolera el “no puedo más”. Si no aceptamos el miedo,
éste nos come biográficamente.
Se trata de estar presente en tu propia experiencia. ¿Cómo podemos facilitar esto? 1) Desde la aceptación incondicional
de la persona. 2) Asumiendo que es un proceso no lineal. 3) Facilitando la
conexión con el deseo, colaborando a la expresión del deseo. 4) Ayudando a
elegir la actitud ante la enfermedad y la muerte. 5) Siendo conscientes de que
a quien acompaña le toca sostener, lo que supone conectar con el absurdo, los
miedos, etc.
La enfermedad y la cercanía de la muerte nos enfrentan a la
vulnerabilidad, que solemos asociar a debilidad,
pero que es parte de la condición humana. Podemos negar la vulnerabilidad
(“Puedo con todo”), lo que trae barreras emocionales, hiper control,
resistencia, autosuficiencia, y una falsa percepción de seguridad. Pero también
podemos afrontar la vulnerabilidad desde la humildad, la apertura, la
confianza, la interdependencia y la ayuda mutua.
¿Cómo podemos ayudar a la otra persona a pasar del caos a la
aceptación? 1) Reformulando la esperanza, desde
la certeza de que se puede encontrar sentido en el proceso, sea cual sea el
resultado. 2) Trabajando el duelo. El nuevo escenario supone pérdidas
relacionadas tanto con el pasado, como con el futuro. 3) Reconfigurando el
sentido. El sufrimiento no tiene sentido, pero se puede encontrar sentido en la
experiencia. No es “gracias a”, sino “a pesar de”. No se trata de una lucha
contra el sufrimiento inevitable, sino contra el sinsentido. Se trata de resignificar la experiencia vital, y
existen cinco caminos que se pueden ir entrecruzando: 1) El cognitivo, de
significado. Responde a la pregunta de por qué vale (o ha valido) la pena
vivir. Ha habido coherencia, se ha dejado un legado, etc. 2) El motivacional,
el del propósito. Para qué seguir, qué me impulsa, cuál es mi motor. 3) El
afectivo. Me siento querido, he amado, quiero seguir expresando y recibiendo
amor. 4) El de la acción responsable desde los propios valores. 5) El de la
trascendencia, la espiritualidad. Supone soltar (no resistirse), confiar y una
actitud de apertura o de búsqueda. Apertura a espacios de encuentro con algo o
alguien que nos acoge, que nos sostiene. Apertura al ámbito del misterio, que
no necesariamente es religioso. Puede ayudar la experiencia de conexión con el
don, que responde a la pregunta: ¿qué has recibido gratuitamente? El
acompañamiento espiritual supone acoger, reconocer y dar espacio para que la
persona pueda dar voz a sus preguntas y vida a sus respuestas.
Buenas pistas para aceptar la enfermedad y la muerte y también
para acompañar a quien está en el camino de hacerlo. En el fondo, lo
fundamental es la pregunta por el sentido y la conexión con la experiencia.
Recientemente he asistido online al “Coloquio
inter-espiritual. Swami Padmanabha y Padre Paramittrananda”. Swami Padmanabha es un monje, autor y
mentor espiritual arraigado en la tradición bhakti del linaje Gaudiya. Pablo d'Ors, quien fue bautizado
en la India con el nuevo nombre de Paramittrananda —alude a la amistad suprema
entre el ser y lo Divino—, es el fundador de la red de meditadores Amigos del desierto. Voy a
destacar aquí algunas ideas del coloquio.
Pablo D’Ors compartió las tres fases que componen su práctica: 1) Ponerse en la presencia de
Dios y hacerse la pregunta: ¿Creo, Señor, que estás aquí?; 2) Experimentar la
presencia amorosa: ¿Creo Señor que me amas incondicionalmente, tal y como soy
sin pedir nada a cambio? 3) Experimentar la unión y declarar: “Te amo”, “te
quiero”.
Señaló que conocer otras tradiciones le ha ayudado a leer su
tradición de una forma más profunda. Le ha puesto en crisis y le ha abierto el
horizonte. Cree en la espiritualidad de
la síntesis —que no sincretismo—. En su opinión todo lo que hay de verdad,
belleza y bien viene de Dios.
Swami Padmanabha indicó que le
gusta más hablar de tradiciones hermanas,
que de otras tradiciones. En realidad, todos somos parientes. En sánscrito se
dice que no existen dos familias, todos somos uno. La realidad es una
combinación de unidad y diferencia. Avanzamos cuando conseguimos integrar. En
palabras suyas, “en mi viaje ha habido mucho de unidad en la diversidad”. Más
que de unas u otras religiones, podríamos hablar de diferentes expresiones de
la función del alma en conexión con su fuente. Se suele utilizar la imagen de
la copa (persona) y el vino (sustancia embriagante del amor divino). Al final,
cada sendero puede ofrecer una variante de vino, pero nos encontramos todos en
la misma taberna.
Pablo D’Ors subrayó que la técnica está al servicio del encuentro.
Muchas veces las y los meditadores preparan mucho “el banquete”, pero se lo
pierden. A él, meditar le lleva a suavizar la mirada, a hacerla más amorosa. Y
eso llega a las personas con las que te encuentras.
Pablo D’Ors insistió en que no hay
que preocuparse por compatibilizar los amores. Meditar, contemplar, es amar y amar es contemplar. Parafraseando a Buda
Gautama, la única manera de hacer algo por la paz es ser paz. Swami Padmanabha
aportó una sugerente imagen, regar la raíz de la planta (meditar) nutre todo
(se extiende al círculo inmediato).
Me quedo con la imagen de las tradiciones hermanas. Lo importante es
amar y la mediación (tradición) nos ayuda a profundizar en el amor.
Amigos del desierto y Swami
Padmanabha (2026, 15 ene). Coloquio inter-espiritual. Swami Padmanabha y Padre
Paramittrananda [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=NdquRFMihNo
[QUIÉN SOY] “Fui puta. Fui víctima. Fui un ser inocente cuyos
derechos fueron vulnerados por miles de hombres, con el amparo de los estados.
Ya no soy víctima. Porque ser víctima NO es un estado mental y social
permanente e irreversible. Porque de serlo, de nada servirían la prevención,
reparación y protección. Fui niña. Soy mujer” (p.18)
[QUÉ QUIERO] “Quiero dejar de ser la víctima, la superviviente, la
violada, la exprostituta, la puta, la rumana que da su testimonio. Ser objeto
de análisis tras ser objeto de consumo te mantiene como objeto de deseo. Quiero
ser sujeto” (p.20) (*1)
[QUÉ NECESITO] “Valor, tiempo y capacidad reflexiva. Solo tres
cosas. Pero de manera bidireccional” (p.21)
El pasado 30 de noviembre asistí a la conferencia de Amelia
Tiganus—activista y conferenciante contra la explotación sexual— organizada por Espäcio Regäderä, cuyo título hace
alusión a su último libro, La revuelta de las putas. De víctima a
activista, del que lleva vendidos 50.000 ejemplares —va por la 10ª reimpresión,
algo poco usual para un libro feminista—. Existe una versión en cómic inspirada
en su historia, AMELIA. Historia de una lucha. He
leído con mucho interés el libro y voy a compartir aquí algunas ideas de la
charla que completaré con citas textuales.
Hay algunos datos que dan mucho que pensar. España es el país más putero de Europa y el
tercero en el mundo. La industria de la explotación sexual: pornografía,
trata, sugar dating (*2),
prostitución, etc. mueve más dinero que las armas y las drogas.
Existen diferentes modelos
ideológicos ante la prostitución. Entre ellos los principales serían: 1) El prohibicionista, que invisibiliza el problema y culpabiliza y castiga a las víctimas (p. ej., Rumanía); 2) El regulacionista, también llamado prosex
o proderechos, que habla de trabajadoras sexuales y reclama derechos, desviando
el foco del propio sistema (p. ej., Alemania y Países Bajos); y 3) El abolicionista, que habla de mujeres en
situación de prostitución, lo que resalta el hecho de que es una cuestión de
género y que es reversible (p. ej., Suecia, Noruega y Francia). Busca prevenir,
proteger y reparar a las víctimas, así como castigar tanto a los proxenetas
como a los puteros. [Para profundizar en los modelos, véase Molina Montero, 2018]
Amelia aboga por el último modelo, ya que el problema es el sistema prostitucional,
que tiene estructura de campo de concentración y en el que todas somos
prostituibles. Es un sistema conformado por:
“los estados, que permiten y
facilitan que esto exista; los proxenetas,
considerados respetables empresarios de la noche; los pequeños y grandes negocios que se lucran directamente con la
existencia de este sistema, y los puteros,
el brazo ejecutor que destruye mujeres y niñas a la vez que financian y
sostienen este orden patriarcal, capitalista y racista. Las mujeres son el eslabón más débil. Pero
interesa mucho hacer que parezca un tema de mujeres para invisibilizar a los
auténticos responsables de esta barbarie” (p.99). Existe también otro eslabón,
las mamis: “Las auténticas mamis —mujeres
exprostituidas— están sobre todo en la recepción y se encargan de controlar a
las mujeres y hacer cumplir las normas; además, son los ojos y los oídos del
proxeneta” (p.132).
“La prostitución no
es ni «sexo» ni «trabajo», sino violencia sexual de hombres contra mujeres”
(p.152) lo que es incompatible con la dignidad humana [véase el primer párrafo
del Preámbulo del Convenio para la
represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena
de 1949 al que España se adhirió en 1962]. Los prostíbulos son campos de
concentración en los que los candados son el miedo, las amenazas, sobre la
propia vida o las de los seres queridos. Hay un perfil bastante extendido de la
víctima de este mundo: “mujer, joven, inmigrante, con grandes responsabilidades
familiares, en situación de vulnerabilidad y exclusión social, con gran
precariedad económica, en ocasiones con dificultades con el idioma, que sufre
una gran movilidad y un gran desconocimiento de los derechos y (los
insuficientes) recursos existentes” (p.182). Y la única vía de escape son los
verdugos, los puteros.
Amelia explica que, en su experiencia, se ha encontrado con distintos tipos de puteros: 1) El putero majo, “para mí, uno de los
peores maltratadores. Estos iban de buenos y me hacían preguntas, me contaban
cosas (…) quieren comprar aquello que ni las putas vendemos: las caricias, el
cariño, la ternura, los abrazos sinceros, los besos de amor... Lo quieren todo
por un miserable billete” (p.112); 2) El putero
macho “que piensa que su masculinidad, su valor como hombre, tiene que ver
con la cantidad de mujeres a las que penetra y a las que —en su imaginación,
claro está— satisface sexualmente” (p.114); 3) El putero misógino, “es el más violento y peligroso, porque las
prácticas que lleva a cabo para sentir placer dentro de su sadismo son
difíciles de narrar (…) Cuanto más dolor, humillación y miedo te hacen pasar,
más disfrutan” (p.114). Y añade otro perfil, “y luego están los hombres que
dicen que no van de putas, sino que van de copas o que solo acompañan a sus
amigos (puteros). Y yo pregunto ¿cómo te puedes divertir en un campo de
concentración?” (p.115).
Amelia describe los cinco años que pasó en más de cuarenta
prostíbulos con una imagen: “un reloj
sin agujas. La esclavitud es una vida sin sentido del tiempo (…) En el
prostíbulo pierdes tu identidad y te conviertes en una mujer en serie:
intercambiable y utilizable sin medida. El campo de concentración te aliena, te
despersonaliza. El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y
tu cuerpo solo intenta sobrevivir. Solo hace falta imaginarse a todas las que
no pueden hablar y contar este relato: las que mueren por enfermar gravemente a
causa de las adicciones, los abusos y la tortura; las que son asesinadas: las
víctimas de feminicidio por prostitución son las grandes olvidadas de la
violencia machista” (pp.89-90). Evadirse para sobrevivir, unas relaciones
frágiles entre compañeras —que se ven como rivales—, el consumo de sustancias
que aparece desde el principio —se les ‘vende’ como una forma de ganar más
dinero—, obligaciones y deudas contraídas —generadas por el propio sistema—, y
muchas huellas profundas —entre ellas: deterioro físico, trastornos de
alimentación y del sueño, aislamiento, estados depresivos, trastornos del
sueño, alteraciones emocionales, ideación e intentos de suicidio— hacen muy
difícil la salida de este mundo. El trauma es muy profundo. [Animo a ver el
vídeo Ninguna mujer nace para puta, de
Sonia Sánchez]
La charla y el libro
me han cambiado la mirada y ha dado un nuevo sentido a mi compromiso feminista.
“Es triste reconocer la cantidad de potencial, talento, capacidades y vidas
humanas destruidas por el sistema prostitucional. Triste pero imprescindible.
El patriarcado nos enferma. El capitalismo nos enferma. El feminismo es la cura
a tanto sufrimiento y desigualdad. Porque el feminismo no solo salva vidas,
además las dota de un profundo sentido de humanidad (…) Porque ninguna se salva sola. Nos salvamos juntas. La resiliencia tiene
rostro de mujer. Y sonrisa de niña” (p.184)
(*1) NOTA –
Me resultó muy significativo el testimonio de Amelia cuando contaba que en
varias ocasiones le ofrecieron escribir el libro y cuando decía que no lo veía
le ofrecían escribirlo por ella. Una vez más objeto que no sujeto…
(*2) NOTA –
Cuando escribo en Google para comprobar la ortografía la IA me devuelve este
contenido: “El ‘sugar dating’ es una relación de beneficio mutuo donde una
persona, usualmente mayor y con recursos económicos (‘sugar daddy’ o ‘sugar
mommy’), ofrece apoyo financiero o regalos a otra persona más joven (‘sugar
baby’) a cambio de compañía, tiempo o intimidad”. ¡Así explicado parece algo consentido y bueno!
LaSexta (2018, 2 abril). Amelia: "España es el país
donde más consumo hay y no existe una ley contra la trata" – Salvados
[archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=ij5-INaqES8
Portal puntero de información y periodismo de datos con
perspectiva feminista https://feminicidio.net/
Dejo a continuación dos breves entrevistas a Amelia, una realizada por Jordi Évole (Salvados) y otra realizada por Innovandis —Programa de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Deusto— a raíz de la publicación del libro.
Del 26 al 28 de noviembre, tuvo lugar en la Universidad de
Deusto el Congreso Ahotsak. El papel de las ciencias sociales y humanas ante los
retos del presente, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales y
Humanas. Como señala la Decana, Ane Ferran, “un congreso donde
queremos reivindicar nuestras voces: voces que explican la realidad, que
contribuyen colaborativamente a la transformación y la justicia social” (ver el
programa aquí).
Voy a recoger aquí algunas de las ideas que salieron en la
mesa: “Resituando (y gobernando) el
entusiasmo: desafíos éticos de la irrupción de la IA”. Tuvo como ponentes
a: María López — Dra. en Derechos Humanos—, Borja Sanz —Dr. en Sistemas de
Información—, Ruth Carbajo
— Dra. en Ingeniería, Energía y Tecnologías de la Información— y Laura Marrón —Directora de
Basque Artificial Intelligence Center (BAIC)—.
Y como moderador, Peru Sasia —Dr. en Química Macromolecular—.
El punto de partida fue que si hiciéramos un análisis ético
profundo no asumiríamos que la IA es inevitable y, mucho menos, ingobernable.
Antes de hablar de los efectos conviene plantearse la pertinencia del uso y
desarrollo de la IA. En primer lugar se presentaron algunos de los principales desafíos éticos de la
irrupción de la IA:
Debemos reflexionar no sólo sobre lo que podemos hacer, sino
sobre lo que debemos hacer. La
implantación de las innovaciones no siempre asume los retos de la cohesión
social, la democratización, etc.
Actualmente vivimos en un tecnofeudalismo —véase Robledo (2024)—, un capitalismo gobernado por un pequeño grupo de hombres —no hay
mujeres CEO de las grandes empresas tecnológicas— que controla tanto el dinero
como los datos, lo que provoca una profunda desigualdad social que amenaza la
democracia. Además, se está dando una pérdida de relevancia de los marcos
normativos. Los nuevos señores feudales necesitan que los marcos normativos les
opriman lo menos posible.
¿Cómo se pueden diseñar algoritmos justos si no hay fórmulas
a aplicar? Los tecnólogos se encuentran con sistemas complejos, muy complejos,
de difícil explicabilidad —no se
sabe cómo funcionan y por qué lo hacen así—. Un caso sugerente es Anthropic, empresa dedicada a la
seguridad y la investigación en inteligencia artificial, que pretende crear
sistemas de IA fiables, interpretables y controlables y que publican los fallos
que encuentran en sus sistemas.·
Vistos los desafíos, el siguiente paso fue plantear los tratamientos, las medidas, a
aplicar:
Auditar los
algoritmos puede ayudar a identificar problemas, aunque esta medida sea a
posteriori y su alcance no sea general. Es muy importante la pregunta por la
trazabilidad del dato. La base de conocimiento de la IA es todo internet. [Esta
intervención me recordó la charla que dio Gema Galdón hace dos años en Deusto
Forum, ver entrada].
Poner a las personas
en el centro. Corremos el peligro de acabar pareciéndonos a las máquinas,
en lugar de al revés.
Mapear cómo y
para qué se usa la IA y así valorar el nivel de riesgo. Y a partir de ahí hacer
planes de capacitación, entendiendo
que no sólo se trata de saber usarla, sino de conocer qué datos uso, de quién
son, y preguntarse si se pueden compartir.
A las universidades
nos corresponden algunas tareas fundamentales como: desarrollar un
posicionamiento crítico respecto de la IA, encontrar un idioma común desde la
interdisciplinariedad, una reflexión profunda sobre la innovación y cómo esta
debe revertir a la sociedad (democratización del sistema de innovación).
No se puede dar un paso atrás en el ámbito normativo. Hay que asegurar un marco normativo
fuerte que proteja los derechos de todas las personas.
Hay que generar
consensos y transversalizar la perspectiva ética: qué entendemos por
sostenibilidad, por explicabilidad, incluir el concepto de rendición de
cuentas.
·Para terminar la mesa cada participante eligió una palabra o
concepto. Suscribo todos ellos: potencial de la colaboración, perplejidad,
responsabilidad compartida y militancia. No se puede ser un ciudadano, una
ciudadana, responsable sin preguntarse y posicionarse ante los retos éticos de
la IA. Y como dice el proverbio africano: "Si
quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado".
El pasado 27 de noviembre, Lori Thompson, Doctora en Psicología y especialista en cuidados
paliativos —ver aquí
su perfil—, impartió la Clase magistral
“Experiencias cercanas a la muerte”, organizada por la Fundación Pía Aguirreche en la
Universidad de Deusto.
He de reconocer que el tema de la charla me resultaba especialmente interesante. Siendo
adolescente cayó en mis manos el libro Vida
después de la vida, de Raymond A. Moody, Jr. Creo que ahí comenzó mi interés por la tanatología, el duelo,
los cuidados paliativos y otros temas afines. Lo que podría parecer un gusto
macabro, no ha hecho más que conectarme con la vida y animarme a vivir con
consciencia todas sus etapas. Esta charla me aportó nuevos argumentos.
En la presentación de la ponente el Dr. Jacinto Bátiz —reconocido
paliativista— señaló que el tema de la conferencia conecta con la necesidad de
una continuidad, el deseo de que la vida
no termine.
Lori Thompson inició su conferencia aludiendo a que no
podemos hacer afirmaciones categóricas bajo la ilusión de que la ciencia tiene
todas las respuestas —más bien está permanente descubriendo—. Suscribo que al
tema de la charla hay que acercarse con
apertura de mente.
Como indicó Lori, una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM),
según Moody, es: “cualquier experiencia perceptual consciente que tenga lugar
en una situación cercana a la muerte”. Actualmente hay quienes prefieren hablar
de Experiencia recordada de la muerte —Recalled Experience of Death (RED) —
entendida como: “Una experiencia cognitiva y emocional específica que ocurre
durante un periodo de pérdida de conocimiento en relación con un evento que
amenaza la vida, incluido el paro cardíaco”.
Las ECM ocurren en
situaciones muy diversas: parada cardíaca, electrocución, cirugía cardíaca,
coma, fiebre, accidentes de tráfico, trabajo de parto, asfixia, ahogamiento,
hipoglucemia, etc.
Moody hace una lista con algunos de los factores comunes de las ECM: inefabilidad
—dificultad para expresar lo vivido con palabras—, escuchar frases como: “ha
muerto”, una sensación de paz como nunca antes se había sentido, determinados
ruidos o sonidos, encontrarse en un túnel o espacio oscuro, visión del propio
cuerpo desde fuera, encuentros con seres no físicos —personas conocidas ya
fallecidas, seres religiosos, personas desconocidas, etc. —, revisión de la
vida —atemporalidad, toda la vida puede pasar en muy poco tiempo—, revisitar
experiencias desde la posición de otra persona —sin juicio, como aprendizaje—, llegar
a una frontera —una especie de punto de no retorno cuya simbología puede
cambiar según las culturas—, decidir volver o que otra persona les anime a
hacerlo, pérdida del miedo a la muerte, contar con detalle cosas que sucedieron
mientras no se era consciente, recibir comentarios negativos al contar la
experiencia, sentir la experiencia como “más real que la realidad”, etc.
Ninguna ECM es
completa, en el sentido de que no cuenta con todos los elementos mencionados.
Hay un porcentaje pequeño de personas,
en tono a un 4-5%, que hablan de la experiencia como negativa. Lori se
preguntaba si las expectativas o el miedo interferirían en la experiencia, o
incluso si no sería una señal de una necesidad de aprendizaje. Tampoco parece
que las experiencias en los niños y niñas difieran mucho, salvando su capacidad
de expresarlas —suele suceder que los niños y niñas que las han vivido maduran
mucho tras la experiencia—. No se han encontrado correlaciones con la clase
social, el sexo, el nivel de estudios, la profesión, el lugar de nacimiento, las
convicciones religiosas, la salud mental, o el estado civil.
Lori contó cómo en los años 80s tuvo la suerte de conocer
la experiencia, mientras era soldado en la Segunda Guerra Mundial, de Gordon Gatch, quien durante muchos años
no se lo contó a nadie aparte de a su mujer [en el vídeo a partir de 49:15].
Gordon en un primer momento pensó: “¿Me habré
muerto? ¿Qué tengo que hacer ahora?”. Después de relatar varios de los
mencionados elementos dice que pensó en su mujer —estaba recién casado— y se
dijo: “Tengo que vivir. ¿Qué tengo que hacer? Tendré que respirar…”. Gordon
expresaba que después de la experiencia seguía siendo agnóstico, pero que se le
había quitado el miedo.
Cabría preguntarse si
las ECM se dan sólo en Occidente y si son un fenómeno nuevo. En La República de Platón se narra el mito
de Er, un guerrero que muere en batalla pero regresa a la vida para contar su
experiencia en el más allá. En la cultura tibetana existen los “delogs”, a
quienes se les considera personas sabias y portadoras de mensajes para otras
personas.
Las ECM se quedan muy
grabadas en quienes las han experimentado. De hecho, el relato de las
mismas apenas varía con el tiempo. La mayoría de las personas expresan haber
sufrido un cambio radical en sus vidas, afirman haberse vuelto más espirituales
(que no religiosos o religiosas), señalan que han crecido en empatía y han
conectado con su propósito en la vida. Algo que llamó mucho la atención fue que
Lori explicó que las investigaciones señalan que quienes han tenido estas
experiencias asociadas a un intento de suicidio, normalmente no vuelven a
intentarlo —a pesar de ser una experiencia gratificante—.
En el turno de preguntas hubo una, a mi modo de ver,
especialmente relevante formulada por Enric Benito que tenía que ver con la recepción por parte de los profesionales de
la salud de estas experiencias. Lori respondió que era muy importante
acoger bien estos relatos, algo en lo que todavía hay mucho que mejorar.
Relacionado con esto contó una anécdota de un foro en el que un médico que
estaba en el público replicó de forma contundente que a él nunca le habían
narrado algo así. Otra persona respondió: “Yo he sido paciente suyo y nunca se
lo contaría”. ¡Qué importante… mantener
la mente abierta, escuchar sin prejuicios y acoger incluso lo que nos supera!
¡Cuánto nos queda por entender qué es la consciencia!
Fundación Pía Aguirreche (2025, 27 noviembre). Clase
magistral «Experiencias cercanas a la muerte» de Lori Thompson [archivo de
vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=kaf9f4LIT_E