Este artículo ha sido publicado en la revista LAR Otoño 2025
martes, 30 de septiembre de 2025
jueves, 25 de septiembre de 2025
Aprendiendo de los niños
Soy asidua a los eventos organizados por la Fundación Pía Aguirreche, cuyo objetivo fundacional es: “mejorar la vida de los pacientes en fase terminal”. Hace muchos años, décadas ya, que tengo mucha afición e interés por el final de la vida y el duelo. El pasado 18 de septiembre acudí a la Clase magistral “Aprendiendo de los niños”, a cargo de Ricardo Martino Alba, Jefe de Sección Cuidados Paliativos Pediátricos en Hospital Infantil Universitario Niño Jesús (Madrid). Si el término “cuidados paliativos” hace removerse a muchas personas, cuando le añadimos el adjetivo “pediátrico” incomoda aún más. Pero, como bien dijo el ponente, los niños y niñas también se enferman y mueren, y es importante que lo hagan de la mejor manera posible y que no demos la espalda a esta realidad.
El Dr. Martino compartió, de una manera abierta, clara y
accesible los aprendizajes que ha hecho a lo largo de su experiencia
profesional como Pediatra, de sus grandes maestros, los niños y niñas a quienes
ha tratado. En su opinión, los cuidados paliativos han cobrado visibilidad por
dos motivos: 1) la pandemia del COVID, que a muchas personas les confrontó con
la muerte —aunque no afectó especialmente a los infantes—; y 2) la ley de la
eutanasia. A mediados de los 90 el Dr. Martino fue testigo de que en la anterior gran pandemia, la del VIH,
los niños y niñas también morían, muchos de ellos habiendo perdido
previamente a su padre, a su madre o ambos. Estos infantes necesitaban atención
sanitaria, un hogar, una familia, etc. En ese momento las Hijas de la Caridad
de San Vicente de Paúl crearon un hogar, Casa Belén, para dar respuesta a esa
necesidad y le pidieron ayuda. Empezó como Pediatra voluntario con dos
principios: 1) que los niños y niñas no ingresaran; 2) que si tuvieran que
morir, a poder ser, que fuera en casa. Así empezaron a construir unos
paliativos informales que fueron cristalizando con el tiempo en un cuerpo de
conocimiento y servicios adaptados, porque los
niños y niñas no son pequeños adultos, tienen sus dinámicas propias.
La fragilidad es una condición esencial del ser humano,
todas las personas en algún momento de nuestra vida dependemos de alguien que
nos cuida. Es más, como señaló el Dr. Martino, “Un ser humano es más ser humano cuanto más depende de los demás y
cuanto más cuida de los demás. El
instinto de supervivencia no es individual, es comunitario”. A partir de
este hecho fundamental, cabe preguntarse qué podemos aprender de los infantes.
Estos van cambiando con el tiempo y tanto ellos como sus
familias tienen que adaptarse a esos cambios. A veces se diagnostican
enfermedades ‘incompatibles con la vida’ durante el embarazo y “no es blanco ni
negro, la vida es de colores” [automáticamente
me vino a la mente la canción de Aida Bossa, Vida de colores]. Es
importante cuidar lo que se dice, a veces, con el silencio se hace menos daño. La mayoría de los niños que están en
cuidados paliativos no tienen cáncer, sino enfermedades con las que han
nacido o se les ha diagnosticado en los primeros años de vida. Estas
enfermedades suelen tener muchos problemas asociados, y suelen necesitar de
cuidados paliativos durante años. Ante el diagnóstico de incurabilidad o irreversibilidad
la pregunta habitual sueles ser: “¿Cuánto le queda?”. Sin embargo, lo
importante es cómo va a vivir ese tiempo. Hay una verdad de Perogrullo: “Para
morir hay que estar vivo”, la muerte es sólo un momento al final. Los cuidados
paliativos se ocupan de personas que están vivas y su vida está condicionada
por la enfermedad. Muchas veces la experiencia de la familia, aunque dolorosa,
es que “paliativos nos ha salvado la vida” (Chocarro et al., 2025).
[Sugiero leer el artículo “¿Por qué
hacías tantas preguntas?”, escrito por un colega del Dr. Martino, Alberto García-Salido]
El Dr. Martino señaló que hay cosas que ha aprendido de los
infantes que pueden servir para los cuidados paliativos de adultos. Se suele
hablar de que se trata de “mejorar la calidad de vida del paciente”, pero eso
es un concepto subjetivo que puede tener un significado diferente para el
personal sanitario, las familias, los niños y niñas… Él se conforma con mejorar el bienestar de esos niños y niñas. También
se suele hablar de “hacer control sintomático”. El síntoma es lo que el
paciente te cuenta, signo es lo que el profesional puede percibir. Hay veces
que por edad o capacidad el paciente no habla. Eso exige aprender a comunicarse con quien no habla. Igual no pueden
explicarte lo bueno, pero sí tener experiencia de lo bueno. Los niños y niñas
tienen una red de vínculos que los sostienen y que son quienes pueden trasladar
los valores que ellos no pueden expresar, qué les sostienen, qué les hace bien
(el método “Mamá canguro”, el control del exceso de luces, etc.).
El dolor es una experiencia subjetiva. El mismo estímulo
puede provocar experiencias muy diferentes a dos personas. Los infantes, cuanto
más pequeños, menos mienten. Aceptar el
dolor es aceptar el avance de la enfermedad y eso es algo que a las familias
les suele costar. Hay que poner atención a los signos. La pregunta
recurrente es: ¿Qué es lo mejor para el niño o niña? ¿Cuál es su mejor interés?
Los infantes, al igual que las personas adultas, sufren por
múltiples causas y hay que darles una atención integral. El problema es que no
es el niño o la niña quien decide, otras personas lo hacen en su lugar. A todas
la personas se les supone buena intención
(benevolencia), pero no siempre coincide con una buena acción (beneficencia). Hay dos extremos que hay que evitar,
el abandono, por un lado, la obstinación terapéutica, por otro.
Debe existir una atención centrada en la familia, atender al
infante y ayudar a su familia. Pero, por ayudar a la familia no se puede
maltratar al niño o la niña. Ante la pregunta: ¿Cuánto tarda en morir una
persona?, el Dr. Martino suele responder: “Lo que tarde”. No se puede
sacrificar al infante que no habla por la familia que sí lo hace. Ante la
pregunta de: “¿Qué haría si fuera su padre (o su hijo)?”, no cabe otra cosa que
no responder, o si se hace decir: “Si fuera mi padre (o mi hijo) yo no sería su
médico”.
En la experiencia del Dr. Martino los infantes tienen menos problemas con la muerte que las personas
adultas. Sus preguntas suelen tener un alcance limitado y las respuestas
deben adaptarse al mismo. A veces se les aísla demasiado. Muchas veces los
infantes, para proteger a sus progenitores a quienes ven sufrir, soportan un
sufrimiento que no les corresponde.
A modo de resumen y
para tomar buena nota, las tres reglas del Dr. Martino: "El niño es una
persona, hay que buscar su mejor interés y la muerte ni se retrasa ni se
adelanta" (Simón, 2025).
Referencias
- Aida Bossa Music (2021, 26 junio). Aida Bossa - Vida de Colores [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=jDpVQzTFh8A
- Chocarro González, L. et al. (2025). Paliativos nos ha salvado la vida. Perspectiva de las familias desde la fenomenología. Medicina Paliativa. https://doi.org/10.20986/medpal.2025.1503/2024
- García-Salido A (2025). Why did you ask so many questions? Palliative and Supportive Care 23, e173, 1–2. https://doi.org/10.1017/S1478951525100746
- Fundación Pía Aguirreche https://fundacionpiaaguirreche.org/
- Fundación Pía Aguirreche (2025, 18 septiembre). Clase magistral «Aprendiendo de los niños» del Dr. Ricardo Martino [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=l-cPHerkk7g
- Ricardo Martino Alba https://www.linkedin.com/in/ricardo-martino-alba-98738626
- Simón, Pedro (2025, 22 septiembre). El pediatra que ha atendido a 800 niños antes de su muerte: "En el trance de morir, algunos preguntan si van a sentir dolor o no". El Mundo. https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/09/22/68d1597ee4d4d8af318b457a.html
- UNCEF (s.f.). Conoce el método «Mamá Canguro». https://www.unicef.org/dominicanrepublic/conoce-el-metodo-mama-canguro
miércoles, 3 de septiembre de 2025
Un destino mejor
Una de mis actividades favoritas de las vacaciones es la
lectura. Durante el año leo normalmente sobre temas relacionados con mi
trabajo. Sin embargo, en verano opto por novelas. Quiero hacer una reflexión
sobre dos de las que acabo de leer. La primera es Pobre: Una vida de lucha por un
destino mejor de Katriona
O’Sullivan. Llegué a ella por una entrevista que hicieron a la autora en la
radio [escuchar aquí].
Es una novela biográfica que impacta de principio a fin: la tercera de cinco
hermanos, hija de padres toxicómanos, con un historial de abusos, madre a los
15 años, vivió un aborto para el que tuvo que salir de Irlanda… Los primeros
años de vida de Katriona O’Sullivan estuvieron marcados por la pobreza, la
violencia, el abandono y los prejuicios. Actualmente trabaja en la Universidad
de Maynooth; se doctoró en Psicología en el Trinity College. El libro me ha
conmovido desde la dedicatoria: “A mí misma cuando tenía siete años / Ven aquí,
no te preocupes”. Además, dada la posición que actualmente ocupa, me parece muy
valiente contar abiertamente su historia.
Como bien señala: “Como sociedad, nos encantan los relatos
del pobre que se hace rico y disfrutamos al ver a alguien triunfar gracias nada
más que a la perseverancia y la determinación. Pero la verdad es que las
historias no suelen ser tan sencillas. La mía, al menos, no lo es” (p. 287). Avanzar con la ‘mochila’ que tenía no fue
fácil. No contaba con un entorno que la sostuviera. Su avance no fue
progresivo y en algunos momentos de dificultad le resultó difícil nadar
contracorriente. “Si has vivido sometido al estrés y al caos durante toda tu
vida, esa es la corriente por la que tiendes a dejarte llevar, aunque termine
arrastrándote hasta el fondo (…) Estaba cómoda con el miedo y el fracaso.
Cuando estaba en mi peor momento, era lo que buscaba” (p.241).
Soy una absoluta convencida, basta con ver el título de este
blog, de que “creer es crear”. Es necesario imaginar, visualizar algo para
poder encaminarse hacia ello. A quien
vive en entornos de pobreza y privación le puede resultar complicado imaginar
otro futuro posible. “Mis sueños estaban limitados: en mi entorno nadie me
hablaba de la universidad, nadie la mencionó nunca. En el colegio, los
profesores tenían la esperanza de que los alumnos como yo terminasen la
secundaria y aprendiesen un oficio. (…) Años después, yo criticaría el
acorralamiento de los chavales pobres en los estudios profesionales y en
carreras técnicas de bajo nivel, y me impactaría enormemente la creencia
generalizada entre los educadores de que quienes han nacido en un entorno pobre
no tienen la inteligencia suficiente para participar en la formación
universitaria” (p. 216). Como añade un poco más adelante: “Ser pobre afecta a
todo lo que haces y todo lo que eres (…) Pobre para mí también era sentir que
no tenía valor. Era pobreza de mente, pobreza de estimulación, pobreza de
seguridad y pobreza de relaciones. El hecho de ser pobre influye en cómo te ves
a ti mismo, cómo confías y hablas, cómo ves el mundo y cómo sueñas” (p.293).
Para escribir el libro, Katriona O’Sullivan elaboró una
lista de todas las personas de su vida y reconoce que todas ellas le hicieron
lo que es ahora. Tiene claro que no
salió sola del pozo en el que estaba, sino que le sacaron de él. “Algunas
de las personas de esa lista me ayudaron a avanzar y otras me hicieron
retroceder. Algunas se quedaron a mi lado y otras me vieron alejarme. Empecé a
ver mi vida como una serie de rocas que permiten cruzar un río de orilla a
orilla. Hubo veces en las que no pensaba que pudiera dar el siguiente salto o
en las que ni siquiera veía la siguiente roca sobre la que saltar, y siempre
alguien apareció para enseñarme cómo hacerlo o indicarme adónde ir. Un par de
ellas prácticamente colocaron la roca justo delante de mí y me empujaron para
que saltase. Todas ellas vieron más allá de mis circunstancias. Vieron mi yo auténtico” (p.287). Me ha parecido
entrañable cuando comenta que cuando escuchó la canción Headlights de Eminem, inspirada en su madre que era adicta… “La
letra de la canción me llegó al corazón y llamé a mi madre” (p.281).
Algo que me ha tocado es cuando comenta, siendo ella muy
niña, la cara de asco y superioridad con las que en alguna ocasión les miraban
personas de los servicios sanitarios y sociales que se personaban en su casa
ante una sobredosis de sus padres. “A mi
juicio, la adicción es consecuencia de la historia familiar, los traumas, la
biología, el peso de las presiones y los juicios de la sociedad. La
adicción se pone en marcha a partir de un deseo: no el de consumir una
sustancia, sino el de escapar del dolor de los traumas y de las consecuencias
de la pobreza. Mi formación me ha enseñado que las áreas de nuestro cerebro
responsables del control conductual y del placer se activan de una manera
diferente dependiendo del entorno en el que nos hayamos criado” (p. 291). Como
señala más adelante, “vivimos en una sociedad profundamente desigual, y a los
grupos que sufren no se les puede culpar por completo de los valores de
referencia en los que se mantienen para sobrevivir. Contribuiría a romper el
círculo negativo que dejásemos de juzgar a las personas y diseñáramos políticas
para abordar las causas que están en el origen de la adicción” (p.292). Es
fácil caer en el juicio cuando miras desde el privilegio. Algo que en clase me
resulta muy complicado hacer ver al alumnado es la injusticia de la
meritocracia [recomiendo la lectura del artículo “La ilusión del mérito: percepciones sobre el esfuerzo y talento en el trabajo”].
Katriona O’Sullivan indica que las desigualdades y
disparidades van en aumento y que en este momento es más complicado que las
personas pobres puedan acceder a programas como el que permitió que ella
accediera a un título universitario. Con el tiempo ella trabajó en el equipo
del programa de acceso y constató que dicho programa, al igual que otros
similares, están concebidos con una mentalidad benéfica. “Esos programas piden
a los solicitantes que demuestren su pobreza, su desigualdad, su valía, su
motivación y su potencial. Y el sistema selecciona a aquellos que cree dignos
del ‘regalo’ de acceder a una educación” (p. 298). Volvemos al tema del
privilegio. Se está perdiendo mucho potencial porque no existe una verdadera
igualdad de oportunidades. “En el sistema educativo necesitamos equidad, no
igualdad. Si alguien no puede orientarse porque se está desmoronando el mundo a
su alrededor, debemos elevarlo por encima de las nubes que lo ofuscan (…) No es
casualidad que las personas de mi comunidad sean barrenderos, personal de
limpieza y trabajadores del sector servicios, mientras que las personas de
clase media sean médicos y abogados. Eso no se debe a una diferencia en la
inteligencia. Se debe a las oportunidades, el dinero y el apoyo. Las clases
medias nacen con esos tres elementos bajo el brazo; los pobres no tienen ni una
pizca de ninguno de los tres. Y la verdad es que nos estamos perdiendo mentes
brillantes que se quedan atrapadas en el pozo de la pobreza” (p.300).
Encuentro que la historia de Katriona O’Sullivan tiene
muchos puntos en común con la narrada en el segundo libro que quiero comentar, Tan
poca vida de Hanya Yanagihara. En este último se cuenta la historia de
cuatro amigos que se conocen en la universidad a lo largo de varias décadas.
Jude, uno de los protagonistas, quien fue abandonado de niño en un convento y
tiene una larga historia de abusos y malos tratos, es el centro de la historia.
Con el tiempo consigue salir de ese círculo, se hace abogado y tiene una
brillante carrera profesional. Pero está roto, se siente indigno por cosas que
hizo empujado por las circunstancias en su infancia y juventud. Su sufrimiento
es tan grande que sólo consigue aplacarlo autolesionándose. Sólo el dolor
físico consigue atenuar, al menos temporalmente, su dolor psíquico y emocional.
Hay heridas que es difícil, casi imposible, curar y que desde fuera es
complicado entender.
Me llevo un recordatorio importante, que ojalá se me grabe
muy hondo: toda persona tiene derecho a luchar
por un destino mejor, cada persona es terreno sagrado al que hay que acercarse
con cuidado y respeto. “El descalzarse cuando se pisa terreno sagrado es
común en muchas religiones. En las que provienen del judaísmo, tiene su origen
en el Libro del Éxodo, en el que Dios, desde una zarza ardiente, se dirige a
Moisés ordenándole: ‘Descálzate, porque el lugar en que estás es terreno
sagrado’ (Éxodo 3:5)” (CVXe, s.f.).
Referencias
- CVXe (s.f.). Tocar la herida con cuidado y respeto. https://cvx-e.es/cvxe/tocar-la-herida-con-cuidado-y-respeto
- EminemMusic (2014, 11 mayo). Eminem - Headlights (Explicit) ft. Nate Ruess [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=7bDLIV96LD4
- Grau-Grau, Marc (2023, 18 mayo). La ilusión del mérito: percepciones sobre el esfuerzo y talento en el trabajo. https://theconversation.com/la-ilusion-del-merito-percepciones-sobre-el-esfuerzo-y-talento-en-el-trabajo-190004
- O’Sullivan, Katriona (2025). Pobre. Una vida de lucha por un destino mejor. Barcelona: Editorial Planeta.
- Rneaudio (2025, 6 de julio). Economía de bolsillo. 'Pobre': la historia de éxitos y fracasos de O'Sullivan. https://www.rtve.es/play/audios/economia-de-bolsillo/pobre-historia-exitos-fracasos-osullivan-05-07-25/16653280/
- The Late Late Show (2023, 11 noviembre). Katriona O'Sullivan: Homeless to her Ph.D & incredible book 'Poor' | The Late Late Show [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=wnd8XWte3l0
- Yanagihara, Hanya (2024). Tan poca vida. 4ª edición (1ª 2016), 25ª reimpresión. Madrid: Lumen.


