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lunes, 15 de mayo de 2023

Mirar de frente a la muerte


[He publicado esta entrada el 15.05.2023 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Acabo de terminar un libro sobre la muerte que me ha gustado mucho. Lleva por título: Mirar al sol [autor: Irvin Yalom; Leer un fragmento]. Tiene un subtítulo muy sugerente: Superar el miedo a la muerte para vivir con plenitud el presente. “No es fácil vivir cada momento con total conciencia de que moriremos. Es como tratar de mirar al sol de frente: solo se puede soportar un rato” (p.17). Compartiré algunas ideas del libro, que surge de la experiencia del autor y sus años de ejercicio como psicoterapeuta, y mis propias reflexiones sobre este tema que me encanta y sobre el que llevo leyendo y pensando desde que una buena amiga me regaló el maravilloso libro de Elisabeth Kübler-Ross, La muerte un amanecer. [Creo que fue a partir de ese momento cuando la mariposa pasó a ser mi animal y símbolo preferido].

Mirar de frente a la muerte asusta. Hay personas que intentan vivir de espaldas a ella, como si esta no fuera a alcanzarles y no cuidan ni de sí mismas ni de otras. Mientras, hay otras personas que buscan trascender a través de los hijos e hijas, un ser querido, una causa o un ser superior (las religiones ayudan a mitigar el miedo a la muerte). Quien más quien menos siente ansiedad ante la idea de la muerte y esta ansiedad o bien es reconocible o puede esconderse tenazmente detrás de otros síntomas. Todos probamos un anticipo de la muerte cada vez que dormimos o cuando estamos bajo los efectos de la anestesia.

“Aunque el hecho físico de la muerte nos destruye, la idea de la muerte nos salva” (p.46), nos conecta con nuestra vida y su sentido, con el aquí y el ahora. Posibilita cambios trascendentes y una comunicación mucho más profunda. Esto es algo que relatan mucha personas ante un diagnóstico negativo, o personas que han tenido la “experiencia de despertar” (p.49) provocada por sucesos como: la pérdida de un ser querido, una enfermedad, una ruptura, un hito vital, un trauma, la salida de los hijos del hogar, la pérdida de un trabajo, etc. Existe una “explícita correlación entre el temor a la muerte y la sensación de no vivir la vida” (p.63). ¡Qué importante es vivir una vida plena, con sentido, que nos haga tener pocos arrepentimientos cuando llega el final! [Esto me recuerda los cinco arrepentimientos más comunes recogidos por Bronnie Ware, enfermera experta en cuidados paliativos (Zamorano, 2018)].

Según Epicuro el omnipresente temor a la muerte es la mayor fuente de sufrimiento, por eso proponía almacenar experiencias placenteras, grabarlas en nuestra memoria y aprender a revivirlas. Yalom, que se declara ateo, utiliza tres de sus argumentos en el trabajo con los pacientes y también para enfrentar su propio miedo: 1) La mortalidad del alma: “si somos mortales y el alma no sobrevive, no tenemos nada que temer en una vida después de la muerte” (p.95).  2) La muerte como aniquilación total: “si soy, la muerte no es, pero si la muerte es, no soy” (p.95). 3) El argumento de la simetría: “nuestro estado de no ser después de la muerte es el mismo en el que nos encontrábamos antes de nacer”. También señala que de todos sus años de experiencia ha encontrado un concepto muy útil, el de la propagación por ondas concéntricas, que se refiere a “dejar algo de la propia experiencia de vida. Algún gesto, algún buen consejo, alguna guía, algún consuelo a los demás, sabiéndolo o no” (p.99), lo que no quiere decir que necesariamente nuestro nombre o nuestra imagen nos sobrevivan. Esta idea nos ayuda a pasar del terror a la satisfacción. También hay muchas tradiciones que para afrontar la transitoriedad insisten en vivir en el momento presente, en el aquí y ahora. Coincido plenamente con la idea de asumir la responsabilidad sobre la propia vida. “Una de las frases preferidas de Nietzsche era amor fati, ‘ama tu destino’. En otras palabras, ‘crea un destino que puedas amar’” (p.117).

Mi primera experiencia consciente de transitoriedad fue cuando a mi padrino, un gran médico con quien me había criado, recibió el diagnóstico de cáncer de pulmón. Desde muy niña fui consciente de que mis padrinos podían haber sido mis abuelos, me llevaban 54 años. Pero no fue hasta ese momento del diagnóstico que vi a la muerte acechando y me tuve que enfrentar al dolor de la cercana pérdida de una de las personas que han marcado mi vida. Después he vivido más muertes de personas muy queridas: mi madrina, mi padre, mi madre, mi mentor y director de tesis… Cada una de ellas ha revivido las anteriores y me ha confrontado con esa realidad que a todos nos espera: la muerte.

Recientemente escuché una entrevista a Mar Garcia Puig (filóloga, editora y política española, diputada por Barcelona en el Congreso de los Diputados) en el que hablaba de su libro La historia de los vertebrados. En él relata lo que sintió al ser madre: “Ya no puedo morir. Soy madre”. Cuando la escuché me sentí plenamente identificada, y me atrevo a decir que muchas mujeres (y supongo que hombres también) compartirán también esta experiencia. En ese momento sentí, percibí, comprendí de una manera clara que tenía que cuidar de mí para poder cuidar a ese niño que se había quedado grabado en mí para siempre. El nacimiento de mi segundo hijo no hizo más que confirmarlo. Ahora que ya he pasado los 50, que es evidente que tengo más vida por detrás que por delante, que he pasado a primera fila porque mis mayores ya no están, hay un pensamiento, un miedo, que aparece de vez en cuando: “¿Se acordarán de mi mis hijos? ¿Habré dejado una buena huella en ellos?”.

Para terminar un consejo del autor, Irvin Yalom: “No olvides que mantenerte consciente de la muerte, abrazarte a sus sombra, es una ventaja. Tal conciencia puede integrar la oscuridad a tu chispa vital y realzar lo que te queda de vida. La manera de valorar la vida, la manera de sentir compasión por los demás, la manera de amar cualquier cosa con más profundidad es ser consciente de que estas experiencias están destinadas a perecer” (p.166).

Referencias

domingo, 1 de agosto de 2021

Sobre los miedos que nos persiguen y atrapan

 

[He publicado esta entrada el 01.08.2021 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Hace ya unos cuantos años mi buen amigo Rogelio Fernández escribía en este blog una entrada titulada Miedos en la que en pocas líneas describía muchos de los miedos a los que nos enfrentamos en nuestra vida, bien de forma puntual o recurrente… Reproduzco aquí algunos de los que señalaba y que son “viejos conocidos” por los que más de una vez me he dejado atrapar y arrastrar: “Miedo a que descubran cómo somos realmente y miedo también a que no lo hagan nunca. Miedo a estar solos y miedo a comprometernos para siempre con alguien o con algo. Miedo a morir y a vivir (que no es otra cosa que envejecer, que crecer). […] Miedo de cambiar y también de no hacerlo. Miedo de mirarte profundamente y hacerte responsable de lo que ves”.

La cantante, compositora y comunicadora Sheila Blanco, en Pájaros negros (recomiendo vivamente escuchar la canción), transmite de una forma desgarradora qué son los miedos. Como ella misma dice en la descripción del vídeo: "Los pájaros negros son una metáfora de mis miedos. Miedos que de pronto me abordan y se me agarran por dentro. El miedo, ese sentimiento que brota libremente y aprisiona. En este poema están concentrados el vértigo y la incertidumbre que siento en ocasiones a la hora de mostrarme, que es lo que para mí supone enseñar algo que he creado. Gracias a la admiración que tengo hacia estas autoras [las poetas del 27] y a lo tremendamente inspiradoras que han sido todas ellas para mí, he logrado, al menos por unos instantes, espantar a esos pájaros negros". El estribillo de la canción es tremendamente gráfico: 

Ahí vienen los pájaros negros a picotearme.

Ahí vienen los pájaros negros a pisotearme.

Ahí vienen graznando sus gritos a perturbarme

que se haga la luz y el silencio a salvaguardarme.

Esos “pájaros negros” que cada uno tenemos y que nos sobrevuelan y perturban seguramente nunca van a desaparecer y se pueden manifestar de formas diferentes a lo largo de la vida, como me dijo una psicóloga hace muchos años. Lo que tenemos que hacer es aprender a vivir con ellos y a no dejar que nos paralicen. Si algo he aprendido en esta pandemia es que vivir desde el miedo es no vivir, sobre todo, porque nos aleja del contacto con los demás y nos desconecta de las relaciones. Pero vivir de espaldas al miedo tampoco es lo más aconsejable. El miedo nos da información, nos prepara para responder a una situación que percibimos como peligrosa. Aunque hay muchos miedos que nuestra mente construye y alimenta y que no son reales. El miedo nos puede llevar a ‘lugares’ no deseados.

En el Episodio I La Amenaza Fantasma de StarWars, Yoda le dice una frase memorable a Anakin Skywalker: “El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti”. Jorge Drexler en su canción La Guerrilla de la Concordia (bonito oxímoron) señala que: “El odio es lazarillo de los cobardes”.

¿Cuál puede ser el antídoto del miedo? Creo que el mejor para ese miedo que nos puede llevar al lado oscuro es el amor. Por eso, siguiendo el consejo de Jorge Drexler, “¡Armémonos de valor, hasta los dientes! El miedo salió de su fosa y hoy ¡amar es cosa de valientes!”.

Referencias



lunes, 6 de abril de 2020

Fortaleza emocional en tiempos de tempestad

[He publicado esta entrada el 06.04.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

El pasado 2 de abril asistí al webinar “Fortaleza emocional en tiempos de tempestad” impartido por el Dr. Mario Alonso Puig, reconocido médico, cirujano y conferenciante, y organizado por WOBI, World Of Business Ideas, que es un centro de contenido empresarial global. Voy a compartir las principales ideas del mismo que son una excelente brújula para los tiempos de incertidumbre que estamos viviendo. Empezó la conferencia con un potente mensaje: en los momentos más críticos, a pesar de la incertidumbre, suele salir de nuestro interior algo que nos permite darle la vuelta.

Aceptación frente a resignación. La resignación supone asumir lo que hay sintiéndose impotente para actuar. Puede generar desesperación. Nos hace víctimas absolutas de la situación. Cuando adoptamos una actitud pasiva algo le pasa a nuestro organismo que empieza a deteriorarse.

La propuesta es otra: “Tenemos que aceptar esta situación como si la hubiéramos elegido”. Suena paradójico porque en una situación de dolor, dificultad o incertidumbre la reacción más común parece ser la rebeldía, el enfado, la ira contenida (a lo que llamamos resentimiento). Es fácil caer en esos estados de resistencia, cuya consecuencia es que nos debilitamos física, mental y emocionalmente. En esos estados uno de los sistemas más atacados es el inmunológico. La aceptación supone relacionarnos con la realidad como si la hubiera elegido. El lenguaje puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra. No genera las mismas reacciones ni conecta con las mismas experiencias hablar de cuarentena o confinamiento que de retiro. El Dr. Alonso Puig prefiere ésta última, aunque la realidad de estar en casa sea la misma. Cuando una persona asume que hay algo de valor a descubrir en una situación el sistema inmunológico se vuelve más agresivo y nuestro ejército natural (las células natural killer) entran en acción y se comen, literalmente, las células malignas.

Nos recordó que la parte del cerebro que más nos define como seres humanos es el área prefrontal, la que está detrás de la frente. Esta área es vital para: 1) las relaciones sociales (para interactuar); 2) prestar atención a lo esencial; 3) la creatividad, para aprender deprisa; 4) tomar decisiones. Esto se sabe por los estudios con personas que han sufrido traumatismos, hemorragias o tumores en esa zona. Y está comprobado que cuando una persona está muy tensa esa zona recibe menos sangre y, por lo tanto, funciona peor. La aceptación es la estrategia más inteligente. Sólo abrazando la situación podremos encontrar algo que compense el dolor y la dificultad.

¿Cómo podemos compensar la balanza?

Imaginemos que tenemos una balanza en la que en un platillo está toda la presión que sentimos en este momento (enfermedad, miedo, económica, soledad, estar lejos de tus seres queridos…). Tenemos que poner algo en el otro platillo que no sea impotencia porque eso nos hundiría en la tempestad. Tenemos que poner algo que nos haga seguir con esperanza. ¿Y qué podemos poner?
  1. Aceptación. Ya lo hemos mencionado. “Lo que se abraza se desvanece, lo que se resiste, persiste”.
  2. Cuidado del cuerpo. Tenemos que cuidarnos como nunca. El cuerpo tiene inteligencia somática. Tenemos que cuidar nuestro tubo digestivo (conviene hacer una dieta mediterránea baja en azúcar, el estrés aumenta la avidez por el azúcar). Y también tenemos que cuidar nuestro corazón y nuestra musculatura. Tenemos que movernos. El sedentarismo aumenta la ansiedad e incluso nos puede llevar a la depresión. Y tenemos que descansar y procurarnos un sueño de unas 7 u 8 horas, ya que el sistema inmunológico se vuelve más activo durante el sueño.
  3. Cuidado de la mente. Es muy importante cuidar el foco. Si todo el tiempo estamos oyendo noticias de muertos, infectados… eso empieza a ocupar todo y nos puede bloquear anímicamente. “Donde pongamos nuestra atención se hará más real para nosotros”. Está comprobado que después del 11-S quienes más revivieron las imágenes de la caída de las torres gemelas desarrollaron más síntomas de estrés postraumático. Tenemos que enfocarnos en las soluciones, cada uno y juntos; centrarnos en las oportunidades porque nuestro cerebro nos ayudará a lograrlo. Las palabras que usamos no son picotas, sino cerezas. Tenemos que usar palabras que nos traigan registros positivos porque eso mejora nuestro estado anímico y ponemos más peso en el platillo. Y tenemos que hacer todo lo posible por superar dos sesgos que se dan en estas situaciones difíciles: a) centrarnos en el pasado, lamentarnos por lo hecho o por lo dejado de hacer; b) proyectarnos en el futuro: ¿qué pasará? ¿qué haré? ¿cómo voy a…?  Estos sesgos nos hunden en la tempestad, aumentan nuestra sensación de impotencia. Donde mejor funciona nuestro cerebro y donde más centrado está es en el presente. Y podemos empezar por entrenarnos en centrarnos en el ahora durante 10 minutos al día, cerrando los ojos y fijándonos en las sensaciones de nuestro cuerpo.
  4. Cuidado del alma. Dr. Alonso Puig no habla de ningún credo religioso aunque abarca a todos los credos religiosos maduros (aquellos cuya base es el amor, el respeto, la ayuda…) y también a quienes no tienen ningún credo pero están convencidos de que el cuerpo es algo más que un conjunto de células. ¿Cómo se añade al platillo de la balanza desde esta dimensión? a) Ejercitando la gratitud, que reduce el miedo y protege al organismo de muchas formas; b) Cuidando de otros, saliendo de uno mismo, conectando con otras personas, ofreciendo cualquier cosa que pueda ser de utilidad, siendo comprensivos con la tensión de los otros; c) Atendiendo nuestra dimensión espiritual, en lugar de dejarnos atrapar por la desesperanza del sinsentido, abrirnos a la esperanza del misterio.
En definitiva, las batallas se libran fuera, pero se ganan dentro. Tenemos que aceptar la situación y cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma. ¿Y como sociedad? Cuando un sistema se enfrenta a una situación muy diferente, muy estresante, pueden ocurrir dos cosas: 1) que se destruya o 2) que suba a un nivel de sofisticación mayor.

Volveremos a un mundo distinto. Una sociedad más sana física y mentalmente, más justa, más feliz, en la que predominará el reino del ser y no el del tener. Nos habrá servido para transformarnos en una sociedad de mucho más nivel. Que así sea.



viernes, 23 de noviembre de 2018

¿Por qué tengo miedo?

[He publicado esta entrada el 23.11.2018 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Recientemente he asistido a un concierto, más bien una meditación comunitaria cantada, de la Hermana Glenda, a quien descubrí hace unos veinte años. Es una cantautora de música cristiana nacida en Chile y con nacionalidad española que se dedica a la evangelización a través de la música. Una de las canciones, que hacía mucho que no escuchaba, me removió por dentro, Nada es imposible para ti. Sus versos todavía resuenan en mí: “¿Por qué tengo miedo? (…) ¿Por qué tengo dudas?”

Como dice mi amigo Roge hay muchos miedos… “Miedos desadaptativos, paralizantes, agresivos, humillantes, cotidianos, invisibles, amigos, condicionados y condicionantes, viejos y nuevos, aceptados, odiados, del pasado, del presente, del futuro… de los más peligrosos. Miedos fóbicos, terroríficos, pavorosos, pero también sutiles, silenciosos, permanentes, depresivos y deprimentes”. A veces nos cuesta vernos como animales y no somos conscientes de que nuestra razón no puede acallar lo que nuestras emociones ‘gritan’ por cada poro de nuestra piel. Ante el miedo nuestro cerebro tiene grabadas tres respuestas: ataque, huida o inmovilidad. He de reconocer que en mí la más habitual es la inmovilidad, el miedo me paraliza, me bloquea. Y, como dice Roge, eso te hace presa fácil de los depredadores y depredadoras, que huelen el miedo y  les excita porque te conviertes en  una presa. ¿Y cuáles son mis mayores miedos, los fantasmas que me acompañan? En mi caso los tengo bien identificados: el rechazo y el abandono… Y esto me habla del miedo a la soledad.

Hay un vídeo muy sugerente de José María Rodríguez Olaizola sj que se titula “¿Se puede bailar con la soledad?” (tiene también un libro con ese título). Como señala puede parecer una paradoja porque el baile evoca algo alegre mientras que la soledad evoca algo triste. En toda vida hay soledad (creo que la mayor constatación de ello es que todas las personas nacemos y morimos solas aunque estemos rodeadas de gente). Hay soledad buscada con la que es fácil bailar. Lo complicado es bailar con esa soledad no buscada, la que te ataca cuando miras las vidas de los demás y te parece que están llenas de vínculos y encuentros mientras que la tuya no lo está. Rodríguez Olaizola da tres claves para bailar con esa soledad: 1) Escuchar la música, aprender a oír los ruidos y voces que nos hablan de vida y nos demuestran que no estamos solos o solas; 2) Aprender a escuchar a las demás personas, a reconocerlas, con sus luces y sus sombras, más allá de sus máscaras; 3) Ofrecer afecto, no exigirlo… ahí empezamos a bailar.

Y merece la pena bailar porque, como señala el siguiente autor al que vamos a mencionar,  “la buena vida se construye con buenas relaciones”.  Robert Waldinger es el 4º director del Harvard Study of Adult Development, una investigación sobre la vida (trabajo, salud, vida familiar, etc.) de 724 hombres a lo largo de 75 años realizada a través de cuestionarios, entrevistas, historias médicas, etc. La pregunta a la que tratan de dar respuesta en el estudio es: ¿Qué nos hace felices y saludables?  El mencionado estudio comenzó en 1938. En la fecha de la charla, diciembre de 2015, 60 de esos hombres continuaban con vida y seguían participando en el estudio. Había dos grupos iniciales: uno eran alumnos cursando segundo año de carrera en Harvard; el otro eran chicos de los barrios más pobres de Boston. Actualmente están estudiando a los descendientes de los participantes en el estudio, más de 2000, y hace una década se incorporó a las mujeres de los participantes. La conclusión central del estudio no tiene que ver con la fama y el dinero: “Las buenas relaciones nos hacen más felices y más saludables”. Se derivan tres aprendizajes importantes: 1) “Las conexiones sociales nos hacen bien y la soledad mata”; 2)”Lo que importa es la calidad de las relaciones más cercanas”; 3)”Las buenas relaciones no sólo protegen el cuerpo, protegen el cerebro”. No es necesario que las relaciones sean buenas todo el tiempo, en todas hay altibajos, lo importante es saber que se puede contar con la otra persona.

Volviendo a la canción que mencionaba al principio… ¿Por qué tengo miedo sin nada es imposible para ti y, añado, has llenado mi camino de personas que le dan brillo y sentido?


martes, 26 de enero de 2016

Cómo despertar de un mal sueño...


Acababa mi post anterior diciendo que lo primero es el amor... Hoy lo completaría diciendo... lo que nos salva es el amor.

He pasado una noche agitada en la que he tenido una pesadilla muy 'real' que ha hecho presentes muchos de mis miedos, ha traído personajes muy significativos en mi vida y ha revivido algunos episodios y emociones no muy gratas... Dicen que los sueños duran muy poco, pero me ha parecido una eternidad... Más que nunca ha cobrado sentido para mí la frase de Yoda a Anakin Skywalker “El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti". Parece mentira la fuerza que pueden tener nuestro miedos y la energía que les dedicamos. Muchas veces no nos damos cuenta de que esos miedos nos alejan de la vida; nos llevan a un tiempo que no es el ahora; nos hacen apegarnos a las personas, las cosas, las situaciones... y todo ello lleva al sufrimiento...

Cuando uno de mis hijos tenía 5 años le diagnosticaron ansiedad de separación, lo cual exigió unas cuantas sesiones de terapia. Recuerdo las palabras de la psicóloga al darnos el alta: "Es un niño muy sensible. Los miedos se le presentarán de formas diversas a lo largo de la vida. Tiene que aprender a gestionarlos". Cómo te entiendo hijo... Yo también tenía terrores nocturnos... Y a veces todavía me persiguen malos sueños...

En estos momentos me vienen a la cabeza los versos de Calderón de la Barca:
"Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí. 
¿Qué es la vida? Una ilusión, 
una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño; 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son."


Los "sueños, sueños son", pero creo que también nos traen mensajes. Para mí el mensaje hoy es que lo que nos salva es el amor. Lo que me ha hecho despertar de la pesadilla, lo que me ha traído a la realidad, lo que me ha hecho superar la angustia ha sido el rostro y la voz de mis seres más queridos; los que están aquí conmigo ahora y los que siguen estando de otra forma... Quien ha tenido la suerte de sentir amor incondicional tiene una tabla de salvación a la que aferrarse en los momentos de duda, miedo, dolor... Saber que para alguien importas, que hay quien notaría la diferencia si tú no estás ayuda a dar sentido al día a día... y a la vida entera... y, cómo no, ayuda a despertar de un mal sueño...


jueves, 4 de junio de 2015

El miedo y la innovación

[He publicado esta entrada el 03.06.2015 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]


El pasado 26 de mayo asistí a una jornada organizada por APD que llevaba por título “¿Quién mato la innovación? Pistas clave para descubrirlo”. Me gustó mucho la primera parte de la misma en la que Nerea Sesumaga y Gonzalo Alonso-Alegre Díez, de Coneklab, nos dieron las claves sobre quiénes son los asesinos de la innovación; es decir, “los culpables de que en las empresas no se innove o no se haga de la manera adecuada”. Voy a resaltar las ideas que me llevé de la charla y al final haré una pequeña aportación personal.
Cuando uno mira a las empresas u organizaciones innovadoras y se pregunta qué es lo que tienen en común la respuesta no es ni la situación económica, ni el tamaño, ni el sector… La respuesta es que tienen personas innovadoras, personas que tienen ideas, personas que arriesgan… ¿Y eso cómo se consigue? Partiendo de lo básico, asumiendo que a la única persona que podemos cambiar es a la que nos mira en el espejo.  Es bueno plantearse ¿Qué he hecho diferente hoy, esta semana? ¿Qué sitios o personas nuevas he conocido? ¿Qué he probado a hacer de distinta manera?… La buena noticia es que el cambio está en nuestras manos. Además, el coste de no hacerlo no es asumible… El mundo cambia muy deprisa y nosotras y nosotros debemos hacerlo con él.
“Entre todos la mataron y ella sola se murió”… Hagamos un repaso de cuáles son los asesinos de la innovación, que la van matando poco a poco con actitudes como las siguientes:
Los JEFES:
  • “Mi puerta siempre está abierta”… pero no hay quién se atreva a cruzarla.
  • Cuando no practican lo que dicen, o incluso hacen lo contrario de lo que dicen. [Como cuando decimos a nuestros hijos que no hay que mentir, suena el teléfono y nos dicen: “Es amama”; a lo que respondemos: “Ahhh… dile que no estoy”].
  • Cuando “invitan” a estar de acuerdo… “No sé qué más hacer para convencerte”; todo requiere autorización; hay obsesión por el control; se critica en público; la información no fluye (muchas veces tienen personas que actúan de filtro; o se rodean de personas “quedabien”).
Algunas cosas que podrían hacer para fomentar la innovación: solucionar problemas; tener una auténtica política de puertas abiertas que se pueden cruzar; permitir el error y que se hagan las cosas de diferente manera; potenciar la colaboración.
Los COMPAÑEROS:
  • Con el miedo al cambio y las resistencias: ¿Va a suponer más trabajo? ¿Van a ser necesarios conocimientos que no tengo? ¿Perderé el estatus?…
  • Suele haber muchos “envenenadores de pozos”, que siempre sacan pegas y matan las ilusiones de otros…
  • El pensamiento grupal es muy homogeneizador; pensar distinto puede hacer que uno sea excluido del grupo o que tenga problemas.
  • Cuando no se participa o se participa con “agenda propia”; cuando no se comparte (información, recursos, etc.)
Algunas cosas que podrían hacer para fomentar la innovación: meter la innovación en la agenda (haciendo algo nuevo todos los días/semanas); fomentar y animar a quienes son innovadores.
Los DIRECTORES DE RECURSOS HUMANOS:
  • Cuando contratan principalmente gente de su estilo (del mismo colegio, universidad, club, etc.).
  • Establecen normas y horarios estrictos.
  • Ofrecen cursos con los de siempre y sobre los mismos temas.
  • No habilitan ni lugares ni espacios para que la gente se relacione.
  • Cuando no participan en el negocio, sólo en su área, siendo los que más conocen la empresa porque conocen a las personas.
Algunas cosas que podrían hacer para fomentar la innovación: contratar personas diferentes con nuevos punto de vista (sabiendo que va a suponer una cierta dificultad); potenciar el trabajo en equipo; ofrecer cursos diferentes a los habituales; dar autonomía (señalar retos y objetivos y dejar que las personas se organicen).
:
  • Dejas pasar oportunidades (por miedo, vergüenza, etc.).
  • Te falta de tiempo, siempre estás muy ocupado para cambiar algo.
  • Haces lo mismo de siempre (mismo lugares, rutinas, personas, etc.). No pruebas nada nuevo.
  • No ayudas (escuchando, atendiendo) a los jóvenes.
  • Las propias creencias y limitaciones, lo que uno opina de sí mismo… que unido al miedo al fracaso y a la crítica pública…
Algunas cosas que podrías hacer para fomentar la innovación: hacer cosas diferentes; introducir pequeños cambios; ponerte retos; empezar YA.
El SISTEMA EDUCATIVO (Universidades, colegios, escuelas, etc. que algunos consideran “arma de destrucción masiva”):
  • Hay una pregunta que nos debemos hacer… ¿Qué tipo de seres humanos queremos que sean nuestros hijos e hijas? La educación no es sólo, ni principalmente diría yo, cuestión de conocimientos.
  • Se da primacía a lo técnico descuidando aspectos fundamentales en la educación como son el trabajo en equipo, la colaboración, la inteligencia emocional, etc.
  • Tiende a igualar en lugar de potenciar a quienes son diferentes.
Algunas cosas que podría hacer para fomentar la innovación: organizar las aulas y las clases de diferente manera; inspirar; ilusionar; compartir (que no es lo mismo que impartir).
La SOCIEDAD y la CULTURA:
  • El mundo está ‘hiperconectado’ y no siempre somos conscientes de lo que eso implica…
  • Hay una actitud bastante generalizada de… “¿Crisis? ¿Qué crisis?”… “Esto pasará”.
  • “Cultura del listo”, que produce otra actitud… “No voy a aportar ideas porque igual me las roban…”.
  • “El ganador se lleva todo”… Y al oponente (ya sea en política, en la empresa, el deporte…) se le ningunea, se le ignora. ¿Acaso no tiene también buenas ideas o aptitudes?
  • “No queremos problemas”… A ver quién discrepa o encuentra problemas en un entorno así…
  • “Siempre se ha hecho así”; “Aquí no va a encajar”; “Ya sabemos lo que hay que hacer”; “Es mejor que sigamos haciendo como hasta ahora”; “No te fíes…”.
  • Tenemos unas relaciones laborales del siglo pasado… Hoy en día el empleo y sus condiciones no están aseguradas.
Algunas cosas que podría hacer para fomentar la innovación: trabajar la colaboración y la aportación.
Las EMPRESAS:
  • Cuando se vive de éxitos del pasado.
  • Cuando crean un departamento de innovación y se olvidan de trabajar ésta de forma transversal.
  • El exceso de burocracia paraliza cualquier intento de cambio.
  • Cuando se planea mucho y se ejecuta poco… “Parálisis por análisis”.
Me pareció muy sugerente la aportación que hizo Ángel Jareño Goikoetxea, Subdirector General del Grupo Uvesco (“una de las empresas líder en la distribución alimenticia de la zona norte de la península”), de cómo se plantean ellos la innovación. La entienden como la suma de creatividad más implantación y asumen claramente que pivota sobre las personas. Por eso desarrollan cuatro puntos: 1) autoconfianza, las personas tienen que sentirse capaces; 2) conocimientos técnicos, parte del empoderamiento pasa por la capacitación; 3) querer cambiar, las personas tienen que querer cambiar; 4) expectativas de que el cambio es bueno para mí; los cambios cuestan, por lo que hay que estar convencidos de que merece la pena.
En la Jornada también participaron Oscar Terol y Asier Hormaza que escenificaron situaciones comunes y nos hicieron reír con algunos tópicos. En el diálogo Oscar Terol señaló que para él “innovar es no rendirse”, es una cuestión de actitud, y para ilustrarlo contó los avatares que habían sufrido hasta el estreno de “Allí abajo”. Cuando tenían comprometida una serie con Antena 3, con el visto bueno económico, tuvieron que cambiar la idea inicial por una serie que se había estrenado en Tele 5. Se reunieron y decidieron no darse por vencidos…
De todo lo que escuché saqué una conclusión… El mayor asesino de la innovación es el MIEDO, que está presente en las personas, los grupos, la sociedad, las organizaciones… y como dice mi amigo Rogelio, “es una de las emociones que, fuera de su función puramente adaptativa para nuestra supervivencia, más nociva resulta en nuestra sociedad actual”. El miedo produce parálisis, estancamiento, letargo, statu quo, etc. Por tanto, lo primero que debemos hacer para desarrollar la creatividad y aplicarla es detectar el miedo, saber cómo funciona y enfrentarlo…Y generar o promover entornos libres de él.
¡Decídete, hazlo! ¡Atrévete a cambiar!

miércoles, 5 de febrero de 2014

¿Qué harías si no tuvieras miedo?


«El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti. »
―Yoda a Anakin Skywalker

Creo que la pregunta que encabeza este post es muy profunda y todos deberíamos hacérnosla periódicamente, especialmente cuando estamos en un momento de crisis o cuando sospechamos que estamos demasiado asentados. Es una pregunta incómoda y que te puede remover por completo. Te puede sacar de tu espacio de confort y enfrentarte a tus peores pesadillas. Pero también te puede dar la fuerza necesaria para alcanzar un sueño... El miedo nos roba tanta energía... y tanta vida... Muchas veces algunas creencias erróneas son el mayor obstáculo para cumplir nuestros anhelos más profundos.


Pensando en mi vida me doy cuenta de que un aprendizaje importante que he hecho con bastante esfuerzo es a decir que no, y detrás de eso veo muchos miedos. Siempre me ha costado mucho decir que no, con la consecuencia de haber hecho o dicho cosas que luego me han pesado. Por miedo a decepcionar a otros, para que me tuvieran en cuenta, para que me aceptaran, porque era lo que creía que se esperaba de mí, por un mal entendido sentido del deber... he ido en contra de lo que yo quería o he hecho cosas en las que no creía... y me he sentido fatal. Uno no se encuentra a gusto cuando va en contra de sí mismo. ¿De qué sirve agradar a otros si no nos sentimos a gusto con lo que hemos hecho o dicho? ¿Hay satisfacción mayor que ser fiel a uno mismo, siempre que respetemos al otro?

Para terminar un vídeo basado en un libro que seguro que muchos habrán leído: ¿Quién se ha llevado mi queso?... Y que cada uno ponga en el queso lo que quiera (familia, trabajo, pareja, etc.)...