[He publicado esta entrada el 06.10.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente me he reunido con una amiga a la que hacía casi 20 años que no veía. Fue un encuentro muy agradable y enriquecedor. Parecía que habíamos estado juntas el día anterior. Nos pusimos al tanto de nuestras vidas con gran naturalidad. La conversación fluía con facilidad. En este tiempo ambas hemos sufrido algunas sacudidas importantes. Yo he tenido dos hijos (con todos los sobresaltos que eso conlleva), he sufrido la pérdida de personas importantes, me he separado, he tenido altibajos en el campo profesional… Ella dejó su país, se casó, ha tenido un hijo, ha cambiado de residencia varias veces, ha vivido en algunos entornos poco acogedores, ha sufrido la peor cara del mundo universitario…
Al día siguiente nos volvimos a encontrar y noté desde el primer momento que ella no estaba bien. Me dijo que nuestra conversación del día anterior le había venido muy bien aunque le había hecho darse cuenta de lo mal que estaba, de la gran frustración que vivía, de lo alejada que estaba su mente de sus emociones… Se sentía inmersa en la “noche oscura del alma”. Racionalmente se sentía agradecida por muchos motivos pero vitalmente se sentía muy frustrada en varios ámbitos. Verbalizó que se había hecho consciente de que necesitaba ayuda para volver a conectarse consigo misma. Compartió conmigo este precioso poema:
“Despiértate, alma mía.
No sé dónde estás,
dónde te has escondido,
pero te lo pido, despiértate,
aún estamos juntas,
aún tenemos un camino por delante,
nuestra estrella será
el claro velo del alba” (Adam Zagajewski)
El poeta polaco Adam Zagajewski al recoger el Premio Princesa de Asturias 2017 de las Letras dijo: “En el mundo actual todos quieren hablar sólo de la comunidad y de la política, y es cierto que esto es importante. Pero también existe el alma particular con sus preocupaciones, con su alegría, con sus rituales, con su esperanza, su fe, su iluminación que a veces experimentamos. Debatimos sobre las clases y las capas sociales, pero en el día a día no vivimos en la colectividad sino en la soledad. No sabemos qué hacer con un momento epifánico, no sabemos cómo preservarlo”. ¡Qué cierto! En el día a día vivimos a solas con nosotros mismos aunque tengamos muchas personas a nuestro alrededor. Nuestra alma está ahí aunque no siempre estamos en conexión con ella. Pugna por hacerse oír y a veces experimentamos momentos especiales de una gran revelación que pueden cambiar el curso de nuestra vida o la actitud que adoptamos ante la misma.
No es necesario hacer grandes esfuerzos para escuchar nuestra alma. Es muy sencillo de entender y no tan fácil de practicar… Como dicen estos hermosos versos… Todo está en el corazón:
“Renueva el corazón a cada hora
y aprende a renacer cada mañana (…)
¿Qué importa adónde vas, de dónde vienes?
No busques nada fuera de ti mismo:
todo en tu propio corazón lo tienes” (Ricardo León y Román)
Es importante que nuestros pensamientos, emociones y acciones vayan al unísono. Es vital para pasar de la coherencia individual a la coherencia social y de ésta a la global.
Ahora que soy plenamente consciente de que, probablemente, he pasado ya el ecuador de mi vida a veces tengo la tentación de pensar “qué hubiera pasado si…”. A veces siento que he errado mi camino, que la vida no es lo que hubiera deseado… En esos momentos lo que me ha hecho reconectar es mirar hacia dentro con amor, sin juicios. En esas ocasiones puede resultar muy útil el discernimiento, que como he dicho en otra entrada, “es la herramienta del amor; el medio para hacer del amor el centro de nuestras decisiones”. El amor es la medida de todo y la cura de muchos males. Llegado el momento me gustaría responder como Pedro Casaldáliga:
"Al final del camino me dirán:
—¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres".
¡Gracias amiga por tan bello encuentro! Para terminar una preciosa canción de Loreena McKennitt , The Dark Night Of The Soul, inspirada en las palabras de San Juan de la Cruz.
[He publicado esta entrada el 06.10.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente he visto una película que me ha parecido muy
inspiradora, más teniendo en cuenta que mi profesión y mi vocación es la de
educadora, que es más que profesora. Educar
es tocar una vida para siempre, o al menos tener el poder y la responsabilidad de hacerlo… La película
es El club de los emperadores.
Kevin Kline encarna al exigente y carismático profesor
Hundert quien imparte la asignatura de Historia Grecorromana en el prestigioso
colegio interno para chicos St. Benedict, donde se educa a una parte de las
élites norteamericanas. Son muchos los mensajes sugerentes que el
profesor transmite con energía y convicción en el aula: "El carácter
de un hombre es su destino”; “Las
grandes ambiciones y conquistas sin vuestro compromiso personal carecerán de
sentido ¿Cuál será vuestra contribución? ¿Cómo os recordará la historia?”; “Más
que vivir, lo importante es vivir según una ética”; “La juventud pasa. La
inmadurez se supera. La ignorancia se cura con la educación y la embriaguez con sobriedad. Pero la
estupidez dura para siempre”…
La película se desarrolla en dos momentos. En el curso 1972
un alumno nuevo, Sedgewick Bell, hijo de
uno de los senadores de Virginia quien
es benefactor del centro escolar, se le presenta al profesor Hundert como un
reto por su rebeldía. Se empeña en hacerle cambiar y conseguir que se interese
por la materia. Y casi lo consigue. La decepción del profesor llega cuando
descubre que ha hecho trampas en el concurso anual que organiza en su
asignatura. Pero no le delata. Otra parte de la película se desarrolla 25 años
después cuando Sedgewick Bell reúne a sus antiguos compañeros y al profesor
Hundert para reproducir la final del Concurso Julio César de 25 años atrás… Y
la historia se repite…
Hay dos diálogos que me llamaron especialmente la atención.
El primero de ellos se da cuando Sedgewick Bell está en el colegio y el
profesor Hundert va a hablar con su padre:
(Profesor) “(…) Únicamente pretendo moldear el
carácter de su hijo”.
(Senador) “¿Moldear? Por Dios todo poderoso…
Olvídelo. Usted no va a moldear a mi hijo. Lo que tiene que hacer es enseñar a
mi hijo. Enséñele cosas de su tiempo (…) Usted, señor, no va a moldear a mi
hijo, lo moldearé yo”.
Hace un tiempo, hablando de Para qué sirve la éticayo escribía:“Forjarse
un buen carácter es la opción más inteligente en la búsqueda de la felicidad, y
esto es válido también para las organizaciones y los pueblos. Cada uno vamos
formando nuestro carácter (que tenderá hacia el bien o hacia el mal) acto a
acto, decisión a decisión”. En este proceso de forjar nuestro carácter cada uno
de nosotros somos los principales responsables, pero es innegable que recibimos
múltiples influencias ¡Qué suerte encontrarnos con un maestro que nos hable de
la importancia de los principios y nos lo demuestre! ¡Qué suerte toparnos con
alguien que vaya más allá de hablarnos de las “cosas de nuestro tiempo”! Porque
la vida no nos la jugamos en los conocimientos sino en los valores.
El otro diálogo que quiero comentar es cuando 25 años
después la historia se repite y al encontrarse en el baño el profesor Hundert
le pone al descubierto a Sedgewick:
(Sedgewick)
"Confío en que esto quede entre
nosotros, como siempre. Confío que así será".
(Profesor) "¿Quiere decir que no salga y le acuse
de mentiroso y tramposo? No, no, soy un profesor, Sedgewick. Le he fallado…
como profesor. Pero si me permite voy a darle una última lección. Todos en
algún momento nos vemos obligados a mirarnos al espejo y ver cómo somos en
realidad. Y cuando llegue ese día, Sedgewick, tendrá que afrontar el hecho de haber
vivido una vida sin virtud, sin principios. Le compadezco por ello. Fin de la
clase".
(Sedgewick) "¿Qué quiere que le diga, Señor? Me importa
una mierda. Sinceramente ¿a quién de ahí fuera le importan una mierda sus
principios y sus virtudes? Porque, usted por ejemplo, ¿qué ha conseguido en la
vida? Yo vivo en el mundo real, el de la gente que sabe cómo conseguir lo que
quiere. Y si hay que mentir y engañar no importa. De modo que voy a salir ahí y
voy a ganar esas elecciones Señor Hundert. Usted me verá por todas partes…
Quizá luego me preocupe en contribuir en algo".
Queda claro que Sedgewick no siente ninguna vergüenza ni
arrepentimiento por su mal comportamiento. La vergüenza, como escribe Javier Bárez, “es necesaria porque marca
algunos límites, que como vemos, en algunos casos se sobrepasan porque
evidentemente, existen algunas fuerzas que empujan a ello, quizás otras emociones
como la codicia, la avaricia, y sobre todo, las ansias de disfrutar de la
vanidosa sensación de poder”. Ciertamente no le habían calado las enseñanzas
del profesor. Para él “el fin justifica los medios”. Muchas personas piensan
así, y así nos va…
Prefiero quedarme con la postura del profesor, con su
coherencia práctica y vital. Ante la pregunta de qué ha conseguido en la vida
creo que la respuesta es la mejor que se puede dar: ha conseguido ser fiel a sí mismo y a sus principios. Puede sentir
el orgullo de haber cumplido su misión
de tocar las vidas de algunas personas, y de tocarlas para bien. Como señala Pablo Cueva , “lo que hacemos, o aquello en lo que hemos intervenido puede
generar orgullo. La satisfacción por la autoría de un trabajo, por el resultado
de un esfuerzo realizado, por las consecuciones de nuestros hijos son algunos
ejemplos del orgullo vinculado al resultado de una acción. En este caso el
sentimiento viene de la mano de la vinculación con lo ético como el trabajo
bien hecho o la ponderación del esfuerzo por encima del resultado”.
Para terminar me
hago, y hago a quien lee esto, la preguntas del profesor Hundert: ¿Cuál será mi
contribución? ¿Cómo me recordará la historia?... Y añado, ¿qué significa para
mí el éxito en la vida? ¿Cómo lo mido?
[He publicado esta entrada el 20.09.2017 en el espacio de reflexión "Urteko galdera"
(La pregunta del año) habilitado por la Sociedad de Estudios Vascos]
Voy a cambiar un poco la pregunta y voy a responder, en mi
opinión, dónde radica la humanidad, qué es lo que nos diferencia de otros
seres. Hablaré de lo que, a mi
entender, debe de ser que no siempre
coincide con lo que es.
Empezaré defendiendo la dignidad
humana; ese valor intrínseco que caracteriza a la persona desde su
concepción hasta su muerte y que es el fundamento de los derechos humanos. Está
recogido en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos
los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como
están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los
otros”. En una conferencia a la que asistí, Adela Cortina señalaba que el lenguaje
nos compromete (solemos decir ‘te tomo la palabra’). Cuando “declaramos”, es
más que soñar o una utopía, supone un compromiso (Echaniz Barrondo, 2016). Y
nuestras realizaciones están muy por debajo de nuestras declaraciones. Por esta
razón hablar de humanidad es hablar de fraternidad, de defensa y de lucha por
los derechos de todas las personas. Somos seres sociales. Necesitamos de otros
para sobrevivir y nos conformamos en la relación que establecemos con otros,
conocidos y desconocidos. Nuestras
relaciones nos definen, cómo nos comportamos con otros seres habla de cómo
somos.
Hay una frase de George Dana Boardman que me gusta mucho: “Plante
un acto...recolecte un hábito; siembre un hábito... recolecte un carácter;
siembre un carácter...recolecte un destino”. Cuando nacemos somos pura
potencialidad. Tenemos nuestra carga genética y una serie de condicionantes
(sociales, familiares, culturales, etc.) que nos influyen pero no nos
determinan. No somos presas de un ciego destino. Vamos forjando nuestro carácter con cada una de las elecciones
que hacemos. Cada acto cuenta porque va desarrollando actitudes. Y ese carácter está directamente relacionado
con la felicidad. Nuestra felicidad
no es un destino, ni un puerto de llegada, tiene mucho más que ver con la
actitud que tenemos ante los acontecimientos, tiene más de construcción y
elección que de azar o de suerte. Como
decía Aristóteles: “el bien humano resulta ser el ejercicio activo del alma en conformidad con la excelencia o la virtud,
y si hay más de una excelencia o virtud, en conformidad con la mejor y más
completa. Pero esta actividad debe tener lugar durante el curso completo de la
vida, pues una golondrina no hace verano, como tampoco un hermoso día. De igual
manera, un día o breve lapso de felicidad no hacen a un hombre bienaventurado o
feliz” (Ética Nicomáquea, 1, 1098ª, 16-19, citado por Strathern, 2015: 55).
Los seres humanos tenemos cuatro partes que deben hallarse en equilibrio para poder ser
felices, para sentirnos más plenos y realizados, para conectar mejor con
nosotros mismos y con los demás:
Cuerpo. No tenemos un cuerpo, somos un cuerpo. Vivimos desde el
cuerpo. A través de él nos relacionamos con los demás y con el mundo.
Mente. Nuestra mente es una poderosa arma, pero no debemos
identificar que somos nuestra mente. Somos mucho más. Además, nuestra mente,
igual que nuestros sentidos, no es perfecta, nos puede engañar (pensemos, por
ejemplo, en las ilusiones ópticas). Durante mucho tiempo se ha puesto demasiado
énfasis en la racionalidad. El ser humano no siempre es tan racional como le
gustaría (y me atrevería a decir afortunadamente).
Emociones. Actualmente estamos no sé si redescubriendo, pero sí
resituando este importante componente de la conducta del ser humano. Las
emociones están genéticamente articuladas. Generan acción, son las que nos
mueven a actuar. Pueden originarse por un estímulo externo o interno. Cada
emoción está vinculada con unos neurotransmisores, expresiones faciales y
corporales (que a veces son parciales). Son transculturales (véanse los
trabajos de Paul Ekman). Son muy
rápidas. Se mezclan, se combinan, incluso las opuestas. Son muy contagiosas (y
más las de las personas más influyentes en un grupo). Como nos gusta decir a un
compañero y a mí cuando damos cursos de inteligencia emocional, ésta radica en
la unión de razón y emoción en todos los procesos mentales. Pero aún falta un
ingrediente…
Espíritu. Históricamente se han contrapuesto mente y espíritu. Sin
embargo, como señala Torralba (2011: 53): “La vida espiritual no es una vida
paralela a la vida corporal; está íntimamente unida a ella. Quien la cultiva,
vive más intensamente cada sensación, cada contacto, cada experiencia, cada
relación interpersonal”. Este autor habla de inteligencia espiritual, que no
debe confundirse con consciencia religiosa, y que está presente en todo ser humano
aunque con distintos grados de desarrollo. Está relacionada con las preguntas
últimas que surgen de modo espontáneo en el ser humano y que se pueden agrupar,
según Torralba (2011), en 7 bloques: 1) ¿Quién soy yo?; 2) ¿Qué será de mí?; 3)
¿De dónde vengo?; 4) ¿Cuál es el sentido de la vida?; 5) ¿Para qué todo?; 6)
¿Por qué todo?; 7) ¿Existe Dios? ¿Dónde está?
Debemos cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras
emociones porque de esta manera podemos encontrar y responder al sentido de nuestra
vida. Frankl (1991: 41) señala que “al hombre se le puede arrebatar todo
salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud
personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino. (…)
Es esta libertad espiritual, que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la
vida tenga sentido y propósito.” Como decía Nietzsche: " Quien tiene un
porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo” (citado por Frankl, 1991:
59).
Para terminar creo
que lo que más nos acerca hoy a nuestra humanidad es el ejercicio de la
compasión, entendida como empatía en acción (Echaniz Barrondo, 2015). José
Antonio Marina, en el prólogo de Batlle (2013: 6), señala que “hay hábitos
afectivos que favorecen la convivencia y que deben ser fomentados desde la
infancia. Fundamentalmente tres: la compasión, el respeto y la indignación ante
la injusticia. Es mejor hablar de ‘compasión’ que de ‘empatía’. Compasión es la
capacidad de comprender el dolor ajeno y de sentirnos afectados por él. Promueve
las conductas de ayuda”.
[He publicado esta entrada el 04.09.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente he visto la película “Silencio", en la que participó como asesor el jesuita bilbaíno Alberto Nuñez. Martin Scorsese dirige la adaptación cinematográfica de la novela histórica homónima de Shusaku Endo. Los hechos que se narran son duros, pero la película es de una gran belleza visual. Es el siglo XVII y las autoridades japonesas persiguen a los cristianos, torturándoles hasta apostataro morir. Movidos por el rumor de que su mentor, el Padre Ferreira, ha apostatado (es un ‘sacerdote caído’) y ya no quedan sacerdotes, dos jóvenes jesuitas portugueses (Rodrigues y Garpe) viajan a Japón. “La película empieza y termina con un fundido en negro en el que sólo se oye el canto de los grillos. Es una metáfora del autor en la que quiere significar el silencio de Dios, que calla ante los asesinatos de los creyentes y los sacerdotes que son obligados a apostatar” (Pedro G. Cuartango).
En mi opinión la película refleja muy bien el silencio de Dios. Son muchas las situaciones en las que lo sentimos: en el dolor, la enfermedad, la muerte, las injusticias, la tristeza, las penurias, los desastres naturales, las guerras, los actos violentos, los atentados terroristas… En esas situaciones muchas veces surge la pregunta de por qué Dios permite esas situaciones. El miedo, la tristeza, la rabia, la impotencia, la angustia, la desesperación... alimentan ese duro interrogante. Este silencio está muy bien reflejado en las palabras de Wiesenthal (2008: 19):
“Una vez leí en alguna parte que es imposible romper las creencias firmes de un hombre. Si alguna vez llegué a pensar que eso era cierto, la vida en el campo de concentración me enseñó que estaba equivocado. Es imposible creer en nada viviendo en un mundo que ha dejado de considerar al hombre como tal, que constantemente ‘demuestra’ que uno ya no es un hombre. Así que uno empieza a dudar, empieza a dejar de creer en que existe un orden mundial en el que Dios ocupa un lugar definido. Uno realmente empieza a pensar que Dios está de permiso. De otro modo, todo lo que está ocurriendo sería imposible. Dios debe haberse marchado. Y Él no tiene un sustituto”
Para mí este silencio es más duro cuando las situaciones han sido provocadas por la acción o inacción de otras personas. O por la desidia o negligencia. Cuando se podían haber evitado y no se ha hecho. Cuando la intolerancia, el miedo o el desconocimiento nos alejan de otros seres humanos. Cuando las ideas, que son algo que se puede modelar, nos hacen perder nuestra humanidad y nos hacen ser crueles.
Me quedo con un mensaje del final de la película, el soliloquio del P. Rodrigues cuando ya ha apostatado y Kichijiro, quien ha renunciado públicamente a su fe varias veces e incluso fue quien le entregara al inquisidor, le pide que escuche su confesión:
“-Señor, he luchado contra tu silencio.
-He sufrido a tu lado, nunca he estado en silencio.
-Lo sé. Pero aunque Dios hubiera estado en silencio, toda mi vida hasta el día de hoy… todo lo que hago, todo lo que he hecho habla de él. Fue en el silencio donde escuché tu voz”
Hay vivencias, hay voces, hay presencias, hay aprendizajes que solo se dan en el silencio… “Quien no duda no puede conocer la verdad” (Diego de Saavedra Fajardo), o al menos acercarse a ella.
Bibliografía
Wiesenthal, Simon (2008, 1ª ed.1970): Los límites del perdón: dilemas éticos y racionales de una decisión. Barcelona: Paidós.
[He publicado esta entrada el 14.08.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Hace no mucho he descubierto una serie de televisión que me tiene ‘enganchada’,The good wife. La protagonista principal es Alicia Florrick, una abogada que tiene que recomponer su vida y su carrera profesional cuando su marido (Peter), Fiscal General del Estado de Illinois, es detenido por escándalos de corrupción y prostitución. Es una serie entretenida, con giros inesperados y un buen hilo argumental. Muchos de los casos dan qué pensar y se abordan muchos temas controvertidos: eutanasia, suicidio asistido, maternidad subrogada, etc.
Me voy a detener en la conversación entre Diane (D) -socia fundadora del bufete que le da a Alicia la oportunidad inicial para retomar su carrera- y un cliente (C) que le ha contratado para simular un juicio con un caso sobre el matrimonio gay (capítulo 18 de la temporada 6, “Edición perdedora”):
C- Diane ¿puedo preguntarte algo? (Diane asiente) ¿Qué crees que pasaría si todos los casos fueran juzgados por una persona con un familiar o con un ser querido que se viera afectado por la decisión?
D- Me parece que todo caso es así.
C- Pero ¿la ley no debería ser impersonal, en el sentido de que debería ser igual para todos? Si no estaríamos en China ¿no? Todo dependería de a quién conoces.
D- Le ley debe ser justa, no impersonal. De hecho, yo creo que la ley siempre es personal. Tiene que verse el lado humano o no tendría sentido.
Yo me pregunto… ¿Cómo puede ser impersonal algo que se aplica y tiene consecuencias sobre las personas? A la hora de legislar y de aplicar las leyes, que al final lo hacen personas, es necesario ver el lado humano, desplegar la empatía. La justicia como equidad (Rawls), tratar lo igual como igual y lo diferente como diferente, no como igualdad. No creo que un padre o una madre defiendan que tienen que dar exactamente lo mismo a todos sus hijos e hijas. No todos necesitan lo mismo, ni quieren lo mismo.
Al comienzo de las clases de Ética cívica y profesional suelo insistir en la relación entre ética y legalidad, que tienen que ver pero no son lo mismo. Es muy interesante la imagen que tradicionalmente representa a la justicia: una mujer con los ojos vendados (alude a la exigencia de imparcialidad, de no saber a quién se reparte), con una balanza en una mano (simboliza el equilibrio, el dar a cada uno lo que le corresponde) y una espada en la otra (representa la fuerza, el poder coercitivo del estado para hacer cumplir las leyes).
El argumento ‘lo ético es lo legal’ es muy utilizado en el ámbito empresarial. Es claro, sencillo, al menos más que determinar qué es lo correcto. Sin embargo no podemos identificar lo ético con lo legal, eso supondría una carencia de principios propios. Para actuar bien tenemos que tener en cuenta dos máximas: 1) En principio la ley es ética, porque está para salvaguardar los derechos de todas las personas, y por lo tanto hay que cumplirla; 2) Una ley injusta no obliga moralmente, lo que no nos exime de tener que responder en caso de incumplimiento. Al sistema legal se le pueden poner muchas pegas… Las leyes siempre van muy por detrás de las situaciones. Además, aunque una situación esté regulada no puede contemplar absolutamente todos los supuestos. Existen vacíos legales, leyes obsoletas e incluso leyes injustas (por ejemplo, hace unos años en España los matrimonios tenían obligación de tributar conjuntamente, lo que, normalmente, en el caso de dos ingresos perjudicaba frente a las parejas de hecho que tributaban de forma individual). Existe un refrán que dice: ‘hecha la ley, hecha la trampa’. La Constitución Española recoge en su artículo 14 el principio de Igualdad ante la ley. No obstante, la realidad nos contradice esto en cierta medida. La ley se debe apoyar en la moral. Como dice el preámbulo de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948): “Los deberes de orden jurídico presuponen otros, de orden moral, que los apoyan conceptualmente y los fundamentan”.
Para terminar una cita para la reflexión de Thoureau, quien fuera uno de los padres de la desobediencia civil:
“¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida? Entonces, ¿para qué tiene cada hombre su conciencia? Yo creo que debiéramos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo. Se ha de hacer en cada momento lo que crea justo. […] La Ley nunca hizo a los hombres más justos y, debido al respeto que les infunde, incluso los bienintencionados se convierten a diario en agentes de la injusticia”.
[He publicado esta entrada el 22.06.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
El pasado 31 de mayo el Dr. Iñaki Piñuel, reconocido experto en Acoso y Violencia Escolar, impartió una conferencia en la Universidad de Deusto con el título que lleva esta entrada (que se corresponde con el de uno de suslibros). El acto estaba organizado por Deusto Alumni. Voy a recoger aquí algunas de las ideas presentadas.
El acoso escolar es un problema muy serio al que recientemente se le ha empezado a dar la importancia que tiene. Una actitud muy habitual es la que se refleja en comentarios como: “son cosas de niños”, “es algo que siempre ha habido”, etc., que pueden provenir tanto del alumnado, como del profesorado, las familias o de los responsables educativos. En el sistema educativo hay una especie de ‘síndrome de negación’. Cuando evaluaron (Estudio Cisneros) en 2005 y 2007 se encontraron que el acoso y violencia escolar (AVE) superaba el 23%, frente a la incidencia ‘oficial’ que hablaba de entre un 2 y un 4%. Además, cerca del 11% de los afectados tenían daño severo (que podría incluso llevar al suicidio). Sorprendidos por el dato buscaron otras fuentes y vieron que en el informe Bullying among Irish schoolchildren (HBSC IRELAND, 2002), la cifra para España era del 24%. Véase también Unesco (2017).
Si se actúa pronto el proceso puede ser detenido. Cuando interviene la inspección educativa ya suele ser demasiado tarde y no queda otra solución que la salida de la víctima. El bullying no es un mal necesario, no es una situación ante la que resignarnos. Es una verdad incómoda, porque es molesto intervenir y romper el proceso. Para ello el primer paso es medir, enfrentarse a la realidad de que, según su experiencia, en todas las aulas se da.
Uno de los problemas radica en que no se tiene una buena definición de lo que es al AVE y habitualmente se reduce a los casos más graves, a aquellos en los que la violencia se ve porque ha ocurrido una agresión física (aquí es donde se suele avisar a la inspección).
Según el Dr. Piñuel estos son los elementos presentes en el acoso escolar:
Una o más conductas de hostigamiento.
Maltrato repetido.
Proceso continuado en el tiempo (lo que hace posible que se pueda anticipar y prevenir).
Estigmatización de la víctima, fragilidad social y aislamiento.
Sensación de impunidad del agresor y refuerzo social (obtienen reconocimiento, éxito y poder). Si no se les frena a tiempo llegan a la edad adulta repitiendo conductas, ejerciendo algún tipo de violencia sobre otras personas.
Como consecuencia de lo anterior se acaba dando en la víctima la ansiedad anticipatoria. Gota a gota van siendo destruidos psicológicamente y su salud física también se ve afectada. Desarrollan un relato culpable, no entienden lo que les pasa y empiezan a creer que han tenido que hacer algo muy grave.
Es importante entender que el AVE es un proceso. En el mismo se pueden diferenciar cuatro fases.
Fase I: Incidentes críticos. A lo largo de nuestra evolución como especie hemos aprendido que la forma más rápida de unirnos y cooperar es ir contra un chivo expiatorio, un enemigo común, que funciona como pararrayos de nuestra violencia. En esta primera fase la violencia es indiferenciada, de todos contra todos. En este momento va a ocurrir el efecto señal; algo que se va a interpretar como negativo va a servir para estigmatizar: algún rasgo, la forma de ser, la conducta, tener las mejores/peores notas, etc. Es importante insistir en que no hay perfiles previos. Cualquiera puede ser victimizado por razones banales, frívolas, e incluso aleatorias. Algunas personas tienen más probabilidades de sufrirlo: quienes vienen de situaciones en las que han sido victimizadas, ya que su capacidad de resistencia es menor y suelen carecer de redes de apoyo. Es como si los grupos ‘olfatearan’ esa vulnerabilidad.
Fase II: Repetición. Se han dado los primeros incidentes y hay impunidad hacia los agresores; no hay sanción (ingenuamente algunas personas piensan que es retrógrado poner sanciones); no se protege a la víctima; se frivolizan los hechos (“a ver si se arreglan entre ellos”); se refuerza la conducta del agresor (hostigar hace que otros le sigan en lugar de defender al débil); y al final se acaba normalizando (“es lo que hay”, “el mundo es una selva”, “tienen que hacerse fuertes”, “algo habrá hecho”, etc.). Las víctimas sufren miedo, terror, somatización. No se inventan enfermedades, no exageran, sus males tiene origen psicológico. A partir de este punto, si se pasa de esta fase, ya no hay prevención posible, la única posibilidad es la salida de la víctima del centro.
Fase III: Chivo expiatorio. Empiezan a agregarse personas al gang de agresores en un proceso más mimético que deliberado. Van todos contra uno (unanimidad persecutoria). Se da un error básico de atribución en los orientadores, psicólogos, familias, etc.: se empieza a justificar lo que le pasa a la víctima por alguna característica, conducta u otro motivo; se carga la responsabilidad sobre la víctima. Quienes defienden a la víctima son atacados (victimización secundaria). En la víctima empiezan a aparecer daños psicológicos similares a los producidos por un estrés postraumático.
Fase IV: Victimización. En esta fase la víctima internaliza la culpabilidad. Ya está completamente excluida del grupo. Es aquí donde algunas personas empiezan a pensar en el suicidio como la única forma de terminar con el problema, “si yo soy el error…”. Hay muchas personas que creen que es aquí cuando se produce el acoso, pero ésta es la última fase. Cuando se llega aquí no hay otra solución que apartar a la víctima, que sale a otro centro. Cuando llega a ese centro puede repetirse el patrón, no porque haya un perfil previo, sino porque es más vulnerable, tiene menor resistencia y eso es percibido por el grupo. Además, una persona recién llegada no cuenta con apoyos.
La OMS (2016), en una Nota descriptiva sobre la violencia juvenil, señala como programas prometedores, entre otros: a) “programas de aptitudes para la vida y desarrollo social concebidos para ayudar a niños y adolescentes a controlar su agresividad, resolver conflictos y a adquirir las aptitudes sociales necesarias para resolver problemas”; b) “programas de prevención contra la intimidación en las escuelas”.
Trivializar y banalizar el acoso escolar significa extender y propagar el problema. Actuemos para que no haya niños y niñas que sufran daños severos y para evitar que haya niños y niñas que lleguen a la edad adulta comportándose como auténticos psicópatas.
Oñate, A. y Piñuel, I. (2007). Acoso y violencia escolar en España: Informe CISNEROS X Madrid: IEDDI - Instituto de Innovación Educativa y Desarrollo Directivo.
Piñuel y Zabala, I. y Cortijo Peris, O. (2016). Cómo prevenir el acoso escolar La implantación de protocolos antibullying en los centros escolares: una visión práctica y aplicada. Madrid: CEU Ediciones.
[He publicado esta entrada el 26.05.2017 en el Blog de Inteligencia
Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
El 6 de mayo de 2017 asistí en el Auditorio de la Universidad de Deusto a la charla-debate: “¿Quién nos atrae y por qué? Relaciones afectivo-sexuales libres de violencia”, organizada por la Plataforma Interdisciplinar de Género e impartida por Marcos Castro Sandúa, Profesor de Secundaria así como de la Universidad de Barcelona. El profesor Castro pertenece a la asociación Homes en Diàleg (Hombres en Diálogo) cuyos miembros, como dice su página web, tienen como único rasgo en común “el convencimiento en la lucha contra la violencia de género y por unas relaciones igualitarias y apasionadas”. En la asociación trabajan en la socialización preventiva de la violencia de género. El Auditorio estaba lleno un sábado a las 10.30 de la mañana. En su mayoría era alumnado de psicología pero también había profesorado de la universidad y de centros de secundaria. Yo me marché a las 12.40 y todavía se estaban haciendo preguntas… Este hecho habla del interés que suscitó el tema. En una intervención que hubo al final se señaló que la presentación que se había hecho estaba basada en relaciones heteronormativas. La respuesta fue que sobre relaciones no hetoronormativas no hay mucha investigación pero que el modelo que se presenta se podría extrapolar.
En el cuadro anterior se resume el modelo tradicional de relaciones afectivo-sexuales con la imagen de fondo del castillo feudal. En la base del castillo está la doble moral: “lo que debo hacer, lo bueno” (ética) frente a “lo que me gusta” (deseo). Esta doble moral se puede ver en las declaraciones de una adolescente a Ragazza que presentó el profesor Castro: “Mis papás me dicen que me case con un chico bueno y yo les hago mucho caso; hasta que me tenga que casar, me dedico a divertirme con los malos”.
Normalmente los adultos educamos desde la ética y la otra parte, la del deseo, no la presentamos. No argumentamos para desmontar este modelo tradicional. Llega un momento en el que los adultos poco podemos influir en la educación, lo que más inciden son los iguales y los mensajes que reciben a través de los medios, las redes, etc. Por eso es importante trabajar desde la infancia, y presentando la cara del deseo, para que no se normalice la violencia como algo natural en el proceso de socialización.
En este modelo se opone la Masculinidad Tradicional Dominante (MTD), que es lo ‘deseable’ y lo que gusta, a la Masculinidad Tradicional Oprimida (MTO). Como personificación del MTD tendríamos a los señores feudales que aparecen en la serie Juego de Tronos; y de la MTO al Pagafantas. El modelo de relación que se presenta en el lado de la MTO es el del amor sin pasión, y en la MTD es el de la pasión sin amor. Es significativo el comentario que le hizo una alumna de 1º de la E.S.O. después de ver un vídeo de un “chulo de manual”: “Prefiero un cabrón que un mariconcete”. No se puede equiparar la MTO con la MTD, pero el sistema necesita a los Pagafantas ya que lo mantienen. En la literatura, el cine y la televisión hay muchos ejemplos que reproducen y perpetúan este modelo tradicional: la Celestina, Don Juan Tenorio, Tres metros sobre el cielo, la saga After (cuyo público objetivo son adolescentes), Mujeres y Hombres y Viceversa, etc. Llama la atención que el “preso más guapo del mundo” debutara en la Semana de la Moda de Nueva York en febrero de 2017, poco después de haber sido puesto en libertad (una vez más triunfa el “chico malo”); o que en televisión se frivolice gastando bromas que normalizan el acoso sexual.
Como señaló el profesor Castro “No hay ningún otro rasgo común a todos los hombres que matan o agreden a las mujeres que ser hombres MTD” (Flecha, Puigvert y Ríos, 2013: 99). Cuando una mujer es agredida no hay nada que le haga ser agredida. Puede que haya consentido hasta momentos antes pero “NO es NO”. Y en esto se educa, y se aprende, desde la infancia. Hay que tener claro que tu cuerpo es tuyo y nadie lo puede profanar. No todo es un juego. No puede ser ‘normal’ que se nos invada. Quienes abusan de menores utilizan el juego y el secreto para actuar con impunidad. Para este proceso educativo son útiles libros como: ¡Mi cuerpo es mío!, Ni un besito a la fuerza; o webs como: La regla de Kiko, Fundación RANA.
Es importante utilizar prácticas preventivas que sean seguras. A veces se presentan dinámicas, como la que reproducimos a continuación y que mostró el profesor Castro, que tienen una visión bastante naíf de los conflictos (está sacada de un manual que está disponible en la web). En el fondo de esta está la visión de que el conflicto se da entre iguales. Rara vez sucede así. Normalmente suele haber una persona que machaca a otra. Los adultos rara vez nos enterarnos de todo. Además, dramatizar o hacer juegos de rol tienen sus riesgos. Hay que estar muy seguro de quién es quién, ya que podemos poner a las personas en situación de desprotección (por ejemplo, si la víctima de acoso hace ese papel en la dramatización). Si no estamos seguros de los roles de cada persona es mejor no hacer nada ya que puede ser una actividad de destrucción emocional. Y acabar con “esto es un beso”… ¿Qué pasa si la persona no quiere? Igual podemos acabar ejerciendo una presión que va en contra del “NO es NO”. Basta con imaginar que a los adultos nos propusieran algo así…
Para superar este modelo tradicional de masculinidad y de relaciones Bonino (2008: 77) señala que “se requiere dirigirse explícitamente a los hombres, en tanto todos, de una u otra manera, por acción, omisión, complicidad, o indiferencia, participan en la generación, mantenimiento, legitimación y perpetuación de la violencia de género. Son ellos quienes incorporan, portan, practican, naturalizan, permiten y perpetúan las viejas formas de masculinidad no igualitaria que sustenta dicha violencia. Sin su cambio; sin su renuncia a la reproducción de los valores masculinos desigualitarios, la violencia de género no podrá erradicarse”. Hay que apostar por las nuevas masculinidades alternativas (NAM – New Alternative Masculinities). “Si conseguimos mover el atractivo hacia las NAM, estaremos promocionando no sólo relaciones igualitarias sino relaciones llenas de sentido, pasión e ilusión” (Natividad Sancho, 2014: 60).
También hay que erradicar algunos mitos que están muy extendidos:
La idea del instinto, rayo, química, magia. El amor, el deseo y la atracción sexual son sociales, no son inevitables. Representan “la exteriorización de aquellos gustos y preferencias interiorizados a través de la socialización previa” (AA.VV., 2015: 10). Entra en juego la libertad y la responsabilidad. Su origen no es biológico, se ha aprendido. Por lo tanto se puede desaprender.
La atracción temporal. La juventud recibe muchos mensajes de que lo importante es pasárselo bien sin importar con quién. Esto llevado al extremo son las camisetas con eslóganes como “Hoy follo, mañana a juicio” o “Médico de buena fama, mejor aún en la cama” que se lucieron en la fiesta de las paellas universitarias en Valencia. Sería cuestionable qué se entiende por pasarlo bien. Además, decir que no importa con quién es frívolo o ingenuo. Claro que importa con quién y cómo. Hay hechos que pueden marcar e incluso destrozar una vida.
El espejismo del ascenso. Es la percepción equivocada de que al tener una relación con un chico MTD su estatus e interés sube, cuando en realidad baja y pasan a ser objeto de acoso. Incluso hay casos que tienen un desenlace fatal (Alandete, 2010).
La buena noticia es que hay vida fuera del castillo. Se pueden derribar los muros. El punto de partido es reconocer lo que previamente hemos comentado. Se critica mucho el enamoramiento porque desprotege. Lo que desprotege es de quién y cómo te enamoras. Cuando el ideal se construye fuera de los muros del castillo puede ser un salvavidas.
Ramón Flecha y Lidia Puigvert plantean el «amor ideal» del Siglo XXI “como diverso y plural. El amor ideal no va asociado a ninguna opción sexual en particular ni forma de relación en concreto, ni tiempo de duración específica y sí tiene un rasgo común: ausencia de violencia de género. La socialización en el deseo hacia el «amor ideal» contribuye a prevenir la violencia de género, ya que conjuga ausencia de violencia de género con libertad sexual y libertad de elección en las relaciones” (AA.VV., 2015: 49).
Se trata de desarrollar relaciones que combinen pasión y amistad, excitación y cariño, locura y ternura. Y esto se consigue potenciando:
La amistad y seguridad. Para ir en contra de quienes cometen abusos y agresiones hace faltan redes de apoyo. Los buenos amigos se posicionan, la amistad protege. Y eso se aprende igual que se ha aprendido la ley del silencio. Frondoso, el personaje de Fuente Ovejuna, se enfrenta a la autoridad en contra del derecho de pernada porque cuenta con el apoyo del pueblo.
La fortaleza y la valentía. Está muy relacionado con lo anterior. Se debe poner el atractivo en quien se posiciona en contra. Hay que ponerse a favor de la víctima y en contra de quien maltrata. Una vez que te posicionas ahí tienes que ser fuerte y valiente. Existen iniciativas muy interesantes como: El club de los valientes de la comunidad de aprendizaje CPI Sansomendi IPI (Vitoria); La Red solidaria de víctimas de violencia de género en las universidades; o Truckers Against Trafficking (TAT).
La bondad y el atractivo. Si logramos que la bondad genere atractivo conseguiremos construir la alternativa.
“La combinación de la atracción con la igualdad es lo que permite a los NAM romper con la doble moral y contribuir para prevenir y erradicar la violencia de género” (AA.VV., 2015: 24). Construyamos entre todos unas relaciones igualitarias y libres de violencia. Eduquemos para soñar relaciones ideales basadas en la igualdad, la libertad, la pasión, la bondad, y la amistad.
Bonino, L. (2008). Hombres y violencia de género. Más allá de los maltratadores y de los factores de riesgo. Madrid: Ministerio de Trabajo e Inmigración. Recuperado de https://www.vilafranca.cat/doc/doc_20537404_1.pdf [Consulta 10 mayo 2017]
Flecha, R., Puigvert, L., & Ríos, O. (2013). The New Masculinities and the Overcoming of Gender Violence. International and Multidisciplinary Journal of Social Sciences, 2(1), 88-113 Recuperado de http://dx.doi.org/10.4471/rimcis.2013.14 [Consulta 10 mayo 2017]