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lunes, 7 de septiembre de 2026

Todo por la salud

 

Llevaba tiempo pensando en apuntarme a un gimnasio, ahora que ya tenía una rutina de ir a la piscina. En julio fui con mis hermanas a una clase de prueba. Además, mis hijos me insistían: "Ama, tienes que hacer fuerza y cardio".

La primera semana de "vuelta al cole" se me ha hecho un poco "cuesta arriba", pero el sábado le dije a mi marido que me acompañará al gimnasio —me imagino que para no echarme atrás y ver si él se animaba—.

Después de ver el gimnasio, cuando le dije a la monitora que iba a apuntarme, me dijo que ella me ayudaba. Su primera frase: “No sé si te manejas con el móvil”... Y poco después, cuando me acababa de explicar que daba la clase de pilates dos días a la semana: “Mi clase es muy cañera”. ¡Mal empezamos si no me ve capaz de manejar una app y de soportar una clase de pilates!

Mi primer día de gimnasio ha sido el domingo. Espero que no me haya visto nadie conocido ni me hayan grabado... [Para horror mío, mi hijo pequeño me ha dicho que a ese gimnasio van algunos de sus amigos]. Me he sentido como Mr.Bean (ver aquí), la protagonista  de uno de los monólogos de Leo Harlem (ver aquí) o dentro de un "articuento" de Juanjo Millas... O todo a la vez...

Primero una vuelta de reconocimiento para decidir por dónde empezar... Más de la mitad de las cosas que veo —además de parecer instrumentos de tortura— no tengo ni idea de para qué sirven, ni cómo se manejan. No me atrevo a fijarme demasiado en lo que hacen quienes están en las máquinas. Elijo lo que a mí parecer no tenía que revestir ninguna dificultad, la cinta andadora. ¡Craso error! Una chica me dice a qué botón dar en el "ordenador de abordo" —increíble la cantidad de botones que tienen todas las máquinas—. En la máquina de al lado un "señor" de mi edad —o puede que mayor— andando a un ritmo más que ligero. Empiezo a moverme y la cinta apenas responde. Me tropiezo, me tambaleó y el "señor" me dice que al principio me sujete con una mano. De verdad que lo intento, pero me siento ridícula, torpe, como si no pudiera andar. Me entra la risa floja, el "señor" me mira. Le digo: "es que no estoy andando normal". Me mira de nuevo y lo ratifica. Por vergüenza me bajo de la cinta, no sin dificultad.

Me voy a una bicicleta porque eso no puede ser peor. Esta vez acierto, y hasta lo disfruto. También pruebo una máquina de remo. Me siento en la primera y casi no me llegan los pies a los pedales. Pruebo en la de al lado y casi me pegan las rodillas en la barbilla. Consigo encontrar la palanca para mover el banco. Cuando logro fijar los pies apenas llego a coger el manillar —he buscado y el nombre técnico es palonier—. Al final lo consigo y creo que lo hago aceptablemente.

Después de alguna otra prueba, al final voy a una máquina en la que deslizas los pies y te puedes agarrar a una especie de palos. Noto que algo no va bien. Me fijo discretamente en la chica que está a mi lado y veo que mientras ella desplaza los pies hacia delante, yo lo hago hacia atrás. Corrijo y sigo un ratito... Decido dejarlo. Casi una hora el primer día no está mal. Y cero lesiones.

Para compensar me voy un rato a lo conocido, la piscina... Me parece algo fácil, muy fácil, como para bebés.

Este episodio me ha recordado mi primera experiencia con una hamaca. Me compré una, con mosquitera, para poder leer al aire libre sin que me comiesen los mosquitos. Me la ató a unos árboles mi marido, me dio explicaciones para subirme y se marchó. Yo cogí impulso hacia atrás para subirme, di una vuelta de campana —o puede que incluso más de una— y aterricé con mis maltrechas rodillas... Unos meses después me operaron del menisco. [La foto que abre la entrada es una captura de un reel que publicó mi marido en mi perfil de Facebook preguntándome si me sonaba la odisea de un oso intentando subirse a una hamaca. Una amiga me dijo que ella le hubiera matado... Pero yo soy una insustancial y me hace mucha gracia].

En fin, todo sea por la salud. Espero no acabar diciendo cómo Juanjo Millás: "a la mitad del parque decido volver a casa con el mismo espíritu de derrota con el que abandono el periódico apenas abierto. Me falta fondo o me sobra espanto".

Referencias