[Entrada
publicada originalmente el 03.02.2010 en el Blog de Inteligencia Emocional de
EITB, desaparecido el 01.07.2024]
En estas líneas voy a compartir las ideas que me llevé de la
magnifica conferencia impartida por Rafael Echeverría
titulada “La crisis del actual modelo de gestión y los factores que determinan
el desempeño de los equipos”, celebrada en Bilbao, en la sala Multibox de
Eitb, el 2 de febrero de 2010 y patrocinada por BAI. Me centraré en la primera
parte de la conferencia y lo desarrollaré en dos posts diferentes.
Rafael Echeverría es fundador de la consultora americana Newfield Consulting,
que está especializada en la construcción de equipos y organizaciones de alto
desempeño. Es también uno de los creadores del concepto “Ontología del
Lenguaje”, que da paso al coaching ontológico.
El punto de partida de su planteamiento es que la humanidad
se enfrenta a una profunda crisis sobre el sentido de la vida y crisis en las
relaciones (de pareja, en las comunidades, las organizaciones, etc.). A veces
ni siquiera somos conscientes de que es posible una vida mejor, una vida
distinta. Y ante esto cabe hacerse una pregunta: ¿es la vida la que no tiene
sentido o somos nosotros los que hemos perdido la capacidad de atribuírselo?
Ante esta pregunta hay dos posibles respuestas: 1) No tiene sentido, y entonces
no se hace nada, se da paso a la resignación; 2) Sí lo tiene, y entonces
tenemos que enfrentar el desafío de dónde buscarlo. Nos remitiremos a uno de
los grandes filósofos de los que somos herederos, Sócrates. Cuando trató
de dar respuesta a dicho desafío vio que había dos caminos. Uno que ya había
sido insinuado por Parménides, y muy criticado por sus sucesores, al hablar de
un ser fijo inmutable, eterno y único, lo que implica que el cambio es una
ilusión. El segundo camino, que será el que él siga, era el planteado por Heráclito
al señalar que todo es transformación, todo sigue un proceso de
constante devenir, el ser no es sino una ilusión, y donde adquiere gran
importancia el logos, la palabra, el lenguaje.
Para salir de la crisis de sentido tenemos que recorrer de
nuevo el camino y revisar nuestras respuestas. Nuestro sentido común es
profundamente metafísico ya que en los momentos de crisis apela a ese ser
fijo e inmutable que propuso Parménides. Si la transformación es tan importante
debemos reconocer que el elemento clave que está detrás es la acción. La
acción es la clave diferente de la metafísica de la que somos esclavos.
En la segunda mitad del siglo XX emerge en las universidades
de Cambridge y Oxford la Filosofía delLenguaje que empieza a ganar terreno a la epistemología. Esta nueva
Filosofía surge del reconocimiento de que teníamos concepciones restrictivas
del lenguaje, que lo limitaban a medio o instrumento para expresar lo que se
pensaba, percibía o sentía. Esta es concepción ‘contable’ (de contar) del
lenguaje. La Filosofía del Lenguaje dice que lo más importante que hace el
lenguaje no es lo que acabamos de mencionar sino que es una actividad
transformadora. Cuando digo algo hago que ciertas cosas cambien, transformo la
realidad. El lenguaje genera nuevas realidades, construye identidades,
relaciones, compromisos, empresas, emprendimientos, promesas mutuas, etc. Nietzsche
decía que a la hora de pensar en el matrimonio la pregunta a hacerse es... cómo
vamos a conversar cuando seamos viejitos... El lenguaje genera nuestro futuro. Las
conversaciones de hoy determinan el mañana. Nuestro mundo es un mundo
impregnado por el poder transformador de la palabra. Si queremos entender
cómo somos debemos entender cómo conversamos. Martin Buber distingue tres
ejes conversacionales: 1) con los demás; 2) con uno mismo; 3) con el misterio
de la vida, al que algunos llaman Dios.
A partir de todo lo anterior Rafael Echevarria desarrolla su
modelo O.S.A.R. (observador, sistema, acción, resultados), que se puede
visualizar en la imagen del comienzo, y que quiere reforzar la idea de que hay
que vivir con osadía. Este modelo se nutre del pragmatismo filosófico, está
apegado a la práctica.
El punto de partida son los resultados, hay que
evaluar en función de los resultados. Las preguntas clave son ¿qué aporta? ¿de
qué sirve? Que sean tus obras las que hablen... ¿Y qué produce los resultados?
La acción ¿Cuáles son los condicionantes de la acción? ¿Por qué actúo
como actúo? Existen unos condicionantes de reconocimiento inmediato:
1) ciertas predisposiciones biológicas; 2) la capacidad de adquirir
competencias; 3) la tecnología, las herramientas que utilizo; 4) la motivación,
los factores emocionales que acompañan; y 5) la forma particular que cada uno
tenemos de hacer las mismas cosas... o como nos recuerda la canción de Sinatra
“...I did it my way”. Sin embargo,
existe un punto en el que queremos hacer o conseguir ciertas cosas y no podemos
¿Qué nos decimos entonces? Invocamos a la metafísica, llamamos a ese ser fijo e
inmutable. “Yo soy así”. Pero esa voz no es nuestra, es el eco de Parménides y
lo que hace es negar la capacidad de transformación. Y ese es el objetivo del
modelo O.S.A.R., disolver el núcleo metafísico que tanto mal nos hace ¿Cómo
hacerlo? Tomando conciencia de que existen además dos condicionantes
ocultos, de reconocimiento no inmediato: 1) El observador, tomamos las
decisiones en función de cómo interpretamos y formulamos los problemas lo que
supone abrir unas puertas y cerrar otras. Mientras los resultados nos gusten y
estén dentro de un marco ético aceptable no supone ningún problema, pero ¿y si
los resultados no nos gustan? Caben tres opciones: a) “soy así”, resignación;
b) preguntarse por qué obtengo esos resultados los que lleva al umbral de la
reflexión, pero que se puede quedar en mera explicación que me tranquiliza y me
lleva al mismo lugar, la resignación; 3) veo el resultado que no me gusta y
digo “lo voy a cambiar”, lo que abre la puerta del aprendizaje. Los aprendizajes
pueden ser de primer orden (qué debo hacer o dejar de hacer)
o de segundo orden (cambiar el observador que soy antes de
cambiar la acción; y esto se puede hacer con distintos niveles de profundidad)
2) El segundo condicionante oculto sería el sistema. Recordemos O.S.A.R.
(observador, sistema, acción, resultados).
Es posible vivir distinto, vivir mejor y eso supone un
desafío en dos direcciones: 1) Aprender, transformándose uno mismo,
asumiendo que dejar de aprender es estancar nuestra vida; 2) Emprender,
que supone asumir el desafío de dejar obras, de cambiar el mundo, de
comprometerse con él. Y aquí se nos abre la vía para hablar de empresas y
gestión que seguiremos en otro post.
¿Cómo son tus conversaciones? ¿Qué te dices a ti mismo
ante unos resultados que no te agradan?