viernes, 10 de abril de 2026

Querido profe, me invaden las tinieblas

 

El pasado 21 de marzo impartí una conferencia en Cadiñanos (Burgos) a la que puse por título: “Cuidar, Despedir y Sanar: El valor de estar presentes”. Me dieron la posibilidad de elegir el tema y opté por uno de los que últimamente más me llama: la enfermedad, el duelo y el final de la vida. Hay muchas personas a quienes no le gusta nada hablar de estos temas. A mí me encanta, porque me conecta con la vida y con mis prioridades. Creo firmemente que todas las personas, desde edad temprana, deberíamos familiarizarnos con la muerte, ya que tarde o temprano nos la encontraremos cara a cara. Y es mejor hacerlo sin miedo ni prejuicios.

A raíz de la charla me hicieron llegar un artículo cuyo título me cautivó —“La vida y la muerte por correo electrónico” (Hermoso, 2026)— y que me hizo descubrir dos libros. Voy a hacer esta reflexión sobre uno de ellos: Querido profe, me invaden las tinieblas (Bonete, 2025).

Desde el primer momento el libro me evocó a otro —Martes con mi viejo profesor (Albom, 1998)— que he leído varias veces y al que he aludido en entradas anteriores (Echaniz Barrondo, 2020, 2013a y 2013b). En esta ocasión se invierten las tornas. No es el discípulo quien acompaña al profesor en su última etapa. Al detectarle cáncer, una antigua alumna se pone en contacto con quien fuera su profesor de la asignatura Ética de la muerte diez años atrás en la Universidad de Salamanca —Enrique Bonete— y empiezan una relación ‘epistolar’ que la alumna mantiene oculta a sus personas cercanas. El profesor va respondiendo a sus inquietudes de la mano de grandes maestros de la filosofía. La relación acaba cuando la alumna no responde a varios mensajes y el profesor asume que le ha llegado la hora. El libro ve la luz varios años después de la muerte de la alumna. Es ella misma quien le sugiere que las misivas que se cruzan podrían ayudar a otras personas en una situación similar.

El título del libro es muy gráfico y recoge muy bien la vivencia de la alumna: “Disculpe mi pesimismo, profesor: a veces ahoga. Especialmente durante las noches, cuando me siento sola, desprotegida, rodeada de un silencio inquietante. Pero también por el día. En realidad, se podría decir que la oscuridad mental es algo así como mi estado más duradero, una constante compañera. Profe, me invaden las tinieblas... Y tengo miedo... Por eso busco la luz y la fortaleza moral de los sabios que usted tanto estudia” (pp.79-80).

A lo largo del intercambio ‘epistolar’ alumna y profesor van compartiendo ideas y experiencias muy profundas. Recordando a Séneca el profesor le escribe: “La persona sabia ha de meditar en la muerte, sea cual sea el contexto en que se halle (salud o enfermedad, alegría o pena); en definitiva, debe familiarizarse con su permanente cercanía. Así aprende a prepararse para cuando llegue. Quien nunca piensa en ella no sabrá qué actitud adoptar en el momento clave. Mas quien en su mente la hace presente, al acercarse la mirará sin aspavientos (…) Las decisiones más serias y graves de la existencia han de ser tomadas teniendo presente el final. Si no se contempla la vida personal desde el morir, la interpretación del quehacer cotidiano queda falsificada. Se ha de aprender a disfrutar de lo más valioso de cada día (los afectos, por ejemplo) como si fuera el último” (pp.56-57).

La llegada de la enfermedad y la muerte trastoca el proyecto vital tanto de quien la vive como de sus personas cercanas, pero no significa que desaparezca el sentido. Como señala el profesor: “¿Somos como una mera pompa de jabón? ¿Hinchamos nuestra vida sabiendo que va a explotar? Qué gráfico y metafórico todo esto ... Sabemos que la muerte, al final, vencerá. Pero ello no ha de aplastarnos, sino al contrario: a pesar de la meta hacia la que caminamos, la trayectoria vital no carece de sentido, ni es absurda ni desesperada la lucha por vencer a la muerte. Mientras vivimos, el goce del presente y, sobre todo, la compañía de los seres queridos ofrece momentos de plenitud al proceso temporal en el que estamos inmersos” (p.114). Un poco más adelante añade: “Es comprensible temer el proceso de morir, los dolores y sufrimientos que puede ocasionar. Pero no es racional sentir miedo a la muerte, al hecho de desaparecer, que es bien distinto al proceso temporal de ir muriendo. Así lo han diferenciado la mayoría de los filósofos” (p.122)

Me parece especialmente bello el último párrafo antes del Epílogo: “En realidad, la muerte de una persona querida no deja de ser, para quienes permanecemos aún en este mundo, el silencio de la ausencia; sí, el doloroso eco de una voz, el recuerdo de palabras con ternura escritas” (p.168). Por experiencia sé que lo más doloroso de la pérdida de un ser querido es no volver a oír su voz, escuchar su risa, estrechar su mano…

Abre la entrada la imagen con la que comencé la charla a la que aludo. ¡Qué importante y bonita tarea el sostener(nos)! ¡Que regalo poder compartir con otra persona sus dudas e inquietudes, especialmente en momentos dolorosos! Cuidar y acompañar es un gran regalo que nos transforma la vida y la dota de sentido.

Referencias

jueves, 2 de abril de 2026

Comunidades compasivas

 

El 26 de marzo asistí a la Clase magistral “Comunidades compasivas”, impartida por Rafael Mota Vargas —médico especialista en Medicina Interna y Cuidados Paliativos— y organizada por la Fundación Pía Aguirreche. Comparto aquí algún de las ideas que extraje de la misma.

No enfrentamos a una realidad que viene marcada por el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades crónicas, de la dependencia y de la discapacidad. Todo esto supone una mayor exigencia de cuidados en familias cada vez más cortas. Asistimos, además, a una epidemia silenciosa: la soledad. Se hace más necesario que nunca una atención integrada —sanitaria, social y comunitaria— centrada en la persona.

Se suele identificar la compasión con la pena y la lástima. Sin embargo, la compasión implica reconocer el sufrimiento, resonar emocionalmente (identificarnos con el sufrimiento), e ir más allá de la mera observación: ¿Qué puedo hacer yo para aliviar ese sufrimiento?

La Fundación New Health, surgida en 2013 en Sevilla, opera en varios países de Europa y Latinoamérica y trabaja en el desarrollo de “CIUDADES COMPASIVAS mediante la metodología TODOS CONTIGO® por la que se acompaña a las organizaciones al desarrollo de acciones de sensibilización, formación, investigación e intervención comunitaria para la activación de redes de cuidado y acompañamiento alrededor de las personas con enfermedad avanzada y sus familiares”. Hay tres puntos clave: 1) La sociedad como impulsora del cambio; 2) La compasión como eje transversal —la compasión en palabras del Dr. Enric Benito es “la forma que toma el amor cuando se encuentra con el sufrimiento”—; 3) El impulso de las redes comunitarias, “ciudadanos comprometidos y capacitados en el cuidado y acompañamiento de las personas más vulnerables de su comunidad”. En definitiva, hablamos de Cuidados, Compasión y Comunidad. ¿Y cómo se operativiza eso? A través de la Concienciación, Capacitación y Creación de Redes.

Badajoz Compasiva —iniciativa de la cual Rafael Mota Vargas es impulsor— es un proyecto de la Asociación Cuidándonos, “entidad sin ánimo de lucro que trata de implicar a los ciudadanos en el cuidado y acompañamiento de las personas que enfrentan enfermedades en el final de sus vidas”. Impresiona ver tanta energía y vitalidad puesta al servicio de las personas de forma altruista, a través de proyectos como: “Café Contigo: Acompañar y Cuidar hasta el Final”, “Escuela Contigo: El regalo de Cuidar”, “Universidad Contigo” o “Árboles para el Recuerdo”.

Para terminar unos versos que reflejan lo verdaderamente importante, hacer tu parte, dejar una huella bonita. Además, como dice el Dr. Enric Benito, “Acompañar y estar ahí tiene premio” (Echaniz Barrondo, 2023).

Recomiendo ver el documental “DEATH CAFÉ: la Música de tu Vida” impulsado por AECC Badajoz, Badajoz Contigo, Ciudad Compasiva y Músicos Sin Fronteras.


Referencias

domingo, 8 de marzo de 2026

Dale espacio a la igualdad

Con ocasión de la celebración del 8 de marzo, "Día Internacional de las Mujeres", Emakunde —Instituto Vasco de la Mujer— junto con las tres diputaciones forales y EUDEL —Asociación de Municipios Vascos— han lanzado una campaña de sensibilización con el lema: "Dale espacio a la igualdad (Emakunde, 2026). Sigamos ganando terreno para los derechos de las mujeres en todos los ámbitos". Es importante recordar(nos) que hay que seguir trabajando por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, que el terreno ganado es frágil y que no hay que bajar la guardia. Además, el retroceso de algunas es un gran paso atrás para todas, para la humanidad en su conjunto.

El lema elegido por ONU Mujeres en 2026 para esta fecha es: “Derechos. Justicia. Acción. Por y para todas” y con él hace un llamamiento “adoptar medidas urgentes y decididas para poner fin a la impunidad, defender el Estado de derecho y lograr la igualdad —en la ley, en la práctica y en todos los ámbitos de la vida— para todas las mujeres y niñas” (ONU Mujeres, 2026).

Como señala el reciente informe del Secretario General de la ONU: “En comparación con los hombres, las mujeres de todo el mundo se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a la justicia en casi el 70 % de los países encuestados. Con frecuencia, la infraestructura de la justicia no defiende los derechos de las mujeres y las niñas, que afrontan dificultades como las leyes discriminatorias, los mecanismos de justicia inaccesibles, la escasa aplicación y las normas restrictivas y patriarcales. Los errores de la justicia que amenazan la vida de las mujeres y las niñas suelen gozar de impunidad y verse perpetuados por ella. A nivel mundial, las mujeres gozan del 64 % de los derechos que tienen los hombres, ya que siguen prevaleciendo los marcos jurídicos discriminatorios” (Naciones Unidas, 2026, puntos 8 y 9).

En clase de Ética cívica y profesional, cuando trabajamos los Derechos Humanos, me suele gustar dedicar una actividad a reflexionar sobre los privilegios, la interseccionalidad, la meritocracia y la acción positiva. Cuando acabamos la actividad les suelo hablar del Informe Global sobre la Brecha de Género (Foro Económico Mundial, s.f) que se publica cada año y da información sobre cuánto falta para que se dé la equidad de género. El Índice de Brecha de Género incluye 4 dimensiones: 1) Participación y oportunidades económicas, 2) nivel educativo, 3) salud y supervivencia, y 4) empoderamiento político. En la siguiente tabla se recogen dos datos de los informes publicados entre 2017 y 2025.

 

2017

2018

2019

2020

2021

2022

2023

2024

2025

La brecha de género se ha cerrado en un…

68%

68%

--

68,6%

67,7%

68,1%

68,4%

68,5%

68%

Años que faltan para la paridad de género

100

108

--

99,5

135,6

132

131

134

123

Elaborado a partir de los Informes Globales de Brecha de Género (Foro Económico Mundial, s.f.)

Esta información siempre le sorprende al alumnado, especialmente a las mujeres. En el informe del año 2025 se habla de que la brecha se ha cerrado en un 68% y que faltan 123 años para alcanzar la equidad de género. Eso supone que muchas generaciones no la van a conocer. Es importante resaltar que existe mucha variación en el número de años entre regiones: Asia central 208, Oriente medio y norte de África 185, Asia oriental y el Pacífico 179, Asia meridional 138, África subsahariana 107, América del Norte 89, Europa 76 y Latinoamérica y el Caribe 57.

Es fundamental dar espacio a la igualdad y ganar terreno a los derechos de mujeres y niñas en todos los ámbitos de la vida. Parafraseando las palabras de Teresa Laespada, Diputada Foral del Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad en Bizkaia, en la Gala de los Premios Zirgari 2026, trabajar por el avance de la igualdad es una deuda moral y política con la vida.

 

Referencias


domingo, 22 de febrero de 2026

Humanizar las organizaciones para humanizar la sociedad

 

El jueves 12 de febrero tuvo lugar el evento titulado “Humanize the Company to Humanize Society” organizado por la Fundación Vizcaína Aguirre, Deusto Business School, Fundación Arizmendiarrieta y Deusto Business Alumni.

En primer lugar intervino Chris Lowney, reconocido experto en liderazgo humanista [ver biografía aquí]. Empezó recordando que nos encontramos en un mundo VUCA (volatile —inestable—, uncertain —incierto—, confusing —confuso—, ambiguous —ambiguo—) en el que el liderazgo se ha vuelto imprescindible. Después de su paso por la Compañía de Jesús y J.P. Morgan & Co ha afianzado cuatro ideas importantes sobre el liderazgo: 1) No es algo superficial —qué haces—, sino profundo —tiene que ver con quién eres y qué representas, qué te mueve—. 2) No se trata de trucos y consejos para manipular a las personas, sino del establecimiento de relaciones que desarrollan el potencial de las personas y respetan su dignidad. 3) Más que una suma de acciones es la expresión de las creencias más profundas. 4) No es sólo concreto y material sino, en última instancia, espiritual.

Como explicaba en su libro El liderazgo al estilo de los jesuitas, la Compañía de Jesús —fundada en 1540— lleva casi cinco siglos formando en cuatro valores esenciales a todos sus novicios para prepararlos para dirigir:

1) Conocimiento de sí mismo. Es muy importante la reflexión sobre las debilidades, las fortalezas y las creencias. “El Examen o Pausa Ignaciana es un ejercicio diario de autoevaluación y reflexión, uno de los principios fundamentales de la espiritualidad ignaciana” (sjandaluciaoriental, s.f.a).  Y los Ejercicios espirituales son un método personalizado, una especie de "tablas de gimnasia interna" que, a través del acompañamiento y la apertura a Dios, buscan liberar el corazón y transformar la vida para cumplir la voluntad divina (jesuitas.es, s.f.).

2) Ingenio. La libertad, la apertura es necesaria para adaptarse a un mundo cambiante. “La indiferencia [o libertad interior] significa desprenderse lo suficiente de las cosas, de las personas o de las experiencias para poder acogerlas o dejarlas de lado, según nos ayuden a «alabar, reverenciar y servir a Dios» —Ejercicios Espirituales 23—” (McCoy, s.f.). Y el discernimiento es una herramienta ignaciana fundamental que nos ayuda a identificar y evaluar las fuerzas internas contradictorias para elegir el camino que mejor nos alinee con la voluntad de Dios (sjandaluciaoriental, s.f.b.).

3) Amor. Cada persona es digna y merece respeto. “Una de las características de la educación jesuita es la Cura Personalis, entendida como el cuidado integral de la persona a través del acompañamiento, que se realiza desde el amor y el servicio para que el otro crezca, respetando sus particulares circunstancias y con aprecio a sus capacidades y necesidades” (Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana, 2018).

4) Heroísmo. Ganarse el respeto del equipo conduce a que se sacrifiquen para servir a una misión mayor, al compromiso con el “Magis”. “En la espiritualidad ignaciana, la palabra MAGIS se refiere a un estilo de vida centrado en la calidad más que en la cantidad. La búsqueda de la gloria de Dios (el AMDG ignaciano) debe hacerse desde máximos, es decir, con el objetivo de que todo lo que hagamos esté lleno de sentido y de profundidad, lleno de Dios” (Jesuitas Educsi, 2024).

Según Lowney, estos principios que rigen la Compañía son muy relevantes hoy, incluso puede que más de lo que han sido hasta ahora. Como muestra de ello hizo algunos destacados:

"El liderazgo es el arte de influir y dirigir a las personas de tal manera que se gane su obediencia, confianza, respeto y cooperación leal en el logro de los objetivos comunes" (U.S. Air Force). [Habría que matizar esta obediencia: el liderazgo no busca la sumisión].

En un artículo publicado en McKinsey Quarterly, Feser, Mayol y Srinivasan, Ramesh (2015) como resultado de una encuesta a 189.000 personas en 81 organizaciones diferentes llegaron a la conclusión de que en las empresas con un liderazgo fuerte se muestran los siguientes tipos de comportamiento: 1) Resolución eficaz de problemas. Se centra en el proceso previo a la toma de decisiones: recopilar, analizar y considerar información de manera profunda. 2) Orientación a resultados. No basta con tener una visión; el líder debe asegurar que se alcancen los objetivos. 3) Búsqueda de diferentes perspectivas. Se manifiesta en líderes que analizan tendencias y escuchan las ideas de sus empleados. 4) Apoyo a los demás. Se basa en la empatía y la autenticidad. Los líderes comprensivos generan confianza e inspiran a sus colegas para superar desafíos.

"El liderazgo de Nivel 5 es un concepto desarrollado en el libro Good to Great [Empresas que sobresalen]. Los líderes de Nivel 5 muestran una poderosa mezcla de humildad personal y una voluntad indomable. Son increíblemente ambiciosos, pero su ambición está, ante todo, al servicio de la causa, de la organización y su propósito, no de sí mismos" (Collins, s. f.).

En segundo lugar intervino Jon Emaldi, miembro de la Fundación Arizmendiarrieta. En 2026, al cumplirse 50 años de su fallecimiento, se celebra el “Año de Arizmendiarrieta, el Año de la Empresa Humanista”. José María de Arizmendiarrieta, Don José María para quienes le conocieron, fue un gran líder humanista, impulsor de la Experiencia Cooperativa de Mondragón [ver biografía aquí]. Expuso cómo el liderazgo de Arizmendiarrieta está en línea con el liderazgo ignaciano, tal y como puede apreciarse en la siguiente tabla que recoge algunos de sus pensamientos.

Liderazgo ignaciano y valores de Arizmendiarrieta

Conocimiento de sí mismo

“Cabría acabar con el pecado acabando con el hombre, pero, ¿lo merece?” (370)

Ingenio

“No lamentos, sino acción” (231)

“El signo de la vitalidad no es durar, sino renacer y adaptarse” (229)

Amor

“La unión es la fuerza de los débiles. La solidaridad es la poderosa palanca que multiplica nuestras fuerzas” (322)

“Hay que socializar el saber para democratizar el poder” (185)

“Progresar no es adquirir más, sino ser más, actuar mejor, darse más” (146)

Heroísmo

“El mundo no se nos ha dado simplemente para contemplarlo sino para transformarlo y esta transformación no se hace con los brazos sino primero con las ideas y los planes de acción” (043)

“Las entidades cooperativas tienen que ser elementos de progreso, de desarrollo, de promoción de un nuevo orden social” (444)

“El cooperativismo no es un fin sino un medio; es una institución; es un instrumento idóneo para que se encarnen en la vida económica y social unos ideales cuya bondad nadie puede discutir leal y noblemente, o al menos cuentan con el asentimiento de los más” (532)

Elaborado a partir de Otalora (1999). Entre paréntesis está el número del pensamiento.

 

Desde la Fundación Arizmendiarrieta se ha desarrollado el Modelo inclusivo participativo de empresa MIPE, que fue aprobado por unanimidad en el año 2018 por los Parlamentos navarro y vasco. Se articula en cuatro ejes, cada uno de ellos articulado en diferentes ámbitos y para los que presenta orientaciones y posibles indicadores. Los mencionados ejes son (Fundación Arizmendiarrieta, 2022):

1. Gestión y cultura de empresa. “Desarrollar prácticas de gestión y de cultura de empresa, basándolas en la confianza, transparencia y cooperación, para su competitividad y sostenibilidad” (p.5).

2. Proyecto compartido. “Formular un proyecto compartido por los propietarios, directivos y profesionales/trabajadores de la empresa, beneficioso a largo plazo para todas y todos y en el que se dé prioridad a la sostenibilidad del proyecto colectivo sobre los intereses de cualquiera de los grupos citados” (p.18).

3. Participación en gestión, resultados y propiedad. “Avanzar hacia la superación de la dinámica de confrontación entre capital y trabajo mediante la participación de los trabajadores en la gestión, en los resultados y en la propiedad” (p.25).

4. Impacto social. “Preocupación por el impacto social de las actuaciones empresariales e implicación en algunos de los problemas sociales del entorno” (p.32).

Me quedo con la invitación del título del evento: “humanicemos las organizaciones para humanizar la sociedad”. Trabajemos por desarrollar un liderazgo humanista, tal y como lo entiende la DBS (s.f.): “Un liderazgo que, desde el autoconocimiento y la colaboración con los grupos de interés, pone en el centro la dignidad de las personas para generar valor económico y social”.

Referencias

domingo, 15 de febrero de 2026

¡Hasta que volvamos a encontrarnos!

Se llama Cristóbal y era una de esas personas que te hacían recobrar la fe en el ser humano, una persona que ha dejado una huella bonita. No sabría decir exactamente cuándo le conocí. Sí sé que fue a través de mi marido —se conocían desde jóvenes, ambos eran miembros del Movimiento de los Focolares—.

Sevillano, con un gracejo natural, su mirada y su sonrisa te conquistaban, apasionado de su profesión —fue bibliotecario en Camas durante casi cuatro décadas y el ayuntamiento le otorgó en 2018 la Medalla de Honor “por su aportación a la cultura y al servicio público”—, un ser humano y un cristiano ejemplar.

Juan Carlos y yo nos casamos en marzo de 2019 y la semana de Pascua de ese año pasamos unos días en su casa en Camas. Él todavía no se había jubilado —le quedaba apenas un año para hacerlo— y mientras estaba trabajando descubríamos Sevilla de la mano de otro buen amigo. Con Cristóbal visitamos y disfrutamos del cerro de Santa Brígida, de la Dehesa de Abajo, de Itálica, etc. Y conocimos a Juan, su padre, que entonces tenía 99 años, por cierto, muy llenos de vida. Cristóbal te hacía sentir lo que es hogar, que como escribiera Juan Carlos después de aquellos estupendos días: “no es un lugar con paredes ricamente decoradas, ni bellos muebles en ambientes acogedores. Ni siquiera platos calientes de suculentos manjares. Son corazones que, vibrando, hacen resonar los corazones cercanos; viviendo, dan y reciben vida” (Duque Ametxazurra, 2019).

En octubre de 2023 Cristóbal, Juan Carlos, otros tres amigos y yo pasamos unos días en el Centro Mariápolis Loreto (Castell d'Aro, Girona) soñando cómo podría ser la nueva revista del Movimiento de los Focolares en España —en abril de 2024 salió el primer número de LAR—. Fueron unos días de convivencia intensa y fructífera. Por esa época le detectaron a Cristóbal la enfermedad. No se encontraba bien, apenas comía, pero lo dio todo y nos regaló su sabiduría y buen humor.

En abril de 2024 fuimos un fin de semana a visitarle a Sevilla. Un amigo común nos había dicho que la enfermedad avanzaba muy rápido y que el pronóstico era muy malo. Unos días antes el Athletic de Bilbao había jugado —y ganado— la Final de la Copa allí. Le llevamos una camiseta conmemorativa. Se nos ocurrió llevarle eso porque no era oportuno llevar nada de comer. En la foto del día que nos marchamos llevaba puesta la camiseta. Impactaba la fortaleza, la templanza, la aceptación con la que hablaba de la enfermedad. A su alrededor había todo un batallón de gente para cuidarle y acompañarle. Y él aceptaba y agradecía todo el amor recibido. En esa situación también se hacía manifiesta su generosidad, se preocupaba porque no faltara de nada para quienes se acercaban a su casa. Recuerdo que incluso sacaba fuerzas para compartir y leer algunos fragmentos de libros, sus queridos libros.

Al día siguiente de volver a Bilbao empecé a mandarle prácticamente a diario una canción, un vídeo, un poema, un texto… Es la forma que encontré para acompañarle en la distancia, para decirle que le tenía muy presente, que me importaba. En ocasiones me contestaba o me mandaba alguna foto. Me acuerdo de una en la que, después de mucho tiempo, se estaba comiendo una croqueta. No se lo llegué a decir. No sé si a él le hacía bien recibir los mensajes, pero sé que a mí sí prepararlos. Me hacía tenerle presente, salir de mí, entrenar el cuidado y la amistad. El viernes estuve a punto de enviarle un mensaje —tenía varios en la reserva—. Estuve un rato pensando cual sería el envío que mejor resumiría el camino compartido… No me costó mucho… la canción “Gracias a la vida”.

Amigo, conocerte ha sido un gran regalo... ¡Hasta que volvamos a encontrarnos!

 

Referencias




viernes, 30 de enero de 2026

Aceptar la enfermedad y la muerte


El 22 de enero Javier Barbero Gutiérrez, Doctor en Psicología y con una larga trayectoria en cuidados paliativos, impartió la Clase magistral “Aceptar la enfermedad y la muerte”, organizada por la Fundación Pía Aguirreche. Voy a compartir aquí las principales ideas que me llevé de la misma.

Lo primero que me llamó la atención fue que una conferencia con ese título tuviera tanto poder de convocatoria. El Auditorio de la Universidad de Deusto estaba casi lleno, con un público bastante variopinto en cuanto a edad y procedencia. Además, también hubo quien la siguió online —más de 1500 personas inscritas—. Una potente pregunta abrió la sesión: ¿Puede tener algo de positivo, se puede aceptar, algo que rompe tu proyecto de vida?

Encontramos diferentes paradigmas en los cuidados paliativos. En primer lugar estaría el de la lucha. En él subyace la idea de que se puede vencer la enfermedad. Y cuando esto no se da, la persona queda como cobarde o como derrotada. La enfermedad y la muerte se viven como algo dilemático, en lugar de problemático. Un segundo paradigma sería el de las fases o etapas. Como señalara Elisabeth Kübler-Ross, hay cinco etapas clave que las personas suelen experimentar y en las que hay que acompañarle: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Y el tercero sería el que habla de la coexistencia de la ansiedad de la muerte y fuertes deseos de vivir. Esto conecta con la búsqueda profunda del significado de la vida. El mantenimiento del equilibro depende de la “madurez existencial”, que se mide según la voluntad de tres cosas: 1) conocer los síntomas y sentimientos asociados a la enfermedad, asumir la carga existencial de la enfermedad; 2) renunciar a juzgarlos y 3) no realizar intentos innecesarios ante lo que no se puede controlar, comprometiéndose a vivir la situación desde los propios valores. El sufrimiento tiene que ver con la percepción de amenaza a la integridad biológica y la capacidad de respuesta que tenemos ante la misma. ¿Y si viéramos el sufrimiento como misterio? No es lo mismo enfrentarnos a un problema a resolver que a una situación a acompañar.

No se trata sólo de la aceptación de la realidad externa, sino también de los propios límites. Existen situaciones de negación muy importantes, que no son una cuestión cognitiva, sino emocional. La negación puede ser adaptativa o desadaptativa (pseudo adaptación).

No es lo mismo la resignación que la aceptación. Tenemos derecho a la queja y la responsabilidad de no instalarnos en ella. La aceptación te coloca en el futuro (“Qué hago yo con esto”), la resignación en el pasado (“Con lo que yo he sido”). La resignación te sitúa en el espacio de la derrota, la lástima, y el conformismo, mientras que la aceptación lo hace en el del reto, la búsqueda. Parafraseando a Pedro Laín Entralgo, la resignación es la apropiación del fracaso, mientras que la aceptación es la apropiación positiva de lo inevitable.

Una condición necesaria para acompañar es la aceptación incondicional de la otra persona, lo que supone: 1) No juzgar; 2) Cordialidad en el trato; 3) Consideración positiva por la persona en tanto que persona (por muy reprobables que nos puedan parecer algunas de sus conductas, aceptar a la persona no significa aceptar sus conductas); 4) Mostrar interés por lo que para la persona es importante. Tenemos que aceptar el mundo de las emociones y sentimientos de la persona. La pregunta clave es si esas emociones y sentimientos, que no tienen categoría moral, son adaptativos o desadaptativos.

Aceptar es conectar con la centralidad de la experiencia, hacerse cargo de la realidad, estar con lo que hay. No es algo pasivo. Cuando conectas con la realidad y la aceptas puedes gestionarla, ya sea para integrarla o para hacer cambios.

¿Qué nos impide la aceptación? 1) Contrastar lo que es con lo que debería ser. No hay que renunciar al deseo, pero sí hay que ser conscientes de las expectativas irrealizables. Como dice Serrat: “Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte”. 2) Estar orientados compulsivamente hacia el futuro, tener apego a las metas. 3) Cuando nos anclamos en el pasado (“yo antes…”). Vivimos en una sociedad con un optimismo tóxico, que no tolera el “no puedo más”. Si no aceptamos el miedo, éste nos come biográficamente.

Se trata de estar presente en tu propia experiencia. ¿Cómo podemos facilitar esto? 1) Desde la aceptación incondicional de la persona. 2) Asumiendo que es un proceso no lineal. 3) Facilitando la conexión con el deseo, colaborando a la expresión del deseo. 4) Ayudando a elegir la actitud ante la enfermedad y la muerte. 5) Siendo conscientes de que a quien acompaña le toca sostener, lo que supone conectar con el absurdo, los miedos, etc.

La enfermedad y la cercanía de la muerte nos enfrentan a la vulnerabilidad, que solemos asociar a debilidad, pero que es parte de la condición humana. Podemos negar la vulnerabilidad (“Puedo con todo”), lo que trae barreras emocionales, hiper control, resistencia, autosuficiencia, y una falsa percepción de seguridad. Pero también podemos afrontar la vulnerabilidad desde la humildad, la apertura, la confianza, la interdependencia y la ayuda mutua.  

¿Cómo podemos ayudar a la otra persona a pasar del caos a la aceptación? 1) Reformulando la esperanza, desde la certeza de que se puede encontrar sentido en el proceso, sea cual sea el resultado. 2) Trabajando el duelo. El nuevo escenario supone pérdidas relacionadas tanto con el pasado, como con el futuro. 3) Reconfigurando el sentido. El sufrimiento no tiene sentido, pero se puede encontrar sentido en la experiencia. No es “gracias a”, sino “a pesar de”. No se trata de una lucha contra el sufrimiento inevitable, sino contra el sinsentido. Se trata de resignificar la experiencia vital, y existen cinco caminos que se pueden ir entrecruzando: 1) El cognitivo, de significado. Responde a la pregunta de por qué vale (o ha valido) la pena vivir. Ha habido coherencia, se ha dejado un legado, etc. 2) El motivacional, el del propósito. Para qué seguir, qué me impulsa, cuál es mi motor. 3) El afectivo. Me siento querido, he amado, quiero seguir expresando y recibiendo amor. 4) El de la acción responsable desde los propios valores. 5) El de la trascendencia, la espiritualidad. Supone soltar (no resistirse), confiar y una actitud de apertura o de búsqueda. Apertura a espacios de encuentro con algo o alguien que nos acoge, que nos sostiene. Apertura al ámbito del misterio, que no necesariamente es religioso. Puede ayudar la experiencia de conexión con el don, que responde a la pregunta: ¿qué has recibido gratuitamente? El acompañamiento espiritual supone acoger, reconocer y dar espacio para que la persona pueda dar voz a sus preguntas y vida a sus respuestas.

Buenas pistas para aceptar la enfermedad y la muerte y también para acompañar a quien está en el camino de hacerlo. En el fondo, lo fundamental es la pregunta por el sentido y la conexión con la experiencia.

Referencias






jueves, 22 de enero de 2026

Tradiciones hermanas

 

Recientemente he asistido online al “Coloquio inter-espiritual. Swami Padmanabha y Padre Paramittrananda”. Swami Padmanabha es un monje, autor y mentor espiritual arraigado en la tradición bhakti del linaje Gaudiya. Pablo d'Ors, quien fue bautizado en la India con el nuevo nombre de Paramittrananda —alude a la amistad suprema entre el ser y lo Divino—, es el fundador de la red de meditadores Amigos del desierto. Voy a destacar aquí algunas ideas del coloquio.

Pablo D’Ors compartió las tres fases que componen su práctica: 1) Ponerse en la presencia de Dios y hacerse la pregunta: ¿Creo, Señor, que estás aquí?; 2) Experimentar la presencia amorosa: ¿Creo Señor que me amas incondicionalmente, tal y como soy sin pedir nada a cambio? 3) Experimentar la unión y declarar: “Te amo”, “te quiero”.

Señaló que conocer otras tradiciones le ha ayudado a leer su tradición de una forma más profunda. Le ha puesto en crisis y le ha abierto el horizonte. Cree en la espiritualidad de la síntesis —que no sincretismo—. En su opinión todo lo que hay de verdad, belleza y bien viene de Dios.

Swami Padmanabha indicó que le gusta más hablar de tradiciones hermanas, que de otras tradiciones. En realidad, todos somos parientes. En sánscrito se dice que no existen dos familias, todos somos uno. La realidad es una combinación de unidad y diferencia. Avanzamos cuando conseguimos integrar. En palabras suyas, “en mi viaje ha habido mucho de unidad en la diversidad”. Más que de unas u otras religiones, podríamos hablar de diferentes expresiones de la función del alma en conexión con su fuente. Se suele utilizar la imagen de la copa (persona) y el vino (sustancia embriagante del amor divino). Al final, cada sendero puede ofrecer una variante de vino, pero nos encontramos todos en la misma taberna.

Pablo D’Ors subrayó que la técnica está al servicio del encuentro. Muchas veces las y los meditadores preparan mucho “el banquete”, pero se lo pierden. A él, meditar le lleva a suavizar la mirada, a hacerla más amorosa. Y eso llega a las personas con las que te encuentras.

Pablo D’Ors insistió en que no hay que preocuparse por compatibilizar los amores. Meditar, contemplar, es amar y amar es contemplar. Parafraseando a Buda Gautama, la única manera de hacer algo por la paz es ser paz. Swami Padmanabha aportó una sugerente imagen, regar la raíz de la planta (meditar) nutre todo (se extiende al círculo inmediato).

Me quedo con la imagen de las tradiciones hermanas. Lo importante es amar y la mediación (tradición) nos ayuda a profundizar en el amor.

Referencias

 




viernes, 19 de diciembre de 2025

De víctima a activista

 [QUIÉN SOY] “Fui puta. Fui víctima. Fui un ser inocente cuyos derechos fueron vulnerados por miles de hombres, con el amparo de los estados. Ya no soy víctima. Porque ser víctima NO es un estado mental y social permanente e irreversible. Porque de serlo, de nada servirían la prevención, reparación y protección. Fui niña. Soy mujer” (p.18)

[QUÉ QUIERO] “Quiero dejar de ser la víctima, la superviviente, la violada, la exprostituta, la puta, la rumana que da su testimonio. Ser objeto de análisis tras ser objeto de consumo te mantiene como objeto de deseo. Quiero ser sujeto” (p.20) (*1)

[QUÉ NECESITO] “Valor, tiempo y capacidad reflexiva. Solo tres cosas. Pero de manera bidireccional” (p.21)

El pasado 30 de noviembre asistí a la conferencia de Amelia Tiganus —activista y conferenciante contra la explotación sexual— organizada por Espäcio Regäderä, cuyo título hace alusión a su último libro, La revuelta de las putas. De víctima a activista, del que lleva vendidos 50.000 ejemplares —va por la 10ª reimpresión, algo poco usual para un libro feminista—. Existe una versión en cómic inspirada en su historia, AMELIA. Historia de una lucha. He leído con mucho interés el libro y voy a compartir aquí algunas ideas de la charla que completaré con citas textuales.

Hay algunos datos que dan mucho que pensar. España es el país más putero de Europa y el tercero en el mundo. La industria de la explotación sexual: pornografía, trata, sugar dating (*2), prostitución, etc. mueve más dinero que las armas y las drogas.

Existen diferentes modelos ideológicos ante la prostitución. Entre ellos los principales serían: 1) El prohibicionista, que invisibiliza el problema y culpabiliza y castiga a las víctimas (p. ej., Rumanía); 2) El regulacionista, también llamado prosex o proderechos, que habla de trabajadoras sexuales y reclama derechos, desviando el foco del propio sistema (p. ej., Alemania y Países Bajos); y 3) El abolicionista, que habla de mujeres en situación de prostitución, lo que resalta el hecho de que es una cuestión de género y que es reversible (p. ej., Suecia, Noruega y Francia). Busca prevenir, proteger y reparar a las víctimas, así como castigar tanto a los proxenetas como a los puteros. [Para profundizar en los modelos, véase Molina Montero, 2018]

Amelia aboga por el último modelo, ya que el problema es el sistema prostitucional, que tiene estructura de campo de concentración y en el que todas somos prostituibles. Es un sistema conformado por: “los estados, que permiten y facilitan que esto exista; los proxenetas, considerados respetables empresarios de la noche; los pequeños y grandes negocios que se lucran directamente con la existencia de este sistema, y los puteros, el brazo ejecutor que destruye mujeres y niñas a la vez que financian y sostienen este orden patriarcal, capitalista y racista. Las mujeres son el eslabón más débil. Pero interesa mucho hacer que parezca un tema de mujeres para invisibilizar a los auténticos responsables de esta barbarie” (p.99). Existe también otro eslabón, las mamis: “Las auténticas mamis —mujeres exprostituidas— están sobre todo en la recepción y se encargan de controlar a las mujeres y hacer cumplir las normas; además, son los ojos y los oídos del proxeneta” (p.132).

La prostitución no es ni «sexo» ni «trabajo», sino violencia sexual de hombres contra mujeres” (p.152) lo que es incompatible con la dignidad humana [véase el primer párrafo del Preámbulo del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 1949 al que España se adhirió en 1962]. Los prostíbulos son campos de concentración en los que los candados son el miedo, las amenazas, sobre la propia vida o las de los seres queridos. Hay un perfil bastante extendido de la víctima de este mundo: “mujer, joven, inmigrante, con grandes responsabilidades familiares, en situación de vulnerabilidad y exclusión social, con gran precariedad económica, en ocasiones con dificultades con el idioma, que sufre una gran movilidad y un gran desconocimiento de los derechos y (los insuficientes) recursos existentes” (p.182). Y la única vía de escape son los verdugos, los puteros.

Amelia explica que, en su experiencia, se ha encontrado con distintos tipos de puteros: 1) El putero majo, “para mí, uno de los peores maltratadores. Estos iban de buenos y me hacían preguntas, me contaban cosas (…) quieren comprar aquello que ni las putas vendemos: las caricias, el cariño, la ternura, los abrazos sinceros, los besos de amor... Lo quieren todo por un miserable billete” (p.112); 2) El putero macho “que piensa que su masculinidad, su valor como hombre, tiene que ver con la cantidad de mujeres a las que penetra y a las que —en su imaginación, claro está— satisface sexualmente” (p.114); 3) El putero misógino, “es el más violento y peligroso, porque las prácticas que lleva a cabo para sentir placer dentro de su sadismo son difíciles de narrar (…) Cuanto más dolor, humillación y miedo te hacen pasar, más disfrutan” (p.114). Y añade otro perfil, “y luego están los hombres que dicen que no van de putas, sino que van de copas o que solo acompañan a sus amigos (puteros). Y yo pregunto ¿cómo te puedes divertir en un campo de concentración?” (p.115).

Amelia describe los cinco años que pasó en más de cuarenta prostíbulos con una imagen: “un reloj sin agujas. La esclavitud es una vida sin sentido del tiempo (…) En el prostíbulo pierdes tu identidad y te conviertes en una mujer en serie: intercambiable y utilizable sin medida. El campo de concentración te aliena, te despersonaliza. El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y tu cuerpo solo intenta sobrevivir. Solo hace falta imaginarse a todas las que no pueden hablar y contar este relato: las que mueren por enfermar gravemente a causa de las adicciones, los abusos y la tortura; las que son asesinadas: las víctimas de feminicidio por prostitución son las grandes olvidadas de la violencia machista” (pp.89-90). Evadirse para sobrevivir, unas relaciones frágiles entre compañeras —que se ven como rivales—, el consumo de sustancias que aparece desde el principio —se les ‘vende’ como una forma de ganar más dinero—, obligaciones y deudas contraídas —generadas por el propio sistema—, y muchas huellas profundas —entre ellas: deterioro físico, trastornos de alimentación y del sueño, aislamiento, estados depresivos, trastornos del sueño, alteraciones emocionales, ideación e intentos de suicidio— hacen muy difícil la salida de este mundo. El trauma es muy profundo. [Animo a ver el vídeo Ninguna mujer nace para puta, de Sonia Sánchez]

La charla y el libro me han cambiado la mirada y ha dado un nuevo sentido a mi compromiso feminista. “Es triste reconocer la cantidad de potencial, talento, capacidades y vidas humanas destruidas por el sistema prostitucional. Triste pero imprescindible. El patriarcado nos enferma. El capitalismo nos enferma. El feminismo es la cura a tanto sufrimiento y desigualdad. Porque el feminismo no solo salva vidas, además las dota de un profundo sentido de humanidad (…) Porque ninguna se salva sola. Nos salvamos juntas. La resiliencia tiene rostro de mujer. Y sonrisa de niña” (p.184)

(*1) NOTA – Me resultó muy significativo el testimonio de Amelia cuando contaba que en varias ocasiones le ofrecieron escribir el libro y cuando decía que no lo veía le ofrecían escribirlo por ella. Una vez más objeto que no sujeto…

(*2) NOTA – Cuando escribo en Google para comprobar la ortografía la IA me devuelve este contenido: “El ‘sugar dating’ es una relación de beneficio mutuo donde una persona, usualmente mayor y con recursos económicos (‘sugar daddy’ o ‘sugar mommy’), ofrece apoyo financiero o regalos a otra persona más joven (‘sugar baby’) a cambio de compañía, tiempo o intimidad”.  ¡Así explicado parece algo consentido y bueno!

Referencias

  • Tiganus, Amelia (2021). La revuelta de las putas. De víctima a activista. Barcelona: Sinequanon.

Páginas recomendadas

Dejo a continuación dos breves entrevistas a Amelia, una realizada por Jordi Évole (Salvados) y otra realizada por Innovandis —Programa de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Deusto— a raíz de la publicación del libro.



martes, 9 de diciembre de 2025

Desafíos éticos de la IA

 Del 26 al 28 de noviembre, tuvo lugar en la Universidad de Deusto el Congreso Ahotsak. El papel de las ciencias sociales y humanas ante los retos del presente, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Como señala la Decana, Ane Ferran, “un congreso donde queremos reivindicar nuestras voces: voces que explican la realidad, que contribuyen colaborativamente a la transformación y la justicia social” (ver el programa aquí).

Voy a recoger aquí algunas de las ideas que salieron en la mesa: “Resituando (y gobernando) el entusiasmo: desafíos éticos de la irrupción de la IA”. Tuvo como ponentes a:  María López — Dra. en Derechos Humanos—, Borja Sanz —Dr. en Sistemas de Información—, Ruth Carbajo — Dra. en Ingeniería, Energía y Tecnologías de la Información— y Laura Marrón —Directora de Basque Artificial Intelligence Center (BAIC)—. Y como moderador, Peru Sasia —Dr. en Química Macromolecular—.

El punto de partida fue que si hiciéramos un análisis ético profundo no asumiríamos que la IA es inevitable y, mucho menos, ingobernable. Antes de hablar de los efectos conviene plantearse la pertinencia del uso y desarrollo de la IA. En primer lugar se presentaron algunos de los principales desafíos éticos de la irrupción de la IA:

  • Debemos reflexionar no sólo sobre lo que podemos hacer, sino sobre lo que debemos hacer. La implantación de las innovaciones no siempre asume los retos de la cohesión social, la democratización, etc.
  • Actualmente vivimos en un tecnofeudalismo —véase Robledo (2024)—, un capitalismo gobernado por un pequeño grupo de hombres —no hay mujeres CEO de las grandes empresas tecnológicas— que controla tanto el dinero como los datos, lo que provoca una profunda desigualdad social que amenaza la democracia. Además, se está dando una pérdida de relevancia de los marcos normativos. Los nuevos señores feudales necesitan que los marcos normativos les opriman lo menos posible.
  • ¿Cómo se pueden diseñar algoritmos justos si no hay fórmulas a aplicar? Los tecnólogos se encuentran con sistemas complejos, muy complejos, de difícil explicabilidad —no se sabe cómo funcionan y por qué lo hacen así—. Un caso sugerente es Anthropic, empresa dedicada a la seguridad y la investigación en inteligencia artificial, que pretende crear sistemas de IA fiables, interpretables y controlables y que publican los fallos que encuentran en sus sistemas.·  

Vistos los desafíos, el siguiente paso fue plantear los tratamientos, las medidas, a aplicar:

  • Auditar los algoritmos puede ayudar a identificar problemas, aunque esta medida sea a posteriori y su alcance no sea general. Es muy importante la pregunta por la trazabilidad del dato. La base de conocimiento de la IA es todo internet. [Esta intervención me recordó la charla que dio Gema Galdón hace dos años en Deusto Forum, ver entrada].
  • Poner a las personas en el centro. Corremos el peligro de acabar pareciéndonos a las máquinas, en lugar de al revés.
  • Mapear cómo y para qué se usa la IA y así valorar el nivel de riesgo. Y a partir de ahí hacer planes de capacitación, entendiendo que no sólo se trata de saber usarla, sino de conocer qué datos uso, de quién son, y preguntarse si se pueden compartir.
  • A las universidades nos corresponden algunas tareas fundamentales como: desarrollar un posicionamiento crítico respecto de la IA, encontrar un idioma común desde la interdisciplinariedad, una reflexión profunda sobre la innovación y cómo esta debe revertir a la sociedad (democratización del sistema de innovación).
  • No se puede dar un paso atrás en el ámbito normativo. Hay que asegurar un marco normativo fuerte que proteja los derechos de todas las personas.
  • Hay que generar consensos y transversalizar la perspectiva ética: qué entendemos por sostenibilidad, por explicabilidad, incluir el concepto de rendición de cuentas. 

·       Para terminar la mesa cada participante eligió una palabra o concepto. Suscribo todos ellos: potencial de la colaboración, perplejidad, responsabilidad compartida y militancia. No se puede ser un ciudadano, una ciudadana, responsable sin preguntarse y posicionarse ante los retos éticos de la IA. Y como dice el proverbio africano: "Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado".

Referencias