[He publicado esta entrada el 16.10.2023 en el Blog de
Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido
el 01.07.2024]
Me tengo por una persona vitalmente optimista, con una fe profunda en el ser humano. Sin embargo, a veces siento unas sacudidas internas que me hacen cuestionarme si todo será una invención; si no será un ejercicio vano de voluntad alimentar esa fe. Además, últimamente he notado que si alguna persona muy cercana se muestra desalentada, desganada o desesperanzada se me contagian con más facilidad esas emociones. Punset (2019) explica que estamos programados para imitarnos porque eso puede salvarnos; pero las emociones desagradables también son contagiosas y hay que ponerles límite, evitarlas, porque nos pueden llevar al fondo del pozo.
La verdad es que el contexto no ayuda mucho. Las noticias de las guerras, las muertes por violencia de género, las de personas migrantes que sólo buscan una oportunidad… Existe mucho sufrimiento que podría evitarse haciendo un esfuerzo de diálogo, de entendimiento, de empatía... En definitiva, si intentáramos tener una mirada humana profunda hacia las personas y las situaciones, más allá de las creencias y los intereses. Recientemente tenía un diálogo muy interesante con mi alumnado de 1º de Relaciones Internacionales sobre este tema y un alumno me preguntó si no creía que todo lo que hacía el ser humano era por interés. Es muy difícil responder a esta pregunta. Lo que es evidente es que el ser humano es capaz de realizar las acciones más sublimes y también de las más atroces.
Dándole vueltas a cómo evitar el pesimismo y el contagio de emociones desagradables he llegado a la conclusión de que hay dos vías excepcionales para conseguirlo. La primera de ellas es trabajar la interioridad, la conexión con lo más profundo, con la fuente de sentido. Como señala Rovetto (2021): “Vivir en la ermita interior, en el corazón espiritual (...) es una capacidad de darse cuenta de los distintos hechos que convergen en un mismo suceso y a la vez, mantener una cierta distancia de ellos. Se abre un espacio disponible que permite respirar en todo sentido y no ser avasallados por las reacciones que se produzcan en el medio, en la mente y en el cuerpo (…) Y esto debido a que la mente no es la herramienta adecuada para orientar nuestra vida. Si ponemos al mando a «la loca de la casa» nos encontramos con vidas plagadas de sufrimiento e inconsistencia”.
La segunda vía, que es complementaria, sería deshacernos de capas que hemos ido poniéndonos a medida que hemos ido transitando al mundo adulto: creencias, prejuicios, mandatos de género, ideología, intereses, etc. Se trataría de recuperar la mirada limpia del niño, de la niña, que nos habita y que ve más allá de las mencionadas capas y es capaz de empatizar con el ser humano que tiene enfrente sin filtros que distorsionan.
Para comprobar que aún no me han
comido las sombras
Que alguien me diga que me cree
(…)
Quiero
ser un niño ya no quiero ser mayor
Referencias
El Publicista (2012, 8 de junio). 'Experimento comparte', de Shackleton para Acción Contra el Hambre (campaña) [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=ajt9VYHaGO4
Sesión de Micros Abiertos (2019, 30 septiembre). El Jose ft. Pedro Pastor y los Locos Descalzos - Ya no quiero ser mayor (acústicos SdMA) [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=X70fbCjP_lM
Los días 30 de septiembre y 1 de octubre unas 30 personas asistimos
en Las Matas (Madrid) al encuentro organizado por el grupo de Diálogo de personas de creencias diversas del
Movimiento de los Focolares [ver web] con el sugerente
título: Dios ¿existe? Encuentro de
diálogo entre personas de convicciones diversas. Fueron unos días intensos y de gran
profundidad por todo lo vivido y compartido.
Según el estudio de Ipsos “Global Religión 2023: Creencias
religiosas alrededor del mundo” un 61% de la población mundial (44% en España)
afirma que cree en Dios o en alguna fuerza superior, mientras que un 21% (32%
en España) asegura no creer en nada (Ipsos,2023). Si tenemos en cuenta la teoría de la sabiduría de los grupos (ver Sánchez,2022), que nos dice que ante preguntas complejas se obtienen respuestas más
rápidas y adecuadas en la medida en la que se pregunta a más personas, los
datos del estudio parecen sugerir que en este momento no hay una respuesta
clara a la pregunta de si Dios existe. Es más, podríamos incluso cuestionarnos
si la pregunta es pertinente.
La mañana del primer día dieron su respuesta a la pregunta
que nos convocaba tres personas, una desde el ateísmo, otra desde el
agnosticismo y otra desde la fe católica. Hagamos primero la distinción. Ateo
es una persona “que no cree en la existencia de Dios (o dioses o divinidades) o
que directamente lo niega”, mientras que una persona agnóstica “no afirma la
existencia e inexistencia de Dios (o dioses), no tiene certezas para creer,
pero al mismo tiempo considera que se trata de una cuestión que la capacidad
humana no puede resolver, esto es, inherentemente incognoscible” (Sánchez,2023).
Respuesta desde el
ateísmo
Miguel Ángel Royo
nos dio su visión tomando como apoyo los argumentos del libro El alma del ateísmo de André
Comte-Sponville, en el que se propone una espiritualidad sin Dios. Razones
para no creer en la existencia de Dios:
Debilidad de las pruebas
de su existencia. Tradicionalmente se han utilizado tres pruebas de la
existencia de Dios: a) Ontológica, Dios
existe por definición, por esencia; b) Cosmológica,
se parte de la existencia del mundo, y se dice que tiene que poder explicarse
su existencia, tiene que haber una causa fuera de sí mismo; c) Físico-teológica, el mundo existe y
tiene una complejidad inaccesible por lo que tiene que haber una inteligencia
ordenadora.
Carencia de
experiencias de Dios. Los seres humanos nos escondemos por vergüenza o por
miedo. ¿Qué razones podría tener Dios para ocultarse? Se suele argumentar que
se oculta para respetar la libertad del ser humano. Ese argumento se puede
rebatir. Si se nos oculta seríamos más libres que Dios y sus profetas porque
ellos no pueden elegir no creer. Además, hay menos libertad en la ignorancia
que en el conocimiento. Es más, que no se muestre parece incompatible con la
idea de un Dios Padre.
Una explicación
incomprensible. ¿Cómo podemos explicar algo que no se entiende (el mundo,
la vida, etc.) con algo que se entiende aún menos, que es Dios?
La existencia del mal,
su amplitud, su atrocidad, su desmesura, su banalidad. Este es el argumento
más antiguo y más fuerte.
La mediocridad del
ser humano. Somos hijos e hijas de la tierra y eso se nota. Tenemos que ser
más humildes (humus es la raíz del
término humildad). Cuesta pensar que estemos hechos a imagen y semejanza de
Dios.
El deseo y la
ilusión. ¿No resulta sospechoso que Dios se nos presente como la respuesta
a nuestros mayores anhelos: no morir definitivamente, reencontrarnos con
nuestros seres queridos, ser amados incondicionalmente, etc.?
Respuesta desde el agnosticismo
Jordi Illa contó
su experiencia con el soporte del libro Inteligencia espiritual de Francesc
Torralba [hace tiempo escribí una entrada
sobre el mismo] cuya tesis es que existen un sentido espiritual, unas
necesidades de orden espiritual que no se pueden desarrollar de otro modo que a
través de la Inteligencia espiritual.
Explicó el modelo de tres capas, que a él le ha
servido para situar su experiencia vital,
en el que la Espiritualidad es la
más profunda y común a todas las personas. Sobre ella estaría la Religiosidad que responde a la
necesidad de sentirse unido a algo que trasciende. Y en último lugar estaría Confesionalidad que hace referencia a
los ritos, rituales, dogmas, etc.
Nos presentó el vídeo en el que Carlos Blanco responde desde su
posición agnóstica: “Lo que nosotros estamos diciendo de Dios es el límite de
nuestra imaginación: el ser perfecto, autosubsistente (…) Todavía no somos capaces
de imaginar algo mejor sobre Dios (…) Es el límite al que puede tender la mente
humana, es lo máximo que tú puedes imaginar y razonar”.
Respuesta desde la fe
católica
Ita Pi empezó
diciendo que elaborar su respuesta le supuso hacer un ejercicio de profundización
importante. Ella tiene una creencia vital muy fuerte. A día de hoy diría que
cree en un Dios sin rostro (sin una forma determinada), no por impersonal, sino
porque ha ido cambiando su imagen con el tiempo. A medida que se ha ido
alimentando de otras religiones y espiritualidades su creencia, recibida en
primera instancia de su familia, se ha afianzado, se ha hecho más profunda.
Siente algo muy bello que es que no sólo ella está en busca de Dios, sino que
Dios también le busca a ella.
Vimos el vídeo en el que José
Cobo y Javier Melloni dialogan con ocasión de la presentación del libro Dios sin Dios. Una confrontación. Resulta
muy sugerente la invitación de Melloni a vivir desde Dios, buscando desde
dentro, porque desde ahí es desde donde se abre el camino al otro, al hermano.
A las exposiciones
siguió un diálogo muy profundo en el que cada persona reaccionó desde su
experiencia y su momento vital:
“Soy creyente en búsqueda… en
proceso… en camino”.
“Más que una creencia es una
experiencia… A veces siento y también hay períodos en los que no siento nada”.
“Este grupo ayuda a estar en una
actitud de apertura y cuestionamiento”.
“No sé si existe Dios, pero igual
se manifiesta a través de esta lágrima”.
“No soy creyente, pero sí existe
el amor”.
“Soy agnóstico por prudencia
intelectual, también comparto argumentos con el ateísmo. He llegado a un
momento en el que no me pregunto si Dios existe”.
“Para mí, participar en este
grupo ha supuesto una gracia grande. Me ha hecho aterrizar, profundizar”.
“Tengo la experiencia de sentirme
sostenida, acompañada, por algo diferente de mi conciencia”.
Tuvimos también ocasión de trabajar el Decálogo para el diálogo de Iñaki Guerrero. Insistimos en la necesidad
de ser valientes para afrontar conversaciones, la condición de que la otra
persona quiera dialogar, la conveniencia de generar espacios de confianza y
amistad para favorecer el diálogo,
la importancia de la atención plena, la dificultad de escuchar sin
juzgar o valorar, el riesgo de ser esclavos de nuestras ideas, convicciones o
posiciones, etc.
Transconfesionalidad
La segunda mañana contamos con la aportación de Lucas Cerviño desde el otro lado del
Atlántico y en un horario de madrugada para él. Empezó explicando cómo se ha
dado un fenómeno de transformación de lo espiritual, una metamorfosis de lo sagrado. En los años 60-70 del siglo pasado se
hablaba de la muerte de Dios, pero eso no se ha dado. Se ha pasado de poner el foco
en el contenido de lo que se cree (creencia y transmisión) al sujeto que cree
(experiencia, búsqueda). Nos encontramos ante un pluralismo de respuestas al
sentido de la vida,
una ruptura del monopolio de sentido de las religiones. Se da un mayor nivel de
personalización, que no individualización. Estamos en un período en el que
prima la autonomía del sujeto. Existen también otras dos claves que atraviesan
de forma transversal el fenómeno: la ecología (interconexión) y la
incorporación de lo femenino.
Propuso un matización
al modelo de tres capas. Incluyó una capa más profunda, la interioridad, que es el núcleo al que toda espiritualidad tiene que
responder. Existe el riesgo de muchas ofertas, muchas experiencias, que no
conectan con la interioridad. La interioridad no es un encierro, un ejercicio
de intimidad. Supone la conciencia de estar atravesados por lo infinito, por la
inmensidad. Es donde surge la individualidad y la libertad; desde ahí brota la
responsabilidad hacia los demás y lo demás; es un espacio vital para la felicidad
humana, el lugar donde brota el ser únicos e irrepetibles. Si la Espiritualidad
no conecta con la interioridad se convierte en intimismo, en consumismo. Si la
religiosidad no conecta con la interioridad se transforma en fetichismo, magia.
Si la confesionalidad no conecta con la interioridad se queda en ritualismo,
moralismo.
El estar atravesados
por el infinito tiene distintas cristalizaciones. La transconfesionalidad
supone establecer un diálogo entre estas distintas cristalizaciones. Estamos
llamados a hacer diálogos desde distintas formas de conectar con la realidad
última. Se puede hablar de experiencias de comunión desde la reflexión y el
diálogo. Podemos sentirnos un cuerpo, un nosotros, donde se mantiene la
especificidad de cada uno.
Estamos llamados y llamadas a realizar un triple descentramiento:
1) Hacia el Misterio, la realidad última, lo que conecta con tu centro más
profundo; 2) Hacia el prójimo, el otro distinto y diferente; 3) Percibir lo
sagrado en la naturaleza, en la Creación, que tiene que ver con cómo me
alimento, cómo uso los recursos, cómo consumo, etc.
Mi impresión y
vivencias “fuera de programa”
Después del recorrido de los dos días tuve una intuición muy
profunda. Probablemente el diálogo transconfesional sea la única vía para
conseguir un entendimiento profundo. Conectar con la interioridad que nos
habita y en la que habitamos nos lleva a transformar una realidad que nos
duele. Es la forma de romper barreras y de transformar juntos. Si no, podemos
caer en la acción por la acción o en el error de tratar de convencer a otras
personas. Podemos dialogar y encontrar puntos de encuentro desde formas
diversas de conectar con la realidad total, la realidad última.
Y no podemos olvidar los momentos de conversación informal,
los paseos, la velada con pruebas por equipos, los momentos de poesía e
imágenes con música. Las intuiciones y las preguntas que cada uno se llevó
consigo. Me quedo con una frase que nos recordó Lucas del Papa Francisco: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano
en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios” (Exhortación
Apostólica Evangelii Gaudium, n.272).
[He publicado esta
entrada el 15.05.2023 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Acabo de terminar un libro sobre la muerte que me ha gustado mucho. Lleva por título: Mirar al sol [autor: Irvin Yalom; Leer un fragmento]. Tiene un subtítulo muy sugerente: Superar el miedo a la muerte para vivir con plenitud el presente. “No es fácil vivir cada momento con total conciencia de que moriremos. Es como tratar de mirar al sol de frente: solo se puede soportar un rato” (p.17). Compartiré algunas ideas del libro, que surge de la experiencia del autor y sus años de ejercicio como psicoterapeuta, y mis propias reflexiones sobre este tema que me encanta y sobre el que llevo leyendo y pensando desde que una buena amiga me regaló el maravilloso libro de Elisabeth Kübler-Ross, La muerte un amanecer. [Creo que fue a partir de ese momento cuando la mariposa pasó a ser mi animal y símbolo preferido].
Mirar de frente a la muerte asusta. Hay personas que intentan vivir de espaldas a ella, como si esta no fuera a alcanzarles y no cuidan ni de sí mismas ni de otras. Mientras, hay otras personas que buscan trascender a través de los hijos e hijas, un ser querido, una causa o un ser superior (las religiones ayudan a mitigar el miedo a la muerte). Quien más quien menos siente ansiedad ante la idea de la muerte y esta ansiedad o bien es reconocible o puede esconderse tenazmente detrás de otros síntomas. Todos probamos un anticipo de la muerte cada vez que dormimos o cuando estamos bajo los efectos de la anestesia.
“Aunque el hecho físico de la muerte nos destruye, la idea de la muerte nos salva” (p.46), nos conecta con nuestra vida y su sentido, con el aquí y el ahora. Posibilita cambios trascendentes y una comunicación mucho más profunda. Esto es algo que relatan mucha personas ante un diagnóstico negativo, o personas que han tenido la “experiencia de despertar” (p.49) provocada por sucesos como: la pérdida de un ser querido, una enfermedad, una ruptura, un hito vital, un trauma, la salida de los hijos del hogar, la pérdida de un trabajo, etc. Existe una “explícita correlación entre el temor a la muerte y la sensación de no vivir la vida” (p.63). ¡Qué importante es vivir una vida plena, con sentido, que nos haga tener pocos arrepentimientos cuando llega el final! [Esto me recuerda los cinco arrepentimientos más comunes recogidos por Bronnie Ware, enfermera experta en cuidados paliativos (Zamorano, 2018)].
Según Epicuro el omnipresente temor a la muerte es la mayor fuente de sufrimiento, por eso proponía almacenar experiencias placenteras, grabarlas en nuestra memoria y aprender a revivirlas. Yalom, que se declara ateo, utiliza tres de sus argumentos en el trabajo con los pacientes y también para enfrentar su propio miedo: 1)La mortalidad del alma: “si somos mortales y el alma no sobrevive, no tenemos nada que temer en una vida después de la muerte” (p.95). 2) La muerte como aniquilación total: “si soy, la muerte no es, pero si la muerte es, no soy” (p.95). 3)El argumento de la simetría: “nuestro estado de no ser después de la muerte es el mismo en el que nos encontrábamos antes de nacer”. También señala que de todos sus años de experiencia ha encontrado un concepto muy útil, el de la propagación por ondas concéntricas, que se refiere a “dejar algo de la propia experiencia de vida. Algún gesto, algún buen consejo, alguna guía, algún consuelo a los demás, sabiéndolo o no” (p.99), lo que no quiere decir que necesariamente nuestro nombre o nuestra imagen nos sobrevivan. Esta idea nos ayuda a pasar del terror a la satisfacción. También hay muchas tradiciones que para afrontar la transitoriedad insisten en vivir en el momento presente, en el aquí y ahora. Coincido plenamente con la idea de asumir la responsabilidad sobre la propia vida. “Una de las frases preferidas de Nietzsche era amor fati, ‘ama tu destino’. En otras palabras, ‘crea un destino que puedas amar’” (p.117).
Mi primera experiencia consciente de transitoriedad fue cuando a mi padrino, un gran médico con quien me había criado, recibió el diagnóstico de cáncer de pulmón. Desde muy niña fui consciente de que mis padrinos podían haber sido mis abuelos, me llevaban 54 años. Pero no fue hasta ese momento del diagnóstico que vi a la muerte acechando y me tuve que enfrentar al dolor de la cercana pérdida de una de las personas que han marcado mi vida. Después he vivido más muertes de personas muy queridas: mi madrina, mi padre, mi madre, mi mentor y director de tesis… Cada una de ellas ha revivido las anteriores y me ha confrontado con esa realidad que a todos nos espera: la muerte.
Recientemente escuché una entrevista a Mar Garcia Puig (filóloga, editora y política española, diputada por Barcelona en el Congreso de los Diputados) en el que hablaba de su libro La historia de los vertebrados. En él relata lo que sintió al ser madre: “Ya no puedo morir. Soy madre”. Cuando la escuché me sentí plenamente identificada, y me atrevo a decir que muchas mujeres (y supongo que hombres también) compartirán también esta experiencia. En ese momento sentí, percibí, comprendí de una manera clara que tenía que cuidar de mí para poder cuidar a ese niño que se había quedado grabado en mí para siempre. El nacimiento de mi segundo hijo no hizo más que confirmarlo. Ahora que ya he pasado los 50, que es evidente que tengo más vida por detrás que por delante, que he pasado a primera fila porque mis mayores ya no están, hay un pensamiento, un miedo, que aparece de vez en cuando: “¿Se acordarán de mi mis hijos? ¿Habré dejado una buena huella en ellos?”.
Para terminar un consejo del autor, Irvin Yalom: “No olvides que mantenerte consciente de la muerte, abrazarte a sus sombra, es una ventaja. Tal conciencia puede integrar la oscuridad a tu chispa vital y realzar lo que te queda de vida. La manera de valorar la vida, la manera de sentir compasión por los demás, la manera de amar cualquier cosa con más profundidad es ser consciente de que estas experiencias están destinadas a perecer” (p.166).
A raíz de la última entrada del blog en la que escribía una carta a mi yo con 20 años un buen amigo me escribía una reflexión por guasap que comenzaba: “Desde hace tiempo
me ronda en la cabeza la pregunta: ¿qué anima a algunas personas a contar
su vida en un blog?”. Yo no sé qué les lleva
a otras personas a hacerlo. Eso sí, tengo
muy claro qué es lo que me mueve a mí y para qué lo hago.
Iniciaba la primera entrada de este blog, 10 de junio de 2013, diciendo: “Empiezo hoy una aventura que hace tiempo que
quiero emprender... Escribir me relaja, me centra, me ayuda a poner las cosas en perspectiva... Lo hago
para mí, y si a otros les sirve lo que escribo... ¡MEJOR!”. Para entonces ya llevaba
años escribiendo en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb [desaparecido el 01.07.2024]. Desde joven
tengo escritos diarios y cuadernos de oración. Esos son mis tesoros. Igual
que cartas que conservo de personas importantes en mi biografía que me transportan
en el tiempo y alimentan mis recuerdos. Cuando más he escrito ha sido en las encrucijadas. “En etapas cruciales de
la vida, cuando se atraviesa un duelo, se afronta una enfermedad o se encara
una crisis, el diario es una casa donde acudir en busca de luz, consuelo y
calor” (Rebón, 2019). “Plasmar en un cuaderno o en un blog las vivencias del
mundo emocional, las dolencias o las frustraciones es una buena herramienta que
ayuda a gestionar dichas circunstancias” (Jarque, 2013). Si dejo de escribir un tiempo lo echo de menos, y cuando lo retomo es
como volver a casa, como encontrar de nuevo el rumbo.
En el blog escribo tanto sobre la lectura que hago de mis
historias personales, como sobre cursos, libros, películas o cualquier cosa que
me haga reflexionar y que quiera conservar y compartir. Es mi repositorio, mi
memoria particular. El lugar al que acudo cuando quiero refrescar alguna
vivencia. A veces, envío algunas entradas a mi alumnado… Hay muchas sobre
comunicación, amor, ética, emociones… Mi
sueño sería que mis hijos leyeran lo que escribo porque estoy segura de que
entenderían mejor a su madre y verían otra cara de algunas situaciones y
experiencias.
Hoy he disfrutado de la entrevista a Jordi Sierra i Fabra
que lleva el sugerente título de “Leer me salvó la vida, escribir le dio un sentido”. Me he
identificado con una idea: “Quería ser escritor, no rico o famoso, eso es otra
historia. El arte se mide por lo que sientes al hacerlo, no por lo que te pagan
por hacerlo. Y yo quería escribir. Era un niño, nada más que un niño que tenía
un sueño. Mi padre me lo prohibió. Mi padre, si me pescaba escribiendo, lloraba”. Escribo porque me siento bien al hacerlo, me libera,
me ayuda a descubrir mis emociones y a matizarlas, aclara mis pensamientos, me
facilita elaborar mi discurso, contribuye a mi búsqueda de sentido… Además, es
muy gratificante recibir feedback
sobre aquello que piensas, sientes y vives. Da pie a una comunicación muy
profunda… Por eso no voy a dejar de hacerlo…
[He
publicado esta entrada el 05.08.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
A mi alrededor tengo muchas bellas personas que han sido zarandeadas por las circunstancias de la vida hasta límites bastante duros. Hay una conversación con una de estas personas que se ha repetido en varias ocasiones y que en el fondo tiene la pregunta de por qué algunas personas tienen que sufrir tanto; por qué parece que la vida se ensaña con ellas cuando no se lo merecen. Esta persona me comentaba que el hecho de ser creyente ayuda pero que reconoce que en su interior a veces tiene un poco de enfado con la vida y con ese Dios que parece indiferente a su sufrimiento, que es también el sufrimiento de muchas personas.
Lo que está en el fondo es lo que se ha denominado la “noche oscura del alma” o el “silencio de Dios”. Incluso las personas con una fe más firme pasan en algún momento por ese desierto. El rapero ZPU tiene una canción que lleva como título, precisamente, “El silencio de dios” y que describe muy bien lo que supone. En el estribillo dice:
“Callado tan callado como los bloques de hielo
Créelo tu señor no anhelo en entrar en tu cielo
Duelo en cada calle porque ya nadie te ve
Porque las farolas iluminan menos que ayer
Callas la vergüenza de este mundo sin consuelo”
Hay una frase de Buda que se suele citar a menudo: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” (es interesante al respecto la reflexión de Adriana Reyes). El hecho de vivir nos trae inevitablemente situaciones y experiencias dolorosas (son la otra cara de la moneda). Debido a éstas en ocasiones nos enquistamos en pensamientos y emociones de rabia, resentimiento y similares. Nos empeñamos en buscar responsables, en pedir cuentas incluso a Dios, en lamentarnos de la mala suerte… Y eso dificulta nuestro aprendizaje y desarrollo. Está claro que nadie elige ni las cartas ni las circunstancias que le tocan vivir. Lo que sí está en nuestra mano es cómo vivir esas situaciones y experiencias. No es lo mismo hacerlo desde la rabia que desde el amor. Quizá esta sea la clave, enfocar nuestra vida en el amor. Pensar, decidir y hacer desde el amor. Hacer del amor nuestra brújula. “El amor es un fuego que compenetra los corazones en fusión perfecta” (Chiara Lubich).
Hace tiempo escribí sobre la película Silencioque habla sobre este tema (véase Solo en el silencio). Reproduzco de nuevo el soliloquio final de uno de los protagonistas:
“-Señor, he luchado contra tu silencio.
-He sufrido a tu lado, nunca he estado en silencio.
-Lo sé. Pero aunque Dios hubiera estado en silencio, toda mi vida hasta el día de hoy… todo lo que hago, todo lo que he hecho habla de él. Fue en el silencio donde escuché tu voz”
Con el devenir del tiempo he desarrollado una profunda intuición… Quizá las bellas personas lo son no porque les haya tocado en una suerte de azar cualidades y circunstancias más favorables que al resto, sino porque viven las que les han tocado no con resignación sino con una consciente aceptación. Así han logrado dar un sentido profundo a su vida y a su sufrimiento. Y quizá han descubierto, como dice ZPU…
[He
publicado esta entrada el 17.06.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Imparto la asignatura La comunicación humana en el Título Universitario en Cultura y Solidaridad. Es un grupo que me encanta. Lo componen personas que vuelven a la universidad, o que acuden por primera vez, después de unos cuantos años de camino por la vida. Tienen una avidez por aprender y compartir que es muy gratificante. Al comienzo de una de las clases un ‘alumno’ (lo entrecomillo porque en esa clase todas las personas somos alumnas y maestras) me pidió presentar un proyecto en el que está muy comprometido y que creía podía interesar al resto de la clase (https://jubilacionactiva.eus/). Su presentación me dio pie a hablar de un tema que me parece fundamental, independientemente del momento vital en el que se esté, el proyecto de vida.
Hace ya un tiempo escribí una entrada que llevaba por título El proyecto de vida y el sentido. Cada día veo más claro la importancia que tiene reflexionar y buscar el sentido de la propia vida. No podemos dejarlo al azar o las circunstancias, por más que éstas nos condicionen. Un proyecto de vida tiene que estar equilibrado y contemplar múltiples facetas: personal, social económica, familiar, laboral, etc.
Quiero compartir unas palabras de Viktor Frankl que nos invitan a replantearnos nuestra actitud ante la vida… La vida espera algo de nosotros y nosotras y nos corresponde aceptar el reto…
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida y, en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación, sino de una conducta y una actuación rectas. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo” (Frankl, 1991, p.46).
Me voy a centrar en una de las facetas del proyecto de vida, que no la única, ni necesariamente la más importante, la laboral. Es una faceta que nos ocupa mucho tiempo durante un gran periodo de la vida. Muchas veces lo reducimos a una ocupación para ganarnos el sustento. Pero eso responde al por qué trabajamos, no el para qué. Al por qué el ser humano puede responder con bastante facilidad. Somos capaces de justificar casi cualquier cosa. Sin embargo, la pregunta difícil es el para qué. Esta nos remite al propósito, al sentido.
En una conversación con un amigo, este comentaba que a veces se le hace duro ir a trabajar porque en la organización se dan situaciones complejas, a veces incluso injustas. Sin embargo, en esos momentos de bajón recuerda que gracias a su trabajo algunas personas han podido acabar sus estudios (trabaja en un departamento de becas) y eso le hace recobrar el sentido. ¡Qué importante es conectar con el sentido del propio trabajo!
Mi querida amiga Lumi me preguntó recientemente: “¿Qué significa ser profesora para ti?”. Mi respuesta fue prácticamente inmediata:“Para mí ser profesora es tocar almas. Es contribuir a que mi alumnado sean mejores personas. Es compartir lo que sé y lo que soy…”. En mi despacho está pegado en la pared el tarjetón que reproduzco abajo y que preparé para un curso para profesorado en un colegio. Lo tengo a modo de recordatorio para mí, ya que lo veo constantemente, y de compromiso hacia quien entra por la puerta.
Alguna vez he pensado lo que me gustaría que pusiera en mi lápida: Amó, vivió, sintió e hizo todo lo posible para dejar un mundo mejor. Fue una buena persona y una buena profesora.
A raíz del vídeo que incluyo al final, me vino a la cabeza un vídeo que vi en 1993 en un curso impartido por el Dr. Bernard M. Bass, un gran experto en liderazgo, que se titulaba "El poder de la visión". Allí se narraba la siguiente historia:
Un día, mientras caminaba por la
playa, vi a un joven que se agachaba, recogía algo de la arena y lo lanzaba al
mar. Repetía lo mismo una y otra vez… Al acercarme, me di cuenta de que lo que
recogía eran estrellas de mar y una a una las devolvía de nuevo al mar. Intrigado,
le pregunté por qué hacía eso y me respondió:
-"Arrojo estas estrellas de
mar al agua porque la marea es baja y si no lo hago rápido, morirán aquí
deshidratadas".
-"Entiendo, le dije, pero
debe haber millones de estrellas de mar sobre la arena y nunca podrás
devolverlas a todas. ¡Son demasiadas! Esto mismo sucederá probablemente en
cientos de playas a lo largo de la costa, ¿no estás haciendo algo que no tiene
sentido?"
El joven sonrió, se inclinó,
tomó una estrella de mar y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:
-"Para ésta sí tuvo
sentido… para ésta y ésta también…". Sonreí yo también, me incliné y
acompañé al joven en su tarea...
Una tarea fundamental de todo líder es inspirar la visión. Simon Sinek, tiene un sugerente libro que se titula Star with why (que en España se ha traducidocomo "La clave es el porqué") en el que desarrolla la idea de qué es lo que inspira. "Seguimos a quienes lideran no porque tengamos que, sino porque queremos. Seguimos a quienes lideran no por ellos, sino por nosotros".
The Golden Circle, Simon Sinek
Es muy sugerente su concepto del "Círculo dorado", que está inspirado en la proporción áurea y tiene base biológica. Todas las organizaciones conocen y pueden describir claramente el QUÉ-WHAT, en qué consiste su producto o servicio. Algunas personas y compañías saben el CÓMO-HOW, cuál es su valor diferencial, en qué son diferentes o mejores (y asumen erróneamente que eso motivará la 'compra'). Sin embargo, muy pocas personas u organizaciones saben el PORQUÉ-WHY, que no es ganar dinero (eso será el resultado), sino que se refiere al propósito, causa o creencia. Y es por eso que sus acciones, decisiones y comunicaciones van de fuera hacia adentro (del WHAT al WHY), cuando debería ser al contrario. Debemos comunicar de dentro hacia fuera; del porqué al qué."La gente no compra lo que uno hace; compra el por qué lo hace". "Martin Luther King decía 'tengo un sueño'; no decía 'tengo un plan'". Cuando la comunicación se hace de dentro hacia fuera el porqué se ofrece como la razón para comprar y los qués (productos/servicios) son la prueba tangible de esa creencia. No quiere decir que conocer el porqué sea la única forma de tener éxito; pero sí es fundamental para mantener un éxito duradero basado en la flexibilidad y la innovación. Según Simon Sinek el concepto del círculo dorado tiene base biológica porque correlaciona con las tres partes del cerebro humano. El QUÉ se correspondería con el neocórtex (responsable del pensamiento racional, analítico y el lenguaje). Las dos secciones intermedias se corresponden con el cerebro límbico (responsable de los sentimientos, como la confianza o la lealtad, el comportamiento humano y la toma de decisiones; pero sin capacidad para el lenguaje). Hay que ganarse los corazones (cerebro límbico) y las mentes (neocórtex); y en ese orden. A la hora de tomar decisiones los porqués son primero; si no, la toma de decisiones se vuelve más lenta y difícil.
"La gente no compra lo que uno hace; compra el por qué lo hace", cuando uno habla de lo que cree atrae a quienes creen en lo mismo. Seguimos a los líderes no por ellos sino por nosotros. Quiero acabar con unas palabras del final del libro de Simon Sinek (p.250, traducción propia): "Imaginemos qué ocurriría si todas las organizaciones empezaran con el PORQUÉ. Las decisiones serían más simples. Habría mayor lealtad. La confianza se convertiría en moneda de cambio. Si nuestros líderes se dedicaran a empezar con el PORQUÉ, reinaría el optimismo y la innovación prosperaría"
El vídeo que incluyo al final, Existential Bummer, me he hecho reflexionar sobre algo que muchas veces he sentido. Más de una vez me he sorprendido con un toque de nostalgia en momentos vitales de gran felicidad y he querido aferrarme al momento en un intento de hacerlo durar para siempre. Al caer en la cuenta de que tus mayores algún día no estarán. Al contemplar al bebé dormido que alguna vez será, que ahora es, un adolescente rebelde. Al abrazar al compañero que quieres que te acompañe el resto del camino. Al disfrutar un encuentro con quien hace mucho que no ves. Al lograr un reto que parecía imposible... Todos estos momentos felices te recuerdan que la felicidad no durará siempre. Afortunadamente el dolor tampoco... Me viene a la cabeza un texto del Nuevo Testamento (Mt 17, 4): "Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: -Señor, ¡qué bien se está aquí! Si te parece, armaré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". ¿Quién no ha deseado parar el tiempo en alguna ocasión para así congelar lo que sentimos y retenerlo, para grabarlo muy dentro y que no se nos olvide?
¡Qué difícil resulta, la mayoría de las veces, disfrutar del momento, del ahora! ¡Qué complicado llevar a la práctica el carpe diem! [En otra entrada escribí sobre el Aquí... Ahora...]. Me encanta observar a los niños pequeños. Ellos viven entregados al ahora. Lo disfrutan como si no hubiera otro momento. Poco a poco vamos perdiendo esa capacidad. Según nos vamos haciendo mayores muchas veces el pasado nos arrastra recordándonos en exceso experiencias y aprendizajes que nos dificultan disfrutar de lo que el presente nos brinda; o el futuro, como promesa de algo mejor, nos hace pasar por el presente de puntillas. Ocurre, además, que a medida que vamos acumulando vida somos cada vez más conscientes de que tenemos fecha de caducidad y de que no podemos luchar contra eso. Quizá lo único que valga, el único remedio infalible, es seguir el consejo de Mahatma Gandhi: "Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre".
CONSUELO PARA LA TEMPORALIDAD
Somos como las plantas:
Nuestra piel es hoja y nervadura
de pasiones hermosas
Que bailan sin cesar.
Somos danza y danzar en el viento
es potestad de nuestras piernas sin raíces.
Todo cambia y nada permanece.
En el otoño, el follaje se desprende amarillo;
Llueve oro en el atardecer.
No habría vida sin muerte.
No seríamos cuanto somos
si la conciencia no guardara experiencias ajenas
que misteriosamente se aposentan
en el aire interior cuya esencia desconocemos.
Y, sin embargo, así como Blake dijo:
"La eternidad está enamorada de la fabricación del tiempo".
es inevitable enamorarse de la creación
y sentir el dolor de no ser inmortales. ¡Ven!
Abandona el rencor por lo incomprensible.
Porque la vida se alimenta de la vida,
hemos de arder en la pira funeraria sin perecer.
Cantos y mitos nos sobrevivirán,
como sobrevive el árbol
que talado y yerto me sirve de apoyo
para escribir esta reflexión.
La experiencia de la vida es la pasión de beberla
hasta la embriaguez.
Amar, cantar, decir versos hermosos
y luego
dormir. Belli, Gioconda (2009, 1ª 1998): Apogeo. 6º edición. Madrid: Visor, p.43
Ayer tuve la suerte de compartir la mañana con la tía de una buena
amiga, que es muy querida para mí. A sus 82 años cumplidos acaban de operarle
para extirparle un tumor maligno. Siguiendo sus instrucciones, como al abrir
vieron que el tumor estaba extendido a otros órganos cerraron sin hacer nada.
Impresiona ver cómo alguien narra su enfermedad y afronta con paz y sosiego su
muerte, que es algo más cercano que lejano.
Una gran vida, que no quiere decir que haya estado exenta de dolor, se refleja en las huellas
que va dejando y en cómo se llega al final de la misma. Cuando vas dejando
huellas en otros no enfrentas el final solo; es más, la gente se desvive por
acompañarte y mostrarte, aunque sea de forma mínima, lo mucho que has supuesto
en su vida. Es una suerte poder decir con sencillez y humildad: "He vivido
una buena vida y me ha llegado la hora". Impacta escuchar: "Cuando
ayer llegué a casa teníais que ver el grito que di. Cuando salí para la
operación pensé que no volvería. A poder ser quiero estar hasta el final en mi
casa"; "Si vierais... todavía tengo que consolar a algunos de los que
vienen a verme"; "Sólo he tratado de hacer la vida un poco más fácil
a otros”; “Cuida de tu amiga que lo va a pasar muy mal cuando yo me muera"
...
Una vida bien vivida se refleja en el
rostro, yo diría que en la sonrisa; en una sonrisa serena, intensa,
acogedora... muestra también de una vida interior rica, de una profunda
espiritualidad.
Ayer vi en la tele una película que había visto hace mucho tiempo pero que me encantó volver a disfrutar, Memorias de una Geisha(2005). Está dirigida por Rob Marshall
y producida por Steven Spielberg y ha recibido diversos galardones. Es una película interesante por mucho motivos, pero yo me voy a centrar en uno, su preciosa estética. Es una delicia visual, hay escenas que son de una gran sutileza y belleza. Lo mismo ocurre con los diálogos...
Llevo desde ayer dándole vueltas a una idea... La belleza contribuye a hacer un mundo mejor. Me explico. Contemplar la belleza, preocuparse por añadir belleza a nuestras tareas y actividades produce sintonía, paz y armonía. Si antes de hablar nos preocupáramos de que nuestras palabras fueran bellas habría menos probabilidades de que hiriéramos a otras personas. Si al mirar a otros nos fijáramos en lo que en ellos hay bello cambiaría nuestra mirada y nuestra percepción; y seguramente nuestra relación.
Recuerdo unas palabras de la película American Beauty, en la escena del vídeo de la bolsa: "Existe vida bajo las cosas y una fuerza increíblemente benévola que me hacía comprender que no hay razón para tener miedo jamás... A veces hay tantísima belleza en el mundo que siento que no lo aguanto y que mi corazón se está derrumbando".
Quiero hacer desde aquí un llamamiento a que cada uno de nosotros hagamos del mundo un lugar más bello, y en definitiva más humano.
UNO NO ESCOGE
Uno no escoge el país donde nace;
pero ama el país donde ha nacido.
Uno no escoge el tiempo para
venir al mundo;
pero debe dejar huella de su
tiempo.
Nadie puede evadir su
responsabilidad.
Nadie puede taparse los ojos, los
oídos,
enmudecer y cortarse las manos.
Todos tenemos un deber de amor
que cumplir,
una historia que hacer una meta
que alcanzar.
No escogimos el momento para
venir al mundo:
Ahora podemos hacer el mundo
en que nacerá y crecerá
la semilla que trajimos con
nosotros.
Belli, Gioconda (2009, 1ª 1992): El ojo de la mujer. 10º edición. Madrid:
Visor, p.90.
Hace poco leí en el muro de una amiga el llamamiento que hacía la familia de un niño de Bizkaia con leucemia para la donación de médula ósea. Me animé y el pasado día 13 de agosto tuve la entrevista en el Hospital de Cruces para la extracción de una muestra de sangre y la firma del consentimiento para que entre a formar parte del Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO). Previamente me habían mandado por correo información sobre el procedimiento.
En mis clases de Ética Profesional siempre dedico un tiempo importante a hablar de la profesión y de los principios fundamentales de la misma, que son comunes a todas las profesiones. Dichos principios son los siguientes:
Beneficencia: “Hacer el bien, haciendo bien lo que se hace”; y la otra cara de la moneda, la No maleficencia: "Ante todo no hacer daño". Nunca es lícito hacer el mal, aunque en ocasiones es lícito
no hacer el bien.
Autonomía: “El profesional debe respetar, e incluso potenciar la
autonomía del cliente/usuario”. La autonomía se puede entender como autorrealización (que tiene que ver con la libertad de elección, tanto para el profesional como para el cliente/usuario); como autolegislación (la capacidad de darse normas a sí mismo, que no es lo mismo que inventarlas); y como autodecisión (la aplicación de la opción propia en función de las circunstancias personales y grupales).
Justicia: “Dar a cada uno lo suyo”. Se produce un perjucio cuando no se trata a todos los
usuarios con equidad.
Responsabilidad: Que es la categoría síntesis e integradora de los principios anteriores. Todo profesional responde de lo que desea (que es lo que le mueve a la acción), y más si puede hacerlo realidad; de lo que hace (o deja de hacer); y de las consecuencias previsibles de lo que hace.
Me quiero detener en dos de los principios, el de beneficencia y el de autonomía, que es el límite del anterior. Todo profesional está obligado hacer el bien a su usuario/cliente pero sin limitar su autonomía, ya que esto sería caer en el paternalismo (“hacer el bien, desde el propio poder, sin
contar con el otro”), que no es correcto si anula la voluntad del usuario/cliente. Para proteger a los usuarios/clientes, a la vez que a los profesionales, surge la fórmula del consentimiento informado. Hasta ahora en clase siempre ponía un ejemplo de lo que no era y que me sucedió a mí cuando me iban a hacer una operación con anestesia general. A partir de ahora pondré el ejemplo de lo que es, en esencia, dicha fórmula.
En la entrevista del Hospital de Cruces nos atendió la Dra.Patricia Rodriguez Landajuela, Coordinadora territorial de tejidos de Bizkaia. Nos explicó lo que suponía estar en el REDMO, cómo eran las enfermedades para las que servía el trasplante, qué ocurría si alguna vez nos llamaban, los pasos a dar, etc. Y todo ello con gran detalle, cercanía, disponibilidad... porque, como ella misma nos dijo, "yo necesito que si dentro de un mes, un año, o diez les tengo que llamar la respuesta sea sí". Esa es la esencia del consentimiento informado, que el profesional te explique, te aclare, te asesore, y tú, de forma consciente y voluntaria accedas a lo que te propone... ¡Un hurra por los buenos profesionales, por esos que hacen de su profesión su vocación!
“La profesionalidad constituye un bien en sí y una exigencia moral. No contrapongamos profesionalidad y vocación. Exijamos, exijámonos profesionalidad, e inyectemos, a la vez, sentido vocacional en nuestras tareas, desde motivaciones alimentadas por el amor” (González Vila, 2000: 53).
Acceso a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT)
Por si alguien está interesado en dejar su testamento vital para que llegado el momento no haya dudas pinchar aquí.
Referencias
Bibliografía: González Vila, Teófilo (2000): “Vocación, profesión y Profesionalidad”. Acontecimiento: órgano de expresión del Instituto Emmanuel Mounier, n. 54, , pp. 49-53. Disponible en http://www.mounier.es/revista/pdfs/054049053.pdf [Consulta 15.08.2013]
En esta entrada recojo el guante que me lanzó mi amiga Gema. Había encontrado la aplicación a su profesión que hacía un abogado de los "Diez mandamientos para no ser infeliz", propuestos por Eduardo Punset en la p.268 de su libro Excusas para no pensar;y me sugirió hacer lo propio para el profesorado universitario. Va por ti Gema... 1- “No
intente ser feliz todo el rato”. Cualquier profesional sabe que en su trabajo hay tareas que son muy gratificantes y otras que no lo son tanto. Para un educador lo más gratificante seguramente sea, para mí lo es, el contacto con el alumnado; dar clase; debatir conceptos y situaciones. Pero... ¿y las reuniones? ¿y la corrección? ¿el pasar notas? ¿las revisiones? ¿las tareas de gestión?... Para mi todo cobra sentido porque forma parte de la labor que legitima y da sentido a mi trabajo, contribuir a la formación integral del alumnado.
2- “Intente
disfrutar la preparación y la búsqueda de sus metas y objetivos”. Lo importante no es sólo llegar a la meta u objetivo, muchas veces el camino es muy satisfactorio, o al menos sirve para aprender y crecer. ¿Quién no ha perdido la noción del tiempo leyendo, preparando una clase o una conferencia? ¿Quién no ha dejado que la clase se le desbarate un poco por seguir con un tema que interesa al alumnado?
3- “La
felicidad es, primordialmente, la ausencia del miedo”. Mientras no vivamos sin miedo en el aquí y ahora difícilmente seremos felices. Mi amigo Rogelio Fernández escribía en un blog: "Vivir el presente nos ayudará a disfrutar más de
lo que hacemos, de lo que sentimos. Nos ayudará a quitarnos muchos miedos
inútiles y paralizantes que no nos ayudan en nada. Nos permitirá ver con mayor
claridad la realidad en la que vivimos y nos permitirá también
responsabilizarnos más de ella. Nos permitirá, en definitiva, vivir más felices
aunque esto… nos de miedo aceptarlo".
4- “Cuide
los detalles y las cosas pequeñas en lugar de seguir obsesionándose por los
grandes proyectos”. En la labor de un educador/investigador son muchas cosas las que cuentan. Además, con nuestra actitud, con nuestras acciones transmitimos mucho, a veces más que con nuestras palabras. Quizá no podamos hacer grandes aportaciones al conocimiento, a la ciencia... pero igual sí podemos contribuir a cambiar una vida, a despertar una vocación profesional, a hacer visible una realidad ¿Acaso no es eso algo grande?
5- “Las
investigaciones más recientes demuestran que el nivel de felicidad aumenta con
la edad”. Ciertamente, cada vez me siento más feliz a pesar de que la vida ya me ha dado unas cuantas sacudidas, me ha puesto algunas pruebas. Quizá por eso mismo, porque he vivido, sé apreciar mejor cada momento, cada situación; sé que no puedo esperar a mañana, que debo vivir en el presente. Y disfruto más también de mi trabajo [siendo consciente de que la institución en y para la que trabajo no es perfecta] porque he hecho de mi vocación mi profesión; porque encuentro sentido a mi quehacer.
6- “Concentre todos sus esfuerzos
en disfrutar de aquello que más le guste: leer, jugar al tenis o al golf, hasta
trabajar si le apetece”. Es un privilegio saber disfrutar de las cosas pequeñas, poder entregarte a cada tarea que realizas. Quienes trabajamos en educación tenemos el privilegio de poder realizar tareas muy enriquecedoras: leer, escribir, debatir, transmitir...
7- “No desprecie a nadie.La
antítesis del amor no es el odio, sino el desprecio hacia los demás”. No se me ocurre principio más fundamental en educación que el respeto. Debemos tratar a todas y a cada una de las personas con un exquisito respeto, reconociendo su dignidad (condición que les caracteriza de forma permanente y fundamentalpor el hecho de ser personas).
8- “Cuide
sus relaciones personales”. Uno de los padres de la psicología positiva, Martin Seligman, concluye en sus estudios sobre la felicidad que del trío salud, amor y dinero lo que más contribuye a la felicidad es el amor, unas relaciones sanas y satisfactorias. En nuestra profesión si algo hay es contacto con otras personas (alumnado, profesorado, personal no docente, otros profesionales, etc.). Y cada contacto, cada grupo con el que interactúas, es una posibilidad de crecimiento y aprendizaje.
9- “Aproveche la capacidad que
tenemos de imaginar -lo único que realmente nos diferencia de los chimpancés-
para pensar en cosas bellas, en lugar de en desgracias”. Una de las competencias claves que aparecen en todos los grados de nuestra universidad (Universidad de Deusto) es el pensamiento creativo, entendido como "el comportamiento mental que genera procesos de búsqueda y descubrimiento de soluciones nuevas e inhabituales, pero con sentido, en los distintos ámbitos de la vida". Ciertamente es una competencia básica para el trabajo y la vida; es importante potenciar y desarrollar este pensamiento a lo largo de toda la existencia. Sin embargo, no siempre lo ponemos en funcionamiento; en ocasiones creemos que está reservado a genios y similares. Sin embargo, todos podemos desarrollarlo y hacerlo funcionar a nuestro favor. Cuántas veces utilizamos nuestra imaginación únicamente para contemplar todas pegas, excusas y desgracias posibles... ¡Cambiemos el 'chip'!
10- “Durante el invierno no paramos de invertir en nuestro futuro
o en el de los seres queridos […]Aproveche las vacaciones y
el tiempo libre para invertir menos y colmar el déficit de mantenimiento de
uno mismo”. En una conferencia escuché una vez que "nadie da lo que no tiene". No puedo estar más de acuerdo. Es necesario parar, tomar fuerzas, escuchar y escucharse, leer, estudiar, cultivarse, etc. para poder compartirlo con los demás, para poder transmitir desde el convencimiento. Utilicemos nuestro tiempo libre para regenerarnos y recargar energía. Una última reflexión... ¿eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?