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jueves, 11 de julio de 2024

Luis Rojas Marcos y la resiliencia


[Entrada publicada originalmente el 11.06.2011 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

“La resiliencia se ha definido como la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, condiciones de vida difíciles y de traumas graves” (Cortés Recaball, 2010)

Luis Rojas Marcos, doctor y profesor de Psiquiatría de la Universidad de Nueva York, dio una conferencia el 30 de mayo de 2011 en el Paraninfo de la Universidad de Deusto sobre la resiliencia, el optimismo y otras herramientas clave para hacer frente a los retos ante los que nos encontramos en la vida. Este encuentro era una iniciativa de la Escuela de Liderazgo Eutokia con la colaboración de Deusto Innovación Social. Paso a comentar las principales ideas que yo saqué de dicha conferencia.

La charla empezó con una anécdota buenísima y de gran profundidad. Un amigo suyo epidemiólogo estaba realizando un estudio. Un día se encontraba haciendo encuestas en un pueblo pequeño y le preguntó a una señora a ver cuál era la tasa de mortalidad de la zona. La señora, tras pensárselo un poco, contestó: “Un muerto por persona”… Esto nos enfrenta a la única verdad inmutable, todos nacemos y un día moriremos. Y en el camino, al igual que le pasa a la hoja que se cae del árbol y vuela al son que le marca el viento, muchas veces nos veremos sacudidos por adversidades; y algunas de ellas amenazarán nuestra vida o la de personas cercanas y nos removerán emocionalmente. Entre estas adversidades fuertes algunas las esperamos (la muerte de nuestros mayores, la llegada de la enfermedad, etc.), pero otras no (una agresión brutal, una catástrofe natural, una muerte violenta, etc.). Los epidemiólogos han hecho estudios y han llegado a la conclusión de que en occidente nos toca a una media de dos adversidades fuertes por cabeza…

En los últimos 20 años se ha dado un avance importante en medicina. Se ha caído en la cuenta de que no basta con curar enfermedades sino que hay que investigar sobre las cualidades que nos ayudan a vivir y convivir. Entre éstas se encuentra la resiliencia, que es un término que procede del campo de la física y que alude a la cualidad que tienen los materiales para recibir un golpe, adaptarse y con el tiempo volver a su forma original. Resiliencia viene de resistencia y flexibilidad.

Veamos algunos componentes que contribuyen a la resiliencia:

  1. Las conexiones afectivas. Quienes tienen un grupo donde se sienten conectados (familia, hijos, comunidad, etc.) se recuperan mejor.
  2. Las funciones ejecutivas: autocontrol, planificación, capacidad de toma de decisiones, la búsqueda de información, etc.
  3. El centro de control interno (muy relacionado con la confianza en uno mismo). Quien en un momento de dificultad pone el centro de control dentro de sí mismo, la supera mucho mejor. Por ejemplo, no puedo hacer nada contra la crisis mundial, pero sí puedo hacer algo para que las consecuencias de ésta sean menores para mí y mi entorno. Y esto funciona aunque no sea cierto; la idea de control sobre la situación da la fuerza para salir.
  4. Una adecuada y calificada autoestima, que tenga una base realista, también ayuda.
  5. El optimismo, que no está muy bien visto en Europa. Sin embargo, en EE.UU. se ha realizado un estudio entre personas creyentes en el que éstos señalaban que cuanto más felices mayores oportunidades de ir al cielo. El optimismo tiene mucho que ver con nuestro “estilo explicativo”. Todos tenemos la necesidad de explicarnos las cosas. La mente humana no tolera demasiado bien el “misterio”. Y este estilo explicativo aplica tanto al pasado como al presente y el futuro. Cambiar este “estilo explicativo”, que se forja en la adolescencia, no es fácil. Uno tiene que ser consciente (lo que exige reflexionar mucho sobre cómo pensamos) y debe tener una motivación para hacerlo, para ir cambiando y probando poco a poco. Es más fácil aumentar el optimismo (el optimista analiza tanto lo positivo como lo negativo; y se queda con lo primero) que disminuir el pesimismo (el pesimista se queda sólo con lo negativo al analizar; el único modo de cambiar esto es tirando poco a poco del hilo de optimismo que todos tenemos y que en algunos cuesta más encontrar).
  6. Personalmente añadiría otro componente importante para mí, que es el sentido (recordemos a Viktor Frankl y El hombre en busca de sentido). Quien ha conectado con el sentido de su existencia tiene mayor capacidad para sobrellevar y superar las adversidades.

También hay factores que impiden o dificultan la resiliencia, el principal de ellos el número de adversidades que uno ha sufrido. Existe la creencia de que cuantas más adversidades mejor; más preparado se está. El sufrimiento en sí no es útil. La lucha por superar el sufrimiento es lo que nos hace conscientes de cualidades y capacidades que no creíamos tener (crecimiento postraumático).

La conferencia terminó con dos consejos finales para vivir una vida feliz y recuperarnos de las dificultades:

  1. Diversificación. Debemos separar las parcelas de nuestra vida; compartimentalizar racionalmente nuestras esferas de felicidad. Por ejemplo, las parejas que se divorcian lo superan mejor si son felices en su trabajo.
  2. Sentido del humor, que ayuda a mirar en perspectiva, a tomar distancia, a manejar las disonancias y contradicciones. Contó que cuando su madre todavía ni si quiera estaba enferma le preguntaron a ver si prefería que le incinerasen o le enterrasen a lo que ella respondió: “Luis… ¡dadme una sorpresa!”.

 “En los botiquines debería ser obligatorio el sentido del humor” Luis Rojas Marcos

 Paradojas de la vida. Yo tenía uno de esos días que uno piensa: “Mejor no me hubiera levantado”… Afortunadamente, asistí a la conferencia…

 

Referencias

 




domingo, 18 de febrero de 2024

Resiliencia y autoconocimiento

 

[He publicado esta entrada el 18.02.2024 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Hace ahora un año, a raíz de un curso para tutores y tutoras al que asistí, escribí una entrada sobre la resiliencia, esa “capacidad para resistir y recuperarse ante circunstancias adversas, bien de carácter personal o social” que puede entrenarse y conviene hacerlo (Echaniz Barrondo, 2023). Es importante en todos los ámbitos de nuestra vida y en todas las edades. Incluso se empieza a hablar de empresas y organizaciones resilientes. “La gestión de la resiliencia en el trabajo, en sus múltiples formas, es imprescindible para transitar a través de las complejidades y los desafíos imprevistos del paisaje laboral contemporáneo y futuro. La proactividad en la construcción y gestión de una empresa resiliente se perfila, por lo tanto, como un pilar fundamental para el éxito y la sostenibilidad de las empresas en la era post-pandémica y más allá” (Comas Forgas y Arenas, 2023).

He observado que después de la pandemia un comentario habitual entre el profesorado universitario es que cada vez detectamos más problemas de salud mental entre nuestro alumnado. Los resultados del estudio La salud mental en el estudiantado de las universidades españolas no hacen sino confirmar esta preocupación: Más del 50% de las personas estudiadas han percibido la necesidad de apoyo psicológico; así mismo, más del 50% ha realizado alguna consulta sobre salud mental a profesionales sanitarios; en una de cada dos hay prevalencia de ansiedad moderada o grave (Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, 2023).

¿Y qué se puede hacer? ¿Qué nos puede proteger mejor ante las adversidades? En la siguiente tabla podemos ver una serie de factores, tanto individuales como ambientales, ordenados de mayor a menor evidencia (Castellvi Obiols y Llistosella Piñero, 2022):

Factores que nos protegen más eficazmente frente a las adversidades

(ordenados de mayor a menor evidencia)

Individuales

Ambientales

1.        La autorregulación emocional, es decir, saber gestionar adecuadamente nuestras emociones.

2.        Ser empático y tolerante con los demás.

3.        Realizar actividad física.

4.        Tener objetivos vitales y aspiraciones.

5.        Ser inteligente.

1.        Recibir un cuidado de calidad por parte de sus progenitores.

2.        Tener al alcance y saber cuáles son los recursos necesarios en caso de tener que pedir ayuda.

3.        Apoyo tanto social como familiar y de sus compañeros, no sólo el real sino también el percibido.

4.        La sensación de pertenencia tanto a la escuela o instituto como a la sociedad en la que vive.

Elaborado a partir de Castellvi Obiols y Llistosella Piñero (2022)

Me voy a detener en los factores individuales, que tienen mucho que ver con el autoconocimiento, con la mirada sincera y cariñosa para conectar con lo más profundo. Como reza la máxima de San Ignacio: “No el mucho saber harta y satisface al anima, mas el sentir y gustar de las cosas internamente”. Sentir, conectar con las propias emociones, nos ayuda a conocernos (y conocer a los demás), a tomar buenas decisiones y a aprender. Para que se de esa conexión hace falta silencio y tranquilidad. “El conocimiento que se da en el «corazón» —en el centro íntimo de cada persona— es el que realmente puede satisfacer y dar sentido a una vida” (De la Hormaza, s.f.). Estoy convencida de que a nuestro alumnado le falta entrenamiento en mirar hacia adentro. Viven mucho más hacia afuera y eso les hace más frágiles.

Hace mucho escuché una frase a un profesor que se me quedó grabada: “Nadie da lo que no tiene”. Si no te quieres, si no te tienes en cuenta, si no te cuidas… difícilmente lo podrás hacer por otras personas. Y todo empieza en uno mismo, en una misma, en esa mirada profunda y compasiva. Sólo desde ahí se puede desarrollar la resiliencia y se puede aprender a Vivir como expresa la canción de Rozalén con Estopa:

“Pero sabes

He aprendido tanto, tanto

Esta vida me ofreció una nueva oportunidad

Y sabes, sé bien que es vivir

No hay tiempo para odiar a nadie

Ahora sé reír

Quizá tenía que pasar

No es justo, pero solo así se aprende a valorar”

Referencias



lunes, 6 de febrero de 2023

Sobre la resiliencia

 


[He publicado esta entrada el 06.02.2023 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

No es la primera vez que escribo sobre la resiliencia, hace años lo hice a raíz de una conferencia de Luis Rojas Marcos (ver Echaniz, 2011). En esta ocasión la entrada está inspirada por las ideas que me llevo del curso “¿Podemos ayudar a que nuestros estudiantes mejoren su resiliencia?”, impartido por Elsa del Pozo García, para el Servicio de Orientación Universitaria de la Universidad de Deusto. He de reconocer que me llevó al curso el interés por acompañar bien a mi alumnado, pero también el obtener ideas y pautas que me sirvan a mí.

La resiliencia podría definirse como la capacidad para resistir y recuperarse ante circunstancias adversas, bien de carácter personal o social. Una imagen que se suele utilizar para explicar la resiliencia es la de un muelle que se estira pero, una vez que ha cesado la fuerza que tiraba de él, vuelve a su lugar. Hay que decir que también hay muelles que no vuelven a su forma original, y, no obstante, siguen funcionando.

La resiliencia se puede entrenar, es fruto del aprendizaje, lo que requiere constancia y fortaleza. Se puede entrenar a cualquier persona en esta habilidad, aunque algunas tienen un mejor punto de partida (bien sea por sus características personales, porque cuentan con una buena red, etc.). Es un factor protector para el bienestar, ayuda a salir antes del dolor y el malestar. Hay una escena en El Rey León en la que Rafiki va acompañando a Simba en su camino de resiliencia.

En los seres humanos hay dos fuerzas opuestas que son fundamentales para crecer y avanzar: la Physis (da vitalidad y energía) y la Homeostasis (da estructura: significado, continuidad, predictibilidad, etc.). "Sin homeostasis no tendríamos estructura y sin physis no tendríamos estímulo". El éxito está en equilibrar ambas [para profundizar ver Erskine, 2011]. Y para acompañar a otras personas necesitamos conocer mínimamente la historia de la otra persona, desde una mirada genuina, incondicional, sin juicio. Y esto exige tiempo y escucha.

Veamos los siete pilares de la resiliencia que los psicólogos Wolin, S.J. y Wolin, S. desarrollaron en 1993 (ver Medina, 2021):

  • La introspección, la capacidad de preguntarse y darse respuesta a qué me impacta, por qué y cómo respondo.
  • La independencia, la capacidad de poner distancia ente uno mismo y los ambientes en los que se desenvuelve, la habilidad para tomar distancia.
  • La capacidad para relacionarse, de crear lazos significativos con otras personas.
  • La capacidad de iniciativa, que tiene que ver con exigirse y ponerse a prueba, de ejercer control sobre las situaciones (o sobre nuestra reacción ante las mismas).
  • El sentido del humor, encontrar lo cómico en la tragedia.
  • La ideología personal, la moralidad, el comprometerse de acuerdo a valores morales, discernir sobre lo bueno y lo malo. Actuar como uno cree que debe hacer ayuda a sublimar el dolor.
  • La creatividad puede contribuir a crear orden, belleza y finalidad donde había caos.

Existe una herramienta, “Círculo de influencia, círculo de preocupación”, de la que hablaba Steve Covey en Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas (ver Apesteguia, 2017) que nos puede ayudar a desarrollar la resiliencia si aprendemos a centrarnos en aquello sobre lo que tengo algún tipo de influencia, que depende de mí (pensamientos, comportamientos, emociones y acciones), y dejo de preocuparme por aquello en lo que no tengo margen de actuación.

Para terminar, unos versos de una bonita canción de Diana Navarro, cuyo título, “Me amo y me acepto completamente”, sería bueno recitar a modo de mantra y grabárnoslo ‘a fuego’:

“Soy valiente por quererme, poco a poco soy más fuerte
En mis manos tengo el cambio, la tristeza ya es pasado
Tomo el mando estoy a salvo
Me amo y me acepto completamente”

Referencias

lunes, 4 de julio de 2022

Ante la ocupación

 


[He publicado esta entrada el 04.07.22 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]


¡Cómo te puede cambiar la vida de un día para otro! ¡Y sin tú hacer nada!

Lunes 7 de marzo, sobre las 19.00, recibo una llamada de mi hermana, que vive en Zaragoza y tiene un piso en el barrio de Rekalde en el que ella y su familia están cuando vienen a Bilbao (un piso modesto, pero mono y suficiente para sus necesidades). Se encontraba completamente agitada porque le había llamado el administrador de la casa para decirle que los vecinos le habían dicho que creían que se la habían ocupado. Mi marido y yo fuimos a una comisaría de la Ertzaintza. Allí nos dijeron que había que comprobar que el piso estaba ocupado, a lo que respondimos que teníamos llaves, pero nos daba miedo entrar. Nos dijeron que fuéramos hacia allí y de camino llamáramos al 112.

Llegamos antes que las dos patrullas de la Ertzaintza y comprobamos desde la calle que había gente en el piso porque las persianas estaban abiertas y había luz. Subimos con los ertzainas y abrimos la puerta con la llave. Dentro había tres personas. Los agentes pidieron permiso para entrar y empezaron a hablar con esas personas. Transcurrió un tiempo cercano a una hora en el que los agentes intentaron convencerles de que se fueran. Como había signos de que habitaban la casa no les podían sacar. Mi marido y yo esperábamos en el descansillo de la escalera y nos iban informando. Se asomaron también los vecinos que viven puerta con puerta. Por teléfono, mi hermana me decía que las escrituras estaban en su habitación y me hablaba de algunas otras pertenencias importantes para ellos. Los agentes pidieron permiso y me dejaron entrar a buscar esas pertenencias. El impacto fue tremendo porque estaba todo sucio, revuelto, y no encontré lo que me habían dicho. Y todo había sucedido en 2-3 días, a lo sumo. Fui a la sala en busca de la documentación y una de las personas me miró a la cara y me dijo: “Por cierto, qué guapos son tus hijos…”. Afortunadamente, me contuve. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que era un provocación para que reaccionara. De haberlo hecho violentamente la que hubiera salido esposada habría sido yo. En ese momento vi claro que esas personas estaban aleccionadas. Sabían lo que tenían que decir (aunque había muchas incoherencias y lo que decían era insostenible) y, lo peor, sabían que la ley estaba de su parte. Nos fuimos de la casa con el arpa folk de mi hermana (que era una de las pertenencias importantes para ella) y mucha tristeza, rabia e impotencia. Al llegar al juzgado de guardia nos dijeron que era mejor que la denuncia la pusiera mi cuñado que llegaba al día siguiente. Una vez en casa llamamos a una amiga abogada y nos dijo que pidiéramos una nota simple online para poder acreditar la titularidad.

A partir de ahí, asesorados por la abogada, iniciamos dos procesos: uno civil (para intentar un “desahucio express”) y uno penal (derivado de la denuncia). El 16 de mayo el Juzgado nos notificó que el lanzamiento (desalojo para entendernos, derivado del proceso civil) sería el 24 de junio a las 9.15. El juicio penal (Juicio por delitos leves… tiene lo suyo el nombre) tuvo lugar el 18 de mayo y hubo sentencia condenatoria para las personas demandadas. Dichas personas se presentaron al juicio y su abogada (de oficio) planteó a la nuestra que estaban dispuestas a pagar un alquiler, a lo que nos negamos rotundamente. El 24 de junio se produjo el lanzamiento y recuperamos la casa, que no es ni sombra de lo que fue.

Muchas y de diversa índole son las emociones que me han producido y me siguen produciendo estos hechos.

Incredulidad.  En un primer momento te cuesta creer lo que está pasando. Es algo sobre lo que has oído hablar, pero no lo has vivido de cerca. Produce incredulidad, también, y mucha indignación y rabia (entiendo que pueda haber a quien le provoque un ataque de ira), que legalmente no se pueda sacar inmediatamente de tu casa a quien la está ocupando ilegítimamente. Cae sobre los legítimos dueños el peso de la prueba. Más de tres meses y medio para sacarles legalmente. Parece mentira los plazos de los que estamos hablando. El tiempo se ha hecho eterno y la preocupación crecía día a día. Hay comentarios que hemos escuchado de forma repetida: “lo habéis conseguido rápido”, “conozco quien ha tardado incluso años”, “si llega a haber niños no les echáis”. Es muy sorprendente ver el estado en el que hemos recuperado la casa. Hay destrozos, daños y cosas que faltan que no se pueden entender. Que hacen incluso pensar que se han hecho por maldad o con la intención de causar más daño.  Nunca había vivido en primera persona una violación de la intimidad tan grave. Además, el gasto de luz y agua (que no se pueden cortar porque se puede entender como amenazas, lo que se puede volver en tu contra) ha sido completamente desorbitado. No solo te han quitado algo que es tuyo, sino que han vivido a tu costa gastando mucho más de lo que tú gastas.

Son muy profundos los sentimientos de injusticia e indefensión que tengo en este momento. La constitución española recoge la inviolabilidad del domicilio (art.18.2), el derecho a la propiedad privada (art.33) y el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada (art.47).

Artículo 18. 2. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.

Artículo 33. 1. Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. 2. La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes. 3. Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes.

Artículo 47. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

Sin embargo, lo que es a todas luces injusto es que el derecho a una vivienda digna, cuyas condiciones de posibilidad las deben facilitar los poderes públicos, sea a costa del derecho a la propiedad privada, usurpada de forma ilegítima. Y cuando quieres hacer las cosas bien para recuperar lo que es tuyo, la vía es lenta y con un altísimo coste económico y personal. Y no quiero ni imaginarme lo que puede ser una situación así para personas que no tienen ni los recursos ni los conocimientos para seguir los pasos adecuados. Afortunadamente, nosotros hemos contado con una buena amiga abogada que nos ha ayudado a darlos. Mi impresión es que, tal y como está la legislación, anima a ocupar ilegalmente, fomenta que haya una especie de ‘mafias’ que entra en pisos y ‘vende’ las llaves a personas que están en situación vulnerable y no tienen nada que perder. Asimismo, da pie a que aparezcan negocios para el desalojo de viviendas ocupadas que, bajo mi punto de vista, están al límite de la legalidad, y cuyo número se duplicó durante la pandemia. Y, por supuesto, ha supuesto un espaldarazo al negocio de las alarmas.

Después de estos meses siento mucha tristeza y desolación, por cómo está mi hermana y su familia, por lo duro que está siendo todo, por cómo está la casa, porque hay unos daños y pérdidas irrecuperables… Siento miedo y desasosiego. Me hace sentir una indefensión y una vulnerabilidad que nunca había sentido. Algunas noches me despierto con pesadillas de que entran en mi casa y me hacen daño a mí y a mi familia (no me quiero imaginar las pesadillas que tendrá mi hermana). Y me ha suscitado un recelo y desconfianza que no tenía. Confío en recuperar la tranquilidad y la esperanza, y que mi hermana y su familia superen esta situación tan dolorosa.

 

Referencias


martes, 29 de julio de 2014

Ho'oponopono


“Divino Creador, padre, madre, hijo todos en uno...
Si yo, mi familia, mis parientes y antepasados ofendieron,
a tu familia, parientes y antepasados en pensamientos, palabras,
hechos y acciones desde el inicio de nuestra creación hasta el presente,
nosotros pedimos tu perdón...
Deja que esto se limpie, purifique, libere, corta todas las memorias, bloqueos,
energías y vibraciones negativas
y transmuta estas energías indeseables en pura luz...
Y así se ha hecho”.
Morrnah Nalamaku Simeona, Creadora del Ho’oponopono Auto-Identidad

Fue mi amiga María del Rosario quien me habló sobre esta meditación hawaiana, que me cautivó en cuanto me acerqué a ella. Se podría decir que es un proceso de autocuración que ayuda a sanar tanto a uno mismo como a otras personas o situaciones (en el siguiente enlace se puede descargar un libro por si alguien quiere saber más sobre el tema). ¡Qué importantes son las palabras que decimos a otros! ¡Y qué importantes, y a veces poco cuidadas, las que nos decimos a nosotros mismos! Debo reconocer que podría practicarlo con más asiduidad... pero sí me ha ayudado a enfrentar algunas situaciones difíciles. Es un mantra que te envuelve fácilmente: "Lo siento, perdóname, gracias, te amo".

En este momento éste es el contenido que lleva para mí el mantra...

Lo siento...
-Si en algún momento me ves flaquear.
-Si digo o hago algo que te pueda doler. Es lo último que quiero.

Perdóname...
-Porque alguna vez he pensado: “No se puede ser tan feliz… algo tiene que pasar".
-Si a veces me olvido de que puedo ser feliz sola (te aseguro que lo soy). “La mejor manera de ser feliz con alguien es aprender a ser feliz solo. Así la compañía es una cuestión de elección y no de necesidad.” Mario Benedetti.
-Si me excedo en el cuidado.
-Si alguna vez no tengo en cuenta tus silencios y tus tiempos.

Gracias...
-Por ser como eres.
-Por ayudarme a reconciliarme con alguna de mis aristas.
-Por curar o suavizar algunas cicatrices (de las que no se ven).
-Por devolverme una mirada amable y cariñosa.
-Por hacerme reír.
-Por despertar a la niña que llevo dentro.

Te amo...
-Tal y como eres.
-En la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. <3 <3 <3



Para terminar, un vídeo con el mantra en inglés que ayuda a hacer la meditación (a mí me relaja con sólo oírla). 




jueves, 5 de junio de 2014

Sillas vacías - Aulki hutsak

Para ver el Making of pinchar aquí


“El saber histórico es un recuerdo al servicio de una esperanza”
Pedro Laín Entralgo, médico, historiador, ensayista y filósofo 

Ayer, 4 de junio, asistí al acto que tuvo lugar en el Paraninfo Bizkaia Aretoa de UPV/EHU en Bilbao, que llevaba por título ‘Morir y vivir: el lugar del duelo’, y que estaba concebido como un espacio para la reflexión. El que el punto de partida fue el documental ‘Aulki hutsak’, dirigido por el médico de Osakidetza Iñaki Peña, especializado en atender a personas con enfermedades graves.

El documental reúne testimonios tanto de profesionales como de familiares y amigos de personas fallecidas por diversas causas (enfermedad, accidente, suicidio…). Principalmente son en euskera, pero también hay testimonios en castellano y en inglés. Se divide en cuatro capítulos: dolor, enfado, días señalados y esperanza; y termina con un epílogo. Le acompañan bellas imágenes y canciones de Ruper Ordorika, Gari, Gorka Urbizu… El documental no deja indiferente, a cada uno le llega de distinta forma. El diálogo posterior fue muy rico porque en el auditorio (con una afluencia mucho mayor de la esperada por la organización) cada uno tenía su o sus experiencias de duelo... había muchas "sillas vacías"... Voy a compartir aquí las ideas que más me resonaron o que me surgieron a raíz del acto.

Vamos a fijarnos en las dos primeras acepciones según la RAE, Duelo (Del lat. dŏlus, por dolor): 1. m. Dolor, lástima, aflicción o sentimiento; 2. m. Demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien. El duelo es un proceso único, un camino personal, relacionado con el dolor de la pérdida que cada uno vive a su manera y que antes o después en la vida, y seguramente más de una vez, todos tendremos que lidiar. Todas las reacciones son normales. Cada uno afronta el dolor a su manera. Muchas veces el doliente siente como si fuera su propia muerte, como si le hubieran desgarrado una parte de sí mismo. Esto probablemente es más intenso cuando se pierde a un hijo o hija que es algo que, en principio, parece contra natura. Las emociones y sentimientos puedes variar desde el alivio, la tranquilidad a la desesperación, la ira, la culpa... Puede que te ahogues en lágrimas o no puedas derramar ni una... Que necesites estar acompañado o que busques la soledad... Algo a tener en cuenta es que en nuestra cultura está mejor visto estar enfadado que estar triste. El enfado no te deja sentir el dolor y trabajarlo. Además te da energía mientras que la tristeza te da frío, un frío interno difícil de quitar.

Alguien hacía el símil de que cuando has perdido a una persona es como si fueras en el coche a 20 km/h y el resto de personas a más de 100 y ni siquiera te vieran. Yo suelo decir que siento como si se hubiera parado el mundo y yo pareciera la única que se ha dado cuenta. Cómo pueden todos reír, hablar, comportarse como si nada hubiera pasado... pero es mi mundo, o mi percepción del mismo, la que ha cambiado... el dolor es mío... Los demás no tienen por qué entenderlo.

El duelo necesita de sus rituales, que marcan el inicio de un camino de transformación, que no curación (porque no es una enfermedad). No podemos seguir como si tal cosa sin una despedida, y ésta puede adoptar muchas formas: una comida con lo que más le gustaba a la persona, unos cánticos, una misa, un recital, una excursión a uno de sus lugares favoritos, la lectura de un texto, aventar las cenizas en un lugar especial...

En cuanto a los modos de afrontar el duelo, me parece muy sugerente el símil del puño cerrado. Podemos rodearlo pero de esa forma no nos afectan el dolor y el sufrimiento, pero tampoco la alegría ni otras emociones agradables. Nos aislamos y alejamos de otros y de nosotros mismos. Sin embargo, también podemos atravesarlo abriéndolo, exponiéndonos. Eso significa que el dolor nos va a azotar, nos va a tocar pero puede salir, podemos dejarlo escapar... Algo que puede ayudar es escribir una carta a la persona fallecida en la que le escribamos todo aquello que no le hemos dicho o que le queramos decir, en la que le contemos cómo nos sentimos... y que 'se la leamos'. Me gustaron mucho las fases de las que habló el Dr. Julio Gómez: 1) pedir perdón; 2) perdonar; 3) agradecer; 4) decir "te quiero"; 5) decir "adiós".

Una persona doliente puede necesitar llorar y/o hablar de su pérdida. Lo mejor que podemos hacer para acompañar es escuchar, con los oídos y el corazón, lo que dice y lo que calla... Hay muchas frases bien intencionadas que poco ayudan: "ya se te pasará"; "no llores"; "tienes otros hijos"; "eres joven"; "ahora está en paz"... Como decía una de las personas en el documental "Es importante vivir, sufrir y morir con elegancia". Como sociedad tenemos que hablar de la muerte porque no podemos escapar de ella... es parte de la vida, es la otra cara de la moneda...

Para terminar, dejo unos recursos que pueden ser de ayuda o interés; un poema de Xabier Lete, que se recitaba en el documental, así como una canción suya que se suele cantar en ceremonias de despedida, Xalbadorren heriotzean.

Recursos
  • Alaia - Centro de Atención al Duelo. Tiene un blog
  • Apoyo al duelo - proyecto que surge de la unión de esfuerzos de Grupo ASV Servicios Funerarios y la Universidad Miguel Hernández de Elche.
  • Bidegin - Servicio de Apoyo al duelo y enfermedad grave avanzada. Ofrece interesantes actividades. 
  • Gure Txikixak - blog en euskera sobre duelo perinatal. En el apartado Material lagungarriak hay artículos, libros, etc interesantes muchos de ellos en castellano.  
  • Krisalida - Asociación de apoyo al duelo para padres y madres que han perdido un hij@ por accidente, enfermedad o suicidio.



lunes, 27 de enero de 2014

Lágrimas en el cielo...



Hoy escribo con lágrimas en los ojos y con un dolor que no es el mío pero que puedo sentirlo con fuerza. En poco más de un mes se han muerto en mi entorno tres niños de 15 años (Victor, Markel y Alberto). Victor tenía una discapacidad física e intelectual severa derivada de una enfermedad que tuvo de pequeño y su salud era frágil. Markel ha luchado durante casi dos años contra un cáncer de huesos. A Alberto le ha atropellado un coche. Yo tengo dos hijos que en este momento tienen 13 y 15 años y puedo imaginarme perfectamente el dolor que sería perderlos, la rabia que me produciría, el desgarrón en el alma, la perplejidad en la que me encontraría, el sinsentido que me parecería la vida... La muerte siempre nos pilla por sorpresa y nos gustaría robarle una prórroga. Y en el caso de los niños... Nos rebelamos más aún ante el hecho...Va contra la lógica que unos padres o unos abuelos sobrevivan a sus hijos o nietos...

Ahora les queda a estas familias y su entorno construir su duelo y pasar por las cinco etapas que señala Elisabeth Kübler-Ross: 1. Negación - durante un tiempo se vive desde la perplejidad o la incredulidad; nos negamos a creerlo porque es demasiado fuerte; 2. Ira (o puede ser rabia, envidia o resentimiento) - es una respuesta emocional que se puede manifestar de diversas maneras y contra distintas personas (los cercanos, desconocidos, compañeros de trabajo, Dios, etc.); 3. Negociación - en esta etapa lo que más apetece es volver a atrás una y otra vez, intentar llegar a un pacto para superar el momento difícil; 4. Depresión - en esta fase la persona se ve invadida por la tristeza, se repliega sobre sí misma (normalmente es algo temporal y muy necesario); 5. Aceptación - se empieza a sentir cierta paz y tranquilidad, la vida se impone, se asume la nueva realidad... (pero también se puede caer en el rechazo que supone vivir anclado en el dolor y la pérdida).

Cada vida, toda vida, independientemente de su duración y de sus condiciones, tiene un sentido, un porqué. Como lo expresa la Dra. Kübler-Ross (1994, p.36):
"Me gustaría deciros cómo podéis vosotros también llegar al convencimiento de que esta vida terrestre, que vivís en vuestro cuerpo físico, sólo representa una pequeña parte de vuestra existencia global. Sin embargo, vuestra vida actual tiene una importancia muy grande en el marco de vuestra existencia entera puesto que estáis aquí por una razón precisa que os es propia".
No quiero terminar sin mandar un abrazo muy fuerte en especial a las madres de estos tres niños (CeciliaMarian Esther) y desearles que esos ángeles que ya tienen en el cielo les ayuden a seguir adelante.



Bibliografía:
  • Kübler-Ross, Elisabeth (1994): La muerte un amanecer. 5ª Edición (1ª 1987). Barcelona: Ediciones Luciérnaga.









miércoles, 3 de julio de 2013

Sobrevivir a un tigre


El sábado cogí en el videoclub la película "La vida de Pi" y la disfruté con mi hijo pequeño. Una delicia visual, una banda sonora preciosa, una exaltación de la fe y de la duda, un relato que invita a la reflexión...

La historia de Piscine Molitor Patel (Pi) es increíble, apasionante... Pi es un niño indio inquieto, con la pregunta sobre Dios siempre presente, que se confiesa hindú-católico-musulmán y es vegetariano. Se ha criado en el zoo que tiene su padre. En plena adolescencia, recién descubierto el amor, su familia decide trasladarse a Canadá. El barco en el que viajan naufraga y el sobrevive después de 227 días a la deriva en un bote salvavidas con la compañía de un tigre (Richard Parker). Inicialmente había también una hiena, una cebra y una orangutana que había perdido a su cría. Toda una aventura de autoconocimiento y de crecimiento... Me quedo con uno de los diálogos finales en los que Pi relata su "no despedida" del tigre, en el que habla sobre la necesidad de decir adiós, de cerrar ciclos, de dar las gracias...

"Me eché a llorar como un niño. No porque me abrumara el hecho de haber sobrevivido a mi terrible experiencia, aunque así fuera. Tampoco fue por la presencia de mis hermanos y hermanas, aunque este hecho me conmoviera. Lloraba porque Richard Parker me había dejado de forma tan poco ceremoniosa. ¿Cómo pudo estropear nuestra despedida de aquella manera tan terrible? Soy muy partidario de la cortesía, de la armonía del orden. Si está a nuestro alcance, debemos dar una forma significativa a las cosas. Por ejemplo, ¿te ves capaz de narrar esta historia tan embrollada en cien capítulos, ni uno más, ni uno menos? Mira, es una de las cosas que no soporto de mi apodo, que sea un número que nunca acaba.
En la vida, hay que concluir las cosas debidamente. Sólo entonces puedes soltarlas. Si no, te quedas con palabras que deberías haber dicho y que no dijiste, y el corazón se te llena de remordimiento. Ese adiós malogrado me sigue doliendo hasta el día de hoy. No sabes cuánto me arrepiento de no haberlo mirado por última vez en el bote salvavidas, de no haberlo provocado un poco para que me tuviera en mente. Ojalá se me hubiera ocurrido decirle… sí, lo sé, a un tigre, pero da igual. Ojalá le hubiera dicho: «Richard Parker, se ha acabado. Hemos sobrevivido. ¿Es increíble, verdad? Te debo más gratitud de la que pueda expresar. No lo hubiera conseguido sin ti. Así que me gustaría decírtelo formalmente: Richard Parker, gracias. Gracias por salvarme la vida. Ahora vete donde quieras. Durante casi toda tu vida sólo has conocida la libertad restringida de un zoológico. Ahora vas a conocer la restricción libre de la selva. Te deseo lo mejor. Cuidado con el Hombre. Nunca será tu amigo. Pero espero que a mí me recuerdes como amigo. Jamás te olvidaré, de eso puedes estar seguro. Siempre te llevaré en el corazón. ¿Ahora me bufas? Mira, nuestro bote acaba de llegar a la arena. Así que adiós, Richard Parker, adiós. Vete con Dios»" Martel (2003, capítulo 94).
  • Bibliografía: Martel, Yann (2003): Vida de Pi. Destino: Barcelona.



martes, 11 de junio de 2013

¿Mal de muchos consuelo de tontos?



El pasado 6 de junio asistí a una conferencia titulada "La atención a la infancia" impartida por Luis Rojas Marcos, a quien siempre es un placer escuchar. Quiero compartir y comentar aquí las principales ideas que me llevé de la misma.

Empezó contando una anécdota que ya había escuchado y que es de una gran profundidad. Contaba que un amigo suyo epidemiólogo estaba haciendo un estudio y en un pueblo le preguntó a una mujer: "Perdone, ¿cuál es la tasa de mortalidad aquí?". La mujer, después de pensar un rato, le respondió muy seria: "Un muerto por persona". La única certeza que tenemos en esta vida es que toda persona que nace algún día morirá. Y es responsabilidad de cada uno lo que hace entre un momento y otro, y la actitud que elije en cada situación y circunstancia...

Recordó las tres necesidades fundamentales que tienen los niños más pequeños: 1) seguridad (comida, vestido...); 2) afecto (calor humano, contacto, mirada...) y 3) un estímulo adecuado a su edad. La verdad es que esas necesidades se mantienen, aunque se satisfagan de forma diferente, a lo largo de la vida. En la situación actual de crisis en la que vivimos son muchas las personas que ven comprometida una o varias de estas necesidades lo que afecta seriamente a su felicidad y autorrealización. Ya decía Maslow que las personas, según su situación, podían subir o bajar en la pirámide de necesidades.

Lo que más me gustó de toda la charla fueron las referencias a la Resiliencia, un tema al que últimamente le he dado alguna vuelta. Este término procede de la física "Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación" (R.A.E.) y en psicología significaría "Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas" (R.A.E.). Según Rojas Marcos sería la "mezcla de resistencia y flexibilidad".

¿Y cómo se desarrolla? ¿Cuáles son los ingredientes que ayudan a fortalecer esta capacidad básica para superar situaciones de riesgo? Destacó los siguientes:

  • La más importante de todas es la conexión afectiva con otra u otras personas. Es la experiencia de haberse sentido apoyado incondicionalmente. Son muchos los "ángeles anónimos" que nos apoyan en la dificultad, a veces, incluso, sin que ellos lo sepan. 
  • Es fundamental hablar, es bueno para la mente y para el corazón. Al hablar escuchamos, pensar no es tan terapeútico. Habrá que cambiar el refrán por "Hablar más y pensar menos"...
  • La búsqueda de sentido, que diría Viktor Frankl, que conecta con la idea de plan, futuro, esperanza... Todos tenemos un guión, la narración de nuestra historia, que utilizamos para explicar lo que nos pasa y que tendemos a repetir. 
  • Locus de control interno, las personas con locus de control interno creen firmemente que ellas pueden hacer algo por salir de la situación, aunque sea fantasía. "Querer es poder". Quienes se sienten responsables de su vida están mejor preparados para afrontar situaciones difíciles

Y la última idea que quiero compartir, que coincide con el título de este post... ¿Mal de muchos consuelo de tontos? El cerebro humano está preparado para ayudarnos a salir de las dificultades. Las "comparaciones ventajosas" son muy útiles. Se adquiere esperanza por comparación con la situación de otros, nos damos cuenta de que lo nuestro no es tan malo. Además, nos hace sentirnos parte de, nos hace ver que no somos los únicos. Esta es la base de los grupos de autoayuda, iniciados con la experiencia de Alcohólicos Anónimos. Quienes compartimos experiencias nos podemos ayudar mucho, entendemos muy bien cómo se siente y qué piensa quien pasa por lo mismo.