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lunes, 12 de agosto de 2024

Las tres preguntas

[Entrada publicada originalmente el 09.02.2011 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

“No se puede empezar a recorrer el camino de la felicidad hasta que sean mis pies los que marquen mi huella, hasta que no sea mi corazón el que decida el rumbo, hasta que no sea yo quien corra los riesgos de mis decisiones, hasta que no sepa quién soy y quién no soy” (Bucay, 2008, p.63)

Hace unos meses leí un libro de Jorge Bucay que lleva por título Las tres preguntas: ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Con quién? (Barcelona, RBA, 2008). Voy a hacer aquí mi lectura personal del mismo. Para Bucay esas tres preguntas suponen tres retos, tres desafíos a los que hay que hacer frente en ese orden.

¿Quién soy? Supone enfrentarse al encuentro con uno mismo, mirarse cara a cara en el espejo, con paciencia y cariño infinitos. Requiere el esfuerzo del autoconocimiento, de volverse hacia dentro, de contrastar los propios deseos, las fortalezas y las debilidades. Exige comprometerse con la construcción de la propia vida a través de las decisiones que vamos tomando, elegir y rechazar opciones, discernir nuestros deseos de las expectativas que otros han vertido sobre nosotros, responsabilizarse, hacerse cargo, saberse protagonista de la propia vida (que no actor único). En palabras de Bucay, avanzar en el camino de la autodependencia… Y esto cuesta en los tiempos que nos ha tocado vivir que invitan a la superficialidad, la rapidez y la desresponsabilización.

¿Adónde voy? “La felicidad es la tranquilidad de quien sabe con certeza que está en el camino correcto” (Bucay, 2008, p.125). Lo importante es saber el rumbo, conocer mi norte, para así encaminar mi energía hacia la acción adecuada, desde un optimismo realista. Hay quienes equivocan el rumbo y optan por el éxito o el poder como único objetivo, la persecución del placer instantáneo, la huida sistemática del dolor y los problemas, etc. Si hay rumbo es posible encontrar el sentido a las distintas experiencias que vamos teniendo.

¿Con quién? “Las semejanzas llevan a que nos podamos encontrar. Las diferencias permiten que nos sirva estar juntos” (Bucay, 2008, p.250). En el camino de realizarnos como personas iremos teniendo encuentros que no siempre acabarán siendo relaciones íntimas; pero sólo éstas últimas cobran verdadero sentido en dicho camino. Para que se dé intimidad debe existir, independientemente de que hablemos de un amigo, una pareja o un hermano: amor (cariño, afecto), confianza (un grado de sinceridad que excluye la mentira) y atracción (me tiene que gustar lo que el otro es).  Y estas relaciones pueden durar toda la vida o tener fecha de caducidad por lo que será muy importante aprender a elaborar los duelos, aprender a desprenderse y no aferrarse ni a nada ni a nadie.

Tres grandes desafíos que hay que enfrentar por ese orden. Necesito saber quién soy para poder elegir mi rumbo y una vez en el camino estar abierto a encuentros que puedan convertirse en relaciones íntimas y aportar sentido a mi existencia.

¿Te has enfrentado a estas tres preguntas?... ¿A qué esperas?

Bibliografía:

  • Bucay, Jorge (2008): Las tres preguntas: ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Con quién? Barcelona: RBA








martes, 6 de agosto de 2024

Te amo... pero soy feliz sin ti


[Entrada publicada originalmente el 01.02.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]  

“Nuestros miedos no detienen a la muerte, sino al amor y a la vida. El miedo con todo su poder, no puede vencer ni detener a la muerte, pero sí puede detener al flujo de la vida que nos conduce a la paz interior” Jaramillo, Jaime (2007): Te amo... pero soy feliz sin ti. Bogotá: Ediciones Versalles, p.103

Jaime Jaramillo, en su libro Te amo... pero soy feliz sin ti propone una serie de herramientas sencillas y eficientes que han sido probadas por personas de diferentes culturas, edades, religiones, etc. y que ayudan a recuperar la consciencia y a evitar sus dos grandes enemigos, los apegos y el miedo. Una idea fundamental es que la solución a estos dos últimos no está en el exterior, no depende de nada ni nadie, sino que está en el interior de cada uno. “Recuerda siempre que donde pones tu mente, allí estará tu corazón” (p.14).

El apego implica que dependemos psicológica o emocionalmente de otras personas o de ciertas cosas. Supone que depositamos en ellas nuestra felicidad y empezamos a vivir condicionados. La felicidad pasa a estar en el exterior, en manos de otras personas. “El apego se nutre del miedo y estos miedos son el origen de todo el sufrimiento humano; debido a estos miedos, desarrollamos un sistema de autodefensa o negación persistente que nos lleva al autoengaño” (p.21).

Existen tres tipos de apegos que pueden tener diferentes manifestaciones e intensidad a lo largo de nuestra vida. El apego afectivo, que se puede confundir con el amor y se muestra con mayor intensidad en las relaciones de parejas o ante la muerte de un ser querido, implica que convertimos a la otra persona en la razón de nuestro ser. El apego material supone centrar la felicidad en el tener, poseer y ostentar; lo que lleva a creer que valemos más por lo que tenemos que por lo que somos. El apego ideológico, las creencias falsas y los fanatismos extremos, están en la base de los peores pasajes de la historia y es el origen de guerras y rivalidades. “La solución está en tus manos. No importa cuál sea tu situación; realmente, la solución es la misma para todos, y cada uno tendrá que recorrer su propio camino” (p.38). Se trata de despertar, de elegir y decidir salir del estado de inconsciencia en el que te encuentras.

El camino del despertar es espiritual y se soporta en la visualización creativa, la meditación y el servicio a los demás. “La verdadera espiritualidad consiste en que nada, ni nadie, ni ningún suceso o acontecimiento nos pueda perturbar. Y, si por alguna razón, en algún momento algo nos perturbara, la espiritualidad nos da el poder de elegir conscientemente y dejar de lado aquello que nos causa sufrimiento”. Para lograr la paz interior debemos armonizar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Y para ello debemos abrir nuestra mente y nuestro corazón y desarrollar la capacidad de escucha. Es importante que observemos nuestras relaciones con el mundo y con los demás; que identifiquemos las emociones y pensamientos que manejan nuestra vida; que reconozcamos las creencias que nos hacen daño y causan apego; que analicemos nuestro miedos; que identifiquemos y trascendamos el dolor, que es un indicador de que hay que cambiar.

La visualización creativa nos ayuda a acabar con nuestras barreras internas, miedos y dudas y atraer aquello que deseamos, pero no para controlar el comportamiento de los demás o hacerles que vayan en contra de su voluntad. Su poder radica en que el cerebro no distingue entre un acontecimiento real y uno imaginado; y por ello, si creamos una realidad interior el cerebro crea, automáticamente, la pauta que nos lleva a los resultados.

La meditación es la llave para acceder a tu interior y está al alcance de cualquiera; “es volver a lo básico, a tu hogar, a tu templo sagrado, en el que sólo el amor y la paz reinan. (...) lograr ese estado de consciencia es más que una experiencia; eres tú, es tu propio ser en toda su plenitud” (p.175).

El servicio a los demás, un servicio generoso y desinteresado, realizado sin esperar nada a cambio potenciará todo tu trabajo interior y dará sentido a tu vida. Es la herramienta más silenciosa pero mas poderosa en el camino de la liberación interior.

“Cuando realmente estás disfrutando del estado de consciencia pura que es el amor, el apego desaparece, por eso deja de hacer reclamos, expectativas y exigencias” (p.87)

¿Te animas a abrir las alas a una nueva dimensión liberadora?






domingo, 28 de julio de 2024

Una cuestión de suerte...

[Entrada publicada originalmente el 29.06.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

A lo largo de la vida me he encontrado tanto con personas que decían tener buena suerte como con otras que permanentemente se quejaban de su mala suerte y de lo mal que les ha tratado la vida, a la par que negaban cualquier responsabilidad por su parte (aunque no fuera de forma explícita). Yo, ciertamente, me encuentro en el primer grupo. Soy feliz con la vida que tengo, que en parte me la he labrado y en parte ha estado condicionada por múltiples factores, uno de ellos la suerte.

Acabo de leer el libro El mito de la diosa fortuna de Jorge Bucay (Barcelona, RBA, 2006) y me ha gustado mucho el enfoque que hace del tema de la suerte. “En principio, hablamos de suerte cuando alguien se ve afectado significativamente por un acontecimiento inesperado” (p. 30). Ante este tema se pueden encontrar tres posturas que se basan en las tres ideas que presento a continuación:

  1. La suerte no existe, postura de los cientificistas que afirman que todo tiene una causa, una razón de ser;
  2. La suerte existe y no depende ni de nuestros deseos ni de nuestras acciones, esta postura está emparentada con supersticiones o antiguas costumbres de origen incierto cuyo objetivo es explicar por qué ocurren las cosas;
  3. La suerte existe y nos afecta pero se puede incidir sobre ella. Yo me inclino por la última, reconociendo que no basta con una buena actitud y un cúmulo de méritos y virtudes para que la suerte nos sonría.

Como dice Bucay (2006, p. 38): “El azar, por supuesto, no es ecuánime ni ético ni razonable... Y mucho menos justo. Lo sospechamos y confirmamos cuando la buena suerte beneficia a quienes nosotros sabemos que no se lo merecen o cuando la mala suerte golpea a los inocentes o desprotegidos”.

Bucay (2006, pp.54-56) señala que para calcular si habrá suerte, suponiendo que se pudiera, deberíamos sumar nuestra Fortuna, más el Destino, más el Azar. Nuestra fortuna estaría constituida por todos los recursos con los que contamos, tanto internos como externos. El destino sería aquello que está predeterminado. Y el azar sería esa cuota de lo impredecible que siempre existe y que, como él señala más adelante, forma parte del atractivo de la vida; el hecho de no saber a ciencia cierta el resultado de nuestras acciones evita que nos aburramos. Pero aún falta añadir lo adecuado y efectivo (o no) de nuestra acción más comprometida. Nuestras acciones están necesariamente relacionadas con nuestras decisiones y en estas influye lo que podríamos llamar nuestro talento. “Soy, si no el único causante, al menos un cómplice necesario de todo lo que me ocurre” (Bucay, 2006, p. 56).

Acabo, la negrita es mía, con el texto del epílogo del libro (Bucay, 2006, p. 158):

Recuerda...

Deberás estar atento, con los ojos bien abiertos y la mirada curiosa.

Deberás cambiar de lugar en vez de esperarla siempre en el mismo sitio, porque bien podría ser que ya haya pasado por allí y nunca repita su paso.

Deberás verla, reconocerla.

Tendrás que acercarte cuando pase por tu lado: si te distraes no la podrás agarrar ni de la trenza porque esta cuelga hacia delante.

Si se te escapa no la persigas, porque corre mucho más rápido que tú.

Sólo aprende y permanece alerta para la próxima vez que te cruces con ella.

Me preguntarás: ¿qué pasa si nunca más te la encuentras...?

No me preguntes ni me preguntes cómo lo sé...

Pero, si te mantienes en movimiento, te la volverás a encontrar... No lo dudes.

 ¿Y tú cómo te relacionas con la suerte? 

Bibliografía:

  • Bucay, Jorge (2006): El mito de la diosa fortuna. Barcelona: RBA
  • Rovira Celma, Alex y Tríaas de Bés, Fernando (2004): La buena suerte. Barcelona. Empresa activa.

 





viernes, 26 de julio de 2024

Reflexiones sobre El filósofo y el lobo


[Entrada publicada originalmente el 10.06.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Acabo de leer el libro El filósofo y el lobo (Barcelona, Seix Barral, 2009) de Mark Rowlands. Este libro lleva como subtítulo Lecciones sobre el amor y la felicidad y narra los aprendizajes del autor, Doctor en Filosofía y profesor en distintas universidades, tras diez años de convivencia con Brenin, un lobo, a los que más tarde se sumaron Nina (cruce de malamute y pastor alemán) y Tess (hija de Brenin y una pastor alemán).

El libro cuenta, de una forma experiencial a la vez que introduce cuestiones filosóficas, las similitudes y diferencias entre el simio y el lobo. Aquí quiero compartir dos de las cuestiones que más me han gustado: por un lado la idea del mal; y, por otro, la diferencia entre las criaturas del tiempo y las criaturas del momento.

Rowlands no está de acuerdo con la moderna noción del mal cuyos dos argumentos principales son que el mal sólo existe en lo marginal (en los desfavorecidos psicológica o socialmente) y que no es culpa de nadie (si quien realiza el mal es un enfermo mental o sus circunstancias sociales le han negado toda oportunidad, no podemos considerarle responsable de sus actos, no es moralmente malo). En su opinión “el mal es cotidiano, normal, banal” (p.121). El mal que resulta de una intención de causar dolor y sufrimiento, y su disfrute, es la excepción y no la norma. Acciones realmente malas son fallos en el cumplimiento del deber moral (que consiste en proteger a los indefensos de aquellos que los consideran inferiores, y por tanto prescindibles) o del deber epistémico (deber de someter las propias creencias a un examen crítico). Y lo ilustra con un ejemplo en el que se ven dos actos de maldad, partiendo de que dichos actos no tienen nada que ver con el regodearse en el sufrimiento ajeno: 1) los repetidas violaciones de un padre a una hija, si éste no comprendiese que lo que hacía está mal y lo considerase natural estaría cometiendo un fallo contra el deber epistémico; y 2) la complicidad activa de la madre, que está fallando en el cumplimiento del deber moral de proteger a la hija (y es irrelevante el terror que pueda sentir hacia el padre). 

“Los seres humanos no somos capaces de ver el mal en el mundo porque nos distraen de tal modo los motivos brillantes y lustrosos que no reparamos en la fealdad que encubren” (p.120)

Esta visión del mal me ha resultado enriquecedora ya que siempre tiendo a creer que debe haber razones para un actuación mala. Me cuesta creer que existe un mal que se pueda cometer bien por ignorancia o empecinamiento, bien por irresponsabilidad o insensibilidad ante quien está en una situación de inferioridad o debilidad.

Relacionado con temas como el sentido de la vida, la muerte y la felicidad Rowlands introduce una distinción que me parece muy sugerente. Según él, los seres humanos y los lobos tenemos una relación distinta con el tiempo. Los lobos son, sobre todo, criaturas del momento, aceptan cada momento por separado. Los seres humanos somos más criaturas del tiempo. Concebimos el tiempo como una línea que se extiende del presente al pasado. Y esto nos puede hacer neuróticos de una forma que las criaturas del momento no lo son, pasamos una cantidad exagerada de tiempo anclados en un pasado que no volverá o proyectados en un futuro que está por venir. Miramos a través de los momentos más que mirar los momentos en sí. Los momentos para nosotros son los fantasmas del pasado y del futuro.

Hace muchos años vi la película El club de los poetas muertos en la cual el lema que les inculcaba el profesor, Robin Williams, era la famosa frase del poeta romano Horacio, Carpe Diem [Carpe diem quam minimum credula postero - 'Aprovecha el día, no confíes en mañana']. Hay quien hace una versión simple de este lema y lo interpreta como el vivir el momento al límite sin preocuparse por nada más. Tampoco es eso, se trata de “arrancarle pedacitos al tiempo”, de conseguir vencerle la batalla al tiempo, de lograr que el tiempo no nos quite vida (ni por quedarnos en el pasado ni por esperar siempre a un mañana). Esto es especialmente importante a medida que nos vamos haciendo mayores o cuando nos diagnostican una enfermedad terminal y vemos más de cerca la muerte.

Acabo con unas citas del libro para que cada quien saque sus conclusiones.

“Somos seres mortales, seres que siguen el rastro de la muerte de un modo que, pensamos, ningún otro animal es capaz de hacer. Tanto el sentido de nuestra vida como el final de nuestra vida se encuentran más adelante en la línea, razón por la cual dicha línea nos fascina y nos horroriza. Ése es, en esencia, el dilema existencial de los seres humanos” (pp.238-9)

“La muerte no es el límite de mi vida. Siempre he llevado la muerte conmigo” (p. 247)

“El sentido de la vida reside precisamente en aquellas cosas que las criaturas temporales no podemos poseer: momentos” (p.267)

¿Qué has aprendido hoy de los lobos?

 

 




miércoles, 4 de octubre de 2023

Dios ¿existe?

Los días 30 de septiembre y 1 de octubre unas 30 personas asistimos en Las Matas (Madrid) al encuentro organizado por el grupo de Diálogo de personas de creencias diversas del Movimiento de los Focolares [ver web] con el sugerente título: Dios ¿existe? Encuentro de diálogo entre personas de convicciones diversas.  Fueron unos días intensos y de gran profundidad por todo lo vivido y compartido.

Según el estudio de Ipsos “Global Religión 2023: Creencias religiosas alrededor del mundo” un 61% de la población mundial (44% en España) afirma que cree en Dios o en alguna fuerza superior, mientras que un 21% (32% en España) asegura no creer en nada (Ipsos,2023). Si tenemos en cuenta la teoría de la sabiduría de los grupos (ver Sánchez,2022), que nos dice que ante preguntas complejas se obtienen respuestas más rápidas y adecuadas en la medida en la que se pregunta a más personas, los datos del estudio parecen sugerir que en este momento no hay una respuesta clara a la pregunta de si Dios existe. Es más, podríamos incluso cuestionarnos si la pregunta es pertinente.  

La mañana del primer día dieron su respuesta a la pregunta que nos convocaba tres personas, una desde el ateísmo, otra desde el agnosticismo y otra desde la fe católica. Hagamos primero la distinción. Ateo es una persona “que no cree en la existencia de Dios (o dioses o divinidades) o que directamente lo niega”, mientras que una persona agnóstica “no afirma la existencia e inexistencia de Dios (o dioses), no tiene certezas para creer, pero al mismo tiempo considera que se trata de una cuestión que la capacidad humana no puede resolver, esto es, inherentemente incognoscible” (Sánchez,2023).

Respuesta desde el ateísmo

Miguel Ángel Royo nos dio su visión tomando como apoyo los argumentos del libro El alma del ateísmo de André Comte-Sponville, en el que se propone una espiritualidad sin Dios. Razones para no creer en la existencia de Dios:

  1. Debilidad de las pruebas de su existencia. Tradicionalmente se han utilizado tres pruebas de la existencia de Dios: a) Ontológica, Dios existe por definición, por esencia; b) Cosmológica, se parte de la existencia del mundo, y se dice que tiene que poder explicarse su existencia, tiene que haber una causa fuera de sí mismo; c) Físico-teológica, el mundo existe y tiene una complejidad inaccesible por lo que tiene que haber una inteligencia ordenadora.
  2. Carencia de experiencias de Dios. Los seres humanos nos escondemos por vergüenza o por miedo. ¿Qué razones podría tener Dios para ocultarse? Se suele argumentar que se oculta para respetar la libertad del ser humano. Ese argumento se puede rebatir. Si se nos oculta seríamos más libres que Dios y sus profetas porque ellos no pueden elegir no creer. Además, hay menos libertad en la ignorancia que en el conocimiento. Es más, que no se muestre parece incompatible con la idea de un Dios Padre.
  3. Una explicación incomprensible. ¿Cómo podemos explicar algo que no se entiende (el mundo, la vida, etc.) con algo que se entiende aún menos, que es Dios?
  4. La existencia del mal, su amplitud, su atrocidad, su desmesura, su banalidad. Este es el argumento más antiguo y más fuerte.
  5. La mediocridad del ser humano. Somos hijos e hijas de la tierra y eso se nota. Tenemos que ser más humildes (humus es la raíz del término humildad). Cuesta pensar que estemos hechos a imagen y semejanza de Dios.
  6. El deseo y la ilusión. ¿No resulta sospechoso que Dios se nos presente como la respuesta a nuestros mayores anhelos: no morir definitivamente, reencontrarnos con nuestros seres queridos, ser amados incondicionalmente, etc.?

Respuesta desde el agnosticismo

Jordi Illa contó su experiencia con el soporte del libro Inteligencia espiritual de Francesc Torralba [hace tiempo escribí una entrada sobre el mismo] cuya tesis es que existen un sentido espiritual, unas necesidades de orden espiritual que no se pueden desarrollar de otro modo que a través de la Inteligencia espiritual.

Explicó el modelo de tres capas, que a él le ha servido para situar su experiencia vital, en el que la Espiritualidad es la más profunda y común a todas las personas. Sobre ella estaría la Religiosidad que responde a la necesidad de sentirse unido a algo que trasciende. Y en último lugar estaría Confesionalidad que hace referencia a los ritos, rituales, dogmas, etc.

Nos presentó el vídeo en el que Carlos Blanco responde desde su posición agnóstica: “Lo que nosotros estamos diciendo de Dios es el límite de nuestra imaginación: el ser perfecto, autosubsistente (…) Todavía no somos capaces de imaginar algo mejor sobre Dios (…) Es el límite al que puede tender la mente humana, es lo máximo que tú puedes imaginar y razonar”. 

Respuesta desde la fe católica

Ita Pi empezó diciendo que elaborar su respuesta le supuso hacer un ejercicio de profundización importante. Ella tiene una creencia vital muy fuerte. A día de hoy diría que cree en un Dios sin rostro (sin una forma determinada), no por impersonal, sino porque ha ido cambiando su imagen con el tiempo. A medida que se ha ido alimentando de otras religiones y espiritualidades su creencia, recibida en primera instancia de su familia, se ha afianzado, se ha hecho más profunda. Siente algo muy bello que es que no sólo ella está en busca de Dios, sino que Dios también le busca a ella.

Vimos el vídeo en el que José Cobo y Javier Melloni dialogan con ocasión de la presentación del libro Dios sin Dios. Una confrontación. Resulta muy sugerente la invitación de Melloni a vivir desde Dios, buscando desde dentro, porque desde ahí es desde donde se abre el camino al otro, al hermano.

A las exposiciones siguió un diálogo muy profundo en el que cada persona reaccionó desde su experiencia y su momento vital: 

  • “Soy creyente en búsqueda… en proceso… en camino”.
  • “Más que una creencia es una experiencia… A veces siento y también hay períodos en los que no siento nada”.
  • “Este grupo ayuda a estar en una actitud de apertura y cuestionamiento”.
  • “No sé si existe Dios, pero igual se manifiesta a través de esta lágrima”.
  • “No soy creyente, pero sí existe el amor”.
  • “Soy agnóstico por prudencia intelectual, también comparto argumentos con el ateísmo. He llegado a un momento en el que no me pregunto si Dios existe”.
  • “Para mí, participar en este grupo ha supuesto una gracia grande. Me ha hecho aterrizar, profundizar”.
  • “Tengo la experiencia de sentirme sostenida, acompañada, por algo diferente de mi conciencia”.

Tuvimos también ocasión de trabajar el Decálogo para el diálogo de Iñaki Guerrero. Insistimos en la necesidad de ser valientes para afrontar conversaciones, la condición de que la otra persona quiera dialogar, la conveniencia de generar espacios de confianza y amistad para favorecer el diálogo, la importancia de la atención plena, la dificultad de escuchar sin juzgar o valorar, el riesgo de ser esclavos de nuestras ideas, convicciones o posiciones, etc.

Transconfesionalidad

La segunda mañana contamos con la aportación de Lucas Cerviño desde el otro lado del Atlántico y en un horario de madrugada para él. Empezó explicando cómo se ha dado un fenómeno de transformación de lo espiritual, una metamorfosis de lo sagrado. En los años 60-70 del siglo pasado se hablaba de la muerte de Dios, pero eso no se ha dado. Se ha pasado de poner el foco en el contenido de lo que se cree (creencia y transmisión) al sujeto que cree (experiencia, búsqueda). Nos encontramos ante un pluralismo de respuestas al sentido de la vida, una ruptura del monopolio de sentido de las religiones. Se da un mayor nivel de personalización, que no individualización. Estamos en un período en el que prima la autonomía del sujeto. Existen también otras dos claves que atraviesan de forma transversal el fenómeno: la ecología (interconexión) y la incorporación de lo femenino.

Propuso un matización al modelo de tres capas. Incluyó una capa más profunda, la interioridad, que es el núcleo al que toda espiritualidad tiene que responder. Existe el riesgo de muchas ofertas, muchas experiencias, que no conectan con la interioridad. La interioridad no es un encierro, un ejercicio de intimidad. Supone la conciencia de estar atravesados por lo infinito, por la inmensidad. Es donde surge la individualidad y la libertad; desde ahí brota la responsabilidad hacia los demás y lo demás; es un espacio vital para la felicidad humana, el lugar donde brota el ser únicos e irrepetibles. Si la Espiritualidad no conecta con la interioridad se convierte en intimismo, en consumismo. Si la religiosidad no conecta con la interioridad se transforma en fetichismo, magia. Si la confesionalidad no conecta con la interioridad se queda en ritualismo, moralismo.


El estar atravesados por el infinito tiene distintas cristalizaciones. La transconfesionalidad supone establecer un diálogo entre estas distintas cristalizaciones. Estamos llamados a hacer diálogos desde distintas formas de conectar con la realidad última. Se puede hablar de experiencias de comunión desde la reflexión y el diálogo. Podemos sentirnos un cuerpo, un nosotros, donde se mantiene la especificidad de cada uno.

Estamos llamados y llamadas a realizar un triple descentramiento: 1) Hacia el Misterio, la realidad última, lo que conecta con tu centro más profundo; 2) Hacia el prójimo, el otro distinto y diferente; 3) Percibir lo sagrado en la naturaleza, en la Creación, que tiene que ver con cómo me alimento, cómo uso los recursos, cómo consumo, etc.

Mi impresión y vivencias “fuera de programa”

Después del recorrido de los dos días tuve una intuición muy profunda. Probablemente el diálogo transconfesional sea la única vía para conseguir un entendimiento profundo. Conectar con la interioridad que nos habita y en la que habitamos nos lleva a transformar una realidad que nos duele. Es la forma de romper barreras y de transformar juntos. Si no, podemos caer en la acción por la acción o en el error de tratar de convencer a otras personas. Podemos dialogar y encontrar puntos de encuentro desde formas diversas de conectar con la realidad total, la realidad última.

Y no podemos olvidar los momentos de conversación informal, los paseos, la velada con pruebas por equipos, los momentos de poesía e imágenes con música. Las intuiciones y las preguntas que cada uno se llevó consigo. Me quedo con una frase que nos recordó Lucas del Papa Francisco: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios” (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, n.272).

Referencias


lunes, 17 de agosto de 2020

Si pudieras volver el tiempo atrás…


[He publicado esta entrada el 17.08.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Hace unos días escuchaba, después de mucho tiempo de no hacerlo, el tema Sueños de Diego Torres, cantautor y actor argentino, muy conocido, además, por Color esperanza. El vídeo comienza con una pregunta, que más de una vez me he hecho… Si pudieras volver el tiempo atrás ¿harías lo mismo?

Hacerse esa pregunta es una gran tentación porque encierra la ilusión de que cambiando una sola decisión cambiaríamos completamente el rumbo de nuestra vida… ¡Como si existieran máquinas del tiempo que nos permitieran volver a ese punto y ya todo sería perfecto! Ciertamente, hay momentos en los que tomamos decisiones de gran trascendencia o que pueden tener unas consecuencias muy relevantes. Hay elecciones que cruzan líneas de no retorno (como, por ejemplo, matar a una persona), pero cada acto y cada decisión nos marcan y nos modelan.

En clase de Ética, me gusta insistir en la relación entre actos, actitudes y carácter. Ninguna persona nace distinguiendo el bien del mal. Es algo que vamos aprendiendo por lo que nos enseñan nuestras personas de referencia y lo que vamos experimentando en carne propia. Desde el punto de vista de la ética, cada acto es importante y puede ser bueno o malo. Más importantes son las actitudes, que son predisposiciones que vamos desarrollando por la repetición de actos. Y lo verdaderamente significativo es cómo es nuestro carácter, esa segunda naturaleza, ese modo de ser adquirido que vamos construyendo con nuestras elecciones y que puede tender hacia el bien o hacia el mal.

Para mí, quizá sea por mi momento vital, el sueño más destacado es aquel en el que visualizo a la persona que quiero ser, que muestra la imagen con la que quiero que me recuerden quienes me hayan conocido. Me mueve más la pregunta: ¿Es así como quieres que te recuerden? ¿Esto te acerca a la persona que quieres ser? No se trata tanto de pensar cómo hubiera sido mi vida de haber elegido otros caminos, sino de ver cómo recorro el camino que me queda partiendo del lugar en el que estoy y teniendo siempre presente cuál es el ideal de persona al que quiero acercarme.

Me quedo con los versos finales de la canción…

Deja que tus sueños sean olas que se van
Libres como el viento en mitad del mar
Creo que la vida es un tesoro sin igual
De los buenos tiempos siempre quiero más
Deja que tus sueños sean olas que se van
Creo que la vida es un tesoro sin igual
Me dejo llevar.

 


jueves, 6 de octubre de 2016

Discernimiento… el instrumento del amor



Hace poco más de dos años comencé mi personal camino de Ignacio. En esta ocasión hemos cambiado de emplazamiento. Del 28 al 30 de septiembre nos hemos reunido en Javier (Navarra), en lugar de Loiola. El primer día contamos con el jesuita y teólogo Josep M. Rambla Blanch con quien trabajamos el tema del discernimiento. Comentaré aquí algunas de las ideas recogidas. Hablamos del discernimiento cristiano (en concreto de la pedagogía propuesta por San Ignacio de Loiola) pero muchas de las ideas pueden servir para cualquier persona, creyente o no.

Comenzó señalando que la pasión, la calidez, la ilusión… nos tienen que comer por dentro para poder contagiar. Tiene que darse una sobria ebriedad… para poder transformar nuestras vidas y los lugares en los que estamos. A renglón seguido nos preguntó qué nos sugería el término discernimiento. Las respuestas fueron muy interesantes:
Elegir desde la razón con el corazón;
Sentir que decides a la ignaciana;
Elegir entre dos cosas buenas;
Profundizar…

Podríamos empezar preguntándonos por qué tiene sentido hablar de discernimiento para un cristiano:
- Porque como señaló S. Pablo: “no vivís bajo la ley, sino bajo la gracia” (Rom 6, 14). Convertir los evangelios en un código es desvirtuarlos. Debemos dejar que el Espíritu trabaje en nuestros corazones. “El discernimiento es algo personal, ya que Dios nos conoce a cada uno por nuestro nombre y se nos comunica de forma individual e irrepetible” (P. Rambla, sj).
 - La vida cristiana es creatividad. O creamos o no somos fieles a Jesús de Nazaret. Está claro que cada uno lo va a hacer desde su lugar social (que está influido por la educación, la trayectoria, la familia, la formación, etc.). Cada uno debe tocar el instrumento que le corresponde pero con una sintonía de fondo…
Marcel Légaut distingue entre religiones de autoridad y religiones de llamada.  “No hay ninguna doctrina que pueda ser comprendida y tenga que ser aceptada de la misma forma por todos los hombres. No hay ninguna ley que pueda ni tenga que ser cumplida por cualquier hombre y en cualquier circunstancia que sea” (Marcel Légaut). El cristianismo es una religión de llamada. El discernimiento sirve para saber escuchar la llamada. “Quien tenga oídos, escuche lo que dice el Espíritu a las iglesias” (Ap 2, 11). Discernir es educar nuestro oído evangélico…

Trabajamos un artículo muy sugerente de José María Rodríguez Olaizola, sj, La hora de los indecisos (Sal Terrae, n.98, 2010, pp.485-494). Decidir implica riesgo, renuncia, apuesta, cierta incertidumbre, fuerza de voluntad (a veces se da una ‘inflación del deseo’), compromiso, soñar lo posible, tener derecho a equivocarse… “Jesús de Nazaret pasó por el mundo invitando a la gente a decidir. Sin forzarles ni imponerles un camino. Dándoles herramientas para acertar. Invitándoles a optar” (Rodriguez Olaizola, op.cit. p. 494). Como señaló el P. Rambla la palabra clave para el cristiano es Abbá (papá, mamá). El horizonte de elección es la respuesta de un amor. Es el riesgo del amor. En el amor nunca te equivocas, que no quiere decir que todo sea fácil y exento de dolor. Educar en la fe es educar en una relación amorosa. Es descifrar lo que le agrada al Señor que quiere lo mejor para mí… Así mismo nos presentó las cualidades del discernimiento cristiano:
- Conocimiento particular y práctico. Los grandes enunciados nos pierden. Las concreciones no sueles ser ni brillantes ni grandilocuentes. Lo concreto siempre es humilde. Se trata del qué hago, no del qué pienso.  
- Intuitivo y por connaturalidad. No es un proceso deductivo. Hay algo dentro que es como una intuición, es mi sensibilidad transformada.
- Oscuro, no evidente. Sobre lo evidente no es necesario discernir (no robar, no matar…). Es el ‘mientras tanto’, con la conciencia de que hay que transformar.
- Parte del centro de la persona e implica toda la existencia personal. Toca la cabeza y el corazón… transforma la sensibilidad para tomar decisiones con la mirada y el corazón de Jesús.

El P. Rambla también nos dio unas pautas o pasos para el discernimiento en común, que puede ser deliberativo (decide el grupo) o consultivo (el grupo opina y otra persona decide).
- Cambio de sujeto. Debemos pasar del yo al nosotros. Esto exige apertura y generosidad.
- Unidad de objetivo. ¿Compartimos el mismo fin, el mismo objetivo? Para San Ignacio lo que une a una comunidad es la unidad de objetivo. Él no hablaba de comunidad sino de cuerpo, personas que trabajan en sitios distintos con tareas diversas con una inspiración en común.
- Condiciones previas:
- Personales:  ¿estoy en sintonía con el fin? ¿tengo una actitud abierta?... La coherencia, el ser fiel a lo que pienso  y siento, no es ‘fosilización’ (quedarme anclado en una posición). Es necesario un sentido de perte-nencia y corresponsabilidad (exige cierta madurez grupal); así como el deseo de buscar la voluntad de Dios en común que exige creer en la mediación del hermano o hermana (Dios me puede hablar a través del otro).
- Información: sobre las personas, los recursos, las consecuencias, etc. Ser cristiano es estar en el mundo.
- Reflexión a la luz de los datos, las personas, las consecuencias, etc.  Para los cristianos es fundamental que esta reflexión sea orante.
- Escucha y comunicación. Para dialogar primero hay que preguntar y luego escuchar. La escucha es una condición de posibilidad de la comunicación.
- Reflexión sobre lo escuchado. ¿Qué ha sido nuevo? ¿Qué he visto desde una nueva perspectiva?
- Reacción compartida. ¿Ha pasado algo cuando nos hemos comunicado?
- Resumen, que supone retomar lo vivido, destilar lo escuchado.

El P. Rambla acabó con dos ideas fundamentales:
- No hay que apagar la utopía. La utopía es un horizonte al que no hemos llegado pero que nos mueve. Sirve para dar calidad a nuestra vida y a nuestros encuentros, para vivir con más profundidad.
- Uno debe trabajarse personalmente de forma habitual. Para esto puede servir el examen del día, una herramienta que San Ignacio consideraba esencial. Se trata de ‘re-ver’ mi vida, mirar de nuevo…

Después de volver a reflexionar sobre qué es el discernimiento respondería que es la herramienta del amor; el medio para hacer del amor el centro de nuestras decisiones…

Si alguien quiere profundizar en la metodología ignaciana de discernimiento, pinchar aquí.




jueves, 23 de junio de 2016

Nuevo Modelo Social: ¿razones para la esperanza?


El pasado 11 de mayo, con ocasión de su 60 aniversario, Caritas Diocesana de Bilbao organizó en el Auditorio ‘Pedro de Icaza y Aguirre’ (Universidad de Deusto) un acto bajo el título que encabeza esta entrada. La ponencia estaba a cargo de Adela Cortina- quien estaba presentada y acompañada por Galo Bilbao. [En el último trimestre del año la profesora Cortina será la primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Deusto]. Como todas las veces que he tenido la suerte de escucharle en directo estuvo estupenda, clara, concisa, cercana y desafiante.

Empezó la conferencia señalando que tiene la convicción de que los creyentes tenemos que ser ciudadanos (ciudadano ≡ ser su propio señor); podemos y tenemos que ser ciudadanos de nuestro tiempo. La fe inyecta vida, motivación y fuerza… Tenemos que trabajar codo con codo con quienes compartimos la ética cívica. Parece que la marcha de la historia va por el camino de la mirada compasiva y cordial, más que por el de la competición, el conflicto y el individualismo salvaje… Y eso apela al cuidado de los más vulnerables.

      A. ¿Cuáles son las razones éticas que reclaman el cambio?
1) Otro mundo es necesario, no sólo posible (como rezaba el lema del Foro de Porto Alegre, 2001). Y es necesario porque el que tenemos no está a la altura de lo que los seres humanos merecen; no está a la altura de las grandes declaraciones que hemos hecho (Declaración Universal de los Derechos Humanos, Objetivos del Milenio, Objetivos del Desarrollo sostenible, etc.)… tenemos que proteger y respetar los derechos de todos sin exclusiones.
El lenguaje nos compromete (‘le tomo a usted la palabra’)… cuando decimos “Declaramos”, es más que soñar o una utopía, supone un compromiso. Y nuestras realizaciones están muy por debajo de nuestras declaraciones…
2) Lo que es necesario es posible y tiene que hacerse real. Kant no habla de utopías sino de ideas regulativas.  Desde el punto de vista teórico nadie puede demostrar que hemos llegado a la paz perpetua, pero tampoco se puede negar. Cuando algo no se puede afirmar ni negar, estamos ante una idea regulativa; un uso de la razón práctica es orientar la acción. No debe haber guerras porque no es la forma adecuada de solucionar los problemas. Es una razón emocionada, motivada. La paz perpetua es una idea regulativa. Orienta la acción, hacia ahí debemos movernos; a la vez que supone una crítica para el momento actual, no estamos a la altura… Los derechos humanos son una idea regulativa. Y como son algo necesario hay que hacerlos realidad. No se discuten… el problema es cómo conseguimos hacerlos realidad.

Amartya Sen (Premio Nobel de Economía en 1998) señala, recuperando el sentido original de Adam Smith, que en el ámbito de la racionalidad económica el egoísmo es una motivación, pero no la única. Está también la simpatía. Y Sen añade también otra, el compromiso.  Egoísmo, simpatía, compromiso… suele ir mezclados, lo importante es ver cuáles debemos potenciar. [Para profundizar véase Pedrajas (2006)].
B. ¿Cuál es el nuevo modelo social?

Partió de un hecho evidente… El cambio es inevitable. Las sociedades cambian inexorablemente. La cuestión es hacia dónde cambian… Por eso lo importante es potenciar lo que queremos conseguir, para lo cual se tienen que aunar y articular los esfuerzos de tres esferas: 1) política; 2) económica y 3) social; teniendo claro qué le corresponde a cada uno de los actores.
1) Esfera política. El estado tiene que ser un estado de justicia, que busque el bien común. [Le gusta más hablar de estado de justicia que de estado del bienestar, aunque una tarea importante del momento presente es mantener lo conseguido. Igualmente prefiere hablar de bien común antes que de interés general, ya que la agregación de intereses siempre deja excluidos].  Acoger es una exigencia del estado social de derecho. Los miembros de una sociedad tienen que ver respetados sus derechos y se comprometen a proteger los de aquellos que estén en ese estado. El deber de hospitalidad se está incumpliendo en los últimos tiempos, de forma especialmente flagrante en la Unión Europea, lo que supone una fractura.

2) Esfera económica. Durante mucho tiempo se ha pensado que la economía no tiene que ver con la justicia. Para Amartya Sen la meta de la economía es ayudar a crear buenas sociedades, sociedades justas. Ya Aristóteles diferenciaba entre economía y crematística. Las sociedades necesitan los bienes materiales e inmateriales que puede aportar la economía. Estamos en un momento importante en el que incluso las empresas convencionales, aquellas que se mueven por ánimo de lucro, van a asumir los valores compartidos. Como dice Adela  “la responsabilidad social debe asumirse como una herramienta de gestión, como una medida de prudencia y como una exigencia de justicia”, aunque muchas veces se dice que es pura cosmética. El sistema económico se puede cambiar desde dentro, muestra de ello es la economía social y solidaria.

3) Esfera social, entendida como organizaciones solidarias (odia la expresión ONG) - cuya principal tarea es la solidaridad y la inclusión, el bien-ser y el bien-estar - y la sociedad civil. Todos debemos contribuir con las organizaciones sociales ya que realizan una tarea impagable (por eso no se paga) que proporciona cohesión social (hay que tener cuidado porque a veces e puede conseguir de manera injusta). Para eso tenemos que generar estilos de vida que sean universalizables. Mientras el consumo sea el motor de la producción no tenemos remedio, es la pescadilla que se muerde la cola. El estilo de vida de los que están mejor situados no es universalizable, acabaríamos con el planeta. Tampoco es universalizable el de las clases más bajas. Es universalizable el estilo de consumo de las clases medias bajas.
C. ¿Es posible el cambio?

Sí es posible una sociedad en la que se articulen las tres esferas. Ya hay semillas de cambio. Se trata de potenciar lo que fomenta dicho cambio y dejar de lado lo que no. Es difícil porque el desequilibrio entre declaraciones y realizaciones se debe al egoísmo humano (eso explica la corrupción ,los paraísos fiscales, etc.). Su equipo de investigación se adentró en la neuroética para ver si existía ese ‘gen egoísta’. Veamos algunos de sus descubrimientos.

Los seres humanos tenemos una dimensión egoísta, busamos el placer y huímos del dolor (núcleo accumbens). Pero el cerebro humano es también social. El individualismo es un invento para intentar legitimar determinadas actuaciones desde el mundo económico y social.

















Los seres humanos somos capaces de cuidar y cooperar. La ética del cuidado tiene una base biológica. No somos homo economicus, maximizadores del beneficio, seres que basan sus decisiones exclusivamente en el beneficio personal…  somos homo reciprocans. Lo nuestro es la cooperación. Estamos dispuestos a dar con tal de recibir, tal vez no de la misma persona a la que hemos dado. Las especies que más viven son las que se basan en el apoyo mutuo.  Kant afirmaba "el problema del establecimiento de un Estado tiene siempre solución, incluso cuando se trate de un pueblo de demonios: basta con que éstos posean entendimiento". La reciprocidad es la clave de nuestra sociedad contractualista. Respeto y protejo los derechos porque espero un retorno. ‘Hoy por ti, mañana por mí’. El egoísmo total es patológico.

Adela describió tres tipos de actitudes éticas:
  1.  Demonios estúpidos, sólo piensan en ellos mismos, sólo buscan su bien. A quienes actúan así ‘se les espera a la vuelta de la esquina’.
  2.  Demonios inteligentes, al menos cooperan ya que aunque a corto plazo no compense, a largo sí. 
  3. Personas inteligentes, justas y solidarias, que tienen sensibilidad moral y van más allá de la cooperación porque ésta tiene una limitación, excluye a los que no pueden devolver. Nuestros cerebros son ‘aporófobos’ (aporofobia, término acuñado por Adela, miedo y desprecio al pobre) y xenófobos, pero la persona con su libertad puede superar  estos miedos.
Afirmó que el s.XXI es el del paso de los demonios inteligentes a las personas. Es cuestión de desarrollar una sensibilidad suficiente, que es la tarea fundamental de las organizaciones solidarias. Se trata de hacer ver el valor de TODAS las personas y esto pasa por reforzar los vínculos. Somos vínculo. Los pactos son papel mojado si por debajo del contrato no está la tradición de la alianza (reconocimiento recíproco de los seres humanos; reconocimiento recíproco de su dignidad). Esto supone ir más allá de compromiso y adentrarnos en el terreno de la gratuidad. No es una utopía, es una realidad. Las personas tenemos valor, no precio. Recordemos la fórmula del fin en sí mismo del imperativo categórico de Kant: "Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio".

En el turno de preguntas recordó una reflexión de Perich en Autopista  (1970): “dicen que la velocidad de los vehículos es cuestión de caballos en el motor pero yo creo que es cuestión de burros al volante”. Esta reflexión me recordó una escena de la película Cadena de favores. “El reino de las posibilidades está dentro de vosotros… Aquí [señalando la cabeza]… Así que podéis hacerlo”… ¿Qué hago yo para cambiar el mundo?



Bibliografía
  • Pedrajas, M. (2006). "La transformación ética de la racionalidad económica en Amartya Sen. Una recuperación de Adam Smith". Quaderns de filosofia i ciéncia, 36, pp. 105-117. Disponible en: http://www.uv.es/sfpv/quadern_textos/v36p105-117.pdf [Consulta 22.06.2016]

jueves, 21 de enero de 2016

Lo que de verdad importa…

[He publicado esta entrada el 20.01.2016 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb -desaparecido el 01.07.2024]


El pasado 15 de diciembre de 2015 asistí en la Universidad de Deusto a una conferencia organizada por Deusto Alumni e impartida por Emilio Duró que llevaba por título “Piensa diferente: lo que de verdad importa”. No se puede negar que es un personaje curioso, con una gran fuerza y energía, con un estilo no muy académico y controvertido… pero es difícil que no arranque alguna sonrisa. Voy a compartir aquí algunas de las ideas que me hicieron reflexionar.

“La vida no te estalla por temas racionales, te estalla por temas emocionales”. Probablemente muchas personas que están en la calle es porque les estalló el corazón. Si no tienes  quién te quiera, si te faltan redes de apoyo, y se te junta un problema de trabajo y soledad… a cualquiera le puede suceder que se vea en la calle…

Si hiciésemos esta pregunta de forma generalizada e indiscriminada, ¿qué quieres ser en la vida?, probablemente obtendríamos mayoritariamente esta respuesta: “quiero ser feliz”. A todos nos gustaría ser: alegres, trabajadores, buenas personas, positivos, optimistas, leales… Y que nuestras parejas, nuestros hijos e hijas y las personas con quienes nos relacionamos también lo fueran… Y más teniendo en cuenta que uno de los cambios más importantes que hemos vivido como especie es el tremendo aumento en la esperanza de vida. En poco más de un siglo hemos pasado de tener una esperanza de vida de 30-40 años, si superábamos los primeros años de vida, a una que dicen que pronto será cercana a los 100 años… Se nos han añadido años a la vida pero lo importante es poner vida a los años… Pensemos… ¿se puede vivir 100 años con alguien aburrido, mal encarado, triste…? Es importante que desarrollemos el optimismo. Seguramente deberemos ajustar el sistema educativo para afrontar este gran cambio. No hay que dramatizar en la vida… “he salido mal en la foto”, “no me queda bien esta ropa”… Tenemos muy sesgada la mirada, muchas veces vemos sólo lo malo… Es importante que reeduquemos la mirada… Tenemos que aprender a vivir cien años con pasión, ilusión y optimismo.

Nos han machacado (o más bien podríamos decir que nos hemos dejado machacar) con que el sentido de la vida es ganarte la vida, y por lo tanto hay que elegir la profesión y las actividades que más dinero dan; hay que hacer aquello que te asegura un estatus y posición. “Uno es lo que piensa y como cambiamos de forma de pensar cambiamos de forma de ser constantemente”…  Nuestros pensamientos nos generan emociones y nuestras emociones nos generan pensamientos. Debemos ser conscientes de lo que pensamos y de lo que sentimos en cada situación. De ahí que sea muy importante que cada uno se pregunte, para salir de esa trampa [la del ganarse la vida]: ¿Qué es importante para mí? ¿Qué quiero en la vida y qué quiero de la vida? ¿Dónde quiero estar de aquí a veinte años? ¿Con quién? ¿Quién quiero ser?

Es importante enfrentar esas preguntas para no caer en lo que Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos, recopiló como los cinco arrepentimientos más comunes en las personas moribundas: 1) “Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera”; 2) “Ojalá no hubiera trabajado tanto”; 3) “Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía”; 4) “Habría querido volver a tener contacto con mis amigos”; 5) “Me hubiera gustado ser más feliz”.

RicElias, quien viajaba en la primera fila del avión que en 2009 aterrizó sobre el río Hudson, lo expresa en forma similar a través de los tres aprendizajes básicos que obtuvo de esa experiencia: 1) Todo cambia en un instante, y en ese momento pasa por tu mente esa lista de cosas por hacer o decir… No se puede aplazar nada en la vida; 2) Hay que eliminar la energía negativa de la vida y elegir ser feliz; no se puede desperdiciar el tiempo, hay que gastarlo en estar con las personas que importan; 3) Su principal objetivo en la vida es ser un gran padre. Esa experiencia cambió su vida y le dio la oportunidad de recomenzar con distintas prioridades. No hace falta vivir un suceso tan duro para redefinir el éxito en nuestras vidas…

Para terminar la conferencia Emilio Duró presentó algunas claves concretas para trabajar la ilusión y el optimismo, que cualquiera podría suscribir:
  • No te compares con nadie. Sé feliz con lo que tienes.
  • Cuídate: haz deporte; vigila tu alimentación; alimenta tu espíritu (medita, haz relajación…).
  • Estudia, lee, aprende cosas nuevas cada día.
  • Pon pasión en lo que haces; haz lo que te apasiona.
  • Pon amor en lo que haces; lo primero es el amor…



viernes, 2 de enero de 2015

Todo está en el corazón


Quiero empezar el año con un poema que he recibido a modo de felicitación... Me quedo con los versos iniciales y los finales... No hemos venido a conocer la vida sino a amarla... No hay que buscar nada fuera de uno mismo, todo está en el corazón... Me lo voy a grabar a fuego...

Todo está en el corazón [Ricardo León y Román (1877-1943), La lira de bronce (1901)]
No a conocer la vida, sino a amarla,
viniste al mundo; del amor naciste;
si es bella y es mujer, ¿quién a gozarla,
varón, mozo y poeta, se resiste?
Goza, como los niños y las aves,
del blando seno y el caliente nido;
no te apures jamás porque no sabes
de dónde vienes y por qué has venido.
Amor lo es todo, conocer no es nada:
¿quién la razón de la Razón conoce?
Deléitate en los brazos de tu amada
sin descender al fondo de tu goce.
Huye del triste, apártate del sabio,
de aquel que estruja la razón y el seso;
no se hizo la miel para su labio
ni su labio se hizo para el beso.
Nunca la duda el corazón te enfríe;
marchita su ilusión quien la razona:
no escudriñes el bien; goza y sonríe;
no te asombres del mal: ama y perdona.
No esquives los suavísimos regazos
del amor y la fe: ponte de hinojos,
que aquí está la verdad; tiende tus brazos,
abre tu corazón, cierra los ojos.
Huye de ese mortal desasosiego
que interroga a las sombras del Destino,
la vida es ciega y el amor es ciego,
pero nunca equivocan el camino.
Amalo todo, bebe de las rosas,
como la abeja, el zumo y la dulzura,
entrégate a la gracia de las cosas:
la vida, como el arte, es la ternura.
No deslustres su cándido atavío,
ni levantes la punta de su velo;
¿qué logras con pensar que está vacío,
que no es cielo ni azul tu hermoso cielo?
Renueva el corazón a cada hora
y aprende a renacer cada mañana,
como el paisaje al despuntar la aurora,
como el sol que amanece en tu ventana.
Sé artista, sé poeta, sé el espejo
del ancho mundo; aunque después te roben
los años su esplendor, no serás viejo:
la poesía es el arte de ser joven.
No te atraigan las sombras del abismo.
¿Qué importa adónde vas, de dónde vienes?
No busques nada fuera de ti mismo:
todo en tu propio corazón lo tienes.

 

viernes, 14 de febrero de 2014

Love actually is all around


El fin de semana volví a ver una película que me parece una delicia, Love Actually. Es más, este post lleva el título del tema principal de la banda sonora. La película es como un cuento de hadas con personajes y situaciones estereotipadas, buenas dosis de humor, y resulta muy adecuada para pasar un buen rato. Me quedo con el mensaje de fondo: de hecho, el amor está en todas partes. Si nos fijamos en los distintos personajes e historias que se entrecruzan vemos reflejados muchos 'tipos' de amor: el primer amor; el imposible (porque es la pareja de tu mejor amigo o porque la vida te ha dado responsabilidades que no puedes/quieres eludir); el que llega de la forma más insospechada; el despechado; el que se ha sumido en la rutina y ha dejado alguna grieta por la que se cuela una tercera persona; el que nunca volverá porque la persona amada ha fallecido; el inoportuno (porque se da en el ámbito de trabajo cuando se ocupa una posición de gran responsabilidad)... 

Pasamos mucho tiempo buscando el amor pero no siempre lo hacemos de forma adecuada. Queremos poseerlo cuando es más una cuestión de "ser" que de "tener". Podemos llegar incluso a mendigarlo, lo que hace que se nos escape de las manos o que se lo demos a una persona inadecuada... Además, muchas veces nos olvidamos de empezar por el amor más importante de todos, el amor a uno mismo. Nadie da lo que no tiene; es difícil que realmente ame a otros si no me quiero, valoro, respeto y cuido a mí mismo...

Me vienen a la memoria unas palabra de Khalil Gibran:


Me gusta mucho la reflexión de que al Amor (con mayúsculas) se llega atravesando el dolor. En un entrevista la escritora Isabel Allende, ante la pregunta de cómo le cambio la vida la muerte de su hija Paula, respondía: "Diría que es una experiencia purificadora, que te limpia; el dolor limpia de todo lo que es superfluo y va dejando lo esencial. Y lo que queda es el amor que das. La única manera de salir del dolor es atravesar el dolor. Es como un túnel, lo has de atravesar hasta el final, y nadie te puede ayudar". Y al final lo que queda es el Amor que das... ese es el gran mensaje. Y hay tanto amor para dar, tantas personas necesitadas de afecto, tantas ocasiones para demostrarlo... Todos necesitamos sentir en algún momento amor incondicional, es básico para construir una buena autoestima y para relacionarse de forma adecuada con otros. 

Para terminar, la que en mi opinión es una de las más bellas canciones de amor... Love of My Life