lunes, 12 de febrero de 2018

Sanar las heridas


[He publicado esta entrada el 12.02.2018 en el Blog de Inteligencia Emocional de Eitb-desaparecido el 01.07.2024]

Recientemente recibí la propuesta para formar parte del primer núcleo de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) que la Compañía de Jesús quiere iniciar en el Loiola Zentroa del Santuario de Loiola. La primera acción consiste en cuatro días de formación en Loiola. Como decía el correo: “Dicha formación comienza partiendo de la propia experiencia, por tanto trabajarás una herida personal, tanto personalmente como en pequeños grupos de 3 personas (a ser posible que no sean conocidas) en línea de curarla: perdonarse uno mismo-a y reconciliarse de un modo u otro. Se hará con total confidencialidad”.  Me atrajo la idea desde el primer momento. Llevo mucho tiempo dándole vueltas al tema del perdón. Cuando escribo esto he pasado la primera parte de la formación que se centra en el perdón y que abre la puerta a la reconciliación. Voy a compartir aquí algunas de las ideas que me llevo.

Algo que me ha costado es pensar qué herida quiero trabajar. Tengo ya muchas cicatrices en el cuerpo y en el alma. Quiero creer que ya están cerradas. No las olvido pero ya no duelen. Me da un poco de respeto hurgar en algunas de ellas. Sin embargo, es un reto que estoy dispuesta a asumir en este momento. Hace mucho escuché a un profesor, y se ha convertido en un lema para mí, “nadie da lo que no tiene”. En la medida en la que me quiera bien a mi misma, podré querer mejor a los demás.

Resuena en mí de forma especial en este momento este poema de Piedad Bonnett:
LAS CICATRICES (del libro Explicaciones no pedidas)
No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son  las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.
Nos acompañan en la formación dos animadoras de ESPERE (Perú), Vanessa Custodio y Eva Boyle. La metodología del programa ESPERE fue premiada en el año 2006 por la UNESCO. “Las Escuelas de Perdón y Reconciliación ESPERE, son un proceso pedagógico en donde los participantes reinterpretan un acontecimiento doloroso de su pasado, inmediato o remoto, para superar el dolor y los sentimientos de rencor y venganza que limitan el goce de la vida. Esta propuesta permite superar la memoria ingrata del pasado, realizar procesos de justicia restaurativa y establecer pactos que garanticen la no repetición de las ofensas”.

La violencia (sea del tipo que sea) tiene unos efectos que en ESPERE se les llama, las Heridas de las tres “S”:

Cualquier ofensa o agresión  que recibimos (o infringimos) tiene repercusiones en nuestras emociones (lo que sentimos: tristeza, dolor, rabia, ganas de llorar, etc.), en nuestros pensamientos (lo que entendemos: “es injusto”, “me las va a pagar”, etc.) y en nuestras conductas (lo que hacemos: poner mala cara, castigar, agredir, contestar mal, ignorar, etc.). [Véase el ABC emocional del Albert Ellis]. En ESPERE se busca propiciar la educación emocional, aprender a decodificar correctamente teniendo en cuenta que hay emociones que facilitan la sanación y las relaciones (alegría, reconocimiento, compasión, etc.) y otras que las dificultan (rencor, ira, tristeza, etc.).

Si tuviera que dar mi propia definición de lo que es el perdón diría que es “un proceso de liberación y sanación que parte de una decisión personal”. Es muy importante entender que es un proceso. No es necesariamente un fin. Puedo empezar el proceso pero puedo no llegar. Es un proceso único, cada uno tiene sus tiempos y su recorrido. Es un regalo para mí que sana, libera y transforma. Me ayuda a restaurar el daño que me han causado, mitiga mi dolor. Es un proceso que se vive mejor  en un grupo que me apoye y me acompañe, en un grupo en el que cada uno vaya siguiendo su propio proceso. El perdón es una decisión, una actitud, una forma de vivir. Es una nueva forma de ver personas y hechos. Es un proceso de autosanación que hay que vivir. El perdón transforma nuestra mirada, busca una nueva narrativa que ayude a construir un nuevo relato. El perdón no está reñido con emprender acciones incluso legales, si fuera necesario.

El perdón y la reconciliación son dos procesos diferentes. El perdón es un proceso necesario para la reconciliación. En ESPERE se habla de tres tipos de reconciliación:
  • De coexistencia (a distancia, o con prudente distancia).
  • De convivencia (o próxima, en ella la cooperación y la solidaridad son posibles).
  • De comunión (en la que el amor renace y se profundiza la fraternidad).
No siempre es posible la reconciliación. Puede que la persona que cometió la ofensa muriera, que no se sepa dónde está, o que no quiera la reconciliación. En algunos casos no es aconsejable (porque no se dan las condiciones necesarias). En algunos casos quedará sólo la coexistencia.

Quiero acabar con una frase de los materiales que hemos recibido: “el objetivo del perdón es arrojar luz sobre los engaños, temores, juicios y críticas que nos han mantenido cautivos en el papel de nuestro propio carcelero”. El perdón es un acto de amor hacia uno mismo y es posible incluso en las circunstancias más duras, como muestra el siguiente vídeo.


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