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viernes, 19 de diciembre de 2025

De víctima a activista

 [QUIÉN SOY] “Fui puta. Fui víctima. Fui un ser inocente cuyos derechos fueron vulnerados por miles de hombres, con el amparo de los estados. Ya no soy víctima. Porque ser víctima NO es un estado mental y social permanente e irreversible. Porque de serlo, de nada servirían la prevención, reparación y protección. Fui niña. Soy mujer” (p.18)

[QUÉ QUIERO] “Quiero dejar de ser la víctima, la superviviente, la violada, la exprostituta, la puta, la rumana que da su testimonio. Ser objeto de análisis tras ser objeto de consumo te mantiene como objeto de deseo. Quiero ser sujeto” (p.20) (*1)

[QUÉ NECESITO] “Valor, tiempo y capacidad reflexiva. Solo tres cosas. Pero de manera bidireccional” (p.21)

El pasado 30 de noviembre asistí a la conferencia de Amelia Tiganus —activista y conferenciante contra la explotación sexual— organizada por Espäcio Regäderä, cuyo título hace alusión a su último libro, La revuelta de las putas. De víctima a activista, del que lleva vendidos 50.000 ejemplares —va por la 10ª reimpresión, algo poco usual para un libro feminista—. Existe una versión en cómic inspirada en su historia, AMELIA. Historia de una lucha. He leído con mucho interés el libro y voy a compartir aquí algunas ideas de la charla que completaré con citas textuales.

Hay algunos datos que dan mucho que pensar. España es el país más putero de Europa y el tercero en el mundo. La industria de la explotación sexual: pornografía, trata, sugar dating (*2), prostitución, etc. mueve más dinero que las armas y las drogas.

Existen diferentes modelos ideológicos ante la prostitución. Entre ellos los principales serían: 1) El prohibicionista, que invisibiliza el problema y culpabiliza y castiga a las víctimas (p. ej., Rumanía); 2) El regulacionista, también llamado prosex o proderechos, que habla de trabajadoras sexuales y reclama derechos, desviando el foco del propio sistema (p. ej., Alemania y Países Bajos); y 3) El abolicionista, que habla de mujeres en situación de prostitución, lo que resalta el hecho de que es una cuestión de género y que es reversible (p. ej., Suecia, Noruega y Francia). Busca prevenir, proteger y reparar a las víctimas, así como castigar tanto a los proxenetas como a los puteros. [Para profundizar en los modelos, véase Molina Montero, 2018]

Amelia aboga por el último modelo, ya que el problema es el sistema prostitucional, que tiene estructura de campo de concentración y en el que todas somos prostituibles. Es un sistema conformado por: “los estados, que permiten y facilitan que esto exista; los proxenetas, considerados respetables empresarios de la noche; los pequeños y grandes negocios que se lucran directamente con la existencia de este sistema, y los puteros, el brazo ejecutor que destruye mujeres y niñas a la vez que financian y sostienen este orden patriarcal, capitalista y racista. Las mujeres son el eslabón más débil. Pero interesa mucho hacer que parezca un tema de mujeres para invisibilizar a los auténticos responsables de esta barbarie” (p.99). Existe también otro eslabón, las mamis: “Las auténticas mamis —mujeres exprostituidas— están sobre todo en la recepción y se encargan de controlar a las mujeres y hacer cumplir las normas; además, son los ojos y los oídos del proxeneta” (p.132).

La prostitución no es ni «sexo» ni «trabajo», sino violencia sexual de hombres contra mujeres” (p.152) lo que es incompatible con la dignidad humana [véase el primer párrafo del Preámbulo del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena de 1949 al que España se adhirió en 1962]. Los prostíbulos son campos de concentración en los que los candados son el miedo, las amenazas, sobre la propia vida o las de los seres queridos. Hay un perfil bastante extendido de la víctima de este mundo: “mujer, joven, inmigrante, con grandes responsabilidades familiares, en situación de vulnerabilidad y exclusión social, con gran precariedad económica, en ocasiones con dificultades con el idioma, que sufre una gran movilidad y un gran desconocimiento de los derechos y (los insuficientes) recursos existentes” (p.182). Y la única vía de escape son los verdugos, los puteros.

Amelia explica que, en su experiencia, se ha encontrado con distintos tipos de puteros: 1) El putero majo, “para mí, uno de los peores maltratadores. Estos iban de buenos y me hacían preguntas, me contaban cosas (…) quieren comprar aquello que ni las putas vendemos: las caricias, el cariño, la ternura, los abrazos sinceros, los besos de amor... Lo quieren todo por un miserable billete” (p.112); 2) El putero macho “que piensa que su masculinidad, su valor como hombre, tiene que ver con la cantidad de mujeres a las que penetra y a las que —en su imaginación, claro está— satisface sexualmente” (p.114); 3) El putero misógino, “es el más violento y peligroso, porque las prácticas que lleva a cabo para sentir placer dentro de su sadismo son difíciles de narrar (…) Cuanto más dolor, humillación y miedo te hacen pasar, más disfrutan” (p.114). Y añade otro perfil, “y luego están los hombres que dicen que no van de putas, sino que van de copas o que solo acompañan a sus amigos (puteros). Y yo pregunto ¿cómo te puedes divertir en un campo de concentración?” (p.115).

Amelia describe los cinco años que pasó en más de cuarenta prostíbulos con una imagen: “un reloj sin agujas. La esclavitud es una vida sin sentido del tiempo (…) En el prostíbulo pierdes tu identidad y te conviertes en una mujer en serie: intercambiable y utilizable sin medida. El campo de concentración te aliena, te despersonaliza. El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y tu cuerpo solo intenta sobrevivir. Solo hace falta imaginarse a todas las que no pueden hablar y contar este relato: las que mueren por enfermar gravemente a causa de las adicciones, los abusos y la tortura; las que son asesinadas: las víctimas de feminicidio por prostitución son las grandes olvidadas de la violencia machista” (pp.89-90). Evadirse para sobrevivir, unas relaciones frágiles entre compañeras —que se ven como rivales—, el consumo de sustancias que aparece desde el principio —se les ‘vende’ como una forma de ganar más dinero—, obligaciones y deudas contraídas —generadas por el propio sistema—, y muchas huellas profundas —entre ellas: deterioro físico, trastornos de alimentación y del sueño, aislamiento, estados depresivos, trastornos del sueño, alteraciones emocionales, ideación e intentos de suicidio— hacen muy difícil la salida de este mundo. El trauma es muy profundo. [Animo a ver el vídeo Ninguna mujer nace para puta, de Sonia Sánchez]

La charla y el libro me han cambiado la mirada y ha dado un nuevo sentido a mi compromiso feminista. “Es triste reconocer la cantidad de potencial, talento, capacidades y vidas humanas destruidas por el sistema prostitucional. Triste pero imprescindible. El patriarcado nos enferma. El capitalismo nos enferma. El feminismo es la cura a tanto sufrimiento y desigualdad. Porque el feminismo no solo salva vidas, además las dota de un profundo sentido de humanidad (…) Porque ninguna se salva sola. Nos salvamos juntas. La resiliencia tiene rostro de mujer. Y sonrisa de niña” (p.184)

(*1) NOTA – Me resultó muy significativo el testimonio de Amelia cuando contaba que en varias ocasiones le ofrecieron escribir el libro y cuando decía que no lo veía le ofrecían escribirlo por ella. Una vez más objeto que no sujeto…

(*2) NOTA – Cuando escribo en Google para comprobar la ortografía la IA me devuelve este contenido: “El ‘sugar dating’ es una relación de beneficio mutuo donde una persona, usualmente mayor y con recursos económicos (‘sugar daddy’ o ‘sugar mommy’), ofrece apoyo financiero o regalos a otra persona más joven (‘sugar baby’) a cambio de compañía, tiempo o intimidad”.  ¡Así explicado parece algo consentido y bueno!

Referencias

  • Tiganus, Amelia (2021). La revuelta de las putas. De víctima a activista. Barcelona: Sinequanon.

Páginas recomendadas

Dejo a continuación dos breves entrevistas a Amelia, una realizada por Jordi Évole (Salvados) y otra realizada por Innovandis —Programa de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Deusto— a raíz de la publicación del libro.



martes, 3 de octubre de 2017

¿Qué es ser humano hoy?


[He publicado esta entrada el 20.09.2017 en el espacio de reflexión "Urteko galdera
(La pregunta del año) habilitado por la Sociedad de Estudios Vascos]

Voy a cambiar un poco la pregunta y voy a responder, en mi opinión,  dónde radica la humanidad, qué es lo que nos diferencia de otros seres. Hablaré de lo que, a mi entender, debe de ser que no siempre coincide con lo que es.

Empezaré defendiendo la dignidad humana; ese valor intrínseco que caracteriza a la persona desde su concepción hasta su muerte y que es el fundamento de los derechos humanos. Está recogido en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. En una conferencia a la que asistí, Adela Cortina señalaba que el lenguaje nos compromete (solemos decir ‘te tomo la palabra’). Cuando “declaramos”, es más que soñar o una utopía, supone un compromiso (Echaniz Barrondo, 2016). Y nuestras realizaciones están muy por debajo de nuestras declaraciones. Por esta razón hablar de humanidad es hablar de fraternidad, de defensa y de lucha por los derechos de todas las personas. Somos seres sociales. Necesitamos de otros para sobrevivir y nos conformamos en la relación que establecemos con otros, conocidos y desconocidos. Nuestras relaciones nos definen, cómo nos comportamos con otros seres habla de cómo somos.

Hay una frase de George Dana Boardman que me gusta mucho: “Plante un acto...recolecte un hábito; siembre un hábito... recolecte un carácter; siembre un carácter...recolecte un destino”. Cuando nacemos somos pura potencialidad. Tenemos nuestra carga genética y una serie de condicionantes (sociales, familiares, culturales, etc.) que nos influyen pero no nos determinan. No somos presas de un ciego destino. Vamos forjando nuestro carácter con cada una de las elecciones que hacemos. Cada acto cuenta porque va desarrollando actitudes.  Y ese carácter está directamente relacionado con la felicidad. Nuestra felicidad no es un destino, ni un puerto de llegada, tiene mucho más que ver con la actitud que tenemos ante los acontecimientos, tiene más de construcción y elección que de azar o de suerte.   Como decía Aristóteles: “el bien humano resulta ser el ejercicio activo del alma en conformidad con la excelencia o la virtud, y si hay más de una excelencia o virtud, en conformidad con la mejor y más completa. Pero esta actividad debe tener lugar durante el curso completo de la vida, pues una golondrina no hace verano, como tampoco un hermoso día. De igual manera, un día o breve lapso de felicidad no hacen a un hombre bienaventurado o feliz” (Ética Nicomáquea, 1, 1098ª, 16-19, citado por Strathern, 2015: 55).

Los seres humanos tenemos cuatro partes que deben hallarse en equilibrio para poder ser felices, para sentirnos más plenos y realizados, para conectar mejor con nosotros mismos y con los demás:

Cuerpo. No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo. Vivimos desde el cuerpo. A través de él nos relacionamos con los demás y con el mundo.

Mente. Nuestra mente es una poderosa arma, pero no debemos identificar que somos nuestra mente. Somos mucho más. Además, nuestra mente, igual que nuestros sentidos, no es perfecta, nos puede engañar (pensemos, por ejemplo, en las ilusiones ópticas). Durante mucho tiempo se ha puesto demasiado énfasis en la racionalidad. El ser humano no siempre es tan racional como le gustaría (y me atrevería a decir afortunadamente).  

Emociones. Actualmente estamos no sé si redescubriendo, pero sí resituando este importante componente de la conducta del ser humano. Las emociones están genéticamente articuladas. Generan acción, son las que nos mueven a actuar. Pueden originarse por un estímulo externo o interno. Cada emoción está vinculada con unos neurotransmisores, expresiones faciales y corporales (que a veces son parciales). Son transculturales (véanse los trabajos de Paul Ekman). Son muy rápidas. Se mezclan, se combinan, incluso las opuestas. Son muy contagiosas (y más las de las personas más influyentes en un grupo). Como nos gusta decir a un compañero y a mí cuando damos cursos de inteligencia emocional, ésta radica en la unión de razón y emoción en todos los procesos mentales. Pero aún falta un ingrediente…

Espíritu. Históricamente se han contrapuesto mente y espíritu. Sin embargo, como señala Torralba (2011: 53): “La vida espiritual no es una vida paralela a la vida corporal; está íntimamente unida a ella. Quien la cultiva, vive más intensamente cada sensación, cada contacto, cada experiencia, cada relación interpersonal”. Este autor habla de inteligencia espiritual, que no debe confundirse con consciencia religiosa, y que está presente en todo ser humano aunque con distintos grados de desarrollo. Está relacionada con las preguntas últimas que surgen de modo espontáneo en el ser humano y que se pueden agrupar, según Torralba (2011), en 7 bloques: 1) ¿Quién soy yo?; 2) ¿Qué será de mí?; 3) ¿De dónde vengo?; 4) ¿Cuál es el sentido de la vida?; 5) ¿Para qué todo?; 6) ¿Por qué todo?; 7) ¿Existe Dios? ¿Dónde está?

Debemos cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones porque  de esta manera podemos encontrar y responder al sentido de nuestra vida. Frankl (1991: 41) señala que “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino. (…) Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.” Como decía Nietzsche: " Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo” (citado por Frankl, 1991: 59).

Para terminar creo que lo que más nos acerca hoy a nuestra humanidad es el ejercicio de la compasión, entendida como empatía en acción (Echaniz Barrondo, 2015). José Antonio Marina, en el prólogo de Batlle (2013: 6), señala que “hay hábitos afectivos que favorecen la convivencia y que deben ser fomentados desde la infancia. Fundamentalmente tres: la compasión, el respeto y la indignación ante la injusticia. Es mejor hablar de ‘compasión’ que de ‘empatía’. Compasión es la capacidad de comprender el dolor ajeno y de sentirnos afectados por él. Promueve las conductas de ayuda”.

Bibliografía

martes, 24 de mayo de 2016

El compromiso detrás de la mirada: Gervasio Sánchez


Del 20 al 22 de mayo se celebró el Bilbao Photo Experience. Gracias a mi profesora de fotografía, Belén Ibarrola Goiri, pude asistir a la ponencia de Gervasio Sánchez, fotógrafo especializado en fotoperiodismo de guerra, quien ha mirado más allá de su cámara los grandes conflictos de Europa, Asia, África y América Latina por más de treinta años. Salí conmovida de la conferencia, que fue mucho más que conocer su excelente labor fotográfica. Podría resumir lo vivido con una frase… El compromiso detrás de la mirada… las historias y los nombres más allá de la instantánea
Presentaré aquí algunas de las ideas que compartió y la reflexión que a mí me suscitaron.

Comenzó su charla subrayando el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2016, otorgado al fotoperiodista estadounidense James Nachtwey, “conocido por sus cuatro décadas de trabajo en guerras, campos de refugiados y ciudades castigadas por catástrofes naturales o ataques terroristas”.

Me impactó que continuó diciendo que no se atrevía a describir la guerra y el dolor que genera, que va más allá del “bang-bang”. Una guerra no se acaba cuando se deja de disparar, ni cuando dice Wikipedia... Acaba cuando se superan las consecuencias y eso puede tardar años, décadas o no darse nunca… Sin embargo, algunos periodistas se piensan que ellos son los protagonistas… Señaló que cada vez le importa menos  el “bang-bang”, que ha dejado de centrarse en la parte efectista. Le interesa más la vida cotidiana, el cómo sobreviven las personas… Según él los muertos son el ‘menor’ de los problemas de una guerra… ¿Qué pasa con los supervivientes? Así dicho puede sonar un poco fuerte pero cobra todo el sentido al seguir todo su discurso…

Comentó que desde hace dos décadas más que mostrar el “bang-bang” hace visibles historias con nombres y apellidos. Cada muerte deja una historia inconclusa. Ese niño, esa niña que mueren en una guerra podrían haber sido un Premio Nobel, los descubridores de la cura de alguna enfermedad… El día que veamos las guerras en función de las historias inconclusas nos lo tomaremos en serio. Y no hay que olvidar que cada vez que hay una guerra hay quienes hacen negocio y siempre se encuentran muy lejos de la primera línea de fuego. A pesar de su optimismo decía que por esa razón (los beneficios que generan) es muy difícil que dejen de formar parte de nuestra vida. Investigadores de la Universidad de Cambridge han mostrado evidencias de lo que parece que fue una matanza hace cerca de 10.000 años en Kenia. Él se ha encontrado con muchas personas cercanas a los 30 años, en países con una esperanza de vida que ronda los 40, que no conocen lo que es un país sin guerra… Es duro… Yo me pregunto cuáles serán los resortes de Gervasio para mantener el optimismo y la esperanza después de haber vivido de cerca por elección tanto dolor…

Para Gervasio la vida en medio de la guerra tiene mucho más valor. Comentó que hizo su primer trabajo en Sarajevo en blanco y negro para evidenciar que podría ser cualquier guerra, en cualquier tiempo y lugar, que todas las guerras comparten imágenes. Y en medio de toda guerra la vida continúa. Lo que pasa ahora en Siria ya pasó en Bosnia hace algo más de 20 años. En Europa hemos conseguido no matarnos. Hemos inventado auténticas brutalidades (esclavitud, nacismo, etc.) pero hemos conseguido dejar de matarnos; aunque seguimos apoyando matanzas en otros lugares. Cuando cayó el muro de Berlín él se encontraba en El Salvador. En aquél momento llegó a pensar que se iba a quedar sin trabajo. Antes había dos potencias y había cierto ‘control’, ahora hay caos. Según él hemos llegado a un momento en que todo puede empeorar. Nunca ha habido tantos refugiados y desplazados.

Una clave de su trabajo es que ha intentado ser compasivo. ‘La dignidad es lo que importa’. Según él es importante acercarte al dolor y pensar qué harías si estuvieras en su lugar. Ha renunciado a la foto impactante, que genera mucho debate y declaraciones vacías, como la foto del niño de dos años que apareció muerto en la playa. A raíz de ese último hecho hubo muchas reflexiones indignantes. Quizá lo mejor hubiera sido el  silencio del luto…

Al ver de cerca tanto dolor y sufrimiento constata que resulta difícil gestionar los sentimientos. Genera mucha impotencia y desesperación ver que todo se repite; es más, cada vez presencia escenas de mayor sufrimiento. Es complicado gestionar lo que ves, te lo tienes que ‘tragar’. Como ‘anécdota’ cuenta que en 1994 salió de Ruanda después de ver morir a miles de personas y se fue a descansar y desconectar a las playas de Siria. Y ahora…

Contó que cuando empezó su carrera profesional pensaba que lo que hacía serviría para algo, para golpear conciencias y abrir debate, para mejorar el mundo. Dio un consejo muy claro: hay que ser críticos y autocríticos. No se puede ser complaciente con lo que ocurre y con el poder. Él hacía una reflexión, ¿voy donde quiero? La respuesta es clara, “no, voy donde me lleva la ola mediática”.

Después de haber cubierto el cerco de Sarajevo durante tres años conoció la historia de Kuito (Angola) donde habían muerto tres veces más personas que en Sarajevo en el plazo de apenas 9 meses. Y se preguntaba, ¿dónde estaba yo cuando morían tantas personas? Así empezó el proyecto Vidas minadas que fue financiado por el dueño de varias revistas del corazón. Comentó que la suya es una profesión en la que un grupo reducido ha pervertido la esencia de la misma. Es necesario buscar equilibrios entre los tiempos de los proyectos y el modo de hacer las cosas, lo que exige mucho coraje. Los políticos y los Directores de comunicación quieren que los proyectos se hagan rápido… Y cada proyecto necesita su tiempo. “Los periodistas debemos vigilar al poder político y económico y no acostarnos con él”.

Para él es más difícil editar que fotografiar. Le interesa encontrar el hilo narrativo. Muchas veces al escribir lo que más le cuesta es la primera frase. Cuando tiene claro el hilo y la historia va todo seguido… Muchas veces le preguntan cuál es la foto que más le gusta. Suele decir que muchas veces las que han tenido menos brillo porque son las que le han conducido a las que han sido comunicadas, las que aparecen en los reportajes, las que todos eligen…

Uno de los nombres y apellidos del proyecto de Vidas Minadas es Adis Smajic a quien conoció poco después de que con 13 años le estallara una mina antipersona que se activó al recogerla del suelo para que nadie la pisara. Una mina que cuesta 6 euros, y a alguien le da un beneficio de 3, cambió su vida para siempre. Con 13 años ya era un veterano de guerra que se ha tenido que someter a más de 30 operaciones para paliar las consecuencias. Gervasio ha acompañado a Adis durante años y le ha visto crecer, conocer el amor y le ha acompañado en el nacimiento de su hijo… (véase el vídeo del final).

Otro proyecto al que Gervasio se ha dedicado desde 1998, recopilando material en diez países, es Desparecidos. Según él la desaparición forzosa es el mayor drama de una guerra. Los escombros desaparecen, los heridos se pueden curar, los muertos se entierran, las tumbas se arreglan… Pero… ¿Qué pasa con los desaparecidos? ¿Qué ocurre cuando todos quieren mirar hacia adelante pero hay quienes se han quedado atrapados? Normalmente no trabaja en España porque aquí viene a descansar, pero a raíz del comentario de una periodista el epílogo del libro lo dedicó a España. ‘La dignidad es lo que importa’. Las víctimas tienen derecho a encontrar una respuesta a su drama. Muchas de las actuaciones del Gobierno de Los Estados Unidos son criticables pero después del 11-S se comprometió a recuperar todos los restos humanos y han realizado programas y pruebas de ADN a los familiares para hacerlo. Hay quien ha recibido una uña… Se ha encontrado con gente que dice que para qué hacer tanto esfuerzo. La respuesta es clara… Pregúntate… Si fuera mi hijo o hija, padre o madre, esposo o esposa, hermano o hermana ¿qué haría?

Otro nombre propio… Ascensión Mendieta, que tenía 88 años cuando fue a Declarar a Argentina para que exhumaran el cuerpo de su padre de una fosa común en el cementerio de Guadalajara. Ascensión tenía 13 años cuando su padre murió. El tiempo apremia... Ella ahora tiene 90 años y está a punto de conseguir recuperar el cuerpo de su padre gracias a una jueza argentina y un sindicato noruego. Su razón para tanta lucha: cuando muera quiere que le entierren en la misma tumba que a su padre.

Gervasio comentó que con el tiempo ha caído en la cuenta de que en las desapariciones forzosas las víctimas no son los muertos, sino las familias que pasan años buscando. Él nunca ha escuchado la palabra venganza al pie de una fosa común, en ningún lugar del mundo.

¿Qué me llevo yo de la conferencia? Tocar una vida es fácil, transformarla no tanto… Basta con conectar con las emociones para producir un impacto; pero cuando tocas la vida de alguien tienes una  responsabilidad… Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad…

Para finalizar la historia de Adis Smajic, extracto tomado del documental Imprescindibles- Gervasio Sánchez, testigo de guerra, reconocido con el Delfín de Oro del Festival de Televisión de Cannes y emitido por la 2 de RTVE el 23 de octubre de 2014.


domingo, 24 de abril de 2016

El peligro de la historia única


El origen de este post es una Charla TED de julio de 2009, “Chimamanda Adichie: El peligro de la historia única”, que cuenta con más de 10 millones de visitas.

Chimamanda se define como una “contadora de historias” y en la charla cuenta varias historias personales sobre el peligro de una historia única. Comentaré aquí algunas de ellas... Se presenta como una lectora y escritora precoz. Empezó a leer sobre los 4 años y sus primeros escritos los hizo sobre los 7. Relata que al principio leía historias sobre niños ingleses y americanos. Y los personajes sobre los que escribía eran como aquellos sobre los que leía: blancos y de ojos azules, jugaban en la nieve, comían manzanas y hablaban del tiempo. Ella, sin embargo, vivía en Nigeria, comía mangos y allí no se hablaba del tiempo porque no era necesario… Moraleja: somos muy vulnerables e influenciables ante una historia y más en la infancia… Esto me hace pensar lo importante que es lo que leen  nuestros niños y nuestros jóvenes, la mirada se educa desde muy temprano…

Todo cambió para ella cuando empezó a leer libros africanos; eso le salvó de ver una historia única y le ayudó a descubrir su propia voz. Otra historia que narra… En su casa tenían personal doméstico. Lo único que ella podía ver sobre Fidé, a quien su madre ayudaba mucho, era su pobreza. .. Su imagen pasó a ser otra después de que un día fue a su casa y estuvo con su familia. “Es así como creamos la historia única, mostramos a un pueblo como una cosa, una sola cosa,  una y otra vez, hasta que se convierte en eso”.  

La historia única tiene que ver con el poder.  Chimamanda explica que cuando piensa en el poder siempre le viene una palabra del idioma igbo (idioma hablado por la etnia igbo, localizada en lo que antes era Biafra), el sustantivo nkali, que significa “ser más grande que el otro”. En el mundo político y económico las historias se rigen por este principio. Todo depende de cómo y cuándo se cuenta, quién cuenta, cuántas historias se cuentan…  El poder no es sólo  la capacidad de contar la historia del otro, sino de hacer que esa historia sea la definitiva.  En alusión a su infancia  reflexiona que “todas estas historias me hacen quien soy;  pero si insistimos sólo en lo negativo sería simplificar mi experiencia y omitir muchas otras historias que me formaron”. La historia única crea estereotipos, y el peligro de los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Es imposible conectar con una persona o lugar sin entender todas sus historias. La historia única roba la dignidad de los pueblos, niega la igualdad, subraya las diferencias más que las similitudes. Acaba la conferencia con una reflexión excepcional. “Las historias importan. Muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota […] Cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso”.

Según iba escuchando la conferencia me venían a la cabeza muchos ejemplos sobre el peligro de la historia única, en la Historia hay muchos y también en la mía propia… No hay más que pensar en todas los casos de discriminación y persecución, ya sea por causa política, religiosa, de orientación sexual… Detrás hay mucho miedo e incapacidad de ver lo que nos une, la humanidad… Detrás hay historias únicas que hemos asumido acríticamente… En mi vida he experimentado también en varias ocasiones esto… He tenido que reelaborar o revisar mis opiniones sobre el matrimonio, la familia, la homosexualidad, el aborto… cuando me han ‘golpeado’ cerca… Y digo ‘golpeado’ porque en un primer momento he vivido así, como una sacudida, lo que ha atacado mis creencias y valores…

La charla también me hacía pensar en la lucha feminista, en el patriarcado. Durante muchos, demasiados, años la historia de las mujeres ha sido contada e interpretada por hombres. La voz de la mujer ha sido silenciada o minusvalorada… Todo cambio hacia la real igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres pasa por superar la historia única.

Posteriormente he visto otra conferencia de Chimamanda que se ha convertido en libro, Todos deberíamos ser feministas, y que será leído por todos los estudiantes suecos de dieciséis años.  Al comienzo del libro Chimamanda se define como una “feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres”.

Revisemos nuestros prejuicios, clichés, estereotipos, historias únicas… Este es el primer paso necesario para relacionarnos en clave de igualdad; es el primer paso para hacer realidad los Derechos Humanos.