Hace muchos años leí un libro que me llegó muy dentro, El regreso del hijo pródigo: meditaciones
ante un cuadro de Rembrandt (Nouwen, 1996). En él se analiza el cuadro de
Rembrandt y la conocida parábola del evangelio de Lucas (15, 1-3.11-32) y te
hace transitar por los diferentes personajes. Hoy me identifico absolutamente
con el hermano mayor.
Comprendo mejor que nunca la rabia, el resentimiento, la
distancia del hijo mayor que no es capaz de alegrarse como el padre del regreso
del hermano. Él ha vivido —y sufrido— de cerca el dolor del padre mientras el
hijo menor estaba lejos, ‘viviendo la vida loca’, cuando se suponía que estaba
haciendo su camino y encontrándose a sí mismo. El dolor del padre es innegable.
Probablemente pocas cosas son peores para un padre que ver que un hijo toma un
camino equivocado, que va a sufrir, que va a caer y no poder hacer nada por
evitarlo. Cada persona tiene que hacer su camino y aprender a su ritmo. Y al
padre no le queda sino esperar a un lado, desde la distancia, para sostener en
la caída y ayudar a recomponer los pedazos.
El hijo mayor también sufre por su hermano, pero, sobre
todo, por su padre al que ve frágil, vulnerable, herido. Intenta consolarle,
agradarle, pero no se siente reconocido en su esfuerzo. No comprende la inmensa
alegría del padre y el “olvido” repentino de todo lo sufrido. Y qué decir si,
además, no confía en el arrepentimiento y el aprendizaje del hermano y tiene
que callar.
Ahora no puedo, pero espero poder decir como Nouwen (1996: 132).
“Rembrandt, que me mostró al Padre en su dimensión vulnerable, me hizo caer en
la cuenta de que mi vocación última es la de ser como el Padre y vivir su
divina compasión en mi vida cotidiana. Aunque sea el hijo menor y el hijo
mayor, no estoy llamado a continuar siéndolo, sino a convertirme en el padre.
Nadie ha sido padre o madre sin antes ser hijo o hija, pero cada hijo e hija
debe elegir conscientemente dar un paso más y convertirse en padre o madre para
otros”. ¿Qué significa convertirse en padre? “Rembrandt retrata al padre como
el hombre que ha transcendido los caminos de sus hijos. Su soledad y su ira
podían haber estado allí, pero han sido transformadas por el sufrimiento y las
lágrimas. Su soledad se ha convertido en una soledad infinita, su ira se ha
convertido en una gratitud sin fronteras. Éste es en quien debo convertirme” (Nouwen
(1996: 154).
El pasado 21 de marzo impartí una conferencia en Cadiñanos
(Burgos) a la que puse por título: “Cuidar, Despedir y Sanar: El valor de estar
presentes”. Me dieron la posibilidad de elegir el tema y opté por uno de los
que últimamente más me llama: la
enfermedad, el duelo y el final de la vida. Hay muchas personas a quienes
no le gusta nada hablar de estos temas. A mí me encanta, porque me conecta con
la vida y con mis prioridades. Creo firmemente que todas las personas, desde
edad temprana, deberíamos familiarizarnos con la muerte, ya que tarde o
temprano nos la encontraremos cara a cara. Y es mejor hacerlo sin miedo ni
prejuicios.
A raíz de la charla me hicieron llegar un artículo cuyo
título me cautivó —“La vida y la muerte por correo electrónico” (Hermoso, 2026)—
y que me hizo descubrir dos libros. Voy a hacer esta reflexión sobre uno de
ellos: Querido profe, me invaden las
tinieblas (Bonete, 2025).
Desde el primer momento el libro me evocó a otro —Martes
con mi viejo profesor (Albom,
1998)— que he leído varias veces y al que he aludido en entradas anteriores (Echaniz
Barrondo, 2020, 2013a
y 2013b).
En esta ocasión se invierten las tornas. No es el discípulo quien acompaña al
profesor en su última etapa. Al detectarle cáncer, una antigua alumna se pone
en contacto con quien fuera su profesor de la asignatura Ética de la muerte diez años atrás en la Universidad de Salamanca —Enrique
Bonete— y empiezan una relación ‘epistolar’ que la alumna mantiene oculta a sus
personas cercanas. El profesor va respondiendo a sus inquietudes de la mano de
grandes maestros de la filosofía. La relación acaba cuando la alumna no
responde a varios mensajes y el profesor asume que le ha llegado la hora. El
libro ve la luz varios años después de la muerte de la alumna. Es ella misma quien
le sugiere que las misivas que se cruzan podrían ayudar a otras personas en una
situación similar.
El título del libro es muy gráfico y recoge muy bien la vivencia
de la alumna: “Disculpe mi pesimismo, profesor: a veces ahoga. Especialmente
durante las noches, cuando me siento sola, desprotegida, rodeada de un silencio
inquietante. Pero también por el día. En realidad, se podría decir que la
oscuridad mental es algo así como mi estado más duradero, una constante
compañera. Profe, me invaden las tinieblas... Y tengo miedo... Por eso busco la luz y la fortaleza moral de los
sabios que usted tanto estudia” (pp.79-80).
A lo largo del intercambio ‘epistolar’ alumna y profesor van
compartiendo ideas y experiencias muy profundas. Recordando a Séneca el
profesor le escribe: “La persona sabia ha de meditar en la muerte, sea cual sea
el contexto en que se halle (salud o enfermedad, alegría o pena); en
definitiva, debe familiarizarse con su permanente cercanía. Así aprende a
prepararse para cuando llegue. Quien nunca piensa en ella no sabrá qué actitud
adoptar en el momento clave. Mas quien en su mente la hace presente, al
acercarse la mirará sin aspavientos (…) Las
decisiones más serias y graves de la existencia han de ser tomadas teniendo
presente el final. Si no se contempla la vida personal desde el morir, la
interpretación del quehacer cotidiano queda falsificada. Se ha de aprender a
disfrutar de lo más valioso de cada día (los afectos, por ejemplo) como si
fuera el último” (pp.56-57).
La llegada de la enfermedad y la muerte trastoca el proyecto
vital tanto de quien la vive como de sus personas cercanas, pero no significa que desaparezca el sentido.
Como señala el profesor: “¿Somos como una mera pompa de jabón? ¿Hinchamos
nuestra vida sabiendo que va a explotar? Qué gráfico y metafórico todo esto ...
Sabemos que la muerte, al final, vencerá. Pero ello no ha de aplastarnos, sino
al contrario: a pesar de la meta hacia la que caminamos, la trayectoria vital
no carece de sentido, ni es absurda ni desesperada la lucha por vencer a la
muerte. Mientras vivimos, el goce del presente y, sobre todo, la compañía de
los seres queridos ofrece momentos de plenitud al proceso temporal en el que
estamos inmersos” (p.114). Un poco más adelante añade: “Es comprensible temer
el proceso de morir, los dolores y
sufrimientos que puede ocasionar. Pero no es racional sentir miedo a la muerte, al hecho de desaparecer, que es
bien distinto al proceso temporal de ir muriendo. Así lo han diferenciado la
mayoría de los filósofos” (p.122)
Me parece especialmente bello el último párrafo antes del
Epílogo: “En realidad, la muerte de una persona querida no deja de ser, para
quienes permanecemos aún en este mundo, el silencio de la ausencia; sí, el
doloroso eco de una voz, el recuerdo de palabras con ternura escritas” (p.168).
Por experiencia sé que lo más doloroso
de la pérdida de un ser querido es no volver a oír su voz, escuchar su risa, estrechar
su mano…
Abre la entrada la imagen con la que comencé la charla a la
que aludo. ¡Qué importante y bonita tarea el sostener(nos)! ¡Que regalo poder
compartir con otra persona sus dudas e inquietudes, especialmente en momentos
dolorosos! Cuidar y acompañar es un gran
regalo que nos transforma la vida y la dota de sentido.
ADENDA. El domingo 19 de abril de 2026 el profesor Bonete fue entrevistado en el programa Últimas preguntas de RTVE (ver referencia) a raíz de la publicación del libro aquí mencionado.
Referencias
Albom, Mitch (1998). Martes
con mi viejo profesor. Una lección de la vida, de la muerte y del amor.
Madrid: Maeva.
Bonete, Enrique (2025). Querido
profe, me invaden las tinieblas. Diálogos sobre cómo vivir y morir.
Barcelona: Ariel.
El 26 de marzo asistí a la Clase magistral “Comunidades
compasivas”, impartida por Rafael Mota Vargas —médico especialista en Medicina Interna y Cuidados Paliativos—
y organizada por la Fundación Pía Aguirreche. Comparto aquí algún de las ideas
que extraje de la misma.
No enfrentamos a una realidad que viene marcada por el envejecimiento de la población y el
aumento de las enfermedades crónicas,
de la dependencia y de la discapacidad. Todo esto supone una mayor exigencia de
cuidados en familias cada vez más cortas. Asistimos, además, a una epidemia
silenciosa: la soledad. Se hace más necesario que nunca una atención integrada —sanitaria,
social y comunitaria— centrada en la persona.
Se suele identificar la compasión con la pena y la lástima. Sin
embargo, la compasión implica reconocer el sufrimiento, resonar emocionalmente
(identificarnos con el sufrimiento), e ir más allá de la mera observación: ¿Qué
puedo hacer yo para aliviar ese sufrimiento?
La Fundación New Health, surgida en 2013 en Sevilla, opera en varios países de Europa y
Latinoamérica y trabaja en el desarrollo de “CIUDADES COMPASIVAS mediante la
metodología TODOS CONTIGO® por la que se acompaña a las organizaciones al
desarrollo de acciones de sensibilización, formación, investigación e
intervención comunitaria para la activación de redes de cuidado y
acompañamiento alrededor de las personas con enfermedad avanzada y sus
familiares”. Hay tres puntos clave: 1) La sociedad como impulsora del cambio;
2) La compasión como eje transversal —la compasión en palabras del Dr. Enric
Benito es “la forma que toma el amor cuando se encuentra con el sufrimiento”—;
3) El impulso de las redes comunitarias, “ciudadanos comprometidos y
capacitados en el cuidado y acompañamiento de las personas más vulnerables de
su comunidad”. En definitiva, hablamos de Cuidados, Compasión y Comunidad. ¿Y
cómo se operativiza eso? A través de la Concienciación, Capacitación y Creación
de Redes.
Badajoz Compasiva —iniciativa de la cual Rafael Mota Vargas es impulsor— es un
proyecto de la Asociación Cuidándonos, “entidad sin ánimo de lucro que trata de
implicar a los ciudadanos en el cuidado y acompañamiento de las personas que
enfrentan enfermedades en el final de sus vidas”. Impresiona ver tanta energía
y vitalidad puesta al servicio de las personas de forma altruista, a través de
proyectos como: “Café Contigo: Acompañar y Cuidar hasta el Final”, “Escuela
Contigo: El regalo de Cuidar”, “Universidad Contigo” o “Árboles para el
Recuerdo”.
Para terminar unos
versos que reflejan lo verdaderamente importante, hacer tu parte, dejar una
huella bonita. Además, como dice el Dr. Enric Benito, “Acompañar y estar
ahí tiene premio” (Echaniz Barrondo, 2023).
Recomiendo
ver el documental “DEATH CAFÉ: la Música de tu Vida” impulsado por AECC
Badajoz, Badajoz Contigo, Ciudad Compasiva y Músicos Sin Fronteras.
Con ocasión de la celebración del 8 de marzo, "Día
Internacional de las Mujeres", Emakunde —Instituto Vasco de la Mujer— junto
con las tres diputaciones forales y EUDEL —Asociación de Municipios Vascos— han
lanzado una campaña de sensibilización con el lema: "Dale espacio a la igualdad (Emakunde, 2026). Sigamos ganando terreno para los derechos de las mujeres en todos
los ámbitos". Es importante recordar(nos) que hay que seguir trabajando
por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, que el terreno ganado
es frágil y que no hay que bajar la guardia. Además, el retroceso de algunas es
un gran paso atrás para todas, para la humanidad en su conjunto.
El lema elegido por ONU Mujeres en 2026 para esta fecha es: “Derechos. Justicia. Acción. Por y para
todas” y con él hace un llamamiento “adoptar medidas urgentes y decididas para
poner fin a la impunidad, defender el Estado de derecho y lograr la igualdad
—en la ley, en la práctica y en todos los ámbitos de la vida— para todas las
mujeres y niñas” (ONU Mujeres, 2026).
Como señala el reciente informe del Secretario General de la
ONU: “En comparación con los hombres, las mujeres de todo el mundo se enfrentan
a mayores obstáculos para acceder a la justicia en casi el 70 % de los países
encuestados. Con frecuencia, la infraestructura de la justicia no defiende los
derechos de las mujeres y las niñas, que afrontan dificultades como las leyes
discriminatorias, los mecanismos de justicia inaccesibles, la escasa aplicación
y las normas restrictivas y patriarcales. Los errores de la justicia que
amenazan la vida de las mujeres y las niñas suelen gozar de impunidad y verse
perpetuados por ella. A nivel mundial, las mujeres gozan del 64 % de los
derechos que tienen los hombres, ya que siguen prevaleciendo los marcos
jurídicos discriminatorios” (Naciones Unidas, 2026, puntos 8 y 9).
En clase de Ética cívica y profesional, cuando trabajamos
los Derechos Humanos, me suele gustar dedicar una actividad a reflexionar sobre
los privilegios, la interseccionalidad, la meritocracia y la acción positiva. Cuando
acabamos la actividad les suelo hablar del Informe
Global sobre la Brecha de Género (Foro Económico Mundial, s.f) que se publica cada año y da información sobre
cuánto falta para que se dé la equidad de género. El Índice de Brecha de Género
incluye 4 dimensiones: 1) Participación y oportunidades económicas, 2) nivel
educativo, 3) salud y supervivencia, y 4) empoderamiento político. En la
siguiente tabla se recogen dos datos de los informes publicados entre 2017 y
2025.
Esta información siempre le sorprende al alumnado,
especialmente a las mujeres. En el informe del año 2025 se habla de que la
brecha se ha cerrado en un 68% y que faltan 123 años para alcanzar la equidad
de género. Eso supone que muchas generaciones no la van a conocer. Es importante
resaltar que existe mucha variación en el número de años entre regiones: Asia
central 208, Oriente medio y norte de África 185, Asia oriental y el Pacífico 179,
Asia meridional 138, África subsahariana 107, América del Norte 89, Europa 76 y
Latinoamérica y el Caribe 57.
Es fundamental dar
espacio a la igualdad y ganar terreno a los derechos de mujeres y niñas en
todos los ámbitos de la vida. Parafraseando las palabras de Teresa
Laespada, Diputada Foral del Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad
en Bizkaia, en la Gala de los Premios Zirgari 2026, trabajar por el avance de la igualdad es
una deuda moral y política con la vida.
Naciones Unidas (2026, 15 enero). Garantizar y
fortalecer el acceso a la justicia para todas las mujeres y las niñas, entre
otras cosas promoviendo sistemas jurídicos inclusivos y equitativos, eliminando
las leyes, políticas y prácticas discriminatorias, y afrontando las barreras
estructurales. Informe del Secretario General. https://docs.un.org/es/E/CN.6/2026/3
El jueves 12 de febrero tuvo lugar el evento titulado “Humanize the Company to Humanize Society”
organizado por la Fundación Vizcaína Aguirre, Deusto Business School, Fundación
Arizmendiarrieta y Deusto Business Alumni.
En primer lugar intervino Chris Lowney, reconocido experto en liderazgo humanista [ver
biografía aquí]. Empezó
recordando que nos encontramos en un mundo
VUCA (volatile —inestable—, uncertain —incierto—, confusing —confuso—, ambiguous —ambiguo—) en el que el liderazgo
se ha vuelto imprescindible. Después de su paso por la Compañía de Jesús y J.P.
Morgan & Co ha afianzado cuatro ideas importantes sobre el liderazgo: 1) No
es algo superficial —qué haces—, sino profundo
—tiene que ver con quién eres y qué representas, qué te mueve—. 2) No se trata
de trucos y consejos para manipular a las personas, sino del establecimiento de
relaciones que desarrollan el potencial
de las personas y respetan su dignidad. 3) Más que una suma de acciones es la expresión de las creencias más profundas.
4) No es sólo concreto y material sino, en última instancia, espiritual.
Como explicaba en su libro El liderazgo al estilo de los jesuitas, la Compañía de Jesús
—fundada en 1540— lleva casi cinco siglos formando en cuatro valores esenciales
a todos sus novicios para prepararlos para dirigir:
1) Conocimiento de sí
mismo. Es muy importante la reflexión sobre las debilidades, las fortalezas
y las creencias. “El Examen o Pausa Ignaciana es un ejercicio diario
de autoevaluación y reflexión, uno de los principios fundamentales de la
espiritualidad ignaciana” (sjandaluciaoriental, s.f.a). Y los Ejercicios espirituales son un método personalizado, una especie de
"tablas de gimnasia interna" que, a través del acompañamiento y la
apertura a Dios, buscan liberar el corazón y transformar la vida para cumplir
la voluntad divina (jesuitas.es, s.f.).
2) Ingenio. La
libertad, la apertura es necesaria para adaptarse a un mundo cambiante. “La indiferencia[o libertad interior] significa desprenderse lo suficiente de las
cosas, de las personas o de las experiencias para poder acogerlas o dejarlas de
lado, según nos ayuden a «alabar, reverenciar y servir a Dios» —Ejercicios
Espirituales 23—” (McCoy, s.f.). Y
el discernimiento es una herramienta
ignaciana fundamental que nos ayuda a identificar y evaluar las fuerzas
internas contradictorias para elegir el camino que mejor nos alinee con la
voluntad de Dios (sjandaluciaoriental, s.f.b.).
3) Amor. Cada
persona es digna y merece respeto. “Una de las características de la educación
jesuita es la Cura Personalis,
entendida como el cuidado integral de la persona a través del acompañamiento,
que se realiza desde el amor y el servicio para que el otro crezca, respetando
sus particulares circunstancias y con aprecio a sus capacidades y necesidades”
(Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana, 2018).
4) Heroísmo. Ganarse
el respeto del equipo conduce a que se sacrifiquen para servir a una misión
mayor, al compromiso con el “Magis”. “En la espiritualidad ignaciana, la
palabra MAGIS se refiere a un estilo de vida centrado en la calidad más que en
la cantidad. La búsqueda de la gloria de Dios (el AMDG ignaciano) debe hacerse
desde máximos, es decir, con el objetivo de que todo lo que hagamos esté lleno
de sentido y de profundidad, lleno de Dios” (Jesuitas Educsi, 2024).
Según Lowney, estos principios que rigen la Compañía son muy
relevantes hoy, incluso puede que más de lo que han sido hasta ahora. Como
muestra de ello hizo algunos destacados:
"El liderazgo es el arte de
influir y dirigir a las personas de tal manera que se gane su obediencia,
confianza, respeto y cooperación leal en el logro de los objetivos
comunes" (U.S. Air Force). [Habría
que matizar esta obediencia: el liderazgo no busca la sumisión].
En un artículo publicado en McKinsey Quarterly, Feser, Mayol y Srinivasan,
Ramesh (2015)
como resultado de una encuesta a 189.000 personas en 81 organizaciones
diferentes llegaron a la conclusión de que en las empresas con un liderazgo fuerte
se muestran los siguientes tipos de comportamiento: 1) Resolución eficaz de problemas. Se centra en el proceso previo a la
toma de decisiones: recopilar, analizar y considerar información de manera
profunda. 2) Orientación a resultados.
No basta con tener una visión; el líder debe asegurar que se alcancen los
objetivos. 3) Búsqueda de diferentes
perspectivas. Se manifiesta en líderes que analizan tendencias y escuchan
las ideas de sus empleados. 4) Apoyo a
los demás. Se basa en la empatía y la autenticidad. Los líderes
comprensivos generan confianza e inspiran a sus colegas para superar desafíos.
"El
liderazgo de Nivel 5 es un concepto desarrollado en el libro Good to Great[Empresas que sobresalen]. Los líderes de Nivel 5 muestran una
poderosa mezcla de humildad personal y una voluntad indomable. Son
increíblemente ambiciosos, pero su ambición está, ante todo, al servicio de la
causa, de la organización y su propósito, no de sí mismos" (Collins, s. f.).
En segundo lugar intervino Jon Emaldi, miembro de la Fundación
Arizmendiarrieta. En 2026, al cumplirse 50 años de su fallecimiento, se celebra
el “Año de Arizmendiarrieta, el Año de la Empresa Humanista”. José María de
Arizmendiarrieta, Don José María para quienes le conocieron, fue un gran líder
humanista, impulsor de la Experiencia Cooperativa de Mondragón [ver biografía aquí]. Expuso cómo
el liderazgo de Arizmendiarrieta está en línea con el liderazgo ignaciano, tal
y como puede apreciarse en la siguiente tabla que recoge algunos de sus
pensamientos.
Liderazgo ignaciano y
valores de Arizmendiarrieta
Conocimiento
de sí mismo
“Cabría
acabar con el pecado acabando con el hombre, pero, ¿lo merece?” (370)
Ingenio
“No
lamentos, sino acción” (231)
“El signo de
la vitalidad no es durar, sino renacer y adaptarse” (229)
Amor
“La unión es
la fuerza de los débiles. La solidaridad es la poderosa palanca que
multiplica nuestras fuerzas” (322)
“Hay que
socializar el saber para democratizar el poder” (185)
“Progresar
no es adquirir más, sino ser más, actuar mejor, darse más” (146)
Heroísmo
“El mundo no
se nos ha dado simplemente para contemplarlo sino para transformarlo y esta
transformación no se hace con los brazos sino primero con las ideas y los
planes de acción” (043)
“Las
entidades cooperativas tienen que ser elementos de progreso, de desarrollo,
de promoción de un nuevo orden social” (444)
“El
cooperativismo no es un fin sino un medio; es una institución; es un
instrumento idóneo para que se encarnen en la vida económica y social unos
ideales cuya bondad nadie puede discutir leal y noblemente, o al menos
cuentan con el asentimiento de los más” (532)
Elaborado a
partir de Otalora (1999). Entre paréntesis está el
número del pensamiento.
Desde la Fundación Arizmendiarrieta se ha desarrollado el Modelo inclusivo participativo de empresa
MIPE, que fue aprobado por unanimidad en el año 2018 por los Parlamentos navarro
y vasco. Se articula en cuatro ejes, cada uno de ellos articulado en diferentes
ámbitos y para los que presenta orientaciones y posibles indicadores. Los
mencionados ejes son (Fundación Arizmendiarrieta, 2022):
1. Gestión y cultura
de empresa. “Desarrollar prácticas de gestión y de cultura de empresa,
basándolas en la confianza, transparencia y cooperación, para su competitividad
y sostenibilidad” (p.5).
2. Proyecto
compartido. “Formular un proyecto compartido por los propietarios,
directivos y profesionales/trabajadores de la empresa, beneficioso a largo
plazo para todas y todos y en el que se dé prioridad a la sostenibilidad del
proyecto colectivo sobre los intereses de cualquiera de los grupos citados”
(p.18).
3. Participación en
gestión, resultados y propiedad. “Avanzar hacia la superación de la
dinámica de confrontación entre capital y trabajo mediante la participación de
los trabajadores en la gestión, en los resultados y en la propiedad” (p.25).
4. Impacto social. “Preocupación
por el impacto social de las actuaciones empresariales e implicación en algunos
de los problemas sociales del entorno” (p.32).
Me quedo con la invitación del título del evento: “humanicemos las organizaciones para humanizar
la sociedad”. Trabajemos por desarrollar un liderazgo humanista, tal y como
lo entiende la DBS (s.f.): “Un liderazgo que, desde el autoconocimiento y la
colaboración con los grupos de interés, pone en el centro la dignidad de las
personas para generar valor económico y social”.
Se llama Cristóbal y era una de esas personas que te hacían
recobrar la fe en el ser humano, una persona que ha dejado una huella bonita.
No sabría decir exactamente cuándo le conocí. Sí sé que fue a través de mi
marido —se conocían desde jóvenes, ambos eran miembros del Movimiento de los Focolares—.
Sevillano, con un gracejo natural, su mirada y su sonrisa te
conquistaban, apasionado de su profesión —fue bibliotecario en Camas durante casi
cuatro décadas y el ayuntamiento le otorgó en 2018 la Medalla de Honor “por su
aportación a la cultura y al servicio público”—, un ser humano y un cristiano
ejemplar.
Juan Carlos y yo nos casamos en marzo de 2019 y la semana de
Pascua de ese año pasamos unos días en su casa en Camas. Él todavía no se había
jubilado —le quedaba apenas un año para hacerlo— y mientras estaba trabajando
descubríamos Sevilla de la mano de otro buen amigo. Con Cristóbal visitamos y disfrutamos
del cerro de Santa Brígida, de la Dehesa
de Abajo, de Itálica, etc. Y conocimos a Juan, su padre, que entonces tenía 99
años, por cierto, muy llenos de vida. Cristóbal te hacía sentir lo que es
hogar, que como escribiera Juan Carlos después de aquellos
estupendos días: “no es un lugar con paredes ricamente decoradas, ni bellos
muebles en ambientes acogedores. Ni siquiera platos calientes de suculentos
manjares. Son corazones que, vibrando, hacen resonar los corazones cercanos;
viviendo, dan y reciben vida” (Duque Ametxazurra, 2019).
En octubre de 2023 Cristóbal, Juan Carlos, otros tres amigos
y yo pasamos unos días en el Centro Mariápolis Loreto (Castell d'Aro, Girona) soñando cómo
podría ser la nueva revista del Movimiento de los Focolares en España —en abril
de 2024 salió el primer número de LAR—. Fueron unos días de
convivencia intensa y fructífera. Por esa época le detectaron a Cristóbal la
enfermedad. No se encontraba bien, apenas comía, pero lo dio todo y nos regaló
su sabiduría y buen humor.
En abril de 2024 fuimos un fin de semana a visitarle a
Sevilla. Un amigo común nos había dicho que la enfermedad avanzaba muy rápido y
que el pronóstico era muy malo. Unos días antes el Athletic de Bilbao había
jugado —y ganado— la Final de la Copa allí. Le llevamos una camiseta
conmemorativa. Se nos ocurrió llevarle eso porque no era oportuno llevar nada
de comer. En la foto del día que nos marchamos llevaba puesta la camiseta. Impactaba
la fortaleza, la templanza, la aceptación con la que hablaba de la enfermedad.
A su alrededor había todo un batallón de gente para cuidarle y acompañarle. Y
él aceptaba y agradecía todo el amor recibido. En esa situación también se
hacía manifiesta su generosidad, se preocupaba porque no faltara de nada para
quienes se acercaban a su casa. Recuerdo que incluso sacaba fuerzas para
compartir y leer algunos fragmentos de libros, sus queridos libros.
Al día siguiente de volver a Bilbao empecé a mandarle
prácticamente a diario una canción, un vídeo, un poema, un texto… Es la forma
que encontré para acompañarle en la distancia, para decirle que le tenía muy
presente, que me importaba. En ocasiones me contestaba o me mandaba alguna
foto. Me acuerdo de una en la que, después de mucho tiempo, se estaba comiendo
una croqueta. No se lo llegué a decir. No sé si a él le hacía bien recibir los
mensajes, pero sé que a mí sí prepararlos. Me hacía tenerle presente, salir de
mí, entrenar el cuidado y la amistad. El viernes estuve a punto de enviarle un
mensaje —tenía varios en la reserva—. Estuve un rato pensando cual sería el
envío que mejor resumiría el camino compartido… No me costó mucho… la canción “Gracias a la vida”.
Amigo, conocerte ha
sido un gran regalo... ¡Hasta que volvamos a encontrarnos!
El 22 de enero Javier Barbero Gutiérrez, Doctor
en Psicología y con una larga trayectoria en cuidados paliativos, impartió la
Clase magistral “Aceptar la enfermedad y la muerte”, organizada por la
Fundación Pía Aguirreche. Voy a compartir aquí las principales ideas que me
llevé de la misma.
Lo primero que me llamó la atención fue que una conferencia con
ese título tuviera tanto poder de convocatoria. El Auditorio de la Universidad
de Deusto estaba casi lleno, con un público bastante variopinto en cuanto a edad
y procedencia. Además, también hubo quien la siguió online —más de 1500
personas inscritas—. Una potente pregunta abrió la sesión: ¿Puede tener algo de
positivo, se puede aceptar, algo que rompe tu proyecto de vida?
Encontramos diferentes
paradigmas en los cuidados paliativos. En primer lugar estaría el de la lucha. En él subyace la idea de que se
puede vencer la enfermedad. Y cuando esto no se da, la persona queda como
cobarde o como derrotada. La enfermedad y la muerte se viven como algo dilemático,
en lugar de problemático. Un segundo paradigma sería el de las fases o etapas. Como señalara Elisabeth
Kübler-Ross, hay cinco etapas clave que las personas suelen experimentar y en
las que hay que acompañarle: negación, ira, negociación, depresión y
aceptación. Y el tercero sería el que habla de la coexistencia de la ansiedad de la muerte y fuertes deseos de vivir.
Esto conecta con la búsqueda profunda del significado de la vida. El
mantenimiento del equilibro depende de la “madurez existencial”, que se mide
según la voluntad de tres cosas: 1) conocer los síntomas y sentimientos
asociados a la enfermedad, asumir la carga existencial de la enfermedad; 2)
renunciar a juzgarlos y 3) no realizar intentos innecesarios ante lo que no se
puede controlar, comprometiéndose a vivir la situación desde los propios
valores. El sufrimiento tiene que
ver con la percepción de amenaza a la integridad biológica y la capacidad de
respuesta que tenemos ante la misma. ¿Y si viéramos el sufrimiento como
misterio? No es lo mismo enfrentarnos a un problema a resolver que a una
situación a acompañar.
No se trata sólo de la aceptación de la realidad externa, sino
también de los propios límites. Existen situaciones
de negación muy importantes, que no son una cuestión cognitiva, sino
emocional. La negación puede ser adaptativa o desadaptativa (pseudo
adaptación).
No es lo
mismo la resignación que la aceptación. Tenemos derecho a la queja y la
responsabilidad de no instalarnos en ella. La aceptación te coloca en el futuro
(“Qué hago yo con esto”), la resignación en el pasado (“Con lo que yo he sido”).
La resignación te sitúa en el espacio de la derrota, la lástima, y el
conformismo, mientras que la aceptación lo hace en el del reto, la búsqueda. Parafraseando
a Pedro Laín Entralgo, la resignación es la apropiación del fracaso, mientras
que la aceptación es la apropiación positiva de lo inevitable.
Una condición necesaria para acompañar es la aceptación incondicional de la otra persona, lo que supone: 1) No
juzgar; 2) Cordialidad en el trato; 3) Consideración positiva por la persona en
tanto que persona (por muy reprobables que nos puedan parecer algunas de sus
conductas, aceptar a la persona no significa aceptar sus conductas); 4) Mostrar
interés por lo que para la persona es importante. Tenemos que aceptar el mundo
de las emociones y sentimientos de la persona. La pregunta clave es si esas
emociones y sentimientos, que no tienen categoría moral, son adaptativos o
desadaptativos.
Aceptar es conectar con la
centralidad de la experiencia, hacerse cargo de la realidad, estar con lo
que hay. No es algo pasivo. Cuando conectas con la realidad y la aceptas puedes
gestionarla, ya sea para integrarla o para hacer cambios.
¿Qué nos
impide la aceptación? 1) Contrastar lo que es con lo que debería
ser. No hay que renunciar al deseo, pero sí hay que ser conscientes de las
expectativas irrealizables. Como dice Serrat: “Sin utopía la vida sería un ensayo para la muerte”. 2) Estar
orientados compulsivamente hacia el futuro, tener apego a las metas. 3) Cuando
nos anclamos en el pasado (“yo antes…”). Vivimos en una sociedad con un
optimismo tóxico, que no tolera el “no puedo más”. Si no aceptamos el miedo,
éste nos come biográficamente.
Se trata de estar presente en tu propia experiencia. ¿Cómo podemos facilitar esto? 1) Desde la aceptación incondicional
de la persona. 2) Asumiendo que es un proceso no lineal. 3) Facilitando la
conexión con el deseo, colaborando a la expresión del deseo. 4) Ayudando a
elegir la actitud ante la enfermedad y la muerte. 5) Siendo conscientes de que
a quien acompaña le toca sostener, lo que supone conectar con el absurdo, los
miedos, etc.
La enfermedad y la cercanía de la muerte nos enfrentan a la
vulnerabilidad, que solemos asociar a debilidad,
pero que es parte de la condición humana. Podemos negar la vulnerabilidad
(“Puedo con todo”), lo que trae barreras emocionales, hiper control,
resistencia, autosuficiencia, y una falsa percepción de seguridad. Pero también
podemos afrontar la vulnerabilidad desde la humildad, la apertura, la
confianza, la interdependencia y la ayuda mutua.
¿Cómo podemos ayudar a la otra persona a pasar del caos a la
aceptación? 1) Reformulando la esperanza, desde
la certeza de que se puede encontrar sentido en el proceso, sea cual sea el
resultado. 2) Trabajando el duelo. El nuevo escenario supone pérdidas
relacionadas tanto con el pasado, como con el futuro. 3) Reconfigurando el
sentido. El sufrimiento no tiene sentido, pero se puede encontrar sentido en la
experiencia. No es “gracias a”, sino “a pesar de”. No se trata de una lucha
contra el sufrimiento inevitable, sino contra el sinsentido. Se trata de resignificar la experiencia vital, y
existen cinco caminos que se pueden ir entrecruzando: 1) El cognitivo, de
significado. Responde a la pregunta de por qué vale (o ha valido) la pena
vivir. Ha habido coherencia, se ha dejado un legado, etc. 2) El motivacional,
el del propósito. Para qué seguir, qué me impulsa, cuál es mi motor. 3) El
afectivo. Me siento querido, he amado, quiero seguir expresando y recibiendo
amor. 4) El de la acción responsable desde los propios valores. 5) El de la
trascendencia, la espiritualidad. Supone soltar (no resistirse), confiar y una
actitud de apertura o de búsqueda. Apertura a espacios de encuentro con algo o
alguien que nos acoge, que nos sostiene. Apertura al ámbito del misterio, que
no necesariamente es religioso. Puede ayudar la experiencia de conexión con el
don, que responde a la pregunta: ¿qué has recibido gratuitamente? El
acompañamiento espiritual supone acoger, reconocer y dar espacio para que la
persona pueda dar voz a sus preguntas y vida a sus respuestas.
Buenas pistas para aceptar la enfermedad y la muerte y también
para acompañar a quien está en el camino de hacerlo. En el fondo, lo
fundamental es la pregunta por el sentido y la conexión con la experiencia.
Recientemente he asistido online al “Coloquio
inter-espiritual. Swami Padmanabha y Padre Paramittrananda”. Swami Padmanabha es un monje, autor y
mentor espiritual arraigado en la tradición bhakti del linaje Gaudiya. Pablo d'Ors, quien fue bautizado
en la India con el nuevo nombre de Paramittrananda —alude a la amistad suprema
entre el ser y lo Divino—, es el fundador de la red de meditadores Amigos del desierto. Voy a
destacar aquí algunas ideas del coloquio.
Pablo D’Ors compartió las tres fases que componen su práctica: 1) Ponerse en la presencia de
Dios y hacerse la pregunta: ¿Creo, Señor, que estás aquí?; 2) Experimentar la
presencia amorosa: ¿Creo Señor que me amas incondicionalmente, tal y como soy
sin pedir nada a cambio? 3) Experimentar la unión y declarar: “Te amo”, “te
quiero”.
Señaló que conocer otras tradiciones le ha ayudado a leer su
tradición de una forma más profunda. Le ha puesto en crisis y le ha abierto el
horizonte. Cree en la espiritualidad de
la síntesis —que no sincretismo—. En su opinión todo lo que hay de verdad,
belleza y bien viene de Dios.
Swami Padmanabha indicó que le
gusta más hablar de tradiciones hermanas,
que de otras tradiciones. En realidad, todos somos parientes. En sánscrito se
dice que no existen dos familias, todos somos uno. La realidad es una
combinación de unidad y diferencia. Avanzamos cuando conseguimos integrar. En
palabras suyas, “en mi viaje ha habido mucho de unidad en la diversidad”. Más
que de unas u otras religiones, podríamos hablar de diferentes expresiones de
la función del alma en conexión con su fuente. Se suele utilizar la imagen de
la copa (persona) y el vino (sustancia embriagante del amor divino). Al final,
cada sendero puede ofrecer una variante de vino, pero nos encontramos todos en
la misma taberna.
Pablo D’Ors subrayó que la técnica está al servicio del encuentro.
Muchas veces las y los meditadores preparan mucho “el banquete”, pero se lo
pierden. A él, meditar le lleva a suavizar la mirada, a hacerla más amorosa. Y
eso llega a las personas con las que te encuentras.
Pablo D’Ors insistió en que no hay
que preocuparse por compatibilizar los amores. Meditar, contemplar, es amar y amar es contemplar. Parafraseando a Buda
Gautama, la única manera de hacer algo por la paz es ser paz. Swami Padmanabha
aportó una sugerente imagen, regar la raíz de la planta (meditar) nutre todo
(se extiende al círculo inmediato).
Me quedo con la imagen de las tradiciones hermanas. Lo importante es
amar y la mediación (tradición) nos ayuda a profundizar en el amor.
Amigos del desierto y Swami
Padmanabha (2026, 15 ene). Coloquio inter-espiritual. Swami Padmanabha y Padre
Paramittrananda [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=NdquRFMihNo
[QUIÉN SOY] “Fui puta. Fui víctima. Fui un ser inocente cuyos
derechos fueron vulnerados por miles de hombres, con el amparo de los estados.
Ya no soy víctima. Porque ser víctima NO es un estado mental y social
permanente e irreversible. Porque de serlo, de nada servirían la prevención,
reparación y protección. Fui niña. Soy mujer” (p.18)
[QUÉ QUIERO] “Quiero dejar de ser la víctima, la superviviente, la
violada, la exprostituta, la puta, la rumana que da su testimonio. Ser objeto
de análisis tras ser objeto de consumo te mantiene como objeto de deseo. Quiero
ser sujeto” (p.20) (*1)
[QUÉ NECESITO] “Valor, tiempo y capacidad reflexiva. Solo tres
cosas. Pero de manera bidireccional” (p.21)
El pasado 30 de noviembre asistí a la conferencia de Amelia
Tiganus—activista y conferenciante contra la explotación sexual— organizada por Espäcio Regäderä, cuyo título hace
alusión a su último libro, La revuelta de las putas. De víctima a
activista, del que lleva vendidos 50.000 ejemplares —va por la 10ª reimpresión,
algo poco usual para un libro feminista—. Existe una versión en cómic inspirada
en su historia, AMELIA. Historia de una lucha. He
leído con mucho interés el libro y voy a compartir aquí algunas ideas de la
charla que completaré con citas textuales.
Hay algunos datos que dan mucho que pensar. España es el país más putero de Europa y el
tercero en el mundo. La industria de la explotación sexual: pornografía,
trata, sugar dating (*2),
prostitución, etc. mueve más dinero que las armas y las drogas.
Existen diferentes modelos
ideológicos ante la prostitución. Entre ellos los principales serían: 1) El prohibicionista, que invisibiliza el problema y culpabiliza y castiga a las víctimas (p. ej., Rumanía); 2) El regulacionista, también llamado prosex
o proderechos, que habla de trabajadoras sexuales y reclama derechos, desviando
el foco del propio sistema (p. ej., Alemania y Países Bajos); y 3) El abolicionista, que habla de mujeres en
situación de prostitución, lo que resalta el hecho de que es una cuestión de
género y que es reversible (p. ej., Suecia, Noruega y Francia). Busca prevenir,
proteger y reparar a las víctimas, así como castigar tanto a los proxenetas
como a los puteros. [Para profundizar en los modelos, véase Molina Montero, 2018]
Amelia aboga por el último modelo, ya que el problema es el sistema prostitucional,
que tiene estructura de campo de concentración y en el que todas somos
prostituibles. Es un sistema conformado por:
“los estados, que permiten y
facilitan que esto exista; los proxenetas,
considerados respetables empresarios de la noche; los pequeños y grandes negocios que se lucran directamente con la
existencia de este sistema, y los puteros,
el brazo ejecutor que destruye mujeres y niñas a la vez que financian y
sostienen este orden patriarcal, capitalista y racista. Las mujeres son el eslabón más débil. Pero
interesa mucho hacer que parezca un tema de mujeres para invisibilizar a los
auténticos responsables de esta barbarie” (p.99). Existe también otro eslabón,
las mamis: “Las auténticas mamis —mujeres
exprostituidas— están sobre todo en la recepción y se encargan de controlar a
las mujeres y hacer cumplir las normas; además, son los ojos y los oídos del
proxeneta” (p.132).
“La prostitución no
es ni «sexo» ni «trabajo», sino violencia sexual de hombres contra mujeres”
(p.152) lo que es incompatible con la dignidad humana [véase el primer párrafo
del Preámbulo del Convenio para la
represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena
de 1949 al que España se adhirió en 1962]. Los prostíbulos son campos de
concentración en los que los candados son el miedo, las amenazas, sobre la
propia vida o las de los seres queridos. Hay un perfil bastante extendido de la
víctima de este mundo: “mujer, joven, inmigrante, con grandes responsabilidades
familiares, en situación de vulnerabilidad y exclusión social, con gran
precariedad económica, en ocasiones con dificultades con el idioma, que sufre
una gran movilidad y un gran desconocimiento de los derechos y (los
insuficientes) recursos existentes” (p.182). Y la única vía de escape son los
verdugos, los puteros.
Amelia explica que, en su experiencia, se ha encontrado con distintos tipos de puteros: 1) El putero majo, “para mí, uno de los
peores maltratadores. Estos iban de buenos y me hacían preguntas, me contaban
cosas (…) quieren comprar aquello que ni las putas vendemos: las caricias, el
cariño, la ternura, los abrazos sinceros, los besos de amor... Lo quieren todo
por un miserable billete” (p.112); 2) El putero
macho “que piensa que su masculinidad, su valor como hombre, tiene que ver
con la cantidad de mujeres a las que penetra y a las que —en su imaginación,
claro está— satisface sexualmente” (p.114); 3) El putero misógino, “es el más violento y peligroso, porque las
prácticas que lleva a cabo para sentir placer dentro de su sadismo son
difíciles de narrar (…) Cuanto más dolor, humillación y miedo te hacen pasar,
más disfrutan” (p.114). Y añade otro perfil, “y luego están los hombres que
dicen que no van de putas, sino que van de copas o que solo acompañan a sus
amigos (puteros). Y yo pregunto ¿cómo te puedes divertir en un campo de
concentración?” (p.115).
Amelia describe los cinco años que pasó en más de cuarenta
prostíbulos con una imagen: “un reloj
sin agujas. La esclavitud es una vida sin sentido del tiempo (…) En el
prostíbulo pierdes tu identidad y te conviertes en una mujer en serie:
intercambiable y utilizable sin medida. El campo de concentración te aliena, te
despersonaliza. El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y
tu cuerpo solo intenta sobrevivir. Solo hace falta imaginarse a todas las que
no pueden hablar y contar este relato: las que mueren por enfermar gravemente a
causa de las adicciones, los abusos y la tortura; las que son asesinadas: las
víctimas de feminicidio por prostitución son las grandes olvidadas de la
violencia machista” (pp.89-90). Evadirse para sobrevivir, unas relaciones
frágiles entre compañeras —que se ven como rivales—, el consumo de sustancias
que aparece desde el principio —se les ‘vende’ como una forma de ganar más
dinero—, obligaciones y deudas contraídas —generadas por el propio sistema—, y
muchas huellas profundas —entre ellas: deterioro físico, trastornos de
alimentación y del sueño, aislamiento, estados depresivos, trastornos del
sueño, alteraciones emocionales, ideación e intentos de suicidio— hacen muy
difícil la salida de este mundo. El trauma es muy profundo. [Animo a ver el
vídeo Ninguna mujer nace para puta, de
Sonia Sánchez]
La charla y el libro
me han cambiado la mirada y ha dado un nuevo sentido a mi compromiso feminista.
“Es triste reconocer la cantidad de potencial, talento, capacidades y vidas
humanas destruidas por el sistema prostitucional. Triste pero imprescindible.
El patriarcado nos enferma. El capitalismo nos enferma. El feminismo es la cura
a tanto sufrimiento y desigualdad. Porque el feminismo no solo salva vidas,
además las dota de un profundo sentido de humanidad (…) Porque ninguna se salva sola. Nos salvamos juntas. La resiliencia tiene
rostro de mujer. Y sonrisa de niña” (p.184)
(*1) NOTA –
Me resultó muy significativo el testimonio de Amelia cuando contaba que en
varias ocasiones le ofrecieron escribir el libro y cuando decía que no lo veía
le ofrecían escribirlo por ella. Una vez más objeto que no sujeto…
(*2) NOTA –
Cuando escribo en Google para comprobar la ortografía la IA me devuelve este
contenido: “El ‘sugar dating’ es una relación de beneficio mutuo donde una
persona, usualmente mayor y con recursos económicos (‘sugar daddy’ o ‘sugar
mommy’), ofrece apoyo financiero o regalos a otra persona más joven (‘sugar
baby’) a cambio de compañía, tiempo o intimidad”. ¡Así explicado parece algo consentido y bueno!
LaSexta (2018, 2 abril). Amelia: "España es el país
donde más consumo hay y no existe una ley contra la trata" – Salvados
[archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=ij5-INaqES8
Portal puntero de información y periodismo de datos con
perspectiva feminista https://feminicidio.net/
Dejo a continuación dos breves entrevistas a Amelia, una realizada por Jordi Évole (Salvados) y otra realizada por Innovandis —Programa de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Deusto— a raíz de la publicación del libro.