[Entrada publicada originalmente el 06.07.2011 en el
Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]
“Tú encontrarás la solución. Lo único que
puedo hacer para que la encuentres es ayudarte a verte a ti misma. Intentar
hacerte un buen retrato” (cita de apertura del libro)
Recientemente he leído un libro de Ferran Ramon-Cortés que
lleva por título el que encabeza este
post, y que es muy sugerente como todo lo que escribe el citado autor sobre comunicación.
Hace tiempo que estoy convencida que un requisito fundamental, y no siempre
tenido en cuenta, para una buena
comunicación es la escucha, que se debe realizar a través de todos nuestros
sentidos. A lo largo del libro el autor presenta cinco claves para conocer a los demás, comprenderlos y conectar con
ellos; y lo hace utilizando los pasos para realizar un buen retrato y que paso a comentar.
“Mirar por el visor”. Es necesario cambiar la perspectiva; salir de mí para concentrarme en el otro;
dejar de ser protagonista para convertirme en espectador. Para ello debo parar mi ‘runrun’ interno y
escucharle con todo mi ser, también con los ojos. Ésta es la única manera de
que se sienta escuchado.
“Encuadrar la imagen”. Una vez en el papel de observador debo
conseguir que el otro se abra, que comparta sus sentimientos y que yo
pueda ir explorando por los caminos
que me va insinuando. Para lograrlo deberé conseguir que el otro se sienta
cómodo, en confianza; deberé ser empático y aceptar sin juzgar lo que el otro me dice; y deberé animarle a que concrete, a que me proporcione ejemplos
y casos concretos.
“Elegir la luz”. Hay que buscar
la raíz de los problemas y conductas para poder crecer. Muchas veces
enmascaramos nuestros verdaderos problemas detrás de conflictos puntuales,
porque igual ni siquiera nos damos cuenta de cuáles son. Dos habilidades son
fundamentales para ello: la autenticidad
(para que el otro te sienta cercano, y no que le estás analizando como un
profesional) y la proximidad (que
ayuda a concentrarse en lo que el otro siente aquí y ahora). “En las relaciones
profesionales la amistad es una elección mientras que la confianza tendría que ser una obligación, porque si no hay
confianza, los errores, los malentendidos y los conflictos están asegurados”
(p.57).
“Enfocar y disparar”. Para ayudar al otro debo ser capaz de captar y comprender lo que siente, que
siempre será legítimo e indiscutible. En este proceso ayudan la confrontación (en este momento puedo
evidenciar las posibles contradicciones sin herir) y la autorrevelación (exponer una vivencia que se parezca en el
sentimiento y que la utilice para ayudar al otro, no para descargarme).
“Revelar”. Se trata de propiciar el autoconocimiento, acompañar
al otro hasta que lo descubra y le ponga palabras. Para esto es necesario tener valor (estar dispuesto a
involucrarte con el otro, no sentir que el problema es de él, atreverse a
decirle lo que hay que decirle)y ser sincero pero teniendo en cuenta lo
que el otro puede aguantar (no se puede herir en nombre de la sinceridad).
Os
animo y me animo a escuchar con los ojos… y con todo el ser…
Bibliografía:
Ramon-Cortés, Ferran (2011): Escuchar con los ojos. Barcelona: RBA.
[He publicado esta entrada el 23.11.2023 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
A principios de noviembre asistí a un taller que me cautivó
por el título, "El Poder de la
escucha". Además, conocía al ponente, Eugenio Ibarzabal, y eso también
lo hacía atractivo. Mis expectativas fueron superadas. Compartiré aquí las
principales ideas.
Hoy en día la comunicación se considera una herramienta
instrumental básica. Esta herramienta implica aprender a escuchar, aprender a
hablar y aprender a escribir. La escucha es un previo sin el cual difícilmente se
pueden desarrollar las demás. Existen muchos cursos de oratoria, hablar bien se
considera importante. Escuchar se ve
como algo de segundo nivel… Y es fundamental.
Las enseñanzas impartidas por Eugenio parten de su propia
vida y experiencia: “Escuchar me ha
cambiado la vida”, reconociendo que a veces es una ‘pelmada’ y que también
es necesario protegerse. El punto de partida del taller fue una invitación a
echar la vista atrás y recordar cuándo me he sentido escuchado, escuchada; en
quién pienso si tengo que compartir algún tema importante… Seguramente será una
persona callada, que sonríe, que no aconseja… Otra premisa importante: nos
hablaba para que cada persona asistente mejorara su escucha, lo que no quiere
decir que la demás personas te vayan a escuchar a ti. Lo que tenemos que tener siempre presente, y tenemos que hacérselo
notar, es que la protagonista, la importante, es la otra persona.
¿Por dónde empiezo?
(especialmente si es a alguien o un tema difícil). Hay que empezar por elegir
bien el lugar. Lo mejor es salir del
escenario habitual, del lugar en el que transcurre nuestra relación. Es
importante conocer el espacio en el que nos vamos a encontrar. Hay que tener en
cuenta que tenemos que contar con el tiempo
suficiente (dos grandes dificultades para la escucha son la falta de tiempo y
el ego, sobre esto volveremos). ¿Cómo convoco
a la persona? Lo mejor es que la otra persona ‘colabore’ en la convocatoria,
que sea una convocatoria ‘conjunta’. “¿Podríamos hablar en algún momento?” es
muy diferente de “Tú y yo tenemos que hablar”. Otras frases podrían ser:
“Tenemos un tema, me gustaría saber qué piensas”, “Me interesas, me interesa
saber lo que piensas”. Eugenio compartió
una imagen muy potente para él: do personas en un coche, mirando la carretera,
sin prisa… parece que tienen el mismo objetivo. Hay que intentar no dar mucha solemnidad a la cita, que forme parte de una
normalidad, así se rebajan el miedo y la tensión.
¿Cómo me preparo?
La mejor forma es visualizando el
encuentro. Es una técnica muy utilizada por deportistas de élite. Me vino a la
mente una entrevista fantástica a Enhamed Enhamed, un
medallista paraolímpico, que utiliza esta técnica.Podemos visualizar la conversación, cómo me
siento, cómo permanezco en silencio, etc. De esta forma se viven las
dificultades anticipadamente. Lo peor que nos puede pasar es tener miedo al
miedo. “¡Vívelo, pruébate sin riesgo!”,
nos decía Eugenio. Personalmente es una técnica que utilizo y recomiendo.
Recuerdo especialmente el día anterior a la defensa de mi tesis doctoral en la
que repasé la presentación y ‘viví’ por anticipado el evento… ¡Una experiencia
muy recomendable!
¿Cómo empiezo el
proceso de escucha? Conviene no ir
directamente al grano, empezar por una pregunta general. Un tema
relativamente amable es preguntar por la familia. No te has metido en el tema,
pero sí en la otra persona. Lo único que pretendes es generar confianza, o
superar la desconfianza inicial. A la otra persona le tiene que quedar claro
que no le vas a hacer daño y que te interesa. Funciona bien mimetizarse, acompasarse, con la otra
persona. Si se mueve un poco, yo también. Si cambia de posición, yo también. [Mensaje:
estoy pendiente de lo que me dices, me acomodo]. Tema de la respiración: Puedes llevar una reunión
según cómo respires. Se puede conseguir que dos personas respiren
acompasadamente. En un momento dado una pregunta que da buenos resultados es:
“¿Y tú qué tal estás?”. Seguramente se dará un silencio, levantará a mirada, la
dirigirá a la izquierda, puede que resuma alguna información que te ha dado
antes. Con esto lo que se trata es de borrar esquemas previos. A lo largo del
proceso es importante repetir,
contrastar, confirmar, pero no discutir.[Mensaje: Lo que estás contando me interesa y quiero entenderlo bien;
disculpamos los errores, pero no que se aprovechen los malentendidos]. Vamos invirtiendo en confianza, se trata de
crear un entorno seguro [Mensaje: tranquilo/tranquila, nadie te va a hacer
daño]; es mucho más que guardar confidencialidad. Puede que la persona repita
varias veces la misma idea (normalmente si la persona está abrumada o
preocupada se puede liar, entremezclar cosas, etc.). Quien escucha puede ayudar
a desbrozar, lo que puede ser un gran apoyo. Tú tes vas aclarando y a la otra
persona le puede dar luz.
¿Qué pasa con el ego?
[Ya hemos dicho que es uno de los enemigos de la escucha]. Va a haber ocasiones
en las que el ego te va a estallar, vas a querer intervenir, puedes tener la
tentación de interrumpir (y no para contrastar o confirmar). Cada uno tiene que
desarrollar su propio mecanismo para no intervenir. Eugenio se dice a sí mismo,
a modo de jaculatoria: “¡Cállate!”. Hay quien se agarra a la silla, o aprieta
los pies… La escucha no va de dar
soluciones. Una muestra de una buena escucha es que se generan silencios.
¿Y si la otra persona
nos pide opinión? Darla a partir de los datos, los valore y las palabras de
la otra persona. Puedes darte tiempo para responder [si dices que le vas a dar
una opinión se la tienes que dar]. Pueden ayudar frases como: “No sé qué
decirte. Lo único que se me ocurre es lo que no haría [y dices qué]”, “Me llama
la atención… [y utilizas sus palabras]”. Como estás fuera de la situación
tienes otra perspectiva y puedes ayudar a la persona a dar importancia a cosas
que no veía.
La importancia de hacer
buenas preguntas. “Todos tenemos un límite de intimidad que no queremos
sobrepasar. Hay un fondo que no queremos desvelar, un fondo que, sin embargo,
explica buena parte del origen del problema y, en ocasiones, también cómo
podríamos encaminarnos hacia una posible solución. Si en ese momento haces a
quien está escuchando esa pregunta bien formulada y clave, la persona que ha
llevado el proceso conforme hemos señalado, inevitablemente, lo quiera o no,
dará el paso y contestará, desvelando lo que no tenía, hasta ese momento, la
menor intención de desvelar. Ésa es, al menos, mi experiencia” (Ibarzabal, 2022:
162).
NOTA- Estas
enseñanzas se pueden utilizar para lo bueno y para lo malo. Aquí se ofrecen
como pautas para escuchar mejor, para comprender a la otra persona, para romper
preconceptos.
Os invito a conocer
al marido de la inglesa que vivía en la casa del danés (Gestion2000Editorial, 2022)…
“Porque escuchar nos da la
posibilidad de abrirnos, de olvidarnos de nosotros mismos, de empezar nuevas
vidas, de conocer otros parajes, otras profesiones, otras historias, otros
platos de cocina, atrapar realidades en lugar de vientos, aprovechar todo eso
que tenemos delante y que ha estado a punto de pasar ante nosotros sin que
disfrutemos de ello.
Es vida que se nos ofrece para que
la vivamos. Basta con pararse y escuchar.
Y puede ocurrir a cada momento” (Ibarzabal,
2022: 186).
Gestion2000Editorial (2022, 11 mayo). El marido de la
inglesa que vivía en casa del danés - Eugenio Ibarzabal [archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=9IXWn3RjlSA
Ibarzabal, Eugenio (2022). El marido de la inglesa que vivía en la casa del danés. Una historia
sobre el poder de la escucha. Barcelona: Gestión 2000.
El 12 de noviembre de 2013 asistí a un taller organizado por el Departamento de Salud de la Oficina de Atención al Estudiante de la Universidad de Deusto, que llevaba por título el que encabeza esta entrada, "Comunicación con personas con cáncer y sus familias". Fue impartido por Estibaliz Alonso Undabeitia,Psicóloga de la Junta Provincial de Bizkaia de la AECC. Voy a trasladar aquí algunas de las ideas que allí se compartieron junto con mis reflexiones más personales.
Fueron dos los motivos principales que me llevaron a ese taller: 1) por trayectoria vital son varias las experiencias que tengo de enfermedades crónicas o terminales y creo que aún me queda mucho por aprender sobre cómo reaccionar en dichas situaciones; 2) me apasiona el tema de la comunicación y las relaciones; y la enfermedad siempre es una situación muy delicada desde el punto de vista de la comunicación.
Me sorprendió ver que, excluyéndome a mí, todas las asistentes tenían formación en Psicología, Educación Social o Educación Primaria. De un grupo de unas 25 personas sólo había un hombre. Salvo la ponente y yo, no creo que ninguna pasara de los 30 años. Algunas habían tenido contacto con la enfermedad pero la mayoría acudían motivadas por el enfoque profesional. La enfermedad, y en especial el cáncer, es algo que a todos nos sacude en algún momento de nuestra vida, pero parece que hay miedo a hablar sobre ello. Y parece que lo que no se nombra es como si no existiera... La ponente nos comentó que a ella le había llegado a pasar que participando como ponente en algunas Jornadas todas las charlas estaban llenas de gente menos la suya. ¿Acaso no es mejor saber qué hacer o qué no hacer; qué decir o qué no decir? El miedo es razonable pero que éste no nos impida responder como es adecuado.
El diagnóstico de una enfermedad, y más si es terminal, siempre supone una 'revolución' en una familia. Nada vuelve a ser igual. Se desatan muchas emociones y sentimientos (culpa, miedo, ansiedad, etc.) en todos los miembros. Hace falta tiempo para asimilar la noticia. Es difícil pensar con claridad y de forma global. Además, hay enfermedades con muy mala prensa, como puede ser el cáncer, aunque no siempre supongan un desenlace fatal. También podríamos hablar de las enfermedades raras, muchas de las cuales limitan de forma importante la vida de las personas pero ellas y sus familias las sufren sin la comprensión del resto.
¿Los familiares siguen con su vida normal? Normalmente a los familiares nadie les pregunta. Tienen que seguir adelante, reajustar su vida a la nueva situación. Es como si alguien les hubiera quitado su 'silla'. Cuando se les pregunta: "¿Y tú cómo estás?" suelen responder en nombre del enfermo: "Ayer estuvimos bien, no vomito..." y cosas similares. El objetivo de un grupo terapéutico para familiares es que respondan a la pregunta en primera persona del singular. De no ser así, van tirando, no se paran, no piden ayuda... Y eso pasa factura. Hay áreas muy importantes a explorar con las familias: ¿dónde estaban? ¿dónde están? ¿qué ha dejado de hacer? Centrarse únicamente en la persona enferma puede llevar a una situación sin salida, que no es buena para nadie.
Muy habitualmente se suele dar en torno al enfermo una 'conspiración de silencio', es decir, toda una serie de estrategias dirigidas a evitar que alguna de las partes involucradas (el propio enfermo, los hijos, los padres, etc.) conozca el diagnóstico, el pronóstico, las emociones o el propio malestar. Y esto suele generar un drama añadido. Lo peor que le puede ocurrir a uno es sentir que no tiene ningún control sobre lo que le está pasando. Se suelen producir bloqueos de comunicación con la persona enferma, que podrían resumirse en el pensamiento "cómo le voy a contar que...". Es como si la de 'enfermo de cáncer' se hubiera convertido en su única identidad. De esta manera la persona pierde, además de todo lo relacionado con el diagnóstico, la capacidad de escucha, de atender a los suyos, de sentirse útil, de sentirse persona... La persona se puede sentir además de sola, aislada. A veces también ocurre que los familiares están tan agotados, tan angustiados que la persona enferma se inhibe, oculta cómo está, y se dedica a cuidar de ellos.
¿Cómo podemos saber las necesidades de la persona enferma? Hay que procurar no tener prisa, dedicarles tiempo con paciencia, atención plena y apertura. Escuchar y compartir emociones y sentimientos. Intentar no dar nada por supuesto, preguntándoles qué quieren y cómo se sienten. Es importante crear un clima de confianza. ¿Cómo? No imponiendo lo que se debe hacer; Intentando no culpabilizar a la persona ("Ya te decía yo que fueras al médico"); Evitando dar consejos o frases hechas ("No te preocupes", "No es nada", "Seguro que te pones bien").
En el proceso de una enfermedad puede haber muchos momentos difíciles, en los que es importante tener en cuenta lo siguiente:
Hay que respetar los silencios. La persona, y los familiares, pueden querer compartir o no; y además tienen sus tiempos.
Debemos permanecer tranquilos ante la ira. Intentar calmar a alguien que está 'encendido' es inútil. No hay que interrumpir, es mejor esperar a que la ira se apacigüe, o al menos a que baje la intensidad. Debemos mostrarnos disponibles. Y una vez queintensidad descienda intentar saber cómo está la persona, cómo se siente.
Ante el llanto, debemos dejar que la persona llore, no interrumpirle. Hay que escuchar activamente lo que quiere decir. Si no sabemos qué decir no debemos sentirnos mal por ello. Mejor callar que frases del tipo "tranquilo, tranquilo, no pasa nada". ¿Cómo que no pasa nada...?
Al escribir estas líneas viene a mi mente un libro, basado en una experiencia real, Martes con mi viejo profesor, que es "La asignatura final de un catedrático: su propia muerte". Cuando el profesor recibe el diagnóstico de su enfermedad, ELA (esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad degenerativa de origen desconocido), siente que se detiene el mundo: "¿No debería detenerse el mundo? ¿Es que no saben lo que me ha pasado?" (p.20). Experimenta poco a poco lo que es dejar de conducir, dejar de nadar, dejar de dar clase, dejar de ser autónomo, dejar de tener un secreto (su enfermedad)... Y aún así, es capaz de prepararse para su final y hacer del mismo una buena experiencia, tanto para él como para los que le rodean. Llega, incluso, a hacer sus "funerales en vida". Este libro es un ejemplo de una excelente comunicación en la enfermedad y el final de la vida.
A mi modo de ver tres son las habilidades clave para la comunicación con personas enfermas y sus familias, que son claves para una comunicación efectiva en cualquier ámbito y están muy relacionadas entre sí:
Empatía: es necesario conectar con el torbellino de emociones, sentimientos y pensamientos que pasan tanto los enfermos como sus familias.
Escucha activa: no hay que dar nada por supuesto; hay que escuchar con los oídos y los ojos, lo que dicen y lo que callan, lo verbal y lo no verbal. Y para ello hay que dedicarles tiempo. Nunca se debe preguntar "¿cómo estás?" si no estamos dispuestos a escuchar.
Asertividad: “La asertividad es una estrategia de comunicación que se ubica como punto medio entre dos conductas opuestas: la agresividad y la pasividad (o no-asertividad). Los especialistas la definen como un comportamiento comunicacional maduro en el que el sujeto no agrede pero tampoco se somete a la voluntad de otras personas; en cambio, expresa sus convicciones y defiende sus derechos”. Decir que sí cuando es sí, decir no cuando es no pero siempre sin herir al otro.
Bibliografía:
Albom, Mitch (1998): Martes con mi viejo profesor. Una lección de la vida, de la muerte y del amor. Madrid: Maeva.