[Entrada publicada originalmente el 09.02.2011 en el
Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]
“No se puede empezar a recorrer
el camino de la felicidad hasta que sean mis pies los que marquen mi huella,
hasta que no sea mi corazón el que decida el rumbo, hasta que no sea yo quien
corra los riesgos de mis decisiones, hasta que no sepa quién soy y quién no
soy” (Bucay, 2008, p.63)
Hace unos meses leí un libro de Jorge Bucay que lleva por
título Las tres preguntas: ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Con quién?
(Barcelona, RBA, 2008). Voy a hacer aquí mi lectura personal del mismo. Para
Bucay esas tres preguntas suponen tres retos, tres desafíos a los que hay que hacer frente en ese orden.
¿Quién soy? Supone
enfrentarse al encuentro con uno mismo, mirarse cara a cara en el espejo, con
paciencia y cariño infinitos. Requiere el esfuerzo del autoconocimiento, de volverse
hacia dentro, de contrastar los propios deseos, las fortalezas y las
debilidades. Exige comprometerse con la construcción de la propia vida a través
de las decisiones que vamos tomando, elegir y rechazar opciones, discernir
nuestros deseos de las expectativas que otros han vertido sobre nosotros,
responsabilizarse, hacerse cargo, saberse protagonista de la propia vida (que
no actor único). En palabras de Bucay, avanzar en el camino de la autodependencia… Y esto cuesta en los tiempos que nos
ha tocado vivir que invitan a la superficialidad, la rapidez y la
desresponsabilización.
¿Adónde voy? “La
felicidad es la tranquilidad de quien sabe con certeza que está en el camino
correcto” (Bucay, 2008, p.125). Lo importante es saber el rumbo, conocer mi norte, para así encaminar mi
energía hacia la acción adecuada, desde un optimismo realista. Hay quienes
equivocan el rumbo y optan por el éxito o el poder como único objetivo, la
persecución del placer instantáneo, la huida sistemática del dolor y los
problemas, etc. Si hay rumbo es posible
encontrar el sentido a las distintas experiencias que vamos teniendo.
¿Con quién? “Las
semejanzas llevan a que nos podamos encontrar. Las diferencias permiten que nos
sirva estar juntos” (Bucay, 2008, p.250). En el camino de realizarnos como
personas iremos teniendo encuentros que no siempre acabarán siendo relaciones
íntimas; pero sólo éstas últimas cobran verdadero sentido en dicho camino. Para
que se dé intimidad debe existir,
independientemente de que hablemos de un amigo, una pareja o un hermano: amor (cariño, afecto), confianza (un grado de sinceridad que
excluye la mentira) y atracción (me
tiene que gustar lo que el otro es). Y
estas relaciones pueden durar toda la vida o tener fecha de caducidad por lo
que será muy importante aprender a elaborar los duelos, aprender a desprenderse
y no aferrarse ni a nada ni a nadie.
Tres grandes desafíos que hay que enfrentar por ese orden. Necesito saber quién soy para poder elegir
mi rumbo y una vez en el camino estar abierto a encuentros que puedan
convertirse en relaciones íntimas y aportar sentido a mi existencia.
¿Te has enfrentado a estas tres preguntas?... ¿A qué esperas?
Bibliografía:
Bucay, Jorge (2008): Las tres preguntas: ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Con quién? Barcelona:
RBA
[Entrada
publicada originalmente el 01.02.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de
EITB, desaparecido el 01.07.2024]
“Nuestros miedos no detienen a la
muerte, sino al amor y a la vida. El miedo con todo su poder, no puede vencer
ni detener a la muerte, pero sí puede detener al flujo de la vida que nos
conduce a la paz interior” Jaramillo, Jaime (2007): Te amo... pero soy feliz sin ti.
Bogotá: Ediciones Versalles, p.103
Jaime Jaramillo, en
su libro Te amo... pero soy feliz sin ti propone una serie de
herramientas sencillas y eficientes que han sido probadas por personas de
diferentes culturas, edades, religiones, etc. y que ayudan a recuperar la
conscienciay a evitar sus dos grandes enemigos, los apegos y el miedo.
Una idea fundamental es que la solución a estos dos últimos no está en el
exterior, no depende de nada ni nadie, sino que está en el interior de cada
uno. “Recuerda siempre que donde pones tu mente, allí estará tu corazón”
(p.14).
El apego implica que dependemos psicológica o
emocionalmente de otras personas o de ciertas cosas. Supone que depositamos
en ellas nuestra felicidad y empezamos a vivir condicionados. La felicidad pasa
a estar en el exterior, en manos de otras personas. “El apego se nutre del
miedo y estos miedos son el origen de todo el sufrimiento humano; debido a
estos miedos, desarrollamos un sistema de autodefensa o negación persistente
que nos lleva al autoengaño” (p.21).
Existen tres tipos de apegos que pueden tener diferentes
manifestaciones e intensidad a lo largo de nuestra vida. El apego
afectivo, que se puede confundir con el amor y se muestra con mayor
intensidad en las relaciones de parejas o ante la muerte de un ser querido,
implica que convertimos a la otra persona en la razón de nuestro ser. El apego
material supone centrar la felicidad en el tener, poseer y ostentar; lo que
lleva a creer que valemos más por lo que tenemos que por lo que somos. El apego
ideológico, las creencias falsas y los fanatismos extremos, están en la
base de los peores pasajes de la historia y es el origen de guerras y
rivalidades. “La solución está en tus manos. No importa cuál sea tu
situación; realmente, la solución es la misma para todos, y cada uno tendrá que
recorrer su propio camino” (p.38). Se trata de despertar, de elegir y decidir
salir del estado de inconsciencia en el que te encuentras.
El camino del despertar es espiritualy se soporta
en la visualización creativa, la meditación y el servicio a los demás. “La
verdadera espiritualidad consiste en que nada, ni nadie, ni ningún suceso o
acontecimiento nos pueda perturbar. Y, si por alguna razón, en algún
momento algo nos perturbara, la espiritualidad nos da el poder de elegir
conscientemente y dejar de lado aquello que nos causa sufrimiento”. Para lograr
la paz interior debemos armonizar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro
espíritu. Y para ello debemos abrir nuestra mente y nuestro corazón y
desarrollar la capacidad de escucha. Es importante que observemos nuestras
relaciones con el mundo y con los demás; que identifiquemos las emociones y
pensamientos que manejan nuestra vida; que reconozcamos las creencias que nos
hacen daño y causan apego; que analicemos nuestro miedos; que identifiquemos y
trascendamos el dolor, que es un indicador de que hay que cambiar.
La visualización creativa nos ayuda a acabar con
nuestras barreras internas, miedos y dudas y atraer aquello que deseamos, pero
no para controlar el comportamiento de los demás o hacerles que vayan en contra
de su voluntad. Su poder radica en que el cerebro no distingue entre un
acontecimiento real y uno imaginado; y por ello, si creamos una realidad
interior el cerebro crea, automáticamente, la pauta que nos lleva a los
resultados.
La meditación es la llave para acceder a tu interior
y está al alcance de cualquiera; “es volver a lo básico, a tu hogar, a tu
templo sagrado, en el que sólo el amor y la paz reinan. (...) lograr ese estado
de consciencia es más que una experiencia; eres tú, es tu propio ser en toda su
plenitud” (p.175).
El servicio a los demás, un servicio generoso y
desinteresado, realizado sin esperar nada a cambio potenciará todo tu trabajo
interior y dará sentido a tu vida. Es la herramienta más silenciosa pero mas
poderosa en el camino de la liberación interior.
“Cuando realmente estás disfrutando del estado de
consciencia pura que es el amor, el apego desaparece, por eso deja de hacer
reclamos, expectativas y exigencias” (p.87)
¿Te animas a abrir las alas a una nueva dimensión
liberadora?
[Entrada
publicada originalmente el 29.06.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de
EITB, desaparecido el 01.07.2024]
A lo largo de la vida me he encontrado tanto con personas
que decían tener buena suerte como con otras que permanentemente se quejaban de
su mala suerte y de lo mal que les ha tratado la vida, a la par que negaban
cualquier responsabilidad por su parte (aunque no fuera de forma explícita).
Yo, ciertamente, me encuentro en el primer grupo. Soy feliz con la vidaque
tengo, que en parte me la he labrado y en parte ha estado condicionada por
múltiples factores, uno de ellos la suerte.
Acabo de leer el libro El mito de la diosa fortuna de
Jorge Bucay (Barcelona, RBA, 2006) y me ha gustado mucho el enfoque que hace
del tema de la suerte. “En principio, hablamos de suerte cuando alguien se
ve afectado significativamente por un acontecimiento inesperado” (p. 30).
Ante este tema se pueden encontrar tres posturas que se basan en las tres ideas
que presento a continuación:
La suerte no existe, postura de los cientificistas
que afirman que todo tiene una causa, una razón de ser;
La suerte existe y no depende ni de nuestros deseos ni
de nuestras acciones, esta postura está emparentada con supersticiones o
antiguas costumbres de origen incierto cuyo objetivo es explicar por qué
ocurren las cosas;
La suerte existe y nos afecta pero se puede incidir
sobre ella. Yo me inclino por la última, reconociendo que no basta con una
buena actitud y un cúmulo de méritos y virtudes para que la suerte nos sonría.
Como dice Bucay (2006, p. 38): “El azar, por supuesto, no
es ecuánime ni ético ni razonable... Y mucho menos justo. Lo sospechamos y
confirmamos cuando la buena suerte beneficia a quienes nosotros sabemos que no
se lo merecen o cuando la mala suerte golpea a los inocentes o desprotegidos”.
Bucay (2006, pp.54-56) señala que para calcular si habrá
suerte, suponiendo que se pudiera, deberíamos sumar nuestra Fortuna, más el
Destino, más el Azar. Nuestra fortuna estaría constituida por todos los
recursos con los que contamos, tanto internos como externos. El destino sería
aquello que está predeterminado. Y el azar sería esa cuota de lo impredecible
que siempre existe y que, como él señala más adelante, forma parte del atractivo
de la vida; el hecho de no saber a ciencia cierta el resultado de nuestras
acciones evita que nos aburramos. Pero aún falta añadir lo adecuado y efectivo
(o no) de nuestra acción más comprometida. Nuestras acciones están
necesariamente relacionadas con nuestras decisiones y en estas influye lo que
podríamos llamar nuestro talento. “Soy, si no el único causante, al
menos un cómplice necesario de todo lo que me ocurre” (Bucay, 2006, p. 56).
Acabo, la negrita es mía, con el texto del epílogo del libro
(Bucay, 2006, p. 158):
Recuerda...
Deberás estar atento, con los
ojos bien abiertos y la mirada curiosa.
Deberás cambiar de lugar en vez de esperarla siempre
en el mismo sitio, porque bien podría ser que ya haya pasado por allí y nunca
repita su paso.
Deberás verla, reconocerla.
Tendrás que acercarte cuando
pase por tu lado: si te distraes no la podrás agarrar ni de la trenza porque
esta cuelga hacia delante.
Si se te escapa no la persigas,
porque corre mucho más rápido que tú.
Sólo aprende y permanece alerta
para la próxima vez que te cruces con ella.
Me preguntarás: ¿qué pasa si nunca más te la encuentras...?
No me preguntes ni me preguntes cómo lo sé...
Pero, si te mantienes en movimiento, te la volverás a encontrar... No
lo dudes.
¿Y tú cómo te relacionas con la suerte?
Bibliografía:
Bucay, Jorge (2006): El mito de la diosa fortuna.
Barcelona: RBA
Rovira Celma, Alex y Tríaas de Bés, Fernando (2004): La buena
suerte. Barcelona. Empresa activa.
[Entrada publicada originalmente el 10.06.2009 en
el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]
Acabo de leer el libro El filósofo
y el lobo(Barcelona, Seix Barral, 2009)de Mark Rowlands. Este libro lleva
como subtítulo Lecciones sobre el amor y la felicidad y narra los
aprendizajes del autor, Doctor en Filosofía y profesor en distintas
universidades, tras diez años de convivencia con Brenin, un lobo, a los que más
tarde se sumaron Nina (cruce de malamute y pastor alemán) y Tess (hija de
Brenin y una pastor alemán).
El libro cuenta, de una forma
experiencial a la vez que introduce cuestiones filosóficas, las similitudes y
diferencias entre el simio y el lobo. Aquí quiero compartir dos de las
cuestiones que más me han gustado: por un lado la idea del mal; y, por
otro, la diferencia entre las criaturas del tiempo y las criaturas
del momento.
Rowlands no está de acuerdo con la
moderna noción del mal cuyos dos argumentos principales son que el mal sólo
existe en lo marginal (en los desfavorecidos psicológica o socialmente) y
que no es culpa de nadie (si quien realiza el mal es un enfermo mental o
sus circunstancias sociales le han negado toda oportunidad, no podemos
considerarle responsable de sus actos, no es moralmente malo). En su opinión “el
mal es cotidiano, normal, banal” (p.121). El mal que resulta de una
intención de causar dolor y sufrimiento, y su disfrute, es la excepción y no la
norma. Acciones realmente malas son fallos en el cumplimiento del deber
moral (que consiste en proteger a los indefensos de aquellos que los
consideran inferiores, y por tanto prescindibles) o del deber epistémico
(deber de someter las propias creencias a un examen crítico). Y lo ilustra
con un ejemplo en el que se ven dos actos de maldad, partiendo de que
dichos actos no tienen nada que ver con el regodearse en el sufrimiento ajeno:
1) los repetidas violaciones de un padre a una hija, si éste no comprendiese
que lo que hacía está mal y lo considerase natural estaría cometiendo un fallo
contra el deber epistémico; y 2) la complicidad activa de la madre, que está
fallando en el cumplimiento del deber moral de proteger a la hija (y es
irrelevante el terror que pueda sentir hacia el padre).
“Los seres
humanos no somos capaces de ver el mal en el mundo porque nos distraen de tal
modo los motivos brillantes y lustrosos que no reparamos en la fealdad que
encubren” (p.120)
Esta visión del mal me ha resultado
enriquecedora ya que siempre tiendo a creer que debe haber razones para un
actuación mala. Me cuesta creer que existe un mal que se pueda cometer bien por
ignorancia o empecinamiento, bien por irresponsabilidad o insensibilidad ante
quien está en una situación de inferioridad o debilidad.
Relacionado con temas como el sentido de
la vida, la muerte y la felicidad Rowlands introduce una distinción que me
parece muy sugerente. Según él, los seres humanos y los lobos tenemos una relación
distinta con el tiempo. Los lobos son, sobre todo, criaturas del
momento, aceptan cada momento por separado.Los seres humanos
somos más criaturas del tiempo. Concebimos el tiempo como una línea que
se extiende del presente al pasado. Y esto nos puede hacer neuróticos de una
forma que las criaturas del momento no lo son, pasamos una cantidad exagerada
de tiempo anclados en un pasado que no volverá o proyectados en un futuro que
está por venir. Miramos a través de los momentos más que mirar los momentos en
sí. Los momentos para nosotros son los fantasmas del pasado y del futuro.
Hace muchos años vi la película El
club de los poetas muertos en la cual el lema que les inculcaba el
profesor, Robin Williams, era la famosa frase del poeta romano Horacio, Carpe
Diem [Carpe diem quam minimum credula postero - 'Aprovecha el día, no confíes
en mañana']. Hay quien hace una versión simple de este lema y lo
interpreta como el vivir el momento al límite sin preocuparse por nada más. Tampoco
es eso, se trata de “arrancarle pedacitos al tiempo”, de conseguir vencerle la
batalla al tiempo, de lograr que el tiempo no nos quite vida (ni por quedarnos
en el pasado ni por esperar siempre a un mañana). Esto es especialmente
importante a medida que nos vamos haciendo mayores o cuando nos diagnostican
una enfermedad terminal y vemos más de cerca la muerte.
Acabo con unas citas del libro para que
cada quien saque sus conclusiones.
“Somos
seres mortales, seres que siguen el rastro de la muerte de un modo que,
pensamos, ningún otro animal es capaz de hacer. Tanto el sentido de nuestra
vida como el final de nuestra vida se encuentran más adelante en la línea,
razón por la cual dicha línea nos fascina y nos horroriza. Ése es, en esencia,
el dilema existencial de los seres humanos” (pp.238-9)
“La muerte
no es el límite de mi vida. Siempre he llevado la muerte conmigo” (p. 247)
“El sentido
de la vida reside precisamente en aquellas cosas que las criaturas temporales
no podemos poseer: momentos” (p.267)
Los días 30 de septiembre y 1 de octubre unas 30 personas asistimos
en Las Matas (Madrid) al encuentro organizado por el grupo de Diálogo de personas de creencias diversas del
Movimiento de los Focolares [ver web] con el sugerente
título: Dios ¿existe? Encuentro de
diálogo entre personas de convicciones diversas. Fueron unos días intensos y de gran
profundidad por todo lo vivido y compartido.
Según el estudio de Ipsos “Global Religión 2023: Creencias
religiosas alrededor del mundo” un 61% de la población mundial (44% en España)
afirma que cree en Dios o en alguna fuerza superior, mientras que un 21% (32%
en España) asegura no creer en nada (Ipsos,2023). Si tenemos en cuenta la teoría de la sabiduría de los grupos (ver Sánchez,2022), que nos dice que ante preguntas complejas se obtienen respuestas más
rápidas y adecuadas en la medida en la que se pregunta a más personas, los
datos del estudio parecen sugerir que en este momento no hay una respuesta
clara a la pregunta de si Dios existe. Es más, podríamos incluso cuestionarnos
si la pregunta es pertinente.
La mañana del primer día dieron su respuesta a la pregunta
que nos convocaba tres personas, una desde el ateísmo, otra desde el
agnosticismo y otra desde la fe católica. Hagamos primero la distinción. Ateo
es una persona “que no cree en la existencia de Dios (o dioses o divinidades) o
que directamente lo niega”, mientras que una persona agnóstica “no afirma la
existencia e inexistencia de Dios (o dioses), no tiene certezas para creer,
pero al mismo tiempo considera que se trata de una cuestión que la capacidad
humana no puede resolver, esto es, inherentemente incognoscible” (Sánchez,2023).
Respuesta desde el
ateísmo
Miguel Ángel Royo
nos dio su visión tomando como apoyo los argumentos del libro El alma del ateísmo de André
Comte-Sponville, en el que se propone una espiritualidad sin Dios. Razones
para no creer en la existencia de Dios:
Debilidad de las pruebas
de su existencia. Tradicionalmente se han utilizado tres pruebas de la
existencia de Dios: a) Ontológica, Dios
existe por definición, por esencia; b) Cosmológica,
se parte de la existencia del mundo, y se dice que tiene que poder explicarse
su existencia, tiene que haber una causa fuera de sí mismo; c) Físico-teológica, el mundo existe y
tiene una complejidad inaccesible por lo que tiene que haber una inteligencia
ordenadora.
Carencia de
experiencias de Dios. Los seres humanos nos escondemos por vergüenza o por
miedo. ¿Qué razones podría tener Dios para ocultarse? Se suele argumentar que
se oculta para respetar la libertad del ser humano. Ese argumento se puede
rebatir. Si se nos oculta seríamos más libres que Dios y sus profetas porque
ellos no pueden elegir no creer. Además, hay menos libertad en la ignorancia
que en el conocimiento. Es más, que no se muestre parece incompatible con la
idea de un Dios Padre.
Una explicación
incomprensible. ¿Cómo podemos explicar algo que no se entiende (el mundo,
la vida, etc.) con algo que se entiende aún menos, que es Dios?
La existencia del mal,
su amplitud, su atrocidad, su desmesura, su banalidad. Este es el argumento
más antiguo y más fuerte.
La mediocridad del
ser humano. Somos hijos e hijas de la tierra y eso se nota. Tenemos que ser
más humildes (humus es la raíz del
término humildad). Cuesta pensar que estemos hechos a imagen y semejanza de
Dios.
El deseo y la
ilusión. ¿No resulta sospechoso que Dios se nos presente como la respuesta
a nuestros mayores anhelos: no morir definitivamente, reencontrarnos con
nuestros seres queridos, ser amados incondicionalmente, etc.?
Respuesta desde el agnosticismo
Jordi Illa contó
su experiencia con el soporte del libro Inteligencia espiritual de Francesc
Torralba [hace tiempo escribí una entrada
sobre el mismo] cuya tesis es que existen un sentido espiritual, unas
necesidades de orden espiritual que no se pueden desarrollar de otro modo que a
través de la Inteligencia espiritual.
Explicó el modelo de tres capas, que a él le ha
servido para situar su experiencia vital,
en el que la Espiritualidad es la
más profunda y común a todas las personas. Sobre ella estaría la Religiosidad que responde a la
necesidad de sentirse unido a algo que trasciende. Y en último lugar estaría Confesionalidad que hace referencia a
los ritos, rituales, dogmas, etc.
Nos presentó el vídeo en el que Carlos Blanco responde desde su
posición agnóstica: “Lo que nosotros estamos diciendo de Dios es el límite de
nuestra imaginación: el ser perfecto, autosubsistente (…) Todavía no somos capaces
de imaginar algo mejor sobre Dios (…) Es el límite al que puede tender la mente
humana, es lo máximo que tú puedes imaginar y razonar”.
Respuesta desde la fe
católica
Ita Pi empezó
diciendo que elaborar su respuesta le supuso hacer un ejercicio de profundización
importante. Ella tiene una creencia vital muy fuerte. A día de hoy diría que
cree en un Dios sin rostro (sin una forma determinada), no por impersonal, sino
porque ha ido cambiando su imagen con el tiempo. A medida que se ha ido
alimentando de otras religiones y espiritualidades su creencia, recibida en
primera instancia de su familia, se ha afianzado, se ha hecho más profunda.
Siente algo muy bello que es que no sólo ella está en busca de Dios, sino que
Dios también le busca a ella.
Vimos el vídeo en el que José
Cobo y Javier Melloni dialogan con ocasión de la presentación del libro Dios sin Dios. Una confrontación. Resulta
muy sugerente la invitación de Melloni a vivir desde Dios, buscando desde
dentro, porque desde ahí es desde donde se abre el camino al otro, al hermano.
A las exposiciones
siguió un diálogo muy profundo en el que cada persona reaccionó desde su
experiencia y su momento vital:
“Soy creyente en búsqueda… en
proceso… en camino”.
“Más que una creencia es una
experiencia… A veces siento y también hay períodos en los que no siento nada”.
“Este grupo ayuda a estar en una
actitud de apertura y cuestionamiento”.
“No sé si existe Dios, pero igual
se manifiesta a través de esta lágrima”.
“No soy creyente, pero sí existe
el amor”.
“Soy agnóstico por prudencia
intelectual, también comparto argumentos con el ateísmo. He llegado a un
momento en el que no me pregunto si Dios existe”.
“Para mí, participar en este
grupo ha supuesto una gracia grande. Me ha hecho aterrizar, profundizar”.
“Tengo la experiencia de sentirme
sostenida, acompañada, por algo diferente de mi conciencia”.
Tuvimos también ocasión de trabajar el Decálogo para el diálogo de Iñaki Guerrero. Insistimos en la necesidad
de ser valientes para afrontar conversaciones, la condición de que la otra
persona quiera dialogar, la conveniencia de generar espacios de confianza y
amistad para favorecer el diálogo,
la importancia de la atención plena, la dificultad de escuchar sin
juzgar o valorar, el riesgo de ser esclavos de nuestras ideas, convicciones o
posiciones, etc.
Transconfesionalidad
La segunda mañana contamos con la aportación de Lucas Cerviño desde el otro lado del
Atlántico y en un horario de madrugada para él. Empezó explicando cómo se ha
dado un fenómeno de transformación de lo espiritual, una metamorfosis de lo sagrado. En los años 60-70 del siglo pasado se
hablaba de la muerte de Dios, pero eso no se ha dado. Se ha pasado de poner el foco
en el contenido de lo que se cree (creencia y transmisión) al sujeto que cree
(experiencia, búsqueda). Nos encontramos ante un pluralismo de respuestas al
sentido de la vida,
una ruptura del monopolio de sentido de las religiones. Se da un mayor nivel de
personalización, que no individualización. Estamos en un período en el que
prima la autonomía del sujeto. Existen también otras dos claves que atraviesan
de forma transversal el fenómeno: la ecología (interconexión) y la
incorporación de lo femenino.
Propuso un matización
al modelo de tres capas. Incluyó una capa más profunda, la interioridad, que es el núcleo al que toda espiritualidad tiene que
responder. Existe el riesgo de muchas ofertas, muchas experiencias, que no
conectan con la interioridad. La interioridad no es un encierro, un ejercicio
de intimidad. Supone la conciencia de estar atravesados por lo infinito, por la
inmensidad. Es donde surge la individualidad y la libertad; desde ahí brota la
responsabilidad hacia los demás y lo demás; es un espacio vital para la felicidad
humana, el lugar donde brota el ser únicos e irrepetibles. Si la Espiritualidad
no conecta con la interioridad se convierte en intimismo, en consumismo. Si la
religiosidad no conecta con la interioridad se transforma en fetichismo, magia.
Si la confesionalidad no conecta con la interioridad se queda en ritualismo,
moralismo.
El estar atravesados
por el infinito tiene distintas cristalizaciones. La transconfesionalidad
supone establecer un diálogo entre estas distintas cristalizaciones. Estamos
llamados a hacer diálogos desde distintas formas de conectar con la realidad
última. Se puede hablar de experiencias de comunión desde la reflexión y el
diálogo. Podemos sentirnos un cuerpo, un nosotros, donde se mantiene la
especificidad de cada uno.
Estamos llamados y llamadas a realizar un triple descentramiento:
1) Hacia el Misterio, la realidad última, lo que conecta con tu centro más
profundo; 2) Hacia el prójimo, el otro distinto y diferente; 3) Percibir lo
sagrado en la naturaleza, en la Creación, que tiene que ver con cómo me
alimento, cómo uso los recursos, cómo consumo, etc.
Mi impresión y
vivencias “fuera de programa”
Después del recorrido de los dos días tuve una intuición muy
profunda. Probablemente el diálogo transconfesional sea la única vía para
conseguir un entendimiento profundo. Conectar con la interioridad que nos
habita y en la que habitamos nos lleva a transformar una realidad que nos
duele. Es la forma de romper barreras y de transformar juntos. Si no, podemos
caer en la acción por la acción o en el error de tratar de convencer a otras
personas. Podemos dialogar y encontrar puntos de encuentro desde formas
diversas de conectar con la realidad total, la realidad última.
Y no podemos olvidar los momentos de conversación informal,
los paseos, la velada con pruebas por equipos, los momentos de poesía e
imágenes con música. Las intuiciones y las preguntas que cada uno se llevó
consigo. Me quedo con una frase que nos recordó Lucas del Papa Francisco: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano
en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios” (Exhortación
Apostólica Evangelii Gaudium, n.272).
[He
publicado esta entrada el 17.08.2020 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Hace unos días escuchaba, después de mucho tiempo de no hacerlo,
el tema Sueños de Diego Torres,
cantautor y actor argentino, muy conocido, además, por Color esperanza. El vídeo comienza con una pregunta, que más de una
vez me he hecho… Si pudieras volver el
tiempo atrás ¿harías lo mismo?
Hacerse esa pregunta es una gran tentación porque encierra la
ilusión de que cambiando una sola decisión cambiaríamos completamente el rumbo
de nuestra vida… ¡Como si existieran máquinas del tiempo que nos permitieran
volver a ese punto y ya todo sería perfecto! Ciertamente, hay momentos en los
que tomamos decisiones de gran trascendencia o que pueden tener unas consecuencias
muy relevantes. Hay elecciones que cruzan líneas de no retorno (como, por
ejemplo, matar a una persona), pero cada
acto y cada decisión nos marcan y nos modelan.
En clase de Ética, me
gusta insistir en la relación entre actos,
actitudes y carácter. Ninguna persona nace distinguiendo el bien del mal.
Es algo que vamos aprendiendo por lo que nos enseñan nuestras personas de
referencia y lo que vamos experimentando en carne propia. Desde el punto de
vista de la ética, cada acto es importante y puede ser bueno o malo. Más
importantes son las actitudes, que son predisposiciones que vamos desarrollando
por la repetición de actos. Y lo verdaderamente significativo es cómo es
nuestro carácter, esa segunda naturaleza, ese modo de ser adquirido que vamos
construyendo con nuestras elecciones y que puede tender hacia el bien o hacia
el mal.
Para mí,
quizá sea por mi momento vital, el sueño más destacado es aquel en el que
visualizo a la persona que quiero ser, que muestra la imagen con la que quiero
que me recuerden quienes me hayan conocido. Me mueve más la pregunta: ¿Es así
como quieres que te recuerden? ¿Esto te acerca a la persona que quieres ser? No
se trata tanto de pensar cómo hubiera sido mi vida de haber elegido otros
caminos, sino de ver cómo recorro el camino que me queda partiendo del lugar en
el que estoy y teniendo siempre presente cuál es el ideal de persona al que
quiero acercarme.
Me quedo con los versos finales de la canción…
Deja que tus sueños sean olas que se van Libres como el viento en mitad del mar Creo que la vida es un tesoro sin igual De los buenos tiempos siempre quiero más Deja que tus sueños sean olas que se van Creo que la vida es un tesoro sin igual Me dejo llevar.
Hace poco
más de dos años comencé mi personal camino de Ignacio. En esta ocasión hemos cambiado de
emplazamiento. Del 28 al 30 de septiembre nos hemos reunido en Javier (Navarra),
en lugar de Loiola. El primer día contamos con el jesuita y teólogo Josep M. Rambla Blanchcon quien trabajamos el
tema del discernimiento. Comentaré aquí algunas de las ideas recogidas. Hablamos
del discernimiento cristiano (en concreto de la pedagogía propuesta por San
Ignacio de Loiola) pero muchas de las ideas pueden servir para cualquier
persona, creyente o no.
Comenzó
señalando que la pasión, la calidez, la
ilusión… nos tienen que comer por dentro para poder contagiar. Tiene que
darse una sobria ebriedad… para poder transformar nuestras vidas y los lugares en los que
estamos. A renglón seguido nos preguntó qué nos sugería el término
discernimiento. Las respuestas fueron muy interesantes:
Elegir desde la razón con el corazón;
Sentir que decides a la ignaciana;
Elegir entre dos cosas buenas;
Profundizar…
Podríamos
empezar preguntándonos por qué tiene
sentido hablar de discernimiento para un cristiano:
- Porque como señaló S. Pablo: “no
vivís bajo la ley, sino bajo la gracia”
(Rom 6, 14). Convertir los evangelios en un código es desvirtuarlos. Debemos
dejar que el Espíritu trabaje en nuestros corazones. “El discernimiento es algo
personal, ya que Dios nos conoce a cada uno por nuestro nombre y se nos
comunica de forma individual e irrepetible” (P. Rambla, sj).
- La
vida cristiana es creatividad. O creamos o no somos fieles a Jesús de
Nazaret. Está claro que cada uno lo va a hacer desde su lugar social (que está influido por la educación, la trayectoria,
la familia, la formación, etc.). Cada uno debe tocar el instrumento que le
corresponde pero con una sintonía de fondo…
- Marcel Légaut distingue entre religiones de autoridad y religiones de
llamada. “No hay ninguna doctrina que
pueda ser comprendida y tenga que ser aceptada de la misma forma por todos los
hombres. No hay ninguna ley que pueda ni tenga que ser cumplida por cualquier
hombre y en cualquier circunstancia que sea” (Marcel Légaut). El cristianismo es una religión de llamada.
El discernimiento sirve para saber escuchar la llamada. “Quien tenga oídos, escuche
lo que dice el Espíritu a las iglesias” (Ap 2, 11). Discernir es educar nuestro
oído evangélico…
Trabajamos
un artículo muy sugerente de José María Rodríguez Olaizola, sj, La hora de los indecisos (Sal Terrae, n.98, 2010, pp.485-494). Decidir implica
riesgo, renuncia, apuesta, cierta incertidumbre, fuerza de voluntad (a veces se
da una ‘inflación del deseo’), compromiso, soñar lo posible, tener derecho a
equivocarse… “Jesús de Nazaret pasó por el mundo invitando a la gente a
decidir. Sin forzarles ni imponerles un camino. Dándoles herramientas para
acertar. Invitándoles a optar” (Rodriguez Olaizola, op.cit. p. 494). Como señaló el P. Rambla la palabra clave para el
cristiano es Abbá (papá, mamá). El
horizonte de elección es la respuesta de un amor. Es el riesgo del amor. En
el amor nunca te equivocas, que no quiere decir que todo sea fácil y exento de
dolor. Educar en la fe es educar en una relación amorosa. Es descifrar lo que
le agrada al Señor que quiere lo mejor para mí… Así mismo nos presentó las cualidades del discernimiento cristiano:
- Conocimiento
particular y práctico. Los grandes enunciados nos pierden. Las concreciones
no sueles ser ni brillantes ni grandilocuentes. Lo concreto siempre es humilde.
Se trata del qué hago, no del qué pienso.
- Intuitivo
y por connaturalidad. No es un proceso deductivo. Hay algo dentro que es
como una intuición, es mi sensibilidad transformada.
- Oscuro,
no evidente. Sobre lo evidente no es necesario discernir (no robar, no
matar…). Es el ‘mientras tanto’, con la conciencia de que hay que transformar.
- Parte
del centro de la persona e implica toda la existencia personal. Toca la
cabeza y el corazón… transforma la sensibilidad para tomar decisiones con la
mirada y el corazón de Jesús.
El P. Rambla
también nos dio unas pautas o pasos para el discernimiento en común, que puede ser deliberativo (decide el
grupo) o consultivo (el grupo opina y otra persona decide).
- Cambio
de sujeto. Debemos pasar del yo al nosotros. Esto exige apertura y
generosidad.
- Unidad
de objetivo. ¿Compartimos el mismo fin, el mismo objetivo? Para San Ignacio
lo que une a una comunidad es la unidad de objetivo. Él no hablaba de comunidad
sino de cuerpo, personas que trabajan en sitios distintos con tareas diversas
con una inspiración en común.
- Condiciones
previas:
- Personales: ¿estoy en sintonía con el fin? ¿tengo una
actitud abierta?... La coherencia, el ser fiel a lo que pienso y siento, no es ‘fosilización’ (quedarme
anclado en una posición). Es necesario un sentido de perte-nencia y
corresponsabilidad (exige cierta madurez grupal); así como el deseo de buscar
la voluntad de Dios en común que exige creer en la mediación del hermano o
hermana (Dios me puede hablar a través del otro).
- Información: sobre las
personas, los recursos, las consecuencias, etc. Ser cristiano es estar en el
mundo.
- Reflexión a la luz de los
datos, las personas, las consecuencias, etc.
Para los cristianos es fundamental que esta reflexión sea orante.
- Escucha
y comunicación. Para dialogar primero hay que preguntar y luego escuchar.
La escucha es una condición de posibilidad de la comunicación.
- Reflexión
sobre lo escuchado. ¿Qué ha sido nuevo? ¿Qué he visto desde una nueva
perspectiva?
- Reacción
compartida. ¿Ha pasado algo cuando nos hemos comunicado?
- Resumen,
que supone retomar lo vivido, destilar lo escuchado.
El P. Rambla
acabó con dos ideas fundamentales:
- No
hay que apagar la utopía. La utopía es un horizonte al que no hemos llegado
pero que nos mueve. Sirve para dar calidad a nuestra vida y a nuestros
encuentros, para vivir con más profundidad.
- Uno
debe trabajarse personalmente de forma habitual. Para esto puede servir el examen del día, una herramienta que San Ignacio consideraba esencial. Se trata de
‘re-ver’ mi vida, mirar de nuevo…
Después de volver a reflexionar sobre qué
es el discernimiento respondería que es la herramienta del amor; el medio para
hacer del amor el centro de nuestras decisiones…
Si alguien
quiere profundizar en la metodología ignaciana de discernimiento,pinchar aquí.
El pasado 11 de mayo, con ocasión de su 60 aniversario,
Caritas Diocesana de Bilbao organizó en el Auditorio ‘Pedro de Icaza y Aguirre’
(Universidad de Deusto) un acto bajo el título que encabeza esta entrada. La ponencia
estaba a cargo de Adela Cortina- quien estaba presentada
y acompañada por Galo Bilbao. [En el último trimestre del año la profesora Cortina será la
primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de
Deusto]. Como todas las veces que he tenido la suerte de escucharle en directo
estuvo estupenda, clara, concisa, cercana y desafiante.
Empezó la conferencia señalando que tiene la convicción de
que los creyentes tenemos que ser ciudadanos (ciudadano ≡ ser su propio señor);
podemos y tenemos que ser ciudadanos de nuestro tiempo. La fe inyecta vida,
motivación y fuerza… Tenemos que trabajar codo con codo con quienes compartimos
la ética cívica. Parece que la marcha de la
historia va por el camino de la mirada compasiva y cordial, más que por el
de la competición, el conflicto y el individualismo salvaje… Y eso apela al cuidado de los más
vulnerables.
A. ¿Cuáles son las razones éticas que reclaman
el cambio?
1) Otro mundo es necesario,
no sólo posible (como rezaba el lema del Foro de Porto Alegre, 2001). Y es
necesario porque el que tenemos no está a la altura de lo que los seres humanos
merecen; no está a la altura de las grandes declaraciones que hemos hecho
(Declaración Universal de los Derechos Humanos, Objetivos del Milenio,
Objetivos del Desarrollo sostenible, etc.)… tenemos que proteger y respetar los
derechos de todos sin exclusiones.
El lenguaje nos compromete (‘le tomo a usted la palabra’)…
cuando decimos “Declaramos”, es más
que soñar o una utopía, supone un compromiso. Y nuestras realizaciones están
muy por debajo de nuestras declaraciones…
2) Lo que es
necesario es posible y tiene que hacerse real. Kant no habla de utopías
sino de ideas regulativas. Desde el punto de vista
teórico nadie puede demostrar que hemos llegado a la paz perpetua, pero tampoco
se puede negar. Cuando algo no se puede afirmar ni negar, estamos ante una idea
regulativa; un uso de la razón práctica es orientar la acción. No debe haber
guerras porque no es la forma adecuada de solucionar los problemas. Es una
razón emocionada, motivada. La paz perpetua es una idea regulativa. Orienta la
acción, hacia ahí debemos movernos; a la vez que supone una crítica para el
momento actual, no estamos a la altura… Los
derechos humanos son una idea regulativa. Y como son algo necesario hay que
hacerlos realidad. No se discuten… el problema es cómo conseguimos hacerlos
realidad. Amartya Sen (Premio Nobel de Economía en 1998) señala, recuperando el sentido original de Adam Smith, que en el ámbito de la racionalidad económica el
egoísmo es una motivación, pero no la única. Está también la simpatía. Y Sen
añade también otra, el compromiso. Egoísmo, simpatía, compromiso… suele ir
mezclados, lo importante es ver cuáles debemos potenciar. [Para profundizar
véase Pedrajas (2006)].
B. ¿Cuál es
el nuevo modelo social?
Partió de un hecho evidente… El cambio es inevitable. Las
sociedades cambian inexorablemente. La cuestión es hacia dónde cambian… Por eso
lo importante es potenciar lo que queremos conseguir, para lo cual se tienen
que aunar y articular los esfuerzos de tres esferas: 1) política; 2) económica
y 3) social; teniendo claro qué le corresponde a cada uno de los actores.
1) Esfera política.
El estado tiene que ser un estado de
justicia, que busque el bien común. [Le gusta más hablar de estado de
justicia que de estado del bienestar, aunque una tarea importante del momento
presente es mantener lo conseguido. Igualmente prefiere hablar de bien común
antes que de interés general, ya que la agregación de intereses siempre deja
excluidos]. Acoger es una exigencia del
estado social de derecho. Los miembros de una sociedad tienen que ver
respetados sus derechos y se comprometen a proteger los de aquellos que estén en
ese estado. El deber de hospitalidad se está incumpliendo en los últimos tiempos,
de forma especialmente flagrante en la Unión Europea, lo que supone una
fractura.
2) Esfera económica.
Durante mucho tiempo se ha pensado que la economía no tiene que ver con la
justicia. Para Amartya Sen la meta de la economía es ayudar a crear buenas
sociedades, sociedades justas. Ya Aristóteles diferenciaba entre economía y crematística.
Las sociedades necesitan los bienes materiales e inmateriales que puede aportar
la economía. Estamos en un momento importante en el que incluso las empresas
convencionales, aquellas que se mueven por ánimo de lucro, van a asumir los
valores compartidos. Como dice Adela“la
responsabilidad social debe asumirse como una herramienta de gestión, como una
medida de prudencia y como una exigencia de justicia”, aunque muchas veces
se dice que es pura cosmética. El sistema económico se puede cambiar desde
dentro, muestra de ello es la economía social y solidaria.
3) Esfera social,
entendida como organizaciones solidarias (odia la expresión ONG) - cuya
principal tarea es la solidaridad y la inclusión, el bien-ser y el bien-estar -
y la sociedad civil. Todos debemos contribuir con las organizaciones sociales
ya que realizan una tarea impagable (por
eso no se paga) que proporciona cohesión social (hay que tener cuidado porque a
veces e puede conseguir de manera injusta). Para eso tenemos que generar estilos de vida que sean universalizables.
Mientras el consumo sea el motor de la producción no tenemos remedio, es la
pescadilla que se muerde la cola. El estilo de vida de los que están mejor
situados no es universalizable, acabaríamos con el planeta. Tampoco es
universalizable el de las clases más bajas. Es universalizable el estilo de
consumo de las clases medias bajas.
C. ¿Es
posible el cambio?
Sí es
posible una sociedad en la que se articulen las tres esferas. Ya hay semillas
de cambio. Se trata de potenciar lo que
fomenta dicho cambio y dejar de lado lo que no. Es difícil porque el
desequilibrio entre declaraciones y realizaciones se debe al egoísmo humano (eso
explica la corrupción ,los paraísos fiscales, etc.). Su equipo de investigación
se adentró en la neuroética para ver si existía ese ‘gen egoísta’. Veamos
algunos de sus descubrimientos.
Los seres humanos tenemos una
dimensión egoísta, busamos el placer y huímos del dolor (núcleo accumbens). Pero el cerebro humano es también
social. El individualismo es un invento para intentar legitimar determinadas
actuaciones desde el mundo económico y social.
Los seres humanos somos capaces de cuidar y cooperar. La ética
del cuidado tiene una base biológica. No
somos homo economicus, maximizadores
del beneficio, seres que basan sus decisiones exclusivamente en el beneficio
personal… somos homo reciprocans. Lo nuestro es la cooperación. Estamos dispuestos a dar
con tal de recibir, tal vez no de la misma persona a la que hemos dado. Las
especies que más viven son las que se basan en el apoyo mutuo. Kant afirmaba "el problema del
establecimiento de un Estado tiene siempre solución, incluso cuando se trate de
un pueblo de demonios: basta con que éstos posean entendimiento". La
reciprocidad es la clave de nuestra sociedad contractualista. Respeto y protejo
los derechos porque espero un retorno. ‘Hoy por ti, mañana por mí’. El egoísmo
total es patológico.
Adela describió tres tipos de actitudes éticas:
Demonios
estúpidos, sólo piensan en ellos mismos, sólo buscan su bien. A quienes
actúan así ‘se les espera a la vuelta de la esquina’.
Demonios
inteligentes, al menos cooperan ya que aunque a corto plazo no compense, a
largo sí.
Personas
inteligentes, justas y solidarias, que tienen sensibilidad moral y van más
allá de la cooperación porque ésta tiene una limitación, excluye a los que no
pueden devolver. Nuestros cerebros son ‘aporófobos’ (aporofobia, término
acuñado por Adela, miedo y desprecio al pobre) y xenófobos, pero la persona con
su libertad puede superarestos miedos.
Afirmó que el s.XXI
es el del paso de los demonios inteligentes a las personas. Es cuestión de
desarrollar una sensibilidad suficiente, que es la tarea fundamental de las
organizaciones solidarias. Se trata de
hacer ver el valor de TODAS las personas y esto pasa por reforzar los vínculos.
Somos vínculo. Los pactos son papel mojado si por debajo del contrato no está
la tradición de la alianza (reconocimiento recíproco de los seres humanos;
reconocimiento recíproco de su dignidad). Esto supone ir más allá de compromiso
y adentrarnos en el terreno de la gratuidad. No es una utopía, es una realidad. Las personas tenemos valor, no
precio. Recordemos la fórmula del fin en sí mismo del imperativo categórico de Kant: "Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu
persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo
tiempo y nunca solamente como un medio".
En el turno de preguntas
recordó una reflexión de Perich en Autopista (1970): “dicen
que la velocidad de los vehículos es cuestión de caballos en el motor pero yo
creo que es cuestión de burros al volante”. Esta reflexión me recordó una escena
de la película Cadena de favores. “El reino de las posibilidades está dentro de
vosotros… Aquí [señalando la cabeza]… Así que podéis hacerlo”… ¿Qué hago yo para cambiar el mundo?
Bibliografía
Pedrajas, M. (2006). "La transformación ética de la
racionalidad económica en Amartya Sen. Una recuperación de Adam Smith". Quaderns de filosofia i ciéncia, 36, pp.
105-117. Disponible en: http://www.uv.es/sfpv/quadern_textos/v36p105-117.pdf
[Consulta 22.06.2016]
[He publicado esta entrada el 20.01.2016en el Blog de
Inteligencia Emocional de Eitb -desaparecido el
01.07.2024]
El pasado 15 de diciembre de 2015 asistí en la Universidad de Deusto a una conferencia
organizada por Deusto Alumni e
impartida por Emilio Duró que llevaba
por título “Piensa diferente: lo que de verdad importa”. No se puede negar que
es un personaje curioso, con una gran fuerza y energía, con un estilo no muy
académico y controvertido… pero es difícil que no arranque alguna sonrisa. Voy
a compartir aquí algunas de las ideas que me hicieron reflexionar.
“La vida no te
estalla por temas racionales, te estalla por temas emocionales”.
Probablemente muchas personas que están en la calle es porque les estalló el
corazón. Si no tienes quién te quiera,
si te faltan redes de apoyo, y se te junta un problema de trabajo y soledad… a
cualquiera le puede suceder que se vea en la calle…
Si hiciésemos esta pregunta de forma generalizada e
indiscriminada, ¿qué quieres ser en la vida?, probablemente obtendríamos
mayoritariamente esta respuesta: “quiero ser feliz”. A todos nos gustaría ser:
alegres, trabajadores, buenas personas, positivos, optimistas, leales… Y que
nuestras parejas, nuestros hijos e hijas y las personas con quienes nos
relacionamos también lo fueran… Y más teniendo en cuenta que uno de los cambios
más importantes que hemos vivido como especie es el tremendo aumento en la esperanza
de vida. En poco más de un siglo hemos pasado de tener una esperanza de vida de
30-40 años, si superábamos los primeros años de vida, a una que dicen que
pronto será cercana a los 100 años… Se
nos han añadido años a la vida pero lo importante es poner vida a los años…
Pensemos… ¿se puede vivir 100 años con alguien aburrido, mal encarado, triste…?
Es importante que desarrollemos el optimismo. Seguramente deberemos ajustar el
sistema educativo para afrontar este gran cambio. No hay que dramatizar en la
vida… “he salido mal en la foto”, “no me queda bien esta ropa”… Tenemos muy
sesgada la mirada, muchas veces vemos sólo lo malo… Es importante que
reeduquemos la mirada… Tenemos que
aprender a vivir cien años con pasión, ilusión y optimismo.
Nos han machacado (o más bien podríamos decir que nos hemos
dejado machacar) con que el sentido de la vida es ganarte la vida, y por lo
tanto hay que elegir la profesión y las actividades que más dinero dan; hay que
hacer aquello que te asegura un estatus y posición. “Uno es lo que piensa y como cambiamos de forma de pensar cambiamos de
forma de ser constantemente”…
Nuestros pensamientos nos generan emociones y nuestras emociones nos
generan pensamientos. Debemos ser conscientes de lo que pensamos y de lo que
sentimos en cada situación. De ahí que sea muy importante que cada uno se
pregunte, para salir de esa trampa [la
del ganarse la vida]: ¿Qué es
importante para mí? ¿Qué quiero en la vida y qué quiero de la vida? ¿Dónde
quiero estar de aquí a veinte años? ¿Con quién? ¿Quién quiero ser?
Es importante enfrentar esas preguntas para no caer en lo
que Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos, recopiló como los cinco
arrepentimientos más comunes en las personas moribundas: 1) “Ojalá hubiera
tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros
esperaban que hiciera”; 2) “Ojalá no hubiera trabajado tanto”; 3) “Hubiera
deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía”; 4) “Habría
querido volver a tener contacto con mis amigos”; 5) “Me hubiera gustado ser más
feliz”.
RicElias, quien viajaba en la primera fila del avión que en 2009 aterrizó
sobre el río Hudson, lo expresa en forma similar a través de los tres
aprendizajes básicos que obtuvo de esa experiencia: 1) Todo cambia en un
instante, y en ese momento pasa por tu mente esa lista de cosas por hacer o
decir… No se puede aplazar nada en la vida; 2) Hay que eliminar la energía
negativa de la vida y elegir ser feliz; no se puede desperdiciar el tiempo, hay
que gastarlo en estar con las personas que importan; 3) Su principal objetivo
en la vida es ser un gran padre. Esa experiencia cambió su vida y le dio la
oportunidad de recomenzar con distintas prioridades. No hace falta vivir un
suceso tan duro para redefinir el éxito en nuestras vidas…
Para terminar la conferencia Emilio Duró presentó algunas claves concretas para trabajar la
ilusión y el optimismo, que cualquiera podría suscribir:
No te compares con nadie. Sé feliz con lo que tienes.
Cuídate: haz deporte; vigila tu alimentación; alimenta tu espíritu (medita, haz relajación…).
Estudia, lee, aprende cosas nuevas cada día.
Pon pasión en lo que haces; haz lo que te apasiona.
Quiero empezar el año con un poema que he recibido a modo de felicitación... Me quedo con los versos iniciales y los finales... No hemos venido a conocer la vida sino a amarla... No hay que buscar nada fuera de uno mismo, todo está en el corazón... Me lo voy a grabar a fuego...
Todo está en el corazón [Ricardo León y Román (1877-1943), La lira de bronce (1901)]
No a conocer
la vida, sino a amarla, viniste al
mundo; del amor naciste; si es bella
y es mujer, ¿quién a gozarla, varón, mozo
y poeta, se resiste? Goza, como
los niños y las aves, del blando
seno y el caliente nido; no te apures
jamás porque no sabes de dónde
vienes y por qué has venido. Amor lo es
todo, conocer no es nada: ¿quién la
razón de la Razón conoce? Deléitate en
los brazos de tu amada sin descender
al fondo de tu goce. Huye del
triste, apártate del sabio, de aquel que
estruja la razón y el seso; no se hizo
la miel para su labio ni su labio
se hizo para el beso. Nunca la
duda el corazón te enfríe; marchita su
ilusión quien la razona: no escudriñes
el bien; goza y sonríe; no te
asombres del mal: ama y perdona. No esquives
los suavísimos regazos del amor y
la fe: ponte de hinojos, que aquí
está la verdad; tiende tus brazos, abre tu
corazón, cierra los ojos. Huye de ese
mortal desasosiego que interroga
a las sombras del Destino, la vida es
ciega y el amor es ciego, pero nunca
equivocan el camino. Amalo todo,
bebe de las rosas, como la
abeja, el zumo y la dulzura, entrégate a
la gracia de las cosas: la vida,
como el arte, es la ternura. No deslustres
su cándido atavío, ni levantes
la punta de su velo; ¿qué logras
con pensar que está vacío, que no es
cielo ni azul tu hermoso cielo? Renueva el
corazón a cada hora y aprende a
renacer cada mañana, como el
paisaje al despuntar la aurora, como el sol
que amanece en tu ventana. Sé artista,
sé poeta, sé el espejo del ancho
mundo; aunque después te roben los años su
esplendor, no serás viejo: la poesía es
el arte de ser joven. No te
atraigan las sombras del abismo. ¿Qué importa
adónde vas, de dónde vienes? No busques
nada fuera de ti mismo: todo en tu
propio corazón lo tienes.
El fin de semana volví a ver una película que me parece una delicia, Love Actually. Es más, este post lleva el título del tema principal de la banda sonora. La película es como un cuento de hadas con personajes y situaciones estereotipadas, buenas dosis de humor, y resulta muy adecuada para pasar un buen rato. Me quedo con el mensaje de fondo: de hecho, el amor está en todas partes. Si nos fijamos en los distintos personajes e historias que se entrecruzan vemos reflejados muchos 'tipos' de amor: el primer amor; el imposible (porque es la pareja de tu mejor amigo o porque la vida te ha dado responsabilidades que no puedes/quieres eludir); el que llega de la forma más insospechada; el despechado; el que se ha sumido en la rutina y ha dejado alguna grieta por la que se cuela una tercera persona; el que nunca volverá porque la persona amada ha fallecido; el inoportuno (porque se da en el ámbito de trabajo cuando se ocupa una posición de gran responsabilidad)...
Pasamos mucho tiempo buscando el amor pero no siempre lo hacemos de forma adecuada. Queremos poseerlo cuando es más una cuestión de "ser" que de "tener". Podemos llegar incluso a mendigarlo, lo que hace que se nos escape de las manos o que se lo demos a una persona inadecuada... Además, muchas veces nos olvidamos de empezar por el amor más importante de todos, el amor a uno mismo. Nadie da lo que no tiene; es difícil que realmente ame a otros si no me quiero, valoro, respeto y cuido a mí mismo...
Me vienen a la memoria unas palabra de Khalil Gibran:
Me gusta mucho la reflexión de que al Amor (con mayúsculas) se llega atravesando el dolor. En un entrevista la escritora Isabel Allende, ante la pregunta de cómo le cambio la vida la muerte de su hija Paula, respondía: "Diría que es una experiencia purificadora, que te limpia; el dolor limpia de todo lo que es superfluo y va dejando lo esencial. Y lo que queda es el amor que das. La única manera de salir del dolor es atravesar el dolor. Es como un túnel, lo has de atravesar hasta el final, y nadie te puede ayudar".Y al final lo que queda es el Amor que das... ese es el gran mensaje. Y hay tanto amor para dar, tantas personas necesitadas de afecto, tantas ocasiones para demostrarlo... Todos necesitamos sentir en algún momento amor incondicional, es básico para construir una buena autoestima y para relacionarse de forma adecuada con otros.
Para terminar, la que en mi opinión es una de las más bellas canciones de amor... Love of My Life