Recientemente he asistido online al “Coloquio
inter-espiritual. Swami Padmanabha y Padre Paramittrananda”. Swami Padmanabha es un monje, autor y
mentor espiritual arraigado en la tradición bhakti del linaje Gaudiya. Pablo d'Ors, quien fue bautizado
en la India con el nuevo nombre de Paramittrananda —alude a la amistad suprema
entre el ser y lo Divino—, es el fundador de la red de meditadores Amigos del desierto. Voy a
destacar aquí algunas ideas del coloquio.
Pablo D’Ors compartió las tres fases que componen su práctica: 1) Ponerse en la presencia de
Dios y hacerse la pregunta: ¿Creo, Señor, que estás aquí?; 2) Experimentar la
presencia amorosa: ¿Creo Señor que me amas incondicionalmente, tal y como soy
sin pedir nada a cambio? 3) Experimentar la unión y declarar: “Te amo”, “te
quiero”.
Señaló que conocer otras tradiciones le ha ayudado a leer su
tradición de una forma más profunda. Le ha puesto en crisis y le ha abierto el
horizonte. Cree en la espiritualidad de
la síntesis —que no sincretismo—. En su opinión todo lo que hay de verdad,
belleza y bien viene de Dios.
Swami Padmanabha indicó que le
gusta más hablar de tradiciones hermanas,
que de otras tradiciones. En realidad, todos somos parientes. En sánscrito se
dice que no existen dos familias, todos somos uno. La realidad es una
combinación de unidad y diferencia. Avanzamos cuando conseguimos integrar. En
palabras suyas, “en mi viaje ha habido mucho de unidad en la diversidad”. Más
que de unas u otras religiones, podríamos hablar de diferentes expresiones de
la función del alma en conexión con su fuente. Se suele utilizar la imagen de
la copa (persona) y el vino (sustancia embriagante del amor divino). Al final,
cada sendero puede ofrecer una variante de vino, pero nos encontramos todos en
la misma taberna.
Pablo D’Ors subrayó que la técnica está al servicio del encuentro.
Muchas veces las y los meditadores preparan mucho “el banquete”, pero se lo
pierden. A él, meditar le lleva a suavizar la mirada, a hacerla más amorosa. Y
eso llega a las personas con las que te encuentras.
Pablo D’Ors insistió en que no hay
que preocuparse por compatibilizar los amores. Meditar, contemplar, es amar y amar es contemplar. Parafraseando a Buda
Gautama, la única manera de hacer algo por la paz es ser paz. Swami Padmanabha
aportó una sugerente imagen, regar la raíz de la planta (meditar) nutre todo
(se extiende al círculo inmediato).
Me quedo con la imagen de las tradiciones hermanas. Lo importante es
amar y la mediación (tradición) nos ayuda a profundizar en el amor.
Amigos del desierto y Swami
Padmanabha (2026, 15 ene). Coloquio inter-espiritual. Swami Padmanabha y Padre
Paramittrananda [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=NdquRFMihNo
[QUIÉN SOY] “Fui puta. Fui víctima. Fui un ser inocente cuyos
derechos fueron vulnerados por miles de hombres, con el amparo de los estados.
Ya no soy víctima. Porque ser víctima NO es un estado mental y social
permanente e irreversible. Porque de serlo, de nada servirían la prevención,
reparación y protección. Fui niña. Soy mujer” (p.18)
[QUÉ QUIERO] “Quiero dejar de ser la víctima, la superviviente, la
violada, la exprostituta, la puta, la rumana que da su testimonio. Ser objeto
de análisis tras ser objeto de consumo te mantiene como objeto de deseo. Quiero
ser sujeto” (p.20) (*1)
[QUÉ NECESITO] “Valor, tiempo y capacidad reflexiva. Solo tres
cosas. Pero de manera bidireccional” (p.21)
El pasado 30 de noviembre asistí a la conferencia de Amelia
Tiganus—activista y conferenciante contra la explotación sexual— organizada por Espäcio Regäderä, cuyo título hace
alusión a su último libro, La revuelta de las putas. De víctima a
activista, del que lleva vendidos 50.000 ejemplares —va por la 10ª reimpresión,
algo poco usual para un libro feminista—. Existe una versión en cómic inspirada
en su historia, AMELIA. Historia de una lucha. He
leído con mucho interés el libro y voy a compartir aquí algunas ideas de la
charla que completaré con citas textuales.
Hay algunos datos que dan mucho que pensar. España es el país más putero de Europa y el
tercero en el mundo. La industria de la explotación sexual: pornografía,
trata, sugar dating (*2),
prostitución, etc. mueve más dinero que las armas y las drogas.
Existen diferentes modelos
ideológicos ante la prostitución. Entre ellos los principales serían: 1) El prohibicionista, que invisibiliza el problema y culpabiliza y castiga a las víctimas (p. ej., Rumanía); 2) El regulacionista, también llamado prosex
o proderechos, que habla de trabajadoras sexuales y reclama derechos, desviando
el foco del propio sistema (p. ej., Alemania y Países Bajos); y 3) El abolicionista, que habla de mujeres en
situación de prostitución, lo que resalta el hecho de que es una cuestión de
género y que es reversible (p. ej., Suecia, Noruega y Francia). Busca prevenir,
proteger y reparar a las víctimas, así como castigar tanto a los proxenetas
como a los puteros. [Para profundizar en los modelos, véase Molina Montero, 2018]
Amelia aboga por el último modelo, ya que el problema es el sistema prostitucional,
que tiene estructura de campo de concentración y en el que todas somos
prostituibles. Es un sistema conformado por:
“los estados, que permiten y
facilitan que esto exista; los proxenetas,
considerados respetables empresarios de la noche; los pequeños y grandes negocios que se lucran directamente con la
existencia de este sistema, y los puteros,
el brazo ejecutor que destruye mujeres y niñas a la vez que financian y
sostienen este orden patriarcal, capitalista y racista. Las mujeres son el eslabón más débil. Pero
interesa mucho hacer que parezca un tema de mujeres para invisibilizar a los
auténticos responsables de esta barbarie” (p.99). Existe también otro eslabón,
las mamis: “Las auténticas mamis —mujeres
exprostituidas— están sobre todo en la recepción y se encargan de controlar a
las mujeres y hacer cumplir las normas; además, son los ojos y los oídos del
proxeneta” (p.132).
“La prostitución no
es ni «sexo» ni «trabajo», sino violencia sexual de hombres contra mujeres”
(p.152) lo que es incompatible con la dignidad humana [véase el primer párrafo
del Preámbulo del Convenio para la
represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena
de 1949 al que España se adhirió en 1962]. Los prostíbulos son campos de
concentración en los que los candados son el miedo, las amenazas, sobre la
propia vida o las de los seres queridos. Hay un perfil bastante extendido de la
víctima de este mundo: “mujer, joven, inmigrante, con grandes responsabilidades
familiares, en situación de vulnerabilidad y exclusión social, con gran
precariedad económica, en ocasiones con dificultades con el idioma, que sufre
una gran movilidad y un gran desconocimiento de los derechos y (los
insuficientes) recursos existentes” (p.182). Y la única vía de escape son los
verdugos, los puteros.
Amelia explica que, en su experiencia, se ha encontrado con distintos tipos de puteros: 1) El putero majo, “para mí, uno de los
peores maltratadores. Estos iban de buenos y me hacían preguntas, me contaban
cosas (…) quieren comprar aquello que ni las putas vendemos: las caricias, el
cariño, la ternura, los abrazos sinceros, los besos de amor... Lo quieren todo
por un miserable billete” (p.112); 2) El putero
macho “que piensa que su masculinidad, su valor como hombre, tiene que ver
con la cantidad de mujeres a las que penetra y a las que —en su imaginación,
claro está— satisface sexualmente” (p.114); 3) El putero misógino, “es el más violento y peligroso, porque las
prácticas que lleva a cabo para sentir placer dentro de su sadismo son
difíciles de narrar (…) Cuanto más dolor, humillación y miedo te hacen pasar,
más disfrutan” (p.114). Y añade otro perfil, “y luego están los hombres que
dicen que no van de putas, sino que van de copas o que solo acompañan a sus
amigos (puteros). Y yo pregunto ¿cómo te puedes divertir en un campo de
concentración?” (p.115).
Amelia describe los cinco años que pasó en más de cuarenta
prostíbulos con una imagen: “un reloj
sin agujas. La esclavitud es una vida sin sentido del tiempo (…) En el
prostíbulo pierdes tu identidad y te conviertes en una mujer en serie:
intercambiable y utilizable sin medida. El campo de concentración te aliena, te
despersonaliza. El tiempo se detiene, la mente se separa, el alma se esfuma y
tu cuerpo solo intenta sobrevivir. Solo hace falta imaginarse a todas las que
no pueden hablar y contar este relato: las que mueren por enfermar gravemente a
causa de las adicciones, los abusos y la tortura; las que son asesinadas: las
víctimas de feminicidio por prostitución son las grandes olvidadas de la
violencia machista” (pp.89-90). Evadirse para sobrevivir, unas relaciones
frágiles entre compañeras —que se ven como rivales—, el consumo de sustancias
que aparece desde el principio —se les ‘vende’ como una forma de ganar más
dinero—, obligaciones y deudas contraídas —generadas por el propio sistema—, y
muchas huellas profundas —entre ellas: deterioro físico, trastornos de
alimentación y del sueño, aislamiento, estados depresivos, trastornos del
sueño, alteraciones emocionales, ideación e intentos de suicidio— hacen muy
difícil la salida de este mundo. El trauma es muy profundo. [Animo a ver el
vídeo Ninguna mujer nace para puta, de
Sonia Sánchez]
La charla y el libro
me han cambiado la mirada y ha dado un nuevo sentido a mi compromiso feminista.
“Es triste reconocer la cantidad de potencial, talento, capacidades y vidas
humanas destruidas por el sistema prostitucional. Triste pero imprescindible.
El patriarcado nos enferma. El capitalismo nos enferma. El feminismo es la cura
a tanto sufrimiento y desigualdad. Porque el feminismo no solo salva vidas,
además las dota de un profundo sentido de humanidad (…) Porque ninguna se salva sola. Nos salvamos juntas. La resiliencia tiene
rostro de mujer. Y sonrisa de niña” (p.184)
(*1) NOTA –
Me resultó muy significativo el testimonio de Amelia cuando contaba que en
varias ocasiones le ofrecieron escribir el libro y cuando decía que no lo veía
le ofrecían escribirlo por ella. Una vez más objeto que no sujeto…
(*2) NOTA –
Cuando escribo en Google para comprobar la ortografía la IA me devuelve este
contenido: “El ‘sugar dating’ es una relación de beneficio mutuo donde una
persona, usualmente mayor y con recursos económicos (‘sugar daddy’ o ‘sugar
mommy’), ofrece apoyo financiero o regalos a otra persona más joven (‘sugar
baby’) a cambio de compañía, tiempo o intimidad”. ¡Así explicado parece algo consentido y bueno!
LaSexta (2018, 2 abril). Amelia: "España es el país
donde más consumo hay y no existe una ley contra la trata" – Salvados
[archivo de vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=ij5-INaqES8
Portal puntero de información y periodismo de datos con
perspectiva feminista https://feminicidio.net/
Dejo a continuación dos breves entrevistas a Amelia, una realizada por Jordi Évole (Salvados) y otra realizada por Innovandis —Programa de Innovación y Emprendimiento de la Universidad de Deusto— a raíz de la publicación del libro.
Del 26 al 28 de noviembre, tuvo lugar en la Universidad de
Deusto el Congreso Ahotsak. El papel de las ciencias sociales y humanas ante los
retos del presente, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales y
Humanas. Como señala la Decana, Ane Ferran, “un congreso donde
queremos reivindicar nuestras voces: voces que explican la realidad, que
contribuyen colaborativamente a la transformación y la justicia social” (ver el
programa aquí).
Voy a recoger aquí algunas de las ideas que salieron en la
mesa: “Resituando (y gobernando) el
entusiasmo: desafíos éticos de la irrupción de la IA”. Tuvo como ponentes
a: María López — Dra. en Derechos Humanos—, Borja Sanz —Dr. en Sistemas de
Información—, Ruth Carbajo
— Dra. en Ingeniería, Energía y Tecnologías de la Información— y Laura Marrón —Directora de
Basque Artificial Intelligence Center (BAIC)—.
Y como moderador, Peru Sasia —Dr. en Química Macromolecular—.
El punto de partida fue que si hiciéramos un análisis ético
profundo no asumiríamos que la IA es inevitable y, mucho menos, ingobernable.
Antes de hablar de los efectos conviene plantearse la pertinencia del uso y
desarrollo de la IA. En primer lugar se presentaron algunos de los principales desafíos éticos de la
irrupción de la IA:
Debemos reflexionar no sólo sobre lo que podemos hacer, sino
sobre lo que debemos hacer. La
implantación de las innovaciones no siempre asume los retos de la cohesión
social, la democratización, etc.
Actualmente vivimos en un tecnofeudalismo —véase Robledo (2024)—, un capitalismo gobernado por un pequeño grupo de hombres —no hay
mujeres CEO de las grandes empresas tecnológicas— que controla tanto el dinero
como los datos, lo que provoca una profunda desigualdad social que amenaza la
democracia. Además, se está dando una pérdida de relevancia de los marcos
normativos. Los nuevos señores feudales necesitan que los marcos normativos les
opriman lo menos posible.
¿Cómo se pueden diseñar algoritmos justos si no hay fórmulas
a aplicar? Los tecnólogos se encuentran con sistemas complejos, muy complejos,
de difícil explicabilidad —no se
sabe cómo funcionan y por qué lo hacen así—. Un caso sugerente es Anthropic, empresa dedicada a la
seguridad y la investigación en inteligencia artificial, que pretende crear
sistemas de IA fiables, interpretables y controlables y que publican los fallos
que encuentran en sus sistemas.·
Vistos los desafíos, el siguiente paso fue plantear los tratamientos, las medidas, a
aplicar:
Auditar los
algoritmos puede ayudar a identificar problemas, aunque esta medida sea a
posteriori y su alcance no sea general. Es muy importante la pregunta por la
trazabilidad del dato. La base de conocimiento de la IA es todo internet. [Esta
intervención me recordó la charla que dio Gema Galdón hace dos años en Deusto
Forum, ver entrada].
Poner a las personas
en el centro. Corremos el peligro de acabar pareciéndonos a las máquinas,
en lugar de al revés.
Mapear cómo y
para qué se usa la IA y así valorar el nivel de riesgo. Y a partir de ahí hacer
planes de capacitación, entendiendo
que no sólo se trata de saber usarla, sino de conocer qué datos uso, de quién
son, y preguntarse si se pueden compartir.
A las universidades
nos corresponden algunas tareas fundamentales como: desarrollar un
posicionamiento crítico respecto de la IA, encontrar un idioma común desde la
interdisciplinariedad, una reflexión profunda sobre la innovación y cómo esta
debe revertir a la sociedad (democratización del sistema de innovación).
No se puede dar un paso atrás en el ámbito normativo. Hay que asegurar un marco normativo
fuerte que proteja los derechos de todas las personas.
Hay que generar
consensos y transversalizar la perspectiva ética: qué entendemos por
sostenibilidad, por explicabilidad, incluir el concepto de rendición de
cuentas.
·Para terminar la mesa cada participante eligió una palabra o
concepto. Suscribo todos ellos: potencial de la colaboración, perplejidad,
responsabilidad compartida y militancia. No se puede ser un ciudadano, una
ciudadana, responsable sin preguntarse y posicionarse ante los retos éticos de
la IA. Y como dice el proverbio africano: "Si
quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado".
El pasado 27 de noviembre, Lori Thompson, Doctora en Psicología y especialista en cuidados
paliativos —ver aquí
su perfil—, impartió la Clase magistral
“Experiencias cercanas a la muerte”, organizada por la Fundación Pía Aguirreche en la
Universidad de Deusto.
He de reconocer que el tema de la charla me resultaba especialmente interesante. Siendo
adolescente cayó en mis manos el libro Vida
después de la vida, de Raymond A. Moody, Jr. Creo que ahí comenzó mi interés por la tanatología, el duelo,
los cuidados paliativos y otros temas afines. Lo que podría parecer un gusto
macabro, no ha hecho más que conectarme con la vida y animarme a vivir con
consciencia todas sus etapas. Esta charla me aportó nuevos argumentos.
En la presentación de la ponente el Dr. Jacinto Bátiz —reconocido
paliativista— señaló que el tema de la conferencia conecta con la necesidad de
una continuidad, el deseo de que la vida
no termine.
Lori Thompson inició su conferencia aludiendo a que no
podemos hacer afirmaciones categóricas bajo la ilusión de que la ciencia tiene
todas las respuestas —más bien está permanente descubriendo—. Suscribo que al
tema de la charla hay que acercarse con
apertura de mente.
Como indicó Lori, una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM),
según Moody, es: “cualquier experiencia perceptual consciente que tenga lugar
en una situación cercana a la muerte”. Actualmente hay quienes prefieren hablar
de Experiencia recordada de la muerte —Recalled Experience of Death (RED) —
entendida como: “Una experiencia cognitiva y emocional específica que ocurre
durante un periodo de pérdida de conocimiento en relación con un evento que
amenaza la vida, incluido el paro cardíaco”.
Las ECM ocurren en
situaciones muy diversas: parada cardíaca, electrocución, cirugía cardíaca,
coma, fiebre, accidentes de tráfico, trabajo de parto, asfixia, ahogamiento,
hipoglucemia, etc.
Moody hace una lista con algunos de los factores comunes de las ECM: inefabilidad
—dificultad para expresar lo vivido con palabras—, escuchar frases como: “ha
muerto”, una sensación de paz como nunca antes se había sentido, determinados
ruidos o sonidos, encontrarse en un túnel o espacio oscuro, visión del propio
cuerpo desde fuera, encuentros con seres no físicos —personas conocidas ya
fallecidas, seres religiosos, personas desconocidas, etc. —, revisión de la
vida —atemporalidad, toda la vida puede pasar en muy poco tiempo—, revisitar
experiencias desde la posición de otra persona —sin juicio, como aprendizaje—, llegar
a una frontera —una especie de punto de no retorno cuya simbología puede
cambiar según las culturas—, decidir volver o que otra persona les anime a
hacerlo, pérdida del miedo a la muerte, contar con detalle cosas que sucedieron
mientras no se era consciente, recibir comentarios negativos al contar la
experiencia, sentir la experiencia como “más real que la realidad”, etc.
Ninguna ECM es
completa, en el sentido de que no cuenta con todos los elementos mencionados.
Hay un porcentaje pequeño de personas,
en tono a un 4-5%, que hablan de la experiencia como negativa. Lori se
preguntaba si las expectativas o el miedo interferirían en la experiencia, o
incluso si no sería una señal de una necesidad de aprendizaje. Tampoco parece
que las experiencias en los niños y niñas difieran mucho, salvando su capacidad
de expresarlas —suele suceder que los niños y niñas que las han vivido maduran
mucho tras la experiencia—. No se han encontrado correlaciones con la clase
social, el sexo, el nivel de estudios, la profesión, el lugar de nacimiento, las
convicciones religiosas, la salud mental, o el estado civil.
Lori contó cómo en los años 80s tuvo la suerte de conocer
la experiencia, mientras era soldado en la Segunda Guerra Mundial, de Gordon Gatch, quien durante muchos años
no se lo contó a nadie aparte de a su mujer [en el vídeo a partir de 49:15].
Gordon en un primer momento pensó: “¿Me habré
muerto? ¿Qué tengo que hacer ahora?”. Después de relatar varios de los
mencionados elementos dice que pensó en su mujer —estaba recién casado— y se
dijo: “Tengo que vivir. ¿Qué tengo que hacer? Tendré que respirar…”. Gordon
expresaba que después de la experiencia seguía siendo agnóstico, pero que se le
había quitado el miedo.
Cabría preguntarse si
las ECM se dan sólo en Occidente y si son un fenómeno nuevo. En La República de Platón se narra el mito
de Er, un guerrero que muere en batalla pero regresa a la vida para contar su
experiencia en el más allá. En la cultura tibetana existen los “delogs”, a
quienes se les considera personas sabias y portadoras de mensajes para otras
personas.
Las ECM se quedan muy
grabadas en quienes las han experimentado. De hecho, el relato de las
mismas apenas varía con el tiempo. La mayoría de las personas expresan haber
sufrido un cambio radical en sus vidas, afirman haberse vuelto más espirituales
(que no religiosos o religiosas), señalan que han crecido en empatía y han
conectado con su propósito en la vida. Algo que llamó mucho la atención fue que
Lori explicó que las investigaciones señalan que quienes han tenido estas
experiencias asociadas a un intento de suicidio, normalmente no vuelven a
intentarlo —a pesar de ser una experiencia gratificante—.
En el turno de preguntas hubo una, a mi modo de ver,
especialmente relevante formulada por Enric Benito que tenía que ver con la recepción por parte de los profesionales de
la salud de estas experiencias. Lori respondió que era muy importante
acoger bien estos relatos, algo en lo que todavía hay mucho que mejorar.
Relacionado con esto contó una anécdota de un foro en el que un médico que
estaba en el público replicó de forma contundente que a él nunca le habían
narrado algo así. Otra persona respondió: “Yo he sido paciente suyo y nunca se
lo contaría”. ¡Qué importante… mantener
la mente abierta, escuchar sin prejuicios y acoger incluso lo que nos supera!
¡Cuánto nos queda por entender qué es la consciencia!
Fundación Pía Aguirreche (2025, 27 noviembre). Clase
magistral «Experiencias cercanas a la muerte» de Lori Thompson [archivo de
vídeo]. https://www.youtube.com/watch?v=kaf9f4LIT_E
El 25 de noviembre
se conmemora el Día Internacional de la
Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Todavía hay quien se pregunta
qué sentido tiene hacerlo. La respuesta está en los datos. Mientras exista violencia estructural contra las mujeres y las niñas
hay que elevar la voz. “De acuerdo con los datos del Observatorio de la
Violencia contra las Mujeres en Bizkaia, que integra información de la
Diputación Foral y del Gobierno Vasco, hasta septiembre de 2025 la Ertzaintza
registró 3.631 victimizaciones, lo que supone un 1,19 % más que en el mismo
periodo del año anterior. La mayoría corresponden a violencia de pareja o
expareja, seguidas de casos de violencia intrafamiliar, aunque el incremento
más acusado vuelve a producirse en los ataques contra la libertad sexual, que
crecen un 23,64 % respecto a 2024: de 258 casos entre enero y septiembre del
año pasado a 319 en el mismo periodo de este año”. (Departamento de Empleo, Cohesión Social e Igualdad, 2025).
Por destacar un dato a nivel mundial: “Se calcula que, en todo el mundo, 840 millones de mujeres
–casi una de cada tres– han sido víctimas de violencia física o sexual por
parte de su pareja; de violencia sexual fuera de la pareja o de ambas al menos
una vez en su vida (el 30 por ciento de las mujeres de 15 años o más). Esta
cifra, que no incluye el acoso sexual, se ha mantenido prácticamente sin
cambios en los dos últimos decenios” (ONU Mujeres, 2025).
Este año Emakunde ha elegido como lema de la campaña del
25N: “No es solo tu problema, es el nuestro”. Esto refuerza la idea de que este
no es un problema de las mujeres, sino que toda
la sociedad tiene que corresponsabilizarse en acabar con esta lacra y
apoyar y acompañar a quienes la sufren o la han sufrido. En palabras de su
directora, Miren Elgarresta: “las mujeres lo están contando como pueden, a
pesar de la dificultad de hacerlo, por lo tanto, la pelota está sobre todo en
el tejado de la sociedad, que debe responder, acompañar, comprender, ayudar,
atender, sentir que este no es un problema personal de unas mujeres, sino un
problema social” (Emakunde, 2025).
Con las nuevas
tecnologías, además, surgen nuevas formas de violencia contra las mujeres
con unas consecuencias igual de graves que la no virtual. “[El Ministerio del] Interior
ha identificado hasta 12 tipologías de violencia digital contra las mujeres,
entre ellas el troleo sexual, la pornovenganza o el deepfake sexual (…) Aunque se produzcan online, el acoso, las
amenazas, los chantajes o la difusión de imágenes íntimas sin permiso, que se
utilizan para dañar, controlar o humillar a la víctima, tienen consecuencias
similares a la violencia no virtual (…) provocan miedo, ansiedad, aumento de
las conductas suicidas y autolesivas, sensación de pérdida de control sobre la
propia imagen y graves consecuencias sociales y personales” (EFE,2025).
Recientemente he leído un artículo de una compañera del
campus de San Sebastián —una lectura más que recomendable— que recuerda la
violencia que sufrieron las mujeres durante el franquismo y que termina de
forma contundente: “Con Franco, las mujeres no vivían mejor, no, sino que
estaban sometidas, sin derechos civiles, políticos ni laborales. Solo la
democracia y el feminismo han hecho avanzar la igualdad: una sociedad justa no
puede permitirse olvidar su pasado” (Gutiérrez, 2025).
No podemos bajar la
guardia, ni podemos minimizar este problema social. Me gusta mucho el lema: “Ni
una más”. He de reconocer que en algún momento he minimizado algunas formas
de violencia contra las mujeres, pero hace tiempo que he caído en la cuenta de
que yo también la he sufrido. Recuerdo con 12-13 años ir camino del colegio y
encontrarme con un señor que hacía tocamientos. Era tan grande la vergüenza que
nunca lo conté en casa, ni a mis compañeras. No ha sido hasta ahora que le he
puesto nombre. Y esta es la cara menos dura del problema… Alcemos la voz y no paremos hasta que ninguna mujer o niña la sufra.
La Fundación Pía Aguirreche reunió el 15 de octubre de 2025
en el Auditorio Centenario de la Universidad de Deusto (Bilbao) a dos de los expertos
en cuidados paliativos con mayor proyección internacional: Kathryn Mannix y Enric Benito.
En este encuentro, que llevaba el título: “Cuidando
y acompañando hasta el final”, y que se repitió al día siguiente en Madrid —el
vídeo corresponde a este último—, entablaron un diálogo sobre las claves para
vivir bien el final de la vida. Voy a recoger aquí algunas de las ideas que se
compartieron y que me parecen especialmente sugerentes.
Enric Benito
insistió en algunas ideas que ya le he escuchado y leído, pero que siempre es
bueno recordar. Una buena muerte es una
muerte aceptada y acompañada. Para ello hay tres tareas que realizar: 1)
Aceptar lo vivido; 2) Conectar con lo querido, porque te sostiene de forma
profunda; 3) Entregarse a lo pertenecido. Acompañar tiene premio, es una
escuela de vida. La madurez moral y espiritual de una sociedad se mide en cómo
se cuida a las personas más vulnerables. "Los vivos cierran los ojos de
los muertos, pero los muertos abren los ojos de los vivos". Somos seres
espirituales que tenemos una experiencia humana. Belleza, bondad y verdad es
nuestro fondo más profundo. Tenemos un fondo sagrado al que podemos acercarnos.
Ser humano es estar profundamente conectado con el fondo que te sostiene. No se
trata de ritos.
El sufrimiento no tiene que ver con lo físico, sino con el distrés
emocional, es dolor existencial. En el cuidar y acompañar es fundamental la
presencia. Benito y Mindeguía (2021: 382) reconocen cuatro características principales en la presencia: 1) Apertura, conciencia abierta que permite
percibir sin apropiarnos ni juzgar; 2) claridad,
compuesta de lucidez y luminosidad; 3) ecuanimidad,
que incluye imparcialidad, estabilidad y equilibrio; y 4) vitalidad,
normalmente asociada a una sensación de alegría y gozo, que permite calidez en
el encuentro. “A nivel relacional, la serenidad, confianza y paz interior que
aporta el terapeuta en actitud de presencia es percibida por el paciente que,
al sentirse escuchado, percibido, entendido y no juzgado, va naturalmente
conquistando una experiencia de seguridad y confianza. Esta presencia
relacional mutua también promueve la profundidad relacional, la seguridad y el
proceso terapéutico de ambos”.
De la intervención de Kathryn
Mannix destacaría las pautas para
mantener conversaciones difíciles, conversaciones que nos intimidan (no
sólo aquellas sobre la muerte, sino también las que tienen que ver con la
enfermedad, las finanzas, la disciplina en una familia con adolescentes, etc.), y la invitación a no colocarnos la
armadura, a no afrontarlas desde el modo lucha. Es evidente que son conversaciones
delicadas en las que necesitaremos coraje, habilidades, paciencia, que nos
harán sentir emocionales, o que harán que la otra persona se emocione. En lugar
de la armadura, llevemos nuestra
vulnerabilidad, nuestra ternura. Así, ambas partes colaboraremos, como en
un baile. Y desde ahí las claves para llevar estas conversaciones: Invitar en lugar de insistir (“¿Podemos
hablar sobre…?”); escuchar para
comprender, no para responder o buscar soluciones; mantener la curiosidad (dar un espacio para llegar a lo profundo,
para dar sentido a lo que ocurre); cuando nos compartan aquello que les
angustia, reconocer su dolor, y esperar
hasta que la persona esté preparada para compartir (uno de las mayores
dificultades para afrontar estas situaciones es la prisa, la falta de tiempo); dejar que el silencio haga su trabajo
(la persona está recordando, preguntándose, preocupándose, encajando las piezas
del puzle, etc.); trabajo en equipo
(“¿Quién más tiene que saber?”, “¿De quién necesito el permiso para
compartirlo?”, “¿Quién más del equipo sanitario tiene que saber?”); cuidarse (cuidarnos para cuidar: no se
puede dar indefinidamente, es importante saber decir que no, tenemos que
dedicarnos tanta atención como procuramos a otras personas).
Cuidar y acompañar
hasta el final puede ser un regalo, una escuela de vida. Nos puede brindar
momentos de gran profundidad y la satisfacción de haber acompañado a otra
persona en un momento clave. Merece la pena prepararse para hacerlo bien.
Referencias
Benito E. y Mindeguía M. I. (2021). La presencia: el poder
terapéutico de habitar el presente en la práctica clínica. Psicooncología, 18(2),
371-385. https://doi.org/10.5209/psic.77759
Fundación Pía Aguirreche (2025, 20 octubre). Mesa redonda:
«Cuidando y acompañando hasta el final» con Kathryn Mannix y Enric Benito
[archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=Jzq6NCDtiKU&t
El pasado 10 de octubre asistí a un curso organizado por el
Servicio de Orientación Universitaria de la Universidad de Deusto con el título
“La construcción del vínculo en los
procesos de acompañamiento”, impartido por Angela Pérez Burgos, Psicóloga y formadora del Modelo Relacional en el ámbito
Social y Clínico. Voy a compartir lo aprendido que, en mi opinión, sirve tanto
para el espacio tutorial, como para cualquier vínculo que queramos construir.
Empezamos el curso con una pequeña meditación a partir de la
respiración. De esa forma conectamos con el “aquí y ahora”, intentando dejar de
lado lo ajeno al curso. A continuación, un pequeño ejercicio de
autoconocimiento -el
mejor punto de partida tanto para el aprendizaje como para la construcción de
vínculos; conocerme para conocer-.
Cada persona señaló una fortaleza y un área de mejora en su labor tutorial.
La tutoría es un proceso de guía, de orientación. En
principio está dirigida a mejorar el rendimiento académico, pero quien se nos acerca es una persona, con
toda su trayectoria vital, no sólo un estudiante, una estudiante. Por eso
debemos preguntarnos qué podemos hacer para que la relación fluya, cómo
centrarnos en pasar de la relación al
vínculo, cómo generar confianza y seguridad. Hay tres elementos a
considerar: el tutor o tutora, el o la estudiante y la relación que fluye.
Es muy importante hacerme
consciente de cómo estoy y cuál es mi estilo de comunicación que es fruto
de mi historia personal -para
poder adaptarlo al de la persona que acude a la tutoría-. Favorecemos que el vínculo
avance en la medida que somos capaces de generar confianza y seguridad. También
la flexibilidad lo facilita.
Es fundamental la presencia:
estar accesibles, hacernos presentes, posibilitar espacios de encuentro. La
calidad relacional depende de que la persona se sienta reconocida, escuchada,
no juzgada. Esto tiene que ver con la normalización.
Quien se nos acerca puede estar viviendo cosas por primera vez o cosas que quizá
no esté gestionando bien. En esa situación ayuda el: “es lógico lo que te está
pasando”, “hay más personas a las que les ocurre lo mismo”, aunque haya cosas
que choquen con nuestra vivencia -es
bueno preguntarnos cómo recibimos lo que la otra persona nos cuenta, cómo nos
resuena- . Tiene
que ver también con la validación.
En ocasiones las personas vienen desbordadas, desanimadas, y puede ser lógico.
Hay que entender y acoger ese malestar para poder afrontarlo. La presencia, la
validación, la normalización se transmiten también sin palabras -cuidemos la comunicación
no verbal-.
Tengamos en cuenta que sin la resonancia emocional, resonancia afectiva, no se da un espacio
auténtico y relajado. Debemos procurar
dar un espacio de acogida, de protección, de esperanza, de escucha compasiva.
Hay que dar tiempo y espacio para que la persona se desahogue, para que
comparta. Una veces puede ser enfado, otras tristeza, también alegría… El “no
es para tanto”, no ayuda en absoluto, es minimizar la vivencia de la otra
persona. Puede ocurrir que no consigamos resonar, o no sepamos qué hacer.
Siempre cabe el ofrecer, o sugerir, ayuda terapéutica.
A veces nos lanzamos a interpretar
conductas. Es mejor preguntar de forma respetuosa, dar la posibilidad de
que la persona se explique: “Te noto más…”, que no: “Cuéntame qué te pasa”.
También podemos probar preguntando cómo está la persona con nosotros, con nosotras:
“¿Cómo te está resultando la tutoría? ¿Hay algo que te gustaría cambiar?”.
Una reflexión a hacer es el uso del nombre propio dentro de la relación: “Buenos días, X”. Puede
enriquecer la relación, hacer el vínculo más personal. Permanentemente debemos
preguntarnos qué podemos poner dentro de la presencia que enriquezca la
seguridad del espacio.
También debemos adaptar los ritmos internos. Cada persona lleva a la relación el cómo es:
perfeccionista, con un estilo de liderazgo propio, con tendencia salvadora o a
dar consejos…
Todas las personas tenemos una serie de necesidades relacionales que hay que tener presentes: a) tomar la iniciativa: hay quienes
quieren dar el primer paso, pero también hay quienes valoran que sea la otra
persona quien se acerque; b) seguridad,
es necesario un espacio seguro, además, hay personas con experiencias vitales
muy duras; c) acompañamiento/apoyo: hacer
sentir que estamos presentes y disponibles para la otra persona, sin juicios ni
valoraciones; d) validación:
necesitamos que nos reconozcan, que nos vean, que nos cuiden; e) compartir experiencias: sentir que no
somos las únicas personas que se sienten así, o las que les pasa determinada
cosa; f) autodefinición: tiene que
ver con la importancia de sentirnos únicos, de reconocer que tenemos
características y necesidades propias, de quién soy y cómo me manifiesto en los
distintos ámbitos de la vida; g) causar
impacto: influimos, queramos o no, en otras personas; h) expresar afecto, amor, cariño, teniendo
cuidado con las barreras físicas -no
debemos actuar en función de nuestra necesidad de abrazar o tocar-.
Me quedo con una idea final: una relación de calidad humana puede transformar la vida de una persona.
No sabemos ni cuándo ni cómo podemos influir en la vida de otra persona. Generemos
vínculos que transforman y que nos transforman.
El 29 se septiembre asistí en el
Paraninfo de la Universidad de Deusto a la ponencia de apertura del BBK Bilbao Kultura Social
Forum, a cargo del Profesor Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, bajo el título: “Reflexiones
sobre un nuevo modelo económico y social”. La imagen al verle entrar apoyándose
en un bastón, un poco encorvado, cambió completamente en cuanto empezó a hablar…
pura energía. Hay una palabra que describe muy bien lo que me transmitió
durante toda la conferencia: bonhomía. Voy a compartir algunas de las ideas que
expuso.
Nos
encontramos ante una crisis de deuda, pero también de desarrollo. Elon
Musk, Jeff Bezos, han visto crecer sus fortunas de una forma descomunal. Sin
embargo, hay salarios que se mantienen como hace 60 años. Un dato interesante
es que China es el país donde más ha disminuido la pobreza.
El
capitalismo neoliberal no es sostenible. No se ha cumplido la teoría de Adam
Smith de la Mano invisible, que decía
que la búsqueda del bien propio favorece el bien común. Es más, se generan
muchos más beneficios cuando se explota a otras personas, y también al planeta.
Ha aumentado el monopolio y la concentración empresarial, lo que ha erosionado
el poder de la competencia. Y lo peor de todo es que las personas se han hecho
más egoístas y centradas en el corto plazo, lo que cambia profundamente lo que
la persona es, su esencia.
Tanto el
sistema político como el económico no pueden funcionar sin buena información [cabe
recordar que ganó el Premio Nobel por sus aportaciones a la teoría de los
mercados con información asimétrica]. Sin buena información es el miedo el que
gana. Las empresas tecnológicas y la IA roban información, lo que disuade de
generarla a quienes lo hacen (periodistas, investigadores, agencias, etc.). Y
surge una inquietante pregunta: ¿nos dirigimos hacia un mundo con mejor
información? Hay que tener en cuenta un principio claro: “garbage in, garbage out” (si entra basura, sale basura).Actualmente se está dando un “engagement through enragement” (compromiso
a través de la indignación), una crítica a cómo operan muchas plataformas
digitales y redes sociales. Además, la investigación que se está primando es la
que conduce a una mejor publicidad(advertising).
Los fallos
del modelo neoliberal han creado una tierra fértil para el autoritarismo. Los
EE.UU. se han convertido en un aliado no fiable. Se están atacando las bases
profundas de la democracia: la libertad de prensa, la libertad de discurso, la
libertad académica, etc. Hay factores que contribuyen claramente a esto: la
desindustrialización, en la que existe la promesa incumplida de que los
mercados atenderán a quienes perdieran el empleo; el crecimiento de la
desigualdad, que mina la solidaridad; el deterioro de los sistemas de
información, que contribuye a la polarización y dificulta incluso llegar a los
acuerdos más básicos.
Las instituciones que contribuyen a la verdad y al avance del
conocimiento están siendo gravemente atacadas: universidades, centros de
investigación, prensa, agencias de inteligencia. Los valores de la Ilustración
están en serio peligro. Los desarrollos científicos que hicieron posible el
progreso se ponen en cuestión. Los avances logrados en la organización
social y en la democracia, antaño motores de cooperación, hoy se ven puestos en
duda. Todo
lo señalado tiene consecuencias
económicas adversas.
¿Qué se puede hacer? Las reformas
política y social se tienen que hacer a la vez. Hay que revertir el efecto
pernicioso sobre la empatía que ha tenido el capitalismo. Las desigualdades
crecientes hacen que quienes están del lado del privilegio ni siquiera sean
capaces de entender la situación de quienes están en el lado opuesto. Es fundamental impulsar la acción colectiva.
La principal lección de la era Trump, de la que tenemos que tomar buena nota en
Europa, es que las instituciones democráticas son robustas, pero quizá no tanto
como pensamos. En un mundo globalizado lo interno y lo externo están
interconectados. Existen formas diferentes de hacer, que habría que potenciar.
Por ejemplo, las cooperativas son un buen modelo y ejemplo de funcionamiento
desde otros valores. Esto se vio claro en la crisis financiera de 2008. No podemos permitir que se desvaloricen las
instituciones internacionales, ni que se pierdan los valores de la Ilustración.
Y esto sólo se puede hacer desde la cooperación global (seguramente sin
EE.UU.).Después de asistir a la charla,
mi conclusión es que no sólo es posible, sino que merece la pena, comprometerse
por construir un mundo mejor. No nos podemos dejar llevar por la desesperanza.
Soy asidua a los eventos organizados por la Fundación Pía Aguirreche, cuyo
objetivo fundacional es: “mejorar la vida de los pacientes en fase terminal”. Hace muchos años, décadas ya, que tengo mucha
afición e interés por el final de la vida y el duelo. El pasado 18 de
septiembre acudí a la Clase magistral “Aprendiendo
de los niños”, a cargo de Ricardo Martino Alba, Jefe de
Sección Cuidados Paliativos Pediátricos en Hospital Infantil Universitario Niño
Jesús (Madrid). Si el término “cuidados paliativos” hace removerse a muchas
personas, cuando le añadimos el adjetivo “pediátrico” incomoda aún más. Pero,
como bien dijo el ponente, los niños y
niñas también se enferman y mueren, y es importante que lo hagan de la
mejor manera posible y que no demos la espalda a esta realidad.
El Dr. Martino compartió, de una manera abierta, clara y
accesible los aprendizajes que ha hecho a lo largo de su experiencia
profesional como Pediatra, de sus grandes maestros, los niños y niñas a quienes
ha tratado. En su opinión, los cuidados paliativos han cobrado visibilidad por
dos motivos: 1) la pandemia del COVID, que a muchas personas les confrontó con
la muerte —aunque no afectó especialmente a los infantes—; y 2) la ley de la
eutanasia. A mediados de los 90 el Dr. Martino fue testigo de que en la anterior gran pandemia, la del VIH,
los niños y niñas también morían, muchos de ellos habiendo perdido
previamente a su padre, a su madre o ambos. Estos infantes necesitaban atención
sanitaria, un hogar, una familia, etc. En ese momento las Hijas de la Caridad
de San Vicente de Paúl crearon un hogar, Casa Belén, para dar respuesta a esa
necesidad y le pidieron ayuda. Empezó como Pediatra voluntario con dos
principios: 1) que los niños y niñas no ingresaran; 2) que si tuvieran que
morir, a poder ser, que fuera en casa. Así empezaron a construir unos
paliativos informales que fueron cristalizando con el tiempo en un cuerpo de
conocimiento y servicios adaptados, porque los
niños y niñas no son pequeños adultos, tienen sus dinámicas propias.
La fragilidad es una condición esencial del ser humano,
todas las personas en algún momento de nuestra vida dependemos de alguien que
nos cuida. Es más, como señaló el Dr. Martino, “Un ser humano es más ser humano cuanto más depende de los demás y
cuanto más cuida de los demás. El
instinto de supervivencia no es individual, es comunitario”. A partir de
este hecho fundamental, cabe preguntarse qué podemos aprender de los infantes.
Estos van cambiando con el tiempo y tanto ellos como sus
familias tienen que adaptarse a esos cambios. A veces se diagnostican
enfermedades ‘incompatibles con la vida’ durante el embarazo y “no es blanco ni
negro, la vida es de colores” [automáticamente
me vino a la mente la canción de Aida Bossa, Vida de colores]. Es
importante cuidar lo que se dice, a veces, con el silencio se hace menos daño. La mayoría de los niños que están en
cuidados paliativos no tienen cáncer, sino enfermedades con las que han
nacido o se les ha diagnosticado en los primeros años de vida. Estas
enfermedades suelen tener muchos problemas asociados, y suelen necesitar de
cuidados paliativos durante años. Ante el diagnóstico de incurabilidad o irreversibilidad
la pregunta habitual sueles ser: “¿Cuánto le queda?”. Sin embargo, lo
importante es cómo va a vivir ese tiempo. Hay una verdad de Perogrullo: “Para
morir hay que estar vivo”, la muerte es sólo un momento al final. Los cuidados
paliativos se ocupan de personas que están vivas y su vida está condicionada
por la enfermedad. Muchas veces la experiencia de la familia, aunque dolorosa,
es que “paliativos nos ha salvado la vida” (Chocarro et al., 2025).
[Sugiero leer el artículo “¿Por qué
hacías tantas preguntas?”, escrito por un colega del Dr. Martino, Alberto García-Salido]
El Dr. Martino señaló que hay cosas que ha aprendido de los
infantes que pueden servir para los cuidados paliativos de adultos. Se suele
hablar de que se trata de “mejorar la calidad de vida del paciente”, pero eso
es un concepto subjetivo que puede tener un significado diferente para el
personal sanitario, las familias, los niños y niñas… Él se conforma con mejorar el bienestar de esos niños y niñas. También
se suele hablar de “hacer control sintomático”. El síntoma es lo que el
paciente te cuenta, signo es lo que el profesional puede percibir. Hay veces
que por edad o capacidad el paciente no habla. Eso exige aprender a comunicarse con quien no habla. Igual no pueden
explicarte lo bueno, pero sí tener experiencia de lo bueno. Los niños y niñas
tienen una red de vínculos que los sostienen y que son quienes pueden trasladar
los valores que ellos no pueden expresar, qué les sostienen, qué les hace bien
(el método “Mamá canguro”, el control del exceso de luces, etc.).
El dolor es una experiencia subjetiva. El mismo estímulo
puede provocar experiencias muy diferentes a dos personas. Los infantes, cuanto
más pequeños, menos mienten. Aceptar el
dolor es aceptar el avance de la enfermedad y eso es algo que a las familias
les suele costar. Hay que poner atención a los signos. La pregunta
recurrente es: ¿Qué es lo mejor para el niño o niña? ¿Cuál es su mejor interés?
Los infantes, al igual que las personas adultas, sufren por
múltiples causas y hay que darles una atención integral. El problema es que no
es el niño o la niña quien decide, otras personas lo hacen en su lugar. A todas
la personas se les supone buena intención
(benevolencia), pero no siempre coincide con una buena acción (beneficencia). Hay dos extremos que hay que evitar,
el abandono, por un lado, la obstinación terapéutica, por otro.
Debe existir una atención centrada en la familia, atender al
infante y ayudar a su familia. Pero, por ayudar a la familia no se puede
maltratar al niño o la niña. Ante la pregunta: ¿Cuánto tarda en morir una
persona?, el Dr. Martino suele responder: “Lo que tarde”. No se puede
sacrificar al infante que no habla por la familia que sí lo hace. Ante la
pregunta de: “¿Qué haría si fuera su padre (o su hijo)?”, no cabe otra cosa que
no responder, o si se hace decir: “Si fuera mi padre (o mi hijo) yo no sería su
médico”.
En la experiencia del Dr. Martino los infantes tienen menos problemas con la muerte que las personas
adultas. Sus preguntas suelen tener un alcance limitado y las respuestas
deben adaptarse al mismo. A veces se les aísla demasiado. Muchas veces los
infantes, para proteger a sus progenitores a quienes ven sufrir, soportan un
sufrimiento que no les corresponde.
A modo de resumen y
para tomar buena nota, las tres reglas del Dr. Martino: "El niño es una
persona, hay que buscar su mejor interés y la muerte ni se retrasa ni se
adelanta" (Simón, 2025).
Chocarro González, L. et al. (2025). Paliativos nos ha
salvado la vida. Perspectiva de las familias desde la fenomenología. Medicina Paliativa. https://doi.org/10.20986/medpal.2025.1503/2024
Fundación Pía Aguirreche (2025, 18 septiembre). Clase
magistral «Aprendiendo de los niños» del Dr. Ricardo Martino [archivo de vídeo]
https://www.youtube.com/watch?v=l-cPHerkk7g
Una de mis actividades favoritas de las vacaciones es la
lectura. Durante el año leo normalmente sobre temas relacionados con mi
trabajo. Sin embargo, en verano opto por novelas. Quiero hacer una reflexión
sobre dos de las que acabo de leer. La primera es Pobre: Una vida de lucha por un
destino mejorde Katriona
O’Sullivan. Llegué a ella por una entrevista que hicieron a la autora en la
radio [escuchar aquí].
Es una novela biográfica que impacta de principio a fin: la tercera de cinco
hermanos, hija de padres toxicómanos, con un historial de abusos, madre a los
15 años, vivió un aborto para el que tuvo que salir de Irlanda… Los primeros
años de vida de Katriona O’Sullivan estuvieron marcados por la pobreza, la
violencia, el abandono y los prejuicios. Actualmente trabaja en la Universidad
de Maynooth; se doctoró en Psicología en el Trinity College. El libro me ha
conmovido desde la dedicatoria: “A mí misma cuando tenía siete años / Ven aquí,
no te preocupes”. Además, dada la posición que actualmente ocupa, me parece muy
valiente contar abiertamente su historia.
Como bien señala: “Como sociedad, nos encantan los relatos
del pobre que se hace rico y disfrutamos al ver a alguien triunfar gracias nada
más que a la perseverancia y la determinación. Pero la verdad es que las
historias no suelen ser tan sencillas. La mía, al menos, no lo es” (p. 287). Avanzar con la ‘mochila’ que tenía no fue
fácil. No contaba con un entorno que la sostuviera. Su avance no fue
progresivo y en algunos momentos de dificultad le resultó difícil nadar
contracorriente. “Si has vivido sometido al estrés y al caos durante toda tu
vida, esa es la corriente por la que tiendes a dejarte llevar, aunque termine
arrastrándote hasta el fondo (…) Estaba cómoda con el miedo y el fracaso.
Cuando estaba en mi peor momento, era lo que buscaba” (p.241).
Soy una absoluta convencida, basta con ver el título de este
blog, de que “creer es crear”. Es necesario imaginar, visualizar algo para
poder encaminarse hacia ello. A quien
vive en entornos de pobreza y privación le puede resultar complicado imaginar
otro futuro posible. “Mis sueños estaban limitados: en mi entorno nadie me
hablaba de la universidad, nadie la mencionó nunca. En el colegio, los
profesores tenían la esperanza de que los alumnos como yo terminasen la
secundaria y aprendiesen un oficio. (…) Años después, yo criticaría el
acorralamiento de los chavales pobres en los estudios profesionales y en
carreras técnicas de bajo nivel, y me impactaría enormemente la creencia
generalizada entre los educadores de que quienes han nacido en un entorno pobre
no tienen la inteligencia suficiente para participar en la formación
universitaria” (p. 216). Como añade un poco más adelante: “Ser pobre afecta a
todo lo que haces y todo lo que eres (…) Pobre para mí también era sentir que
no tenía valor. Era pobreza de mente, pobreza de estimulación, pobreza de
seguridad y pobreza de relaciones. El hecho de ser pobre influye en cómo te ves
a ti mismo, cómo confías y hablas, cómo ves el mundo y cómo sueñas” (p.293).
Para escribir el libro, Katriona O’Sullivan elaboró una
lista de todas las personas de su vida y reconoce que todas ellas le hicieron
lo que es ahora. Tiene claro que no
salió sola del pozo en el que estaba, sino que le sacaron de él. “Algunas
de las personas de esa lista me ayudaron a avanzar y otras me hicieron
retroceder. Algunas se quedaron a mi lado y otras me vieron alejarme. Empecé a
ver mi vida como una serie de rocas que permiten cruzar un río de orilla a
orilla. Hubo veces en las que no pensaba que pudiera dar el siguiente salto o
en las que ni siquiera veía la siguiente roca sobre la que saltar, y siempre
alguien apareció para enseñarme cómo hacerlo o indicarme adónde ir. Un par de
ellas prácticamente colocaron la roca justo delante de mí y me empujaron para
que saltase. Todas ellas vieron más allá de mis circunstancias. Vieron mi yo auténtico” (p.287). Me ha parecido
entrañable cuando comenta que cuando escuchó la canción Headlights de Eminem, inspirada en su madre que era adicta… “La
letra de la canción me llegó al corazón y llamé a mi madre” (p.281).
Algo que me ha tocado es cuando comenta, siendo ella muy
niña, la cara de asco y superioridad con las que en alguna ocasión les miraban
personas de los servicios sanitarios y sociales que se personaban en su casa
ante una sobredosis de sus padres. “A mi
juicio, la adicción es consecuencia de la historia familiar, los traumas, la
biología, el peso de las presiones y los juicios de la sociedad. La
adicción se pone en marcha a partir de un deseo: no el de consumir una
sustancia, sino el de escapar del dolor de los traumas y de las consecuencias
de la pobreza. Mi formación me ha enseñado que las áreas de nuestro cerebro
responsables del control conductual y del placer se activan de una manera
diferente dependiendo del entorno en el que nos hayamos criado” (p. 291). Como
señala más adelante, “vivimos en una sociedad profundamente desigual, y a los
grupos que sufren no se les puede culpar por completo de los valores de
referencia en los que se mantienen para sobrevivir. Contribuiría a romper el
círculo negativo que dejásemos de juzgar a las personas y diseñáramos políticas
para abordar las causas que están en el origen de la adicción” (p.292). Es
fácil caer en el juicio cuando miras desde el privilegio. Algo que en clase me
resulta muy complicado hacer ver al alumnado es la injusticia de la
meritocracia [recomiendo la lectura del artículo “La ilusión del mérito: percepciones sobre el esfuerzo y talento en el trabajo”].
Katriona O’Sullivan indica que las desigualdades y
disparidades van en aumento y que en este momento es más complicado que las
personas pobres puedan acceder a programas como el que permitió que ella
accediera a un título universitario. Con el tiempo ella trabajó en el equipo
del programa de acceso y constató que dicho programa, al igual que otros
similares, están concebidos con una mentalidad benéfica. “Esos programas piden
a los solicitantes que demuestren su pobreza, su desigualdad, su valía, su
motivación y su potencial. Y el sistema selecciona a aquellos que cree dignos
del ‘regalo’ de acceder a una educación” (p. 298). Volvemos al tema del
privilegio. Se está perdiendo mucho potencial porque no existe una verdadera
igualdad de oportunidades. “En el sistema educativo necesitamos equidad, no
igualdad. Si alguien no puede orientarse porque se está desmoronando el mundo a
su alrededor, debemos elevarlo por encima de las nubes que lo ofuscan (…) No es
casualidad que las personas de mi comunidad sean barrenderos, personal de
limpieza y trabajadores del sector servicios, mientras que las personas de
clase media sean médicos y abogados. Eso no se debe a una diferencia en la
inteligencia. Se debe a las oportunidades, el dinero y el apoyo. Las clases
medias nacen con esos tres elementos bajo el brazo; los pobres no tienen ni una
pizca de ninguno de los tres. Y la verdad es que nos estamos perdiendo mentes
brillantes que se quedan atrapadas en el pozo de la pobreza” (p.300).
Encuentro que la historia de Katriona O’Sullivan tiene
muchos puntos en común con la narrada en el segundo libro que quiero comentar, Tan
poca vida de Hanya Yanagihara. En este último se cuenta la historia de
cuatro amigos que se conocen en la universidad a lo largo de varias décadas.
Jude, uno de los protagonistas, quien fue abandonado de niño en un convento y
tiene una larga historia de abusos y malos tratos, es el centro de la historia.
Con el tiempo consigue salir de ese círculo, se hace abogado y tiene una
brillante carrera profesional. Pero está roto, se siente indigno por cosas que
hizo empujado por las circunstancias en su infancia y juventud. Su sufrimiento
es tan grande que sólo consigue aplacarlo autolesionándose. Sólo el dolor
físico consigue atenuar, al menos temporalmente, su dolor psíquico y emocional.
Hay heridas que es difícil, casi imposible, curar y que desde fuera es
complicado entender.
Me llevo un recordatorio importante, que ojalá se me grabe
muy hondo: toda persona tiene derecho a luchar
por un destino mejor, cada persona es terreno sagrado al que hay que acercarse
con cuidado y respeto. “El descalzarse cuando se pisa terreno sagrado es
común en muchas religiones. En las que provienen del judaísmo, tiene su origen
en el Libro del Éxodo, en el que Dios, desde una zarza ardiente, se dirige a
Moisés ordenándole: ‘Descálzate, porque el lugar en que estás es terreno
sagrado’ (Éxodo 3:5)” (CVXe, s.f.).
The Late
Late Show (2023, 11 noviembre). Katriona O'Sullivan: Homeless to her Ph.D &
incredible book 'Poor' | The Late Late Show [archivo de vídeo] https://www.youtube.com/watch?v=wnd8XWte3l0
Yanagihara, Hanya (2024). Tan poca vida. 4ª edición (1ª 2016), 25ª
reimpresión. Madrid: Lumen.