[He
publicado esta entrada el 29.04.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
No te hablo, no te veo, no te escucho… “Lo que se opone al amor no es el odio, sino la pura y simple indiferencia. Si te digo que eres un idiota, al menos te estoy reconociendo como ser humano, así la motivación sea odiarte y desestimar tus logros y virtudes, pero si no te dirijo la palabra, te aplico la ley del hielo o te ubico por debajo de mis umbrales perceptivos, te excluyo del universo. Despareces para mí y punto” (Redacción Editorial Phrònesis). Lo que voy a expresar en estas líneas se refiere a la relación de pareja. Merecería reflexión aparte lo que implica la indiferencia en el ámbito social.
Hay una viñeta que encontré hace tiempo y que refleja el punto al que llegan muchas parejas que han perdido la comunicación y la complicidad. Se soportan. Se han cogido la medida mutuamente. Incluso puede que se echaran de menos si no estuviesen juntos. Viven en una cómoda rutina que no supone grandes sobresaltos aunque tampoco aporta mucha vida.
A la indiferencia no se llega de un día para otro, no suele ser consecuencia de una mala decisión o de una decepción. Es un enemigo peligroso que se instala imperceptiblemente. Una pareja empieza una vida juntos con mucha ilusión y muchos proyectos. Todo por construir y mucha energía para hacerlo. La convivencia no es fácil ya que está llena de rutinas, de tareas y responsabilidades a compartir y en el día a día no es sencillo mostrar siempre la mejor cara. La intimidad hace que bajemos los filtros y las barreras, para lo bueno pero también para lo malo. Cuando llega la descendencia la vida se complica. Se multiplican las responsabilidades. El cansancio aumenta y muchas veces quien lo paga es la pareja que ya no tiene tiempo para dedicarse, para hablar sobre sueños e ilusiones, para comunicarse y fortalecer la relación. Gran parte de las conversaciones son sobre la intendencia, quién hace qué cuándo. Y las vidas van discurriendo en paralelo sin muchos puntos de encuentro de calidad… ¿Dónde ha quedado el proyecto de pareja? ¿Qué hay de las promesas que nos hicimos? ¿Cómo nos hemos convertido en dos desconocidos que resultan familiares? ¿Por qué comparto con otras personas ideas, sentimientos, proyectos que debería compartir con la persona que he elegido como compañera de vida pero que siento lejana?
Hay una expresión que se utiliza mucho… “castigar con el látigo de la indiferencia”… En mi opinión eso todavía tiene solución porque nos queda algún sentimiento hacia la otra persona. El problema es cuando hemos levantado poco a poco un muro de indiferencia que no nos deja ver el rostro de la otra persona, y no nos permite ni alegrarnos ni ‘dolernos’ con ella. ¿Qué se puede hacer?… “Cuando hay un diálogo verdadero, ambos lados están dispuestos a cambiar” (Thich Nhat Hahn, Premio Nobel de la Paz en 1967) ¿Por qué no construir puentes en lugar de muros? ¿Por qué no redescubrir el rostro del otro? Como dice la canción…
Recientemente he escuchado una interesante charla del neurocientífico y neurólogo argentino Facundo Manes, quien ha dedicado una parte importante de su trayectoria profesional al estudio del cerebro. En ella contaba cómo construimos nuestra memoria: “Cuando uno evoca una memoria, la memoria se hace inestable y se puede agregar nueva información. En cierta manera, la memoria humana es un acto creativo. Cada vez que evocamos una memoria, la podemos reconstruir, la podemos modificar. Y luego la guardamos, y lo que recordamos al otro día no es el hecho que vivimos, sino el último recuerdo”. Así mismo, citaba una frase del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez: “La vida no es la que vivimos, sino cómo la recordamos para contarla”. Quiero compartir hoy un episodio muy grato de mi memoria reciente. Un relato que quiero que permanezca muy vivo y aliente mis pasos en adelante.
Hace un tiempo terminaba una de las entradas con más visitas que he escrito, Sobrevivir al Amor Zero, confesando que: “Doy fe también de que se puede encontrar a alguien con quien tener una relación de amistad, reciprocidad, cariño e intimidad; un auténtico compañero de camino; un compañero de alma”. El pasado 23 de marzo mi compañero de alma y yo reafirmábamos, libre y conscientemente, delante de Dios y de la comunidad el camino juntos que iniciamos hace algo más de seis años. Ese día nuestros hijos e hijas fueron nuestros padrinos y madrinas. Ellos son el testimonio de nuestro camino previo y son asumidos como elementos clave de la nueva familia creada. No tengo palabras para expresar lo que se siente al entrar en la iglesia flanqueada por esos dos muchachotes a los que has dedicado muchos de tus desvelos mientras al fondo te espera quien quiere ponerle un bonito final a la sencilla historia de dos jóvenes que no se conocieron… Quizá lo que más se acerque a lo que sentía es una sensación de plenitud… un gozo sereno…
Elegimos un lema para el día de la boda, y como inspiración para nuestro matrimonio, “Juntos volaremos expandiendo nuestras alas” y lo representamos a través de dos mariposas, símbolo universal de transformación y evolución en la vida. Cada uno tenemos desplegadas nuestras alas, después de nuestro proceso personal de metamorfosis derivado de los avatares de la vida. Juntos aspiramos a llegar más lejos, a volar más alto, a acompañarnos mientras construimos la mejor versión de cada uno… Todo un reto que afrontamos con gran ilusión.
Atesoro en el corazón todo lo vivido ese día y en torno al mismo. Cada mensaje, cada felicitación, cada gesto, cada obsequio, cada detalle, cada sorpresa, cada muestra de cariño… las risas y sonrisas cómplices… la presencia de tantas personas queridas que son las teselas del mosaico de nuestras vidas… la alegría compartida… Hay palabras que se me han quedado grabadas a fuego: “si con algo me quedo de este día es con tu cara de felicidad”; “habéis hecho que vuelva a creer en el amor”…
He tardado varios días en asimilar y acoger todo lo vivido, en integrar tanto amor recibido. Mi corazón rebosa de agradecimiento. Me siento muy afortunada de tener una segunda oportunidad y tanta gente a mi alrededor que me acompaña y me sostiene.
Termino con la canción que le canté a mi marido en la ceremonia y que espero que sea la banda sonora de nuestra vida en común…
La sesión estuvo a cargo de Alicia Ro, Comunicadora especializada en técnicas para Hablar en Público y Personal Branding, y fue una delicia. Pura comunicación en la práctica, consejos a la vista de todas las personas asistentes. Puro contagio y motivación. Quiero compartir aquí las ideas que me llevé y que pueden servir no sólo ante la tesitura de buscar empleo sino en cualquier acto comunicativo.
Para encontrar trabajo el primer paso es ser visible. Es la única forma de que te encuentren, sepan que existes y te elijan. Y no hay que ser visible de cualquier forma… Qué se ve de ti habla muy alto sobre quién y cómo eres. La verdadera comunicación empieza por la escucha. Supongamos que te han llamado para una entrevista de trabajo. Es importante que te asegures de recibir información suficiente para prepararla:
Empresa
Puesto
Día lugar y hora entrevista
Persona de contacto ese día
Perfil del entrevistador (¿área Recursos Humanos? ¿área técnica?)
Tipo de entrevista
Material necesario
Teléfono y correo de contacto por si surge algo
A partir de aquí no hay que confiar en la improvisación. Es muy importante… Preparar, preparar, preparar… Vamos a centrarnos en las 3 M de la comunicación: Mensaje (las palabras, el contenido), la Motivación (actitud, confianza, seguridad) y el Método escénico (cuerpo, gestos y voz). -MENSAJE-
Es importante reflejarlo por escrito, repasarlo y leerlo (también en voz alta). Cuando improvisamos muchas veces nos dejamos aspectos clave.
El primer paso es recopilar datos: sobre la empresa (web, misión, visión, productos, clientes…); sobre el puesto (es bueno buscar el anuncio en internet); interiorizar el propio currículum para que lo transmitamos de forma natural; hacer la lista de nuestras fortalezas (tanto innatas como aprendidas) para tener claro qué podemos aportar; pensar ejemplos y situaciones concretas de nuestra vida personal y profesional en los que se muestren las competencias requeridas; hacer una lista de las posibles preguntas que nos pueden hacer y pensar cuál será nuestra respuesta.
Es fundamental causar una buena primera impresión. Hay seis elementos que ayudan: 1) puntualidad; 2) sonrisa (actitud positiva); 3) contacto visual; 4) apretón de manos adecuado (corto, firme y decidido); 5) mantener una distancia (entre medio metro y un metro); 6) saludo cordial y agradecimiento por la entrevista. Conviene llevar preparada una presentación corta (lo que equivale a 2 o 3 líneas). El guion de esta presentación: perfil profesional y especialidad + frase corta (qué haces, a quién, para qué). Dejo aquí la mía: “Soy Arantza Echaniz. Profesora universitaria especializada en ética y el elemento humano en las organizaciones. Preparo buenos profesionales buenos para transformar la sociedad”.
Siempre hay que escuchar antes de hablar. Hay que comportarse de forma natural y transmitir calma y tranquilidad (un poco más adelante se hablará de los nervios). Conviene utilizar un lenguaje persuasivo: claro; sencillo; sin enrollarse (si quieren saber más te preguntarán); con frases cortas; lenguaje positivo (éxito, superación, sí… evitar: no, obstáculos, cuesta arriba…); sin muletillas (las utilizamos de relleno mientras pensamos; es mejor hacer silencio o una muletilla muda, hacia adentro).
Hay cosas que no te conviene decir: tacos; palabras malsonantes; mentiras o exageraciones; cosas negativas sobre anteriores empresas o jefes; sueldo, vacaciones o beneficios (salvo que te lo saque quien te entrevista); el móvil no puede tener turno de palabra (hay que silenciarlo antes de entrar).
Es importante hacer una despedida redonda: conviene preguntar cómo y cuándo tendrás noticias del proceso de selección; agradece el tiempo dedicado; una despedida cordial (contacto visual, apretón de manos; una fórmula: “Muchísimas gracias. Seguimos en contacto”). -MOTIVACIÓN-
Interesa tener el nivel óptimo de energía en la entrevista.
Tenemos que ganar en confianza y seguridad. Para esto es clave la preparación (cuanta más información, más dominamos y menos miedo tenemos). Debemos tener un diálogo interno constructivo, limpio y ecológico. No debemos poner el foco en el yo sino en lo importante que es trasladar una información a la otra persona (las habilidades tuyas que responden a sus necesidades).
Para conseguir un diálogo interno positivo tenemos que creer que podemos (me encanta la frase “Creer es crear”); no debemos sabotearnos. Si te comparas con alguien que sea contigo mismo. Te tienes que hablar con el mismo cariño que les pides a tus mejores amistades. Así como eliminar las palabras limitantes (“No puedo”; “No sirvo”; “No soy capaz”; etc.).
Una entrevista es una situación incómoda en la que estás en el centro de mira. Tener nervios es normal y puede ser positivo. Los nervios van a hacer que estés atento y motivado. Si intentas luchar contra ellos puede ser contraproducente. Viene muy bien hacer dos o tres respiraciones profundas (Ejercicio 4’-7’-8’: respiras por la nariz contando cuatro segundos; retienes el aire siete segundos; expulsas el aire por la boca contando 8 segundos). No es recomendable comer abundantemente antes. Conviene estar bien hidratado. Hacer ejercicio físico puede ayudar a liberar tensión (dar patadas; saltar; apretar los dedos de los pies; dejar caer el cuerpo empezando por la cabeza, siguiendo por los hombros y el tronco y soltando los brazos -al subir hacerlo en sentido inverso). Si la entrevista no es presencial, si se hace online, los consejos son muy parecidos. La actitud y la presencia debe ser como si fuera cara a cara. Es muy importante elegir bien la localización (es algo que está en tu mano). Tiene que ser coherente con lo que quieres transmitir porque todo habla de ti. Algunas recomendaciones: fondo liso, despejado, mejor un espacio de trabajo, mirar a la cámara (es el modo de mantener el contacto visual).
Es importante preparar la voz y el cuerpo. Para la voz: hacemos un par de respiraciones profundas y soltamos los músculos de la cara (dándonos golpecitos y pellizquitos); nos damos golpecitos en la cabeza; masajeamos la mandíbula; hacemos gestos exagerados emitiendo ruido; sacamos la lengua y la movemos hacia arriba y hacia abajo, hacia los lados, recorremos con ella los dientes (tanto los de arriba como los de abajo); soltamos la boca; contamos en alto de 21 a 0 proyectando la voz… Para el cuerpo podemos hacer una tabla de estiramientos o darnos golpecitos yendo de abajo hacia arriba. Ponemos una música motivadora (las mías El mejor momento o Happy) y dejamos que el cuerpo se exprese… -MÉTODO ESCÉNICO-
Nuestra voz y nuestro cuerpo comunican más las emociones que nuestro lenguaje (véase la no siempre bien entendida regla de Mehrabian del 7%-38%-55%). Tomemos nota de algunas sugerencias… Con relación a los gestos: es importante andar con firmeza tratando de no hacer movimientos bruscos; nuestra cara debe reflejar una actitud positiva (sonrisa natural); es importante mantener el contacto visual (para descansar mirar a cualquier sitio, salvo para abajo); al sentarse no dejarse caer y mantener una postura activa; es mejor no ocultar las manos y no cruzar los brazos; es aconsejable no tener nada en las manos y no dar golpecitos (puede resultar cómodo juntar las yemas de los dedos); por supuesto no es aconsejable mascar chicle (doy fe de que entre mi alumnado siempre hay quien sale a presentar con chicle y la imagen no es buena); hay que evitar tics que denoten nerviosismo: tocarse el pelo, subirse las gafas, rascarse… Es importante centrarse en el aquí y el ahora olvidándose del móvil y el reloj. Respecto a la voz, tenemos que tener una comunicación viva, expresiva, que transmita ganas. Para ello: utilizar tono medio (un poco por encima del tono conversacional); hablar despacio; mantener el ritmo; respirar normalmente; articular bien, vocalizar.
Sobre el estilismo y complementos, depende del campo, empresa y puesto pero hay una máxima a no olvidar: menos es más. No hay que dejar que tu ropa y tus complementos hablen más alto que tú. Es importante mantener tu estilo y personalidad. Mejor colores lisos que estampados y evitar escotes o ropa muy ajustada.
Para terminar una idea que Alicia señaló al principio y que es una clave fundamental…
Seguramente muchas de las ideas aquí compartidas son conocidas. Lo importante no es lo que se sabe sino lo que se hace… Hacer, hacer, hacer…
Una tarea que toda persona debería realizar es el elevator pitch, un mensaje corto (cerca de un minuto) para presentarse de forma atractiva a sí misma o a su proyecto (véase el vídeo final). Pasos: 1) Afirmación sorprendente o pregunta para llamar la atención; 2) Saludo y presentación; 3) Problemas o necesidades que atiendes; 4) Soluciones que aportas; 5) Beneficio principal que se obtiene contigo; 6) ¿Por qué yo? Cuáles son tus elementos diferenciadores; 7) Llamada a la acción final. Veamos en este vídeo un ejemplo.
[He
publicado esta entrada el 11.03.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Llevo mucho tiempo pensando y repensando el feminismo: qué supone y a quiénes atañe. Todos los años en la asignatura de Ética cívica y profesional incluyo, dentro del tema de los Derechos Humanos, varias sesiones en las que reflexionamos sobre la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Sigue sorprendiéndome la reacción de la clase, las distintas sensibilidades y el grado de machismo que aún persiste. Recientemente he leído un ensayo breve de una inspiradora mujer, Chimamanda Ngozi Adichie, en el que responde a la pregunta que le hace una amiga de “cómo criar a su hija para que fuera feminista” (p.11). La niña se llama Chizalum. Voy a reaccionar aquí a algunos de los quince consejos que la autora aporta. Como madre de dos hijos varones y feminista convencida muchas veces me asalta la duda de si estaré educando a mis hijos en el feminismo. El feminismo no es cosa de mujeres…
«Si no les ponemos a nuestros hijos la camisa de fuerza de los roles de género les dejamos espacio para que alcancen su máximo potencial. […] No la valores de acuerdo con lo que debería ser una niña. Valórala pensando en la mejor versión de sí misma» (p.32). Hombres y mujeres hemos sufrido mucho, a lo largo de la historia, a consecuencia de lo que se espera de unos y otras. Y seguramente la humanidad ha perdido mucho talento por ello. Cuanto mejor es tratar a las personas con toda su potencialidad como el diamante en bruto que cada una lleva dentro… Puro Efecto Pigmalión. Cada persona debe aspirar a ser la mejor versión de sí misma.
En el arduo camino hacia la igualdad de oportunidades hay machismos invisibles o muy sutiles (véase lo que Luis Bonino llama micromachismos) que van en contra de la autonomía de las mujeres. «Cuidado con el peligro de lo que yo llamo Feminismo Light. Es la idea de la igualdad femenina condicional […] emplea analogías como ‘Él es la cabeza y tú el cuello’. […] Aún más preocupante, dentro del Feminismo Light, es la idea de que los hombres son superiores por naturaleza pero deben ‘tratar bien’ a las mujeres. […] recurre al lenguaje de la ‘permisión’» (p.36). El feminismo light es una forma de machismo invisible y muchas veces proviene de mujeres. Pero, como dice Agustina Rinaldi, se puede detectar y atacar.
Si realmente queremos avanzar en igualdad de oportunidades tenemos que repensar el poder. «Nos han condicionado tanto con que el poder es masculino que una mujer poderosa nos parece una aberración. Y como tal la vigilan. […] Juzgamos más duramente a las mujeres poderosas que a los hombres poderosos. Y el Feminismo Light lo hace posible» (p.40). Mi tesis doctoral fue sobre liderazgo femenino. Desde que la hice tengo el firme convencimiento de que uno de los temas clave en el liderazgo es el uso del poder. El liderazgo es servicio y para ampliar el poder hay que compartirlo. Esto pasa por cuestionar muchos prejuicios y estereotipos. Necesitamos modelos de mujeres poderosas que hacen un buen uso de su poder (y también de hombres).
«En la idea de que las mujeres necesitan ser ‘reverenciadas’ y ‘defendidas’ subyace una actitud de superioridad […] la premisa de la caballerosidad es la debilidad femenina» (p.48). He de reconocer que, por educación y tradición, me ha costado mucho hacerme consciente de esto. No se trata de educar en caballerosidad sino en un profundo respeto consciente de la dignidad e igualdad de todos los seres humanos.
Probablemente una de la enseñanzas que más daño nos ha hecho a las mujeres es la de la obligación de agradar, la importancia de encajar. Esto, seguramente, tiene mucho que ver con una gran dificultad que tenemos muchas mujeres, la de decir que no y expresar nuestros pensamientos y deseos. «Enseñamos a las niñas a gustar, a ser buenas, a ser falsas […] Muchas niñas dedican demasiado tiempo a tratar de ser ‘buenas’ con la gente que les hace daño. Muchas niñas piensan en los ‘sentimientos’ de quienes les agreden. Es la consecuencia catastrófica de la obligación de gustar» (p.58). Y tiene mucha relación con otro tema en el que también tenemos mucho que aprender y desaprender, la relación con nuestro cuerpo (y con el deseo), que está muy marcado por una dañina lacra, la vergüenza. «Dile que su cuerpo le pertenece a ella y solo a ella, que nunca debería sentir la necesidad de decir ‘sí’ a algo que no quiera o para lo que se sienta presionada. Enséñale que decir ‘no’ cuando ‘no’ le parece lo correcto es motivo de orgullo» (p.77).
Quienes atacan el feminismo, quién sabe si por desconocimiento o con alguna intención no muy confesable, nos venden la imagen de las feministas como unas mujeres ‘desnaturalizadas’. «No creas que criar a una feminista consiste en obligarla a rechazar la feminidad. Feminismo y feminidad no se excluyen mutuamente» (p.66). Del mismo modo se aferran a la tradición y a las normas sociales como si éstas fueran inamovibles y no como la creación humana que son. «Enseña a Chizalum que la biología es una materia interesante y fascinante, pero que no debe aceptarla como justificación de la norma social. Porque las normas sociales las crean los seres humanos y no hay ninguna norma social que no pueda cambiarse» (p.75). Y hay una creación muy relevante y que tiene importantes consecuencias para la vida, el lenguaje. Un lenguaje no inclusivo invisibiliza (véase este interesante artículo).
Quizá lo más importante para educar en feminismo es educar en la diferencia, que es una gran riqueza y oportunidad. «Háblale sobre la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. […] Y no es para que sea justa o buena, sino simplemente para que sea humana y práctica. Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo» (p.88).
Para terminar quiero compartir la charla TED de Chimamanda Adichie titulada Todos deberíamos ser feministas en la que afirma algo con lo que no puedo estar más de acuerdo: «Feminista es un hombre o una mujer que dice: ‘Sí, hay un problema con el género tal como existe hoy, y hay que solucionarlo. Tenemos que hacerlo mejor’». Estoy orgullosa de ser feminista y luchar por un mundo mejor para todas las personas y espero estar educando en el feminismo ¿Y tú?
Referencias
Adichie, Chimamanda Ngozi (2017). Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo. Barcelona: Literatura Random House.
[He
publicado esta entrada el 11.02.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
El martes 5 de febrero participé en una tertulia de Radio Popular conducida por Ramón Bustamante que llevaba por título “La vida es un derecho, no una obligación”. Me acompañaban en la misma: Alberto Agirrebeitia, Iosu Joven y Txema Lorente, quien ha iniciado una petición en Change.org para despenalizar la eutanasia y el suicidio médicamente asistido. En el blog SOS amatxu se puede conocer la historia que está detrás de esta petición que está cobrando mucho eco en los medios de comunicación. He de reconocer que me conmovió la serenidad y la sonrisa de Txema.
¿Qué es la muerte digna? ¿Es la muerte digna un derecho? Parece que existe unanimidad en la idea de que el acceso a cuidados paliativos de calidad es un derecho. Sin embargo, hay confrontación en el hecho de que elegir el momento y la forma de la propia muerte sea un derecho. Esto conlleva hablar de deberes en los demás (profesionales de la salud, sobre todo), implicaciones jurídicas (constitucionales, penales, civiles, etc.), límites en el ejercicio, y necesidad de evitar abusos [9]. Como señala el Institut Borja de Bioética, “toda reflexión sobre la eutanasia debe enmarcarse en una clara apuesta por la vida de toda persona, y por una vida humana de calidad” [5].
Empecemos aclarando conceptos. Según la OMC, Organización Médica Colegial de España [7]:
“Eutanasia: Es la provocación intencionada de la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa de ésta, y en un contexto médico”.
“Suicidio médicamente asistido: Es la ayuda médica para la realización de un suicidio, ante la solicitud de un enfermo, proporcionándole los fármacos necesarios para que él mismo se los administre”.
Parece que no procede el uso de otros nombres (eutanasia activa, directa, voluntaria o a petición) [2][7][9], y que tanto en un caso como en el otro debe darse la petición libre y repetida en el tiempo [3][4][5][9]. Respecto a la legalidad, según datos de 2017, la eutanasia solo es legal en Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Canadá y Colombia; y el suicidio asistido lo es en Suiza y algunos estados de EE.UU. [3]. Actualmente en Holanda hay un médico procesado por eutanasia aplicada a una mujer de 74 años que había dejado por escrito que ese era su deseo, aunque en otras ocasiones había manifestado lo contrario. Dicho médico dio un sedante a la mujer con el café sin avisarle y ésta despertó cuando le iba a poner la inyección letal. Su familia tuvo que sujetarle para que pudiera aplicársela [3].
Quienes están a favor de la eutanasia y el suicidio asistido argumentan que socialmente existe un amplio acuerdo al respecto (véase el pantallazo que se muestra a continuación). Habría que matizar qué significa ese apoyo a la eutanasia, ya que el modo de preguntar puede condicionar la respuesta. El Dr. Bátiz, reconocido experto en cuidados paliativos, señala al respecto: “Al ciudadano se le ofrecen dos alternativas a elegir: por un lado, vivir las últimas fases de una enfermedad incurable con dolor grave y sufrimiento de todo tipo y generalmente abandonados; por otro lado, solicitar un final lo más rápido posible. Ante este dilema no es raro que se opte por la eutanasia” [2].
El Dr. Bátiz nos recuerda que “hay que abordar al paciente que se muere en sus cuatro dimensiones, la física o biológica, la psicológica o emocional, la dimensión familiar o social y también la espiritual o trascendental, que no religiosa. Espiritual se refiere al sentido vital” [1]. Así mismo, señala cómo la medicina paliativa, frente a la eutanasia, propone humanizar el proceso de morir, en las que las siguientes pautas son obligatorias desde la ética de las profesiones sanitarias [2]:
“No abandonar al enfermo”, hay que explicarle lo que le va a pasar sin engaños pero con mucha sensibilidad.
“Aliviarle el dolor”, que no es algo opcional. La persona enferma es quien sabe sobre la eficacia de la analgesia en su caso.
“Limitar tratamientos inútiles”. La obstinación terapéutica también puede hacer morir mal. Saber cuándo parar porque ya no hay cura posible es una buena práctica médica.
“Sedar cuando lo necesite”. En los momentos finales se pueden dar síntomas que pueden provocar un sufrimiento insoportable, y que no han respondido a las intervenciones paliativas. En esos casos disminuir la conciencia de la persona para garantizar una muerte serena puede estar indicado y ser una buena práctica.
Diego Gracia, uno de los grandes expertos en bioética en España, señala que “los cuidados paliativos han sido desde sus orígenes un movimiento con profundas raíces éticas y humanizadoras”, cuya filosofía puede resumirse en tres puntos: a) control de los síntomas, actuando por adelantado; b) comunicación abierta y c) apoyo emocional [4].
Me parece muy interesante la propuesta que hace el Institut Borja de Bioética, que no pasa por un legalización indiscriminada sino por una despenalización (que “no implica el reconocimiento de un derecho exigible”) en determinados supuestos en los que entren en conflicto valores que puedan se equiparables a la misma vida y que evidencien la conveniencia de no prolongarla indefinidamente. En estos casos deberían concurrir los siguientes requisitos imprescindibles [5]:
“Enfermedad que conducirá próximamente a la muerte”, lo que hace que los profesionales de la medicina sean interlocutores necesarios.
“Sufrimiento insoportable”, que siempre tiene una connotación subjetiva pero que hay elementos objetivos para valorar.
“Consentimiento explícito del enfermo”, debe ser una opción voluntaria expresada por la persona que se encuentra en esa situación.
“Intervención médica en la práctica de la eutanasia” para garantizar la ausencia de dolor y sufrimiento. Debe darse un asesoramiento sanitario en sentido amplio e interdisciplinar (medicina, enfermería, psicología clínica, trabajo social).
“Revisión ética y notificación legal”, previamente debe contar con el visto bueno de un Comité de Ética Asistencial y posteriormente se debe notificar a la autoridad pertinente.
A la vista las obligaciones éticas de los profesionales de la salud en el final de la vida (véase la foto anterior) me parece muy pertinente la pregunta que se hace el Dr. Bátiz: “¿El médico puede ser el cuidador de la salud de las personas y ser capaz de producir, al mismo tiempo, su muerte intencionada?” [2]. El debate sobre la eutanasia tiene muchas dimensiones y va más allá de si cada uno tenemos derecho a decidir cuándo y cómo morir.
Para terminar un vídeo con una breve entrevista al Dr. Bátiz.
[2] Bátiz, Jacinto (2009). ¿Y si desea la muerte? Hermes: pentsamendu eta historia aldizkaria = revista de pensamiento e historia; 31: 4-9.
[3] Bomford, Andrew (2019, 31 enero). La polémica sobre las personas que eligen la eutanasia para no sufrir por demencia senil. BBC News. Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-47062242
[4] Gracia, Diego (2006). Ética y toma de decisiones en el final de la vida. Eidon; 21: 24-29.
[5] Institut Borja de Bioética (2005). Hacia una posible despenalización de la eutanasia: Declaración del Institut Borja de Bioética (Universitat Ramon Llull). Recuperado de: http://www.ibbioetica.org/eutanasia/euta_cast.pdf
[6] OMC - Organización Médica Colegial de España (2011). Código de deontología médica: Guía de ética médica. Recuperado de: https://www.cgcom.es/codigo_deontologico
[8] Proposición de Ley 122/000051. Proposición de Ley de derechos y garantías de la dignidad de la persona ante el proceso final de su vida. Boletín Oficial de las Cortes Generales. Congreso de los Diputados. 20 de diciembre de 2018.
[9] Simón Lorda, Pablo et al. (2008). Ética y muerte digna: propuesta de consenso sobre un uso correcto de las palabras. Rev. Calidad Asistencial; 23(6): 271-85.
[He publicado esta entrada en coautoríaen el Blog Aprender para enseñar el 05.02.2019]
¿Te has
preguntado alguna vez qué supone trabajar en una institución educativa de la
Compañía de Jesús? Esta pregunta nos inspiró a cuatro profesoras (Marian Aláez,
Arantza Echaniz, Almudena Eizaguirre y María García-Feijóo) para presentarnos a
la IX Convocatoria de Proyectos de Innovación Pedagógica de la Universidad de
Deusto del año 2017/2018 con el proyecto titulado “Creación de un modelo de
indicadores para el diagnóstico del grado de implantación de las cuatro
dimensiones clave del Modelo Ledesma-Kolvenbach en una materia, en una
titulación o en el conjunto de una institución”.
El
paradigma Ledesma-Kolvenbach (es el P.
Melecio Agúndez, sj quien comienza a utilizar el término de “Paradigma”)hace referencia a cuatro ejes fundamentales de la
pedagogía ignaciana, que están especialmente vinculados a la identidad de las
universidades de la Compañía de Jesús. Tiene sus orígenes en el pensamiento del
teólogo y pedagogo Diego de Ledesma sj, quien aducía en el siglo XVI cuatro
razones por las que la Compañía de Jesús debía asumir bajo su responsabilidad
instituciones educativas. Estos cuatro principios fueron redefinidos en el
siglo XXI por quien fuera Superior General de la Compañía de Jesús, el P. Peter
Hans Kolvenbach, como cuatro finalidades últimas de la educación de los
jesuitas. Resumen el “para qué” universitario jesuita. Las cuatro se
interrelacionan entre sí y responden a una misma finalidad, vinculada al
despliegue de su misión.
De
manera sintética, Kolvenbach se refería a ellas por sus nombres latinos:
“Utilitas”.
Resalta la finalidad práctica de la universidad, poniendo el foco en lograr que
los egresados adquieran los conocimientos y competencias necesarias, que les
permitan dar lo mejor en el campo de especialización que hayan elegido. Se trata
de una excelencia con sentido.
“Iustitia”.
Es la dimensión social. Se trata de educar mujeres y hombres que puedan abrazar y
promover todo lo que debe hacerse para construir unas estructuras sociales,
económicas y políticas justas.
“Humanitas”.
La tarea educativa de los jesuitas se ha centrado desde sus comienzos en la
excelencia humana: personas conscientes, competentes, comprensivas y
comprometidas (las 4 Cs). Incorpora también un matiz importante relacionado con
la formación intelectual y racional de la persona.
“Fides”.
Apela al ámbito religioso-trascendente de la persona, en su sentido más amplio.
Partiendo
del perfil competencial de los profesionales a los que formamos tanto en grado
como postgrado, en nuestra investigación presentamos un modelo que permite
evaluar el grado de avance en estas cuatro dimensiones, además de brindar
elementos para identificar cuáles son los ámbitos en los que poner el foco para
lograr un mayor desarrollo, gracias a la desagregación en dimensiones,
criterios e indicadores. Nuestra pretensión es desarrollar un modelo
comprensible y útil, cuyo conjunto de indicadores recoja la alta complejidad
del fenómeno objeto de estudio, sin pretensión de ser exhaustivo.
Actualmente estamos en fase de difusión de nuestra investigación. Aspiramos a generar un debate que permita enriquecer el modelo para que realmente contribuya a avanzar en la fidelidad a la misión jesuita compartida en el ámbito universitario.
[He
publicado esta entrada el 18.01.2019 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Hace tiempo que me ronda por la cabeza una pregunta, por qué
nos enamoramos de las piedras que encontramos en el camino. Tropezar no es
malo, encariñarse de las piedras sí. Las
relaciones son una gran fuente de alegría y felicidad pero también de dolor y
sufrimiento, y más si no aprendemos y cometemos una y otra vez los mismos
errores. Y da lo mismo que hablemos de amistades, familia o pareja.
Hace unos meses le escribía el siguiente correo a una persona
muy querida que estaba pasando por un problema de pareja.
Asunto: Quiero compartir esto
contigo...
No sé si te van a gustar mis
palabras pero no puedo quedarme indiferente ante lo que te está sucediendo
porque me duele verte sufrir.
Sé que estás enamorada. Sé que la
lealtad a los que quieres es muy importante para ti. Sé que tu nivel de
compromiso con las personas es muy elevado. Sé cuánto valoras la amistad, la
familia y la pareja.
Quiero compartir contigo lo que
me preocupa. Sé que puedes y quieres perdonar. Ten en cuenta que se puede
perdonar y a la vez acabar con una relación que te hace sufrir. Cuando no se
coincide en los proyectos de vida y en los planteamientos vitales eso es una
fuente inagotable de sufrimiento (y eso es válido para amistades, familia,
etc.). Te lo digo con conocimiento de causa. Es terrible estar en pareja y
sentirte absolutamente sola. El problema es que para cuando te das cuenta ya
tienes cicatrices muy profundas que tardan en curar. Porque el corazón se te
rompe con cada traición, decepción, falta de amor, etc. Tú tienes muchas
personas que estamos dispuestas a recoger los trozos pero cada vez los pedazos
son más pequeños. Y, además, seguro que cada vez te vas sintiendo más pequeña y
acabas convencida de que el problema está en ti. A mí me costó salir de eso. Sé
que el padre de mis hijos no es malo, pero sí que era incapaz de darme lo que
yo necesito. Y no lo he comprendido por completo hasta que me he encontrado con
mi actual pareja. Cuando ves la vida de una forma parecida y miras en la misma
dirección todo es diferente y merece la pena superar cualquier contratiempo.
Espero no haberte molestado. Te
quiero y puedes contar conmigo.
Es cierto que nos resulta mucho más fácil ver el camino del
fracaso en carne ajena que en la nuestra propia. Pero no es menos cierto que a
menudo nos obstinamos en el error y no
aprendemos, repetimos una y otra vez las mismas conductas y los mismos
errores de concepto. Muchas veces se debe a un exceso de ingenuidad y de
confianza… ¿Cómo vamos a desconfiar de esa persona tan ‘maravillosa’ que
tenemos enfrente?... ¿No será culpa nuestra? Algo habremos hecho mal… Nuestro
amor seguro que le hace cambiar… ¿Cómo no le voy a dar otra oportunidad?... Lo
peor de esto es que poco a poco mina la autoconfianza, el autoconcepto y la seguridad
de quien siempre está dispuesto o dispuesta a dar… Las decepciones, la desilusión, la sensación de fracaso es cada vez
mayor y el corazón se rompe en pedazos cada vez más pequeños lo que hace más
difícil repararlo. Y cómo duele ver
a alguien a quien aprecias y valoras caer en esa espiral autodestructiva sin
poder hacer nada más que recoger y guardar los pedacitos…
Probablemente el gran problema es que queremos y nos quieren
mal. Todo empieza por amarnos y
respetarnos sin olvidar nunca a la persona más
importante de nuestra vida, que es quien nos mira todos los días en el espejo. Como escuché hace mucho tiempo… Nadie da lo
que no tiene.
[He
publicado esta entrada el 21.12.2018 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Hace tiempo, en una de las entradas que he escrito que más visitas tiene, Sobrevivir al Amor Zero, decía: “Una de las grandes lecciones que he aprendido en la vida, no sin dolor y sufrimiento, es que no se debe mendigar amor, no se puede hacer que otro te ame. ‘Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo’ (Robin Williams en Sra. Doubtfire). El amor verdadero no puede ser una fuente de desazón; no te vacía sino que te plenifica; no te destruye sino que te ayuda a ser tú mismo”.
Me reafirmo en mis palabras, no se debe mendigar amor. El amor te tiene que ayudar a ser la mejor versión de ti misma, si no, no es amor. Y lo digo ahora que pertenezco, como una amiga me dijo, al club de la segunda oportunidad y estoy “a punto” de volver a casarme, enamorada, convencida e ilusionada.
Me sorprende encontrarme con el escrito que hice poco después de separarme, un momento de gran oscuridad, y en el que me decía a mí misma, ¡Busca en tu interior!: “¿Y en este momento cómo salir adelante? ¿Cómo elaborar el duelo de una forma constructiva? Veo dos caminos que habré de recorrer en paralelo. En primer lugar, como decía el ‘cuento’ del principio, tengo un importante camino hacia adentro. Debo mirar hacia mi interior y conectar con lo que soy. Debo reelaborar algunos de los aspectos que hasta ahora me definían en parte. Debo aceptar los cambios y mirarme con mucho cariño. Debo aprender de esta situación. El otro camino es el de apoyarme en mis amistades, el de pedir ayuda y dejarme querer y acompañar, pero siempre conectando con mi búsqueda interior y no escapando de ella”. Creo que no estaría hoy en el punto que estoy si no hubiera seguido ese camino, si no hubiera aprendido a escucharme y a valorarme (lo que no quiere decir que siempre lo consiga) y si no hubiera tenido la ayuda y el acompañamiento de las personas que me quieren, en algunos momentos me sostienen y me hacen también de espejo. Lo que durante un tiempo viví como un importante fracaso ha sido una de mis grandes lecciones de vida. Me enseñó el valor de la familia y de la amistad (dos de los grandes dones de la vida); el significado del amor (que empieza ineludiblemente por una misma); el amor como respuesta a cualquier pregunta (sobre todo la del sentido de la existencia); la fe como un camino con recovecos y momentos de desierto pero siempre abierto a la esperanza; el aquí y el ahora como único momento que nos pertenece… La vida es un gran regalo aunque a veces tenga un sabor amargo. Estoy feliz con mi segunda oportunidad. Ahora sí tengo un compañero de camino y estoy en disposición de construir una verdadera comunidad de vida y amor. Y, como dice la canción, “seguiremos luchando hasta el final… no es tiempo para perdedores”.
[He
publicado esta entrada el 23.11.2018 en el Blog de Inteligencia Emocional de
Eitb-desaparecido el 01.07.2024]
Recientemente he asistido a un concierto, más bien una
meditación comunitaria cantada, de la Hermana Glenda, a quien descubrí
hace unos veinte años. Es una cantautora de música cristiana nacida en Chile y
con nacionalidad española que se dedica a la evangelización a través de la
música. Una de las canciones, que hacía mucho que no escuchaba, me removió por
dentro, Nada es imposible para ti. Sus versos todavía resuenan en mí: “¿Por qué tengo miedo? (…) ¿Por qué tengo dudas?”
Como dice mi amigo Roge hay muchos
miedos… “Miedos desadaptativos, paralizantes, agresivos, humillantes,
cotidianos, invisibles, amigos, condicionados y condicionantes, viejos y
nuevos, aceptados, odiados, del pasado, del presente, del futuro… de los más
peligrosos. Miedos fóbicos, terroríficos, pavorosos, pero también sutiles,
silenciosos, permanentes, depresivos y deprimentes”. A veces nos cuesta vernos
como animales y no somos conscientes de que nuestra razón no puede acallar lo
que nuestras emociones ‘gritan’ por cada poro de nuestra piel. Ante el miedo nuestro cerebro tiene
grabadas tres respuestas: ataque, huida o inmovilidad. He de reconocer que
en mí la más habitual es la inmovilidad, el
miedo me paraliza, me bloquea. Y, como dice Roge, eso te hace presa fácil
de los depredadores y depredadoras, que huelen el miedo y les excita porque te conviertes enuna presa. ¿Y cuáles son mis mayores miedos,
los fantasmas que me acompañan? En mi caso los tengo bien identificados: el
rechazo y el abandono… Y esto me habla del miedo
a la soledad.
Hay un vídeo muy sugerente de José María Rodríguez Olaizola
sj que se titula “¿Se puede bailar con la soledad?” (tiene también un libro con ese título).
Como señala puede parecer una paradoja porque el baile evoca algo alegre
mientras que la soledad evoca algo triste. En toda vida hay soledad (creo que
la mayor constatación de ello es que todas las personas nacemos y morimos solas
aunque estemos rodeadas de gente). Hay soledad buscada con la que es fácil
bailar. Lo complicado es bailar con esa soledad no buscada, la que te ataca
cuando miras las vidas de los demás y te parece que están llenas de vínculos y
encuentros mientras que la tuya no lo está. Rodríguez Olaizola da tres claves para bailar con esa soledad:
1) Escuchar la música, aprender a oír los ruidos y voces que nos hablan de vida
y nos demuestran que no estamos solos o solas; 2) Aprender a escuchar a las
demás personas, a reconocerlas, con sus luces y sus sombras, más allá de sus
máscaras; 3) Ofrecer afecto, no exigirlo… ahí empezamos a bailar.
Y merece la pena bailar porque, como señala el siguiente
autor al que vamos a mencionar,“la buena vida se construye con buenas
relaciones”.Robert Waldinger es el
4º director del Harvard Study of Adult
Development, una investigación sobre la vida (trabajo, salud, vida
familiar, etc.) de 724 hombres a lo largo de 75 años realizada a través de
cuestionarios, entrevistas, historias médicas, etc. La pregunta a la que tratan
de dar respuesta en el estudio es: ¿Qué nos hace felices y saludables? El mencionado estudio comenzó en 1938. En la
fecha de la charla, diciembre de 2015, 60 de esos hombres continuaban con vida
y seguían participando en el estudio. Había dos grupos iniciales: uno eran
alumnos cursando segundo año de carrera en Harvard; el otro eran chicos de los
barrios más pobres de Boston. Actualmente están estudiando a los descendientes
de los participantes en el estudio, más de 2000, y hace una década se incorporó
a las mujeres de los participantes. La conclusión central del estudio no tiene
que ver con la fama y el dinero: “Las
buenas relaciones nos hacen más felices y más saludables”. Se derivan tres
aprendizajes importantes: 1) “Las conexiones sociales nos hacen bien y la
soledad mata”; 2)”Lo que importa es la calidad de las relaciones más cercanas”;
3)”Las buenas relaciones no sólo protegen el cuerpo, protegen el cerebro”. No es
necesario que las relaciones sean buenas todo el tiempo, en todas hay
altibajos, lo importante es saber que se puede contar con la otra persona.
Volviendo a la canción que mencionaba al principio… ¿Por qué tengo miedo sin nada es imposible
para ti y, añado, has llenado mi camino de personas que le dan brillo y
sentido?
[He publicado esta entrada en el Blog de Doce Miradas el 06.11.2018]
Hace tiempo escribí una entrada en mi blog que llevaba por
título “El peligro de la historia única”, que es el de una charla TED que dio la
escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en 2009. En dicha entrada llegaba
a esta conclusión:
“La charla también me hacía
pensar en la lucha feminista, en el patriarcado. Durante muchos, demasiados,
años la historia de las mujeres ha sido contada e interpretada por hombres. La
voz de la mujer ha sido silenciada o minusvalorada… Todo cambio hacia la real
igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres pasa por superar la historia
única”.
El patriarcado está inscrito muy fuerte en nuestro ADN
social. Una muestra de ello la podemos ver en el vídeo de BBC News Mundo (2018)
en el que se propone el siguiente acertijo:
“Un padre y un hijo viajan en
coche. Tienen un accidente grave, el padre muere y al hijo se lo llevan al
hospital porque necesita una compleja operación de emergencia. Llaman a una
eminencia médica pero cuando llega y ve al paciente dice: ‘No puedo operarlo,
es mi hijo’”
Como se explica en el vídeo incluso personas con mucha
conciencia feminista no se plantean que la respuesta es que la eminencia médica
es la madre debido a la “parcialidad implícita”, que tiene un origen cultural
pero que se vuelve parte de un proceso automático. Yo misma cuando acabé mi
tesis doctoral sobre el tema del liderazgo femenino llegaba a la conclusión de
que, en gran medida, estaba alienada. Ir contra los “mandatos sociales” exige
estar muy alerta, a sabiendas de que algunas veces no caerás en la cuenta y
reproducirás los mecanismos que perpetúan las diferencias.
Recientemente he leído un nuevo artículo de Adichie (2018),
cuyo título es: “El silencio es un lujo que no podemos permitirnos”. En él invita a la
valentía, a romper el silencio, a ir en contra de lo establecido y luchar por
la justicia. “Es la hora de la valentía, que no es la ausencia de miedo sino la
decisión de actuar a pesar de tenerlo (…) Esa experiencia [una relacionada con una visita a la iglesia de su niñez en la que se
habían dado pasos hacia atrás] me hizo abandonar mi idea boba y romántica
de que ‘hablar claro’ va unido a la certeza de un apoyo generalizado. Pero me
aclaró la importancia de hablar de lo que importa: no se debe hablar porque uno
esté seguro de que le van a apoyar, sino porque no puede permitirse el silencio
(…) Mi responsabilidad como ciudadana es la verdad y la justicia”. Las mujeres
tenemos que unirnos y dar a conocer nuestra voz. Y más cuando, como dice
Adichie (2018), “sabemos por las investigaciones que las mujeres leen libros
escritos por hombres y por mujeres, pero los hombres leen libros escritos por
hombres”. Los relatos de las mujeres son para todas las personas porque hablan
de la humanidad. Como decía Mao Zedong, “Las mujeres sostienen la mitad del
cielo, porque con la otra mano sostienen la mitad del mundo”.
Dar a conocer nuestra voz pasa por reconocer las discriminaciones
múltiples y la necesidad de una aproximación interseccional. “Considerar además
del género, otras desigualdades exige pasar de un enfoque unitario a un enfoque
que ha de integrar desigualdades múltiples que incluyen primero la raza y la
clase social, luego en lugar de la clase social lo harán la edad, la religión o
creencia, la discapacidad y la orientación sexual” (Expósito, 2012, 207). No se
trata de dar a conocer la voz de la mujer sino las voces de las mujeres, que
son muchas y muy diversas en función de las mencionadas discriminaciones
múltiples.
Y una de las mejores vías para hacerlo es a través del
ejercicio de la sororidad, entendida como “una experiencia de las mujeres que
conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y
política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para
contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas
de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al
empoderamiento vital de cada mujer” (Lagarde, 2006, 126). En definitiva son
pactos entre mujeres a favor de mujeres y para hacer del mundo un lugar mejor
para todas las personas.
Apostemos por la sororidad. Como dice Burgos (2018), en lugar
de seguir el “mandato” y competir con cada mujer con la que te cruces, “decide ser su igual, su hermana, su amiga, su
aliada. Decide sustituir la envidia por admiración, las críticas por apoyo, la
lucha por amor”.
BBC News Mundo (2018, 8 de marzo). El acertijo que puede
mostrarte algo de ti mismo que quizás no sabías [Archivo de vídeo]. Recuperado
de: https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM
Expósito Molina, C. (2012). ¿Qué es eso de la
interseccionalidad? Aproximación al tratamiento de la diversidad desde la
perspectiva de género en España. Investigaciones
Feministas, 3, 203-222
Lagarde, M. (2006). Pacto entre mujeres. Sororidad. Aportes
para el debate, 123-135. Ponencia para la Coordinadora Española para el lobby
europeo de mujeres. Recuperado de: https://www.asociacionag.org.ar/pdfaportes/25/09.pdf