viernes, 9 de agosto de 2024

Muchas horas y poco tiempo

[Entrada publicada originalmente el 08.03.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

El lema de la campaña de Emakunde para el Día Internacional de las mujeres de 2010 reza: “Muchas horas y poco tiempo”. Pero el cartel va más allá: Muchas horas para el trabajo, las tareas domésticas y de cuidado... y poco tiempo para actividades sociales, cultura, ocio. Da qué pensar...

Como señala Emakunde la campaña parte de estas realidades:

  • Existe un desequilibrio entre los usos del tiempo personal, social, familiar y laboral de las personas.
  • Existe un uso diferenciado del tiempo por parte de las mujeres y los hombres en el ámbito privado y público.
  • La falta de redistribución del tiempo de trabajo doméstico y de cuidados entre mujeres y hombres genera un uso diferencial del tiempo en el ámbito público por parte de mujeres y hombres.
  • La falta de redistribución del tiempo de trabajo en el ámbito privado genera consecuencias negativas en la posición, autonomía económica, condiciones de vida y salud de las mujeres
  • El uso diferencial del tiempo de mujeres y hombres constituye un importante freno para el avance en el objetivo de la igualdad. Este último punto me parece el más significativo y, en cierta medida, engloba a los demás. Mientras no exista un uso equitativo del tiempo no podrá haber igualdad real de oportunidades. Y no es sólo un problema de las mujeres...

Igualmente, Emakunde indica que “según los últimos datos de la Encuesta de presupuestos del tiempo (2008) de EUSTAT, las mujeres emplean en las labores domésticas 3 horas y 33 minutos al día, 2 horas y 4 minutos más que los hombres. (...) En cuanto al cuidado de las personas del hogar, ya sean menores o personas mayores, a las mujeres esta actividad les ocupa 2 horas y 18 minutos, mientras que a los hombres 1 hora y 41 minutos”. Si multiplicamos esto por 7 días a la semana... da mucha diferencia en dedicación, y en tiempo de uso personal.

 En nuestra sociedad actual, tal y como nos hemos organizado la vida, una de las quejas más habituales es la de la falta de tiempo. Si a eso le añadimos el hecho de ser mujer trabajadora y con personas dependientes a su cargo el panorama se complica. Y lo hace aún más si esta mujer no tiene pareja o está separada o divorciada.

 Además, pareciera que las mujeres vivimos arañando el tiempo para poder darnos algún ‘lujo’ (véase comer con una amiga, ir a un spa o al cine); y al hacerlo puede que sintamos que ese tiempo se lo estamos robando a nuestra familia o nos lo ‘regala’ nuestra pareja. En cierta medida nos sentimos culpables por dedicarnos un tiempo a nosotras; por cuidarnos. Esto se debe, en parte, a un mal entendido concepto de las responsabilidades familiares; que no son sólo cosa nuestra pero, muchas veces, así lo vivimos.

 Como punto final suscribo lo que dice el cartel: Hagamos un reparto más racional e igualitario del tiempo personal, social, familiar y laboral. Es una cuestión de justicia y la clave para el avance social hacia la igualdad. Animo a quien se sienta interpelado por lo aquí expuesto a participar en alguna de las actividades de El Foro para la igualdad de mujeres 2010, cuyo eje central será “Nuevos tiempos para una organización corresponsable”, y que se celebrará del día 10 al 30 de mayo.

 ¿Usted qué opina?


jueves, 8 de agosto de 2024

¡Busca en tu interior!


[Entrada publicada originalmente el 01.03.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024] 

Preguntaba el monje: “Todas estas montañas y estos ríos y la tierra y las estrellas... ¿de dónde vienen?”

Y preguntó el Maestro: “¿Y de dónde viene tu pregunta?”

¡Busca en tu interior!

[De MELLO, s.j., Anthony (1982): El canto del pájaro. Bilbao: Sal Terrae, p.43]

Estoy viviendo una situación que nunca me hubiera imaginado. Mi matrimonio se acaba después de 15 años, a los que hay que sumar casi diez de noviazgo. Pertenezco a una familia muy creyente y he sido educada en valores tradicionales. Cuando me casé lo hice con el convencimiento de que era para toda la vida. Por eso este momento es especialmente duro. Además, no es que haya habido terceras personas o problemas graves. Entendemos la familia de forma diferente, tenemos visiones que se han vuelto irreconciliables. Nos queremos y no queremos acabar haciéndonos daño ni a nosotros ni a nuestro hijos. Esto último es lo que hace especialmente difícil la decisión.  Nunca hubiera querido esto para mis hijos.

Tenía claro que no quería seguir como estábamos pero ahora siento una profunda tristeza... Ninguno de los dos hemos hecho un drama, ha sido civilizado... Pasa por delante de mis ojos mucha vida, muchos momentos, mis sentimientos y emociones están desbocados... Y siento un frío inmenso (literal). Estoy congelada como si algo hubiera dejado de funcionar dentro de mí...

Racionalmente sé que probablemente es lo mejor, pero estaba acostumbrada a la situación, había encontrado cierta comodidad en la misma, era lo conocido. Ahora vienen cambios importantes y lo desconocido... Me toca elaborar mi duelo y acompañar a mis hijos en el suyo. Tengo que recorrer mi camino de las lágrimas. “Hablar de la elaboración del duelo no parece un tema que nos remonte al disfrute, que nos remonte a la alegría, es un tema que tiene una arista que conecta, por supuesto, con el dolor. Este camino, el de las lágrimas, enseña a aceptar el vínculo vital que existe entre las pérdidas y las adquisiciones. Este camino señala que debemos renunciar a lo que ya no está y que eso es madurar” (Bucay, p.5)

Y en este camino tengo que soltar lastre, que desapegarme de muchas cosas, que enfrentarme a algunos miedos, que abrirme a nuevas posibilidades... “Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior. Sin embargo, si tengo miedo de las cosas que vienen y me agarro de las cosas que hay, si me quedo centrado en las cosas que tengo porque no me animo a vivir lo que sigue, si creo que no voy a soportar el dolor que significa que esto se vaya, si voy a aferrarme a todo lo anterior...”. (Bucay, p.10)

Conozco racionalmente el proceso, ahora me queda superarlo. Bucay (p.23) hace la comparación de la elaboración del duelo con el proceso de cicatrización de una herida:

Herida = Duelo
Vasoconstricción = Incredulidad
Dolor agudo = Regresión
Sangrado = Furia
Coágulo = Culpa
Retracción del coágulo = Desolación
Reconstrucción tisular = Fecundidad
Cicatriz = Aceptación

¿Y en este momento cómo salir adelante? ¿Cómo elaborar el duelo de una forma constructiva? Veo dos caminos que habré de recorrer en paralelo. En primer lugar, como decía el ‘cuento’ del principio, tengo un importante camino hacia adentro. Debo mirar hacia mi interior y conectar con lo que soy. Debo reelaborar algunos de los aspectos que hasta ahora me definían en parte. Debo aceptar los cambios y mirarme con mucho cariño. Debo aprender de esta situación. El otro camino es el de apoyarme en mis amistades, el de pedir ayuda y dejarme querer y acompañar, pero siempre conectando con mi búsqueda interior y no escapando de ella.

[Las citas provienen de Bucay, Jorge: El camino de las lágrimas. Disponible en https://formarse.com.ar/libros/Libros%20para%20descargar%20de%20maestros%20espirituales/El-camino-de-las-l%C3%A1grimas.pdf]


 






miércoles, 7 de agosto de 2024

Crisis del actual modelo de gestión (II)


Entrada publicada originalmente el 16.02.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

"Un problema sin solución suele ser un problema mal formulado" Gastón Bachelard

En un post anterior [Crisis del actual modelo de gestión (I)] empecé a compartir las ideas que me llevé de la magnifica conferencia impartida por RafaelEcheverría titulada “La crisis del actual modelo de gestión y los factores que determinan el desempeño de los equipos”, celebrada en Bilbao, en la sala Multibox de Eitb, el 2 de febrero de 2010 y patrocinada por BAI.

Acababa el post anterior apelando a la posibilidad de vivir distinto, de vivir mejor lo que supone un desafío en dos direcciones: 1) Aprender, transformándose uno mismo; 2) Emprender, que supone asumir el desafío de dejar obras, de cambiar el mundo. Rafael Echevarria y sus colaboradores se plantearon cuál era el principal motor de transformación histórica y eso les llevó a fijar sus dos opciones estratégicas principales: la empresa (por su poder y capacidad de acción), y la educación (porque supone la formación de las futuras generaciones). Centrémonos en la empresa.

Como ya señalara Peter Drucker el gran problema es que estamos cautivos de un modelo de gestión obsoleto que impide un nivel de desempeño mayor, y que estaba fundamentado en un trabajo manual preponderante. Este modelo tradicional es impositivo, coercitivo; se basa en el control y el mando; se sustenta en el poder formal; descansa en el miedo y, por lo tanto, es enemigo del desempeño. Y este modelo está en crisis porque en el contexto actual predomina el trabajador del conocimiento; que como promedio entrega el 20% del su potencial de rendimiento; que encuentra en su jefe el principal obstáculo del desempeño; y que suele saber más que su jefe en su campo de acción. La solución pasa por gestionar el conocimiento: hay que evolucionar del gerente/capataz al gerente/coach.

A partir de aquí Rafael Echevarria y sus colaboradores se separan de Peter Drucker. Consideran que es necesario reconocer la tridimensionalidad del trabajo en el nuevo contexto: 1) Tarea individual, es importante que uno individualmente sea competente; 2) Actividades de coordinación, la unidad básica de trabajo son los equipos y los procesos; muchas veces en los equipos hay figuras que destacan pero funcionan mal como equipo; 3) Trabajo reflexivo de aprendizaje, o me hago obsoleto o me lo hacen otros. Preguntémonos qué hace cada uno y cómo lo hace. El trabajador del conocimiento lo hace conversando; sus resultados dependen no sólo de sus conocimiento sino también de sus competencias conversacionales (preguntar, exponer, consultar, pedir, etc.).

Por eso el gerente del futuro es un agente conversacional, es un gerente/coach. Se requiere una gestión que dé espacios de autonomía responsable, que es lo opuesto a Taylor y la Administración científica. Hay que relegitimar el error, aceptarlo en la medida en que conduce a resultados mejores; no se entra en nuevos dominios sin permitir el error. Es necesaria una gestión que disuelva el miedo hacia el jefe, ya que así se rinde más. El gerente debe ser un líder de líderes, el liderazgo no se mide por los seguidores que uno tiene, sino por la capacidad de destapar el potencial de otros. Gran parte de la iniciativa debe ser delegada; yo te muestro el problema y te indico unos mínimos... sorpréndeme haciendo cosas que tú sabes y yo no. 

Es relativamente fácil ser un gerente/capataz, basta con dar autoridad formal y sus símbolos. El nuevo tipo de gerente/coach requiere competencias distintas: autoridad moral; capacidad de influencia; ascendencia, que tiene que ser ganada frente a quien no se tiene autoridad formal; escucha mutua, etc. Normalmente no tenemos estas competencias, no nos las han enseñado. Para adquirirlas es necesario un aprendizaje profundo; exige cambiar la forma de ser que tenemos.

Para terminar una anécdota que contó el profesor Echevarria y que tiene como protagonista a Dee Hock, quien fuera el fundador de Visa Internacional y que cuando se retiró escribió el libro El nacimiento de la era caórdica donde argumente que la vida surge en un punto donde se superponen el orden y el caos. En opinión de Hock un jefe debería dedicar el 50% de su tiempo a cambiarse a sí mismo (mirar hacia adentro); el 25% a gestionar a su jefe (mirar hacia arriba); el 20% a crear relaciones con el entorno, con aquellos sobre los que no tiene autoridad formal (mirar hacia los lados); y un 5% a sus subordinados (mirar hacia abajo). Y estos porcentajes son válidos para cualquiera, sea cual sea su nivel.

“En los tiempos que corren, el error no consiste en no descubrir todo lo que podemos soñar; el error consiste en no soñar lo que podemos descubrir. Hay que intentarlo” Hock, Dee (2001):  El nacimiento de la era caórdica. Barcelona: Granica, p. 16

¿A qué dedicas tu tiempo? ¿Eres un gerente/coach o un gerente/capataz?

 


Crisis del actual modelo de gestión (I)

[Entrada publicada originalmente el 03.02.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

En estas líneas voy a compartir las ideas que me llevé de la magnifica conferencia impartida por Rafael Echeverría titulada “La crisis del actual modelo de gestión y los factores que determinan el desempeño de los equipos”, celebrada en Bilbao, en la sala Multibox de Eitb, el 2 de febrero de 2010 y patrocinada por BAI. Me centraré en la primera parte de la conferencia y lo desarrollaré en dos posts diferentes.

Rafael Echeverría es fundador de la consultora americana Newfield Consulting, que está especializada en la construcción de equipos y organizaciones de alto desempeño. Es también uno de los creadores del concepto “Ontología del Lenguaje”, que da paso al coaching ontológico.

El punto de partida de su planteamiento es que la humanidad se enfrenta a una profunda crisis sobre el sentido de la vida y crisis en las relaciones (de pareja, en las comunidades, las organizaciones, etc.). A veces ni siquiera somos conscientes de que es posible una vida mejor, una vida distinta. Y ante esto cabe hacerse una pregunta: ¿es la vida la que no tiene sentido o somos nosotros los que hemos perdido la capacidad de atribuírselo? Ante esta pregunta hay dos posibles respuestas: 1) No tiene sentido, y entonces no se hace nada, se da paso a la resignación; 2) Sí lo tiene, y entonces tenemos que enfrentar el desafío de dónde buscarlo. Nos remitiremos a uno de los grandes filósofos de los que somos herederos, Sócrates. Cuando trató de dar respuesta a dicho desafío vio que había dos caminos. Uno que ya había sido insinuado por Parménides, y muy criticado por sus sucesores, al hablar de un ser fijo inmutable, eterno y único, lo que implica que el cambio es una ilusión. El segundo camino, que será el que él siga, era el planteado por Heráclito al señalar que todo es transformación, todo sigue un proceso de constante devenir, el ser no es sino una ilusión, y donde adquiere gran importancia el logos, la palabra, el lenguaje.

Para salir de la crisis de sentido tenemos que recorrer de nuevo el camino y revisar nuestras respuestas. Nuestro sentido común es profundamente metafísico ya que en los momentos de crisis apela a ese ser fijo e inmutable que propuso Parménides. Si la transformación es tan importante debemos reconocer que el elemento clave que está detrás es la acción. La acción es la clave diferente de la metafísica de la que somos esclavos.

En la segunda mitad del siglo XX emerge en las universidades de Cambridge y Oxford la Filosofía delLenguaje que empieza a ganar terreno a la epistemología. Esta nueva Filosofía surge del reconocimiento de que teníamos concepciones restrictivas del lenguaje, que lo limitaban a medio o instrumento para expresar lo que se pensaba, percibía o sentía. Esta es concepción ‘contable’ (de contar) del lenguaje. La Filosofía del Lenguaje dice que lo más importante que hace el lenguaje no es lo que acabamos de mencionar sino que es una actividad transformadora. Cuando digo algo hago que ciertas cosas cambien, transformo la realidad. El lenguaje genera nuevas realidades, construye identidades, relaciones, compromisos, empresas, emprendimientos, promesas mutuas, etc. Nietzsche decía que a la hora de pensar en el matrimonio la pregunta a hacerse es... cómo vamos a conversar cuando seamos viejitos... El lenguaje genera nuestro futuro. Las conversaciones de hoy determinan el mañana. Nuestro mundo es un mundo impregnado por el poder transformador de la palabra. Si queremos entender cómo somos debemos entender cómo conversamos. Martin Buber distingue tres ejes conversacionales: 1) con los demás; 2) con uno mismo; 3) con el misterio de la vida, al que algunos llaman Dios.

A partir de todo lo anterior Rafael Echevarria desarrolla su modelo O.S.A.R. (observador, sistema, acción, resultados), que se puede visualizar en la imagen del comienzo, y que quiere reforzar la idea de que hay que vivir con osadía. Este modelo se nutre del pragmatismo filosófico, está apegado a la práctica.

El punto de partida son los resultados, hay que evaluar en función de los resultados. Las preguntas clave son ¿qué aporta? ¿de qué sirve? Que sean tus obras las que hablen... ¿Y qué produce los resultados? La acción ¿Cuáles son los condicionantes de la acción? ¿Por qué actúo como actúo? Existen unos condicionantes de reconocimiento inmediato: 1) ciertas predisposiciones biológicas; 2) la capacidad de adquirir competencias; 3) la tecnología, las herramientas que utilizo; 4) la motivación, los factores emocionales que acompañan; y 5) la forma particular que cada uno tenemos de hacer las mismas cosas... o como nos recuerda la canción de Sinatra “...I did it my way”.  Sin embargo, existe un punto en el que queremos hacer o conseguir ciertas cosas y no podemos ¿Qué nos decimos entonces? Invocamos a la metafísica, llamamos a ese ser fijo e inmutable. “Yo soy así”. Pero esa voz no es nuestra, es el eco de Parménides y lo que hace es negar la capacidad de transformación. Y ese es el objetivo del modelo O.S.A.R., disolver el núcleo metafísico que tanto mal nos hace ¿Cómo hacerlo? Tomando conciencia de que existen además dos condicionantes ocultos, de reconocimiento no inmediato:  1) El observador, tomamos las decisiones en función de cómo interpretamos y formulamos los problemas lo que supone abrir unas puertas y cerrar otras. Mientras los resultados nos gusten y estén dentro de un marco ético aceptable no supone ningún problema, pero ¿y si los resultados no nos gustan? Caben tres opciones: a) “soy así”, resignación; b) preguntarse por qué obtengo esos resultados los que lleva al umbral de la reflexión, pero que se puede quedar en mera explicación que me tranquiliza y me lleva al mismo lugar, la resignación; 3) veo el resultado que no me gusta y digo “lo voy a cambiar”, lo que abre la puerta del aprendizaje. Los aprendizajes pueden ser de primer orden (qué debo hacer o dejar de hacer) o de segundo orden (cambiar el observador que soy antes de cambiar la acción; y esto se puede hacer con distintos niveles de profundidad) 2) El segundo condicionante oculto sería el sistema. Recordemos O.S.A.R. (observador, sistema, acción, resultados).

Es posible vivir distinto, vivir mejor y eso supone un desafío en dos direcciones: 1) Aprender, transformándose uno mismo, asumiendo que dejar de aprender es estancar nuestra vida; 2) Emprender, que supone asumir el desafío de dejar obras, de cambiar el mundo, de comprometerse con él. Y aquí se nos abre la vía para hablar de empresas y gestión que seguiremos en otro post.

¿Cómo son tus conversaciones? ¿Qué te dices a ti mismo ante unos resultados que no te agradan?

 




martes, 6 de agosto de 2024

Te amo... pero soy feliz sin ti


[Entrada publicada originalmente el 01.02.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]  

“Nuestros miedos no detienen a la muerte, sino al amor y a la vida. El miedo con todo su poder, no puede vencer ni detener a la muerte, pero sí puede detener al flujo de la vida que nos conduce a la paz interior” Jaramillo, Jaime (2007): Te amo... pero soy feliz sin ti. Bogotá: Ediciones Versalles, p.103

Jaime Jaramillo, en su libro Te amo... pero soy feliz sin ti propone una serie de herramientas sencillas y eficientes que han sido probadas por personas de diferentes culturas, edades, religiones, etc. y que ayudan a recuperar la consciencia y a evitar sus dos grandes enemigos, los apegos y el miedo. Una idea fundamental es que la solución a estos dos últimos no está en el exterior, no depende de nada ni nadie, sino que está en el interior de cada uno. “Recuerda siempre que donde pones tu mente, allí estará tu corazón” (p.14).

El apego implica que dependemos psicológica o emocionalmente de otras personas o de ciertas cosas. Supone que depositamos en ellas nuestra felicidad y empezamos a vivir condicionados. La felicidad pasa a estar en el exterior, en manos de otras personas. “El apego se nutre del miedo y estos miedos son el origen de todo el sufrimiento humano; debido a estos miedos, desarrollamos un sistema de autodefensa o negación persistente que nos lleva al autoengaño” (p.21).

Existen tres tipos de apegos que pueden tener diferentes manifestaciones e intensidad a lo largo de nuestra vida. El apego afectivo, que se puede confundir con el amor y se muestra con mayor intensidad en las relaciones de parejas o ante la muerte de un ser querido, implica que convertimos a la otra persona en la razón de nuestro ser. El apego material supone centrar la felicidad en el tener, poseer y ostentar; lo que lleva a creer que valemos más por lo que tenemos que por lo que somos. El apego ideológico, las creencias falsas y los fanatismos extremos, están en la base de los peores pasajes de la historia y es el origen de guerras y rivalidades. “La solución está en tus manos. No importa cuál sea tu situación; realmente, la solución es la misma para todos, y cada uno tendrá que recorrer su propio camino” (p.38). Se trata de despertar, de elegir y decidir salir del estado de inconsciencia en el que te encuentras.

El camino del despertar es espiritual y se soporta en la visualización creativa, la meditación y el servicio a los demás. “La verdadera espiritualidad consiste en que nada, ni nadie, ni ningún suceso o acontecimiento nos pueda perturbar. Y, si por alguna razón, en algún momento algo nos perturbara, la espiritualidad nos da el poder de elegir conscientemente y dejar de lado aquello que nos causa sufrimiento”. Para lograr la paz interior debemos armonizar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Y para ello debemos abrir nuestra mente y nuestro corazón y desarrollar la capacidad de escucha. Es importante que observemos nuestras relaciones con el mundo y con los demás; que identifiquemos las emociones y pensamientos que manejan nuestra vida; que reconozcamos las creencias que nos hacen daño y causan apego; que analicemos nuestro miedos; que identifiquemos y trascendamos el dolor, que es un indicador de que hay que cambiar.

La visualización creativa nos ayuda a acabar con nuestras barreras internas, miedos y dudas y atraer aquello que deseamos, pero no para controlar el comportamiento de los demás o hacerles que vayan en contra de su voluntad. Su poder radica en que el cerebro no distingue entre un acontecimiento real y uno imaginado; y por ello, si creamos una realidad interior el cerebro crea, automáticamente, la pauta que nos lleva a los resultados.

La meditación es la llave para acceder a tu interior y está al alcance de cualquiera; “es volver a lo básico, a tu hogar, a tu templo sagrado, en el que sólo el amor y la paz reinan. (...) lograr ese estado de consciencia es más que una experiencia; eres tú, es tu propio ser en toda su plenitud” (p.175).

El servicio a los demás, un servicio generoso y desinteresado, realizado sin esperar nada a cambio potenciará todo tu trabajo interior y dará sentido a tu vida. Es la herramienta más silenciosa pero mas poderosa en el camino de la liberación interior.

“Cuando realmente estás disfrutando del estado de consciencia pura que es el amor, el apego desaparece, por eso deja de hacer reclamos, expectativas y exigencias” (p.87)

¿Te animas a abrir las alas a una nueva dimensión liberadora?






lunes, 5 de agosto de 2024

Te veo


[Entrada publicada originalmente el 11.01.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Recientemente he visto la película Avatar. La estética es muy bonita, hay diálogos muy interesantes, es un poco larga aunque entretenida; pero si algo me llamó la atención era cómo se saludaban los Na’vi, habitantes del planeta Pandora. Se decían mutuamente “Te veo”.

Indagando un poco me encuentro con estas palabras, la negrita es mía, de Peter Senge (LaQuinta Disciplina en la práctica, p.3):  “Entre las tribus del norte de Natal, Sudáfrica, el saludo más común, equivalente a nuestro ‘hola’, es la expresión ‘Sawu bona’. Significa literalmente ‘te veo’. Los miembros de la tribu responden diciendo ‘Sikkhona’, ‘estoy aquí’. El orden del diálogo es importante: Mientras no me hayas visto, no existo. Es como si al verme me dieras la existencia”. Da mucho que pensar... Desde pequeños sabemos que no es lo mismo oír que escuchar, ni mirar que ver. Muchas veces pasamos junto a otras personas sin verlas y las oímos sin escucharlas. Suele pasar que no reparamos en cómo está la persona que tenemos enfrente porque ni siquiera le miramos a la cara. Hay quien se escuda en que no mira a los ojos para no invadir la intimidad pero eso en ocasiones suele ser una excusa para no implicarnos, para no vernos afectados por el otro, para no dejarnos tocar por su humanidad, ni permitirle entrar en la nuestra.

Una amiga me mandó una presentación con unas ideas de RubemAlves sobre la educación. Reproduzco aquellas que más me impactaron y que tienen que ver con lo que quiero decir: “La primera tarea de la educación es enseñar a ver (...) Sin la educación de las sensibilidades, todas las habilidades se tornan sin sentido. (...) Cuando la gente abre los ojos, se abren las ventanas de su cuerpo, y el mundo aparece reflejado dentro de la gente”. Nacemos con ojos y oídos pero los actos de ver y escuchar no son naturales, hay que aprenderlos. Dedicamos mucho tiempo a enseñar y aprender habilidades, técnicas, herramientas, conocimientos útiles, etc. pero es prioritario educar sensibilidades. Sin sensibilidad ¿para qué nos sirve lo aprendido? ¿Cómo lo vamos a aplicar de una forma constructiva? ¿Cómo nos van a servir para la vida? En otro post [Inteligencia ética] comentaba como los fracasos de la inteligencia vienen por no ser capaces de resolver los problemas prácticos. Para resolver problemas prácticos es necesario tener desarrollada la sensibilidad, la capacidad de reconocerse y reconocer a otros, la habilidad de detectar aquello que va más allá de las palabras, la destreza de ‘leer’ en las situaciones y acontecimientos.

Quiero desde aquí animaros y animarme a en cada encuentro, ya sea con personas conocidas o desconocidas, abrir los ojos, los oídos, la mente y acercarnos a ese otro que se nos presenta delante y que es un mar de posibilidades. 

Querido lector, querida lectora “Te veo”

 

 




domingo, 4 de agosto de 2024

Desmontando las imágenes de Dios

[Entrada publicada originalmente el 22.12.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Recientemente he asistido a una sesión de Theolabs, animada por el franciscano JoséArregi bajo el título “Dios e imágenes de Dios”. Theolabs es una iniciativa que obedece a la inquietud de responder a la formación en Teología al modo universitario en un formato ágil y abierto al diálogo en sesiones de una hora de duración con una breve introducción a cargo de un experto en el tema de actualidad tratado.

La presentación realizada por Joxe Arregi ha girado en torno a una serie de rasgos que es necesario replantear y que paso a comentar:

¿Muerte de Dios o cambio de residencia? Una encuesta realizada en 2007 por el Viceministerio de la Juventud, el Consejo de la Persona Joven de Costa Rica, y el Fondo de Población de las Naciones Unidas reveló que el 80 por ciento de los jóvenes creen en Dios. Este dato no se entiende a menos que se esté dando un cambio en las imágenes en las que pretendíamos encerrar a Dios. 

¿Seguimos imaginando a un Dios en quien es imposible creer? Es un Dios muy antropomórfico, a imagen de la persona humana, y con muchos rasgos psicológicos (se enfada, se reconcilia, etc). Es muy antropocéntrico y geocéntrico, se encuentra en el cielo de esta tierra y el culmen de sus designios es el homo sapiens sapiens. Es un Dios muy moral, que impone normas, que exige que le demos culto, que exige que creamos en él. Un Dios violento, la Biblia es un libro muy violento. Es patriarcal (las imágenes más habituales de él son Padre, Rey, Señor, etc.).

Parafraseando al teólogo Edward Schillebeeckx, “Muchos ya no creen no por mala voluntad sino por incapacidad cultural”, en un Dios como el que hemos señalado no se puede creer.

¿Será una palabra vacía? La palabra Dios existe pero ¿tiene o no contenido? ¿tiene sentido? ¿habrá que reestrenarla y redescubrirla? Existe un desfase cultural y, por tanto, o redescubres a Dios, o dejas de ser creyente o sigues creyendo alejado del lenguaje de hoy y quedándote aislado.

¿Un Dios separado del mundo?  Seguimos imaginando a Dios arriba, aparte, separado del mundo ¿Dios y el mundo son dos realidades distintas? Afirmar eso sería ver a Dios como un objeto. Pero, por otro lado, tampoco se puede decir que Dios es el mundo...

¿Un Dios omnipotente? Esta imagen ofrece muchos flancos débiles. Como señala el filósofo Hans Jonas, el concepto de omnipotencia es contradictorio. El poder se ejerce frente a alguien que se resiste. Sin embargo, la omnipotencia supondría que nadie se le resistiría. Por otro lado, los místicos siempre han utilizados imágenes de fragilidad, de debilidad para referirse a Dios.

¿Un Dios personal? Eso significaría que es una persona junto a mí que soy otra persona ¿Somos dos? No ¿Somos uno? Tampoco. Dios no es ni personal ni impersonal, es más que esos dos términos.  

 Tanto la presentación realizada por José Arregi como el debate suscitado me han hecho reflexionar sobre la imagen que tengo yo de Dios. Si me hubieran preguntado qué o quién es Dios probablemente habría respondido con uno o varios de los rasgos que acabo de comentar. El único que no se me ha desmontado es el de “Dios es amor” y así se lo he hecho saber a Joxe Arregi. Me quedo con su respuesta: “Dios es la omnipotencia de la bondad, que lleva inherente caducidad, mutabilidad, debilidad, fragilidad... La bondad es lo más poderoso que hay”.

“Dios es la realidad que penetra, atraviesa y vivifica toda la realidad, más allá del bien y del mal expresado y realizado por los seres humanos” Ivone Guevara

“La experiencia de Dios es la raíz máxima de toda experiencia. Es la experiencia en profundidad de todas y cada una de las experiencias humanas: del amigo, de la palabra, de la conversación. Es la experiencia concomitante a toda experiencia humana: dolor, belleza, placer, bondad, angustia, frío... Concomitante a toda experiencia en tanto que nos descubre una dimensión de infinito, no-finito, no acabado” Raimon Panikkar

Yo voy a profundizar en esa imagen de Dios como omnipotencia de la bondad porque es la imagen a la que quiero acercarme y parecerme ¿Y usted con cuál se queda?

 

sábado, 3 de agosto de 2024

Sobre los apegos

[Entrada publicada originalmente el 16.12.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Hoy quiero hablar de los apegos, en el sentido budista, debido a una situación personal que vista desde fuera puede parecer banal. En el trabajo me han comunicado hace un par de días, y no de la mejor forma, que tengo que guardar mis cosas en cajas porque me van a cambiar de despacho no se sabe cuándo ni a dónde. No soy la única a la que se lo han dicho y, desde luego, tampoco soy la única a la que no le ha hecho gracia el tema. Aunque esto no consuela demasiado. [Hay que tener en cuenta que un profesor universitario no puede meter sus cosas en una cajita como sucede en las películas y que hay modos y modos de comunicar las cosas].

Desde que recibí la noticia se han sucedido en mí múltiples pensamientos y sentimientos. Creía que en los traslados anteriores había prescindido de lo innecesario o accesorio. Al hacer las cajas me he dado cuenta de que en poco tiempo había acumulado mucho (espero haber vaciado más las alforjas esta vez). Pensaba que había aprendido que “estoy de paso” pero me había encariñado con el espacio y lo cotidiano. Me había acostumbrado a la persona con la que compartía el despacho y ahora tengo que “volver a empezar”. Se nos dice que el cambio es fundamental para la evolución y el crecimiento pero eso no nos evita cierto dolor en el camino (y oportunidades de aprendizaje dirían otros).

Para el budismo, estar dominado por los apegos (que pueden ser cosas materiales e incluso a personas) es fuente de sufrimiento y, por tanto, hay que eliminar los apegos (para profundizar en las Cuatro Nobles Verdades del Budismo y la superación del sufrimiento véase este artículo breve de Jesús Sordo Medina). En occidente el término apego tiene connotaciones positivas, sobre todo si se refiere a personas, ya que se entiende como un sinónimo de cariño o preocupación. Lo que el budismo intenta decir es que hay que evitar apegarse a las cosas que provocan sufrimiento o hacerlo de forma que produzcan sufrimiento.

Acabo con un cuento que recibí por internet y que supongo que es la lección que me toca aprender a mí hoy.

Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio, el turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuarto muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

- ¿Dónde están sus muebles? - preguntó el turista.

Y el sabio, rápidamente, también preguntó:

- ¿Y dónde están los suyos...? -

- ¿Los míos? - se sorprendió el turista -¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! -

- Yo también... - concluyó el sabio.

 ¿Cuáles son tus apegos?

Bibliografía:









viernes, 2 de agosto de 2024

Condiciones del buen amor

[Entrada publicada originalmente el 04.12.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024]

Últimamente estoy dando muchas vueltas al tema de las relaciones y del amor. Será por la edad, por el tiempo de matrimonio (son quince años a los que hay que sumarle más de nueve de noviazgo), porque mis hijos se van haciendo mayores, o porque estoy en un buen momento para pensar...

Acabo de leer un libro de Sergio Sinay titulado El buen amor: un camino hacia los encuentros posibles (Barcelona, RBA, 2006) que me ha resultado muy sugerente. En él presenta las que en su opinión son las condiciones del buen amor y que yo me voy a permitir leer de forma libre. Creo, además, que se pueden extender a cualquier relación personal (amorosa, de amistad, paterno o materno-filial, etc.).

Primera condición: La primera persona. Cada uno de nosotros tiene que vivir consigo mismo durante toda su vida y debe ser el protagonista de la misma si no quiere que sean otros quienes llevan las riendas. Y para esto es fundamental conocerse y quererse. Si yo no me quiero nunca podré querer a otro o como me gusta decir “nadie da lo que no tiene”. “El problema con el egoísmo comienza cuando se transforma en egolatría, en una adoración excluyente de mí mismo por encima, a pesar y en contra de los demás” (p.22).

Segunda condición: El otro. Somos únicos e irremplazables tanto en nuestros orígenes como en nuestros destinos, nacemos y morimos solos con nosotros mismos, pero en el camino se produce el encuentro con el otro. El verbo amar hay que conjugarlo primero en primera persona del singular pero adquiere su plenitud cuando se conjuga en primera persona del plural; cuando dos Yo se reconocen y se encuentran y se convierten en un nosotros. 

Tercera condición: Las diferencias. Hay un mito bastante pernicioso que es el del alma gemela. ¿Realmente quiero compartir mi vida con alguien que es como yo (si es que eso fuera posible)? Este mito destruye lo mejor que hay en mí, mi singularidad. El buen amor pasa por el reconocimiento, respeto e integración de aquello que nos hace únicos.

Cuarta condición: El misterio. Un misterio no es ni un secreto, algo que se oculta, ni un problema, algo que dificulta la relación. Todos tenemos aspectos inaccesibles e incomprensibles que se van a manifestar en las relaciones.

Quinta condición: La aceptación. Hay que diferenciar la aceptación de la tolerancia (que suele tener aire de superioridad, y que tarde o temprano suele ser exigente) y de la resignación (que suele incluir frustración y desencanto). La aceptación parte de la buena fe, de la creencia de que el otro no quiere dañarnos. “Sólo puede haber aceptación allí donde las diferencias son reconocidas, celebradas y tomadas como la semilla fundacional del encuentro” (p.50).

Sexta condición: El tiempo. Existen otros dos mitos perniciosos: el amor eterno y amor a primera vista. Ambos violentan la existencia del tiempo y presentan el amor como algo mágico que surge de forma atemporal. “Saber si el fuego de la pasión puede convertirse en brasas del amor es un proceso que necesita tiempo” (p.61). Pero el tiempo es un arma de doble filo. “El tiempo en el amor tóxico, en el amor que equivoca su nombre y su destino, es una jaula que aprisiona, una mortaja. Cuando los que se aman comparten una relación de buen amor, el tiempo es libertad” (p.64).

Séptima condición: El encuentro. El encuentro es mucho más que la coincidencia en el tiempo y el espacio y no significa la simbiosis con el otro que hace desaparecer lo único de cada uno. Hay búsquedas sin encuentro, que acaban convirtiéndose en búsquedas en serie y que terminan abandonando al otro o siendo abandonado; y hay encuentros sin búsqueda en los que dos, que son lo que son y no lo que deberían, se eligen y son elegidos. En nuestra cultura está muy arraigado el mito del final feliz ("Fueron felices y comieron perdices") y se nos ha hecho creer que es mejor estar mal acompañado que solo. "El encuentro en el que se plasma un amor sanador no nace de una obsesión, no es hijo de la ansiedad, no proviene de la impaciencia, no es un disfraz del miedo a caminar solo" (p.73).

Octava condición: La responsabilidad. No puedo hacerme responsable de la satisfacción de la otra persona o de que ésta se sienta completa, lo que no significa desentenderme del otro, dañarle a sabiendas, utilizarle o manipularle. "La responsabilidad es la capacidad de hacerse cargo de la propia vida y, por lo tanto, de la propia participación y permanencia en el vínculo de amor" (p.82).

Novena condición: La compañía. "La compañía es el inicio, la consolidación, la transformación y la condición de desarrollo de una experiencia amorosa plena y profunda" (p.85). Se trata de encontrar más que buscar, de permanecer más que persistir, de ir con alguien y no hacia alguien. Y para que esto ocurra es condición necesaria que, antes de encontrar quien me acompañe, tenga claro dónde voy, porque de no ser así mi acompañante puede acabar siendo mi carcelero.

Creo que estas condiciones sientan la base del buen amor. Dos Yo que se encuentran, aceptan y celebran tanto sus diferencias como sus misterios y se eligen para, a lo largo del tiempo y de forma responsable, acompañarse en un camino.

¿Y usted qué opina?


 




jueves, 1 de agosto de 2024

El lenguaje del amor

Viñeta de Erlich, El País, 03/08/07

[Entrada publicada originalmente el 11.11.2009 en el Blog de Inteligencia Emocional de EITB, desaparecido el 01.07.2024] 

Hace unos meses escribí un post “Construir un hogar con ladrillos emocionales” en el que señalaba algunas conclusiones que me había suscitado la lectura del libro Brújula para navegantes emocionales de Elsa Punset (Madrid: Aguilar, 2008). Hoy quiero retomar un tema que ella desarrolla y que se basa en la teoría del Dr. Gary Chapman sobre los cinco lenguajes del amor. Elsa Punset lo aplica a la educación de los hijos pero creo que se puede extender a todas nuestras relaciones.

En primer lugar hay que diferenciar el amor condicional (el que está basado en los logros o el rendimiento) del amor incondicional (aquel que acepta al otro por lo que es, no por lo que hace). Desde pequeños conocemos el amor condicional; ese que se basa en las expectativas, y en el que nos entrenan mediante regalos, recompensas o privilegios siempre que cumplamos dichas expectativas. De esta manera vamos desarrollando un autoconcepto en el que tiene mucho peso lo que los demás piensen de nosotros y nos transmitan. Sin embargo, todos necesitamos amor incondicional, una aceptación sana y sin condiciones por encima de nuestro atractivo físico, nuestras capacidades, nuestras limitaciones, nuestros errores o nuestros aciertos. El amor incondicional supone un respeto intrínseco de la persona, lo que no significa tolerar o apoyar cualquier acción o actitud, y contribuye al desarrollo de una autoestima saludable.

Hecha esta distinción hablemos de las cinco maneras básicas en las que las personas, según el Dr. Chapman, expresan y reciben amor: el contacto físico, el tiempo de calidad, los regalos, las palabras y los actos de servicio. Cada persona tiene uno o dos lenguajes con los que le resulta más cómodo expresar amor. Necesitamos que los demás también nos expresen amor en dicho lenguaje, y no sentiremos frustrados si no lo conseguimos. Lo ideal sería dar y recibir amor en todos los lenguajes porque así nos comunicaríamos más fácilmente con un mayor número de personas. Veamos cada uno de los lenguajes:

  1. El contacto físico: Es una de las formas más directas y sencillas de comunicación entre los seres vivos, porque no requiere palabras, y es especialmente importante cuando una persona está enferma o triste. Hay quien evita el contacto físico o lo reduce a lo imprescindible. 
  2. El tiempo de calidad: Es aquel que se comparte sin presiones ni obligaciones, por puro placer, sin un objetivo que cumplir. Permite conversar y escucharse sin prisas. Ayuda a crear confianza y lazos emocionales.
  3. Los regalos: En la sociedad consumista que vivimos el regalo ha perdido parte de su sentido más noble. Además, es tentador, porque lo más sencillo es hacer regalos de forma indiscriminada para no utilizar los otros lenguajes o sustituirlos. Hay que dar y recibir regalos (que no necesariamente tienen que ser objetos frívolos o innecesarios) con espíritu generoso.
  4. Las palabras: A través de ellas explicitamos nuestra aprobación o desaprobación hacia los demás. Las palabras que decimos a los niños tienen un gran poder porque ellos creen que pensamos sinceramente todo aquello que decimos. Las palabras de amor y cariño, los elogios sinceros, se dicen casi sin pensar pero dejan una huella imborrable, independientemente de la edad.
  5. Los actos de servicio: Son algo que se hace, no por necesidad u obligación, sino de forma generosa para ayudarse a sí mismo o los demás. Los adultos pasamos gran parte de nuestra vida cuidando a los demás a través de estos actos de servicio, lo cual resulta física y emocionalmente exigente. Por esta razón, es útil parar de vez en cuando y recuperar el espíritu de cuidado en estos actos.

Esta teoría de los cinco lenguajes del amor me ha hecho caer en la cuenta de que yo utilizo mucho el lenguaje de los actos de servicio. Hacer cosas por los demás, cercanos o incluso desconocidos, me resulta fácil y gratificante. No me cuesta tener en cuenta a los demás, hacerles pequeños (o grandes) favores, hacer la vida más fácil a otros, aunque no siempre reciba lo mismo. Sin embargo, creo que mi marido no valora lo que yo hago. Cuando hago favores a otros o cuando me adelanto a hacer algo que creo que le puede ayudar intuyo que él lo interpreta como un intento de control por mi parte o un servilismo. Y a mí me duele, porque actuar así forma parte de mi naturaleza y creo que no es algo que deba cambiar (quizá con él sí...). Además, es algo que quiero que mis hijos vean y practiquen ¿Por qué resultará tan difícil expresar nuestro amor?

¿Y usted qué opina? ¿Cuál es su lenguaje o lenguajes preferidos?