[He publicado esta entrada el 16.10.2023 en el Blog de
Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido
el 01.07.2024]
Me tengo por una persona vitalmente optimista, con una fe profunda en el ser humano. Sin embargo, a veces siento unas sacudidas internas que me hacen cuestionarme si todo será una invención; si no será un ejercicio vano de voluntad alimentar esa fe. Además, últimamente he notado que si alguna persona muy cercana se muestra desalentada, desganada o desesperanzada se me contagian con más facilidad esas emociones. Punset (2019) explica que estamos programados para imitarnos porque eso puede salvarnos; pero las emociones desagradables también son contagiosas y hay que ponerles límite, evitarlas, porque nos pueden llevar al fondo del pozo.
La verdad es que el contexto no ayuda mucho. Las noticias de las guerras, las muertes por violencia de género, las de personas migrantes que sólo buscan una oportunidad… Existe mucho sufrimiento que podría evitarse haciendo un esfuerzo de diálogo, de entendimiento, de empatía... En definitiva, si intentáramos tener una mirada humana profunda hacia las personas y las situaciones, más allá de las creencias y los intereses. Recientemente tenía un diálogo muy interesante con mi alumnado de 1º de Relaciones Internacionales sobre este tema y un alumno me preguntó si no creía que todo lo que hacía el ser humano era por interés. Es muy difícil responder a esta pregunta. Lo que es evidente es que el ser humano es capaz de realizar las acciones más sublimes y también de las más atroces.
Dándole vueltas a cómo evitar el pesimismo y el contagio de emociones desagradables he llegado a la conclusión de que hay dos vías excepcionales para conseguirlo. La primera de ellas es trabajar la interioridad, la conexión con lo más profundo, con la fuente de sentido. Como señala Rovetto (2021): “Vivir en la ermita interior, en el corazón espiritual (...) es una capacidad de darse cuenta de los distintos hechos que convergen en un mismo suceso y a la vez, mantener una cierta distancia de ellos. Se abre un espacio disponible que permite respirar en todo sentido y no ser avasallados por las reacciones que se produzcan en el medio, en la mente y en el cuerpo (…) Y esto debido a que la mente no es la herramienta adecuada para orientar nuestra vida. Si ponemos al mando a «la loca de la casa» nos encontramos con vidas plagadas de sufrimiento e inconsistencia”.
La segunda vía, que es complementaria, sería deshacernos de capas que hemos ido poniéndonos a medida que hemos ido transitando al mundo adulto: creencias, prejuicios, mandatos de género, ideología, intereses, etc. Se trataría de recuperar la mirada limpia del niño, de la niña, que nos habita y que ve más allá de las mencionadas capas y es capaz de empatizar con el ser humano que tiene enfrente sin filtros que distorsionan.
Para comprobar que aún no me han
comido las sombras
Que alguien me diga que me cree
(…)
Quiero
ser un niño ya no quiero ser mayor
Referencias
El Publicista (2012, 8 de junio). 'Experimento comparte', de Shackleton para Acción Contra el Hambre (campaña) [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=ajt9VYHaGO4
Sesión de Micros Abiertos (2019, 30 septiembre). El Jose ft. Pedro Pastor y los Locos Descalzos - Ya no quiero ser mayor (acústicos SdMA) [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=X70fbCjP_lM
Los días 30 de septiembre y 1 de octubre unas 30 personas asistimos
en Las Matas (Madrid) al encuentro organizado por el grupo de Diálogo de personas de creencias diversas del
Movimiento de los Focolares [ver web] con el sugerente
título: Dios ¿existe? Encuentro de
diálogo entre personas de convicciones diversas. Fueron unos días intensos y de gran
profundidad por todo lo vivido y compartido.
Según el estudio de Ipsos “Global Religión 2023: Creencias
religiosas alrededor del mundo” un 61% de la población mundial (44% en España)
afirma que cree en Dios o en alguna fuerza superior, mientras que un 21% (32%
en España) asegura no creer en nada (Ipsos,2023). Si tenemos en cuenta la teoría de la sabiduría de los grupos (ver Sánchez,2022), que nos dice que ante preguntas complejas se obtienen respuestas más
rápidas y adecuadas en la medida en la que se pregunta a más personas, los
datos del estudio parecen sugerir que en este momento no hay una respuesta
clara a la pregunta de si Dios existe. Es más, podríamos incluso cuestionarnos
si la pregunta es pertinente.
La mañana del primer día dieron su respuesta a la pregunta
que nos convocaba tres personas, una desde el ateísmo, otra desde el
agnosticismo y otra desde la fe católica. Hagamos primero la distinción. Ateo
es una persona “que no cree en la existencia de Dios (o dioses o divinidades) o
que directamente lo niega”, mientras que una persona agnóstica “no afirma la
existencia e inexistencia de Dios (o dioses), no tiene certezas para creer,
pero al mismo tiempo considera que se trata de una cuestión que la capacidad
humana no puede resolver, esto es, inherentemente incognoscible” (Sánchez,2023).
Respuesta desde el
ateísmo
Miguel Ángel Royo
nos dio su visión tomando como apoyo los argumentos del libro El alma del ateísmo de André
Comte-Sponville, en el que se propone una espiritualidad sin Dios. Razones
para no creer en la existencia de Dios:
Debilidad de las pruebas
de su existencia. Tradicionalmente se han utilizado tres pruebas de la
existencia de Dios: a) Ontológica, Dios
existe por definición, por esencia; b) Cosmológica,
se parte de la existencia del mundo, y se dice que tiene que poder explicarse
su existencia, tiene que haber una causa fuera de sí mismo; c) Físico-teológica, el mundo existe y
tiene una complejidad inaccesible por lo que tiene que haber una inteligencia
ordenadora.
Carencia de
experiencias de Dios. Los seres humanos nos escondemos por vergüenza o por
miedo. ¿Qué razones podría tener Dios para ocultarse? Se suele argumentar que
se oculta para respetar la libertad del ser humano. Ese argumento se puede
rebatir. Si se nos oculta seríamos más libres que Dios y sus profetas porque
ellos no pueden elegir no creer. Además, hay menos libertad en la ignorancia
que en el conocimiento. Es más, que no se muestre parece incompatible con la
idea de un Dios Padre.
Una explicación
incomprensible. ¿Cómo podemos explicar algo que no se entiende (el mundo,
la vida, etc.) con algo que se entiende aún menos, que es Dios?
La existencia del mal,
su amplitud, su atrocidad, su desmesura, su banalidad. Este es el argumento
más antiguo y más fuerte.
La mediocridad del
ser humano. Somos hijos e hijas de la tierra y eso se nota. Tenemos que ser
más humildes (humus es la raíz del
término humildad). Cuesta pensar que estemos hechos a imagen y semejanza de
Dios.
El deseo y la
ilusión. ¿No resulta sospechoso que Dios se nos presente como la respuesta
a nuestros mayores anhelos: no morir definitivamente, reencontrarnos con
nuestros seres queridos, ser amados incondicionalmente, etc.?
Respuesta desde el agnosticismo
Jordi Illa contó
su experiencia con el soporte del libro Inteligencia espiritual de Francesc
Torralba [hace tiempo escribí una entrada
sobre el mismo] cuya tesis es que existen un sentido espiritual, unas
necesidades de orden espiritual que no se pueden desarrollar de otro modo que a
través de la Inteligencia espiritual.
Explicó el modelo de tres capas, que a él le ha
servido para situar su experiencia vital,
en el que la Espiritualidad es la
más profunda y común a todas las personas. Sobre ella estaría la Religiosidad que responde a la
necesidad de sentirse unido a algo que trasciende. Y en último lugar estaría Confesionalidad que hace referencia a
los ritos, rituales, dogmas, etc.
Nos presentó el vídeo en el que Carlos Blanco responde desde su
posición agnóstica: “Lo que nosotros estamos diciendo de Dios es el límite de
nuestra imaginación: el ser perfecto, autosubsistente (…) Todavía no somos capaces
de imaginar algo mejor sobre Dios (…) Es el límite al que puede tender la mente
humana, es lo máximo que tú puedes imaginar y razonar”.
Respuesta desde la fe
católica
Ita Pi empezó
diciendo que elaborar su respuesta le supuso hacer un ejercicio de profundización
importante. Ella tiene una creencia vital muy fuerte. A día de hoy diría que
cree en un Dios sin rostro (sin una forma determinada), no por impersonal, sino
porque ha ido cambiando su imagen con el tiempo. A medida que se ha ido
alimentando de otras religiones y espiritualidades su creencia, recibida en
primera instancia de su familia, se ha afianzado, se ha hecho más profunda.
Siente algo muy bello que es que no sólo ella está en busca de Dios, sino que
Dios también le busca a ella.
Vimos el vídeo en el que José
Cobo y Javier Melloni dialogan con ocasión de la presentación del libro Dios sin Dios. Una confrontación. Resulta
muy sugerente la invitación de Melloni a vivir desde Dios, buscando desde
dentro, porque desde ahí es desde donde se abre el camino al otro, al hermano.
A las exposiciones
siguió un diálogo muy profundo en el que cada persona reaccionó desde su
experiencia y su momento vital:
“Soy creyente en búsqueda… en
proceso… en camino”.
“Más que una creencia es una
experiencia… A veces siento y también hay períodos en los que no siento nada”.
“Este grupo ayuda a estar en una
actitud de apertura y cuestionamiento”.
“No sé si existe Dios, pero igual
se manifiesta a través de esta lágrima”.
“No soy creyente, pero sí existe
el amor”.
“Soy agnóstico por prudencia
intelectual, también comparto argumentos con el ateísmo. He llegado a un
momento en el que no me pregunto si Dios existe”.
“Para mí, participar en este
grupo ha supuesto una gracia grande. Me ha hecho aterrizar, profundizar”.
“Tengo la experiencia de sentirme
sostenida, acompañada, por algo diferente de mi conciencia”.
Tuvimos también ocasión de trabajar el Decálogo para el diálogo de Iñaki Guerrero. Insistimos en la necesidad
de ser valientes para afrontar conversaciones, la condición de que la otra
persona quiera dialogar, la conveniencia de generar espacios de confianza y
amistad para favorecer el diálogo,
la importancia de la atención plena, la dificultad de escuchar sin
juzgar o valorar, el riesgo de ser esclavos de nuestras ideas, convicciones o
posiciones, etc.
Transconfesionalidad
La segunda mañana contamos con la aportación de Lucas Cerviño desde el otro lado del
Atlántico y en un horario de madrugada para él. Empezó explicando cómo se ha
dado un fenómeno de transformación de lo espiritual, una metamorfosis de lo sagrado. En los años 60-70 del siglo pasado se
hablaba de la muerte de Dios, pero eso no se ha dado. Se ha pasado de poner el foco
en el contenido de lo que se cree (creencia y transmisión) al sujeto que cree
(experiencia, búsqueda). Nos encontramos ante un pluralismo de respuestas al
sentido de la vida,
una ruptura del monopolio de sentido de las religiones. Se da un mayor nivel de
personalización, que no individualización. Estamos en un período en el que
prima la autonomía del sujeto. Existen también otras dos claves que atraviesan
de forma transversal el fenómeno: la ecología (interconexión) y la
incorporación de lo femenino.
Propuso un matización
al modelo de tres capas. Incluyó una capa más profunda, la interioridad, que es el núcleo al que toda espiritualidad tiene que
responder. Existe el riesgo de muchas ofertas, muchas experiencias, que no
conectan con la interioridad. La interioridad no es un encierro, un ejercicio
de intimidad. Supone la conciencia de estar atravesados por lo infinito, por la
inmensidad. Es donde surge la individualidad y la libertad; desde ahí brota la
responsabilidad hacia los demás y lo demás; es un espacio vital para la felicidad
humana, el lugar donde brota el ser únicos e irrepetibles. Si la Espiritualidad
no conecta con la interioridad se convierte en intimismo, en consumismo. Si la
religiosidad no conecta con la interioridad se transforma en fetichismo, magia.
Si la confesionalidad no conecta con la interioridad se queda en ritualismo,
moralismo.
El estar atravesados
por el infinito tiene distintas cristalizaciones. La transconfesionalidad
supone establecer un diálogo entre estas distintas cristalizaciones. Estamos
llamados a hacer diálogos desde distintas formas de conectar con la realidad
última. Se puede hablar de experiencias de comunión desde la reflexión y el
diálogo. Podemos sentirnos un cuerpo, un nosotros, donde se mantiene la
especificidad de cada uno.
Estamos llamados y llamadas a realizar un triple descentramiento:
1) Hacia el Misterio, la realidad última, lo que conecta con tu centro más
profundo; 2) Hacia el prójimo, el otro distinto y diferente; 3) Percibir lo
sagrado en la naturaleza, en la Creación, que tiene que ver con cómo me
alimento, cómo uso los recursos, cómo consumo, etc.
Mi impresión y
vivencias “fuera de programa”
Después del recorrido de los dos días tuve una intuición muy
profunda. Probablemente el diálogo transconfesional sea la única vía para
conseguir un entendimiento profundo. Conectar con la interioridad que nos
habita y en la que habitamos nos lleva a transformar una realidad que nos
duele. Es la forma de romper barreras y de transformar juntos. Si no, podemos
caer en la acción por la acción o en el error de tratar de convencer a otras
personas. Podemos dialogar y encontrar puntos de encuentro desde formas
diversas de conectar con la realidad total, la realidad última.
Y no podemos olvidar los momentos de conversación informal,
los paseos, la velada con pruebas por equipos, los momentos de poesía e
imágenes con música. Las intuiciones y las preguntas que cada uno se llevó
consigo. Me quedo con una frase que nos recordó Lucas del Papa Francisco: “Cada vez que nos encontramos con un ser humano
en el amor, quedamos capacitados para descubrir algo nuevo de Dios” (Exhortación
Apostólica Evangelii Gaudium, n.272).
El pasado 21 de septiembre, organizada por la Fundación Pía Aguirreche, tuvo lugar en la Universidad de Deusto la Mesa redonda sobre Cicely Saunders, en
la que participaron los paliativistas Enric Benito, Carlos Centeno y Jacinto Bátiz y que fue dirigida por la presentadora de TVE Ana Blanco [ver vídeo]. La mesa redonda tenía
como centro el libro Velad conmigo
que recoge la selección de conferencias de Cicely Saunders realizada por el
profesor David Clark y que presenta los fundamentos básicos de los cuidados
paliativos [descargar libro].
“Velad conmigo significa sencillamente,
y sobre todo estad ahí” (Saunders, 2023: 28). Recogeré aquí mi selección de
las ideas transmitidas por los tres doctores, retazos del libro y alguna
reflexión personal.
La biografía de Cicely
Saunders es fascinante, valgan algunos apuntes: “Nació el 22 de junio de
1918. A los 20 años estudió Ciencias Políticas, Filosofía y Económicas en la
Universidad de Oxford. En 1940 interrumpió los estudios académicos para
convertirse en estudiante de enfermería en la Escuela Nightingale de Formación
del Hospital de St. Thomas de Londres. Cuando una lesión de espalda le obligó a
dejar la enfermería volvió a Oxford y se graduó en 1944 con una licenciatura en
Letras y una diplomatura en Administración Pública y Social. Después comenzó su
formación como trabajadora social hospitalaria. (…) Tomó la trascendental
decisión de estudiar Medicina; empezó en 1951 y se graduó ya avanzados los
treinta años de edad. En 1958 tomó posesión del puesto de investigadora en la
Escuela de Medicina de St. Mary, desarrollando trabajos de investigación en el
St. Joseph’s Hospice, en Hackney, en la zona este de Londres (…) Pronto hizo
planes para construir su propio hospice
moderno, una residencia que se centraría en tres actividades vinculadas:
cuidados clínicos, docencia e investigación” (Saunders, 2023: 14).
Si hubiera que sintetizar sus enseñanzas en una frase, esta
podría ser la recogida en su obituario en la revista Pain: “Usted importa por
lo que usted es. Usted importa hasta el
último momento de su vida y haremos todo lo que esté a nuestro alcance, no
sólo para que muera de manera pacífica, sino también para que, mientras viva,
lo haga con dignidad” (San Martín y Lekuona, 2016).
De la mesa redonda voy a destacar cinco ideas.
Idea 1: La medicina no es omnipotente. Existen enfermedades, o cuadros médicos, incurables. Y ahí es
donde nos encontramos con una persona que sufre. Hay que cambiar el paradigma, hay que ver a las personas y no las
enfermedades.
Idea 2: El dolor de
esa persona no solo es físico, también es social, emocional y espiritual, y
de ahí la importancia del trabajo enequipo. “Tenemos que aprender qué es
el dolor. Aún más, tenemos que aprender lo que se siente al estar tan enfermo,
al ir perdiendo la vida y su actividad; al darte cuenta de que tus facultades
te están fallando y de que vas dejando atrás afectos y responsabilidades.
Debemos aprender a sentir con los pacientes, sin sentir como ellos, si queremos
darles la clase de escucha y el apoyo firme que necesitan para encontrar su
propio camino” (Saunders, 2023: 25).
Idea 3: Partiendo de que nadie muere sin saber que se está
muriendo, es importante acompañar
(la presencia) y abrir la puerta para que la persona pueda poner palabras a lo
que está viviendo. Para que nos pueda transmitir qué necesita. La herramienta fundamental: la escucha.
Idea 4: Hay que adaptarse al paciente que también sufre por
su familia. Ayudar a la familia es
ayudar al paciente. Hay que ayudar a la persona a cerrar los temas
pendientes, que pueden ser de muy diversa índole.
Idea 5: No hay que
tener miedo a morir, es un proceso bien diseñado, y no es necesariamente
doloroso. Para profundizar en esto ver una entrada anterior, Llegar bien a la meta: el proceso de morir.
De la sesión también me llevo una recomendación. La
Fundación Pía Aguirreche ha patrocinado la película documental Hay una puerta ahí, estrenadael 10 de marzo de 2023 en el Festival
de Málaga y que también será proyectada en el Festival de Cine de San
Sebastián. Este largometraje recoge las conversaciones por videoconferencia
entre Fernando, un paciente terminal de ELA, y Enric Benito, separados por un
océano y que nunca se conocieron en persona. En él se puede ver un caso real de
acompañamiento y su efecto en el bienestar de la persona en el final de su vida
[Ver tráiler].
“Trabajar en cuidados
paliativos requiere una perspectiva que valore integralmente a la persona; que
considere la enfermedad terminal como un proceso biológico y biográfico; y que
no considere la muerte como fracaso sino como misterio. Sólo desde ahí se
puede aspirar a comprender y dar respuesta a la complejidad del camino que
recorren los enfermos. Al acompañar a los pacientes el profesional se aproxima
a un espacio donde el conocimiento adquirido y el modelo biomédico aprendido
son útiles pero se hacen más necesarios los recursos y experiencias que ayuden
a atender y acompañar el sufrimiento” Grupo de Espiritualidad de la SECPAL
(citado en Saunders 2023: 9).
Fundación Pía Aguirreche (2023, 22 septiembre). Mesa redonda
sobre Cicely Saunders con los doctores Jacinto Bátiz, Enric Benito y Carlos
Centeno [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=1QP5nXYzSrg
“Todas las
mujeres llevamos dentro una mujercita que nos empuja al sacrificio. Esa es la
primera a la que debemos callar” (Gioconda Belli, entrevista enEl País).
Hace unos años una amiga me regaló un libro con un título
muy sugerente que me ha inspirado el de esta entrada, Las mujeres que leen son peligrosas. El autor del mismo, Stefan
Bollmann, tiene un libro posterior titulado Las
mujeres que escriben también son peligrosas. Estas vacaciones me propuse
hacer una desconexión total y disfrutar de la lectura ya que durante el curso
suelo acabar los días agotada y me cuesta tanto lo uno como lo otro. Y parece
que lo estoy consiguiendo... He cogido un buen ritmo de lectura. A 21 de agosto
ya llevaba leídos 8 libros. En esta entrada voy a recorrer y hacer una
reflexión sobre algunos de ellos, escritos por mujeres.
En El país de las mujeres, Gioconda Belli,
poeta y novelista nicaragüense, nos ofrece una utopía muy sugerente. En
Fanguas, país imaginario que aparece en sus novelas, las mujeres han accedido
al poder debido a una catástrofe natural, la erupción de un volcán, y mandan
temporalmente a los hombres a casa a hacerse cargo de los hogares. ¿Cómo se
imagina Viviana Sansón, la Presidenta, su partido,
el que ha ganado las elecciones? (Por cierto, se llama PIE - Partido de la
Izquierda Erótica y tiene un manifiesto muy interesante, Eldivanrojo, 2011).
“Yo imagino un partido que proponga darle al país lo que una madre al hijo,
cuidarlo como una mujer cuida su casa; un partido ‘maternal’ que blanda las
cualidades femeninas con que nos descalifican, como talentos necesarios para
hacerse cargo de un país maltratado como este. En vez de tratar de demostrar
que somos tan ‘hombres’ como cualquier macho y por eso aptas para gobernar,
hacer énfasis en lo femenino, eso que normalmente ocultan, como si fuera una
falla, las mujeres que aspiran al poder: la sensibilidad, la emotividad”
(Belli, 2023: 139). Su objetivo de gobierno, instaurar la paz, la libertad, el
respeto, la igualdad entre hombres y mujeres, el ‘felicismo’. [Para profundizar
en esta obra sugiero leer este trabajo de Olga Roussou].
Ana Porras, periodista, escritora y organizadora de eventos, en el prólogo
de Vacíos
y otras taras, que reúne 23
relatos sobre mujeres, nos recuerda: “Con los años vamos engrosando la
piel con desencantos, desilusiones, con todo aquello que pudo ser y no fue, con
frustraciones, con el miedo a equivocarnos de nuevo, con los amaneceres que no
vimos porque estábamos dormidos, con los atardeceres que nos recordaron que la
vida es una cuenta atrás. Vamos engrosando la piel con capas que pesan, que nos
fracturan los huesos, que esconden lo que quisimos ser, lo que soñamos. Ponemos
parches a los vacíos intentando llenar los huecos con lo que vamos encontrando
por ahí. Un poco de esto, un poco de aquello y un poco de esto otro. Y así los
vacíos se hacen más grandes, más sonoros, más adversos; ganan espacio creando
una nada mayor”. Muchas veces las mujeres hemos cubierto o tapado esos vacíos
de forma inadecuada…
De Isabel Allende, escritora,
feminista, filántropa, así como una de las autoras más leídas del mundo he
leído dos libros. Violeta, en elque, como señala el resumen: “En
una carta dirigida a una persona a la que ama por encima de todas las demás,
Violeta rememora devastadores desengaños amorosos y romances apasionados,
momentos de pobreza y también de prosperidad, pérdidas terribles e inmensas
alegrías. Moldearán su vida algunos de los grandes sucesos de la historia: la
lucha por los derechos de la mujer, el auge y caída de tiranos y, en última
instancia, no una, sino dos pandemias” [Ver el interesante artículo-entrevista
a la autora sobre el libro]. En el segundo, El viento conoce mi nombre,presente y pasado se entrelazan y narra
la historia de dos niños, Samuel Adler, un niño judío al que su madre consigue
enviar a Inglaterra para salvarle de la Austria nazi, y Anita Diez, que con
siete años sube a un tren con su madre huyendo del peligro en El Salvador y que
al llegar a la frontera de Estados Unidos es separada de su madre. Me quedo con
un retazo de otro de los personajes, Leticia, porque refleja la realidad que
sufren muchas mujeres: “La relación duró muy poco, porque pronto ella
comprendió que estaba viviendo con dos hombres diferentes. El que todos
conocían era bullanguero, servicial, generoso y ganaba un buen dinero en su
oficio, pero no ahorraba, porque siempre estaba dispuesto a comprar cosas
superfluas, apostar o prestarles a los amigos. Ella se enamoró de esa versión
del hombre, el alma de la fiesta, pero descubrió que por dentro llevaba un
monstruo agazapado, que emergía con el alcohol” (p.93).
Auri Lizundia, pseudónimo de Nerea Azkona, quien en plena
pandemia creó con una socia AIEDI Faktoria,
“una cooperativa de iniciativa social que apuesta por el acompañamiento y la
capacitación para crear círculos virtuosos de personas felices en
organizaciones sostenibles y que utiliza la Agenda 2030 y los ODS como hoja de
ruta y las perspectivas sostenibles, de género, inclusiva e intercultural como
brújula”, en Madre en duelo nos habla desde su experiencia de un tipo de
violencia que muchas mujeres hemos sufrido sin saber su nombre, violencia
obstétrica. “Las mujeres sufrimos violencia machista en muchos ámbitos. En
realidad importa bien poco lo que nos pase: la cuestión es violentarnos. Y,
cuando hablamos de embarazos, partos y pospartos, la violencia obstétrica e
institucional entra en juego. No es una violencia nueva para nosotras, pero son
momentos en que las cotas llegan a niveles altísimos e incluso a contrasentidos
(…) Cuando hablamos de mujeres y de sus derechos, la sociedad tiene la luz
desenfocada. Si nos matan, el foco se pone en nosotras en vez de en los
agresores. Si nos quedamos embarazadas, el foco se pone en lo que se está
gestando, por lo que el aborto será estigmatizado y, si el bebé nace muerto,
como veremos, la luz del foco directamente se apaga” (pp.9-12).
Presentado cada uno de los libros, ¿por qué leer es peligro? A mí, leer historias de mujeres contadas por
mujeres me reafirma en el feminismo. Me encanta escuchar la voz de las
mujeres sin intermediarios. Me hace aún más consciente de las dificultades,
obstáculos, miedos que las mujeres viven y han vivido a lo largo de la historia,
así como de lo necesario que es seguir trabajando para que la igualdad real se
haga efectiva. ¡Ojalá llegue el día en que el feminismo no sea necesario!
Además, las conquistas son frágiles, muy frágiles. ¡Que se lo digan a Viviana
Sansón, la Presidenta del PIE, que sufre un atentado porque los hombres se
sienten amenazados por la nueva posición de las mujeres en Fanguas! (El país de las mujeres, Gioconda Belli).
O a las mujeres y niñas migrantes, o a las atrapadas en conflictos bélicos, o a
aquellas que viven bajo ciertas dictaduras… Y que conste que soy muy consciente
de que escribo esto desde el lado del privilegio.
Además, estas
lecturas coinciden en el tiempo con un hecho real que ejemplifica a la
perfección el machismo imperante, el beso en la boca no consentido de Luis
Rubiales (Presidente de la Real Federación Española de Fútbol) a Jenni Hermoso
(Jugadora de la Selección de fútbol española) en la ceremonia de entrega de
medallas del Campeonato Mundial de Fútbol Femenino 2023. Cuando escuché la
supuesta excusa que Rubiales dio en un vídeo no daba crédito: “Pues, porque en
un momento de máxima efusividad, sin ninguna mala intención, sin ninguna mala
fe, pues bueno, ocurrió lo que ocurrió, yo creo que de manera muy espontánea
(…) Repito: sin mala fe por ninguna de las dos partes” (ver Labari, 2023). ¿Ninguna de las dos partes? ¿Alguna vez se entenderá plenamente qué
significa el consentimiento? Y la guinda la puso con el discurso en la Asamblea
de la Federación [Animo a leer el artículo de mi compañera de universidad, Gutiérrez (2023)]
Para terminar, una
poesía y una recomendación, el documental Woman, realizado a través de 2000
entrevistas en 50 países, que es “un mensaje de amor y esperanza enviado a
todas las mujeres del mundo. Un intento de comprender su vida, medir el progreso
realizado, pero también todo lo que queda por hacer”.
[He publicado esta entrada el 14.08.2023 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Acabo de leer estas palabra de la filósofa Anna Pagès que conectan a la perfección con un tema sobre el que llevo un tiempo dando vueltas en mi cabeza, la Inteligencia Artificial (IA) en la tarea docente: “El discurso, lo que uno piensa, es progresivo, no es inmediato, y necesitas tiempo y espacio para crecer. (…) Necesitamos que vuelvan el lápiz y la hoja en blanco a las aulas. Sin excluir la tecnología, por supuesto. Pero los estudiantes necesitan exponerse al vacío. Hay que crear esos vacíos, abrir huecos en los que poder escucharse a uno mismo” (Fernández, 2023).
Este curso en la universidad hemos vivido una verdadera convulsión por la irrupción de la IA. Un tema de conversación habitual entre el profesorado ha sido la utilización de la IA entre el alumnado. También ha habido quienes se han adelantado y han utilizado la IA en sus actividades de clase para mostrar al alumnado para qué puede servir y para qué no. La IA ha llegado para quedarse y lo que más abruma, a mí al menos, es la velocidad a la que avanza y se desarrolla. Está claro que los y las docentes nos tenemos que poner al día y revisar nuestras metodologías, pero no quiero seguir por ahí. Quiero compartir las experiencias que he tenido en una de las asignaturas que imparto, Ética cívica y profesional (mi favorita, por cierto).
En esta asignatura el examen final supone un 30% de la calificación, las actividades de clase un 20%, un trabajo en equipo 10% y hay dos tareas individuales que están pensadas para que el alumnado vaya reflexionando y forjando su criterio ético: un ensayo que supone el 10% de la calificación y un diario de aprendizaje que supone el 30% restante. Ha habido cuatro alumnos a los que he puesto un cero en la calificación por el uso de la IA: tres de ellos en el ensayo y uno tanto en el ensayo como en el diario de aprendizaje. A todos ellos les convoqué a la revisión.
Llega el primer alumno y tiene lugar, más o menos, esta conversación:
(Yo) Buenos días X, ¿por qué has tenido un 0 en el ensayo y en la calificación final?
(Alumno) No sé. Lo habré hecho mal…
(Yo) La razón es que has usado IA
(Alumno) ¡Hombre…! ¡No…! ¿Cómo voy a hacerlo en Ética?
(Yo) ¡Hasta aquí! [Le explico la gravedad del tema y las implicaciones si le abriera un expediente] Vuelve a hacer la tarea, envíamela y ven el día de la extraordinaria para presentármela y comentarla.
(Alumno) Vale [no hubo la más mínima resistencia]
A continuación entran otros dos alumnos, quienes forman una especie de “pack” porque siempre están juntos. La conversación varía ligeramente:
(Yo) Pasad, ¿por qué habéis tenido un 0 en el ensayo y en la calificación final?
(Alumnos) Porque hemos usado ChatGPT
(Yo) [Les explico la gravedad del tema y las implicaciones si les abriera un expediente] Volved a hacer la tarea, enviádmela y venid el día de la extraordinaria para presentármela y comentarla.
Con el cuarto alumno la conversación fue similar. El problema vino el día de la convocatoria extraordinaria. Los demás habían defendido ya su trabajo y fue suficiente para que aprobaran. Nada más entrar, le pongo encima de la mesa el trabajo que me había enviado (en la foto se puede ver un extracto) y se sucede esta conversación:
(Yo) ¿Qué explicación puede haber para este sombreado en todo el trabajo? Yo solo le encuentro una, que has hecho copia/pega.
(Alumno) ¡Sí! Pero esta vez he entendido lo que copiaba…
(Yo) Fuera de mi despacho. Nos vemos el curso que viene. Os insistí en lo que significaba defraudar y lo vuelves a hacer… Además en la asignatura de Ética… Y en un trabajo en el que te estoy pidiendo que expliques los principios éticos con los que actúas y si deberían incluirse en el Código Deontológico de la profesión a la que te vas a dedicar…
(Alumno) Déjame explicarme… ¿Hay algo que pueda hacer para aprobar la asignatura?
(Yo) No. Has perdido todas las oportunidades de este curso.
Tengo que reconocer que me enfadé… mucho… Sentí la profunda rabia que genera la indignación por el ataque a unos principios arraigados y que pivotan sobre el concepto de justicia. ¿Cómo se puede presentar un trabajo, una supuesta reflexión, en la que dices que el primero de tus principios es la honestidad y estás cometiendo un fraude? ¿Cómo podría dar por alcanzadas las competencias de la asignatura cuando se utiliza el engaño? ¿Qué habrá entendido este alumno de la asignatura? (Hay que decir que este alumno había asistido muy poco a clase, y por lo tanto se había perdido los debates y reflexiones que en ellas hacíamos).
El día que tenía que cerrar el acta de la convocatoria extraordinaria recibí el siguiente correo:
No sé qué opinara quien está leyendo estas líneas. Ciertamente, es un correo muy correcto, muy adecuado… Pero, en mi opinión, está escrito por un adulto (un padre, una madre, un tío, una tía…) que no es él. Viendo el desarrollo de los hechos tengo seria dudas de que pudiera llegar a esa reflexión en unos pocos días. El próximo curso voy a seguir una estrategia diferente con él. Voy a ir fijando tutorías en las que iremos comentado los contenidos de la asignatura y en los que vaya presentándome sus reflexiones… Parafraseando las palabras de Anna Pagès con las que abría esta entrada… Voy a darle tiempo y a acompañarle para que vaya creando su propio pensamiento sobre lo que es un buen ejercicio de la profesión, sobre cuáles son los principios desde los que actuar.
A
continuación recogeré (y comentaré) algunas notas sobre la conferencia “Protección y promoción de la salud mental
desde la acción tutorial” impartida por Susana Gorbeña en el marco de la Jornada del Tutor 2023
(Universidad de Deusto, Bilbao, 6 de julio).
Empecemos
señalando algunas premisas y un apunte
sobre el contexto. Según el Plan de acción tutorial de la Universidad de
Deusto la función del tutor, tutora es: facilitar el desarrollo integral, velar
por el desarrollo global, encaminar hacia la madurez al alumnado. El alumnado universitario
está en una etapa muy importante de su vida, en un momento madurativo crítico
en el que se consolidan identidades, en el que se dan procesos de exploración y
compromiso, se toman decisiones que se viven como críticas, adquieren
competencias personales y profesionales, están formulando su proyecto de vida…
Es importante abordar el tema de la salud mental desde un enfoque salutogénico (enfocado
en el florecimiento humano, en el desarrollo del pleno potencial) y no sólo patogénico (centrado en los problemas y déficits, en curar y
paliar), en línea con la definición de salud de la Organización Mundial de la
Salud: “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente
la ausencia de afecciones o enfermedades” (OMS, 2023). Y en cuanto al contexto en el
que vive nuestra juventud, son muchos
los retos que afrontan: empleo, emancipación,
sexualidad-género-afectividad, digitalización, sostenibilidad, efectos del
Covid-19 (los estudios dicen que el colectivo universitario ha sido uno de los
más afectados por la pandemia).
En un
estudio de 2018 de la Organización Mundial de la Salud realizado en 19
universidades de 8 países (Australia, Bélgica, Alemania, México, Irlanda del
Norte, Sudáfrica, España, Estados Unidos) a estudiantes de primer curso se
muestran unos datos que dan mucho que pensar: el 35% de los y las estudiantes
de primero tienen algún problema de salud mental; el 20% de las personas
encuestadas señalan que tiene limitaciones severas en su día a día debido a
trastornos o malestar mental (Auerbach et al., 2018).
La pandemia ha empeorado las cosas. Todos los
indicadores de malestar han subido y los de bienestar han bajado. Se ha mejorado algo, pero
todavía no llegamos a los datos prepandemia. En 2021 se dieron los datos más
altos de suicidios desde que hay registros. “En 2021, según los datos
publicados por el INE el 19 de diciembre de 2022 han fallecido por suicidio
4.003 personas en España, una media de 11 personas al día; un 75% de ellas
varones (2.982) y un 25% mujeres (1.021). Así, 2021 se convierte en el año con
más suicidios registrados en la historia de España desde que se tienen datos
(año 1906)” (FSME, s.f.).
¿Qué se
puede hacer? Como ya hemos señalado, por un lado hay que atender a los
problemas, afrontar el malestar, pero también hay que proteger y promocionar la
salud; una y otra actuación exigen estrategias diferentes.
Para afrontar el malestar los y las tutoras tenemos un
papel clave en la detección de problemas. Eso supone escuchar, preguntar sobre
salud sin líneas rojas (por ejemplo temas de suicidio o género) para derivar a
quien corresponda [Servicio de Orientación
Universitaria (SOU),
recursos comunitarios, etc.]. Las personas tenemos necesidad de compartir lo
que nos pasa. A veces ‘gritamos’ para que nos echen un cable del que
agarrarnos. Todo esto ayuda a estar menos mal, pero no es el objetivo único.
Susana puso un ejemplo muy gráfico: Dejar las ideaciones suicidas no te hace
una persona feliz.
¿Qué
más se puede hacer? “La educación tradicional se ha centrado en transmitir las
herramientas necesarias para el éxito académico y profesional del individuo, y
el progreso del alumno se mide de acuerdo con su desempeño dentro de este
paradigma limitado del éxito. Varias décadas de investigación rigurosa internacional
nos han demostrado que existen herramientas para generar los elementos del
bienestar, y que estas se pueden enseñar y aprender. Más aún, estas
herramientas se deben enseñar, ya que el bienestar tiene valor intrínseco (el
ser humano innatamente desea la felicidad) y valor instrumental (la felicidad
genera beneficios como salud física, éxito profesional y personal, mejores
relaciones con otros, y menor violencia y consumo de drogas entre adolescentes,
entre otros)” (Adler, 2016: 50). Este enfoque del florecimiento parte de unos principios clave: 1)
Mentalidad de crecimiento. La persona tiene que estar convencida de que puede
hacer algo para cambiar. Si tengo la creencia de que lo que me ha tocado es
así, y no se puede hacer nada, no hay cambio posible. 2) Tiene que existir una
actividad intencional sostenida. Igual que para mejorar la salud física hay que
hacer ejercicio físico de forma constante, para mejorar la salud mental hay que
‘ejercitarse’. 3) Hay que tener muy claro que existen diferencias importantes
entre los individuos. 4) Es necesario un equilibrio entre lo positivo y lo
negativo, y que lo positivo prevalezca ligeramente. En la vida nos encontramos
tanto con cosas positivas como negativas. No se trata de ver todo de color de
rosa, del “si quieres, puedes”, “do not
worry, be happy”, etc.
Dicho
esto, Susana presentó, algunas estrategias
para cultivar la salud mental y el bienestar y para que, desde nuestra
propia experiencia, podamos guiar, aconsejar y orientar:
Acompañar
en la clarificación de su concepto del bienestar, de la felicidad y el
desarrollo personal. Es importante detectar y ajustar las creencias erróneas.
Fomentar
el cultivo de las emociones positivas. Véase el modelo de
ampliación-construcción de emociones positivas de Barbara Fredrickson Lee,
profesora de la Universidad de Carolina del Norte (Castro, 2023).
Ayudar
a identificar y utilizar las fortalezas distintivas personales. Todas las
personas somos buenas en algo y deberíamos capitalizarlo. Es mejor construir y
crecer a partir de las fortalezas que ya tenemos. Podemos encontrar una
herramienta muy útil, el Cuestionario VIA de Fortalezas
Personales [es
gratuito, pero hay que registrarse], en la web Authentic Happiness de la Universidad de
Pennsylvania desarrollada por el Positive Psychology Center, dirigido por el
Dr. Martin E. P. Seligman (uno de los padres de la psicología positiva).
Reflexionar
y explicitar el sentido y el propósito de vida. Existen muchas herramientas
para esto: escritura expresiva, contrastar con otras personas, el visionado o
lectura de materiales [uno de mis libros favoritos es El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl]. Hace un tiempo
escribí una entrada de blog relacionada con el tema del sentido, Sobre los talentos.
Concretar
objetivos vitales. Es importante que nos proyectemos hacia el futuro desde un
optimismo realista.
Salir
de la ‘zona de confort’. Cambiar, salirse de las rutinas y lo conocido cuesta,
pero es la forma de crecer, de adquirir nuevas experiencias, ideas,
pensamientos, hábitos, etc.
Cultivar
actividades terapeúticas y de crecimiento.
Fomentar
la participación en la vida universitaria.
Incidir
en el aprendizaje significativo.
Otras:
promover la autoaceptación, el optimismo, la resiliencia, el afrontamiento,
etc.
Sin duda, una invitación estimulante para
cualquier tutor o tutora, para cualquier persona… Crecer, cuidar la salud,
promocionar el bienestar y acompañar a otras personas en su camino.
Referencias
Adler, Alejandro
(2017). Educación positiva: Educando para el éxito académico y para la vida
plena. Papeles del Psicólogo, 38(1),
50-57. https://doi.org/10.23923/pap.psicol2017.2821
Aprendemos
Juntos 2030 (2021, 6 octubre). Un decálogo para cuidar la salud mental de los
adolescentes. Montserrat Dolz, psiquiatra [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=41el0jzy4rg
Auerbach
R.P., Mortier P., Bruffaerts R., Alonso J., Benjet C., Cuijpers P.,
Demyttenaere K., Ebert D.D., Green J.G., Hasking P., Murray E., Nock M.K.,
Pinder-Amaker S., Sampson N.A., Stein D.J., Vilagut G., Zaslavsky A.M. and
Kessler R.C. (2018). The WHO World Mental Health Surveys International College
Student Project: Prevalence and distribution of mental disorders. J Abnorm Psychol. Oct;127(7):623-638.
doi: 10.1037/abn0000362. PMCID: PMC6193834.
[He publicado esta entrada el 18.06.2023 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Escribo estas líneas parareivindicar una emoción que me embarga en esta momento y que es muy agradable, el orgullo, en el sentido de la acepción n.1 de laRAE: “Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida”. Dediqué otra entrada a esta emoción, tras la lectura del libroLas emociones y el mundo moral (Etxebarria Bilbao, 2020), y en la misma argumentaba que la vergüenza, la culpa y el orgullo son tres buenas brújulas morales (Echaniz Barrondo, 2021). En concreto, el orgullorefuerza y favorece la conducta moral positiva.
¿Y qué me hace sentirme orgullosa en este momento? Son dos las razones que provocan este sentimiento y que podrían verse como las dos caras de una misma moneda, la de educadora. Hace tiempo escribía, y suscribo al 100%, “mi profesión y mi vocación es la de educadora, que es más que profesora. Educar es tocar una vida para siempre, o al menos tener el poder y la responsabilidad de hacerlo…” (Echaniz Barrondo, 2017).
Primera razón, una de las razones más poderosas que mueven mi vida, mis hijos. “La verdad es que les he llevado 9 meses en las entrañas, pero desde ese momento se me han instalado en la mente y el corazón y ocupan un espacio inmenso. Es lo que tiene ser madre… una tarea de 24 horas, 7 días a la semana y con una alta intensidad emocional…” (Echaniz Barrondo, 2020). Veo a dos adultos que van dando pasos firmes en la construcción de sus vidas. Uno ha hecho la apuesta por estudiar el doctorado y el otro acaba de terminar el Máster y en septiembre empieza a trabajar en una empresa que le ilusiona. Es muy grande el esfuerzo: los desvelos, las preocupaciones, el tiempo dedicado… pero cuando les ves desplegar sus alas la satisfacción es indescriptible.
Segunda razón, mis alumnos y alumnas, algunos de los cuales se quedan grabados con fuerza en mi mente y en mi corazón. Me siento una persona muy afortunada porque creo que he descubierto mi Ikigai, la razón por la que me levanto cada mañana, mi sentido de propósito, he podido hacer de mi vocación mi profesión (Echaniz Barrondo, 2022). Y te refuerza cuando recibes, al acabar el curso, un mensaje como este: “Como conclusión solo me queda agradecerte estos meses contigo, puesto que aparte de aprender y disfrutar de la asignatura también he aprendido de mí, hemos trabajado muchos temas desde el respeto, me has dado confianza para hablar en clase sobre mis opiniones, cosa que como ya te he comentado varias veces es complicado y más siendo una persona tan insegura… pero sí, te agradezco la cercanía y la confianza que has transmitido. Eres buena persona y buena profesora y no te lo digo como alumna sino como persona. Así que gracias, me acordaré siempre de estos meses y de ti”.
Estoy convencida que pocas vocaciones son tan grandes y satisfactorias como la de educadora. Tocar una vida es trascender y transformar el mundo en positivo. ¡Qué orgullo! ¡Qué responsabilidad!
[He publicado esta
entrada el 15.05.2023 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Acabo de terminar un libro sobre la muerte que me ha gustado mucho. Lleva por título: Mirar al sol [autor: Irvin Yalom; Leer un fragmento]. Tiene un subtítulo muy sugerente: Superar el miedo a la muerte para vivir con plenitud el presente. “No es fácil vivir cada momento con total conciencia de que moriremos. Es como tratar de mirar al sol de frente: solo se puede soportar un rato” (p.17). Compartiré algunas ideas del libro, que surge de la experiencia del autor y sus años de ejercicio como psicoterapeuta, y mis propias reflexiones sobre este tema que me encanta y sobre el que llevo leyendo y pensando desde que una buena amiga me regaló el maravilloso libro de Elisabeth Kübler-Ross, La muerte un amanecer. [Creo que fue a partir de ese momento cuando la mariposa pasó a ser mi animal y símbolo preferido].
Mirar de frente a la muerte asusta. Hay personas que intentan vivir de espaldas a ella, como si esta no fuera a alcanzarles y no cuidan ni de sí mismas ni de otras. Mientras, hay otras personas que buscan trascender a través de los hijos e hijas, un ser querido, una causa o un ser superior (las religiones ayudan a mitigar el miedo a la muerte). Quien más quien menos siente ansiedad ante la idea de la muerte y esta ansiedad o bien es reconocible o puede esconderse tenazmente detrás de otros síntomas. Todos probamos un anticipo de la muerte cada vez que dormimos o cuando estamos bajo los efectos de la anestesia.
“Aunque el hecho físico de la muerte nos destruye, la idea de la muerte nos salva” (p.46), nos conecta con nuestra vida y su sentido, con el aquí y el ahora. Posibilita cambios trascendentes y una comunicación mucho más profunda. Esto es algo que relatan mucha personas ante un diagnóstico negativo, o personas que han tenido la “experiencia de despertar” (p.49) provocada por sucesos como: la pérdida de un ser querido, una enfermedad, una ruptura, un hito vital, un trauma, la salida de los hijos del hogar, la pérdida de un trabajo, etc. Existe una “explícita correlación entre el temor a la muerte y la sensación de no vivir la vida” (p.63). ¡Qué importante es vivir una vida plena, con sentido, que nos haga tener pocos arrepentimientos cuando llega el final! [Esto me recuerda los cinco arrepentimientos más comunes recogidos por Bronnie Ware, enfermera experta en cuidados paliativos (Zamorano, 2018)].
Según Epicuro el omnipresente temor a la muerte es la mayor fuente de sufrimiento, por eso proponía almacenar experiencias placenteras, grabarlas en nuestra memoria y aprender a revivirlas. Yalom, que se declara ateo, utiliza tres de sus argumentos en el trabajo con los pacientes y también para enfrentar su propio miedo: 1)La mortalidad del alma: “si somos mortales y el alma no sobrevive, no tenemos nada que temer en una vida después de la muerte” (p.95). 2) La muerte como aniquilación total: “si soy, la muerte no es, pero si la muerte es, no soy” (p.95). 3)El argumento de la simetría: “nuestro estado de no ser después de la muerte es el mismo en el que nos encontrábamos antes de nacer”. También señala que de todos sus años de experiencia ha encontrado un concepto muy útil, el de la propagación por ondas concéntricas, que se refiere a “dejar algo de la propia experiencia de vida. Algún gesto, algún buen consejo, alguna guía, algún consuelo a los demás, sabiéndolo o no” (p.99), lo que no quiere decir que necesariamente nuestro nombre o nuestra imagen nos sobrevivan. Esta idea nos ayuda a pasar del terror a la satisfacción. También hay muchas tradiciones que para afrontar la transitoriedad insisten en vivir en el momento presente, en el aquí y ahora. Coincido plenamente con la idea de asumir la responsabilidad sobre la propia vida. “Una de las frases preferidas de Nietzsche era amor fati, ‘ama tu destino’. En otras palabras, ‘crea un destino que puedas amar’” (p.117).
Mi primera experiencia consciente de transitoriedad fue cuando a mi padrino, un gran médico con quien me había criado, recibió el diagnóstico de cáncer de pulmón. Desde muy niña fui consciente de que mis padrinos podían haber sido mis abuelos, me llevaban 54 años. Pero no fue hasta ese momento del diagnóstico que vi a la muerte acechando y me tuve que enfrentar al dolor de la cercana pérdida de una de las personas que han marcado mi vida. Después he vivido más muertes de personas muy queridas: mi madrina, mi padre, mi madre, mi mentor y director de tesis… Cada una de ellas ha revivido las anteriores y me ha confrontado con esa realidad que a todos nos espera: la muerte.
Recientemente escuché una entrevista a Mar Garcia Puig (filóloga, editora y política española, diputada por Barcelona en el Congreso de los Diputados) en el que hablaba de su libro La historia de los vertebrados. En él relata lo que sintió al ser madre: “Ya no puedo morir. Soy madre”. Cuando la escuché me sentí plenamente identificada, y me atrevo a decir que muchas mujeres (y supongo que hombres también) compartirán también esta experiencia. En ese momento sentí, percibí, comprendí de una manera clara que tenía que cuidar de mí para poder cuidar a ese niño que se había quedado grabado en mí para siempre. El nacimiento de mi segundo hijo no hizo más que confirmarlo. Ahora que ya he pasado los 50, que es evidente que tengo más vida por detrás que por delante, que he pasado a primera fila porque mis mayores ya no están, hay un pensamiento, un miedo, que aparece de vez en cuando: “¿Se acordarán de mi mis hijos? ¿Habré dejado una buena huella en ellos?”.
Para terminar un consejo del autor, Irvin Yalom: “No olvides que mantenerte consciente de la muerte, abrazarte a sus sombra, es una ventaja. Tal conciencia puede integrar la oscuridad a tu chispa vital y realzar lo que te queda de vida. La manera de valorar la vida, la manera de sentir compasión por los demás, la manera de amar cualquier cosa con más profundidad es ser consciente de que estas experiencias están destinadas a perecer” (p.166).